Capítulo 5: Primeras veces parte II.
Los abuelos de Atobe estuvieron casi todo lo que quedaba de tarde con ellos, hablando de la vida, de cosas del pasado que les gustaba recordar, de literatura; la abuela de Atobe solía pedirle a Tezuka que le comprara un libro específico en la librería que estaba cerca de su casa porque traía las mejores ediciones, ella después le devolvía el dinero diligentemente.
Todos sabían que el abuelo estaba entrando en su etapa de deterioro, no tan notorio como en algunos ancianos, pero ya no veía bien, ni escuchaba con la mejor nitidez. Claro que ni hablar de que fuera a usar audífonos o lentes con mayor aumento, el caballero era muy pretencioso como para andar con esas cosas tan notorias, siempre decía que cuando inventaran algo que se viera menos extraño en su oreja, lo usaría encantado.
Inevitablemente, el abuelo tenía un problema en reconocer a Tezuka, más que la abuela le decía Mitsu-chan, sumado a que no veía bien…
"Keigo-chan, tu novia anda tan ronca, aún no se le pasa la faringitis?". Le preguntó muy preocupado a su nieto, quien claramente quería reírse, a pesar de que todos sabían que el abuelo confundía a Tezuka con la novia…
"No abuelo, Mitsu-chan habla así". Le contestó cerca del oído con voz clara y firme.
"Ah, si… pero mijita, tan delgadita que esta". Comentó el abuelo mirando a Tezuka con un rostro paternal.
Luego del incidente con la familia Atobe, sólo quedaba el abuelo, el verdadero patriarca de la familia, un anciano deteriorado por los años, pero que, en momentos de lucidez, era tanto o más terrible que su hijo.
La abuela Atobe, les advirtió de esto a los jóvenes, si el abuelo se enteraba podría tener dos reacciones tan distintas como lo es el cielo de la tierra.
Gracias a Kami-sama, ese día que Tezuka besaba a Atobe en el pasillo, era el abuelo tierno el que estaba presente… si hubiera sido su conciencia de patriarca, el desenlace hubiera sido distinto.
"Keigo-chan". Les llamó la atención el anciano.
"Oh, abuelo". Atobe se separó de Tezuka, quien se ocultó un poco tras su novio; ha decir verdad la familia Atobe era un tanto agresiva y no quería llamar la atención.
El anciano se les acercó con el paso pesado, casi arrastrando los pies con el bastón afirmándole la bipedestación. Se paró en frente de Tezuka, se arregló los anteojos y miró a Keigo.
"Excelentes elección, Keigo-chan". Le felicitó el abuelo. "Lindas facciones, porte elegante…es más alta que tu…". Los miró a ambos por un momento. "Aunque es algo delgada y casi sin formas, pero los bisnietos serán preciosos".
Sin el corazón para corregirle al abuelo que, la silueta borrosa que veía frente a él, no era una chica, Atobe le sonrió y le dio las gracias por el cumplido.
Tezuka, estaba que echaba humo por las orejas…
El mayor de los Atobes era un hombre de negocios, que en el estado de ánimo correcto, se transformaba, exigía constantemente que Keigo se hiciera cargo de la empresa… por eso la abuela lo mantenía sedado con calmantes todo el día… era una forma de que dejara en paz al único nieto que tenían.
Luego del té, las galletas y el pastel de la tarde, el ayudante de la madre de Atobe apareció en la puerta, pidiendo la presencia del heredero de la familia Atobe, en la oficina de esta. Ese fue el momento para que los ancianos les desearan buenas noches y se retirarán.
"¿Sólo a mi?". Preguntó Atobe al joven que estaba en la puerta.
"Si, la señora dijo que sólo a Atobe-sama". Le respondió con todo el respeto que podía darle al hijo de su jefa.
"Bien, dile que Ore-sama ya va". Atobe despidió al joven con un ademán de su mano. "¿Me esperas?". Keigo miró a Kunimitsu.
Tezuka simplemente alzó una ceja levemente, lo que ganó una sonrisa y una risa suave por parte de Atobe, quien estaba algo más que acostumbrado a este tipo de expresiones. Se le acercó y le besó la frente.
"Ya vuelvo". Le sonrió Atobe, más abiertamente antes de ir hacia la puerta con dirección a la oficina de su madre.
Kunimitsu decidió pasar el rato que demoraría Atobe, viviendo recuerdos del pasado. Se encaminó a la cama a medio desarmar, tomó el album de fotografías que Keigo estaba revisando y se sentó con las piernas cruzadas a verlo.
Le impresionaba como había cambiado su novio. En realidad, eran cambios pocos notorios, para cualquiera, Atobe de 2 meses de vida era idéntico al que ahora tenía 18 años. Pero para Tezuka, eran diferentes, su Atobe era más alto, más maduro, estaba adquiriendo un aire de caballero distinguido sin perder la frescura de su juventud, y eso sólo lo hacía más atractivo para él.
De cierta forma, y bien en el fondo, Tezuka estaba con Atobe porque era el único que podía mantenerlo a su lado… quizá era uno de los defectos de ser bueno en todo, que necesitaba de alguien que le recordara que hay gente más hábil.
El partido que los llevó a conocerse mejor, no fue solo una jugarreta de las circunstancias de una lesión latente, fue una victoria para Atobe porque había sido más hábil que Tezuka.
Y si, Echizen le había ganado varias veces en partidos oficiales y no oficiales, pero… no era lo mismo. Tezuka sabía que Echizen sería mejor que el en un momento dado, no era un reto mantenerlo a raya, porque no podría hacerlo jamás… por otra parte, Atobe… era su complemento perfectamente imperfecto.
Aún recordaba las primeras veces que aún les parecía cursi tomarse de las manos, o estar abrazados… y es que ser hombre no es fácil; las mujeres pueden andar de la mano por la calle, besarse en las mejillas y abrazarse en todo momento sin que las miren extraño… pero dos hombres caminando más cerca de lo debido… eran señalados inmediatamente.
Tezuka se rascó el cuello; comprendía a la perfección la razón que había movido al padre de Atobe a amenazarlo tan violentamente. No iba negar que en los años que llevaban de noviazgo no habían sufrido discriminación y que eso afectaba mucho a Atobe, pero quizá lo que más molestaba a Tezuka era el hecho de que Atobe-san no creyó que Keigo pudiera aceptarlo.
Detuvo sus ojos en la fotografía que se habían tomado con el celular de Atobe mientras estaban tomando helado en el parque, la primera cita oficial y la celebración de su primera victoria importante como pareja de dobles en el campamento nacional de los juegos de caridad.
Habían ganado ante D1 de Rikkidai, y si bien, la prueba de fuego sería la Golden pair, no dejaron la celebración para otro momento. Una vez que su partido terminó, salieron del recinto deportivo rumbo al parque más cercano a tomar un helado de menta con chips de chocolate y trozos de galleta. La gracia de tamaña bomba de calorías era el hecho de ser servida en un recipiente único, pero pensado para ser usado por dos personas a la vez.
Varias veces se había encontrado con los ojos de Atobe al otro lado de la montaña de helado. Unas tantas había sido él quien mirara a su … quizá novio; otras tantas, era Atobe quien lo miraba fijamente hasta que sus ojos se encontraban… entonces, ambos desviaban la vista y continuaban disfrutando el helado en silencio.
A esa altura solo se habían besado dos veces…
Atobe tenía un resto de helado de menta en la comisura de sus labios, solo un poquitito, una manchita muy pequeña… pero que llamaba la atención de Tezuka. En un principio, iba a decirle que la mancha estaba ahí, para que Atobe se limpiara con la servilleta… pero pensándolo mejor, quizá era un gesto agradable que él tomara la servilleta y le limpiara el helado… ahora que lo pensaba mejor, no era correcto desperdiciar un helado que le gustaba tanto, por lo que quitarle el dulce con la yema de un dedo y lamerlo era una buena opción… sin embargo, terminó en un beso algo lejos de la mancha de la helado.
Ese sector del parque tenía tantas parejas enamoradas que nadie se dio cuenta de ese beso, un roce de labios, tan inocente como solo puede ser un beso dado por alguien que nunca ha esperado besar.
Fue Atobe quien le tomó de la nuca para continuar besándose…
Tezuka se quitó los anteojos para masajearse el puente de la nariz, era un reflejo para ocultar la sonrisa que solía aparecer cuando veía a Atobe con el cabello corto cortesía de Echizen.
Ni siquiera había pensado en ser novio de Atobe cuando la tomó, fue un impulso maligno lo que le llevó a sacar la cámara fotográfica desechable que había comprado para tener recuerdos propios de los partidos del Torneo Nacional. La verdad, es que en la conmoción que se había producido, nadie notó como se escabulló para tener el cuadro del cabello mal cortado de Atobe.
Hacía poco se la había mostrado a su novio, quien obviamente cobró con intereses tamaña travesura.
Continuó mirando, casi todas las fotografías eran de campamentos de Tenis, especialmente del de primer año de preparatoria, cuando Sakaki los había juntado como posible pareja de dobles… esa era una escena para recordar.
Los entrenadores, algunos conocidos, otros eran rostros completamente nuevos, les dieron la oportunidad a los de primer año, que tenían buenos antecedentes, de participar en el Torneo de Caridad, pero como dobles.
Entre ellos propusieron parejas, algunas bastante conocidas, otras inimaginables; una de ellas, cortesía de Sakaki.
"Tezuka-Atobe". Anunció, haciendo que los jóvenes nombrados se atragantaran, uno con agua y el otro con un trozo de odango.
Sanada había sonreído un poco, pero que terminó en uno de esos gestos que van de oreja a oreja cuando anunciaron que su pareja de dobles sería Yukimura.
Esa noche se habían reunido en uno de los pasillos que daba con vista hacia las canchas de tenis. No se miraban, quizá buscaban al otro por el reflejo del vidrio, pero nada más.
"¿Cuántas veces has jugado dobles?". Preguntó Atobe, cerrando los ojos por un momento.
"Una… quizás dos". Contestó Tezuka algo incómodo.
Atobe suspiró sonoramente antes de rodear la cintura de Tezuka con un brazo.
"Entonces tendré que entrenarte". Le sonrió felinamente.
"Pensaba en pedirle ayuda a Oishi y Kikumaru".
"Bien… tu les pides ayuda a ellos y yo veré que tengamos que escuchar a Gakuto y Oshitari hablar de cómo tener sexo antes de un partido ayuda en la sincronización y a Otori y Shishido sobre sus rituales matutinos".
Tezuka miró a Atobe con ojos chiquititos.
"Entonces incluyo a Kaidoh e Inui".
Atobe alzó una ceja y bajó una poco la cabeza.
"¿A quienes quieres que saque?".
"Gakuto y Oshitari".
"Trato, solo dobles 1".
Recordaba las noches que estuvieron escuchando los consejos de las mejores parejas de dobles, si bien Otori era de tercer año de secundaria, Sakaki se las arregló para hacerlo participar con Shishido.
Se juntaban en el dormitorio que compartían Oishi y Kikumaru, todos en pijama, algunas veces anotaban consejos en papelitos que llevaban en los bolsillos durante la práctica del siguiente día.
Detrás de la fotografía de ellos en pijama, siendo descubiertos por Fuji y su cámara, estaban los más usados.
"Si él sube, tu debes bajar a línea de fondo hacia el lado contrario".
"Defiende a tu compañero de cualquier pelota que puedo golpearlo"
"Nunca pierdas la fe en tu compañero".
"Los partidos se terminan".
"El amor lo vence todo".
En ese último, la palabra amor reemplazaba la palabra concentración, que había sido tachada con un lápiz de color distinto, después de haber sido eliminados del torneo de dobles.
Tal vez, ese fin de semana podrían jugar dobles…
No lo hicieron mal en el torneo de caridad, pero tampoco ganaron. Se quedaron en la semi final, eliminados por la Golden pair en un partido bastante largo. 2 horas y media para llegar a 7-6 en tie break 24-22.
Cada uno de los ataques de Atobe, eran apoyados por las defensas de Tezuka, quien se encargaba de sellar los tiros acrobáticos de Kikumaru con la Zona.
Al final, ambas parejas cansadas de tanto correr y saltar, Tezuka tuvo que dejar de lado su orgullo para evitar que un Kikumaru beam les quitara la victoria, y es que caerse en una cancha de arcilla no es tan doloroso como en una sintética, pero los raspones quedan.
Y Atobe estaba en la red, una Moon Volley precisa y el partido se lo llevaron Oishi y Kikumaru.
"Vaya partido…". Comentó Atobe acercándose a su caído compañero, quien estaba sentado en la arcilla, limpiándose los brazos.
"Si". Tezuka se acomodó los lentes y miró a Atobe. " Al menos estoy contento con la forma en que jugamos".
Atobe le sonrió y le tendió la mano para pararlo, cuando notó algunas gotitas de sangre en las rodillas de Tezuka.
"Tezuka, Tezuka". Comenzó moviendo la cabeza de un lado a otro. " Ya no eres un crío como para quedar con las rodillas así".
"Che..". Tezuka lo sorprendió arrodillándose y tocándole un moretón que tenía en la pantorrilla izquierda. " ¿y tú?, estos moretones son de servicios mal hechos…".
Atobe no le respondió, simplemente le tomó la muñeca y lo arrastró a la red a saludar a sus oponentes.
"Nya, lo hicieron bien nya, pero nunca podrían contra Oishi y yo, nyahahaha". Rió Kikumaru respirando agitadamente.
"Buen partido". Tezuka le tendió la mano a Oishi.
Luego de los saludos respectivos, aplausos por todos lados y darle la mano al arbitro, fueron por sus cosas a la banca.
"¿Te duele?". Preguntó Atobe al ver a Tezuka cojear un poco.
"Me arde, nunca te has hecho un raspón?".
Atobe se tomó lo que quedaba de agua mineral en su botella, tomó su bolso y se acercó a Tezuka.
"Si, pero no suelo quejarme tanto, tengo un orgullo que mantener". Sin más, tomó a Tezuka de la cintura y lo dejó sobre su hombro como si fuera un saquito de papas. "Ya, a ver si ahora no te quejas".
"Oye!". Antes de que Tezuka pudiera comenzar con una tanda de quejas sobre que quería bajarse y otras cosas por el estilo, Atobe le pegó una palmada en el trasero.
"Que no te quejes, he dicho". Y se lo llevó a los camarines ante la atónita mirada de los presentes.
Atobe esperaba a que su madre terminara de hablar por teléfono con uno de los clientes de la cadena de hoteles Atobe. Escuchando la conversación que llevaba, tomaría varios minutos, así que decidió sentarse con un libro en la mano a esperar.
Judo para principiantes.
Alzó una ceja ante ese título, la verdad no veía ese libro de hacía muchos años, cuando su abuelo se lo regaló pensando en que sería conveniente que Atobe tomara clases de defensa personal.
Con sus guardaespaldas… sólo una vez las necesitó… por unos segundos…
Atobe sabía que los padres de Tezuka se habían separado cuando este tenía 3 años, el padre por su parte tenía todo un cuento con otra mujer y eso, inevitablemente acabó con el matrimonio. Si bien, ellos seguían viviendo la misma casa y los abuelos paternos estaban con ellos, al padre lo veía muy poco. En el mejor de los casos, una vez al mes o cuando iba a un partido de tenis importante.
Atobe conocía a su "suegro" solo por fotografías, Tezuka había sacado alguno que otro de sus rasgos, pero los ojos y la expresión seria que tenía perpetuada en la cara, eran de su madre. Ayana, si no tenía una sonrisa en el rostro, era el molde de donde veía el rostro de Kunimitsu.
Secretamente, Atobe solo encontraba que el pelo era lo único que Kunikazu había heredado a su hijo.
Ahora bien, ver a tu suegro en fotografías en distinto a verlo cara a cara, así como cuando se lo encontró un día que iba a visitar a su novio después de clases.
El hombre estaba parado en la reja de la casa, conversando con el abuelo de Tezuka.
"Ah, Atobe-kun". Le saludó en anciano haciéndole señas con las manos para que se acercara.
Atobe se inclinó frente a él y frente al padre de Tezuka. "Buenas tardes".
El anciano sonrió y le señaló con la palma de la mano a quien tenía al frente.
"El es mi hijo Kunikazu, el padre de Kunimitsu". Luego miró a su hijo con ojos un poco más duros que los que había dirigido a Atobe. " Kunikazu, el es Atobe-kun, un amigo de Kunimitsu, generalmente se enfrentan en torneos de tenis".
Kunikazu solo asintió como reconocimiento.
"Keigo". En ese momento apareció Tezuka, quien de seguro había visto el intercambio desde la ventana de la casa.
Atobe le saludó con un movimiento de la mano. "Permiso".
El abuelo de Tezuka le dio la pasada con gusto y continuó bloqueando el camino para su hijo.
"¿Van a estudiar?". Preguntó repentinamente el padre de Tezuka, al tiempo que Kunimitsu salía de la casa para recibir a Atobe.
"No, vamos a planear una formación de dobles para el Mixto escolar de este año". Le contestó Tezuka sin mirarlo, un poco sumiso ante su padre.
Atobe entró sin mirar atrás, pero sentía los ojos del padre de su novio, hacerle hoyitos en la espalda y cabeza una vez que entró y le entregó una rosa a las mujeres de la casa.
Ese fue el primer encuentro, el segundo fue el más peligroso.
Era un día Sábado por la tarde, más bien cerca de la noche que de la tarde, ambos habían aceptado la invitación de Oshitari para un partido amistoso entre ellos que terminó en varios más con los otros jugadores que estaban observando. Nada estresante, salvo por Sanada y Yukimura que aparecieron casi al final… esos eran un caso muy especial de dobles. Yukimura atacaba… y Sanada temía golpear mal una pelota y darle en la cabeza a su Yuki-chan… así que el balance, por lo general iba para el equipo contrario.
Estaban sentados en una de las banquitas, mirando las primeras estrellas aparecer, compartiendo una botella de Powerade sabor Frambuesa.
El escenario romántico y el hecho de que corría viento helado contra sus cuerpos en proceso de enfriamiento, los tentó a besarse allí mismo.
Hasta que una mano le tomó el hombro con mucha fuerza a Atobe y lo hizo caer al suelo.
"¡¿Qué hacen?!". Gritó el padre de Tezuka, mirando a ambos jóvenes con un toque de asco. Luego tomó a Kunimitsu por los hombros y lo zamarreó con fuerza. "¡Mira en lo que te vengo a encontrar, yo sabía que no podía confiar en tu madre para criarte correctamente!".
Atobe no resistió el enojo de que estuvieran maltratando a su novio y simplemente se levantó del suelo y golpeó al hombre con todas sus fuerzas, haciendo que se tambaleara por unos segundos, antes de que retomara su equilibrio y golpeara a Keigo en la boca del estómago, dejándolo sin aire.
"Tiene fuerza el mariconcito". El hombre preparaba una patada hacia el rostro de Atobe, quien cerró los ojos.
Al no recibirla, observó hacia donde, Kunimitsu sostenía a su padre, forcejeaban con fuerza, hasta que el hombre mayor logró zafarse de su hijo y lo empujó con fuerza en el aire.
Atobe sabía que la familia Tezuka tenía un dojo, aún conducido por el abuelo de Tezuka, pero nunca imaginó que tuvieran su propia escuela. Y es que varias veces había ido a ver a Hiyoshi en torneos de artes marciales, pero… era distinto a lo que veía ahora.
"Kunimitsu… sabes que nunca me has podido ganar". Amenazó el hombre a su hijo.
"Aléjate de Keigo… ahora". Tezuka se levantó y dejó los lentes en el suelo.
"Esa no es forma de hablarle a tu padre… mira en lo que te convierten".
Tezuka no contestó, solo tomó una posición de pie que se parecía mucho a la forma en que se preparaba para servir y lanzó un golpe hacia su padre.
"Keigo, querido, siento la demora". Le interrumpió su madre, sobresaltándolo un momento.
"Ah.. oh.. mamá…". Se compuso rápidamente y observó a la mujer con atención.
La mujer se sentó con delicadeza frente a su hijo, acomodó su traje y le dirigió una mirada maternal.
"Siento haber interrumpido tu tarde con Mitsu-chan, pero es necesario que hablemos". Le dijo mientras Atobe jugueteaba con las tapas del libro en sus manos. "Tu prima Aki se casa el próximo mes".
Oh… genial, la prima preciosa y poco inteligente se casa…
"¿Debo ir a la reunión familiar?". Preguntó el joven, algo hastiado con el tema.
"La reunión ya fue". Le contestó su madre mientras se servía una taza de té verde. " Tu padre, abuelo y yo fuimos". Tomó un sorbo del amargo té y decidió adherirle un terrón de azúcar. " Fue el fin de semana que se fueron a la playa con la abuela".
Atobe frunció los labios un momento. "¿Entonces, para qué querías verme?, ustedes ya fueron a la reunión familiar, no creo necesario que ore-sama se pronuncie en esta ocasión.. . sólo es una prima".
"El punto es que tu abuelo anunció tu noviazgo con Mitsu-chan".
"¿Y?".
La madre de Atobe miró a su hijo con una ceja alzada, algunas veces se parecía demasiado a su padre como para que fuera de su completo gusto… en realidad su yerno tenía mucha paciencia.
"Mitsu-chan, tu novia delgadita y ronquita". Intentó darle una pista para que entendiera lo que le estaba diciendo.
"Mitsu-chan es mi novio, no mi novia".
"El abuelo piensa que es tu novia, y lo anunció en la reunión familiar…". La mujer miró al joven, que aún tenía cara de no entender el asunto. "Keigo, suma … todos quieren conocer a quien logró llamar tu atención".
"Aaaaaaaaaahhhh".
"Estas invitado al matrimonio".
Atobe suspiró, no le agradaba para nada la idea de ver a una tontita como Aki casándose con algún hijo de un socio de su tío para acrecentar la fortuna de la familia… en realidad no era porque le tuviera lástima, era el solo hecho de que tendría que soportarla obligadamente y ser agradable con ella.
"Entonces tengo que ir".
"Junto a tu novia".
"Madre, no tengo novia, tengo novio". En ese momento Atobe pareció entender por donde iba el asunto que su madre trataba de explicarle. "No esperarás que vaya con alguna chica… Kunimitsu no me lo perdonaría".
La delicada y distinguida mujer tomó un sorbo de su té con la sola intención de darle drama al asunto y poner nervioso a su hijo.
"Algo se te tendrá que ocurrir". Comenzó. "El abuelo es fácil de engañar porque no ve ni escucha bien, pero por muy tontos que sean algunos de nuestros parientes, te aseguro que saben distinguir un hombre de una mujer".
"Eso lo sé…". Se llevó una mano a la sien, le estaba dando un dolor de esos que solo parecían afectar a Kunimitsu.
"Ahora… si se viste con ropa femenina, cambiaría". Dijo Atobe-san antes de beber un poco más de su té.
"¡¿Eh?!". Atobe se sorprendió. "Madre… Kunimitsu es un hombre por donde lo mires, no puedes meterlo en un vestido y hacerlo parecer una mujer como se puede hacer con Gakuto o con Jiroh, son casos a parte… además, si Kunimitsu fuera femenino, no estaría con él".
La madre de Atobe simplemente lo miró por el rabillo del ojo mientras bebía de la taza el poco de té que le quedaba.
"¿No crees que pueda ir solo?".
"No, tu abuelo ya te comprometió a eso y tu padre lo secundó… ". Sentenció la mujer.
"¿De dónde saco una chica tan alta como Mitsu?".
"Ponle un pantalón y una blusa y ve qué pasa". Insistió la madre de Atobe, dándole una solución descabellada, pero válida.
"No me gusta ese plan".
"¿Tienes otro?".
