LA FALLA EN EL PLAN
Cáp.1
El dhampir abría desesperadamente sus labios, mostrando sus alargados y semi-amarillentos colmillos. La ventana aún no había abierto; pero, Caín, cómo podía sentir el calor…!
Handrox lo contemplaba divertido, se mostraba serio; pero, sus ojos resplandecían con un fulgor de plena emoción sádica. Le gustaba ver cómo el débil señor luchaba por escaparse del aparato.
---"Sí, eso es…sufre tal y como yo sufrí!"---murmuraba; los inmensos ojos marrones brillando tras la oscuridad de la capa.---"Así mismo, Meridían! JAJA! ASI MISMO!!---
Y tras el horrible dolor y el ardiente picor sobre su piel. Meridían rogaba que el asqueroso ser, que juró una vez ser su amigo, explotará en mil pedazos.---"Deja de aferrarte…al pasado…drox...argh..!---un leve resplandor de luz acarició su pecho.
La ventana comenzaba a abrirse lentamente, la criatura de lo que antes era Handrox Cavalier, la movía con paciencia, como si disfrutase de cada momento de daño que le colocaba a su querido amigo.
El olor a humedad, a pestilencia, el diminuto refugió que aún guardaba en su corazón. Las miles promesas que le faltaban por prometer, por cumplir, por destrozar. El dolor de cabeza.---"AHH!"—otra quemadura más salpicaba su pecho.
Formando una extraña y desfigurada cicatriz. No podía aguantar más…el sueño…el maldito sueño, quería irse, quería dormir. Sí…que se fastidiarán las promesas, que se olvidarán las amistades. Que todo se fuera al infierno, mientras él pudiese gozar de su sueño. De aquel dulce y enigmático delirio.
zilch…zilch
Las llamas corrían por todo su cuerpo, trazando distintas figuras en su piel…la ventana continuaba agrandándose…y Meridían…sí…estaba tan agradecido de que ya no sentía nada. De que ya no sufría más. Más que el dulce olor a podrido, más la hermosa visión de la muerte. Sus ojos, ya estaban pesados, cerrándose perpetuamente. Todo….todo por fin había terminado.
Un grito penetrante se escuchó por toda la habitación.
Y sus ojos se abrieron instantáneamente. Reconocía ese tono. Más aún, el olfato… había otro olor que no era de Handrox, ni suyo. Un olor distinto. Suave.
Entonces se escuchó otro grito, más profundo y pesado que el primero. Meridían rodó su cabeza hacía donde se originó éste para encontrar a Handrox tirado en el suelo. Con miles de objetos encima.
---"MALDITA MUJER!!"---gritó al tope de sus pulmones.
Entonces un pesó se alivió de los brazos del dhampir. De sus piernas. No sentía su cuello adormecido, ni sus extremidades. Aunque el dolor de cabeza, todavía persistía.
Sobre el yacía una figura encapuchada de gris y negro.---"Vámonos"---susurró.
El dhampir todavía la contemplaba ido. Estaba entre el sueño y la realidad.
Quería largarse a descansar; pero, por alguna razón no podía. Estaba cansado, sí; pero, no sentía sueño. Quería cerrar los ojos, irse; pero, no podía…sentía que se lo impedían.
---"…vamos!"---gruño la figura. Colocando su brazo delicadamente bajo la espalda de Meridían.
El hombre se reclinó inconscientemente de la figura que lo había rescatado y aunque seguramente pesaba más, no cayó al suelo. Logró arrastrarlo hasta un hueco de agua subterránea que había oculto al final de la habitación. Al verlo, el dhampir sólo podía adivinar que milagrosamente se había agrandado para que ellos pudiesen caber.
Meridían, intentó moverse; pero, no consiguió lograrlo.---AGH!!---un pulsante dolor le retorció el pecho. Al descender su mirada sobre su cuerpo notó que miles de charcos rojos bajaban por él.
---"No...!"---suplicó al ver cuanta preciada sangre perdía y volvió a recapacitar en entregarse al sueño.
La figura que lo cargaba gruño y maldijo en voz baja. Acercó su rostro oculto al hombre herido.---"El hechizo de inmovilización no durará mucho…"---le advirtió con pena. Refiriéndose a Handrox. Giró su rostro hacía el hueco que había frente a sus pies.---"…necesito que todavía hagas algo. Brinca hasta tocar el agua. No te preocupes, es liviana. Espérame ahí e intenta no matarte a ti mismo."---
Meridían la observó taciturno. Había empezado a temblar momentáneamente y se sentía desubicado. Sabía que no podía dejar a esta criatura sola. Lo estaba intentando salvar, más, si lo que Handrox había dicho era cierto y era una mujer. Se sentiría pesadamente avergonzado de no ayudarla.
No débil, eso lo era y lo admitía frustradamente.
---"No…voy a dejarte sol…"---murmuraba entre períodos consciente. La vista comenzaba a borrársele y el dolor de cabeza aumentaba súbitamente.
--"No lo harás."---contestó la voz reafirmante.---"Pero…!"---
Un crujido se oyó a lo lejos y un profundo temblor movió el suelo donde pisaban. Se escuchó un grito rabioso y la pequeña forma que estaba al lado de Meridían se volteó hacia él.---"Por favor, moriremos los dos si no confías en mí. No me abandonarás…ahora, por favor, vete!"---
A la ironía de la respuesta, Meridían mostró una débil sonrisa; pero, al sentir un fuerte empujón sobre su retaguardia y la impresión de que estaba volando directo a la tierra, aquel alivió quedó olvidado.
El agua fría salpicó su rostro e hizo temblar más sus llagas. Claro, era obvio que ya no sentía nada de sueño y estaba muy despierto; pero, aún así estaba muy débil. Su ropa empapada le creaba doble peso.
Había caído en una especia de túnel natural. Cubierto de enredaderas y agua, seguramente, sucia.
Miró hacia el hueco que había sobre él y notó que la pequeña figura todavía estaba arriba, esquivando lo que parecían ser unos deslumbrantes rayos rojos. Parecían arder a la mirada. Fuego, seguramente.
En un último intento, la figura saltó hacia el hueco y lanzó por último intento lo que semejaba ser una gran nube negra.
Alguien gritó; pero, el dhampir no pudo reconocer quien. La oscuridad no sólo había cubierto el cuarto entero donde Meridían y Handrox habían estado, sino el túnel subterráneo entero.
Tosiendo y cayendo al suelo. Meridían, por última vez rogó que la esperanza no muriera. Había querido morir todo este tiempo y por fin, cuando ya lo tenía en sus manos, cuando su no-vida iba a acabar, no lo deseaba. Que cobarde se sentía, eso sería otra cosa que tendría que admitir en la barra de Albeuss, si vivía.
Ah, la barra de Albeuss, cierto, que él como dhampir no bebía, aunque podía hacerlo, no le gustaba el sabor agrio y simple de la cerveza entre sus colmillos. Pero, la hospitalidad siempre era bienvenida. Aunque fuese un "hola" o un pobre cuento de ancianos. Sí, siempre.
Sintió como algo le agarraba la cabeza y empujaba fuertemente de él. Los respiros agitados de Handrox se podían sentir muy cercanos. Había llegado su fin.
Maldición, ya era hora.
