Las Flores de Riel

---"¿Está muerto?"---

---"No, no puede estarlo, su gente no muere."---

---"Pero, no respira. No se mueve."—

---"Es más grande de lo que me imaginaba."---

----"Más pesado también."---

----"No se mueve, ni respira por que ya está muerto."---

Hubo un gesto de asombro entre las voces.

Un movimiento leve había emanado de la gran masa que habían acostado al frente de ellas.

Se podían escuchar varios crujidos a la distancia. Rápidos e involuntarios.

….

Vagando entre el dolor y la dulce sensación de descanso. No soñaba nada, no veía nada. Sólo apreciaba una leve paz interior. Pura. Como cuando la brisa del mar acariciaba su pelo. Como lo deliciosa que era una cena cuando estaba hambriento. Como el abrazo sin razón de un niño.

Oía a lo lejos unos susurros muchas voces pequeñas. Duendes o hadas, algo parecido a esas criaturas traviesas. Los encargados de cuidar el bosque y que vilmente hacían una maldad si maltratabas algo de su hogar…a veces, hasta sin razón alguna.

También, rastreaba una sensación…sí…aquel olor de nuevo. Suave…Tranquilo… Rosas…Rosas negras…tristeza…dolor…no,…sufrimiento. Herida…quemadura…
Handrox!

Se despertó apresuradamente. Estaba todo oscuro y no veía ninguna estrella o siquiera, Luna en el cielo; pero, presentía que era de noche y su alrededor parecía ser un bosque. Había despertado tirado en la grama, abrigado con, lo que parecía ser, una capa negra.

A una distancia prudente de él había una gran fogata, que quemaba madera rápidamente, iluminando todo a su alrededor.

Pudo notar varios árboles a su alrededor y muchos arbustos de diferentes tipos y colores; pero, no sabía dónde estaba, ni qué hacía allí.

Intentó levantarse; pero, un fuerte dolor en el pecho no se lo permitió. Gruñó y contempló su estómago.

Muchos cortes y marcas, parecidas a las que las velas dejaban caer al quemarse, cubrían su cuerpo. El cual, ahora realizado, estaba desnudo. Tapado sólo por sus pantalones negros y sus cómodos zapatos viejos. Varias heridas aún chorreaban sangre, otras ya se habían sanado, otra bendición de su sangre vampira.

Recordó a Handrox y lo que había salido de él---"Estúpido hombre…"---murmuró entre dientes. Mientras cubría su cuerpo con la delicada capa. No sabía cómo había llegado ahí. Si estaba a salvo o metido en una de las trampas de su amigo.

Contempló el terreno. Todo parecía real. La tierra que sus uñas mimaban era real. Los gusanos escondidos en ellas, también. El cielo estaba oscuro y emitía un aire para nada creado por magos o brujos. No sentía que estaba atrapado en algún hechizo. Sólo en la realidad.

Inhaló pesadamente. A dónde se había metido, se preguntó. Acarició su hombro izquierdo…sí, eso todavía estaba ahí. Esa marca, ahora, una de muchas con las demás cicatrices adheridas.

Sí esa marca aún estaba ahí, entonces todo era real. Tan real, como esos seis ojos que ahora lo miraban.

Se sorprendió al verlos y intentó ponerse de pie. Sólo para resbalar y ser azotado por las muchas heridas en su pecho.

Cayó en el suelo y varias risas estallaron a sus espaldas.

---"Te dije que no estaba muerto!"---

---"Sí, está muy vivito, en sí!"---

---"JAJAJAJA"---

---"Cayó directito en el pasto!---"

---"JA…JA…JA!"---

Las sonrisas de varias mujeres lo invadían inconscientemente. La ira, por conciencia propia. Se viró a ver quienes se burlaban de su estado calcinado y se reían humillantemente de él; pero, no encontró a nadie. Se había olvidado ya de dónde los ojos lo observaban. El dolor en sus oídos lo estaba haciendo delirar.

Estaba sólo en ese rincón del bosque. Sin nadie, ni nada. Nació sólo y moriría sólo.

Miró nuevamente a todos lados; pero, nadie. Aún las sonrisas seguían…o tal vez, estaban sólo en su mente.

Se sentó, reclinándose de sus dos manos para balance y volvió a mirar. A buscar.
Luego, una afinada voz carcajeo: ---"No nos encontrarás ahí, dhampir."---

Entonces, otra le siguió:

---"No estamos ahí"---

---"Ni ahí."---

---"Sí, estas muy alto o a nuestra distancia."---

---"Jaja, se siente muy cómodo a la altura, no…?"---

---"Cuidado que no se te suba el aire"---

---"El orgullo tuyo es muy peligroso…pero, te caíste!"---

---JA…sí, te caíste!"---

---"JAJAJAJA"---

Las carcajeadas estallaron de nuevo y Meridían, colmado de ira y de modo siniestro, murmuró: ---"Cállense ya, víboras, no vaya a ser que me decida por acabarlas toda de un solo…!"---

Las voces volvieron a desternillarse descontroladamente, impidiendo que el dhampir terminara.

Meridían ya hastiado de los irritantes chirridos se puso de pie. Débil y sin haberse alimentado quien sabe desde hace cuanto. Hizo balance con sus dos piernas. Una colocada frente a él y otra atrás. Inhalando y maldiciendo del insoportable dolor. Gruño de sufrimiento: ---"Enfréntenme, idiotas!"---sus ojos verdes destellando con furia.---"Denme cara y muéstrense!"---como odiaba la burla. Como detestaba la humillación.

Su mano le temblaba descontroladamente y las sonrisas continuaban y aumentaban por el segundo. Estaba a punto de hacer algo, de reaccionar sin razón. Destrozaría algo, todo, él mismo.

---"No les haría caso."--- Una voz le intercepto.

Se quedó paralizado y miró a la izquierda, hacia donde ardía la fogata y se detuvo.

Frente al fuego y dándole la espalda a las llamas.

Una mujer de cabello lacio y dorado lo contemplaba. Vestida con pantalones y una falda escarlata. Su pecho cubierto de un material suave con símbolos ocultos y delicados. Lo observaba con sus ojos amarillentos y brillantes.

---"….."----

Se quedó mudo. No sabía qué decir. No sabía que hacer. Se quedó mudo. Estúpidamente mudo.

La mujer seguía contemplándolo con una mirada no pesada, ni enfadada. Suave.

El dhampir cayó en cuenta que ella debía ser quien le había arropado con la capa e instintivamente se arropó con ella acordándose de que no tenía nada cubriéndolo por debajo.

El silencio había tomado control nuevamente.

---Son flores---comentó la mujer. Dejando su lugar original y caminando hacía él.

Meridían la seguía contemplando con sus ojos verdosos. Se había calmado; pero, estaba mudo y se sentía como un perfecto necio.

Ella se acercó al lado suyo, dejando una distancia justa entre ellos. Le sonrío incompletamente. Como si la sonrisa estuviera cosida al rostro; pero, su rostro fuera otro, formado por sensaciones diferentes a las de reír. Como si fuera compuesto de tristeza.

Meridían intuyó que al sentir su mirada fija sobre ella, la mujer había bajado la vista. Como si contemplarla mucho la lastimara. El dhampir apartó la vista y contempló el suelo, buscando las flores de las que le hablaba.

Reincorporándose de nuevo, dio un paso hacía delante. Donde bajo un árbol unos diminutos arbustos crecían. Se arrodilló y movió hacía atrás unas cuantas hojas.

---"No, no hagas eso!"----

---"Nos descubrirá!"---

---"Nos quiere matar…!"---

---"Nos va a matar!!"---

El dhampir se quedó helado al ver lo que escondía el arbusto.

Tres diminutos rostros de mujeres lo observaban aterradamente. Sus orejas eran alargadas y no tenían cuerpo alguno. En vez de ello, su cuello se alargaba y se iba afilando hasta fijarse en unos matorrales. Su cara semejaba las de una mujer; pero, de su cuello en declive estaban compuestas por hojas, tierra, grama y pétalos. No tenían cuerpo, sólo rostros.

Meridían las contempló asombrado. Se acercó un poco más hacía ellas. Aunque le costaba moverse, no iba a caerse de nuevo, esto se había prometido.

La mujer sonreía plácidamente:---"Son Hojas de Riel"---dijo, al notar la curiosidad del hombre.---"El elfo que las descubrió hace siglos;…son hermosas a los ojos; pero, pueden llegar a matarte si no tienes cuidado".---

El dhampir elevó la mirada hacia la mujer. Las flores seguían rogando piedad; temblando y bajando su cuello, como símbolo de sumisión; pero, él ya no las oía o mejor dicho, las ignoraba.

---"¿Cómo?"---

---"Alterándote…"---dijo la mujer. Escondiendo las flores nuevamente en los arbustos. Se puso de pie rápidamente. —"verás, estas flores pueden leer tu mente, tus pensamientos más oscuros. Tus sentimientos más hirientes. Tus momentos más dolorosos…lo utilizan en tu contra"---continúo, sacudiendo un poco de tierra de sus manos.---"…te siguen torturando hasta que ya no puedes más. Terminas suicidándote o yéndote hacía un rumbo desconocido que, finalmente, acabará en un precipicio..."--- sentenció tranquilamente.

La mujer lo miró confundida ésta vez fue ella quien se asombró. Meridían había tenía un rostro sombrío y oculto.

---"¿Cómo es que a ti no te gritan nada?"----

La mujer sonrió apenadamente: ---"Porque no pueden entrar a mi mente o en mis sentimientos."--

Meridían quedó pasmado en sus pies. Los que admiraba por no haberse caído en ese mismo momento.
---"¿Qué?"----