La Tierra de Affelhaim
Meridían había acertado y se lo agradecía eternamente a los dioses. Había caminado un poco hasta llegar frente a lo que parecían ser unas murallas. Dentro de ellas, sobresalía uno que otro techo, unas banderas con un símbolo extraño dibujados en ellas.
Se aferró a Elasha y la observó emocionado.---"Hemos tenido suerte, Elasha…creo que no tendremos que dormir en una cueva…"---le dijo.
---"¿Una cueva?"---murmuró debilitada, se inquiría por qué Meridían sonaba tan aliviado al expresarlo.
El dhampir caminó hacía las colosales puertas que sepultaban el lugar. Ignorantemente, no reconoció que…si había puertas y murallas…era seguro que debía de haber guardias.
Elasha lo haló por la camisa y observó su rostro cuidadosamente.
---"¿Qué?"---preguntó Meridían deteniéndose.
---"No podremos pasar como si nada, Meridían."—comentó y miró hacía los dos guardias armados que andaban de un lado a otro de las puertas.---"Tendrás que inventarte una historia, ya que, como simples vampiros no podremos pasar."---
El dhampir la contempló abrumado.---"Pero, se supone que nos permitan la entrada…aunque seamos de otra raza."---- afirmó.
---"Sí; pero, aún con eso, no quiere decir que nos dejarán caminar por el pueblo sin espías…aunque sea, un custodiado nos enviarán a ocultadas. Además…"---miró debilitada a su alrededor y se impulsó un poco más hacía el pecho del hombre.---"Con Handrox colérico…seguramente todos los pueblos estarán en alerta, no vaya a ser, que él mismo tenga sus espías por aquí…acechando..."---
Las palabras de la vampira, aunque idas y silenciosas, tocaban cierto punto de certidumbre y sabiduría. Meridían estaba al tanto de los poderes y la sed de rabia que tenía Handrox y con Elasha herida, no se podía aferrar de la suerte y la buena fe. Arriesgarse sería, no sólo estúpido, sino absurdo.
Aferró tiernamente el cuerpo de la mujer, la cual se iba deslizando de sus brazos. La levantó nuevamente. Elevándola hasta su oído---"¿Qué sugieres entonces?"---preguntó. Agachándose entre el frondoso pastizal y la acera que los separaba de los soldados.
Elasha inhaló extenuada, era más que obvio que el Sol se acercaba. Su piel podía sentir la horrible calentura y comenzaba a picarle. Los ojos se habían humedecido un tanto y sus labios se habían vuelto resecos.---"Un cuento…"---dijo.
---"¿Un cuento…?"---
---"Sí, dile que somos una pareja de extranjeros, que tu esposa, hermana o prima…lo que más sea cómodo para ti…se lastimó la pierna y necesitas una posada para pasar la noche y buscar cuidado médico confiable."---terminó agitada y sudando frío. Estaba muy cansada.
Meridían asintió, captando palabra por palabra de lo que le decía y se levantó apresurado. Podía notar la vida de su compañera desvaneciéndose minuto por minuto, había escuchado que los vampiros eran más vulnerables y susceptibles al Sol; pero, no que reaccionarán tan temprano a sus rayos. Aunque…verificando por el cielo y los cantos de las aves, quedaba muy poco para su salida.
Saliendo del pastizal y dirigiéndose sigilosamente por una esquina de la muralla. Haciendo todo lo posible para que los soldados no lograrán identificar su ruta, camino de forma silenciosa hacía ellos, de la manera que sólo los de sangre vampira podían hacerlo.
Un hombre escudado y regordete lo divisó. Alargando su lanza hacía el dhampir, le habló.---"Oye¿Quien es usted, señor?"----
Meridían intentó reflejar un estado de calma y seguridad; pero, las miradas preocupadas de Elasha le provocaban leves estados de nervios.
El segundo guardia dejó su caminata y se paró a unos pasos distantes del primero. Atento a la conversación y con una mano discretamente colocada en la cintura, arriba de su espada.
---"Soy sólo un extranjero, vine a pasar unas vacaciones con mi dulce esposa, Allondra; pero,…"---miró a Elasha, quien había cerrado sus ojos y labios. Aún manteniendo el rostro adolorido de una mujer en pena.---"…me temo que terminamos nuestra cabalgata más temprano que lo que deseábamos, fue herida, como verán."---
El primer guardia contempló con cierto asco la pierna ensangrentada de la pálida mujer. Meridían podía sentir el peso de los ojos del segundo armado intentando observar también.
De repente una voz lo hizo retroceder:….
"Cierra tu boca…"
---"¿Qué?"---preguntó el dhampir en voz sumida.
"No…!"
---"¿Eh?"---cuestionó el guardia observando el rostro de Meridían con cierta desconfianza. Estudiando su cara.
Nuevamente, la voz volvió a interrumpir sus pensamientos.
"Es Elasha, Meridían, me estoy comunicando telepáticamente contigo. Escúchame bien…"
---"Nada, señor…pensé haber escuchado algo."---
---"Yo no te he dicho nada, joven."---
El dhampir contempló a la mujer que llevaba en sus manos. Dormida, agotada…nadie sería capaz de indicar que le estaba hablando mentalmente y aún así…lo estaba. Sólo que mucha desconfianza traída de muchos siglos y experiencia, le hacía negar que esa en realidad fuera ella. Permaneció callado enviándole cierta energía de desconfianza a la vampira.
Si en exactitud era ella, sentiría los rayos de suspicacia y le respondería. El segundo guardia le silbó a su compañero. Haciéndole un gesto de que se apresurara en la detención y siguiera con su trabajo.
"…No me envíes esa energía negativa, que soy yo." Le respondió la vampira, frunciendo levemente sus cejas en el rostro inmóvil.
Meridían no pudo evitar sonreírle internamente. Elevando levemente sus ojos hacía el guardia que discutía mudamente con el otro.
"…Cierra tus labios, Meridían, no vaya a ser que noten tus colmillos." Observó Elasha aferrándose con su dedo índice de las camisetas del dhampir. "…y no permitas que contemplen mucho tus ojos...el brillo de aquellos con sangre vampira es más intenso que el de los humanos y mortales."
---"Si me permite preguntarle, señor¿Qué ocurrió para que su mujer llegará a tal condiciones delicadas?"----cuestionó el soldado, mirando de forma juzgante a Meridían.
El dhampir no pudo evitar molestarse por los señalamientos que el débil mortal le hacía. Sintió tantos deseos de repudiarle, de herirle… ¿Cómo podía juzgarlo de semejante cosa?
"Tranquilo…sé que no serías capaz…pero, recuerda…es un indocto mortal." Apoyó Elasha, intentando calmarlo.
Conservando la prudencia y culpando a sus intensos deseos de comer, de cansancio., Meridían, inhaló nuevamente y mirando al suelo, controlándose lo más que pudiera, habló con el hombre.---"Ya le dije, señor, se cayó de un caballo. Ahora, me puede permitir la entrada a su pueblo, necesito un médico."---
---"Un momento"---interceptó el soldado. Ignorando tanto las plegarias de Meridían, como los forzados intentos de apresurarse de su compañero.---"¿Cuál es tu nombre y el de tu mujer, niño?"---
Suficiente…! SUFICIENTE!! Ya había tolerado todo lo que podía…estaba harto de los rodeos que se daba éste insuficiente hombre que se hacía pasar por un soldado. ¿Soldado? Ni siquiera llenaba tal honor, vaya, si hubiera tenido el honor de conocer a los soldados de su natal Karinthia se avergonzaría y se hundiría en la tierra de tal precocidad suya…!
"¿No, no lo hagas…! Te agotarás!"
El dhampir fijó sus fríos ojos olivos sobre los del soldado. Gruñendo levemente de ira e ignorando las pisadas cercanas y las miradas sospechosas que le enviaba el segundo militar, obligó toda su energía mental al idiota que tenía de frente.
"Escúchame bien, desperdicio de vida…!" habló el dhampir, interrumpiendo y controlando todos los sistemas mentales del hombre. Quien involuntariamente lo escuchaba helado y tenso. "…estoy cansado, tengo sed y unas ganas insoportables de arrancarte el corazón y bebérmelo de un solo trago…!" rugió.
El soldado se había pasmado en sus pisadas y quedando mudo. Llamó la atención de su otro compañero.
"Tengo a mi amiga herida y no tengo ni el tiempo, ni las ganas de seguir escuchando tu robusta, ignorante, estúpida y engreída voz, ni la horrible pestilencia tuya…así que, con toda la voluntad y la calma que me queda, te pido con un cordial deber que abras las puertas, me dejes entrar y no le comentes nada de esto, ni a tu gordito amigo, ni a nadie!"
Los ojos del dhampir radiaban intensamente y el rostro del soldado había palidecido lo suficiente para ser considerado un muerto.
Respirando una vez más, drenado de todo su poder y balance mental, el extranjero contempló el hombre armado.---"¿Estoy claro?"---preguntó con rabia y agotamiento.
El soldado llevó una mano a su rostro y le hizo una señal de respeto.---"Sí, señor!"---le dio la espalda a Meridían y automáticamente fue a la maquinaria primitiva que movía a las puertas.---"Ahora mismo, señor!"---
Su joven amigo, corrió mortificado hacía él.---"¿Qué estás loco, Rino?"---cuestionó agitado, lanzado breves miradas a los pasajeros.---"No los ha revisado…! No los puedes dejar entrar!"---
---"Cállate estúpido…!"---gritó el soldado, empujándolo a un lado.---"Claro que están revisados y no vez que tiene a su esposa herida! Ten compasión, hermano! Eres un soldado por…!"---
---"…Dios…!"---murmuró el dhampir, sus ojos esmeraldas resplandeciendo con intensidad. Estaba controlando palabra por palabra del débil mortal. Lo habían empujado a tal cosa, estaba anémico, ansiaba el dulce sabor a sal y vida en sus labios, ansiaba dormir, quería dormir.
---"No…debiste, hacerlo…Meri...dían…"--- musitó Elasha al hombre que la cargaba. Contemplándolo frágilmente ---"Estás débil…no podrás vencer…la se…"---cerró los ojos extenuada.
---"Señor extranjero!"---exclamó el soldado desde su casucha.---"Retírese un poco!"---
El dhampir hizo como se le pedía, aunque sintiendo gran peso en sus piernas y una inmensa debilidad en sus ojos. Los rayos del Sol comenzaban a salir del horizonte…su sed interna se volvía cada vez más fuerte.
El ruido sordo de dos pedruscos chocando, era semejante al de las colosales puertas que se abrían ante los vampiros. De un lado a otro, iban derramando ciertos escombros de polvo al abrirse. Rugiendo como una bestia.
El segundo soldado contemplaba al dhampir con cierta suspicacia y Meridían maldijo al saber que éste mortal sería uno de varios que los estarían acechando.
Sin esperar más, Meridían comenzó a caminar directamente hacía las puertas.
---"Señor! Tiene que esperar a que se abran completamente!"---gritaba el primer armado.---"No es seguro!"----
Siguió caminando.
---"Oye!"---exclamó el segundo soldado. Corriendo a toda prisa hacía el dhampir y la vampira. Había removido su arma y llevaba el asta erguida para herirlo.
---"Precozmente…"---susurró Meridían arropado con una extraña ira, que colocaba temor en los ojos de quien lo viera. Ágilmente esquivó el ataque del humano y le dio una patada en la espalda, enviándolo directamente al suelo.
Saboreando tierra el humano cayó coléricamente al piso.
---"Señor!"---
Ignorando sus comentarios, el joven dhampir siguió el trote. Conociendo que el orgullo del segundo soldado estaba tal y como él, en la tierra, más el primer soldado bajo su poder. Continúo su paso hacía el pueblo recién desnudado: Afflehaim.
Las puertas se habían abiertos y daban a sus ojos una vista conocida. Varias residencias de madera, llena de tiendas alrededor, con hombres acompañando a sus esposas, otros discutiendo y ebrios…y varios niños gritando y jugando. También la inmensa diversidad de razas que había dentro de él.
Se preguntaba por que su mente lo había traído hasta aquí, igual, tendría tiempo para pensar en ello luego. Sí, luego…
El cuerpo celeste se veía surgiendo por el inmenso cielo. Creando las prematuras sombras sobre los techos del lugar. Sin pensarlo dos veces, comenzó a buscar una posada. Conocía el lugar; pero, había cambiado tanto…tantos años…!
Cubrió delicadamente el cuerpo de Elasha contra el suyo. Intentando que la mujer recibiera la menor luz posible.---"Ya casi…llegamos…"---le prometió en un susurro.
Se dirigió a las primeras moradas que tenía a su lado derecho. Buscando alguna que ofreciera posada. Puerta por puerta, preguntando si tenían y podían ofrecer una habitación.
Entró a una que semejaba bastante a las primeras tres que había entrado.
---"Necesito un cuarto…!"---pedía agitado. Podía sentir el sueño, la fiera de la sed, gritando en su interior. El olor a carne, a sangre internamente escondida en ellos. Las palpitaciones, las hermosas palpitaciones…! No! Tenía que mantenerse concentrado. Elasha estaba desmayada en sus brazos y primero venía su seguridad al hambre suya.
Él podía tolerar un poco más de Sol, ella no.
El dueño del local, quien tenía una ancha barba y un cabello habitado de calvicie lo contempló pasmado. Estaba sirviéndole bebidas a los clientes adentro de un bar.---"Creo que estamos todos llenos, señor."---dijo con una preocupada voz. Observaba a la mujer y al hombre quien la cargaba y sentía cierta pena por ambos.
---"Por favor, es sólo hasta que llegue la noche!"---clamó Meridían. No quitando sus ojos desesperados de Elasha, quien hace minutos había perdido contacto mental y sólido con él. La había intentando llamar; pero, ella no le respondía.---"Le prometo, le prometo, fiel hombre, que nos iremos al caer la noche! Se lo prometo!"---
Un fuerte sonido impactó el brazo del dhampir y su pecho comenzó a chillar. El joven cayó arrodillado al suelo al sentir el primer rayo de Sol tocarlo.---"Ahh…! Por favor, se lo ruego!"---vociferó lastimado.
Varios hombres que bebían dentro del local estudiaron al dhampir pasmados. Otros, ni siquiera le mostraban interés. Pensaban que era otro par de pobres necesitados o una pareja inventando una buena excusa para conseguir un cuarto y dejar libre a sus instintos.
El dueño barbudo salió de la barra y se paró de frente de Meridían y entre el rayo de Sol, que un hombre ignorantemente había traído consigo al abrir una de las cortinas del local.
Meridían volvió a sosegarse y su cuerpo también al inmenso hombre cubrirlos del Sol. Se aferraba a Elasha, quien no había hecho gesto alguno al recibir la maldita bendición solar.
Debido a la respuesta repentina del dhampir varios hombres comenzaron a murmurar entre ellos y a señalarlo. Tres sujetos sentados frente a la barra al lado, uno que no decía nada y otros dos que exclamaban en voz alta para que el joven los escuchará.
---"¿Vistes eso?"---añadía uno de poca estatura y un gorro rojizo en su cabeza.---"Llegó loco y gritando y no hizo más que el viejo Alberto abrir la ventana que cayó directo al piso!"---reía.
Otro reía---"Te he dicho que… ese viejo tiene poderes!"---hipaba borracho.
Un gritó femenino y distanciado hizo que la mayoría de los hombres cayeran en silencio.
---"Malditos!"---gritó la mujer. Señalando a Meridían y su pareja.
----"Dana!"---rugió el dueño del bar.
La mujer retrocedió un poco, aterrada y sin desviar su mirada de Meridían.---"Son vampiros!" Vampiros! Malditos!"---corrió del local, empujando a dos borrachones que se columpiaban de lado a lado, interponiéndose en su camino.---"Alguien llamé a un clérigo! Un mago!"---
Meridían apretó fuertemente sus colmillos, maldecía a la prostituta que le acababa de gritar al mundo entero lo que eran. Los había desnudado al público entero. Cubrió con una mano el rostro de su querida amiga, no quería que nadie supiera de ella, nadie la reconociera como un demonio. Ella no se había buscado esto, lo contrario, lo había advertido a semejante cosa y él estúpidamente había ignorando, por cólera, sus consejos.
El sonido de muchas sillas agitándose y retirándose para dar paso al levantamiento de sus huéspedes retumbaba el local.
El dhampir pudo sentir como la presencia repentina de varios hombres rodeaba su cuerpo. Estaba acorralado y quien sabe cuantos de estos mortales cargaban con armas de plata. Si alguna de éstas llegaba a tocarlo o…a tocarla a ella…!
Se levantó rabioso, seseándole a los estúpidos capaces de atacarlo. Notó como la mitad del bar lo estaba contemplando, algunos horrorizados, otros, ingenuamente listos para agredirle.---"Lárguense estúpidos mortales!"---les advertía. Sintiendo algo terrible, algo aterrador creándose en su ser.
El dueño del local pedía calma e intentaba calmar a sus huéspedes; pero, la muchedumbre pedía entretenimiento, pedía racismo y justicia. Alborotados por la acción y la adrenalina que transmitía el hombre acorralado, no se iban a calmar con facilidad.
De repente…un sonido hizo retumbar en silenció al local. Los mortales tornaron su mirada hacía las afueras de la vivienda. Sonaban como balas benditas, con la fuerza de miles chakras religiosos y ángeles benditos en su impacto.
Varios gritos cubrieron las afueras del local.
---"Agh! La mataron, la mataron!"--- chillaban varias mujeres.
Cuando Meridían intento mirar, sintió como algo lo agarraba por la espalda y lo empujaba hacía atrás. Ingenuamente siguió a su salvador para contemplar la ancha espalda del dueño barbudo sugiriéndole que avanzará.
Caminaron entre la inmensa multitud, por unos estrechos escalones y subieron hasta un encogido pasillo de madera.
---"Lamento todo lo que te ha ocurrido, muchacho…!"--- comentó agitado el señor. Su rostro apacible y compadecido fue una bienvenida de seguridad a Meridían. Quien hace tiempo…y miró a Elasha…había dejado de sentirla.---"Temo que sólo puedo permitirte estancia hasta que llegue la noche…"---miró preocupado al dhampir y la vampira.
---"Gracias…gracias…"---respondió Meridían, aferrándose de Elasha.---"No se preocupe, señor…no haremos ningún daño…"---sujetó débilmente las llaves que el hombre le entregaba.---"Ha sido muy generoso…"---tragó, intentando calmarse.
---"Hablaremos de eso luego…"---le interrumpió el anciano, notando el fuerte resplandor hambriento en los ojos del dhampir.---"Ahora, asegúrate de no perder la cordura, joven vampiro."—le advirtió. Retirándose de su lado, abrumado.
Meridían iba a aclararle que era un dhampir; pero, optó por mantenerse callado y cerrar su boca agradecido. Abrió temblorosamente la puerta, desconfiado de los rayos del Sol, capaz entrarán por el pasillo y lo terminasen quemando al instante y comenzó a entrar.
---"Un momento!"----interrumpió la voz del hombre.
Meridían se asomó debilitado, contemplándolo expectante.
----"Las ventanas están cerradas, así que no tienen por qué preocuparse e impediré que algún estúpido intente molestarlos o suba hasta su cuarto."---dijo con seriedad. Levantó un dedo alertado---Impediré; pero, no quiere decir que logré restringirlos a todos…"---le sentenció.
El dhampir asintió agotado.---"Sí, mis eternas gracias, señor."---tomó la puerta con su pierna y comenzó a cerrarla.---"Buscaré una forma de pagarle…"---
---"Hablaremos de eso luego"---murmuró el dueño, mientras el joven cerraba la puerta extenuado.
Miró el cuarto, era bastante grande, por lo menos, él estaba acostumbrado a aquellos de una ventana y sin baños. Éste tenía una inmensa cama escarlata y un baño. Con una ventana cubierta de cortinas pesadas sobre la litera.
Se sintió aliviado, aunque un poco incómodo por el hecho de que fuese una única cama. Igualmente, lo que le importaba era que había llegado a un cuarto seguro, protegido y sin ningún daño hecho a Elasha.
---"Elasha…"---la observó preocupado. Mientras la mujer dormía en sus brazos, la llevó cuidadosamente a la cama y se sentó en la litera, inconscientemente la contemplaba, ignorando por unos instantes, todo lo que había ocurrido a su alrededor. Magnetizadamente se acercó a su cuerpo y la abrazó.
Preocupado, aliviado, hambriento y alegre. Sentía tantas sensaciones a la vez. Más no podía dejar de oler el suave aroma de la mujer. Le acariciaba lentamente, su rostro, su ser, le transmitía una paz interna, única. Distinta a todas aquellas que alguna vez hubiese sentido.
Lentamente se retiró de su cuerpo y la colocó solitariamente sobre la cama.
Levantándose caminó debilitado hacía el baño. y enjuagando el papel sanitario sobre un poco de agua y jabón regresó a donde ella. Algo comenzaba a dolerle en el pecho, algo le rugía por el cuerpo. Era como una serpiente deslizándose y atacando su sistema nervioso.
Se sobrecogió al observar dos ojos amarillos y temblorosos devolviéndole la mirada..---"Estás despierta!"---murmuró incrédulo. Mordiéndose él mismo su labio inferior y brotando sangre al suelo.
Algo le pasaba, algo le sucedía…sabía que llevaba mucho tiempo sin alimentarse. Que necesitaba urgentemente sangre; pero…pero, tenía que controlarse. Lo podía lograr. Otro latido en su interior y se escuchó a él mismo gritar.
Elasha lo revisó débilmente y dando lentos golpecillos en la cama, le hizo mirar a su mano izquierda.
Caminando torpemente hacía ella, Meridían sujetó su pálida mano y sintió algo frío y líquido dentro de ella. Al removerla pensando que la podía atacar, vio que sostenía dos frascos rojos de elixir líquido.
Observó preocupado a Elasha.---"¿Y tú?"---le preguntó nervioso.
Ella se digno en sonreírle levemente y entró por última vez a su mente. "Luego…" dijo y no le hizo recordar al dueño mortal del local, sino, que le transmitió cierta calma y seguridad en sus palabras. "…ahora bebe…" le presionó con un rostro preocupado. No lo quería ver sufrir. Más algo la agobiaba.
El dhampir la observó e hizo como le decía. Abrió el frasco de sangre y comenzó a beber.
Elasha asintió aliviada y cerró los ojos. "Bienvenido a Affleheim…dían…" quedó inconsciente sobre la litera.
…………….
...Algo largo¿no?
Pero, quise reponer el hecho de que no halla podido responder a la historia tan rápidamente como quería.
Espero que les haya gustado!!
Alguien anda enamorado por ahí ¿no?... O a lo mejor, eso es lo que parece…
Jeje, un saludo!
Jetta Knex
P.D. Un dato…
Tanto los vampiros, como los dhampirs, son débiles ante los objetos hechos de plata o benditos. Por eso, Meridían se asusta cuando piensa que lo están rodeando con tales armas.
Alguna otra duda, me la dicen.
Gracias!!
