¿Acaso, estamos…Malditos?

Se había bebido los dos frascos de un sorbo completo.

Incapacitado para moverse y lleno hasta el tope de sangre, Meridían se dejó caer hacía el frente, como si fuera uno de los mismos mortales ebrios que transitaban en el piso inferior.

El suelo le servía de paz. Era su aliento y su recóndito escondite…de los demás, de todos…de él.

La bestia contenida en su interior, en el interior de todo dhampir y criatura con sangre maldita corriendo por su sistema, rugía cada vez más, clamaba ser liberado; pero…ya, por ahora…ya estaba…apaciguado.

Acarició inconscientemente el suelo. Sí, le recordaba "algo" aunque no sabía bien qué era. Madera; pero, no la maldita de roble; sino, sana…madera protectora…qué…¿qué demonios le sucedía?

Una voz…

Una débil tos, lo trajo a consciencia.

Se fue levantando lentamente. Elasha estaba tendida sobre la cama y tocía con un murmullo que le preocupaba.

Haciendo balance con la mesa de noche que tenía a su derecha, el dhampir se elevó vaciladamente y observó a su compañera de viaje.

La vampira estaba inhalando dificultosamente, aunque no tenía la necesidad de inhalar aire, algo le estaba provocando que lo buscase desesperadamente. Sus ojos amarillos se habían tornado rojos y mostraba los colmillos exasperada.

Caminó hasta su pierna y le removió la capa que cubría el golpe. No sorprendido, ya que se había preparado para todo lo que podría esperar al removerla, drogadamente se apresuraba para sanarla. Examinó la herida cercanamente.

La blancuzca pierna de la vampira se había tornado morada y donde antes estaba el hueco del arco mojado de agua bendita, yacía una gran herida negra. Con débiles trazos de sangre corriendo por la esquina y un abismo oscuro en el centro.

Elasha gimió levemente, reconociendo que el rostro serio del dhampir no indicaba nada bueno y sintiéndose vulnerable a la vez.

---"Tranquila…"---murmuró Meridían, caminando hasta el suelo y recogiendo el oscuro papel sanitario. Aún se sentía en su estado letárgico, por la repentina sangre que había bebido. Regresó columpiándose hasta la cola de la cama y se sentó al lado de la pierna lastimada de la vampira.

Miró a Elasha preocupado.---"Esta muy mal, Elasha."---sentenció. Observando la herida momentáneamente reafirmó sus palabras. Sus ojos lo decían todo, iba a intentar cerrarle el golpe.

Bajo su rostro hasta la alargada pierna de su vampira. La mujer lo contemplaba aterrada.

Sus cabellos ébanos rozaban la parte superior de su piel y sus labios se comenzaban a dividir frente a la herida.

---"No…"---seseó Elasha, luchando con la propia bestia suya…o tal vez, con sí misma.

Meridían la ignoró, abriendo exageradamente su boca y mostrando aquello que todo mortal y semi-mortal temía. Los alargados colmillos de un retoño de la noche. Semi blancuzcos y afilados; pero, eso no era lo que quería mostrar el hombre. Era el músculo que yacía entre medio de ellos.

---"Meridían…por favor…!"—sollozaba la vampira. Derramando leves lágrimas, que al tocar sus mejillas se tornaban negras.

Balanceando su criatura nocturna y la sabiduría de su hombre, el dhampir se mantenía unido al trance, sordo en leves instantes a su alrededor. Su lengua había surgido y era sólo cuestión de segundos en lo que llegaría a lamer a Elasha. A rozarla físicamente, saborear su dulce cuerpo, su externa esencia…

---"Meridían!"---

Un fuerte impulso interno lo hizo retroceder. Sus ojos esmeralda brillando al avistarla.---"¿Qué?"---rugió, algo más molesto de lo que quería mostrar.

---"No, así no!"---respondió Elasha entre sollozos y convicción.

---"Sólo te iba a cerrar la herida, no iba a lastimarte o tocarte de alguna forma!"---respondió ofendido el dhampir. Elevándose sobrecogido de la cama. Se sentó en la silla que había a una esquina de la habitación.

Elasha se mantuvo echada sobre la cama. Sus ojos no habían cambiado de color; pero, sus seseos habían parado.---"Lo sé, lo sé! No me refiero a eso, dhampir!"—gritó mortificada.

---"¿A qué te refieres entonces?"---cuestionó el hombre avergonzado y dando leves zancadas en el piso.

La vampira suspiró y lo contempló angustiada.---"No quiero que sepas…lo que tienes que saber, por un solo sorbo de sangre."---murmuró.

El dhampir elevó una ceja.---"¿Qué?"---preguntó confundido y algo más calmado.

La mujer lentamente fue impulsándose con dolencia y maldiciones hasta caer sentada en la cama. Observó su propia herida e hizo un gesto de disgusto al percibirla.---"Es cierto lo que dicen…que la consciencia no te deja descansar en paz."---lo miró apenada.

Estuvo unos momentos callado.---"¿Qué es lo que tienes que contar Elasha?"---preguntó con cierta desconfianza el dhampir. Contemplándola a lo lejos como un animal al acecho.

---"Las razones por qué estaba tan cerca al castillo de Handrox"---dijo la vampira sudando y temblando. Cubría sus hombros y sentía mucho frío rodeándola, algo que normalmente no la molestaría; pero, entonces sugería que su herida estaba peor de lo que ambos pensaban.

Inesperadamente el dhampir se levantó de la silla y caminó hasta el lado de Elasha. La mujer lo veía; pero, comenzaba a sentirse mareada y no sabía si era por nervios o por su condición.

---"Acaba de amanecer hace unos minutos…"---murmuró ido, Meridían. Todavía sujetando el papel entre sus manos, lo llevó hasta su boca. Llenándolo con su propia saliva y sólo lo suficiente para sanar una herida. La removió de sus labios y se la colocó sobre la pierna a la mujer.

Elasha lo contempló sorprendida. Confundida y sin saber qué decir la vampira lo siguió morando atolondrada. Al caer en contacto con el golpe, volvió a sentir un leve cosquilleo. Lentamente sentía como el golpe se iba sanando y mejorando sobre su pierna.

Meridían concentrado en la herida, al cabo de unos segundos, removió el paño que había quedado seco y lo envolvió en su mano. La herida de la mujer, aunque no sana, había cerrado en su mayoría. El color morado se había tornado a un rosa pastel y el dhampir estaba seguro que no le provocaría tanta molestia, le permitiría caminar.

Asombrada y conmovida, murmuró sólo las simples palabras que pudiese recordar.---"Gracias…"---dijo, pasmada sobre la brillante técnica que el dhampir había creado. Así lograba cerrarle la herida, sin la necesidad de tragar parte de su sangre y tener acceso completo a su mente, su pasado y su vida.

Meridían movió el rostro negativamente. Solicitándole que no se lo agradeciera. Siguió con su metáfora---"…pasaremos varias horas encerrados aquí, a lo que anochece…"—la estudió, sus ojos tomando la forma calmada y serena que solía asumir.

Se levantó, discretamente, volviendo al viejo asiento en la pared. Inhaló y preparándose para todo lo que pudiese surgir, murmuró, casi apacible.---"...así que, creo…que tenemos mucho tiempo para conversar."---

La vampira lo miró y asintió angustiadamente.---"Conversemos, Meridían."---

……….

Creo que este es el capítulo más corto que he hecho hasta ahora.

Me parece bien, coloqué uno largísimo antes y ahora pongo el más corto. Bajando un poco el tono de acción, los vuelvo a centrar en los sentimientos y el romance de los dos inmortales.

Espero que les guste!

Un saludo,
Knex!