Favores
Elasha se aferró a la inmensa almohada que tenía a su espalda. Miró a Meridían.---"Que busques algún animal, no humano, ni criatura. Sino alguna raza de animal pequeña, que podamos tomar su sangre sin ofender a los habitantes de Affelhaim."---
Elasha se aferró a la inmensa almohada que tenía a su espalda. Miró a MeridíanEl dhampir asintió, cubierto de pies a cabeza con la capa marina, se levantó.---"¿Cómo me veo?"---preguntó. Dando una vuelta en el medio de la habitación. Sorprendentemente calmado y... ¿feliz?
Elasha carcajeo y aplaudió levemente.---"Pareces un ángel velado."---comentó con tenue dulzura.
Meridían rió.
Ambos cercioraron de que ninguna parte suya estuviera expuesta al Sol. En especial las manos y el rostro. Elasha volvió a estudiarlo. Con un rostro serio.---"Recuerda que no debes estar más de cuatro horas. A las cinco y media deberías estar de vuelta. En Affelhaim anochece tarde."---le recordó.
---"Nunca te pregunté en qué viaje fue que viniste a Affelhaim¿cómo lo conoces?"---le preguntó Meridían, midiendo que tan flexibles eran los extremos de la capa.
La vampira le sonrió y jugó con la almohada.---"Hace tiempo, cuando buscaba un supuesto clan de vampiros que habían visto llegar por aquí. Llegué muy tarde…como fuera, ellos se habían ido."---
El dhampir la contempló repentinamente. Ella siempre había estado buscando algo. Algún lugar para pertenecer y aparentemente, nunca lo había hallado. La miró preocupado.---"¿Elasha…?"---
---"¿Sí?"---elevó su visto hacía él.
---"¿Estás contenta ahora?"---le preguntó serio.
La mujer dejó de acariciar la almohada y lo estudió. Luego de unos segundos le respondió.
---"Sí, podrías decir que lo estoy."---le sonrió.---"Llevo pensando que la felicidad es una utopía; pero, por primera vez, en mucho tiempo. Me doy cuenta que la he vuelto a hallar."—afirmó. Sincera.
El dhampir asintió conmovido y alegrado.---"Eso es bueno."---inhaló nuevamente y se tornó hacía la puerta. Sostenía los cuatros frascos vacíos en sus manos. Dos en cada mano. Los guardó en distintas parte de su vestimenta y le hizo una reverencia a la vampira.
---"Éxito"---comentó la vampira. Aferrándose a su rodilla lastimada.---"Recuerda regresar ante de las seis!"---departió. Preocupación, fijada en sus ojos.
Meridían asintió y abrió la puerta. El fuerte resplandor que había al otro lado lo mareo por unos instantes. Cerró a medias la puerta y tornó sus ojos olivos a Elasha.---"No te preocupes, piccola, volveré a tiempo."---y con una leve sonrisa la cerró de la maldita luz.
Era nueva la sensación y repugnada a la vez. El calor fue como una maldita bendición infernal. Deseaba tanto salir de él. Volver a la helada oscuridad, a Elasha y la libertad que le producía. Pero estaba protegido y esclavizado a la capa, la cual, agraciadamente lo cuidaba de la luz.
Caminó por los pasillos. Deseando que sus oídos no estuvieran tan desarrollados como lo eran. Podía escuchar diversas cosas. Las discusiones horribles de hombre ebrios, el murmullo leve e inocente de niños y los gemidos lujuriosos de dos mortales…tal vez, eran tres. Como fuese, deseaba que ninguna de esas cosas le aventara el alma. Detestaba ese aspecto negativo de su don. Sus oídos puntiagudos lograban captar cualquier cosa…!
Bajó las escaleras, topándose con dos señores en su caminar.
---"Disculpa"---murmuró Meridían, mientras uno de los hombros rozaba al mortal.
Era cierto, la sed era inmensa. Aún con los frascos que había bebido tenía sed, en realidad, no recuerda un momento en que hubiese estado tanto tiempo sin beber como en el que se encontraba ahora.
---"No te preocupes, joven."---respondió el más anciano de los hombres.
Podía sentir los latidos, el dulce, hipnotizante latido de la sangre. Pulsando la vena, la tan sagrada vena que contenía el elixir…necesitaba beber. Aunque se había tragado dos frascos enteros de sangre, la sed lo invadía, le decía que no había bebido lo suficiente. Lo acariciaba y la maldita esencia humana lo tentaba.
Sus ojos esmeraldas se tornaron hacía los dos adultos que subían las escaleras e instintivamente extendió una mano hacía la espalda del más anciano. Siempre eran los que menos luchaban; pero, algo lo detuvo. Su razón humana. La cual había adoptado una voz parecida a la de Elasha. Se la imaginaba ahora que tenía aquella sed inmensa y eso lo detenía.
Guardó su mano en el bolsillo y obligándose a pensar en qué pasaría si hiciera eso en pleno Sol. La aferró a la capa.
Bajó las escaleras y se sorprendió al ver que había menos personas en ella que por la mañana. Uno que otro borracho murmuraba cosas sin sentido y una familia entraba y al ver el ambiente del lugar, la mujer miraba a su esposo y salían del lugar.
La barra tenía una forma ovalada. Con las sillas y mesas al lado izquierdo, afirmadas a las ventanas, la puerta y la barra, percé, pegada a la pared de la derecha. Descendió hasta tocar el piso y miró hacía la alargada mesa donde se servían los tragos. No había nadie más que el viejo jefe de la posada, los borrachos, tirados sobre las sillas y durmiendo con sus cabezas sobre la mesa; pero, nadie ni nada más. A esa hora el dhampir pensaba que deberían de haber más humanos rodeando por allí.
El dueño se dio cuenta de su presencia.---"Ah, has decidido bajar, joven."---murmuró ido y luego se detuvo. Volviendo a mirar a Meridían.---"Espera… ¿cómo?"---Estudió detenidamente su capa.---"Ah! Ya, ya entiendo! Una útil cosita que tienes!"---afirmó. Limpiando uno de los vasos.
Los ojos sádicos del dhampir, brillaban con una intensidad increíble. Se relamía los colmillos, percatándose de no cortarse, ni de mostrarlos claramente. Colocó una mano sobre la mesa. La única desnuda en esos instantes y se mantuvo de pie.
El señor lo volvió a mirar.---"¿Te pasa algo¿Qué quieres?"---dejó el envase sobre el lado del escritorio suyo. Lo miró grave.
Meridían bajó los ojos, consciente de no atraer mucha curiosidad a ellos.---"Necesito saber dónde hallar una granja."---murmuró. Una voz seria y gruesa surgiendo de su garganta. Sí, era cierto, estaba muy seca; pero, debía mantenerse y actuar normal..---"Un lugar capaz de tener el alimento requerido para mi colega y yo."---sentenció.
El dueño de la barra lo ojeó seriamente. De pies a cabeza. Notando que algo en realidad no estaba bien.---"¿Una granja?"---cuestionó difícil. Era el tipo de hombre que no se dejaba incomodar por nada, ni mostrar sentimientos emotivos. Un mortal. Más, eso era algo que el dhampir cambiaría pronto.
---"Sí."---Meridían asintió con dificultad.---"Prometí no alimentarme de la sangre humana, ni de cualquier raza que pudiera ofenderlo a usted, ni a su pueblo; pero, aún con mis promesas. Necesito mi comida."---presionó el mitad vampiro. Descubriendo que su paciencia se iba desbordando remisamente.
El señor lo contempló incomodado. La forma en que se expresaba. Las palabras que decía. Ciertamente, había conocido a varios hombres y salvajes que hablasen peor; pero, había algo en la esencia de éste. Algo en sus ojos. En su ser. Se mantuvo callado sin en realidad percibirlo.
Su paciencia iba cuesta abajo. No podía aguantar más. Tenia tanta sed que si éste mortal no avanzaba, terminaría como la prostituta aquella.---"Señor."—Respondió el dhampir.---"No tengo tiempo para esperar."---comentó.---"¿Conoce algún lugar donde pueda conseguir mi alimento o tendré que buscarlo a mi… manera?"---
El hombre se le quedó mirando.---"No se atrevería…!"---
--"Si no encuentro ayuda de usted, me veré inconscientemente forzado."---sus ojos captaron los negros del dueño.---"Es tanto el tiempo que puedo controlar a la bestia."---hablaba con cierta calma, aquella que demostraba tal extenúa concentración dentro de su ser. Que rebelaban sus palabras como justas e irrefutables.
El hombre salió por una puerta pequeña de la barra. Sus ojos fijados en los del dhampir. Quien lo seguía mudamente. El hombre Se mostraba tieso y nervioso. Más sabía sobre ellos, ellos y su maldita raza hermana con los vampiros. Se mantuvo parado al lado de la puerta. Contemplando el lado Sur de la barra, un ojo fijado en éste y otro en el "hombre" a su lado.
Varias personas caminaban por el pequeño pueblo. Aquel lugar tan parecido a las leyendas del oeste, las cuales hablaban de caballos salvajes y hombres que construían en el desierto, aquella carretera de tierra y piedras cremosas. Inmensamente calurosa para él; pero, que le producía un inmenso sentimiento de asombro y curiosidad. Habían pasado muchos siglos desde que veía el Sol, desde que su mortal padre intentaba forzarlo a ser un hombre normal. Capaz de tolerar la luz infernal y jugar junto a él. Había pasado tanto…que sólo podía recordar memorias, luego de varios siglos sin contemplarlo.
Vio hombres, vio mujeres. Niños y jóvenes. Una pareja de ancianos que parecía que iban a transformarse en cenizas frente a sus ojos. Vio y admiró, puesto que la tierra alumbrada era fascinante. Realmente, había sido una bendición lo que Elasha le había dado, pensó que tal vez, la excusa de su frenesí, había sido en parte, un regalo de ella hacía él, para que pudiera contemplar tal hábitat. Tan distinto. Tan olvidado ambiente.
---"Debo advertirte, joven vampiro."---musitó el señor. El sol mojaba su cara mientras observaba el pequeño pueblo. Llenado y juntado de residencias alargadas y de bloques antiguos.---"Que te encontrarás con muchas personas que no te trataran dignamente."—
Meridían contempló la ruta que marcaban los ojos del jefe de la posada.---"Así es en todos los lugares, señor."---reconoció. Aún fascinado con el pueblo iluminado.
El hombre asintió.---"Je, sí, es cierto."---aportó, rascándose la peluda barba.---"…pero, en otros lugares no saben lo que eres, ni les importa...Aquí sí."---añadió. Chocando sus ojos negros con los del dhampir. Lo trajo nuevamente a la realidad. Odiaba eso.
El dhampir lo contempló grave. El calor le molestaba y le picaba; pero, no pensaba removerse la capa. Se aferraba fuertemente de ella y su perdido aroma. El lugar era hermoso; pero, horrible el calor que producía tal preciosa luz.
El dueño de la barra se balanceó en su lugar y le señaló hacía la derecha del dhampir.
En dirección trasera a las puertas de entrada del pueblo, aquellas que estaban a su izquierda en la posada.---"Ve por allí, muchacho."---le dijo con preocupación. Con cierto, curioso dolor en su voz. ---"La ruta te llevará hasta un punto, que verás a su derecha otro camino estrechado. Sigue por ahí. Encontrarás una granja abandonada por su dueño; pero, aún poblada por varias bestias."--- Volvió a mirar a Meridían, temiendo que el contacto físico fuera extremo y le provocará un descontrol. Lo miró intensamente.---"Cuídate, joven, hay hombres, por aquí…"---su voz tembló levemente. —"Hombres que no les importa matar sin razón…ayer mismo me mataron a una de mis sobrinas, claro, era inmoral y hacía lo que podía para vivir; pero, aún así…"---lo volvió a mirar, sus ojos moviéndose de ira y sufrimientoA la vez de un maldito orgullo mortal.---"…no corras el mismo fin. Ni tu, ni tu compañera…cuídense y protéjanse…hasta de los más santos. Recuérdalo."---le presionó.
Pasmado por la repentina actitud y el cambio drástico de sus gestos. El dhampir asintió. Sintiendo compasión y pena por el hombre mortal.
Dio un paso a delante y se detuvo. Virándose hacía el hombre, le hizo una reverencia.---"Muchas gracias, buen hombre. Ciertamente, le debo mi vida y la de mi compañera. Es algo que jamás sabré cómo pagarle."---elevado lo volvió a mirar. Sonriendo confiada y apenadamente.---"No se preocupe, señor. No soy un mero niño ya…"---dijo aferrándose de su capa y sonriéndole, con aquella distintiva sonrisa sabía. Que le hacía caer en razón al mortal. Que podía y seguramente era mayor que él.
El hombre lo miró pasmado y devolviéndole una colaboradora sonrisa. Dijo sus últimas palabras al dhampir.---"Lo que me debes es sólo la lealtad de tu promesa."---comentó.
El dhampir comenzó su trote.---"Así será."---y con un rostro seguro y serio. Se emprendió a caminar por la ruta misteriosa…de Affelhaim.
Varios humanos que él pasaba por su lado lo contemplaban. Muchos pasmados por que lo veían tan arropado en un día soleado. Otros, por que, tal y cómo le había dicho el dueño de la barra, sabían lo que era. Hizo que varias mujeres exclamaran asustadas y que otras se fueran al lado contrario de su acompañante. Realmente, se notaba el odio y el temor que su clan hermano y su raza propia habían creado.
Pasó y pisó el lugar donde la sobrina del posadero había sido asesinada. Lo sabía por el victorioso olor a muerte que aún danzaba en el aire. Agradeció no encontrar pizca de sangre. Ya que, aunque había bebido lo suficiente para saciarse; podía perder a la tentación.
Más no debía.
Su rostro, sus ojos amarillos. Lo invadían y lo bañaban de paz. De calma. Era su voz y su esencia la que lo hacía volver a la prudencia. Ella era la razón para mantenerse calmado. Ella lo calmaba.
Sentía el ardor sobre la capa. El sol pegado a su escondido cuerpo. No había pasado más de dos horas; pero, la capa continuaba calentándose. Por suerte, se acercaba a la residencia. Se acercaba y ya se imaginaba caminando de vuelta a la posada. Se vio de frente s una enorme casa de bloques blancos que lo observaba.
Más algo no estaba bien.
El aroma distinto, el alrededor. Los distinguidos tintineos suyos. La sombra plegada que meramente no debía estar allí. La brisa que se entrecortaba detrás suyo.
Se detuvo repentinamente y a la vez! Escuchó que algo se detenía a su espalda. Sólo con unos segundos de diferencia. Maldita sea, lo seguían. Un idiota lo estaba acorralando.
El dhampir permaneció de pie. Inmóvil. Analizando diferentes tácticas, estudiando su alrededor. Las casas y sus rincones. Atento al agresor a su espalda y verificando la energía que tenía.
No lo pensó dos veces, Meridían se preparó para luchar.
………
OJO: Las leyendas de oeste que Meridían recuerda. No son leyendas del viejo oeste y carrozas, aunque parecidas, son unas leyendas que narran sobre viviendas pegadas y familiar que residían en el desierto. Tal parecido, como Afflehaim.
Sobre el capítulo pasado: Cuando Elasha hace las reverencias, se debe a que las hace sentada sobre la cama. Hay un momento luego de eso que intenta levantarse y hace el gesto; pero, decide obviarlo para no despertar a su bestia interna a la consciencia de que podía caminar. Es como un engaño a ella misma para que no intente ponerse de pie y atacar a los residentes próximos en la posada.
Espero que le guste ese capítulo. Algo más de acción en él.
Saludos!
Jetta Knex
