Notas Iniciales:
Miles de disculpas por el retraso. No tengo ninguna excusa, excepto aquellas que se le puedan achacar a la demora ocasionada por los 1.567.894.342.744 virus que abruman a mi computadora. Espero, sin embargo, que el capítulo sepa justificarla. Miles de gracias por sus reviews, son lo que me da ánimo para seguir escribiendo; me gustaría contestar uno por uno, pero ya todos sabemos las restricciones a este respecto. Me encantaría, sin embargo, que si alguno quiere mantener alguna clase de conversación conmigo, me escriba a mi e-mail: o a (no se molesten en agregarme al MSN, porque esa es otra cosa que los LINDOS virus no me permiten abrir)
Capítulo 2: Testeo de Mercado
No, no y no. Simplemente no.
Es la hermanita menor de tu mejor amigo, la mejor amiga de tu mejor amiga, la…
¡BASTA!
¡Es Ginny y punto! ¡Eso debería ser motivo suficiente! ¡Esas cinco letras deberían bastarte!; Esas cinco bonitas letras formando ese dulce nombre apocopado deberían alcanzarte para no pensar de ninguna manera en ella como prospecto de tu mujer ideal, de esa hada de pelo cobrizo con la que deseas pasar el resto de tu vida…
¡ARG!
¿Por qué, tres horas atrás, antes de siquiera tener noción de que iba a recibir esa fatídica carta de Albus Dumbledore, ni un solo pensamiento de esta clase se le había cruzado por la cabeza? ¿Por qué, de repente, la sorpresiva posibilidad de que debían ser una pareja no le parecía tan horriblemente espeluznante como debería?
Un momento. ¿"Debían", había dicho? ¿Quién les había dicho que debían hacer nada? Dumbledore solo les había presentado el plan como una posibilidad, como una idea alocada fruto de una noche turbulenta, nada más. Entonces, como muy claro había quedado, Harry y Ginny no iban a tener que involucrarse en algo que a los dos les causara pavor siquiera pensar. Aunque, al parecer, ella encontraba la idea más que muy conveniente…
Un segundo. ¿A quién quería engañar? Dumbledore se los había pedido, y no importaba si lo había hecho de forma dulce, sonriente y sumisa. Harry, a lo menos, le tenía mucho más miedo al mago de larga barba blanca que a Voldiverruga y haría cualquier cosa que él le pidiera, tirarse por un barranco incluido, mucho más involucrarse con una joven hermosa y divertida que…
¡MERLÍN!
No iba a pensar en ella como en una mujer, aunque lo fuera y con todas las letras, porque eso pondría en riesgo su integridad física a causa de seis celosísimos pelirrojos, pero, costara lo que costase, él y Ginebra Weasley debían ser una pareja.
La pelirroja llegó a su cuarto dando saltitos de alegría y subiendo de dos en dos escalones las escaleras de la Madriguera. Se tiró sobre su cama y se aseguró de poner un muy potente hechizo silenciador antes de permitir que su garganta estallara en un grito de la más pura alegría. Luego, se puso de pie, riendo a mandíbula batiente, y girando por la habitación de manera frenética.
Luego de 10 minutos de repetir concienzudamente esta rutina, y cuando Ginebra sentía que ya había dejado salir toda la adrenalina que le contaminaba la sangre y la respiración, aunque la felicidad pura aún seguía presente, se dejó caer en el suelo, con los ojos fuertemente cerrados y hundió su roja cabeza en un almohadón.
¡Merlín!
Por todos los dioses, no podía dar crédito a su inmensísima suerte.
Iba a hacer pareja con Harry Potter.
Iba a hacer pareja con Harry Potter, y aunque no fuera más que una farsa, no había nada que la hiciera más feliz en el mundo.
No iba a ser más que una farsa, pero por el comportamiento de Harry en el despacho de Dumbledore, casi pondría las manos en el fuego a que no le costaría ningún trabajo enredarlo de manera real.
Después de todo, Ginebra era una Weasley, y un Weasley siempre consigue lo que quiere…
Un segundo. ¿Quién había dicho que Harry Potter era lo que ella quería? Si no había sentido por él más que un flechazo, un enamoramiento fugaz, un arrobamiento de niña, una admiración de fanática, y hacia tiempo que había superado la fascinación que él le despertaba…
Después de todo, ahora no era más que uno de sus más queridos e íntimos amigos.
Pero… ¿a quién quería engañar? Si ni por un segundo podía dejar de mirarlo, si podía pasarse milenios enteros sumergida en sus ojos esmeralda, si se bebía con éxtasis todas y cada una de sus palabras, si le despertaba una ternura y una pasión descontroladas, si, en fin, a pesar de que todo hubiera comenzado como un simple pasatiempo de pequeña, con el tiempo, y cuando había llegado a conocer al Hombre (con hache mayúscula) que se ocultaba detrás de la leyenda, él se había convertido en el centro de su Universo y… ¿para qué negarlo? estaba perdidamente enamorada de él.
Ahora, y a pesar de lo que le costaba a su cerebro acostumbrarse a la idea de que nuevamente estaría rondando a Harry Potter, románticamente hablando, ese no era el problema.
Él era el problema.
Él, y esa estúpida manía que el imbécil de Ronald le había metido en la cabeza de verla tan solo como a una hermanita menor.
Él, y ese conocimiento mutuo de que la relación que mantendrían sería solamente ficticia, por lo que el gran sentido de la honra y la nobleza que él poseía lo harían creer que cualquier situación comprometedora y extra-oficial en la que se vieran involucrados, sería una abusiva trasgresión.
La pelirroja no pudo reprimir una sonrisita maliciosa. Ya se encargaría ella de borrarle de la mente de una manera irresistiblemente convincente todas esas absurdas y muy erradas ideas…
- ¿Estoy bien?
- Harry, considerando que me has hecho esa pregunta un promedio de veinte veces por minuto durante la última hora, creo que si vuelves a hacérmela durante la próxima semana, te arrancaré tus bonitos ojos verde esmeralda con un hierro candente y los utilizaré de brillantes para un par de pendientes. Después de todo, harían bonita combinación con mi cabello, ¿no crees?
El moreno tragó en seco, pero al fin de cuentas es hombre, y no se le pasó por la mente el dejar de protestar.
- Es que… no sé, Ginny… esto no me da muy buena espina…
La pelirroja suspiró y se dispuso a explicarle por decimoquinta vez en el día el porque de su decisión con un lenguaje sencillo y un hablar pausado y lento, como si se dirigiera a un niño muy pequeño y sin demasiadas luces.
- A ver, Harry, dime: ¿te gustaría enfrentarte de lleno a la comunidad mágica para decirles de sopetón que, de un día para el otro, somos pareja y estamos irremediablemente enamorados el uno del otro?
Potter la miró de manera consternada, y era evidente que estaba mordiéndose la lengua para no responderle un "¿Estás loca o qué?" .
- Eso imagine- prosiguió Ginebra, impasible- ¿Realmente te sientes preparado para fingir un verdadero romance, con todo lo que eso implica, delante de una gran multitud que te cegara con los flashes y que te asediara a preguntas, cuando ni siquiera me has tomado de la mano?
Él abrió grandes los ojos verdes, sinceramente aterrorizado, y, sin detenerse a pensarlo, le tomó de manera inconsciente la mano derecha. Ella se limitó a sonreír.
- Muy dulce de tu parte Harry, pero eso no es más que otro punto a mi favor.
Harry suspiró, derrotado. Ella tenía terribles y poderosos argumentos a su favor, pero, de todos modos… Entonces, incapaz de aceptar la derrota, optó por el vil chantaje.
- Gi-nny- canturreó con voz aguda, logrando que ella se volteara a mirarlo con la ceja izquierda desaprobadoramente levantada- Gi-nny- prosiguió él, sin darse por aludido de que ella estaba a punto de golpearlo- ¿estás absolutamente segura de que esto es absolutamente necesario?
Ella, implacable, fría como el hielo y dura como el diamante, se volteó sin siquiera dirigirle una mísera mirada a su muy estudiada cara de cachorrito apaleado.
- Si, Harry, lo estoy. Me da igual lo que pienses, pues aunque hace un momento dijiste que no te sentías preparado, eres más voluble que un huracán, pero yo, a lo menos, no me siento lista para fingir un romance de un día para el otro. Necesito, mínimamente, un pequeño ensayo.
Derrotado, Potter decidió retomar el tema inicial de la conversación, que luego se había tornado en discusión.
- De acuerdo, Gin, tu ganas. Lo haremos. Pero… ¿tienes que ser delante de ellos?
Ella le dirigió una mirada un tanto cínica, y luego se hecho a reír de manera descarada. Finalmente, se acercó a él, lo besó con ternura en una mejilla, mientras le acariciaba la otra con dulzura, y le dio una palmadita alentadora en la espalda.
- ¿Delante de quienes, si no? Yo sé que tu puedes, Harry. Has sobrevivido a cosas peores, créeme. Ahora, toca la puerta.
El moreno se repaso mentalmente de pies a cabeza una vez más, reparando puntillosamente en el estado de su atuendo (un pantalón de vestir negro y una camisa verde esmeralda) y en el de su rebelde cabello. Ginny le dirigió una miradita también, mitad de aprobación y mitad de ánimo. El moreno suspiró profundamente y, finalmente, se acercó a la puerta de caoba y llamó con energía, aunque no con demasiada convicción, a la casa de Hermione Granger.
- ¡RON!- se escuchó una voz femenina que provenía, decididamente, de alguno de los pisos superiores- Han tocado a la puerta.
- Ya lo oí, Hermione- protestó una voz, esta vez de hombre, y que ambos reconocieron como la del hermano mayor de Ginebra- Seré un infradotado, un machista, un retrógrada y todas esas palabras insultantes con las que me llamas cuando discutimos- la pelirroja no pudo contener una pequeña risita al escuchar esto- pero mi especie ha llegado a un grado de evolución bastante similar al del hombre, al menos físicamente, y mi sentido del oído aún no está tan menguado, ¿sabes?
- Lo que tu digas, cariño- la mujer, Hermione, evidentemente, solo imprimió un ligero dejo sarcástico en esta última palabra, pero Harry hubiera puesto las manos en el fuego a que más tarde le haría pagar con creces al pelirrojo el pequeño discursito.- Entonces, supongo que serías tan amable de atender por mi. Tu hermana prometió presentarnos hoy a su nuevo novio, y no quiero hacerla esperar.
- ¿Es Ginny?
- ¿Tienes acaso otra hermana?- respondió la castaña, nuevamente sarcástica.
- No, al menos que yo sepa, y, si la tengo, no quiero saberlo. Pero si es Ginny, ni pienso molestarme en abrirle,- Harry casi y hasta podía ver a Ron acomodándose en uno de los cómodos sillones que Hermione utilizaba para estudiar- conoce muy bien el camino a la sala. Y si su estúpido enamoramiento por ese idiota se lo han hecho olvidar, supongo que su patético príncipe azul podría traerla en brazos, ¿no crees?
Tanto Ginny como Harry supieron con seguridad que esa había sido la gota que había colmado el vaso. Aunque sus furiosos gritos evidentemente la precedían, ya se podían oír los retumbantes pasos de Hermione al bajar la escalera de manera arrolladora.
- ¡RONALD BILIUS WEASLEY, VAS A IR YA A ABRIRLE LA PUERTA A TU HERMANA, PORQUE SI NO TE JURO QUE YO…!
Pero nunca nadie supo que muerte lenta y dolorosa Hermione Jane Granger iba a infligir a su novio si no recibía a su hermana de manera apropiada, porque ese fue el preciso momento que Ginny eligió para empujar con suavidad la puerta, y entrar en la casa de su mejor amiga llevando a Harry de la mano.
Por un instante, tan solo por un breve segundo, Harry se sintió capaz de contemplar la escena de una manera objetiva, casi como si se hubiera detenido el tiempo y él los estuviera observando desde algún plano astral superior, independiente de todas las imposiciones, restricciones y prohibiciones a las que la moral encadena a un ser humano, y a las que la carne lo tientan a romper una y otra vez.
Pudo verlos a los cuatro.
Ron, tal como se lo imaginaba, estaba arrellanado en un sofá de cuero negro, con el suplemento deportivo de El Profeta sobre las rodillas, ya que, evidentemente, lo había estado leyendo hasta que, la que podría haber sido llamada su esposa si ambos no sintieran un terror irracional a legalizar los papeles, lo había interrumpido. Aún no parecía ser del todo consciente de lo que significada que su hermana pequeña hubiera traído de la mano a su mejor amigo, y, por lo tanto, no había ninguna expresión reflejada en su rostro y no se podía atisbar ni un solo sentimiento similar a la furia en sus ojos de hielo.
Hermione, a dos escalones de llegar a la planta baja de su casa, vestida de manera sencilla, sin maquillar y con la cabellera más enmarañada que de costumbre, signo inequívoco de que había estado estudiando o, mejor dicho, sumergida en una montaña de libros hasta pocos segundas atrás, tenía las manos posadas en la cadera en un gesto tan similar al de la Señora Weasley que casi daba escalofríos, y aunque aún tenía la boca abierta, y la varita aún le sobresalía de un bolsillo, ya no miraba a su cuasi-marido de forma furibunda, si no que sus pupilas se habían dilatado al dirigirle una mirada absolutamente perpleja a la inesperada pareja que formaban sus dos mejores amigos.
Ginny, con una sonrisa casi triunfal iluminando su rostro pecoso, deslumbrante con su ceñido vestido celeste cielo, que acentuaba sus mejores atributos y acentuaba aún más, de ser eso posible, su especto de hada, miraba al menor de sus hermanos mayores y a su casi cuñada con picardía, mientras mantenía apretada entre las suyas blancas la mano morena del que era su novio "oficial", ya que no existía en todo el Universo una palabra más idónea para describir la peculiar relación que los unía.
Él, Harry, estaba en un estado de shock completo, y era la metáfora más precisa de la víctima indefensa encarcelada entre tres feroces y despiadados depredadores dispuestos a, cada uno a su manera y con sus propios métodos, destrozarlo en cualquier momento sin sentir ni un ápice de culpa.
El moreno sacudió la cabeza, y este repentino movimiento lo trajo de regreso a la realidad. Y entonces, si antes el tiempo se había detenido, ahora todo pareció sumirse en una nube de confusión total, donde los acontecimientos se desarrollaban a tal vertiginosa velocidad que él no llegaba a hacerse plenamente consciente de cada uno de ellos. Sin embargo, quedaron en su memoria pequeños retazos de recuerdos fugaces de aquellos casi angustiantes instantes: Hermione dando una exclamación de alegría y tirándose en los brazos de Ginny, que reía como si en ello se le fuera la vida; el suplemento deportivo de El Profeta resbalando lentamente del regazo de Ron, al perder este la capacidad de hacer fuerza con los dedos; la mirada incrédula, que fue tornándose en iracunda del pelirrojo; este mismo acercándose de manera amenazadora a su hermana pequeña, para luego comenzar a gritarle de manera descontrolada.
Entonces, la percepción de la realidad de Harry se acomodo un centésimo y todo volvió a la normalidad, solo que ahora se encontraba entre Ron y el nudo de brazos que formaban la castaña y la pelirroja, protegiendo con su cuerpo, de manera casi inconsciente, a esta última de la furia descomedida de su hermano mayor. El pelirrojo pareció tomar conciencia de sus actos al encontrar el obstáculo del cuerpo alto y musculoso de su mejor amigo en su camino, por lo que regresó al sillón donde había estado sentado hasta un par de minutos atrás, refunfuñando entre dientes.
La castaña, entonces, deshizo el abrazo en el que casi estaba estrangulando a Ginebra y, no sin dirigirle una larga mirada reprobadora a su novio y una pícara a su mejor amigo, tomó con su mano derecha una mano de Harry y con la izquierda una de la menor de la familia Weasley y los arrastró hasta la sala de estar. Instaló a Harry en el sillón más lejano de Ron posible, pues luego del desplazamiento casi reflejo que el moreno había hecho para proteger a Ginebra, parecía incapaz de moverse. Ginny se sentó con las piernas elegantemente cruzadas a su lado, mientras Hermione tomaba asiento en el sillón sobrante y hacia aparecer una tetera caliente, cuatro tazas con sus respectivas cucharas y platillos, la azucarera, la jarra de leche y un plato con las galletitas caseras que el día anterior les había enviado la Señora Weasley.
- Sírvanse, Harry, Ginny- ofreció, aunque casi sonó como una orden- ¿Té, Ronald?
El pelirrojo le dirigió una larga y fulminante mirada.
- Tomaré eso como un si.- lo ignoró absolutamente Granger- Necesitarás azúcar- añadió, casi más para si misma que para los demás, mientras le añadía la tercera cucharada sopera del endulzante elemento a la taza de su novio, que solía tomarlo natural.
Finalmente, tomó su propia taza, con un pase de varita le agregó un poco de limón y se cruzó de piernas de la misma aristócrata forma que la pelirroja.
- Bien, puedes comenzar, Ginebra- dijo, al cabo de unos minutos y varios sorbos a su té satisfactoriamente tibio- Supongo que tienes muchas cosas que decirnos.
Nueva mirada colérica de Ron hacia su novia, que fue olímpicamente ignorada por esta.
- Pues, yo…- incluso la pelirroja estaba comenzando a sentirse insegura, molesta por la tensión del ambiente, cuyo aire estaba tan denso que casi podría cortarse con un cuchillo. El moreno no pudo evitar sonreír levemente y que a su cerebro se le escapara un "Toma una cucharada de tu propia medicina, Gin"- ¡Basta, Hermione!- explotó repentinamente la jovencita, ante el asombro de los otros tres presentes en la sala- ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio?
La castaña la miró por unos instantes, y luego, sorpresivamente, se echó a reír a carcajadas.
- ¡Oh, por todos los dioses, Ginny! ¡No has cambiado ni un poco! ¡Sigues siendo la misma pequeña irascible y apasionada de siempre!
La boca perfecta de Ginny se curvó en una sonrisa de complicidad.
- Y planeo seguir así por mucho tiempo más- aclaró.
Las orejas del pelirrojo habían comenzado a humear y su rostro se había vuelto casi del color de su cabello. Intentó entrometerse en la conversación, pero le costó una enormidad, porque las palabras le brotaban de la boca a borbotones y no era capaz de articular comprensiblemente ninguna de ellas. Luego de un par de minutos de intentarlo, se resignó y volvió a arrebujarse en su sillón, refunfuñando nuevamente.
- ¿Si, cariño?- lo interrogó Hermione, y Harry no pudo dejar de notar que una vez más le había impreso un dejo sarcástica a la palabra que debería de ser absolutamente melosa.- ¿Tienes algo fructífero que agregar a la conversación?
- Yo…- comenzó el pelirrojo, intentando organizar las ideas y así poder decir en orden jerárquico lo que pensaba de esa aberración- Yo… ¡No puedo creer que los estés avalando! ¡No puedo creer que estés avalando esto!
Ginny estaba a punto de ponerle los puntos sobre las íes a su hermano de una manera más que muy enérgica, y Harry se alegraba de que fuera a hacerlo, porque si no, se vería en la obligación de bajarle un par de dientes a su mejor amigo y, aunque no deseaba hacerlo, no solo la moral, si no su propio corazón lo instaban a hacerlo, cuando fue interrumpida en su espectacular ascenso del sillón por la mano de Hermione que, con un gesto, la exhortaba a quedarse sentada y dejar que ella se ocupara de esa menudencia.
Con los ojos brillantes y las manos nuevamente en las caderas, Hermione se acercó a su marido en la practica aunque no en la ley de una manera que solo podría ser descripta con la palabra "reptando". Se acercó a él lo más que pudo, y cuando el cuello masculino estuvo al alcance de su mano, sus dedos se crisparon de forma involuntaria, mientras Ronald tragaba en seco.
- ¿Qué es lo que no debo avalar, Ron?- le dijo al oído en un susurró frío que, sin embargo, fue perfectamente audible para Harry y Ginny.- ¿Qué es eso que tanto oprobio te causa, Ronald? ¿Qué tu hermana o que tu mejor amigo sean felices?
Ronald luchó con uñas y dientes por defenderse, pero ya era tarde. Hermione ya lo tenía en sus redes.
- No, Mione, yo solo…- fue lo único que pudo murmurar antes de que la castaña estallara en un arrebato de furia digno de un howler.
- ¡¡¡¡¿Y ENTONCES QUIERES EXPLICARME EL PORQUE, MALDITO MACHISTA RETRÓGRADA- Ginny sonrió al reconocer las palabras que Ron antes había mencionada- NO LE PERMITES A TU HERMANA PEQUEÑA SER FELIZ! ¡¡¡¿QUÉ ACASO TIENES MIEDO DE QUE HARRY QUIERA LLEVÁRSELA A LA CAMA!- Potter se puso de todos los colores, y por la mente le paso la fugaz idea de que Hermione realmente podría haber obviado eso- ¡¡¡¡PUES TIENEN MI CONSENTIMIENTO TAMBIÉN PARA ESO, ¿SABES! ¡¡¡¡GINNY HACE TIEMPO QUE HA CUMPLIDO LOS BENDITOS DIECISIETE, Y YA NO NECESITA PEDIRLE PERMISO A NADIE SOBRE LO QUE DESEA HACER CON SU VIDA, Y MENOS A UN IMBÉCIL OBCECADO CABEZA DURA COMO TU, RONALD! ¡¡¡¡Y SI PUEDE, EN EL CAMINO, HACER FELIZ A MI MEJOR AMIGO, TANTO MEJOR, ¿ENTIENDES!
Ronald se quedó paralizado un par de segundos, mirándola atontado, hasta que se dio cuenta que se suponía que debía contestarle, y se apresuró a asentir repetidas veces con la cabeza.
- Y de todos modos,- dijo Hermione, recuperando la compostura y acomodándose detrás de la oreja un rebelde mechón castaño que se le había cruzado en la cara durante su atroz arrebato. Luego, regresó a su asiento, se sentó tan prolijamente como antes y tomó su taza de té, como si nada hubiera sucedido, o todo hubiese sido simplemente rutina- no debes preocuparte realmente. Ellos no están verdaderamente juntos.
Por un momento, pareció que el tiempo volvía a detenerse, pero solo para que luego se sucedieran con mayor vertiginosidad las reacciones antes esta revelación explosiva, como las secuelas que va sembrando a su paso un sangriento huracán. Ginny, incapaz de comprender como su amiga los había descubierto, se giró de forma automática a ver a Hermione, que se examinaba las uñas como si no hubiera nada más interesante que ellas en ese momento Ron no era aún del todo conciente de la información que acababa de recibir, y, como ya le había sucedido una vez ese mismo día (pobre Ron! Lo paso de un shock hepático al siguiente), su rostro no reflejaba ninguna expresión. Harry, en cambio, perdió el control de sus manos y dejó caer la taza de porcelana que sostenía entre estas, que fue a estrellarse directamente al piso de loza.
- Reparo- murmuró la castaña, arreglando el descuido de su mejor amigo. Observó la taza con cuidado. Su rostro expresaba un nivel de satisfacción incapaz de explicar con palabras, y todos sabían que eso no se debía a que su hechizo reparador había funcionado a la perfección.
- Hermione…- murmuró Ginny, comenzando así su imprecación- ¿Quieres decirme como recorcholis lo supiste?
Granger sonrió de oreja a oreja.
- Entonces es verdad.
- ¿Cómo que "entonces es verdad"?- puso el grito en el cielo la pelirroja.
- Lo sospechaba, pero ahora no me queda ninguna duda
- ¡Dioses, Hermione!- le recriminó Ginny- ¡Me engañaste como a un bebe de pecho!
- Aja- asintió la castaña, sin siquiera un atisbo de falsa modestia.
- Pero, de todos modos…- interrumpió el moreno- ¿Cómo llegaste a tener esa sospecha?
Su "novia" lo fulminó con la mirada.
- Tu te callas- dijo, con una voz sibilante que habría hecho estremecer al mismo Dumbledore- Sea lo que sea que haya sucedido, no te incumbe.
- Pero…- protestó el moreno, que fue violentamente interrumpido por la pelirroja.
- ¡¡¡DEBERÍAS HABERTE PREOCUPADO ANTES POR ESTA PRUEBA, SEÑOR "NO ME DIGNO A DECIR UNA PALABRA EN TODA LA VELADA"!
Potter estuvo a punto de refutar esa cruel afirmación, pero luego repasó mentalmente todos los hechos desde que habían llegado a la casa de sus mejores amigos, y se dio cuenta que ella había hablado en un sentido muy literal, y prefirió mantener cerrada su gran bocota.
- Bien, Hermione- prosiguió la menor Weasley, impasible- Ahora, ¿serías tan amable de explicarnos donde estuvo nuestra falla?
- ¡Oh, Ginny!- rió la castaña- ¡Intentando engañarme! ¡A mi! ¿Puedes explicarme por qué?
- Te lo explicaré luego- dijo la pelirroja, sin que se le moviera ni un pelo- Nuestros fallos, Mione- repitió.
- Número uno:- comenzó Hermione, indicando cada número con un nuevo dedo levantado- tú nunca me ocultarías algo tan importante como esto, no te hubieras aguantado.
- Un punto para Mione- susurró Ron.
- Número dos: Harry conoce perfectamente a Ron y hubiera buscado una manera mucho más sutil de darle una noticia como esta.
- Otro punto para ella- masculló Harry.
- Match point.- agregó el pelirrojo.
- Y número tres: ¿crees que soy idiota? Si tu y Harry estuvieran de novios, y conociéndolos a ambos, sé que no se hubieran soltado un solo segundo de la mano, no hubieran perdido ni una sola oportunidad de refregarse el uno contra el otro, de acariciarse o besuquearse, de decirse cosas bonitas o mirarse empalagosamente a los ojos, ¿no crees?
- El último punto también es para ti, Hermione- agregó la pelirroja, algo sonrosada.
- Game Over. Hermione gana por knock-out.- finalizó Potter.
La pelirroja se dejó caer en el sillón, con los ojos fuertemente cerrados. A los dos segundos, no pudo contenerse más y dejó escapar una larga y profunda carcajada.
- Soy una idiota, ¿no es cierto, Mione?
- No, Ginny, pero a veces te comportas como una- dijo la castaña, sentándose a su lado y acariciándole el cabello rojo oscuro.
- Si lo sé. Aún no sé como se me pasó por la cabeza está tonta idea de que podría engañarlos.
- Yo te avise que…- se dispuso a dejar en alto su honor Harry.
- ¡¡¡TU TE CALLAS!- lo silenciaron ambas mujeres al mismo tiempo, dejándolo tan aterrorizado como si hubiera recibido un howler de la Señora Weasley recién sacado del horno.
La pelirroja volvió a reír, y, por un instante, pareció compadecerse del moreno, porque se acercó gateando a él y le posó un beso muy lento y muy dulce en la mejilla, mientras que con una mano le alborotaba el ya de por si rebelde cabello azabache.
- Pobrecito, Harry- murmuró, sin despegar sus labios de cereza de la morena mejilla de Potter- Tu no te mereces que te tratemos así, ¿no es cierto? Pobrecito Harry- repitió, mientras le cubría la cara de besos, sin estar del todo consciente de lo que estaba haciendo.
Bueno, había sido todo un día de recibir golpes, insultos y sobresaltos, pero al menos había valido la pena, pensó Harry, mientras gozaba de los ya conocidos escalofríos que le provocaba el roce de su piel contra la de la menor Weasley, solo que ahora estaban elevados a al décima potencia, ya que sus labios eran una parte de su cuerpo con la que él aún no había tenido demasiado contacto.
Ron miró a Hermione con la ceja izquierda levantado, interrogándola sobre ese inesperado intercambio físico entre su hermana menor y su menor amigo, que ni siquiera merecía el nombre de coqueteo descarado, pues no era más que un franeleo infame. Hermione se llevó un dedo a los labios, instándolo no solo al silencio, si no también a la inacción.
Casi cinco minutos después, o Ginny se dio repentina cuenta de lo que estaba haciendo o recordó que no estaban solos, por lo que regresó a su lugar ligeramente ruborizada, pero con una pícara sonrisa en los labios y sin el menor atisbo de vergüenza.
- Bien, Ginny. ¿Me explicarás ahora el porque están fingiendo un romance?
Weasley suspiró. Esta iba a ser una larga tarde.
- Hace diecinueve años, Lily y James Potter...
Notas de la Autora:
Franeleo no sé si en sus países tendrá el mismo significado, pero acá, en Argentina, "franelear" es un verbo utilizado para nombrar al contacto, los roces y las caricias cargadas de sensualidad y atracción que hay entre una pareja.
¿Qué les pareció este capítulo? Intenté hacerlo más largo, pero fracasé estrepitosamente, espero sepan disculparme. Sé que hasta ahora solo ha habido diálogo, pero tengan paciencia, lo que pasa es que había que dar demasiadas explicaciones. No esperen demasiado pronto el próximo capítulo, pues aún ni siquiera sé de que va a , tengo varias ideas, pero ninguna me convence del todo:
Hermione y Ron dándoles clases a Ginny y a Harry sobre como ser "una pareja de verdad".
Harry y Ginny cumpliendo con una de las más aterradoras fases de este romance de ficción: la mudanza y la vida en pareja.
O simplemente, y porque no sé si las otras dos ideas serán lo suficientemente explotables como para dedicarles un capítulo entero, la presentación de Harry y Ginny a la comunidad mágica como pareja oficial.
Agradecería, eso si, que me dieran cualquier idea que se les pase por la cabeza, y si esa idea es un término, una frase, una oración, una palabra o lo que sea relacionadas con el marketing, la venta, el mercado, las compras, etc., se los agradeceré también.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
¡Gracias por leer!
Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían
Estrella
