Notas Iniciales: Lamento la demora, no se pueden hacer a una idea de cuanto la lamento. De todos modos, no puedo evitarla. No puedo vivir para escribir, como lo hice en otros momentos de mi vida, y ya raramente me surgen largos tirones de historia sin detenerme siquiera a pensarlos (el final de este capítulo es una excepción, como lo es así también el final de una próxima historia titulada tentativamente "Cobardía"). He estado dedicándome más tiempo a mi misma, a mis escritos personales, a leer y a pasar con mis amigos. Por si esto fuera poco, la historia me está resultando dura de roer. La idea está, la maravillosa creatividad existe, pero se niega a tomar forma concreta. Hay que moldearla con cuidado, con dedicación, para que quede coherente ahora y con miras a que siga coherente en cinco capítulos más, pues esta es una carrera más de resistencia que de velocidad y, sinceramente, soy una novata en este estilo y no estoy acostumbrada. El humor no surge siempre fácil, además, y esta historia, tiene, debe tener humor, pues de otro modo esta trama estrafalaria quedaría ridícula, por no decir patética. Sé que muchos de ustedes deben estar pensando que no les digo esto más que para sacármelos de encima, o que que les importa si yo tengo problemas con la historia, mientras puedan leerla y les siga agradando. Pues bien, estos últimos tienen razón, así que ¡a seguir leyendo y dejen reviews!
Aclaración: recibí un par de comentarios acerca de la naturaleza algo (¿algo?) violenta de Hermione, y tengo un par de cosas que decir al respecto. Primero, soy mujer y soy muy feminista, y aunque no lo quiera, se me escapan a veces esos detalles. Dos, creo que Hermione siempre ha tenido esa capacidad latente de mantener a "sus chicos" (y me refiero tanto a Ron como a Harry) a raya de la manera que más se le de la gana, solo había que permitirle explotarla. Tercero, quizás me extralimite, pero recuerden que esto es una comedia y espero que me dispensen con benevolencia estos excesos grotescos en el carácter de mis personajes. La Hermione de este capítulo es igual de manipuladora y dominante, pero algo menos violenta y más sensual. Quizás les guste más. Y cuarto y último, aunque fuera excesivo, ¿no era muy divertido?
Capítulo 3:
Las tres P: Proceso de Pre-Producción
Harry se restregó los ojos a fricción, rogando porque todo lo que estaba viendo fuera tan solo una ilusión óptica, un espejismo o quizás un mal sueño. Pero no. Al volver a abrir sus hermosos ojos verde esmeralda, y para sufrimiento del moreno, todo seguía exactamente igual que antes.
¿Cómo era que habían llegado a esa situación? ¿Qué conjunción astral les había jugado en contra? ¿Qué ente divino adverso (y Harry podía pensar en unos cuantos que habían marcado toda su existencia) les había sido desfavorable? ¡Ah si! Ahora ya lo recordaba. La pequeña dríade Ginebra Weasley, que ahora estaba sentada a su lado, con su rostro pecoso distorsionado en una mueca que, si bien Harry entendió como desagrado y contrariedad, era más bien de concentración, los había arrastrado a ambos a esta circunstancia. Y, sin embargo, no podía estar enojado con ella. No cuando se veía tan hermosa. Harry le dirigió una mirada arrobada, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y girar rápidamente la cabeza. Ella era la culpable de todo. Ella los había empujado ahí. Ella…
(Flash Back Harry)
- … y entonces, simularemos ante el mundo mágico ser una pareja. ¿Alguna duda?- finalizó la pelirroja su larga exposición.
Tanto el pelirrojo como la castaña se la quedaron mirándola, boquiabiertos.
- ¿Y eso les parece normal?- acabó por animarse a preguntarles Ron, en un susurro apenas audible.
Harry y Ginny intercambiaron una mirada. Luego, ambos suspiraron al mismo tiempo.
- Discúlpame, Ron,- dijo Harry, sin saber si lo decía por llamar la atención o era una mala pasada de su subconsciente por la culpa que él sentía de haber "traicionado" a su mejor amigo- ¿pero te atreverías tu a negarte a algo que Dumbledore te ha pedido?
Esta vez fueron Ron y Hermione quienes intercambiaron una mirada, solo que esta fue mucho más nerviosa.
- Claro que no, Harry- respondió finalmente la castaña, en lugar de su casi marido. (NA: Deina Black, me hiciste reír muchísimo con eso de que Hermione es la "casi señora" de Ron)
- Bien, espero que ahora nos comprendan y puedan perdonarnos- continuó Ginny, pero muy tarde se dio cuenta de que la disculpa había sonado demasiado solemne para estar dirigida a su hermano y su mejor amiga, e inmediatamente lo recompuso con un- ¡oh, sus Excelencias!
La castaña le dirigió un almohadonazo que le dio de lleno en la cara y que sirvió, también, para hacer callar al moreno, que ya se estaba riendo entre dientes.
- ¿Te he dicho alguna vez lo profundamente enamorado que estoy de ti, cariño?- le preguntó Ron, radiante.
- Varias- fue la respuesta de la castaña- pero nunca me viene mal oírlo nuevamente.
- Te amo- susurró el pelirrojo y se acercó a besarla en los labios con dulzura.
En eso estaban, cuando fueron interrumpidos por un violento ruido de arcadas a sus espaldas. La pareja se volteó a mirar, sin despegarse el uno del otro más que lo estrictamente necesario.
- Lamento interrumpirlos, tortolitos, pero creo que si esto se vuelve más empalagoso, vomitaré- amenazó Ginebra.
Su hermano y su mejor amiga la ignoraron olímpicamente y siguieron besándose como si estuvieran en su primer noviazgo y no llevaran ya tres años juntos. La pelirroja se llevó un dedo a la boca y simuló vomitar en su taza de te. Harry le respondió con una sonrisa apaciguadora. (Puso "carita de circunstancia", diría Car).
- Bien- dijo por fin Hermione, luego de cinco minutos pegada a los labios de Ron como si ella estuviera clamando por aire y él le estuviera dando respiración boca a boca.- Creo que alguien necesita ayuda.
- Ustedes- refunfuñó Ginny, de mal humor.
La castaña le dirigió una mirada sardónica.
- Muy graciosa Ginny, pero no.- la corrigió Granger sin inmutarse.- Creo que son ustedes quienes necesitan ayuda.
La pelirroja y el moreno intercambiaron una mirada.
- ¿Ayuda? ¿Nosotros?- preguntaron, casi al unísono.
Hermione sonrió.
- Será más fácil incluso de lo que creí- murmuró, más para si misma que para ellos. Luego, sacudió la cabeza y volvió a dirigirse a sus interlocutores.- Si, ustedes necesitan ayuda. ¿Y quién mejor que Ron y yo para brindárosla?
Ambas mujeres parecieron intercambiar una mirada que, si bien el moreno no pondría las manos en el fuego por eso, parecía de complicidad y, ¿por qué no, picardía.
- ¡Oh, si, Mione!- acabó diciendo la pelirroja, esfumado por arte de magia su fastidio de un momento atrás- ¡Ayúdennos a ser una pareja!
(Fin Flash Back Harry)
Ahora, y pese a lo que ambos se habían negado a ser partícipes de esa locura y a todos los tormentos (físicos y mentales) con los que la menor Weasley había amenazado a la unigénita Granger, él y Ginny no eran más que vanas marionetas en las manos de Hermione.
Hermione lo miró brevemente y no pudo evitar que se le escapara una sonrisita que amenazaba con convertirse en carcajada. Harry Potter y Ginebra Weasley estaban sentados enfrente suyo, y la castaña sabía que cualquier medio de comunicación gráfica daría lo que fuese por una foto de ambos en esas fachas.
Harry, despatarrado en la silla, vestía un pantalón negro y una camisa blanca clásica, que hubiera estado completamente abierta si Hermione no le hubiera amarrado una corbata gris al cuello, refunfuñaba, mientras los anteojos le caían por la punta de la nariz y miraba de manera acusadora a la pelirroja, aunque cada tanto no podía ocultar un brillo de admiración en su mirada. Pese a que estaba utilizando un típico uniforme colegial, este no le daba un aspecto más infantil, sino que lo hacía lucir incluso un poco más mayor de los 19 años que tenía.
Ginebra tenía las piernas prolijamente cruzadas e intentaba penetrar con suma concentración en las profundidades del cerebro de la castaña. Vestía, ella también, una blusa blanca, pero en su caso no había corbata, y llevaba abiertos los dos primeros botones de una manera alborotadamente provocadora, y una (mini)falda escocesa en la gama del gris.
"Para que sientan que han vuelto a Hogwarts y presten más atención" les había dicho la castaña, pero se había abstenido de decir que Ginny se veía muy seductora e increíblemente irresistible con su atuendo de colegiala, y que no era más que un pequeño favor que le estaba haciendo a su casi-cuñada. Le hizo un guiño, esperando que ella comprendiera, y al parecer así fue, porque Ginny no pudo reprimir una risita algo perturbadora, que tuvo que ser contenida de inmediato, porque Harry le estaba dirigiendo una mirada un tanto extraña.
- ¡Ya llegué!- se escuchó una voz masculina desde la entrada.
- Entra, cariño, aún no hemos empezado.
Ron entró en la sala, haciendo gala de compostura al no proferir ningún comentario acerca del aspecto que presentaban su hermana menor y su mejor amigo. Sin embargo, y pese a la delicadeza que había demostrado a este respecto, fue recibido con una mirada furibunda de parte de Ginny.
- ¿Se puede saber donde demonios te habías metido?
Ron y Hermione se miraron, pero fue un roce tan fugaz que Harry llegó a creer que incluso lo había imaginado. Ignorando olímpicamente la pregunta, Ronald se acercó a su hermana y la saludó con un beso en la mejilla.
- Buenos días a ti también, hermanita.
- Buenos serán para ti- refunfuñó la pelirroja, molesta, aunque Harry creyó descubrir que intercambiaba un guiño con la unigénita Granger.
Ron miró a su casi mujer con las cejas inquisitivamente levantadas, incapaz de comprender esa extravagante situación, pero ella se limitó a sonreírle, bajar la mirada y negar levemente con la cabeza, absteniéndose de darle más información.
- Pues bien chicos, ha comenzado la hora de vuestra instrucción.
Y ahí, en ese preciso instante, y antes incluso de que toda esa locura comenzara, se presento el primer inconveniente.
Ronald había buscado un oscuro rincón al sentirse un actor de más en ese escenario, o quizás el único cuerdo en ese cuadro grotesco de demencia, puesto que no estaba bien informado de lo que allí estaba sucediendo. Y, de ese mismo rincón, ante las palabras de Hermione, había surgido un bufido de desaprobación.
Granger aspiró profundo, inclino graciosamente su lindo rostro y miro a ese hombre con el que compartía su vida, sin poder catalogarlo en otra definición que no fuera un extraño limbo entre novio y marido, con un exagerado movimiento de pestañas.
- ¿Ron?- interrogó, con las voz tan sedosa que hizo que a Harry se le pararan los pelitos de la nuca. Él conocía esa voz. Y no presagiaba nada bueno.
- ¡Esto es ridículo, Mione!- espetó de pronto el hombre.- ¡El amor no puede ni debe enseñarse!
- No voy a enseñarles amor, Ron- y sus labios gesticularon de manera extrañada algo que parecía un "no lo necesitan"- sino a comportarse como una pareja.
- ¿Una pareja? ¿Una pareja?- replicó el pelirrojo, evidentemente alterado- ¿Quién puede enseñarles como debe comportarse una pareja?
- Yo, por supuesto- respondió la castaña con voz sibilante.
Tanto Harry como Ginny seguían con miradas atentas a uno y otro interlocutor, como si estuvieran presenciando un interesantísimo partido de tenis.
- ¡Nadie puede decirles como debe comportarse una pareja!- insistió Weasley- No hay ningún patrón establecido, cada ser humano lo entiende de manera diferente, y no hay dos enamorados en la tierra que se comporten igual entre si. El amor no es igual en todos los casos, y quien intente asegurarme lo contrario, sería un necio o un idiota.
Hermione estuvo a punto de replicar, pero la palabra se le murió en los labios aún antes de nacer, y las manos que ya se le estaban crispando en un gesto de furia cayeron a los costados de su cuerpo, inertes.
- ¡Oh, por los catorce dioses, Ron!- murmuró- ¡Eso fue casi profundo!
- Lo sé- se envaneció el pelirrojo, inflando pecho como un gallo ante un gallinero repleto de fervientes admiradoras- Aunque podrías haber obviado el casi.
- ¡Tienes una idea tan firme, cariño!- se maravilló Hermione, haciendo caso omiso de la última frase de él, casi como si no la hubiera escuchado- Siempre te considere un poco frívolo, al menos en lo referente a este tema, y nunca sospeche que pudieras ser tan filosófico en lo que a esto respecta.
- Siempre me has subestimado, Hermione.- si el ego de Ron crecía un poco más, Ginny estaba segura de que su cabeza explotaría.
"Ya es tiempo de que lo avergüence un poco", pensó la castaña "Aunque más no sea que para volverlo a su lugar"
- ¿Cómo es eso que dijiste, Ron? ¿Qué cada hombre entiende el amor de una manera diferente?
- Así es- afirmó Weasley, muy pagado de si mismo.
- Pues bien, mi pelirrojo- dijo Hermione, mientras se acercaba a él meneando las caderas de forma exquisitamente provocativa y lo tomaba de la camisa, haciéndolo sonrojar hasta el cuero cabelludo- Quizás hoy, cuando los chicos hayan regresado a casa,- en ese momento, Harry hubiera apostado su vida a que la pareja intercambió un guiño cómplice, pero lo atribuyo más al fervor de la situación que a otra cosa. La castaña acercó su boca sensual al lóbulo de la oreja de él, estremeciéndolo hasta la médula espinal, aunque continuó hablando en un tono de voz audible tanto para la pelirroja como para el moreno- te encierre en mi cuarto, te encadene a la cama y te obligue a que me enseñes todas las formas de amar que existen en el mundo.
El pelirrojo tragó en seco, nada desagradado por la idea, pero incapaz de que su cuerpo reaccionara de manera correcta ante tal estímulo. Y, decididamente, el hecho de que Hermione estuviera incrustándole la lengua hasta la garganta no contribuía a menguar su turbación.
- Un punto para Mione- murmuró Ginny.
- Presiento que también ganará este round- acordó con ella el moreno, acercándose a su lado.
La pelirroja asintió con la cabeza.
- Mione siempre gana.
- Y esta vez no será la excepción- agregó una voz masculina a sus espaldas- Pues pienso dejarla ganar por abandono, permitirle que me tome como botín de vencedora y que haga conmigo lo que le venga en gana.
Esta vez fue en las morenas mejillas de la castaña donde se encendió un furioso rubor.
Riendo los tres a mandíbula batiente, mientras Hermione los miraba con enfado, volvieron a acomodarse en los cómodos sillones donde solo una semana atrás Harry y Ginny les habían comunicado la "buena" nueva a la castaña y el pelirrojo.
- Derechos- ordenó Hermione, aún antes de que Weasley menor y Potter hallaran una posición satisfactoria. Y, al parecer, o Hermione era muy persuasiva o el uniforme tira, porque tanto la pelirroja como el moreno se incorporaron enseguida.- Bien- prosiguió la mayor mujer presente- aunque como bien se encargó de dejarnos en claro el compañero Ronald, el amor no se puede enseñar, ustedes no necesitan amar,- por algún extraño motivo, Harry y Ginny evitaron mirarse en ese preciso instante.- sino comportarse como una pareja decente.
Weasley se mordió los labios al escuchar esa definición, pero no podía provocar tan rápido otro revuelo, hubiera sido indecoroso, incluso para él.
- Podría utilizar todo el abecedario para explicarles como debe comportarse una pareja en público para al menos dar a entender que esta en perfectas relaciones. Una pareja, al menos en presencia de testigos, debe: Acariciarse, Besarse, Celarse, Defenderse, Entenderse, Flirtear, Galantearse, Halagarse, Idealizarse, Jugar, Letificarse, Mimarse, Necesitarse, Observarse, Piropearse, Quererse, Respetarse, Sostenerse, Tocarse, Ufanarse, Victorearse, Yuxtaponerse.- la castaña dijo todo esto de un tirón, sin detenerse ni a pensar, por lo tanto no iba a detenerse por algo tan nimio como respirar.
- Hermione, por los catorce dioses, dime que llevas eso escondido en algún papel camuflado en un pliegue de tu ropa pues, de lo contrario, me veré en la obligación moral de golpearte.- pidió Ginny, pasmada.
La mujer sonrió enigmáticamente, sin negar ni aceptar este hecho.
- Pero, y aunque podría persuadirlos a que siguieran todas estas reglas,- Harry sabía que detrás de ese "persuadirlos" se escondía un "obligarlos", y Granger era perfectamente capaz de cumplir una amenaza, velada o no, y prefirió mantenerse callado- lo considero innecesario- Potter no pudo reprimir un suspiro de alivio- ya que pueden aprender lo mismo con unas sencillas reglas que les enseñare.
- Bien, como ustedes quieren simular ser una pareja decente, hay tres cosas básicas que deben prevalecer en su relación, y yo gusto de llamarlas la triple A (argentinos: no tiene ninguna connotación militar ni ideológica detrás la elección del nombre, simplemente me quedaron tres A!): Amor, Alegría y Aguante.
Ginebra se quedó mirándola, maravillada de cómo había sido capaz de resumir toda una relación en tres simples palabras.
- Y, para eso, necesitan dominar a la triple P: Perseverancia, Preparación y…- la castaña se detuvo, consciente de que se había ido de la lengua.
- ¿Y, Hermione?- la interrogó el ojiverde, ante la duda de su mejor amiga- ¿Cuál es la tercer p?
- Paciencia, Harry, la tercer p es paciencia- afirmó Granger, sin vacilar, pero, segundos, después, sus labios gesticularon otra palabra, corta, clara y concisa, pero que solo Ginebra llego a ver, pues solo a ella estaba destinada: Poder.
La pelirroja solo hizo un leve asentimiento con la cabeza, dando a entender que había entendido y agradecía la información. Y, sin embargo, no podía seguir escuchando sin fastidiar a su joven pareja favorita. Era algo que iba en contra de su naturaleza. El conflicto le bullía en la sangre y ahora, luego de acabadas esas pequeñas formalidades, era el momento propicio para provocarlo.
- Pero, Ron, Mione, ustedes… ¿con qué derecho se creen a enseñarnos a nosotros lo que es una pareja decente? ¿Ustedes, que pasan más tiempo peleando que agarrados de la mano? ¿Ustedes, que llevan tres años de novios y ni indicios de casarse?
El rostro del mayor Weasley presente se tornó carmesí del coraje, pero en la cara de la castaña se prendió una sonrisa macabra. Había reconocido al instante el brillo de malignidad en los ojos castaños, y sabía exactamente lo que significaba. Pues bien, si la pelirroja quería guerra, guerra tendría.
- Para tu información, pequeña Ginebra,- Ginny la miró, furiosa. Odiaba su nombre completo, y Hermione lo sabía- podemos llamarnos una pareja decente porque no necesitamos ampararnos detrás de una pobre mímica de hacernos pasar por una pareja fingida para mendigar un poco de amor, pues no podemos conseguirlo por nuestros medios- ese había sido un golpe bajo, y Hermione lo sabía. Ginny estuvo a punto de replicar, pero esta vez fue interrumpida por Ron, quien ya había entendido rápidamente las reglas del juego, y estaba decididamente a favor de su casi esposa.
- Además, Hermione y yo tenemos nuestras digresiones, porque no somos el uno igual al otro, lo cual sería increíblemente aburrido. Y discutimos en público porque forma parte de nuestra imagen corporativa, la gente no se acostumbra a vernos cariñosos, y peleamos para no hacerlos sentir incómodos.
- Vamos Ron- se interpuso Harry, pues el campo de batalla había quedado desigual 2-1 en contra de Ginny, y él no deseaba de ningún modo que su pelirroja (un momento… era pelirroja, ¿pero desde cuando era su pelirroja?) acabara derrotada.- ¿van a decirme que pelean por que se les place? ¡Es la excusa más barata que he oído en toda mi vida!- Hermione frunció el entrecejo. Sabía que Harry saldría en defensa de Ginny, después de todo era su obligación moral hacerlo y de otro modo el juego tampoco hubiera sido divertido, pero no esperaba que defendiera la causa de la pelirroja con tanto fervor- ¡No traten de ocultar su pronto divorcio, muchachos! Aunque… espera… -Harry se volvió a ver a Ginny, fingiendo asombro- ¿Cómo van a divorciarse? ¡Si ni siquiera están casados!
"Harry es un jugador excelente" pensó Hermione "Te ha devuelto el golpe con exactamente la misma bajeza, Granger".
El tema del matrimonio era algo que atormentaba a Ron y a Hermione desde hacia ya un tiempo. No es que tuvieran que hacerlo pronto, después de todo no tenían más que 19 años, pero todos, ellos incluidos, habían esperado que se casaran ni bien cumplida la mayoría de edad. Pero no. Ron le había propuesto matrimonio ni bien habían salido de Hogwarts, pero Granger lo había rechazado, argumentando que ambos eran muy jóvenes e intempestuosos para tomar una decisión tan drástica. En el medio, además, se interponía la problemática de elegir una carrera, conseguir casa y empleo. Luego, pasada la agitación de la graduación reciente, ambos habían descubierto que se sentían inmensamente cómodos con ese amor sin ataduras que si bien no era libre porque permanecían inamoviblemente fieles el uno al otro, no sufría el desgaste de la vida en común. Habían despreciado los papeles, y se habían reído juntos de las parejas desesperadas por legalizar su situación. Pero, con el tiempo, esa situación indefinida, había perdido gran parte de su encanto. Querían gritar ante el mundo que eran marido y mujer de nombre, pues ya lo eran de espíritu y Ron quería, además, que ella llevara su apellido. Pero ya los dos se encontraban demasiado arraigados en la antigua decisión como para poder deshacerse de ella tan fácilmente. Arrepentirse tan pronto era como admitir que se habían equivocado, y ninguno de los dos quería ceder a este respecto. Y, sin embargo, la idea de una boda…
- ¡No, no estamos casados!- gritó Granger, recién salida de sus pensamientos- ¿Qué, te molesta Potter? ¡No sabía que fueras tan mojigato! ¡Oh, claro, lo eres cuando te conviene! Pues no tienes ningún remilgo en ir por el mundo besuqueando a una jovencita que no es tu novia.
- ¡Si que lo es!- exclamó el moreno, inflamadísimo, sin detenerse a pensar lo que decía- Al menos de nombre…- se apresuró a aclarar al darse cuenta del error que había cometido.
- Pues bien, nosotros estamos casados de hecho, más no de nombre. ¿No te parece que es lo mismo, solo que a la inversa?
Harry no encontró ningún argumento factible con el cual rebatir, por lo que optó por caer encima de Hermione y hacerle cosquillas hasta el tormento. A los hermanos Weasley les bastó una mirada para caer ellos también en el enredo de brazos y piernas.
Luego de diez minutos haciéndose cosquillas hasta el hartazgo, decidieron parar, separarse y sentarse cada uno en su asiento original, tratando de recuperar algo similar a la compostura, lo cual era difícil, sobre todo entre aquellos dos que iban vestidos de colegiales, pues la corbata de Harry había ido a parar vaya uno a saber donde y tenía rasgada y abierta la camisa blanca, y Ginny había perdido un par de botones en la pelea, por lo que su blusa estaba sugerentemente entreabierta en el escote, y su falda tan arrugada que era casi imposible obligarla a mantenerse en una posición decente. Ninguno se percató de las embelesadas miradas que el otro le dirigía, pues estaban muy ocupados mirándose entre si, pero a Hermione no se le escapó ninguna.
- Hermione- dijo de repente la pelirroja, con voz suave- hablando en serio, ¿qué es lo que están esperando para casarse? ¿Qué quedes embarazada?
- Si- dijeron el pelirrojo y la castaña al mismo tiempo.
Intercambiaron una mirada. Nunca lo habían hablado hasta el momento. Cada uno sabía que deseaba fervientemente casarse, pero nunca se lo habían dicho. Ahora, ambos sabían que tanto él mismo como el otro solo habían estado esperando, de manera inconsciente, algo que los atara de forma definitiva e indisoluble, y que hiciera que el acto del matrimonio fuera una mera formalidad. Un hijo. Sonrieron. Ahora las cosas serían mucho más fáciles.
- Gracias, Ginny-dijo la castaña, con lágrimas en los ojos.
- ¿Por qué?- preguntó la pelirroja, perpleja. Aunque un sexto sentido la había percatado de que había sucedido algo más de lo que se había notado a simple vista (una mirada y una sonrisa), no podía alcanzar a imaginarse la importancia de esa breve comunicación sin palabras entre los dos amantes
- Por existir- le respondió Granger. Luego, abrazó con un brazo a Harry y con el otro a su futura cuñada.- No se preocupen, chicos. Su plan funcionará a la perfección. Y les será de mucho más provecho del que imaginan, o del que esperaban cuando comenzaron con esta farsa. Lograran grandes cosas, ustedes dos. ¡Ah, se me olvidaba! Hacen una hermosa pareja- aunque había dicho exactamente lo que pensaba, sabía que había sido una confesión un tanto turbadora para los dos jóvenes, e intentó suavizarla con un- Cualquiera creería que realmente lo son.
Por fin, Hermione soltó a ambos jóvenes que se sentaron cada uno a un lado, con la cabeza gacha, callados, meditando en lo que había dicho Hermione en ese tan extraño momento de clarividencia, aunque ella no creyera en la adivinación.
Ron se acercó a la castaña y le pasó un brazo por la cintura y la atrajo hasta su hombro, donde le secó las lágrimas con besos en el rostro y le consoló la nostalgia con frases cariñosas susurradas entre su pelo.
A los pocos minutos, Hermione, no solo pareció recuperar la compostura, sino también el ánimo anterior, como si nada hubiera sucedido realmente y todo hubiera sido parte de un extraño trance.
- ¿Alguna duda?- preguntó, más por suavizar la situación que por verdadero interés.
- Si, yo tengo una- anunció Ginebra, que había estado tratando de dilucidar este enigma desde el comienzo de la velada- ¿Qué estabas haciendo para llegar tan tarde, Ron?
Ron y Hermione intercambiaron una mirada incómoda.
- Lo siento, Harry, quería tener tiempo de avisarte, pero… Hermione y yo decidimos mudarnos juntos.
Harry se limitó a asentir con la cabeza, pero se sentía más feliz por sus dos mejores amigos, que parecían encaminarse lentamente a dar el tan rehuido paso definitivo, de lo que se sentía capaz de expresar con palabras.
La sonrisa de Ginny era tan radiante que hubiera avergonzado al sol.
- ¡Enhorabuena!- exclamó.
- Podría decir lo mismo- murmuró la castaña, pero Weasley no la oyó.
- Bien, suficiente cursilería por hoy, muchachos- interrumpió por fin Granger- Es hora de que Harry y Ginny se vayan a su…a casa- se corrigió a tiempo.
- Bien, necesitaremos polvos flu- anunció el moreno.
- ¿Por qué?- interrogó el pelirrojo, con los ojos brillantes- Nuestra casa está muy cerca.
- Lo sé, pero no creerás que voy a dejar que tu hermana se marche sola.
- No debes hacerlo, Harry- dijo Hermione- mientras controlaba su reloj de manera puntillosa y se acercaba al aparador- Ya no vas a tener necesidad de acompañar a Ginny a casa.
- Hermione, ¿qué demonios…?
Sin omitir palabra, la castaña se acercó y depositó un diminuto escarpín en la mano de cada uno. Perplejos, ambos jóvenes se limitaron a mirar a la mejor amiga de ambos.
- Solo espero que no tengan intenciones de estrenarlos pronto- comentó Ron
- Que disfruten la convivencia, chicos.
Antes de que siquiera esa palabras llegaran a ser procesadas del todo por sus cerebros atónitos, ambos sintieron un gancho en el estómago, justo debajo del ombligo, que los tiraba hacia delante con una fuerza irresistible, como sus pies se despegaban de la tierra y como se desplazaban a una enorme velocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento que aullaba en sus oídos. Cada uno tenía ambas manos pegadas a su pequeña pieza de lana como por atracción magnética. Y, repentinamente, todo se detuvo de golpe. Harry se tambaleó, pero esta vez no se cayó al suelo, porque sentía el peso del cuerpo de Ginny contra el suyo, y sabía que debía mantenerse en pie para que ambos no se desplomaran.
Habían aparecido junto a la puerta del cuarto de Harry, en la casa que esté compartía antiguamente con Ron. Todo estaba igual, exceptuando dos detalles: su cama, que había sido reemplazada por una matrimonial de dos plazas y media, de altos doseles y sábanas de seda; y las tres valijas y cuatro bolsos que obstruían la puerta que comunicaba con el baño, y que Ginny reconoció como suyos.
Notas de la Autora:
Bien, tengo la ligerísima impresión de que no supe aprovechar del todo la temática de este capítulo. Que se yo, a lo menos me permitió alejarme de la trama principal un poco y hablar de mis co-protagonistas Ron y Hermione, y del porque de su ya tan famosa fobia al matrimonio. Supongo que no necesitan que les explique la trama del siguiente capítulo, ¿verdad? Dejen reviews. Nos vemos pronto.
¡Gracias por leer!
Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían
Estrella
PD: Lamento haber mutilado tan bárbaramente a la K, la W y la X, pues a pesar de que son letras rubias y de ojos azules, amadas por los ingleses, como las describe María Elena Walsh, son parte de mi abecedario, pero en mi bienamado idioma español no existen verbos empezados con ellas (al menos que yo conozca) y debí suprimirlas. Y ni hablar de la aniquilación de la Ñ, que tanta pena me causó, pues ha marcado por generaciones la infancia, pues sin ella no podríamos haber sido niños ni haber jugado con muñecas, pero también es una letra discriminada y poco utilizada. De la Z ni hablar, no la tolero.
