Notas Iniciales: A decir verdad, podrían enfadarse conmigo, porque estoy trayéndoles este capítulo un día después de lo que hubiera podido. Lo siento, pero lo terminé a las cuatro de la mañana, y luego de cuatro días consecutivos de acostarme a esa hora o aún más tarde, ya que estuve escribiendo como una posesa, ya no me daba el alma para revisarlo, corregirlo y subirlo, y solo pude arrastrarme miserablemente hasta la cama, donde caí rendida. Pero no pueden quejarse. Este capítulo es al menos el doble de largo que cualquiera de los anteriores. Es el primero que hago que se extiende en el tiempo (los demás empezaban y terminaban en el mismo día), y quiero ver que opinan acerca de eso. Me gusta, a ser sincera, me gusta. Aunque en la vida de ellos todo tiende a parecerse más al negro que al rosa, en este capítulo no todo es perfecto… ¡Ginny incluso llora! Y tienen su primera pelea importante… pero, como soy una romántica empedernida, todo termina bien, incluso… bueno, no les especificaré, pero hay una sorpresa para ustedes al final del capítulo. ¡No digo más!
Dedicatoria: Capítulo especialmente dedicado a Car (ErmySelene o Mirime), mi mejor amiga, no solo porque es la partidaria número uno de que los junte ya, sino también por haberse quedado conmigo hasta las cinco de la mañana pensando (y eso que son vacaciones, y encima domingo, como se encargó de recalcarme) ideas para este capítulo. ¡Sabes que te amo!
Capítulo 4:
Un nidito de amor lleno de urracas
Habían aparecido junto a la puerta del cuarto de Harry, en la casa que esté compartía antiguamente con Ron. Todo estaba igual, exceptuando dos detalles: su cama, que había sido reemplazada por una matrimonial de dos plazas y media, de altos doseles y sábanas de seda; y las tres valijas y cuatro bolsos que obstruían la puerta que comunicaba con el baño, y que Ginny reconoció como suyos.
Se miraron, incapaces de ser del todo conscientes de lo que allí estaba sucediendo. Podrían haberse pasados varias horas así, mirándose, sin comprender, si no hubiera entrado en funcionamiento el encantamiento que Hermione había diseñado y que Ron había empleado con total aplicación.
"Hola chicos, espero que estén muy contentos con su nueva condición de compañeros de cuarto…" se escucho la voz de Hermione, que o bien salía de algún altoparlante oculto o bien era pronunciada de forma mágica dentro del cuarto del moreno, cuando fue interrumpida por la de Ron.
"Hermione… ¿cómo se supone que estén felices cuando los están cuasi obligando a ser una pareja y nosotros los hemos encerrado, juntos, durante un mes?" el moreno y la pelirroja intercambiaron una mirada nerviosa ante este último comentario.
"Primero: Ironía, Ron: Ron, Ironía. Y segundo… ¡no les adelantemos información! Es tan divertido pensar que están ahí, parados, sin comprender, o quizás ya comprendieron y están agarrándose de los pelos…"
Ginny no se pudo contener y musitó un:
– Perra…
"Eres una sádica, corazón"
"Si lo sé, y no me avergüenzo. Y, por esto, seré yo quien les de la gran noticia, ¿no es cierto cariño?" una vez más, Harry no pudo dejar de notar el sarcasmo en la palabra.
"Como quieras, solo no los hagas sufrir demasiado ahora, no quiero que se curen de espanto, será muy divertido verlos sufrir durante el próximo mes"
"Es por eso que te amo, Ron." Esta vez, Harry se unió a Weasley en su gesto de repulsión y desagrado. "Bien chicos, las cosas están así: ustedes tienen que ser por fuerza una pareja, y todos sabemos que son un pleno desastre" vanas fueron las cejas arqueadas e inútiles los gestos de indignación y protesta de ambos, pues nadie pudo verlos… o quizás si. "Por lo tanto, Ron y yo, hemos decidido que tienen que aprender a conocerse y llevarse mejor y… ¿qué mejor forma de hacerlo que la convivencia? Por eso, harán esta prueba durante un mes, les guste o no. Ginny, no puedes salir de la casa bajo ningún pretexto. No te preocupes, no soy tan imbécil, bloquee tu ADN para que todas las salidas posibles, y cuando digo todas, sabes muy bien que me refiero a todas, te rechacen. Si necesitas algo no dudes en pedírmelo por lechuza o por la red flu, que para conversaciones aún está abierta, aunque creo que te traje todo lo necesario. O al menos todo lo que pude encontrar en ese amalgama de cataclismo y huracán que es tu casa. No te haría mal limpiar de vez en cuando, ¿sabes?" Ginny le sacó la lengua, de un modo más que muy infantil "Harry, puedes salir, pero tu itinerario será casa-trabajo, trabajo-casa. Y también sabes que sabré si no lo cumples y, créeme, no te conviene intentarlo. Ron y yo nos encargaremos de proveerlos de todo lo que puedan necesitar de alimentos y otras nimiedades. El suplicio…. Perdón, ¿dije eso en voz alta? Quise decir la prueba, durara un mes. Ni un día más ni un día menos. ¿Algo más? ¡Ah, si! No quiero sobrinitos pronto, ¿me oyeron?" ambos jóvenes se pusieron de color carmesí al escuchar estas palabras, más no dijeron nada "¡Que lo disfruten! ¡Ciao!"
Se miraron por un instante más. Y luego, vino la tormenta.
- ¡No puedo creerlo!- la pelirroja fue la primera en estallar- Esos… esos…- la voz le temblaba, y estaba tan furiosa que no se sentía capaz de encontrar una palabra lo suficientemente abominable como para describirlos-… infelices…- acabó por decidirse.
- Si, lo sé- acordó el moreno, un tanto más calmado, aunque esto solo era exterior, porque se notaba que los ojos le relampagueaban.- En lugar de ayudarnos nos hacen las cosas más difíciles. ¡No sé porque demonios les contamos!
- Merecerían el peor de los siete infiernos.- continuó Ginebra, los ojos entrecerrados, disfrutando del placer que ansiaba provocarles.
- El octavo, si existiera- alegó Harry.- ¡Vivir juntos! Por todos los dioses, ¿en qué cabeza cabe?
Y entonces, en un segundo, se dio vuelta por completo toda la situación.
- ¡No puedo creer que te estén obligando a esto!- sollozó la pelirroja, aunque su llanto era de forma total, y su sentimiento de forma parcial, fingido.
Potter se volteó a verla, inseguro de lo que acababa de oír.
- ¿Perdón, Ginny? ¿Acaso dijiste te estén obligando a esto? ¿Por qué ese uso del singular?
- ¡Oh, es muy fácil, Harry!- Ginny levantó la cabeza. Ya tenía las pestañas brillantes a causa de las lágrimas que luchaban por salir- Para ti va a ser un martirio vivir conmigo, ¿sabes? Esta es tu casa, después de todo. Pero no te preocupes- aclaró, dirigiéndose a la puerta y poniendo cara de mujer sobrepuesta a las circunstancias adversas- dormiré en el living y no haré nada que llamé tu atención. Durante el siguiente mes, ni siquiera notaras que estoy aquí.
Esta vez seguro de lo que había oído, pero incapaz de creerlo, Harry se acercó a ella y la tomó de los hombros, sacudiéndola un poco para ver si la traía a la realidad.
- Ginny, ¿qué necedades estás diciendo? Tu no tienes la culpa de nada; eres tan víctima como yo. Los únicos instigadores de esta locura son esos dos idiotas que llamamos hermano o mejor amiga o amigo, respectivamente, y ya nos ocuparemos de ellos a su debido tiempo. Ahora, lo más apremiante es decidir como vamos a dormir.
Los dos al mismo tiempo miraron la cama matrimonial y, sin poder evitarlo, ambos suspiraron.
- Bien, ¿qué sugieres?- preguntó Ginny, abandonando su papel de víctima que se llamaba a si misma victimaria.
- Un hechizo de división, al menos por hoy. Ya mañana veremos.
Ginebra sacó su varita (Harry no estaba muy seguro de donde la llevaba ella, debido a la escasez de ropa que tenía puesta) y se dispuso a conjurar el hechizo.
- No te preocupes, Harry, puedo hacerlo- dijo con una sonrisa, ante el amague de él de detenerla o al menos ayudarla- Separo!
La cama no se movió ni un milímetro, y la madera ni se molesto en siquiera crujir.
- Separo!- intentó, esta vez, el moreno.
"No, no, no. Muy mal, chicos." volvió a oírse la voz de Hermione, a la que, muy pronto, se le prefijaría el adjetivo inamovible de odiosa "La cama se queda donde y como está. No sobrestimo mi magia, Harry, sé que no podría con la tuya, y fue por eso mismo que hice que Dumbledore la hechizara. Un punto para mi, supongo."
- Voy a ser tan feliz cuando finalmente pueda estrechar mis dedos alrededor de su garganta- suspiró la pelirroja.
- Eso es si yo no llegó primero- aclaró el moreno.
Pero, entonces, los dos tuvieron al mismo tiempo la misma idea iluminada.
- ¡El cuarto de Ron!
Ambos corrieron como desesperados hasta allá, pero por algún extraño motivo se detuvieron en la puerta, negándose a entrar, como ofuscados por una fuerza maligna o alertados por la campanada de un sexto sentido.
- Déjamelo a mi- pidió el moreno, y se acercó a la puerta.
No había llegado a tocar el picaporte cuando fue repelido hacia atrás con gran violencia, como si hubiera rebotado contra un colchón de poderosos resortes.
- ¿Estás bien?- corrió, solícita, Ginebra a su lado, y cuando le acomodó los mechones negro azabache para ver si había sufrido alguna herida de importancia en el rostro, y le rozó la piel en el proceso, él sintió los ya conocidos escalofríos, y le parecieron recompensa suficiente por el terrible porrazo que se había pegado.
- Si, no te preocupes, no es nada. ¿Pero que demon…?
Se calló, porque justo en ese momento estaba incorporándose y por fin la bendita puerta había quedado dentro de su campo visual. La puerta, que ahora estaba flagelada con una gran equis negra y las palabras "ACCESO DENEGADO" escritas en rojo brillante… o rojo Weasley, como él gustaba llamarlo.
- ¡Maldita sea!- murmuró- ¡Pensaron en todo!
- Debimos haber supuesto que la perra cínica se fijaría en todo- fue lo único que comentó Ginny, que había vuelto a atraer la cabeza de él a su regazo y continuaba acariciándole el cabello.
Harry hubiera podido pasarse milenios en esa posición, con esa Ginny tan servicial y dulce, pero sabía que no podía, y, por eso, se paró, no sin una mueca de dolor, y la ayudó a incorporarse.
- Bien, parece que hoy dormiré en el sillón, pequeña.
- ¡Ni pensarlo! Dormirás en tu cama; yo dormiré en el sillón- le refutó ella.
- ¡Ni hablar! No te dejaré dormir en el sillón cuando hay una cama disponible.
- ¡Pero es tu cama! Y, luego de lo de recién, la necesitas más que yo.
- Ginny- inició él, tomándola de las manos, e intentando que las propias no le temblaran ante lo suaves que eran las de ella- si tu duermes en el sillón, yo no podré dormir en toda la noche de la culpa. ¿Vale la pena?
Ella negó con la cabeza, incapaz de pronunciar una palabra, perdida en el océano de los ojos esmeralda.
- Entonces, al menos por esta noche, porque, como ya te dije antes, mañana veremos, ¿me harías el favor de dormir en mi cama mientras yo duermo en el sillón?
Ginebra asintió con la cabeza, pues aún persistía su mudez.
- Bien, asunto arreglado, entonces.
"¡No, de ningún modo!"
Ginny se golpeó la cabeza con la palma de su mano, que Harry ya había soltado, mientras murmuraba un "¿Otra vez?"
- ¿Esta mujer no duerme?- susurro Harry en su oído.
- Lo dudo- fue la respuesta de ella.
"Actualmente, ¿ustedes quienes se creen que son para desbaratan así nuestros planes? Por si no lo notaron, a Ron y a mi nos tomó mucho trabajo tomar todos los recaudos como para poder llevar a cabo esta experiencia, y ustedes no van a arruinarlo. Ahora, ¡van a dormir los dos en la misma maldita cama aunque tenga que sacarle espinas al sillón y convertir el piso en lava ardiente, ¿me oyeron! ¡Vamos, a la cama! Y por su propio bien les recomiendo que no me causen más problemas por esta noche, porque no va a gustarles lo que obtendrían a cambio, ¿saben? ¡Duerman bien, mis angelitos! ¡Dulces sueños!"
- A mi no me molestaría- se apresuró a aclarar Ginny aún antes de que él llegara a hacerle ninguna pregunta.
- ¿Segura? Porque mira que…
- Harry, Hermione ha basado su entretenimiento del día de hoy en hacerme sufrir, y hace doce horas que llevo puesto este maldito uniforme de colegiala. Estoy destruida, y todo lo que quiero es dormir, y no me importaría si tuviera que compartir almohadón con Croshanks.
- Pues bien, vamos a la cama, entonces.
- Harry no voy a permitirte que salgas del cuarto solo porque me estoy cambiando.
- Pero Ginny…
- ¡"Pero Ginny", nada! Si vamos a estar obligados a convivir durante un mes, va a ser tiempo de que nos acostumbremos el uno al otro en distintas circunstancias, ¿no te parece?
- Puedo voltearme, si quieres.
- Con tu promesa de que no vas a ligarme me alcanza y me sobra.
De todos modos, el moreno le dio la espalda.
- Harry…- se escucho a los pocos segundos- necesito ayuda.
- ¿Si, Gin?- se volteó él, solícito, casi olvidándose, o queriendo simular que se había olvidado, que ella se estaba desvistiendo. Ni bien su cabeza completó un giro de 180º, la sangre le explotó en los capilares y las mejillas se le volvieron del rojo furioso del pelo de ella.
- El corpiño se me ha enganchado en la blusa, ¿podrías desprenderlo?- pidió ella, dándole la espalda.
Él se puso aún más colorado, si eso era posible, e intentó anular lo más posible todos sus sentidos mientras desligaba ambas prendas, pero le resulto prácticamente quimérico no quedarse sin aliento ante lo tersa y suave que era la piel de ella.
- Ya está.
- Gracias, Harry.
Ella se volteó, como olvidando, o quizá, ella también, pretendiendo aparentar que se había olvidado, que llevaba la blusa abierta hasta el nacimiento de los pechos, y que ahora que él le había desabrochado el corpiño (le había parecido un santo pecado hacerlo, pero no podría haber solucionado el problema de otra forma), presentaba aun aspecto más que ilegalmente provocador. Ignorando esta realidad, así como el hecho de que Harry tenía los ojos abiertos como platos y luchaba por el aire, la pelirroja procedió a desabrochar cada botón que aún mantenía la blusa en una pieza con una lentitud que en otro caso hubiera resultado casi exasperante pero que, ahora, era poco menos que celestial. Luego se dio vuelta brevemente, se quitó la camisa y el corpiño, dejando completamente al desnudo y a la vista de él su perfecta espalda pecosa. Luego, se puso el camisón, se desabotonó la minifalda y la dejo caer de una manera que a él le pareció casi impúdica.
- ¿Dormimos?- preguntó con una sonrisa.
Aquella noche, Harry durmió como un bebé, sin sueños, y se despertó sintiéndose tan fresco como una margarita. Se giró sobre su cuerpo para desperezarse, despertarse definitivamente y levantarse, pero se encontró con que otro cuerpo ajeno invadía el espacio sacrosanto de su cama. Estuvo a punto de pegar un salto de seis metros de alto, o de agarrar su varita y comenzar a maldecir a diestra y siniestra, pero, sabiamente, decidió que lo primero que tenía que hacer era ponerse los anteojos; luego solucionaría el pequeño problema. Así que estiro la mano, tomó sus gafas de la mesa de luz y se las puso. Pero cuando su mano palpó el cuerpo del invasor y se encontró con unas curvas decididamente femeninas, y sus ojos, abiertos a un nuevo horizonte ahora que veían con claridad, reconocieron la cabellera rojo fuego que cubría la cabeza que se sacudía, evidentemente molesta por el contacto, ya no existía problema alguno, pues Harry había reconocido en la menuda pelirroja a Ginebra Weasley, su siempre amiga y ahora novia oficial. Sonrió. Pese a todo lo que se quejaba, su nueva situación no le desagradaba en lo absoluto. Ginny le gustaba, y mucho, y aunque no le hubiese gustado, en ese preciso momento estaba dispuesto a fingir cualquier cosa con tal de fastidiar a Ron y a Hermione. Casi distraídamente, le posó un beso en el pelo cobrizo (¡Que fragante que era! ¡Y que color deslumbrante!) se levantó de la cama y se dirigió a la cocina.
Estaba preparando un delicioso desayuno a base de tostadas y jugo de naranja, ligero, puesto que, al ser domingo, ya era tarde y pronto sería hora de almorzar, cuando Ginny entró en la cocina.
Tenía el pelo enmarañado y revuelto, y en su carita menuda aún se podían apreciar huellas indiscutibles de sueño reciente. Se acercó a él sin mediar palabras, se puso en puntitas de pie y le depositó un beso muy dulce en la mejilla.
- Buenos días- murmuró luego en su oído, haciéndole cosquillas con su nariz en el lóbulo de la oreja.
El levantó la mano e insinuó una caricia a su cabello, pero ahora que ella se encontraba despierta no se animó, y acabó haciendo un vago gesto de saludo.
- Lo mismo para ti, Gin.
- Algo huele inmensamente bien aquí.- ella olfateó el aire- ¿Tostadas?
- Exactamente- asintió él, mientras sonreía.
Pero a los pocos segundos, cualquier vestigio de sonrisa había desaparecido de su rostro.
- ¡Ginny!- chilló, al verla de cuerpo completo por primera vez
Ella lo miró con una ceja arqueada.
- ¡Oh, lo siento!- dijo, sin sentirlo realmente- Es solo que me gustaba tu camisa…- explicó, mirando la camisa blanca que él había llevado puesta el día anterior, y que era lo único que la vestía, pues debajo de ella se podía ver su ropa interior- Y el camisón me quedaba tan incómodo… Pues bien, si te molesta, puedo ponerme mi blusa…
Recordando el indecente estropajo en el que había quedado convertida la blusa de ella, él la detuvo con un gesto, no porque no le interesara verla con aún menos ropa, sino porque no estaba seguro de si su cuerpo lo toleraría.
- ¡Ginny!- repitió, mientras negaba con la cabeza, como dándole a entender que lo que ella había dicho no constituía el meollo de la situación. Y luego, se le ocurrieron esas tres magníficas palabras que constituirían toda explicación- ¡No estás vestida!
- ¿Y eso?- preguntó ella, pues ahora que había comprobado que a él no le molestaba que se pusiera su ropa, pensaba mantenerse firme en su posición.- ¿Qué tiene eso de malo?
"Nada" pensó Harry "Por mi parte no tiene nada de malo. Si pudiera, estaría toda mi vida contemplándote, así, semidesnudo y con una mirada ardiente clavada en mi. Pero no puedo. El decoro no me lo permite. Tengo que mantener alto tu honor, Ginny" Incapaz de explicarlo en voz alta, él solo hizo en el aire unos gestos indefinidos, como dándole a entender que ella conocía la verdadera naturaleza de su desagrado.
- ¡Vamos, Harry!- insistió ella- ¡No seas mojigato! Y además, no es como si no hubieras visto una mujer desnuda en toda tu vida, ¿no?
El moreno se ruborizó ante ese comentario, pero no negó ni afirmó la aseveración de ella.
- No te preocupes, Potter- dijo ella, nuevamente parada al lado de él, nuevamente en puntas de pie y nuevamente haciéndole cosquillas en la oreja.- Nuestra relación es meramente comercial- murmuró, deteniendo por un momento su boca de carmín en el cuello de él- Así que no hay razones por las cuales no puedas mirarme. Después de todo, eres como mi hermano, ¿no?
"No digas algo estúpido, por Merlín, ¡No digas algo estúpido!"
- ¿Mermelada o mantequilla, Ginny?
no le mole que a constituirtres magnduro de si su cuerpo lo tolerareso muy dulce en la
- Ginebra, creo que no te estoy pidiendo nada espectacular, ¡solo deseo que mantengas tus cosas en un orden más o menos razonable!
La pelirroja miró a su alrededor. A su entender, jamás se había encontrado en un cuarto más ordenado.
- ¿Qué sucede?- suspiró.
Harry había resultado ser un obsesivo del orden y la limpieza. Un verdadero maníaco, como lo llamaba ella en sus peores momentos. Llevaban casi dos semanas (la mitad del tiempo estipulado) conviviendo, y las cosas realmente no iban muy bien.
Ginny seguía andando por la casa con poca ropa, y eso continuaba siendo un verdadero tormento para él, que estaba moralmente obstinado a no mirarla, pero los ojos se le iban sin desearlo.
Ella era un completo desastre en cuanto a limpieza y orden se refería; jamás había podido aprenderse los hechizos básicos en cuanto a mantener una casa en pie se refería. Harry, en cambio, era meticulosamente organizado, y no le gustaba encontrar una sola cosa fuera de su lugar.
La Weasley se pasaba todo el día encerrada en la casa, y eso no le agradaba. Griffyndor hasta la médula, era una auténtica leona, y ahora se sentía enjaulada. Cuando Potter llegaba, exhausto del trabajo, solo quería un baño caliente, una buena comida e irse a la cama, pero ella, no injustamente, a ser sinceros, le reclamaba una atención y una compañía que él no podía brindarle. Y entonces, ella, sin poder liberar no solo su excesiva energía acumulada sino también su ímpetu comunicativo, se ponía de mal humor, y eso era algo que ambos sufrían.
Resumiendo, si ella prefería rosa, él elegía azul; si ella pedía mucho, él deseaba poco; si ella disfrutaba la noche, él optaba por el día. Querían y admiraban al otro, elogiaban en secreto su buen gusto, su inteligencia, su sinceridad, su dulzura, eran excelentes amigos, inseparables compañeros y hubieran sido también amantes infatigables, pero no estaban hechos para la convivencia. Al menos no para este tipo de convivencia tan desgastante, pues no podía ser mitigado su efecto arrasador con la ternura del amor compartido, y ni siquiera con la pasión incofesa que sentían el uno por el otro.
Y, decididamente, el hecho de que, cada vez que tuvieran un problema, o no, Hermione fuera a meter su entrometida nariz en el asunto, no ayudaba en lo absoluto.
- Sucede que tenía intenciones de darme una ducha cuando encontré esto- Harry sacudió la prendita infame delante de su nariz tan rápido que ella no pudo reconocerla- colgado de la canilla de agua fría.
Ella le agarró la mano en el aire, para que él cesara con el movimiento y le permitiera agarrar el protervo objeto. Sin poder contenerse, soltó una risotada, algo que a él no le sentó nada bien. Evidentemente obligado por la dura vida que le suponía ser el Jefe del Departamento de Aurores con tan solo 19 años, él llevaba una vida metódica, y ella había venido a romper con sus esquemas y si bien debía admitir que el cambio le agradaba, le había producido tal desequilibrio emocional que esa había sido la causa de todos sus problemas.
- ¡Por favor, Harry!- continuó ella, entre risas- ¡Es un inocente corpiño! ¡No puedes hacer tanto escándalo por tan poca cosa!
Evidentemente molesto por ver como ella le restaba importancia al problema, se dirigió a la puerta sin siquiera dedicarle una sola mirada más, y le dijo con tono solemne y voz seca.
- Te pido que mantengas tu inocente cosa lejos de mi ducha, al menos cuando yo quiera bañarme.
Harry Potter llegó a su casa, radiante. ¡Había encontrado solución para al menos uno de sus problemas! Ya Ginny no se sentiría tan sola, ni podría decir que él no se preocupaba por ella, ni que…
- ¡Ginny!- la llamó, ni bien entró a la casa- ¡Ven aquí, pequeña!
- Hola Harry- lo saludó ella, apoyada contra el marco de una puerta enfrentada a donde él se hallaba parado- ¿Qué tal tu día?
- ¡Genial!
Ella lo miró, extrañada. Él nunca había llegado tan feliz luego de un turno de doce horas en el Ministerio.
- ¡Ven, ven!- volvió a pedirle él, risueño. Ella se acercó, obediente- ¡Tengo un regalo para ti!
Ginny lo miró ansiosa. Adoraba los regalos, y si eran una sorpresa, mucho mejor.
- ¡Oh, vamos, Harry, no seas malvado! ¡Dime que es!
- ¡Oh, claro que no! Ahora, cierra los ojos.
Ella le obedeció con prontitud. Al abrirlos, tenía entre sus brazos un precioso cachorrito color castaño claro, y con grandes ojazos verdes.
- ¿No te encanta?- le preguntó Harry, que no cabía en si de gozo y orgullo.
- Es… es… muy bonito…- fue la respuesta sin entusiasmo de ella.
- ¿Qué sucede, Gin?- le preguntó él, preocupado.
La pelirroja abrió la boca para responderle, pero no pudo hacerlo porque se lo evito un repentino estornudo. Y luego otro y otro. Cuando ella finalmente dejó de estornudar (Harry ya estaba a punto de llamar a un sanador), y se hizo evidente que tenía la cara y las manos hinchadas y llenas de ronchas, por fin pudo aclarar:
- ¡Es solo que soy alérgica a los perros!
Ya llevaban tres semanas y media conviviendo juntos, y las aguas comenzaban a amansarse. Ninguno de los dos mencionó el incidente del cachorro, pues a ambos les resultaba muy vergonzoso el mal momento que le habían hecho pasar al otro. Harry le buscó al perrito un nuevo hogar y cuidó con auténtica devoción de Ginny durante los dos días que duro su ataque y luego no volvieron a mencionar el asunto. Aunque, si una consecuencia beneficiosa había traído, había sido que los dos jóvenes habían podido llegar a conocerse más en profundidad en aquellos dos días que pasaron juntos todo el día, y ahora se comprendían y se aceptaban mejor el uno al otro, y ya no había habido más incidentes vergonzosos ni desagradables por ninguna de las dos partes.
Y entonces, llegó la catástrofe. El destino no se portaba bien con ellos, y al día siguiente de la recuperación de Ginny les mandó al mismo Aeoris (ejem! Quise decir diablo… no me hagan caso… problemas teológicos…) encarnado en una morena (pensé en hacerla rubia, pero… soy rubia, y me molesta que no se nos de otro futuro que el de secretaria ansiosa de levantarse al jefe o modelo sin un gramo de cerebro…) pulposa, con cuerpo de modelo, carácter ardiente y una evidente… devoción hacia su jefe. Se llamaba Brenda Symphony y era la secretaria personal de Harry.
- Ginny, ¿podrías ir tu a atender el timbre?- pidió el moreno, casi a los gritos- Acabó de salir de la ducha.
- Claro- repuso la pelirroja, y se dirigió a paso tranquilo hacia la puerta, sin apuro.
Miró por la mirrilla, y se llevó una primera mala impresión. Pero como no tenía ningún motivo por el cual no abrirle la puerta a una mujer que había pasado todos los controles de seguridad, tanto del Ministerio como de Dumbledore, no le quedó otra cosa que recibirla.
Abrió la puerta, y de entrada decidió que la mujer no le gustaba. Era alta, y más bien esbelta que delgada. Muy morena, tanto de piel como de cabello, y de grandes ojos negros, todo en ello sugería pasión, casi aún más que en la menor Weasley, que tenía el cabello rojo fuego, aunque esto se veía evidentemente acentuado por el hecho de que llevaba puesta una blusa blanca muy escotada y una mini falda (muy mini) negra.
- ¿En qué puedo ayudarla?- preguntó Weasley, cortésmente.
La mujer la miró de arriba abajo con una mirada denigrante, evidentemente tomándola por una empleada o algo similar.
- ¿Está el Señor Potter?
- Depende de para quien- fue la rápida respuesta de Ginny, menos amable y más cortante.
- Dígale que lo busca Brenda Symphony, su secretaria.
Sin la menor consideración, Ginny le cerró la puerta en la cara y se fue a averiguar si Harry quería recibirla, mientras rebuscaba en su mente, pues le sonaba ese apellido, pero no podía recordar de donde.
- ¿Estás más o menos decentemente vestido?- preguntó antes de entrar al cuarto, inútilmente, pues entró de todos modos, sin esperar respuesta.
Él le sonrió. Llevaba puesto un pantalón de jean oscuro y una camisa verde esmeralda que hacia juego con sus ojos. Tenía el toallón en la mano y se veía irresistiblemente buen mozo secándose el pelo con él.
- ¿Si, Gin?- le preguntó con una sonrisa.
La pelirroja tardó un par de segundos en hacer que su cerebro volviera a funcionar, pero cuando lo logró dijo exactamente aquello que había ido a decir.
- Harry, afuera hay una mujerzuela que pregunta por ti.
Las mejillas del moreno se tornaron carmesí, pero ella continuó hablando antes de que él pudiera mechar una pregunta.
- Dice ser una tal Brenda Symphony y se hace llamar tu secretaria, pero…
- ¿Brenda?- preguntó él asombrado, mientras ella fruncía el ceño ante la familiaridad con que él había pronunciado el nombre- ¡Ah, claro!- dijo tras unos segundos- Debe haber venido a traerme el papeleo de ayer… que buena chica…- Ginny carraspeó- siempre tan preocupada por su trabajo… Dile que me espere, Gin. Voy en un segundo.
Deseando que él hubiera sufrido un repentino ataque de amnesia y no se acordara de ella para nada, y por lo tanto no quisiera recibirla, Weasley se dirigió a la puerta. La abrió, asomó la cabeza y miró a la maldita intrusa, que ya estaba comenzando a ponerse carmesí del coraje.
- El Señor Potter la atenderá en unos minutos- dijo, y volvió a cerrarle la puerta en la cara.
Harry apareció a los escasos cinco minutos. Miró a su alrededor, buscando a su secretaria con la mirada, y no la encontró por ningún lado.
- ¿Y Brenda?- le preguntó a Ginny, que estaba confortablemente sentada en el sofá leyendo un libro
- Ni me mires, no la tengo en el bolsillo- fue la única respuesta de ella antes de retornar a su lectura.
Y entonces, sonaron unos enojados golpes en la puerta. Harry se volteó a ver a la pelirroja, incrédulo.
- ¿La dejaste afuera?- preguntó.
- Nunca especificaste donde la querías- respondió ella, encogiéndose de hombros.
Furioso, Harry se apresuró a ir hacia la puerta y dejar entrar a su secretaria.
Ginny, que había decidido que no toleraba a esa mujer, había pensado retirarse ni bien Harry la hiciera pasar, pero cambió de idea en cuanto ella entró en la casa… en su casa.
La muy zorra había perdido un solo segundo antes de abalanzarse sobre su jefe, y lo había bien utilizado en dirigirle una mirada de profundo odio a Ginebra, que se la devolvió con dureza titánica, y que marcó para siempre la eterna enemistad entre ambas mujeres. Luego, se arrojó a los brazos de Harry, evidentemente apoyando su pecho en el de él, enredándole sus malditas manos de uñas bien cuidadas detrás del cuello y besándolo de manera más que escandalosa en la comisura de los labios. Y, con mirada triunfal, aceptó la invitación de su jefe a tomar una taza de té.
Harry se sentó en el mismo sillón que Ginny, que se había acomodado con suma elegancia y había adoptado un aire de reina, dejando que Brenda se acomodara en una silla enfrentada a ellos. Luego hizo levitar desde la cocina el juego de té, y se hubiera puesto a prepararlo, si Ginny no lo hubiera alejado con un gesto.
- Brenda, gracias por hacer el esfuerzo de venir hasta mi casa a traerme esos papeles. No deberías haberte molestado.
- No se preocupe, Señor Potter, sabe que yo haría cualquier cosa por usted…- acompañó sus palabras de una sonrisa insinuante- Y no ha sido ninguna mol…
- ¿Azúcar?- la interrumpió Ginny de mal modo.
Brenda se vio obligada a dirigirle una sonrisa, pero le salió helada.
- No, gracias, estoy a régimen- aclaró.
- Oh, vamos, querida- a pesar de que Harry no había notado el enfrentamiento visual que se desarrollaba entre las dos mujeres, incluso él no pudo dejar de notar el sarcasmo impreso en esta última palabra- ¡Todas quisiéramos estar tan delgadas como tu!- Ginebra dijo eso perfectamente consciente de que ella era envidiada por más de la mitad de la población femenina mundial debido a su cuerpo menudo y su extrema delgadez- Desaparecerás si adelgazas aún más- y para poner énfasis a sus palabras, Ginny colocó siete terrones de azúcar en la taza que luego le ofreció a la otra mujer.
A la morena no le quedó más alternativa que aceptarla e incluso agradecerle, aunque solo logró un "Gracias" rencoroso, con los labios apretados.
Ella y Harry comenzaron a hablar de trabajo, mientras Ginny los observaba por encima del borde de su propia taza de te. La conversación era normal, pero bastaba ver la manera en que ella lo miraba, intercalaba palabras fuera de contexto o aprovechaba la mínima oportunidad para tocarlo, para darse cuenta de que era lo que allí realmente estaba sucediendo.
Cuando fue evidente que la conversación se iba apagando, y que ya era tiempo de retirarse, la mujer no se hizo esperar para introducir un:
- Bueno, Señor Potter, si algún día necesita lo que sea, especialmente una ayuda femenina, no dude en llamarme.
Eso fue la gota que derramó el vaso de Ginebra Weasley, quien la miró con ojos relampagueantes y se apresuró a contestar ella por Harry.
- ¡Oh, te agradecemos el ofrecimiento, querida!- otra vez el sarcasmo- Pero no será necesario. Yo puedo brindarle a Harry toda la atención femenina que puede llegar a necesitar.
La morena se echo a reír.
- ¡Qué chica rica! Y, señor Potter, ¡que bueno es usted con ella! ¡Deja que lo llame por su nombre y todo!
Harry y Ginny intercambiaron una mirada, confundidos y extrañados.
- ¿A qué te refieres exactamente, Brenda?- la interrogó Harry con delicadeza.
- ¡Me habían dicho cuan grande era su bondad… pero no pensé que se extendiera también al servicio doméstico!
Las mejillas de Ginny se pusieron del mismo color que su cabello, el cual estaba casi electrizado debido al estado de agitación en el que se encontraba la pelirroja.
- ¿Servicio doméstico? ¿Servicio doméstico?- chillo, incapaz de controlarse y haciendo caso omiso de los esfuerzos de Harry por apaciguarla- ¡Yo voy a enseñarte a ti, pequeña zorrita, lo que es el servicio doméstico! ¡Como si no hubiera visto muchas como tu a lo largo de mi vida! Interesados vampiros chupasangres de sus jefes, que se prenden de ellos como sanguijuelas, hasta extirparles todo lo que pueden, dinero, poder, y hasta la dignidad.- la morena estaba tan enojada que se había puesto blanca como un papel, y tenía la mirada clavada en la Weasley, que la miraba con ojos desorbitados- ¡Y, por si te interesa saber, yo no soy ninguna empleada! ¡Soy su novia!
Brenda palideció aún más ante esto, y se volteó inmediatamente a mirar a Harry.
- ¿Es eso cierto?- preguntó.
Harry no hubiera querido decírselo, pero ahora no podía dejar en ridículo a Ginny.
- Si, es cierto- afirmó.
La mujer tomó su cartera y, escandalizada, se dirigió hacia la puerta. Pero antes de salir, dio vuelta la cabeza y murmuró un:
- Vas a pagarme esta, Weasley.(No, están en lo cierto, Ginny nunca le dijo su nombre, pero, como dijo Malfoy más de una vez: si estás mas o menos informado sobre las familias del mundo mágico… ¡basta con una mirada a su cabello para saber a que familia pertenece!)
Y, en ese momento, todo cerró en la cabeza de Ginny. Sin tener una idea mejor de momento, sacó su varita del bolsillo y conjuró sobre la morena el hechizo de desmemorización.
- Obbliviate!
Inconsciente, la mujer cayó pesadamente sobre la alfombra.
- ¡Ginny!- rugió Harry, mientras se apresuraba a ir hasta su secretaria, comprobarle el pulso y traerla en brazos hasta el sillón, mientras Ginny se encerraba con un portazo en el cuarto de ambos. Una vez que comprobó que se hallaba viva, y que el golpe en la cabeza no había sido grave, la reincorporó con un- Ennervate!
La moreno dio signos de reanimarse rápidamente.
- ¿Dónde estoy?- fue lo primero que preguntó, aunque no pudo evitar una sonrisa cuando lo primero que vieron sus ojos fueron los verdes de Harry.
- Estás en mi casa, Brenda. Viniste a traerme unos papeles, sufriste una descompensación y te desmayaste- le explicó el moreno, inventándose rápidamente una buena excusa.
- Oh.- solo atinó a responder la mujer.
Harry se dio media vuelta, tomó un terrón de azúcar y se lo ofreció.
- Toma. Te hará bien algo dulce.
- Gracias- Brenda aún no lograba reponerse del todo.
- No hay por que. Bien, creo que lo mejor que puedes hacer ahora es regresar a tu casa y recostarte. Yo avisaré en el Ministerio. No te preocupes.
- ¿Crees que deba ver a un médico?
Sabiendo que cualquier sanador hallaría en ella los signos de un hechizo desmemorizador reciente, intentó persuadirla.
- No. Dudo que sea necesario. ¿Quieres que te acompañe hasta la puerta?- Potter no deseaba ser descortés, pero ahora que estaba seguro que ella se hallaba en perfectas condiciones quería despacharla lo más rápidamente posible. Ardía en deseos de ir a hablar con Ginebra.
- ¿No podría irme con polvos flu?- pidió ella, con una mirada hacia la chimenea.
Preguntándose si Hermione estaría viendo esta situación, negó con la cabeza.
- Hemos… he - se corrigió a tiempo, dándose cuenta de que ella no recordaba a Ginny, y que era mejor que no supiera de su existencia- tenido problemas con ella últimamente, y no es muy segura. Créeme, preferiría que te fueras a pie.
Pese a los remilgos de ella, que no quería moverse de entre sus brazos, él la llevó hasta la puerta y la puso de patitas en la calle, literalmente.
Luego escribió una corta misiva, dando aviso de que ni su secretaria ni él acudirían a trabajar ese día, y despachó con ella a Hedwig rumbo al Ministerio. Espero un par de segundos, contó hasta diez, respiró profundo un par de veces y entró en su cuarto sin llamar a la puerta.
Ginny estaba de espaldas a él, mirando por la ventana. El sol de la tarde resplandecía en su cabello, dándole un glorioso color rojo dorado. Se veía tan hermosa que a Harry casi se le pasó el enfado, por lo que empezó la plática de manera mucho más suave de lo que tenía planeado.
- Ginny.- la llamó con suavidad.
Ella se volteó. Tenía la cara inexpresiva, mas rígidas las facciones.
- ¿Ya se fue la sanguijuela?- preguntó con tranquilidad.
Y eso fue la gota que rebalsó el vaso de Harry. Furioso, se acercó a la menuda pelirroja y la tomó de los hombros con rudeza.
- ¿Quieres decirme que demonios se te pasó por la cabeza?
Ella se liberó con un salto hacia atrás, más sorprendida y ultrajada que realmente dolorida.
- Para tu información…- comenzó con voz rencorosa.
- ¡Nada! ¡No quiero escuchar tus excusas, Ginny!- la calló él, tan absorbido por la discusión que casi no se daba cuenta de lo que decía- ¡No me interesan! ¿Crees que acaso me importa la nueva historita que seguramente te habrás inventado para justificar ese arrebato?
Ella abrió la boca, casi tan dolida como ofendida por las palabras de él.
- ¡No es ninguna historita! Ella es…
- ¡BASTA! ¡No quiero oírte! ¿Con qué derecho te crees a meterte así en mi vida? ¿Quién te crees que eres para celarme de manera enfermiza? ¡Nadie! ¡Absolutamente nadie!- se arrepintió de lo que había dicho ni bien cerró la boca, pero ya era demasiado tarde. Sin poder hacer nada, impotente, contempló como ella salía del cuarto como un bólido, con los ojos brillantes de lágrimas, desconsolada.
Se sentó en el borde de su cama y se quito las gafas, para luego refregarse los ojos con las manos.
- Eres un monstruo, Harry James Potter. Un completo monstruo.
No sabía donde se había encerrado, pues no la había visto en todo el día, y prefería no saberlo. Sabía que debía disculparse con ella, pero su orgullo no se lo permitía. ¿Con qué cara iba y le decía que lo que había dicho estaba completamente errado, que ni una de las palabras que habían salido de su boca eran ciertas? Porque si, ella había estado mal, pero eso no quitaba que él la había tratado como un trapo de piso… y que le había mentido. ¿Por qué quien, sino ella, tenía derecho a meterse en su vida, a celarlo, a vigilarlo, a protegerlo? Nadie. Y él le había negado ese derecho… bueno, se lo restablecería en algún momento, más no en ese momento. La ira aún estaba demasiado a flor de piel, y podría volver a surgir en cualquier momento. Eso, sin contar con que ella se hallaba tan dolida que sin lugar a dudas no querría ni verlo. Si, ese no era el momento indicado. Ya arreglaría luego el problema.
No durmieron juntos esa noche, pues ella no apareció en el cuarto que ambos compartían. Harry supuso que Hermione estaría enterada del asunto y que, al menos por esa noche, le había permitido dormir en el sofá. De todos modos, él no pudo dormir aquella noche. No pudo pegar un ojo mientras escuchaba las sollozos provenientes del cuarto contiguo, y cuando ella finalmente dejó de llorar, seguramente compadecida por algún dios indulgente que la impulsó a un sueño tranquilo y sin sueños, él durmió agitadamente, despertándose a intervalos muy cortos y sufriendo horrorosas pesadillas.
Al día siguiente, se despertó tempranísimo, no solo por la mala noche que había pasado, sino también por que deseaba marcharse al trabajo antes de que ella se hubiese despertado, para evitarles a ambos el mal momento de un encuentro casual. Sin embargo, no pudo resistirse a besarle suavemente el pelo, la frente y las mejillas antes de marcharse, preguntándose si había sido por la ausencia del cálido cuerpo de ella contra el suyo, al que se había acostumbrado tanto que se había descubierto más de una vez abrazado a ella al despertar, que no había podido dormir bien.
Ginny se despertó muy tarde aquel día, pasado el mediodía, con la cara roja y los ojos hinchados de tanto llorar. Se quedó un buen rato recostada en el sofá, fastidiada consigo misma porque le había hecho tanto daño lo que Harry le había dicho el día anterior. Para compensarse a si misma, se levantó, fue a la cocina y se preparó un tardío y suculento almuerzo. Poco después, se descubrió a si misma lavando los platos y haciendo la cama que ella ni siquiera había utilizado la noche anterior, cumpliendo así con dos cosas que Harry siempre le reprochaba que no hiciera, y que ella pasaba olímpicamente por alto. ¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué estaba tratando inconscientemente de congraciarse con él, cuando era ella la que había resultado herida? Simple. Aunque fuera él el culpable, ella no toleraba estar peleada con él, tenerlo lejos, y necesitaba volver a entablar una buena relación. Y, al mismo tiempo, no podría volver a tolerar otra discusión como esa… ¿Qué hacer? ¿Cómo resolver esa paradoja? Suspirando, Ginny se dispuso a hacer lo que en lo más íntimo deseaba hacer, pero que por orgullo había estado evitando desde el día anterior. Tomó un pedazo de pergamino, garabateó un par de palabras, lo ató a la pata de Hedwig y despachó a la hermosa lechuza con una palmada.
Hermione,
Necesito un consejo. Ven lo antes posible.
Con amor,
Ginny
A los escasos quince minutos, una silueta femenina apareció en la chimenea.
- Buenas tardes, Ginny- saludó, dándole un beso en la mejilla y un cálido abrazo- ¡Por todos los dioses! Te ves horrible- le dijo con sinceridad, mas sin ánimos de ofenderla.
La pelirroja se ruborizó un poco y asintió con la cabeza.
- Lo sé. Y supongo que sabrás también el porque.
- Aja- asintió la castaña, mientras se sentaba en una banco junto al desayunador de la cocina y le señalaba a la Weasley otro enfrentado.
- Bien, y ahora necesitó un consejo, Mione. ¿Cómo hago? ¿Cómo sobrellevo esta convivencia que se nos está volviendo tortuosa a ambos? Porque cada vez que creemos que las cosas van encaminadas por buen camino, ¡bum, sucede una catástrofe que lo arruina todo- explicó Weasley con lágrimas en los ojos- No puedo controlarlo, Herm. Es algo que escapa a mi capacidad.
La castaña negó con la cabeza.
- No lo creo, Gin. ¿Sabes? No es tan difícil domar a un hombre. Menos a uno como Harry, que es dócil como un cordero. Me extraña que tu no lo sepas, teniendo seis hermanos.
- ¿A si?- preguntó la pelirroja evidentemente interesada- ¿Y cual es el método?
Hermione sonrió maliciosamente. Hacia tiempo que ardía en deseos de decírselo a Ginny, pero había decidido a esperar a que ella le pidiera ese consejo en particular.
- Es simple, Ginny- comenzó- Para dominar a un hombre, hay que acostumbrarlo a vivir bien, y cuando se porta mal, el castigo consiste en suprimirle los mimos.
Weasley se la quedó mirando, boquiabierta.
- ¿Tu hiciste eso con Ron?- preguntó, incrédula.
Granger se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
- Al principio, si. Luego, lo tenía tan enamorado que ya no fue necesario. Aunque a veces lo amenazo con que, si no hace las cosas como yo las deseo, puede llegar a perder ciertos… llamémoslos… privilegios- la castaña le dirigió un guiño cómplice, mientras la pelirroja se echaba a reír.
- Entonces… ¿me estás diciendo que tengo que malcriar a Harry?
- Oh, no. Tampoco los extremos. Sobre todo porque Harry es muy noble, y se sentirá incómodo si de repente le brindas demasiadas atenciones. Además, tampoco tiene que sospechar, pues si no el factor psicológico no haría efecto. Simplemente complácelo aquí y allá con pequeñas cosas que lo hagan feliz, y hazle creer que es una disculpa por lo que sucedió ayer. Lo tendrás como quieras en muy pocos días. Bueno, - la castaña se restregó las manos, como un indicio de que pretendía un rotundo cambio de tema- ya sé que era una perra chupasangre, y que nunca en mi vida me sentí más orgullosa de vos que ayer cuando se lo escupiste en la cara, pero, si podrías haberle hecho algo aún peor, ¿por qué desmemoriaste a la secretaria de Harry?
El moreno llegó ese día temprano del trabajo, y entró a su casa con sumo sigilo, cuidando de que Ginny no estuviese alrededor. Se dirigía silenciosamente a su cuarto para así encerrarse en él y no tener que ver a la pelirroja, pero justo cuando pasaba frente a la puerta de la cocina le llegó desde dentro la voz de su mejor amiga, y la pregunta le resultó tan tentadoramente interesante que no pudo evitar detenerse de manera inconsciente.
- ¿Por qué desmemoriaste a la secretaria de Harry?
Harry estaba seguro de que Hermione lo había visto, pues la castaña estaba enfrentada a la puerta, mientras que la pelirroja estaba de espaldas. Pero, contrariamente a lo que hubiese esperado, Granger le hizo con la cabeza una seña de afirmación casi imperceptible, pero mirándolo directo a los ojos, lo que le quitó al moreno cualquier duda respecto a que hubiese sido un gesto casual. Por si las dudas a Ginny se le ocurriese voltearse, se escondió detrás del marco de la puerta y aguzó bien los oídos.
Ginebra se removió incómoda en su asiento, y suspiró.
- Aunque haya parecido un impulso, Mione,- empezó- no lo fue. Tuve dos motivos de peso. Quizás el menos importante prevaleció en ese momento en mi mente, y me llevó a tomar aquella decisión desesperada y luego aquella acción imprudente, pero la otra también influyo.
- ¿Cuál fue tu primer leit motiv, Ginny?- preguntó Hermione, tratando de facilitarle las cosas.
- Celos- fue la respuesta no carente de emoción de Ginebra- Me gustaría poder negarlos, pero no puedo- gruñó- Me daba asco ver como se le insinuaba, como lo miraba. No podía soportar que lo tocara, y que él se dejara tocar por ella. Me hubiera gustado gritarle en la cara que él es mío y solo mío, y aunque lo hice, fue una victoria casi pírrica, carente de emoción. Porque, al decírselo, me di cuenta cuan falso era, cuanta mentira había en lo que decía. Él no es mío, y nunca lo será. Más que su maltrato fue eso lo que me dolió de nuestra discusión de ayer. El darme cuenta de que jamás podré tenerlo.
Hermione se arrodilló a su lado, incapaz de consolarla. La pelirroja ya no lloraba, pero su voz expresaba tanta tristeza que partía el alma.
- Ginny, yo…
- No digas nada, Mione. Ya lo superé- levantó la cabeza de forma altiva, dando a entender que ni siquiera ese sufrimiento podría doblegarla- Además, necesitó que sepas mi segundo motivo.
Harry se dejó caer silenciosamente contra el marco de la puerta. ¿Así que eso pensaba ella? ¿Qué nunca podría tenerlo? ¡Oh, cuan equivocada estaba! ¡Qué poco perceptiva había sido respecto de los sentimientos de él! Y, sin embargo… él no le había dado ninguna esperanza… y con lo de ayer… ¡Estúpido, estúpido Harry! ¿Es qué acaso nunca podía hacer algo bien? De pronto, decidió dejar de insultarse, porque volvía a hacerse oír la voz de la menor Weasley
- Brenda Symphony. ¿Te dice algo ese nombre?
La castaña negó con la cabeza.
- Nada, excepto que es la secretaria de Harry.
- ¿Y qué tal si te dijera Nathaniel Symphony?
Granger entrecerró sus ojos castaños, tratando de recordar de donde le sonaba ese nombre que, por otro lado, a Harry no le decía nada. Y, repentinamente, se hizo la luz en la cabeza de Hermione Jane Granger.
- ¡No!- fue lo único que atinó a decir.
- Si- le respondió la pelirroja, corroborando su afirmación con un movimiento de cabeza.
- ¡No me digas que es la hija del dueño de "El Profeta"!
- O eso, o él ha decidido volver a casarse luego de que enviudó hace años, y optó por una jovencita.
- ¡Oh, Ginny! ¡Eres un sol! ¡No quiero ni pensar en que hubiera sucedido si no hubieras reaccionado tan rápido!
- Yo te lo diré. Los titulares de "El Profeta Matutino" de hoy hubieran sido "Ladina bruja pelirroja mantiene al niño que vivió bajo el efecto permanente de una poción de amor", o… ¡Aún peor! Imagínate: "Depravada bruja mantiene a El Elegido bajo llave para prácticas sexuales sadomasoquistas"… o algo así.
Hermione estaba casi revolcándose de risa.
- Si, algo así.- acordó, pero se puso repentinamente seria- ¡Oh, Merlín! ¡Se hubieran ido al caño todos nuestros esfuerzos! La primera impresión es muy difícil de borrar... y "El Profeta" no hubiera permitido tampoco que se borrara fácilmente.
- Si, lo sé. Fue por eso que hice lo que hice- la pelirroja no pudo ocultar una sonrisa triste- Aunque, a ser sincera, el otro motivo tuvo prevalencia.
La castaña no pudo evitarlo y se acercó a su mejor amiga y casi cuñada y la atrapó en un fuerte abrazo. Harry decidió aprovechar ese momento en que Ginny estaba tan distraída para hacer una oportuna aparición.
- ¿Interrumpo algo?- preguntó, entrando en la habitación con una sonrisa.
- No. Cosas de mujeres- fue la respuesta de Hermione, mientras le guiñaba un ojo.
El moreno se acercó a ambas mujeres y besó a su mejor amiga en la mejilla, mientras ella lo reconfortaba con otro de sus fuertes abrazos, y le murmuraba al oído un "No toleraré que vuelvas a lastimarla así, Harry", a lo que él le respondió con un "Tampoco me lo toleraría a mi mismo" , a lo que Hermione le contestó con una sonrisa de aprobación. Indeciso, Potter se acercó a la pelirroja, no del todo seguro si ella aprobaría que él la saludara con el afecto de siempre. Entonces, ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos, con los suyos grandes y brillantes, y él no pudo contenerse. Agachó la cabeza y la besó en ambas mejillas, sabiendo que era toda la disculpa que podría darle, pues sabía que si comenzaba a hablarle se iría de la lengua y le diría más de lo que le parecía conveniente decirle. Y, al parecer, ella lo comprendió, porque pasó sus brazos por detrás de su cuello y hundió su rostro en el pecho de él, mientras Harry le acariciaba el cabello con ternura.
"Cuan equivocada estás, Ginny" fue lo único que se le pasó por la cabeza a Hermione mientras los observaba.
- Bien chicos, es hora de irme- anunció Hermione, luego de lo que le pareció un tiempo prudente. Ginny y Harry se separaron sobresaltados, pues casi habían olvidado que la morena se hallaba allí.- Hoy me toca hacer la cena, y Ron se pone de muy mal humor si no come a horario.- dijo, más para aliviar la tensión del ambiente que por otra cosa.
Moreno y pelirroja la acompañaron hasta la puerta, pues si no era urgente, Granger prefería caminar a los polvos flu. Se despidieron, y ya estaba Harry a punto de cerrar la puerta, cuando Hermione se llevó una mano a la cabeza y se golpeó la frente.
- ¡Como pude olvidarlo!- se reprendió a si misma, aunque ninguno de los presentes llegó verdaderamente a creerle- Arreglé una reunión con la familia Weasley en pleno el viernes… para que les anuncien su noviazgo… de manera oficial. ¡Buenas noches, chicos!- y ella misma cerró la puerta.
Harry y Ginny se miraron, incrédulos. Estaban a miércoles.
Harry llegó a su casa el jueves y presintió en el aire que algo no iba a andar bien. No tenía motivos para pensarlo, pues la casa se veía impecable, más ordenada y limpia de lo que nunca había estado desde que Ginny vivía con él. Con algo de desconfianza, Harry asomó su cabeza por el marco de la puerta de la cocina, donde vio a Ginny tarareando una canción de Las Brujas de Macbeth… sonriendo, y preparando lo que a todas luces sería una deliciosa tarta de melaza.
- Gin, princesa- no podía evitarlo; debía llamarla por nombres cariñosos, aunque solo fueran amigos. Ya se había pensado como excusa el decirle que lo hacía para acostumbrarse luego cuando tuvieran público, pero ella nunca se había quejado- ya llegué- anunció.
- ¡Harry!- la sonrisa de ella era resplandeciente- Ve a bañarte y ponte guapo… he preparado una sorpresa para esta noche…- El moreno se dejó empujar hasta la puerta del baño.
- ¡No te tardes!
Harry se dio una rápida ducha. Se moría de hambre, y al parecer Ginny se había esmerado con la cena de esa noche. Se puso un pantalón de vestir negro, que le sentaba como hecho a medida, y quiso ponerse su camisa negra favorita, pero no pudo encontrarla por ningún lado.
- ¿Ginny?- la llamó.
- ¿Mmm?- se escuchó en respuesta desde la cocina.
- ¿Has visto mi camisa negra?
Ella no podría haber aparecido más rápido en la puerta que si hubiera venido volando en una Saeta de Fuego. Estaba muy pálida, y empalidecía cada vez más a medida que él iba respondiendo a las preguntas que ella le iba formulando.
- ¿Tu camisa negra?
- Aja.
- ¿Esa que tiene desgastados los puños y a la que tuve que coserle dos botones el otro día?
- Exactamente
- ¿La que te regalo Hermione para tu cumpleaños hace dos años?
- La misma. ¡Si, Ginny, mi camisa favorita!- asintió él con una sonrisa, divertido.- ¿La has visto?
La cara de la pelirroja no tenía más color que un papel.
- No, no tengo idea- dijo, casi sin voz.
El moreno se encogió de hombros y se dispuso a ponerse una verde esmeralda, mientras la Weasley salía apresuradamente del cuarto.
Ginebra se dejó caer pesadamente en el sillón. Había empezado a poner en práctica la técnica de Hermione, y decididamente no había tenido un buen comienzo. Había optado, entre otras cosas, como limpiar y ordenar toda la casa, por organizar la ropa de Harry. Y, como no podía ser de otro modo, había regalado su camisa favorita. Meneó la cabeza. Mal comienzo. Eso no presagiaba una buena noche.
- ¿Comemos?- preguntó Harry al poco rato. Llevaba un par de minutos sentado en el sillón, esperando a que Ginny terminara de arreglarse, y ya estaba algo impaciente.
- En un segundo- le llegó desde el baño la voz de la pelirroja.
Pero, pensó Potter a los pocos minutos, la espera había valido la pena. Ginny se veía sencillamente espectacular en su vestido color cielo, de falda corta y escote generoso; se había recogido el cabello en una cola de caballo, que caía en cascada sobre su hombro izquierdo. Estaba maquillada deliciosamente y se veía… apetecible, no había otra palabra para describirla.
Se puso de pie, meneando la cabeza, mientras ella lo miraba expectante.
- Estás… hermosa- fue lo único que él, por fin, atinó a decir.
- Gracias- dijo ella, agachando la cabeza con falsa modestia- Tampoco tu te ves mal. ¿Cenamos?
- Cuando quieras.
Ella había puesto una mesa espléndida. Vino, copas, flores, velas. Todo era perfecto. Él se acercó y le corrió la silla, esperó a que ella se sentara y la volvió a su lugar, antes de sentarse en su propio lugar. La cena estaba realmente exquisita, y la conversación se desarrollaba fluida y sin tensión. Ginebra suspiró, aliviada. Después de todo, ella no había sido buena en Adivinación.
- ¿Sabes que?- comentó Harry, mientras rellenaba ambas copas de vino- Hoy me sucedió algo bien curioso.
Ella lo miró con cejas interrogantes por sobre el borde de su copa.
- Si. Tenían que venir a verme diez Aurores, todos en diferentes horarios. ¡Y ninguno llegó! Luego, cuando estaba a punto de marcharme, llegaron todos al mismo tiempo, todos reclamando por el recordatorio que les había enviado… ¡y alegando que yo había suspendido sus citas! ¿No te parece extraño?
Ginebra se atragantó con el vino que estaba tragando. Otra de las cosas a las que había dedicado su día había sido a organizar la agenda de Harry… de manera indiscriminada, y pondría las manos en el fuego a que ella era la culpable de ese descalabro. No, decididamente, no podía hacer nada bien.
- Mmm…- fue su neutra respuesta a la pregunta de Harry, temiendo delatarse a si misma.
Para escapar de la incómoda situación, se levantó y comenzó a levantar la mesa, pero Harry le arrebató los platos de la mano.
- Nada de eso, preciosa- le dijo con una sonrisa que habría avergonzado al sol- Tu cocinas, yo limpio. No sería justo de otro modo, ¿no te parece?
Ginny se sintió derretir de amor mientras se volvía a sentar en su silla. Se quedó mirando embelesada la puerta por la que él había desaparecido, cuando la voz de él mismo la sacó de sus ensueños.
- Ginny, ¿soy yo o algo está quemándose?
¡La tarta de melaza! Con tanta otra preparación, se la había olvidado en el horno. Corrió apresurada a la cocina, y ni siquiera se molestó en tomar un repasador, sin que le preocupara el quemarse, tan desesperada estaba por intentar recuperar al menos algo de lo que habría sido una espléndida tarta de melaza.
Nada. Eso fue lo que Ginebra rescató del horno. Nada, exceptuando un mustio resto carbonizado. Y esa fue la gota que derramó el vaso. Sin poder contenerse, la pelirroja estalló en llanto.
- Ya, ya, pequeña- trató de consolarla Harry, sentándola en el sillón y acunándola entre sus brazos como si fuera un bebe- No es nada. Puede sucederle a cualquiera.
- ¡No..no..no es eso!- intentó decir Weasley entre hipidos.
- ¿Y qué puede ser tan grave para hacerte llorar así?- la interrogó con dulzura él, mientras le acariciaba el cabello con una mano y con la otra la mantenía firmemente recostada contra su pecho.
- ¡Yo…yo…yo…yo regalé tu camisa! ¡Y fui yo quien desarregló tus horarios!- confesó ella al fin.
Él se puso rígido, pero no dijo nada.
- ¡Soy un desastre!- continuó ella entre sollozos- ¡Intento hacer las cosas bien y nada me sale bien! ¡Te compadezco por vivir conmigo, Harry! ¡No sé como me soportas! Y en cuanto a nuestra relación… ¡pues bien, creo que Dumbledore se equivocó de lleno conmigo! ¡Lo único que conseguiré será arruinártelo todo!
Él la silenció poniéndole un dedo en los labios.
- Jamás vuelvas a decir eso- le dijo con voz firme- Sos lo más bonito que me dio la vida, Ginny, y no toleraría hacer esto con nadie más que contigo. Y, más allá de eso, creo que Dumbledore no pudo elegirme una compañera mejor. ¡Piensa! El primer riesgo de fracasar que sufrió nuestra misión fue salvado solo gracias a ti y a tu mente agilísima. Y, en cuanto a nuestra convivencia…- Harry respiró profundo. Esa idea llevaba varios días formándose en su mente, pero aún no se había atrevido ni siquiera a sugerirla. Pero ahora, pensó, era el momento. Ahora o nunca.-bien, fue una experiencia tan placentera que… estoy pensando en pedir una prórroga… por tiempo indeterminado.
Ella lo miró, boquiabierta.
- Harry, ¿estás queriendo decir exactamente lo que yo pienso que estás queriendo decir?
Él sonrió.
- No lo sé, Gin. Te lo diré bien claro. Ginebra Molly Weasley, ¿deseas quedarte a vivir conmigo aquí, en mi casa, por tiempo indefinido y fuera de las presiones y los ardides de Ron y/o Hermione?
Ginny le sonrió de vuelta, radiante.
- ¡Oh, Harry! ¡Si! ¡Claro que quiero!
- Eso supuse- murmuró él con voz suave.
Se quedaron así, uno contra el otro, durante muchos minutos. Él le acariciaba el cabello con dulzura, y ella tenía los ojos cerrados, enajenada, mientras escuchaba el latir del corazón de él.
- Harry…- dijo, rompiendo el silencio de repente y aún no creyéndose a si misma capaz de decir lo que estaba a punto de decir.
- ¿Si, Gin?
- ¿Sos consciente de que mañana deberemos hacernos pasar por novios verdaderos, pues esta vez no puede haber ninguna falla, frente a catorce personas que no nos quitaran los ojos de encima- él asintió con la cabeza- y que ni siquiera nos hemos besado?
Él ladeó la cabeza y la miró intensamente por unos segundos.
- Tienes razón- asintió por fin, muy serio- Pero eso puede solucionarse muy fácil.
Sin otro aviso que este, él agachó la cabeza y la beso, tomándola por sorpresa, pues aunque ella había hecho la insinuación, no se esperaba esa reacción. A decir verdad, no estaba muy segura sobre que era lo que esperaba.
Él la besó con delicadeza y ternura primero, recorriendo sus labios con suavidad, ante la nula respuesta de ella, aún sorprendida. Evidentemente, sabía lo que estaba haciendo, pero Ginny no quería saber como lo había aprendido, solo cerró los ojos y dejó que él la guiara. Luego del minuto que él tardó en aprenderse de memoria sus labios, amago a retirarse con sutiliza, pero ella, que no estaba dispuesta a darse por vencida tan fácilmente, los entreabrió apenas, y ese fue todo el permiso que él necesitaba. La besó, y ella lo besó de vuelta. Sintió el contacto frío de los dientes de él contra los de ella, única cosa sólida que la unía a la realidad, y se negó a dejarlo ir tan pronto, pues ninguno de los dos sabía cuando se repetiría ese contacto sublime. Se alejaron poco a poco, reacios los dos a abandonar la cálida morada de la boca del otro. Se quedaron frente contra frente, respirando agitados, chocándose sus narices, y él no pudo resistirse y la besó otra vez. Esta vez un beso fuerte, apasionado, mientras presionaba su lengua contra la de ella. Y luego si, se separaron lo suficiente como para poder mirarse a los ojos.
- Bueno…- dijo Harry, agitado, porque pensó que debería decir algo- Un problema menos, supongo.
Ella le respondió con un beso dulce, suave, casi casto comparado con el anterior.
- Ginny- dijo él entre sus labios, entre beso y beso, entre suspiro y suspiro- Ginny, ya es hora de acostarnos.
Ella se alejó, disgustada.
- Le quitas toda la diversión al asunto, ¿sabes?
Él sonrió. Se acercó a ella y le depositó un beso en la mejilla. La magia se había roto. Volvían a ser solo amigos.
Y, aquella noche, él no pudo negar que su teoría era cierta y que, ahora que volvía a dormir acurrucado contra el cálido cuerpo de ella, volvía a dormir plácidamente. Y, entre pensamiento y pensamiento, acerca del sabor dulce o la suavidad de los labios de ella, Harry se fue quedando dormido.
Y, aquella noche, mientras sentía él cuerpo de él acomodarse junto al de ella en posición de cucharita, ella no pudo evitar dormirse con una sonrisa en los labios, entre un pensamiento de "¡No puedo creer que besé a Harry Potter!" y otro acerca de lo deliciosos que eran sus besos.
Definitivamente, Ginebra Weasley nunca sería buena en Adivinación.
Pues me da igual si existe un hechizo de separación o algo parecido, pues acabo de inventarme uno. Suena poco impresionante, pero es latín. Quería cambiarle la o del final por una a y hacerlo imperativo ("Sepárate" en lugar de "separar"), pero quedaba horroroso, y si nuestra amada Rowling usa siempre infinitivos (¿por qué será?), infinitivo quedará.
No es una mala teoría, después de todo. Eliza Sommers, a quien previamente se la había explicado su tía Miss Rose Sommers, se la explica a su luego marido Tao´Chien en el libro "Hija de la Fortuna", de la brillante escritora chilena Isabel Allende.
Un adjetivo que se utiliza casi únicamente con palabras como batalla, guerra, victoria, triunfo, etc. Hace referencia a un éxito que se ha obtenido a costa de grandes sacrificios. Viene de Pirro, antiguo rey de Macedonia y Epiro que intentó conquistar parte de Italia y que, en su lucha con Roma obtuvo victorias solo a costa de grandes pérdidas.
Notas de la Autora:
¿Les he mencionada (si, les estoy hablando a ustedes, los que están leyendo el fic, no se hagan los desentendidos) que los amo y los odio a la vez? Porque no puedo evitar amarlos, con los hermosos reviews que me dejan, pero no puedo evitar odiarlos cuando me obligan a cometer un crimen tan atroz como escribir capítulos tan largos… ¡y tan rápido! (quiero que sepan que suelo ser muy lenta para publicar)! Así que, por favor, ¡no pierdan la costumbre!.
Sé que no se pueden contestar los reviews, pero, Deina, aún espero el e-mail que me prometiste, y, Thiago, ¡quiero otra traducción de "Un asunto de Circunstancia"! ¡Lo leí en inglés, pero no es lo mismo!
Bueno, hermosa gente, espero que hayan disfrutado este capítulo y (¿por qué no?) particularmente ese(esos) beso(s), y que dejen muchos reviews!
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
¡Gracias por leer!
Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían
Estrella
