Colección de varios drabbles de trescientas palabras (y el último de ciento cincuenta) pegados en un solo capítulo. Tal vez este sea el último que suba en algún tiempo debido a mis múltiples ocupaciones (ja ja ¡en serio!) y a que quiero atender otros fics, y entonces cuando lo continúe voy a tratar de elaborar una buena historia para los novatos y no simplemente relatos corititos. Los personajes le pertenecen y siempre le pertenecerán a Marvel, los utilizo aquí sin ningún fin lucrativo.

Rookies.

Capítulo 4.

Por: Lindo usagi.

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Aun queda algo cuando alguien se va, cuando alguien parte y nos deja para siempre sigue habiendo algo. Ese algo que nos dice que esa persona no se ha ido del todo, que una parte de ella permanece con nosotros, pero luego tu cabeza se golpea fuerte contra el piso para darte cuenta de que ya no volverás a verla, que sus labios se han apagado y no volverán a emitir una sola palabra y aunque parezca que ya no queda nada hay algo…

"¡Es que no puede hacer nada para que deje de extrañarlo señorita Manh!".

Me detengo en seco frente a la lápida del señor Beaubier, con la vista fija en ella. Extiendo las rosas rojas que compré para él a lo largo de la inscripción. Veo la estatua que le hicieron el día de su muerte, ya gastada e impertérrita, y algo me dice que su cuerpo no se encuentra ahí, que pronto volverá a la escuela y al lado de los estudiantes, apago la última luz que me quedaba de esperanza y me resigno, pero ya no lloro.

"¿Tu nombre clave es Anole, Victor?".

Sus palabras, las mismas que pronunciaba con una autoridad y una impavidez inquebrantable, para muchos era la persona más fría, pero con el Alpha Squadron, y especialmente conmigo se comportaba como un gran amigo, un compañero, un igual.

"¡No te rindas Victor, hala fuerte con tu lengua!".

Por eso es que cuando alguien se va sigue quedando algo y muchas cosas más. Siguen quedando las memorias y el tiempo compartido, siguen quedando los sentimientos, pero sobre todo sigue quedando el vacío, la soledad.

—Adiós señor Beaubier… Northstar.

Me alejo silencioso con el viento corriendo en mi contra y golpeándome la cara. Cuando una persona se va siguen quedando restos de ella en el interior.

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Julian Keller. Mutante telekinético. Ex-líder de los Hellions.

—¡Sofia no se ha ido!

Envolvió su cuerpo con un aura verde, y comenzó a levitar por los aires. Lanzó un grito a la nada y las ventanas de su cuarto se redujeron a cientos de fragmentos. Respiraba hondo para calmarse, pero su furia sólo iba en aumento. Sofia, ex-mutante conocida como Wind Dancer dejó la mansión y sin avisarle, se fue para siempre.

Salió al jardín atravesando la ventana envuelto por su campo. Podía sentir la arteria en las sienes estar a punto de estallarle, estaba enojado. Gotas cristalinas resbalaron desde sus ojos, debía contenerlas, pero decidió dejarlas salir.

—¡Sofia!

El sol le daba a su cabello negro una tonalidad rojiza, sus ojos despedían destellos blanquecinos. Avanzó hacia el jardín del instituto dejando un camino de pequeños cráteres.

Una vez en ese lugar se concentró, levantó los brazos y los nervios se tensaron en su rostro. Gimió tratando de contener el peso que sostenía con su mente y poco a poco algunos de los árboles a su alrededor se elevaron unos metros, al igual que el jardín completo que fue separado del resto del lugar.

Ya no pudo soportarlo y su campo se desvaneció completamente. Los árboles y el pedazo de tierra cayeron levantando una nube de polvo y un crujido estridente inundó el lugar. Julian cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar descontroladamente.

­—Regresa Sofia…

Lejanamente una silueta observaba lo ocurrido, se encontraba a mucha distancia, pero aun así sus ojos podían enfocar perfectamente. Era Laura Kinney quien veía cómo su compañero de equipo se partía de dolor, odiaba verlo sufrir, pero no podía hacer nada para consolarlo, tenía miedo de acercarse a él. Siguió observando expectante a Julian con esos ojos esmeraldas.

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La habitación estaba pacífica, solitaria, oscura, y a pesar de eso se podían percibir unos cuantos destellos dorados que reaccionaban con la luz que se colaba por las cortinas entreabiertas y gruesas. Josh Foley permanecía estático, sentado en la cama, pensativo, sin emociones, hundido en un mar de caos. Desde hacía unas cuantas semanas la depresión lo había arrastrado sin que se pudiera resistir. No comía ni dormía, tampoco quería salir de su cuarto, ni hablar con nadie.

El día M, la muerte de sus compañeros en el autobús, el asesinato de Laurie… todo pasó muy rápido para asimilarlo correctamente.

Un pensamiento cruzó como centella su mente. Se paró y se arrastró como pudo hasta uno de los cajones en un buró de madera, podía ver, sus pupilas se encontraban completamente dilatadas. Fue palpando con sus manos el interior hasta que encontró lo que buscaba. Estaba harto, arruinado, y desesperanzado. No veía mucho remedio a su estúpida vida vacía y hueca.

Sacó una navaja y sin pensarlo demasiado hizo unos cortes largos y profundos en su muñeca izquierda. La sangre comenzó a fluir a borbotones, no podía verse, pero imaginó el líquido escarlata escurriéndosele por el brazo, podía sentirla. Apretó la boca para ahogar los gemidos que le causaba el tremendo dolor y enseguida se imaginó tirado y ya sin vida, no podía terminar su vida de esa manera por muy miserable que ésta se hubiera tornado.

Cubrió la herida con sus dedos tratando de hacer presión y poco a poco se fue cerrando. Dejaba de sangrar. Se sentía derrotado, abatido y sin fuerzas, era un cobarde, no había podido terminar con lo que empezó.

Enseguida varias lágrimas que brillaron como cristales resbalaron por sus mejillas pálidas. Comenzó a sollozar, no quería llorar, pero era demasiado tarde para contenerlo.

—Me haces falta Laurie…

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Se sentía rechazado, nadie parecía tomarlo en cuenta desde el día M. Sufría de insolación en el desierto. David Alleyne, el chico que alguna vez fue conocido como Prodigy, líder de los New Mutants, había pasado en una sola noche a ser un simple humano, sin esa sed de conocimiento que siempre lo impulsaba a investigar y a ser el mejor estratega de los estudiantes en el Instituto Xavier.

Noriko, su novia siempre estaba metida en el Cuarto Peligro, entrenando junto al equipo más joven de X-men. Se sentía sólo, apartado de los demás estudiantes que quedaban. Contaba los segundos y los minutos, parecía que la eternidad se le escurría por entre los dedos sin cambio alguno, pasaban horas y no veía ninguna diferencia.

Extrañaba a sus amigos, extrañaba a todos sus compañeros. Sofia se había ido hace mucho tiempo de la mansión. Laurie y Jay fueron asesinados por Stryker. Sintió partirse en pedazos cuando recordó eso. Josh estaba hundido en depresión desde unas semanas antes y Nori… Los extrañaba realmente, la escuela era un caos, todo en general.

Sintió que el mundo lo engullía, que lo devoraba. Seguía contando los minutos y no veía cambios, todo iba mal y todo estaba mal.

—¿David?

Oyó una voz conocida y enseguida volteó hacia el frente. Una silueta oscura se acercaba moviéndose lenta y rítmicamente. Pudo ver claramente a la persona cuando estuvo cerca suyo. Era Noriko Ashida, Surge, su novia. Su cabello celeste resplandecía aun en la oscuridad.

—¿Estás bien?

—Uh… sí, yo…

Noriko lo ayudó a que se levantara del rincón en donde estaba tumbado. Él se acercó a ella lentamente y la envolvió entre sus brazos, acercándola más a él.

—Por favor Nori-chan, abrázame fuerte y nunca me dejes.

—David yo…

—¡Te extrañé tanto!

Comenzaron a besarse con delicadeza. No le gustaba sentirse sólo y no quería sentirse así nunca más.

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Wolf Cub jugueteaba con sus dedos peludos, volteó a ver a sus otros compañeros, su desesperación y aburrimiento era evidente. Pixie batía despacio las alas sin provocar más que un leve zumbido. Match miraba por la ventana, mientras que las flamas que rodeaban su rostro proporcionaban algo de luz y calor a la habitación e Indra sólo tenía la cabeza gacha, al parecer absorto en sus pensamientos. Era una mala temporada para los estudiantes y no pintaba nada mejor.

—Deberíamos estar ahí adentro con ellos —Nick acabó con el silencio—. Somos capaces de hacer muchas cosas por el equipo, por los nuestros.

—¡Pero claro! —continuó Megan, como si se hubiera telepateado con Wolf Cub— La señorita Frost tenía qué escoger a cuatro Hellions en el equipo.

—No es justo —dijo Indra desanimado.

—Pero espero que algún día nos acepten —Ben trató de tranquilizar al grupo.

Fin del capítulo 4.

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Aquí estuvo algo con Julian y Laura a petición de Agus y Moony, aunque no es mucho que digamos. ¡Wah! No puedo evitarlo, me siguen saliendo puras historias angst, pero el siguiente será una buena historia, lo prometo, aunque tal vez me tarde mucho en actualizar este. Espero sus reviews.

¡Hasta pronto!