Lo prometido es deuda. Dije que iba a escribir una historia mejor elaborada, no sólo drabbles, y aquí está. Favor de leerlo sin ninguna persona cerca, en completo silencio y entre la oscuridad de la noche. Que lo disfruten.
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Rookies.
Capítulo 5.
Por: Lindo usagi.
Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.
Edgar Allan Poe,
El cuervo.
La medianoche tiene diversos significados y muchas variantes en cuanto a los hábitos de cada persona que reside en la enorme mansión de Xavier. Para la mayoría representa la hora en la que descansan y viajan por esa estrepitosa vorágine de sueños y fantasías del subconsciente. Para las gemelas Stepford significa la hora en la cual cada una de ellas comparte, con tan sólo pensar en ello, los chismes y secretos que rondan por las aulas de clase.
Pero para una persona en especial tiene un significado único, diferente de todos. Para Megan Gwynn la medianoche es la hora en la que los miedos más grandes se adueñan de ella y le ocluyen lenta y dolorosamente la garganta. Y todo por el insomnio. Todas las noches maldice su desgraciada suerte.
En lo que respecta a la media noche de hoy, otra vez es lo mismo...
Recostada en su cama y cubierta con las sábanas empezó a gimotear descontroladamente siendo testigo del escenario que se expandía frente a ella en medio de la habitación, como un infinito vasto y negro. Ni siquiera el haber estado en el limbo, en medio de todos esos demonios causó en ella tanto terror, como en esos momentos. La oscuridad la desconcertaba, pero no era eso lo que más odiaba, lo que hacía temblar a sus músculos, sino el silencio. El silencio que se cernía sobre ella y la absorbía, lo pensó otra vez y concluyó que definitivamente era eso lo que hacía sus dientes chirriar.
Aborrecía el silencio, por eso prefería tener a alguien a su lado con quien charlar. Siempre estaba cantando, riendo, bailando o volando a toda velocidad por la mansión, para olvidarse de él.
Maldito insomnio, se dijo nuevamente. La luz del exterior que traspasaba el cristal dibujaba en la pared extrañas criaturas negras que parecían sonreírle y burlarse de ella. No debía pensar en ello, ya no quería pensar en ello o le sería imposible dormir, tan sólo eran los malditos árboles de afuera y el viento que los movía.
—¡Ah! —chilló y se giró bruscamente hacia la ventana cuando sus ojos captaron algo proyectado en la pared, algo anormal. Vio una sombra extraña pasar a toda velocidad, pero después los árboles siguieron moviéndose con esa espeluznante regularidad, no era nada—. Fue sólo tu imaginación Megan. Sí, fue sólo tu imaginación.
Apretaba la sábana con sus dedos y se tapaba media cara con ella, temblando. Alcanzó los audífonos que yacían sobre el buró de madera y encendió el reproductor, suplicando que la batería gastada funcionase aunque fuera por unos cuantos minutos. Cuando tenía insomnio era mejor llenar el silencio con ruido. Esperaba que en lo que escuchaba música el sueño volviera a ella.
Tarareaba la canción, mientras dejaba de temblar, pero su miedo no se iba, ese miedo a lo desconocido. La oscuridad resultaba algo desconocido. Lo desconocido que se encontraba en todas partes. Fuera de la mansión, en el pasillo, en su habitación, debajo de la cama...
—¡Deja de pensar! Deja de pensar, deja de pensar —se repetía a sí misma constantemente. Luego comenzó a mover la cabeza al ritmo de la canción. En un instante recordó, sin darse cuenta exactamente de cuál momento fue, cuáles eran todos sus miedos de la infancia y sintió que comenzaban a trepar sobre ella, como decenas de manos negras, hasta su cabeza. Intentaba combatirlos con la música, intentaba olvidarse de ellos, pero luego de un rato parecía lograrlo.
De pronto la música se apagó. A las baterías no les quedaba ni un poco más de energía. Silencio de nuevo, demasiado hermoso para que fuera cierto. Bostezó una vez y sus párpados comenzaron a pesarle, sonrió por eso, tenía sueño de nuevo. Por fin iba a dormir.
Fue colocando lentamente la cabeza sobre la almohada acolchonada y fue cayendo en el pozo de la inconsciencia, un lugar en donde no temía, ni pensaba. Oyó un golpe seco y rápido, y luego la cara le dolió. Era el sonido de un balón estrellándosele en el rostro. Cuando tenía once años, le llegó la primera regla, pero acompañada de un extraño cambio físico. Su madre le repetía que a esa edad su cuerpo cambiaría pero ella no se imaginaba cuánto, su mutación comenzaba a manifestarse entonces. "¡Toma esto orejas de duende!". A los niños les gustaba molestarla y le lanzaban el balón cada que ellos jugaban baloncesto, no extrañaba para nada esos años y por eso aun soñaba con ellos de vez en cuando, pues quedaron sepultados en el fondo de su mente. Pero ahora estaba muy a gusto con sus "poderes", como ella prefería nombrarlos. Oyó otro golpe seco, pero esta vez era mucho más fuerte, eso no era un balón, se dio cuenta que era real. Despertó y alcanzó a escuchar cristales y piezas de porcelana romperse.
—¿Qué demonios...? —otro golpe.
Algo raro estaba pasando allá abajo y ella quería averiguar qué era eso, ya no sentía miedo, o por lo menos no era el mismo miedo de unos momentos atrás. Su cuerpo estaba inundado en adrenalina. Se bajó de la cama y palpó los azulejos fríos debajo de sus pies, entonces sintió un escalofrío recorrerle las extremidades. Avanzó hacia la puerta y la abrió con un movimiento rápido. Caminó por el pasillo con dirección a las escaleras para llegar hasta la planta baja. Los cabellos despeinados comenzaron a hacerle cosquillas en las mejillas por lo que los colocó detrás de esas orejas puntiagudas.
Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que algo iba mal. Los cristales de los enormes ventanales se encontraban rotos en mil fragmentos y las cortinas ardían en llamas. Había un espectáculo de luces anaranjadas iluminando la oscuridad. Bajó las escaleras y sus alas comenzaron a moverse con una rapidez increíble, provocando un leve zumbido. Alcanzó el lugar volando para no cortarse con los vidrios y vio los enormes muebles de madera en donde guardaban las vajillas de alta clase. Estaban destrozados en el suelo y algunos tenían fuego en las esquinas.
Llegó hasta el pie de las escaleras y la escena la aterró. Había una chica de cabello castaño y corto tirada en el piso. Era Hope Abbott, su amiga. Su piel tenía muchos cortes de varias longitudes y debajo de ella había un inmenso charco de sangre pegajosa. El corazón le latía fuerte, podía sentirlo.
—¿Hope? ¡Despierta... por favor! —pero ella ya no abrió los ojos pues había muerto desangrada. Algo horrible estaba pasando en ese lugar y ella era testigo de todo eso por una jugada cruel del destino. Comenzó a sollozar en silencio y volvió a dejar el cuerpo de Trance sobre el suelo colocándolo suavemente. Sus manos ahora estaban cubiertas de ese añejado líquido rojo.
No podía creer lo que veía cuando llevó sus ojos hacia enfrente. Eso no podía estar pasando, se preguntó si aun seguía durmiendo, pero no, era tan real como cuando uno es bañado por un chorro de agua gélida. Era la verdad, pesada y lacerante. Vio a alguien más tirado en aquel lugar, cuando enfocó bien ya sabía de quién se trataba. Era Ben Hammil, su cuerpo ya no ardía en llamas, estaba extinguido. Él fue quien provoco el incendio en el vestíbulo tratando de defenderse de alguien. Lanzó un aullido cuando sus lágrimas salieron a borbotones. Dos de sus amigos más queridos estaban muertos. Recordó cuando los conoció por primera vez en el escuadrón de los Paragons y se tocó el pecho.
Su mente no se encontraba clara, los pensamientos se aglutinaban en ella como nubarrones. Seguía atormentándose con una gran cantidad de preguntas. La más importante de ellas ¿quién había sido el que provocó tal masacre? ¿Los purifiers, acaso? Tal vez, pero ¿Dónde estaban los x-men, los adultos? Le extrañó no poder obtener una sola respuesta. Seguía llorando y gimiendo descontroladamente, pero debía pedir ayuda a alguien. Había la posibilidad de encontrar más muertos, de hecho estaba segura de encontrar más. En el lugar había una mezcla de olor a quemazón con una fragancia metálica, un olor a muerte y desesperación.
Avanzó hasta una de las habitaciones y vio una puerta entreabierta. Agrandó los ojos aun más cuando se asomó. La muerte le llegó a Paras Gavaskar a las doce y veintiocho cuando se encontraba enunciando sus plegarias. Al parecer algo lo asustó y su sistemas primitivos de defensa se activaron de inmediato, pues su exoesqueleto reforzado le cubría el cuerpo entero, murió arrodillado, no le dio tiempo de nada, la mitad de su cuerpo descansaba ensangrentado sobre la cama. Ni siquiera sus habilidades habían podido salvarlo de ese alguien, o algo.
A la una menos cuarto encontró el cadáver de Nicholas Gleason, uno más de sus amigos. La cabeza le había sido separado del cuerpo. Cuando su mutación se manifestó a los trece años de edad comenzó a salirle pelo por todo el cuerpo y su metabolismo fue cambiando poco a poco con cada año que acumulaba, hasta que sus hábitos se hicieron casi completamente nocturnos, por lo que fue una de las primeras víctimas al mantenerse alerta. Murió tratando de defenderse, pues sus garras eran visibles y mostraba sus colmillos. Megan sintió que el mundo se hacía pedazos y le caía encima cuando lo vio. Se dejó caer en el suelo derrumbada.
Le dolía el pecho como si le hubieran dado un puñetazo directo en él. No comprendía lo que estaba pasando, eran demasiadas cosas en tan poco tiempo y su cerebro no había podido asimilarlo todo. Tenía las pupilas en dilatación máxima, sus palmas tocaban la piel de la cara y entonces sintió ese líquido fresco y coagulado que aun le llenaba las manos, la sangre de Hope. Los músculos de las extremidades comenzaron a temblarle. Ya había entrado en shock cuando las lágrimas volvieron a escurrírsele por los párpados inferiores.
Sus amigos habían fallecido esa noche, Hope, Nick y Ben. Más muertes inocentes en esa escuela, ya eran demasiadas. Comenzó a gemir pausadamente y se dio cuenta de que ella también estaba en peligro. Tenía qué correr, esconderse en algún lugar. No. La palabra retumbó en su mente atronadora como un relámpago. Correr no serviría de nada. Lo que los mató a ellos iría tras su cuerpo hasta despedazarlo. Un sentimiento de coraje le ardió en el interior. Tenía qué ir por ayuda y luchar, como Pixie, como X-man. Debía evitar que alguien más muriera.
Se levantó del suelo y poco a poco se calmó. Sorbió el líquido que se le resbalaba por la mucosa nasal y se limpió las lágrimas con la parte de sus manos que no estaba cubierta de sangre. Fijó la mirada entre la oscuridad y apretó la mandíbula. Iba a luchar y ser fuerte.
Avanzó sigilosa sobre la pared apoyándose con las puntas de los dedos y las alas aferradas a la espalda. Vio la vía libre hacia el pasillo y avanzó hacia él.
Al poco tiempo reconoció dos cadáveres más. Roxanne Washington, conocida como Bling! Su cuerpo de diamante estaba roto en pedazos. El otro era Sydney Green, conocido como Onixx, amigo de Rockslide. Su cuerpo de roca estaba fracturado y el cráneo metálico aplastado. No había hablado muchas veces con ellos, pero le dolía. Aun así tenía qué avanzar.
Llegó hasta el final, pero no encontró nada. No había rastro de alguien más. Se giró y corrió a toda velocidad de vuelta al vestíbulo. Su cuerpo envuelto entre la oscuridad nocturna era iluminado por las amarillentas llamas del fuego una vez allí. Se quedó quieta en un lugar y guardó silencio intentando contener su agitada respiración para escuchar algo. Entonces se dio cuenta de una cosa extraña, algo retorcido que se revolvía entre las sombras, sintió como un hálito calmado y pesado que le caía en el dorso del cuello.
Las piernas y las manos comenzaron a vibrarle siendo incapaz de coordinar sus movimientos. Lentamente y con mucha dificultad se dio la vuelta para descubrir la fría y dura verdad. Profirió un agudo grito cuando vio al monstruo que la observaba con una babeante avidez. Una criatura robusta con una brillante piel metálica, garras gruesas y colmillos afilados. Intentó dar algunos pasos hacia atrás, pero sus piernas no le respondieron, entonces sus alas comenzaron a agitarse y de ellas emanó un extraño polvo multicolor. La criatura abrió su enorme mandíbula y se acercó torpemente a Megan intentando morderla, pero ya era presa de alucinaciones.
—¡Atrás bestia! —era la sacrosanta voz de su salvación. Jamás desde que conoció a Sooraya Qadir le había dado tanto gusto verla, había llegado acompañada de Hisako Ichiki, Armor de los Astonishing X-men. Ellas tenían más entrenamiento acumulado y estaban más calificadas para pelear en una batalla. La chica con el manto negro pronunció algo en su idioma y su cuerpo se transfiguró en arena— ¡Turaab!
La ventisca de arena refrenó un poco a la bestia, pero no lo suficiente. Entonces Hisako cubrió su cuerpo entero con una especie luz azulada. La armadura que le dieron los espíritus de sus ancestros para protegerla según sus propias creencias religiosas, pero para la ciencia empírica era una magnífica mutación dotada por la configuración genética en su ADN. El instrumento para proteger a sus compañeras, para proteger a los suyos. Se abalanzó en contra del agresor y lo golpeó algunas veces en las quijadas reforzadas. La pequeña japonesa parecía tener la ventaja al principio, pero pronto el juego dio un giro de trescientos sesenta grados y la criatura estuvo a punto de encajarle sus colmillos, atravesando la armadura.
—¡Hisako! —gritaron las otras dos al unísono mientras su compañera en el suelo se resistía a ser mordida. Pixie comenzó a lanzar más polvos alucinógenos de sus alas de hada, pero a la criatura parecía no afectarle gran cosa, sólo actuaba con algo de torpeza. Enseguida una enorme sombra embistió al monstruo plateado y Armor quedó liberada. Era Nezhno Abidemi, Gentle. Sus tatuajes de vibranium brillaban fluorescentes como luciérnagas en la oscuridad. Su masa muscular se veía cuatro veces incrementada y su cuerpo parecía la torre de un fuerte real. Podía sentir que el corazón le latía a mil por hora como si fueran martillazos en su pecho musculoso.
Había llegado su salvación, pero ¿por cuánto tiempo sería así? Nezhno corría grave peligro en ese tamaño. Rodearon a la bestia y esta gruñó una vez que se sintió amenazada. Gentle dio un paso hacia enfrente volviendo a golpearle las mandíbulas blindadas.
—Es el predator x, un comemutantes —les dijo la mutante afgana a sus compañeros con voz tranquila, pero que aun sonaba preocupada— Fue hecho con la piel de mercurio de Cessily por las personas que crearon a Laura. Este logró escapar y ha venido por nosotros, por todos nosotros. ¡Nos matará a todos! —se cubrió el rostro con las manos.
—Eso no pasará.
La voz de Nezhno sonó profunda y tranquilizadora. Se abalanzó nuevamente en contra del predator x como si de eso dependiera su supervivencia, y así era. Intentaba romperle la mandíbula, pero parecía una tarea imposible. El gigante aumentó el tamaño de su cuerpo para ganar más fuerza. Se oyó un "crac" en el cuerpo de la bestia y comenzó a lanzar ensordecedores aullidos de horror.
—¡Debes descansar Nez! —gritó Megan preocupada al momento en que recordó que Nezhno podía morir si seguía manteniendo ese tamaño, demasiada carga para su corazón. Volvieron a su mente los recuerdos de cuando este la salvó en el limbo, le tenía una especie de agradecimiento y cariño desde ese entonces. Lo consideraba "su héroe".
Y lo impensable pasó sin que se dieran cuenta, en cámara lenta. Se oyó un sonido seco como si se tratara de huesos de pollo torciéndose hasta romperse. Nezhno lanzó un grito de dolor y se tocó el pecho como intentando arrancarlo. La bestia se echó al suelo para recobrar fuerza, pero todos estaban al pendiente de su amigo como para contraatacarla. Gentle se sujetaba el brazo como si se le fuera a caer. Infarto al corazón. El dolor era insoportable.
Para cuando Nezhno volvió a gritar el corazón ya le había estallado nuevamente. Las válvulas cardíacas quedaron inservibles con la imposibilidad para arrojar sangre a los tejidos. Le dolía el tórax completo y gruñía intentando contener ese dolor agonizante y entonces..., un tercer estallido en el interior. Muerte irremediable.
El cuerpo de Nezhno cayó en seco en el suelo y las chicas gritaron impotentes. Sus músculos volvieron a su tamaño habitual, pero él ya no estaba vivo. El corazón le estalló tres veces cuando intentó salvar a sus compañeras. Corrieron a su lado e intentaron hacer algo, pero a esas alturas ya era más que imposible.
—Viene por mí —objetó Sooraya—. Yo soy la presa, puedo sentirlo en la forma en que me mira con esos ojos blancos.
Megan llegó a la conclusión que por eso los cuerpos mutilados de sus amigos todavía no habían sido devorados. Porque él iba tras Sooraya, quería comerla entera, era su jugoso manjar, su premio.
—Turaab —gritó una vez más la mutante y su cuerpo se convirtió en arena roja y pesada. Una ventisca más agresiva que la anterior. Esperaba poder morir luchando y cuando eso sucediera quería ver nuevamente a Jay Guthrie, no importa en dónde él se encontrara, era su más grande anhelo. Esperaba que Alá se lo permitiera.
La arena frenó a la bestia, cegándola por completo. Un rugido al aire las ensordeció. Aun así podía valerse por sus otros sentidos, pero Sooraya formó un torbellino alrededor de la criatura, suplicando a sus compañeras que se alejaran y protegieran el cuerpo inerte de Nezhno.
Quería arrancarle la piel de sus huesos, reducirlo a un esqueleto andante, reducirlo a nada. Si ella era la presa, era ella quien quería exterminarlo de una vez por todas, para que ya no causara más dolor. Megan y Hisako estaban listas para luchar, y morir si era necesario, pero no permitirían que el predator x tomara una vida más en aquel lugar. Lo iban a vencer, en nombre de todos los compañeros que murieron esa noche.
—¿Qué está pasando aquí? —una voz grave inundó el lugar e hizo eco en las gruesas paredes. Cuando la afgana cansada y jadeante volvía a sus ropas la criatura había podido ser mancillada, por lo menos unos instantes. Era la voz de Santo Vaccaro, que se movía con su enorme cuerpo de roca sólida. Caminaba pesadamente con Cessily Kincaid en un lado. Miraron a predator x y la ira los invadió, estaban concientes del peligro que representaba. Sus habitaciones se encuentran en el ala más alejada del vestíbulo, pero aun así habían podido escuchar algo extraño y salir de sus habitaciones. Cuando se encontraron en el pasillo que comunica a los dormitorios sabían que algo raro pasaba en aquel lugar y llegaron al acuerdo de detenerlo no importaba lo que fuera. Eran X-men y así lo harían—. Todas detrás de mí, chicas.
Se colocaron detrás Rockslide y este estaba dispuesto a luchar. Vio los destellos de la piel metálica de Cessily iluminar la pared y un pensamiento le cruzó la mente. Sí, estaba dispuesto a morir por ella. La criatura se abalanzó nuevamente en su contra, pero todos estaban dispuestos a luchar y a acabar con ella.
Fin.
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Sólo tengo pensado un capítulo más para este fic y eso es todo lo que tengo planeado hasta el momento. Creo que el principio quedó algo gracioso para ser una historia de "suspense", pero funciona. El final pienso que quedó muy apresurado, en fin. El caso es que tengo casi un mes intentando terminar la historia y no podía. Aun así espero les haya agradado, aunque sea la mitad de ella, y el final los deje con la duda carcomiéndoles las entrañas.
