Capítulo 2: "Número 12 de Grimmauld Place"
Hacían exactamente unos cinco meses y 18 días que el joven Malfoy le había pedido, junto a su madre, una estadía en la casa de los Black. Y él no había podido desobedecerles, aún seguían siendo sus amos.
El joven Malfoy frecuentaba la casa casi todos los días. En ocasiones, visitaba a alguno de sus amigos y le pedía que armara su equipaje para sólo unos cuantos días, y él gustoso, lo hacía. Mientras que la señora, su ama, ella sólo permanecía en su habitación. Arreglándose y mirándose al espejo, cumpliendo una rutina fantasmal, como si al momento siguiente fuera a darse una fiesta en el salón principal. Otras veces salía, callada y sumisa, como un animal viejo, débil y cansado, a dar vueltas por la casa. Se la veía deprimida. Tocaba con sus finos y largos dedos cada mueble, cada pared, cada cuadro, como si con ese simple gesto, las imágenes, los sonidos y aromas, todos sus recuerdos, volvieran a su mente, otra vez.
Habían veces en las que Kreacher divisaba en aquellos ojos, un toque apenas familiar, con aquel que durante el último tiempo había sido su amo. Aquel ex Gryffindor traidor, como solía llamarlo su madre desde el cuadro del pasillo. Y eso a Kreacher lo enfadaba. No podía entender como aquel que desprestigiaba a su adorada familia, pudiera tener un parentesco o una simple similitud con su adorada y agraciada dama. Se le antojaba injusto e inconcebible.
El joven amo Draco era, en cierta forma, diferente. En apariencia, le recordaba mucho al señor Lucius, pero tenía la gracia y los ojos azul platinados propios de su madre, le bella y elegante Narcisa. ¡Ah! Pero cuando se enojaba, tenía el tinte especial de un Black en sus ojos, destellando ira contenida. Por sus actitudes, le recordaba a la traviesa Bellatrix. Aún así, no podía dejar de pensar que en los primeros días, cuando había llegado a la mansión junto a su madre, cansado, ojeroso y más pálido de lo normal, le recordaba prácticamente al desdichado joven Regulus. Pero no podía negarlo, a veces seguía teniendo el sarcasmo de Sirius, aquel miserable traidor. ¡Le hervía su sangre elfina el recordarlo! Y aunque no lo sabía aún, en pocos minutos, vería al joven amo con aquel brillo preocupado y protector característico de la pequeña Andrómeda, compadeciéndose siempre de los más débiles. Pero aún así, aún después de todo, aquel seguiría siendo su amo. Como el mejor y el último de los Black.
Cayó de rodillas junto al cuerpo que yacía descuidado sobre la nieve. De pronto descubrió con asombro y terror que sus manos se volvieron temblorosas y sudorosas. Algo no muy típico en él, cuando una de sus mayores características era la seguridad. Algo increíble y difícil de creer.
Acercó sus manos al cuerpo, decidido a confirmar si sus sospechas eran ciertas. A centímetros de tocarlo, creyó que el cuerpo le había mandado una descarga eléctrica a la mano derecha, no sin darse cuenta después que se trataba de un picotazo rápido y certero. La había olvidado. Levantó la vista asombrado y allí estaba, una lechuza blanca lo miraba con el enfado despedido en sus ojos, frente a él, y junto al cuerpo.
- Tranquila, Hedwig.- se alejó sólo unos centímetros.- No voy a hacerle daño. Sólo... sólo quiero... – se detuvo en su monólogo. ¿Qué era lo que en verdad quería? Pues averiguar si ese era quien creía que era. Pero eso era algo más que obvio. Sus ojos lo confirmaron con un solo vistazo, aquellos cabellos revueltos eran inconfundibles para él. Pero... ¿qué se suponía que quería entonces? Y con la mayor claridad que su voz insegura le permitió, terminó diciendo: cuidarlo. Quiero ver si está bien, Hedwig. Yo puedo ayudarlo. ¿Me lo permites?
Y allí llegó su salvación, pudo oírlo desde lejos. El aleteó le aseguró que estaba bien respaldado. Por ello ni siquiera se molestó en voltear la cabeza cuando Fawkes llegó a su lado. Observó impaciente pero quieto, cómo el ave blanca observaba al ave rojiza, hasta reconocerla. Entonces volvió sus ojos hacia él, el chico que parecía ser una amenaza para su amo.
- ¿Puedo?- se animó a preguntar, ahora con voz más firme.
Era evidente que no recibiría una respuesta verbal, pero el gesto evidenció la repentina confianza del ave en él, puesto que se elevó unos centímetro en el aire, mostrando que llevaba un paquete en sus patas. Ello llamó la atención de Draco, pero no era el momento de averiguar qué era aquello que con tanto recelo el ave guardaba.
- Bien... veamos.- Draco tocó por fin el cuerpo tendido en la nieve, y una corriente eléctrica recorrió pasó de un cuerpo al otro.- ¡Diablos¿Qué fue eso?
Ahora dudaba si la vez anterior había llegado a tocar el cuerpo en vez de haber recibido un picotazo, pero la pequeña marquita roja en su mano derecha le indicó que había sido verdad. Pero ¿qué había sido aquello? Miró a ambas aves que aleteaban a sus espaldas, ambas lo miraban con detenimiento. Hasta Fawkes permanecía expectante.
- Potter.- llamó con cautela. Volteó el cuerpo con cuidado y entonces pudo verlo. Sí. Efectivamente se trataba del Gryffindor.- Oh, por Merlín.
Un detalle particular surcaba aquel rostro bronceado. Tenía marcas de múltiples golpes y moretones. Aún tenía rastros de sangre seca que emanaba de su nariz. Un ojo morado, los lentes trizados. Definitivamente el moreno no la había pasado muy bien que digamos. Pero eso era lo de menos. ¿Qué haría él ahora¿Cui- cuidarlo como le había dicho a la lechuza? Tal vez fuera lo menos que podría hacer. O simplemente podría dejarlo en algún lugar del castillo cerca de la cabaña del gigante o cerca del lago (aunque allí corría el riesgo de ser llevado por el calamar gigante), de modo que cualquiera de sus amiguitos Gryffindor lo notara y lo llevara a la enfermería.
Pero Draco no reaccionaba. Había algo en él que le decía que no hiciera eso. que era mejor que él mismo lo cuidara, para estar seguro de que el moreno se compondría y volvería a su estado normal.
Pero ¿cómo lo haría? Ya lo vería después. Ahora debía sacarlo de ahí, antes que alguien los viera a ambos, aunque se encontraran bastante lejos del campo de Quidditch y los terrenos del Bosque Prohibido, pero aún así dentro de los terrenos de Hogwarts.
Era peligroso, no solo estaban los alumnos. En los últimos meses, Draco aprendió que las criaturas que habitaban el Bosque Prohibido también solían deambular por los alrededores, incluso había logrado ver en dos ocasiones, cómo a lo lejos, en los terrenos que limitaban con los terrenos de Hogwarts, acechaban los Mortífagos.
Llegaron a la colina y la bajaron apresuradamente. Ambos agitados, quedaron estupefactos al descubrir la escena a la que el fénix los había conducido: Draco sostenía entre sus brazos el cuerpo del Chico Dorado, un Gryffindor... Harry Potter.
Las explicaciones vendrían después. No importaba cómo ni cuándo había sucedido. Pero los tres sabían que debían sacarlo de allí. Y mientras más rápido, mejor. Se aparecieron en el número 12 de Grimmauld Place. Más específicamente frente a él, puesto que la mansión tenía embrujos antidesaparición que ellos mismos habían colocado a principios de la temporada de vacaciones. Entraron con prisa para no ser vistos, y fueron recibidos por una horda de elfos domésticos.
Ordenaron un botiquín de emergencia, pociones y vendas para poder curar al chico que llevaban con ellos. Aquella era una vida que no debían perder. Sus propias vidas, las de los tres, dependían de él. Del niño que vivió.
Bueno, respondiendo a los reviews. Ésta es una historia muy reciente, y bueno, es Draco quien encuentra a Harry. Contrario a la mayoría de los fics. Jeje, hay que ser un poco originales¿no? ;P
