Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros). La trama es mía, no robes, no publiques en ningún otro sitio sin mi permiso expreso. No escribo con ánimo de lucro.
EDIT: Lo mismo que antes. Fanfcition me ha borrado el fic, estoy muy cabreada, fanfiction me ha borrado el fic BLA BLA BLA BLA BLA (ahí irían insultos varios).
FUEGO
-Te veo cabreado, Weasley -comenta Draco cuando el susodicho pelirrojo entra como un vendaval en la sala de Requerimientos.
-¡Eres un cabrón! -tiene las mejillas arreboladas y aprieta la mandíbula.
-Oye, ¿eso que tienes en las manos es tierra? -frunce la nariz-. Lávate las manos antes de tocarme.
-¿Qué?
-Que te laves las manos antes de tocarme, Weasley, no quiero que me ensucies la ropa. Pensaba que al estar más tiempo a mi lado se te pegaría algo de mi insuperable inteligencia -le mira-. Pero ya veo que no.
Ron frunce el ceño, aprieta más la mandíbula. Se acerca a él con las manos levantadas, decidido, y le toca la camisa -blanca, impoluta, las palmas abiertas y los dedos estirados- dejando un rastro oscuro, haciendo que unos cuantos granos de arena áspera se cuelen en el hueco que hay entre la camisa y la piel de Draco.
-¡¿Qué haces?! -escandalizado, cabreado.
-Llevo cuatro horas destrozándome las manos con Hagrid para que ahora, además, te comportes como un crío mimado e imbécil -le mira y sus ojos azules parecen tan llenos de enfado como sus palabras.
-No veo que relación pueden tener ambas cosas.
-¡Qué ha sido tú culpa! -pierde la calma, enfatiza el tu, le atraviesa con la mirada.
-Perdona -dice Draco-, pero nadie te obligó a venir.
-¡Pero me lo pediste!
-Ya.
Ron expira, inspira, expira, inspira y expira otra vez. Aprieta los puños, se esfuerza en calmarse.
-Sigue siendo tu culpa -afirma, convencido.
Draco suelta un resoplido que a la vez es una risa. Le mira con una sonrisilla sardónica y luego habla, con ese tonillo de superioridad.
-Mira Weasley, lo sea o no me da igual -su sonrisa se acentua-, yo no...
Y Ron le pega un puñetazo. Así, de buenas a primeras. El puño impacta contra la mejilla y es ahora el pelirrojo, quién sonríe, más calmado.
-¡Me has hecho daño, imbécil! -le dice cuando se recupera. Le mira, incrédulo, lleva una mano a la zona dolorida.
-Te lo mereces, Malfoy -se gira y se va, andando a paso rápido, conteniendo la sonrisa eufórica -de mil quinientos vatios- hasta que él ya no puede verle.
-¡Eres un imbécil, Weasel! -le grita, y no recibe contestación, Ron ha cerrado la puerta. Detrás de sí.
Draco se palpa la mejilla, aún incrédulo. ¿No era que le tenía en el bote? ¿Qué ese Gryffindor haría todo lo que él quisiera?
No entiende lo que acaba de ocurrir, pero si Molly Weasley estuviera a su lado y hubiera visto eso, después de recuperarse un poco de la impresión, le diría que son los genes Weasley.
Carácter de fuego, pelo rojo como las llamas, el completo opuesto a esa tranquilidad casi helada que es una segunda piel para cualquier varón Malfoy.
Ronald Weasley acaba de morder a la serpiente y esta se retuerce de rabia contenida, de incredulidad mal disimulada. Puede que la mordedura de un león no sea letal, pero duele.
Joder si duele.
