Harry Potter y el Ejército del Fénix
Capítulo 3: "La Realidad, parte 1"
Harry caminaba sólo por los pasillos. Hermione y Ron estaban en la biblioteca, el pelirrojo arrastrado hacia allí por la castaña de cabellos enmarañados. Hermione estudiaba para su examen de Aritmancia, puesto que según ella debía leer alrededor de 10 pergaminos completos y ella sólo había logrado leer 3. mientras que Ron debía terminar su tarea de Transformaciones sobre los animagos, tarea que Harry ya había terminado el día anterior, cuando se suponía el pelirrojo también debía estar haciéndola, pero en lugar de eso se había quedado dormido en un sofá con el libro sobre su abdomen y con las babas a más no poder. El hecho es que como Harry no tenía nada que hacer en la biblioteca y no tenía ganas de seguir allí, había salido a dar una vuelta por el castillo. Le servía para pensar un poco sobre los últimos meses.
Luego de haber terminado su sexto año, Harry pasó sólo una semana con los Dursley, mientras que el resto de Julio y Agosto los pasó con Hermione y los Weasley en la Madriguera. La última semana de Agosto antes del comienzo de clases habían ido a pasarla con Hermione y por fin habían conocido a sus padres. A criterio de Harry, ambos muy amables y sencillos en su forma de ser, solían bromear acerca de las posibles relaciones de Hermione con algún chico misterioso, lo que los hacía incomodar a los tres, pero siempre terminaban con alguna broma placentera que los hacía salir de la incomodidad.
Comenzaron las clases con parsimonia, excepto Hermione claro, que se había anotado para todas las materias que habían y era la que más deberes solía tener. Pero éste curso, para alivio de Harry y Ron, era muy distendido, como era el último año, la pasaban afuera, bajo el Haya frente al lago, su lugar favorito, más incluso que en la biblioteca, a veces para disgusto de la chica.
En ocasiones se había vuelto a preguntar ¿dónde podría estar Draco Malfoy en aquellos momentos? Pero no solía comentárselo a sus amigos, ni tampoco giraba en torno a ese tema durante mucho tiempo. Sólo sentía la vaga necesidad de saber algo de él, claro que lo atribuía a que según lo que él quería creer, el bienestar del rubio había sido el último deseo de Dumbledore antes de su muerte, incluso a lo largo del sexto año, cuando fingió que no sabía nada acerca de la misión del chico de cabellos platinados. El resto del tiempo pasaba olímpicamente aquel tema.
Todos los meses tenían salidas a Hogsmeade que los ayudaba a relajarse y a disfrutar de los días lindos y soleados, generalmente bastante calurosos. Hasta que llegó el invierno, y con ello la Navidad.
Harry llegó junto al Haya frente al lago y sentó debajo de ella. No había pasado allí más de unos diez minutos, cuando alguien llamó su atención, una chica de cabellos cortos y negros como la oscuridad. Bastante bonita, debía admitirlo.
- ¡Potter! Allí estás. Estuve buscándote.- cuando Harry se giró para observarla, incrédulo, unas manos le taparon los ojos por detrás.
- ¿Nunca te dijeron que no anduvieras sólo?-siseó otra voz, ese era un chico. pero no reconocía el timbre.- ¿Dónde están tus amiguitos pobretones?- fue entonces cuando lo tiraron hacia atrás, de espaldas contra el suelo.
Harry no logró reaccionar ante tal repentino ataque, sólo pudo doblarse por la cintura cuando una patada le fue propinada en la boca del estómago, haciéndolo encogerse de dolor. Al momento siguiente, consiguió ver cómo una zapatilla se acercaba peligrosamente hacia sus cara, justo antes de sentir crujir los huesos de su nariz y de que el sabor amargo de su propia sangre le inundara la boca y aquel líquido escarlata le corriera por el rostro, bajando por su cuello.
Se llevó las manos a la cara, intentando cubrirla con los brazos. Pero en ese momento, alguien con una fuerza sorprendente, lo tomó por la túnica y lo hizo pararse en menos de un segundo, para luego propinarle un puñetazo en el ojo derecho, trizándole los lentes por completo. Y era tal el dolor, por la fuerza con que le pegaron, que ni siquiera logró abrir los ojos a tiempo para identificar a sus atacantes, puesto que al instante, oyó pronunciar tres hechizos a la vez, que lo hicieron perder la conciencia con rapidez inusitada. Los hechizos le dieron en la espalda, y le impidieron defenderse. La velocidad con que sucedieron los hechos ni siquiera lo llevaron a preguntarse ¿por qué¿Por qué justo a él¿Qué había hecho? Pero no habían respuestas, solo oyó aquellas voces, y luego... la oscuridad.
- ¡Impedimenta!
- ¡Desmaius!
- ¡Expeliarmus!
Con somnolienta lentitud, levantó los párpados. Necesito algunos minutos para descubrir que no llevaba los lentes puestos, que no podía moverse sin que las costillas le crujieran y que sentía un frío recorrerle el cuerpo que le calaba los huesos.
- Ay...- logró decir.
- Tranquilo, Potter. No te muevas.
- Uy... me duele...
- Y no hables. Necesitas descansar.
- ¿Mal-malfoy?- logró decir. Realmente estaba sorprendido. Aquello no se lo esperaba.
- ... - la respuesta tardó en llegar.- Si. Soy yo.
El rubio pudo percibir la incomodidad del otro, incluso él mismo sufría una extraña incomodidad. Acababa de aconsejarle a su mayor enemigo que no debía moverse ni hablar por su propio bienestar.
- ¿Qué?
- Shshshshs... que eres terco, Potter. Acabo de decirte que no hables. Pero no te preocupes, no estarás sólo. Les dije a Kreacher y a Dobby que te vigilen hasta que yo vuelva. Si no lo hago, ellos te darán de comer.
- ...- Harry permaneció en silencio unos minutos, aún sintiéndose observado.
Estaba extrañamente avergonzado, no era humillación sino el repentino deseo de que la tierra lo tragase de inmediato. Como si la sola presencia del ex Slytherin le incomodara. Y descubrió entonces que el rubio lo había estado cuidando, tal vez por días, tal vez por horas, no lo sabía bien. Y sintió de pronto las ganas de agradecérselo, aún sin saber como, y por la situación, no tenía muchos medio por los que hacerlo. De modo que esperaría para agradecérselo en otra ocasión. Pero cuando notó que el peso en la cama a su lado desaparecía, sólo entonces la desesperación por agradecerle le hizo entrar en pánico. El rubio se iría y él no podría decirle nada, por ello al instante siguiente, sin que lo pensara y sin poderse contener, de su boca salió aquella mágica palabra. Y se animó a decir un simple y tímido "Gracias", aunque claro, no obtuvo respuesta alguna.
Si, lo sé. No tienen que decírmelo. No está del todo claro. Aún hay muchas cosas que contar, pero entonces ¿para qué existen los capítulos? (Jej, es lindo manipular a la gente ;P) Solo dejen reviews. De a poco voy a ir aclarando sus dudas. Pero por ahora, ahí abajo está el botoncito, clickeen y a dejar un mensajito.
Bye... yop ... marcia.
