Harry Potter y el Ejército del Fénix

Capítulo 4: "La Realidad, segunda parte"

Corría con desesperación, como si la vida le fuera en ello. Es que en realidad, no hay otra oración que pueda expresar tan bien su situación. Debía correr para poder vivir. ¿En clase de gallina se había convertido? En una de las peores.

Draco Malfoy corría por los terrenos de Hogwarts con toda la rapidez que sus escuálidas piernecillas le permitían. Su corazón latía con grandes golpes dentro del pecho. La vista se le nublaba de a ratos, cuando traicioneras lágrimas se acumulaban en sus orbes grises, pero no las dejaría salir. No, claro que no. allí se quedarían. Pero la angustia y la desesperación que lo embargaba le hacían vibrar, mientras que los nervios lo hacían sentirse indefenso, y el frío lo sacudía en incontrolables temblores involuntarios.

Si antes se lo podía llamar un alumno de Hogwarts, oriundo de la Casa Slytherin, ahora se lo podría confundir sin problemas con un cervatillo perseguido por un hambriento zorro.

Oía gritos lejanos, pero no podía distinguir las voces. El viento le azotaba la cara y no lo dejaba escuchar. Tampoco que hubiera podido, su atención se centraba en correr lo más lejos posible del lugar. Y su única salvación por el momento sería correr detrás de aquellos seres terroríficos envueltos en túnicas negras con capuchas que iban unos cuantos metros más por delante que él. Debía seguirlos, no podía perderles el rastro, eso le había dicho su padrino. Y no le quedaba más remedio que obedecerle, puesto que muy por encima de su propio orgullo, debía reconocer que el hombre de cabellos grasos y semblante ceñudo lo había prácticamente salvado de aquella terrorífica misión que se le había encomendado desde que hubiera empezado su sexto año en el colegio. Realmente estaba en deuda con Severus Snape. Pero más tarde se encargaría de agradecérselo. El peligro aún no había cesado.

Los vio frenar de a poco, de modo que él también fue disminuyendo su paso hasta llegar junto a ellos, juntándose todos en un grupo numeroso de personas encapuchadas o enmascaradas. Y lo peor de todo era que no conocía a ninguno, y eso lo hacía ponerse más nervioso de lo que estaba. No había nadie más allí, estaba solo.

Al detenerse, los miró estupefacto, aterrorizado. Aquel grupo podía matarlo con una sola mirada. Por ese motivo decidió colocarse su propia capucha, escondiendo su rostro contorsionado bajo ella.

Todos lo miraban, o al menos eso le pareció, pero para estar más seguro se giró para ver en la dirección en que todos veían. Era claro que no lo miraban a él, esperaban a que todos sus compañeros Mortífagos terminaran de llegar. Y Draco se sumó a los espectadores, viendo como tres o cuatro sombras oscuras se deslizaban colina abajo para internarse en el Bosque Prohibido. Y Allí estaba.

El castillo podía verse, imponente. Contrastaba perfectamente con el cielo oscuro, anochecido; y lo rodeaba el Bosque Prohibido, con todo su esplendor verdoso y tupido, dándole un toque más importante. Y no pudo evitarlo. Gimió. Un lamento apenas audible. Y le pareció raro escucharse así mismo lamentarse, y sitió... si, no había otra forma de explicarlo. Sintió como si alguien o algo más hubiera compartido ese lastímero aullido. Pero no pudo identificarlo. Aunque le pareció que al momento siguiente escuchaba un melódico cantar, a lo lejos. Como dentro de un rincón remoto de su propio interior, o en su cabeza. Realmente no sabría describirlo.

Lo oyó unos momentos, y después cesó.

Se dobló por la cintura, colocándose las manos en las rodillas, sosteniendo todo el peso de su cuerpo como mejor pudo.

Estaba exhausto. ¡Diablos si jamás había corrido tanto! Aquello era peor que cualquier entrenamiento de Quidditch. Sentía que aquel órgano que latía en el pecho le iría a estallar de un momento a otro, como si el corazón fuera a escapársele por la boca. Las piernas le temblaban descontroladamente, la nariz congestionada y la cabeza un torbellino de ideas. El frío le calaba los huesos, y el pensamiento absurdo en esos momentos de que tendría que haberse abrigado mejor, le recordó a los consejos de su madre. La bella Narcisa. ¿Dónde estaría¿Cómo se encontraría? Y la angustia volvió a agolparse en su pecho.

Hundido en sus cavilaciones como estaba, se sobresaltó demás cuando una mano fuerte y grande, de adulto, se afirmó a su hombro derecho. Alzó la vista y se encontró con los ojos de su salvador.

- Padrino.- dijo con la voz trizada, y lo más que pudo fue aferrarse al cuerpo de su jefe de Casa. El hombre asombrado respondió al abrazo con menos intensidad a como lo hacía su ahijado.

- Draco, tranquilo.

- Gra-gracias.- susurró con el temblor inundándole la voz, mientras su cabeza se perdía en pecho del hombre.

- Suéltalo ya, chico. Vas a asfixiarlo.- una voz gruesa y profunda lo volvió a la dura realidad. Seguramente había sido Greyback o McNair. Aún no los conocía a todos. Entonces recordó que ese atrevimiento podía costarle la vida, y que estaban rodeados de Mortífagos.

- Lo... lo siento.- dijo cuando soltó al hombre de cabellos oscuros, con la cabeza gacha.

- No hay problema. Sólo...

- Lo sé. Tendré que controlarme.- contestó Draco automáticamente.

- Exacto.- susurró el otro con el tono de voz más autoritario y reprochador que pudo conjurar.

Los demás estaban a sus espaldas, un poco más alejados, pero aunque no los escuchaban del todo bien, los observaban sin perder detalle de sus expresiones y movimientos. Aquello fugitivos seguramente querrían explicaciones para lo que había ocurrido dentro del castillo. Incluso su Señor las querría, pero ¿cómo irían a librarse de ellos? Draco entendía que al abrazar a su padrino, acababa de meter la pata. ¿Desde cuándo el joven heredero de la fortuna Malfoy andaba regalando abrazos? Era algo demasiado extraño para que pasara desapercibido por los servidores del lado oscuro.

- Vámonos. Mientras más rápido estemos con el Señor, más rápido terminaremos con esto.- ordenó Snape, como si nada hubiera pasado. Los demás asintieron y todos comenzaron a caminar nuevamente en dirección contraria a la del castillo.

- ¿Adónde vamos, Severus?- se animó a preguntar.

- ¿No te parece imprudente esa pregunta?- respondió el otro.

- Yo...- el chico volvió a bajar la cabeza apenado. Era cierto, se trataba de una pregunta estúpida dadas las circunstancias. Claro que lo próximo que harían sería presentarse al Señor Tenebroso, justo como lo habían acordado al comienzo de la misión.

- Está bien, Draco. Estás nervioso. Es... entendible.- dijo el otro lanzándole una mirada conciliadora.

- Tengo miedo, Severus.

- Yo...- el hombre lo observó un momento. Luego les echó un vistazo al resto de sus compañeros, quienes caminaban delante de ellos unos cuántos metros más allá. Imposible que lo oyeran responder a esa inquietud del chico.- También tengo miedo, Draco.- vio cómo el chico lo contempló sorprendido. Y cómo sus facciones formulaban una nueva pregunta que el chico no se atrevía a decir por sí mismo.

- Tengo miedo por mi,... por ti... y por tu madre.- terminó diciendo.

- Quiero verla, Severus.- el chico de rubios cabellos, ahora sucios y enmarañados, llenos de barro y hojas y ramitas de cuando había cruzado el bosque en su desesperada carrera, le devolvía una mirada inconfundible. Expresaba súplica.

- Lo sé. Yo también.- contestó, impasible.

Ambos bajaron la mirada, hacia sus zapatos, como si de pronto su caminar fuera lo más importante del mundo. Notó como el rubio alzaba la vista de repente y cuando cruzaron nuevamente una mirada, sus ojos tenían un brillo especial, esperanzado.

- Tú puedes llevarme con ella. ¿No es así? Tú puedes hacerlo. Puedes llevarme con ella. Puedes escondernos a ambos, Severus.

- Yo no...

- Por favor, Severus. Sabes que no podré ver al Señor Oscuro y bloquear mi mente frente a él. Me será prácticamente imposible. Tú puedes ayudarme.- ambos pararon su andar, Draco mirando suplicante a su ahora ex profesor de Pociones, y Severus mirando a su ex alumno, estudiando las posibilidades que tenía de salir a salvo con el chico y con su madre.- ¿Lo harás?- aquel fue el detonante, pensó el hombre.

- Si.-los ojos del chico comenzaron a lagrimear.- Pero...- Snape vio como la expresión de alegría y la tentación del chico a tirarse de nuevo a sus brazos desaparecía de repente.- ...no podré permanecer con ustedes luego.

- No hay problema. Mi madre cuidará de mi, como siempre lo ha hecho... y yo cuidaré de ella.- agregó al ver la mirada escrutadora del hombre que tenía en frente.

- Draco¿estás seguro?

- 100 seguro, Severus. ¿Lo harás?

- Agárrate de mi brazo con fuerza.- dijo el hombre de cabellos grasientos mientras le tendía su brazo derecho.- Será mejor que nos apuremos antes de que noten nuestra ausencia.

- Está bien.- Draco se sujetó con fuerza al brazo de su padrino, para momentos después sentir aquel tirón en el ombligo que significaba que se estaban Apareciendo.

Y se sentíó mejor. Aún habían posibilidades de escapar. Aún había escapatoria alguna a ese mundo de infierno en el que se había convertido su propio mundo mágico, su vida entera.

Ahora sentía que nuevas esperanzas se habrían paso en su camino.


Bueno, ak otro cap. Espero les guste a todos y muchísimas gracias por sus reviews. Me gustó comprobar que el misterio que dejo en cada cap los atrapa a todos por igual, eso me dá mucha satisfacción y ganas para seguir escribiendo, en verdad.

Con respecto al fic en general. Como no quiero perder lectores hago una aclaración. Éste fic es enteramente slash y como todos deben haber descubierto es un Harry/ Draco.

Pero como, como ya les dije, no quiero perder lectores. Aquellos que como Seirius no les gustan los slash pero la historia en si les ha gustado, prometo escribir la historia con dos versiones: la slash y el fic completamente hetero o mejor dicho (y lo más probable) sin ninguna pareja.

Por eso quiero consultarte a ti, Seirius si ¿te gustaría que hiciera un fic igual a éste pero totalmente despojado de relaciones slash? Si es así, lo haré con mucho gusto. Pero necesito que me digas si quieres que el fic se llame igual pero en vez de "Harry Potter y el Ejército del Fénix " que sea "HP y el Ejército del Fénix" para establecer la diferencia; ó si lo prefieres, que le cambie el título a la historia. En todo caso, espero una sugerencia tuya para un nuevo título.

Si me permites, esa historia sin slash será dedicada para ti. Espero aceptes, eso por ser tú el primer lector de mi fic en dejar un review y el primero de todos los que dejaron reviews que esperaba y deseaba que la historia no fuera un slash.

Bien, como decía. Ojalá les guste éste capítulo y disipe algunas dudas. Si no es así, ya habrán otros capítulos para ello.

Ah! Y por cierto, para que sepas Dark Guy, he recibido gustosa a Nagini ayer. Estuvimos hablando un buen rato, porque claro, yo se hablar pársel, y definitivamente ella no está conforme con los cuidados que le has estado dando a la pobre, se queja de que siempre la mandas a ella cuando quieres desquitarte con algún escritor de la pagina. Y con respecto a Bella, la he mandado nuevamente a Azkabán, creo que allí se sentirá más cómoda. Espero que tus tácticas de tortura la próxima vez sean más efectivas. Jej ;P

Mil besitos a todos y cuidense mucho.

Espero más reviews, la pregunta es ¿los habrá?

yop... marcia.