Harry Potter y el Ejército del Fénix
Cápítulo 9: "Incógnitas Resueltas, primera parte"
Le sudaban las manos. Otra vez. Era la segunda vez en el mismo día. La primera cuando lo había encontrado abandonado en la nieve, ahora cuando había recibido por parte de él un sencillo agradecimiento. ¿Qué diablos le pasaba¡Era Potter, por Merlín! Nadie importante, no estaba tomando ningún examen, ni siquiera se encontraba frente al Señor Oscuro. Y no saber qué era lo que le producía aquel ridículo y repentino nerviosismo lo ponía de mal humor.
Pero había algo más. Cuando supo que Potter estaba despierto, un sentimiento protector se apoderó de él. Fue entonces cuando le sugirió al chico de cabellos oscuros que permaneciera quieto, pero aún cuando aquel no pudiera verle puesto que no llevaba sus anteojos puestos, se sentía incómodo. Observado como nunca. Y la repentina necesidad de querer salir corriendo de allí, le inundó el pecho.
Un escalofrío lo sacudió por completo cuando, con los nervios de punta y un nudo en la garganta, traspasó la puerta de la habitación hacia el exterior y se apoyó junto a ella. Suspiró. Y de a poco se dejó caer hasta llegar al suelo. Se sentía sudoroso bajo las túnicas, pero aún así un extraño frío le erizaba la piel.
Permaneció así algunos instantes más, y decidió que iría a las cocinas por algo de beber, probablemente un té rojo, fuerte y caliente.
Caminaba silencioso por el largo y apenas iluminado pasillo, sus pasos inaudibles e inseguros. Llegaba ya a la puerta de la sala que tendría que atravesar para bajar a las cocinas, su mano sobre el pomo de la puerta se detuvo antes de lograr girarlo. Unas voces suaves y un poco distantes se oían del otro lado. Draco se acercó a la superficie de madera y aguzó el oído. Pero las voces que, calmadas y susurrantes intercambiaban palabras, no eran del todo nítidas, como si temieran ser escuchadas por oídos indiscretos.
- Mal, Draco. ¿Acaso no te han dicho que oír a escondidas una conversación ajena es de mala educación?- aquella repentina voz lo hizo sobresaltarse.
Se giró lentamente, sonrojado por la vergüenza de su acto erróneo, cuando levantó la mirada de a poco.
- Eres un maldito.- murmuró con ira contenida. Acababa de pegarse el susto de su vida y recibía una broma pesada de su mejor amigo. Se sintió humillado, lo aumento su enfado.
- ¡Jajajajaja¡Te hubieras visto la cara¡Hasta te sonrojaste! No puedo creerlo, debí tomarte una foto.
- Debiste quedarte callado, maldito bocón. ¡Por Merlín! Me diste el susto de mi vida. ¡Pero ya me las pagarás, Blaise! Fue tu última jugarreta.- lo señaló evidentemente fastidiado.- Eres insoportable.- el chico moreno y alto aún se desternillaba de risa. Le encantaba cuando Draco reaccionaba, uno de sus pasatiempos favoritos era molestarlo o gastarle aquel tipo de bromas.
- Habló el Príncipito de los más santos.
- Cierra la boca, serpiente.- Draco le pegó en la cabeza sin delicadeza alguna.
- ¡Auch! Eso dolió. Fue muy duro de tu parte.
- ¿Qué sucede aquí¿Por qué tanto barullo?- se oyó una voz detrás de la puerta, al abrirse. Y ambos pudieron ver a un hombre de facciones hoscas y duras. Totalmente intimidante, para cualquier otro que no fueran esos chicos.
- Tranquilo, tío. Simplemente le estaba dando una pequeña lección de vida a mi mejor amigo.
- ¿A qué te refieres si se puede saber, Zabini?
- A nada.- respondió el rubio, al tiempo que le lanzaba una mirada amenazadora a su amigo moreno, y pasaba junto a Severus Snape con paso decidido, rumbo al interior de la sala.
Adentro, una mujer de elegante belleza, sentada sobre un gran sofá de colores oscuros, los observaba con expresión indescifrable, hasta que ambos chicos entraron a la estancia, y vio al hombre de cabellos grasos farfullar algo inteligible pero definitivamente desprovisto de buen humor. Sonrió. Aquellos eran seres muy queridos, y los últimos con quienes tenía contacto humano. Solía cartearse con una amiga de Draco una vez por mes. Pero eso no la ayudaba del todo a quedarse tranquila, mucho menos en paz.
- Buenas noches, hijo. ¿Cómo te encuentras?- preguntó mientras el muchacho rubio se acercaba a ella, rodeaba el sofá y besaba su frente con cariño y respeto.
- No muy bien, madre. No del todo. ¿Y tú?- ella tomó una de sus manos y lo hizo sentarse junto a ella.
- Mejor. Ya no tengo esos frecuentes dolores de cabeza.- aseguró, con un tono tranquilizador en la voz.
- ¿Estas segura?- preguntó el muchacho.
- Si, tranquilo.- ella acarició una de las mejillas de su hijo, y notó que la piel se volvía más pálida de lo normal. No ayudaba en nada que unas profundas ojeras adornaran el rostro de su niño por debajo de los ojos azul grisáceos.- Veo que no has dormido del todo bien, últimamente. ¿Me equivoco?
- No, madre. Es cierto.- respondió él, observándola con la ternura reflejada en sus orbes grises.
- Pues claro que no está del todo bien. Hace días que está cuidando de Potter.- el rubio se giró al moreno, quien permanecía con los brazos apoyados en el respaldo del sillón simple en que Severus estaba sentado. Aquella mirada lo hizo callar, aunque no por mucho tiempo. La mujer los miró curiosa.
- Y... ¿cómo está?
- ¿Quién?- Draco se sobresaltó ante la pregunta. No se la esperaba, y sintió de repente que un calorcito pasajero le inundaba las mejillas.
- Pues, Potter. ¿Quién creías?- otra vez habló el morocho.
- Zabini¿quieres dejar de ser tan entrometido?- lo reprendió Snape, mirándolo con desapruebo por encima de su cabeza. Ante tal gesto, Blaise se desplazó lentamente fuera del alcance del mago de ojos oscuros, podía llegar a ser muy peligroso cuando se lo proponía.
- Lo siento.- se disculpó con las manos en alto, y se dirigió al lado opuesto, junto al otro sofá simple, pasando innecesariamente por detrás del sillón donde Draco y Narcisa se ubicaban, hasta sentarse él mismo y disponerse a cerrar la boca por un buen rato. Su sillón estaba a la derecha de su ex Jefe de Casa, pero aún así un poco alejado. Frente a sí, las llamas crepitaban con suavidad y un vaivén hipnótico en la chimenea, único sonido del todo audible en la sala.
- ¿Y bien?- lo instó la mujer.
- Está... no sé cómo está. Aún no he charlado con él. Pero parece que se está recuperando. Tardará un poco en sanar, las heridas fueron rudas, pero además de los dolores temporales parece que no se vio muy afectado.
- ¿No hablaste con él?- inquirió Snape.
- No.
- Está bien, Draco. Necesitarás darle tiempo cuando despierte, para asimilar los hechos y luego le explicarás dónde y cómo lo encontraste. Y dónde está también. Quien lo cuidó y tal vez pueda explicarte ¿qué le sucedió?
- Eh... si. Creo que sí.- Draco se sentía más nervioso ahora con su madre y los demás mirándolo que en la habitación con Potter. Diablos, era realmente incómodo.
- Pero no es eso lo que te preocupa¿verdad?- Narcisa Malfoy observó a su hijo, impasible. Esperaba una respuesta con más paciencia de la que tenía. No podía creer que, aún después de todo, su hijo siguiera siendo tan cerrado.
- Pues...
- Creo que le incomoda hablar sobre Potter.- aseguró Blaise.
- Zabini, ya basta ¿quieres?- lo urgió Snape nuevamente.- Draco, sabes que puedes confiar en nosotros, tanto como nosotros confiamos en ti. ¿Sucede algo?
- ¿Algo que quieras decirnos... o preguntarnos?- aventuró su madre.
- Bueno, si. Pero no sé cómo empezar.
- Por donde mejor te plazca, nosotros te oiremos de todas formas.
- Zabini.
- Está bien, lo siento.
Draco los observó, realmente parecían preocupados. Por él. Por nadie más. Querían escucharlo decir lo que tenía que decir, y ya era hora de que sus dudas salieran a flote.
- Está bien, pero no aquí.- se irguió cuan largo era y se encaminó decididamente fuera de la sala. Los demás compartieron miradas de asombro y expectación, pero segundos más tarde lo siguieron, rumbo a la biblioteca.
- ¿Es algo malo, hijo?
- No, madre. Pero no me gusta la sala, aquí estoy más cómodo.- Draco encendió las luces de la araña de bronce que brillaba sobre sus cabezas, y la habitación se iluminó considerablemente. De todos modos muy pronto comenzaría a amanecer afuera.
Draco los observó un rato, indeciso. Mientras ellos lo observaban a él. Se decidió por sacar la carta de entre los pliegues de su túnica, y se la tendió a Snape, quien la tomó entre sus manos y comenzó a leer, al tiempo que el muchacho de cabellos dorados comenzaba su relato.
- Soy conciente que los tres recibieron cartas de Albus Dumbledore, mucho antes de que yo recibiera la mía, pero ¿es eso cierto?- dijo mientras paseaba por la sala. Narcisa se había sentado en un pequeño sillón de lectura, mientras los otros dos la rodeaban, ambos a cada lado. A visión de Malfoy, Snape por la izquierda, Zabini a la derecha.
Snape terminó de leer y le pasó la carta a Narcisa, quien la leyó en silencio.
- ¿Esto explica sus salidas constantes en las tardes?- preguntó Narcisa mientras levantaba la vista a su hijo, quien se apoyaba en la pared, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido.
- Así es. Blaise y yo estuvimos realizando una búsqueda. Algo complicada, por cierto. Pero está dando sus frutos.- aseguró el rubio.
- Bien. ¿Y qué quieres saber?- preguntó su madre.
- En primer lugar¿desde cuándo comenzaron a cartearse con Dumbledore? En segundo lugar, qué les encomendó a cada uno. Tercero... ¿por qué nunca me lo dijeron?- la voz comenzó a fallarle, era lo que tanto temía. La traición de su familia.- ¿Por qué... arriesgaron sus vidas para... salvarme?- los ojos se le estaban nublando.- Quiero saberlo todo... desde el comienzo.- exigió. Se secó las lágrimas con la manga de la túnica cuando su madre comenzó a hablar.
- Desde... cuando... cuando entraste a Hogwarts,... a los pocos días, tu padre me envió una carta. Decía que seguramente, ahora que él permanecía en Azkabán, el Señor de las Tinieblas reclamaría su puesto entre sus filas, y en su lugar te elegiría a ti para que... cumplieras una importante misión.- su madre suspiró sonoramente.
Blaise la miraba con respeto mientras escuchaba también partes de la historia de aquellos magos tan cercanos a su familia, que él tampoco conocía. Severus permanecía con la miraba baja, como ausente en sus propios recuerdos.
- Todos sabíamos cual era tu misión, creo que hablo por todos cuando digo que lo presentíamos. Como que la crueldad del Señor Oscuro no nos era indiferente, de modo que se nos era fácil suponer su manera de obrar en esos casos. En tú caso.- acentúo Narcisa.- Me sentí entonces con una terrible angustia incrustada en el pecho, supe que debía hacer algo. Como madre, y como mujer, un sentimiento de protección total, más que en cualquier otra situación, me llevó a pedir ayuda. Y al único que creí capaz de poder satisfacer mi desdicha, con las armas necesarias para poder ayudarte sin poner más aún en riesgo tu integridad física, fue a Severus.- esperó un momento, estudiando seguramente las reacciones de su hijo. Pero no le sorprendió que el semblante pálido del chico no cambiara en lo absoluto. En primer lugar, porque aquel echo no le era indiferente, ya lo conocía. Y en segundo lugar, porque era todo un Slytherin y de él no podía esperarse otra cosa.- Él me dijo que era peligroso. Pero no fue el único, Lucius, Bella, todos pensaban igual. Entrometerse en los planes del Señor no era muy recomendable, nadie con un poco de amor propio se arriesgaría tanto. Nadie que no tuviera el valor suficiente para enfrentarlo. Pero como madre me vi movida por el sentimiento de amor puro hacia un hijo, y le pedí, le rogué a Severus su intervención si algo en tu misión salía mal.- Narcisa volvió a suspirar.- Sé que no te gustó mi manera de obrar, de tomar las cosas. Pero entiéndeme, hijo. Intenta ponerte en mi lugar. Siempre fuiste y seguirás siendo mi niño pequeño, nunca te vi como otra cosa. Y a tu edad no creí justa semejante responsabilidad.
- Pero son mi familia.- pareció hablar otra persona, parecía un penoso lamento en la garganta de un vagabundo, pero fue simplemente una réplica que escapó de los labios de Draco.
- Lo sé, Draco. Pero aún así. Nunca fuimos del todo valiosos. Eso lo sabes hasta tú mismo. Nuestras vidas siempre fueron sometidas a los ideales de la familia, una educación rigurosa y bien cuidada, y vivir por y para el Lord no era aún la mejor de las expectativas que yo tenía para ti. Por ello me inundó el pánico cuando vi la mínima posibilidad de perderte en un vago intento por fastidiar a alguien. Ese fue probablemente el detonante necesario para que yo reaccionara. Debo decirlo, comencé a odiar a tu padre. Después de todo él había sido quien cometiera los errores que te llevaban casi a una muerte segura, y a la perdición de nuestras vidas.- La mujer tomó un trago de una copa fina y larga que tenía entre sus manos, la había estado llevando desde que estuvieran en la sala principal. Luego continuó.- En fin, el que Severus me hubiera dado su palabra de cuidarte me había tranquilizado mucho. Pero más tarde, cuando recibía tus cartas, sentía la desesperación apoderarse otra vez de mi.
- ¿Por qué?- preguntó Draco, visiblemente abrumado por esa confesión.
- Porque tus cartas ya no eran las mismas, Draco. Porque sentía que en ellas expresabas el poco entusiasmo que te deba el arriesgar tu vida en tan peligrosa misión. Podía sentir yo misma cómo los esfuerzos por mejorar aquel estúpido armario te iban consumiendo las energías.- y sin que pudiera evitarlo, una lágrima silenciosa, solitaria y traicionera decidió lanzarse al vacío en que se convertía su recorrido, de los ojos bajando por la mejilla, hasta detenerse en el mentón, y allí tirarse a la suerte del aire.- Y lo siento tanto, Draco. Lamento con toda el alma que no pudieras terminar tu misión. Y sé,... sé que aún estas enfadado conmigo, y con Severus y tus compañeros. Pero es que...- la voz se terminó de quebrar, y Blaise le acercó un pañuelo a la dueña de las lágrimas, para que limpiara el rostro de amapola. Ella agradeció en silencio, y como pudo recitó las palabras.- es imposible no quererte. Muy... muy a tu manera te haces querer por los demás, aunque al principio parezcas totalmente mezquino y arrogante, sigues siendo muy en el fondo, solitario y falto de cariño. Y eso me hace sentir una mala madre. Eso me dice que nunca puse el suficiente empeño en cuidarte de las manías de tu padre, ni darte nunca el cariño y la atención que como niño realmente merecías.
- Pero...
- No importa ya. El hecho... el hecho es que intentamos durante todo el año protegerte con fallidos intentos, pero finalmente aquí estas. Sano y salvo. Tal vez sea algo esporádico y temporal. Pero al menos no podrán quitártelo tan fácilmente.
- ... gracias.- logró pronunciar. Se tiraría a sus brazos y lloraría con ella. Pero presentía que faltaba mucho por saber. Aunque tal vez no quisieran contarle todo de golpe, pero al menos lo más importante estaría con él.
- De nada.- ella le sonrió, para tranquilizarlo. Y Draco supo que de ahora en adelante se la vería más feliz. Acababa de sacarse un peso de encima. Lo sentía.
- Bien ¿quién sigue?- preguntó Draco, como si se tratase de un cajero comercial.
- Le permito, pero solo por ésta vez, hacer los honores al tío. ¿Quiere seguir, profesor?- ese era Blaise. Draco lo observó divertido durante algunos segundos. Su sonrisa maquiavélica le daba un toque travieso más que perverso. En ocasiones Blaise Zabini llegaba a ser extremadamente insoportable, y ésta era una de esas. Seguramente se había levantado con el pie equivocado, y su manera de enseñarlo era fastidiar al resto con un humor negro y exasperante.
Severus le lanzó una mirada que si las miradas mataran, pues Blaise ya hubiera estado bajo tierra hace algunos cuantos años, pensó el rubio. Pero al parecer, Severus Snape no tenía demasiadas ganas para discutir con su ex alumno, de modo que comenzó su versión de la historia. Su completa rutina.
Fiuuuu... realmente no sé a ustedes, pero éste cap me está dejando mucho que desear. En verdad. Cuando estaba a punto de empezar a escribirlo, sentía unas ganas de plenificarlo y de tener mucho cuidado en redactarlo y la manera en que acomodaba la información. Pero luego, la ansiedad y las ganas se fueron gastando. Me quedé con muy pocas ganas de escribirlo, pero éste cap les va a ir acomodando las ideas y los hechos poco a poco, hasta que lleguen a lo que realmente les importa.
El próximo cap es la continuación de éste, por ende, Severus y Blaise van a contar sus experiencias. Pero... me quedó una duda¿quieren que les cuente cómo terminó Harry así de machucadito en el próximo cap o en otro más adelante?
No sé, ustedes deciden. Jej... ahí veremos quienes son los más masoquistas o los más ansiosos. Espero ver de los dos tipos, jaja. Bueno, de los que más hayan y bue, ganarán esos.
Los dejo para continuar escribiendo.
Besitos y se me cuidan un montón.
yop... marcia.
