Harry Potter y el Ejército del Fénix

Espero algún review por ésto, realmente me tienen muy abandonada. Pero en fin, acá les traigo otro cap, los que lo lean, espero lo disfruten.

Advertencia: slash: relación hombre/ hombre, más específicamente Harry Potter y Draco Malfoy. ¡Empieza la acción chicos!


Capítulo 13: "Lágrimas curativas"

- ¿Y luego?- inquirió nerviosa Narcisa.

Draco movió sus labios a punto de contestar, pero un leve estallido a espaldas de su madre, hizo que todos los presentes voltearan a ver al intruso, y de entre una nube de polvo alcanzaron a distinguir una criatura naturalmente chillona al hablar.

- Lo siento, mi señora. Pero creo que a la señora Malfoy le gustará saber que hay más magos en la casa.- anunció el elfo doméstico.

Narcisa frunció el ceño y volteó a ver a Snape, quien parecía igual de afectado que ella frente a la información. Con una muda señal indicada por la varita desenfundada, el hombre de rostro cetrino le dio a entender que se apresurara a actuar. Ella instintivamente se puso en alerta, sacando su propia varita, mientras se ponía de pie. Severus viajó rápidamente rumbo a la puerta, mientras Narcisa daba las últimas órdenes.

- ¿Pudiste identificarlos?- interrogó.

- Si señora, Pyxie los reconoció como Aurores, señora. ¿Quiere que los detenga, señora?- preguntó servicial el elfo.

- Gracias, Pyxie. Tú y los demás elfos entreténgalos, nosotros iremos pronto.- aseguró ella.

- Como usted ordene, mi señora.

El elfo asintió haciendo una rápida pero pronunciada reverencia, y con otro sencillo "plop" desapareció detrás de una voluta de humo, rumbo a la entrada principal.

Narcisa miró a Draco y Blaise, quienes todavía seguían paralizados en sus respectivos lugares en la mesa, aún sin entender las reacciones de ambos magos. Ella les indicó que se incorporaran pronto, y les instó a sacar sus varitas también. Ellos obedecieron sin chistar.

- ¿Qué sucede, madre?- logró articular Draco.

- No hay tiempo para explicaciones. Quiero que me escuchen bien: Draco, Blaise...- los asió por los hombros, miró a ambos con cierto temor en sus ojos y nerviosismo en sus facciones.- ... necesito que vuelvan a sus habitaciones, ahora.- ordenó enfatizando la última palabra, frente a una posible réplica por parte de su hijo.- Enciérrense ahí, no salgan a los pasillos, e intenten no hacer demasiado ruido. Nosotros los distraeremos, pero no se metan. ¿Me escucharon?- inquirió más nerviosa, necesitaba la certificación de que ambos serían responsables frente a esa mínima situación de emergencia.

- Pero...- empezó a decir Draco. Blaise lo tomó del brazo y lo jaló en dirección contraria a la puerta de entrada, donde Severus aún revisaba con recelo que no hubiera moros en la costa, varita en mano.

- ¡Ahora!- chilló histérica Narcisa.

- Si señora Malfoy, no se preocupe.- añadió el moreno mientras tiraba de la túnica de Draco para que lo siguiera con rapidez por detrás de la estantería de la biblioteca, que los llevaría a un pasillo clave.

Narcisa los observó insegura hasta que los vio atravesar el pasillo que los llevaría a las habitaciones, y dio un respingo involuntario, presa del nerviosismo. Se giró decidida sin permitirse a voltear, y le dedicó al maestro de pociones una mirada significativa. Éste la miró con un leve atisbo de preocupación en sus ojos negros, pero pronto asintió como consuelo a una pregunta que no había sido formulada por la mujer, "¿Estarán bien?".

- No parecen haberse dispersado aún, probablemente los elfos aún los retengan frente a la entrada, en el vestíbulo quizás.- dedujo Snape.- Será mejor que nos apuremos antes que logren actuar.- le dirigió una mirada de aliento a la mujer de rubios cabellos, y ella asintió indicando estar lista para lo que posiblemente sería un enfrentamiento armado.

Varita en alto, ambos magos avanzaron con la debida cautela por el pasillo, hacia la entrada.


Luego de mantener la larga charla con Snape y Narcisa y, aunque fueron interrumpidos, Draco se sentía más liberado. Aún así faltaba mucho por preguntar y responder.

Blaise lo arrastró por el largo y mal iluminado pasillo, hasta llevarlo a las habitaciones del segundo piso. Allí, al final del pasillo, se separaron, en una bifurcación, cada uno en su propia dirección. Antes de desaparecer tras las esquinas, se dedicaron una mirada afligida, preocupada y repentinamente nerviosa y angustiada. Ninguno de los dos podía saber qué pasaría ahora. Draco se giró rumbo a destino una vez que vio perderse la alta e imponente figura de su moreno amigo, quien se dirigía hacia la lechucería. Volteó sobre sus talones, y comenzó a andar, sus movimientos elegantes, pero no por ello dejaron de ser sigilosos y algo tensionados, mientras apretaba la varita entre sus manos.


Sus pasos no se oían al pisar, por eso lo asaltó la inquietud cuando escuchó de pronto ruidos secos y huecos, graves. Golpes que a cada instante se volvían más intensos. Frunció el ceño, aquello no le agradaba. A medida que se iba acercando al cuarto, notó con un nudo en el estómago que aquellos ruidos extraños provenían de la misma habitación.

Corrió con rapidez, mientras su corazón latía con fuerza dentro del pecho, y cuando estuvo frente a la puerta, la abrió con brusquedad.

Draco Malfoy entró a la habitación que compartía con su nuevo e inesperado invitado.

Palideció de golpe, y por unos segundos que le parecieron años su cuerpo se vio inmovilizado por una fuerza invisible. Se había quedado paralizado por la conmoción.

- ¡Potter!- profirió un grito estrangulado.

Cuando pudo reaccionar, Draco corrió junto al otro muchacho, lo tomó por la cintura y jaló hacia atrás, intentando alejarlo de la ventana.- ¿Qué diablos crees que estás haciendo?

Los cristales opacos y sucios de polvo y telarañas que cubrían la ventana, podían verse picados, salteados en algunas partes, como si de a poco hubiesen sido gastados hasta llegar a darles filo, y ahora estaban teñidos de un rojo fuerte e inconfundible. El cuerpo entre sus brazos se estremeció con furia frente al contacto.

- ¡Déjame!- aulló Harry, mientras se removía inquieto entre los brazos del rubio.

- ¡¿Acaso estás demente?!- gritó Draco, colérico.- ¿Sufriste un defasaje mental?- no sabía que más decir, repentinamente se veía envuelto por una impotencia extraña.

- ¡Solo intento salir de aquí!- se justificó el moreno a gritos, retorciéndose.

- ¡Esa no es la manera, idiota!- Draco sujetó con más fuerza la delgada cintura del otro chico, mientras éste persistía en su intento de safarse del agarre.

- ¡Déjame! Suéltame!- Harry se balanceaba frenéticamente hacia atrás y hacia abajo, pero Draco no lo soltaba. Entre el forcejeo, el rubio recibió un cabezazo de parte del moreno, quien corrió nuevamente hacia la ventana cuando Draco llevó, inevitablemente, las manos hacia el tabique de su nariz, que mandaba descargas eléctricas a sus ojos, nublándolos en lágrimas.

Aún así, Harry logró apenas rozar las ventanas, cuando el rubio volvió al ataque y lo envolvió con sus brazos, tironeando hasta lograr conseguir el envión suficiente para tirarlo sobre la cama, a pocos pasos de distancia de las ventanas.

Draco tiró con fuerza el cuerpo de Harry sobre el colchón, donde el otro aún se removía frenéticamente.

- ¡Ya basta¡Pareces un niño!- la paciencia de Draco tenía un límite, y Harry lo supo en cuanto éste lo asió por las muñecas.

- ¡No me importa!- Harry aún quería safarse, pero desistió casi al instante, estaba exhausto, mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

Malfoy luchó por tomar sus manos y cuando lo hizo, rápidamente lo inmovilizó. Se sentó a horcadas de él, con ambas piernas a los lados de las caderas de Harry y forzó al Gryffindor a elevar los brazos por sobre su cabeza, donde ejerció la presión necesaria para que dejara de moverse.

Jadeando aún, Draco acercó su rostro pálido al de Harry. Podía sentir el cuerpo tembloroso bajo el suyo, y se estremeció involuntariamente al darse cuenta de la situación. Aún así no le importó.

Supuso acertadamente que ambos chicos presentarían en ese momento un espectáculo muy particular, empezando por sus ropas revueltas y los cabellos desordenados. No pudo evitar sonrojarse ante la idea, y rogó porque el otro no diera importancia al gesto, confundiéndolo como signo de esfuerzo.

- Estás loco.- dijo mientras se perdía en las orbes esmeraldas de su adversario.

El otro chico no contestó, en cambio cerró los ojos cuando las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, presa de la frustración y tembloroso aún. Draco aprovechó a echar un rápido vistazo a la ventana en que Harry había estado golpeando sus manos con una fuerza enfermiza, intentando escapar de la habitación. Recordó que había puesto un hechizo a la única puerta de entrada y salida, sellándola por completo.

Volvió la vista al cuerpo que parecía empezar a sucumbir a la tranquilidad, y se dejó llevar por aquella imagen. Potter estaba totalmente indefenso, y eso se le antojó de repente excitante y su rostro, diabólicamente angelical, cuando dejó de presionar los párpados permitiendo a las lágrimas escapar. Sacudió la cabeza aterrado frente a sus propios pensamientos y aún con el corazón inquieto, se dejó caer lentamente sobre Harry, apoyando la frente contra el hombro del Gryffindor, intentando tranquilizarse él también.

Harry dejó escapar de sus labios un suspiró espasmódico al sentir el peso del otro contra sí, lo que provocó un estremecimiento de Draco, al sentir el cálido aliento del moreno junto a su oreja.

Por un momento sólo oyeron sus propias respiraciones, acompasándose rítmicamente, sin querer romper ese momento. Draco aflojó apenas el agarre en los brazos de Harry, y deslizó lentamente sus propias manos desde las muñecas a las otras manos. Abrió los ojos inquieto, nervioso, ante el contacto de sus dedos contra una sustancia puramente líquida. Alzó la cabeza alarmado, provocando que Harry abriera los ojos, sorprendido ante la reacción.

- Oh, Merlín...- gimió.- Potter.- susurró. Harry se estremeció otra vez. - ¡Diablos!.- maldijo el Slytherin.- Tus… tus manos…

Draco acercó a sus ojos una de sus manos, sin dejar de sostener a Harry con la otra. Definitivamente eso era sangre. Soltó otro lastímero gemido haciendo una mueca.

- No es nada.- intentó safarse nuevamente Harry, cuando notó a qué se refería el rubio.

- ¿Estás loco¡Claro que lo es!- aulló Draco. Tomó las muñecas de Harry y las giró, inspeccionándolas con la mirada. Estaban manchadas en sangre fresca que se escurría por sus dedos. - No sé curar eso.

- No tienes que hacerlo.- masculló el moreno, repentinamente abochornado por la preocupación del rubio, mientras una punzada de dolor en una de sus manos le indicaba que necesitaba lo contrario.

- ¡Claro que si¡Sólo míralas!- Draco sacudió frenéticamente las manos frente a los ojos del moreno.

- No necesito hacerlo, las siento perfectamente.- aseguró Harry, haciendo una mueca de dolor ante el brusco movimiento. Draco ignoró el comentario sarcástico y tomó las riendas de la situación.

- ¡Dobby!- llamó al aire. Inmediatamente el elfo doméstico hizo su aparición.- Necesito que lo traigas aquí, por favor.- indicó con voz cansina, mientras soltaba las manos ensangrentadas, y cubría su rostro con las propias, también en un estado similar.

- Si, señor Malfoy. Como usted ordene, señor.

La criatura desapareció. Harry siguió observando al rubio, extrañado por su frustración y el cuidado que tenía para con él. Algo no estaba bien. El aspecto del Slytherin había cambiado físicamente, y muy en su interior, Harry sentía que su personalidad también. Parecía más grande de lo que en verdad era, como si hubiese madurado de pronto, antes de lo necesario.

Siguió mirándolo extrañado, mientras escuchaba solamente sus respiraciones. Se perdió escuchándolas y no le importó seguir mirándolo cuando el Slytherin destapó su rostro y posó la mirada en él. Pero pronto olvido sus cavilaciones.

Se sobresaltó de pronto cuando otro estallido similar le siguió a la desaparición del elfo doméstico. Harry giró la cabeza, sorprendido y alarmado, pero el rubio no se había ni inmutado.

Un ave fénix levitaba a espaldas de Malfoy quien no atinó siquiera a voltearse, y con un suave aleteo el animal se posó sobre la cama, junto a ambos jóvenes. Harry observó la escena atónito y sin entender.

- Hola, amigo.- saludó Draco en un susurro cariñoso, más tranquilo ya. Recibió como respuesta un leve gorgojeo.

Acarició las plumas del ave con aire ausente, sin demostrar incomodidad ante la insistente mirada del otro sobre él y la criatura.

- ¿Faw… Fawkes? - tartamudeó Harry, desconcertado.

- Escucha...-comenzó a decir Draco sin prestarle atención, mirando directo a los ojos del ave.- ...un chiquillo demente quiso hacerse daño hoy... ¿Podrás curarlo?- Fawkes lo miró a los ojos durante un par de segundos, como inspeccionando el interior de Draco, como si quisiese saber qué le sucedía, y obedientemente se acercó a Harry, quien no atinó a hacer nada, estático ante la imagen.

Draco tomó las manos de Harry y las estiró contra el animal, quien silenciosamente comenzó a llorar, dejando caer sus lágrimas curativas directo en las heridas.

Cada corte profundo y leve empezó a disolverse con la misma facilidad con que se habían abierto, y en cuestión de segundos, ambas manos estaban curadas.

- Así está mejor. Gracias, Fawkes.- agradeció el rubio, acariciándolo una vez más, antes que el ave desaparezca nuevamente.

Harry acababa de quedarse sin palabras. Draco Malfoy tratando bien a un animal y siendo amable con él. Dos sucesos sorprendentes en un mismo día, realmente no se sentía bien. Debía estar soñando.

- ¿Qué...?- intentó decir pasada la conmoción inicial.

- No tengo nada que explicar.- aseveró Draco a la defensiva.

- Pero es que... Fawkes... es de...- comenzó a replicar el otro, atónito.

- No te atrevas a decirlo.- amenazó Draco clavando un dedo en el pecho de Harry.

Seguidamente, y con la poca gracia y elegancia que le quedaba, se alejó de él, incorporándose, enfadado aún.- Albus Dumbledore está muerto, Potter.- Debes aceptarlo ya. Fawkes es mío. Me pertenece.- aseguró.

Si bien no lo dijo con el marcado y característico desprecio, Harry no pudo evitar sentirse distinto, extraño,... dolido quizás, frente al frío tono que Draco empleó en su voz para pronunciar su apellido.

- Pero...

- No tengo nada que explicarte. No después de lo que has hecho.- le reprendió el rubio cual si fuera un padre a su hijo. Y Harry supo que acababa de cometer una falta.- Cuando estés en tus cabales para entablar una conversación decente...- Draco lo observó unos instantes más, dubitativo.- ...entonces llámame.- agregó girando sobre sus talones. Se sintió repentinamente nervioso sintiendo como la verde mirada taladraba su figura a sus espaldas, pero no mostró su inseguridad.

Caminó a zancadas hacia la salida. Su mano alcanzó el picaporte, pero no pudo evitar detenerse allí, como esperando que algo sucediera, aunque sabía que no iba a pasar.

Harry estuvo a punto de replicar, a pedirle que espere, que no avanzara más allá, pero no lo hizo, entonces el rubio simplemente tiró de la puerta, enfadado consigo mismo por creerse de pronto importante, ante el moreno, y la cerró tras de sí con más fuerza de la necesaria, dejando a un Harry Potter totalmente perplejo, aún tendido sobre la cama.


- Imbécil.- soltó impotente.

Apoyó su cuerpo contra la puerta que acababa de cerrar, y dejándose llevar por la frustración que sentía, se dejó caer, deslizándose por la puerta, hasta quedar sentado en el frío suelo. Se agarró la cabeza con las manos e inevitablemente las lágrimas se agolparon en sus ojos.

Miró distraído sus manos, y la angustia se apoderó de él, y no pudo evitar sollozar ante la vista. Aquel fue el detonante para que gruesas lágrimas rodaran por sus mejillas. Dos manos de piel lívida manchadas con sangre, recordándole instantáneamente las piezas de la realidad. ¿Cuánto más estaba dispuesto a soportar?

Sollozó unos minutos más, que le parecieron interminables.

Al cabo de un rato de estar hundido en esa repentina depresión, decidió que era tiempo de cambiar los roles, debía volverse más fuerte. Sensato ante la perspectiva de la guerra, ser más prudente, y evitar errores en un futuro.

Con un último espasmo de llanto, sorbió por la nariz de manera nada elegante, y cambió su semblante a su habitual máscara de frialdad.

Medito unos instantes, y se levantó decidido. Su corazón seguía latiendo con fuerza, y era ya inútil intentar ignorarlo. A su cerebro terminó ganando, por sus propios impulsos, el corazón le latió enardecido: acababa de cumplir su acometido.


Draco entró nuevamente a la habitación. No habían pasado siquiera minutos de lo ocurrido. Harry yacía tendido sobre la cama. Pensativo, su peso encima del brazo izquierdo, apoyando así su cuerpo.

Aquel de ojos verdes lo miró confundido, iluminado su rostro por un resplandor azulado, producto natural de la enorme luna que el cielo ocupaba, y del anochecer que de allí emanaba. Y Draco decidió que ya no podía seguir conteniéndolo allí dentro. Su corazón seguía latiendo, necesitaba decírselo.

Se acercó presuroso a la cama, y colocó su mano izquierda en el respaldo de madera, manteniendo el equilibrio necesario, su pierna derecha apoyada descuidadamente sobre el borde del colchón, a centímetros de la pierna del otro chico.

Sin poder contenerse ni un segundo más, su mano derecha viajó hasta la nuca de aquel que allí yacía, aún con la mirada confundida. Juguetones sus dedos se enredaron en los cabellos negros y alborotados, desprolijos.

Acercó su rostro sin perder el tiempo, pero se detuvo a centímetros de aquellos finos labios, dándole espacio suficiente para que el otro se alejara. Pero no lo hizo. Entonces sin previo aviso, salvó la distancia y se hundió en el abismo.

Harry respondió sin problemas. Algo dentro suyo lo impulsaba a corresponder. Lo sentía, lo quería. Ansiaba aquello desde que había llegado. Cuando se dio cuenta que aquel Slytherin odioso y arrogante se había tomado la molestia de cuidarlo y curar sus heridas. Sintió que lo que menos podía hacer era responder con un sí a lo que el otro le pedía.

Pero no sólo era eso. Había algo más.

Draco hundió su lengua en la cavidad húmeda de su boca, entonces comprendió que era eso lo que él quería. También lo quería,... y necesitaba más.

Era un beso ardiente, impaciente primero, más calmo después. La pasión incrustada en cada roce, cada toque improvisto. Sus lenguas lograban, con meras caricias, sus cuerpos estremecer.

Harry se dejó hacer, sólo respondía de manera deseosa pero pasiva. Y Draco no se privó de nada. Inspeccionó cada rincón, cada recoveco de aquel regalo que el destino le estaba dando, y que el tiempo aún no se animaba a cortar.

Ambos podían sentir un cosquilleo constante en sus vientres, un palpitar inquietante en la parte baja, la temperatura iba en aumento y el tiempo se detuvo allí. El reloj no se oía, en su lugar, dos corazones desbocados marcaban un mismo compás, y a ambos jóvenes se les antojó la melodía más maravillosa que hubieran escuchado jamás. Los órganos más incomprensibles, parecieron unirse en un mudo acuerdo, a un mismo camino, de por vida.

Gimieron dentro del beso, que les era interminable. Sus nombres sonaron dulces en los labios del otro. El mundo no se movía, eran ellos los que lo hacían. Nada importaba ya. Eran uno.

La soledad que los había embargado por años, se fue en segundos, y en su lugar arribó la inconfundible alegría.

Sin embargo, el aire no quiso permanecer allí. Y por causa y efecto de su desaparición, tuvieron que separarse. Sus frentes se unieron, diciéndoles que no se terminaba ahí. Pero no abrieron sus ojos, no se percataron en qué momento los habían cerrado, no les importaba demasiado. Se oyeron respirar cual si hubieran salido del agua, pero eso tampoco importaba, ambos sonrieron.

No necesitaban palabras, pero a Draco le pareció imperdonable no poder pronunciarlas, necesitaba que aquel que estaba en sus manos lo supiera, necesitaba saberlo él también, terminar de caer en la cuenta.

- Te...- sonrió más frente a su respiración agitada, y abrió los ojos para reflejarse en esas esmeraldas, sus verdes profundidades, ahora le pertenecían a él.- Te amo.- el otro sólo sonrió.- No sabes cuánto.- recitó al tiempo que mordía su labio inferior, marcando su despedida.

- Acabas de demostrarlo.- logró decir Harry, apenas en un susurro. Y volvieron a sonreír.

En ese mismo momento, Harry notó un diminuto pero alarmante detalle, que inexplicablemente hizo latir su corazón con más fuerza, asustado. No supo cómo, pero sintió que aunque el detalle era exagerado, era también, por demás real.

Sus sonrisas eran distintas: la de Draco reflejaba tristeza y la suya sólo alegría. El rubio lo miró con esa misma tristeza, ese brillo en sus ojos lo delataba. Esa expresión que decía una y otra vez al moreno que el rubio sabía algo más que Harry ignoraba.

Y allí cayó en la cuenta, en la realidad. Los momentos más felices son los más cortos, y no todo es felicidad...


Harry despertó sobresaltado, levantando su cuerpo en un impulso, quedando sentado sobre la cama. El corazón le latía mil. Pero no era eso lo que le preocupaba. Seguía en la habitación. Pero ésta vez estaba sólo. No había nadie más allí.

Paseó su mirada inquieta y asustada a su alrededor. Era cierto, no había nadie más que él.

Notó con sorpresa que más allá, a su izquierda, separada por un metro más o menos, se hallaba una cama individual que, a diferencia de la suya, estaba prolijamente tendida.

De modo que aún no ha venido a dormir, pensó Harry. Llevaba los lentes puestos, como se los había colocado desde la mañana. Ahora, como en su sueño, la noche caía en las afueras. Los rayos blanco azulados de la luna brillante, entraban despreocupados por la ventana, ahora limpiamente reparada.

Pero aún el corazón le latía con fuerza. Algo lo preocupaba.

Pero no tuvo demasiado tiempo para reflexionar. Oyó con anticipación pasos apresurados desde el pasillo más cercano, suficiente para que lograra reaccionar y se tirase de costado sobre la cama, fingiendo estar dormido.

Cerró los ojos con fuerza en el mismo instante en que la puerta chirriaba dejando pasar a los intrusos que, presurosos, entraron a la habitación.


Continuará...