EPILOGO
Cybertron milenios atrás…
¿Así que tú no tuviste nada que ver, verdad?- preguntó el esclavista.
No sé a que te refieras, Kappa- dijo el otro quintesson.
Eso imagine, hermano- dijo Kappa- en fin, es bueno saber que esa plaga de Atreides fue eliminada… una lástima… ¡ah! Casi lo olvido ¿ya no tienes más mechas por ahí, cierto?
Ninguno- mintió Gamma.
Que pena, realmente haces un trabajo admirable- dijo Kappa alejándose, después más para él que para el otro quintesson- ya pagarás por esto, hermano; ya pagarás…
Gamma suspiró detrás de esa careta lógica.
Al ver que su hermano se había retirado, apretó un pequeño botón en una pared lateral, ésta abrió una puerta secreta, el quintesson entró por ese agujero.
El laboratorio de Gamma, el lugar donde armaba sus creaciones, entre tantos contenedores de vidrio con sustancias acuosas en su interior había una mesa de trabajo donde unas manos mecánicas trabajaban en las reparaciones de un mecha de enorme tamaño.
Sí que tuviste una cacería exitosa- dijo el quintesson llegando a la mesa.
El mecha reparado portaba ahora unos cromas azul marino.
Y pensar que lo hiciste tú solo, si que eres un gran guardia- dijo Gamma complacido.
No un guardia- dijo el mecha poniéndose de pie- un cazador.
En ese caso, cazador- dijo el quintesson- un presente por tu triunfo.
En otra mesa habían dos afiladas hojas de metal; el mecha las tomó acomodándolas como sus hombreras.
Hizo una inclinación de cabeza.
Un presente, cazador- dijo el quintesson- y un arma más para tu arsenal.
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Planeta Tierra, época actual.
La suave brisa se dejo sentir, una ligera polvareda se levanto de los profundos surcos que adornaban el lugar junto con las rocas blancas.
Entre esa quietud, una negra estructura reposaba en el suelo, ¿cuánto tiempo había pasado de esa batalla? Sólo las rocas lo sabían…
De pronto, un sonido como de alarma se dejo escuchar, rompiendo la tranquilidad del silencio.
De la muñequera de esa estructura apareció un holograma como de reloj de arena, de éste comenzaron a correr a gran velocidad una serie de extraños símbolos, cada vez más y más rápido hasta que el contenedor virtual de ese reloj se llenó.
Lentamente el visor de ese mecha brilló primero con un espectral color verde, después tomó su color morado de antaño.
La mano del mecha comenzó a moverse y con un rápido movimiento, sin miramientos por el dolor quitó de una sola intención la guadaña que tenía atravesada… Acto seguido se puso de pie.
El Atreide observó el lugar y presionando el otro dispositivo que tenía en su muñeca abrió un portal de color negro, miro por última vez el lugar donde había sido derrotado por segunda vez por los mismos mechas, el portal comenzaba a cerrarse, sujeto con fuerza su guadaña entrando al paso abierto por ese vórtice.
Sólo Primus o Unicron sabían cuando el Atreide volvería a atacar…
Fin.
