Daring Do trotaba despacio por un inmenso llano iluminado por la luz de la luna, que combinada con la brisa suave y fresca de la noche, hacía ondular el pasto en olas plateadas y brillantes. Era un paisaje espléndido, casi mágico, que invitaba a cualquier poni a lanzarse en él y galopar hasta perderse en el horizonte, para finalmente dejarse caer envuelto en una marea de eterna tranquilidad y descanso.

Pero para Daring Do, tranquilidad y descanso significaban algo diferente. Contrariamente a lo que muchos de sus fans creían, ella tenía momentos en los que se cansaba de las aventuras peligrosas llenas de acción y se concentraba únicamente en relajarse. Aunque, considerando su propia personalidad, 'relajarse' tenía otro significado para ella, y este era realizar 'investigaciones de campo', siendo esta una de las pocas actividades en donde podía actuar como una verdadera arqueóloga.

Otra de sus actividades recreativas era la escritura, la cual había perfeccionado tanto como su habilidad de combate. 'Daring Do y el fugitivo de Kristalhav', pensó ella repentinamente. Siempre que ella regresaba de un largo viaje escribía un nuevo libro, para ello utilizaba la aventura más épica que hubiera tenido como base, pero esta vez estaba en un aprieto. Había estado tanto tiempo fuera en distintas aventuras extraordinarias que ahora tenía demasiadas opciones de las que elegir, así que pensó en un nuevo método, elegiría la que tuviera el título más genial para que fuera su nueva publicación.

Los pensamientos de Daring Do fueron interrumpidos por la pregunta del poni que caminaba delante de ella. "¿Es una maravillosa noche, verdad? UWU", dijo el poni.

"Si, es una noche bastante agradable", respondió ella secamente.

Su guía era un poni de mediana edad llamado Meg Tree, cuyo nombre era apropiado, ya que su melena verde era tan frondosa y desordenada como las copas del mismo árbol Meg. Además de su llamativo peinado atrapado en un sombrero de paja, tenía un acento evidentemente falso y una voz carrasposa que casi parecía forzada. Si no llevara un farol con el título de 'guía oficial', cuya luz brillaba menos que la misma luna, uno pensaría que era un granjero perdido y no un guía de viajes.

Si aquel individuo era un agente encubierto para acabar con ella, sin duda era uno de los más mediocres que había visto. Por otro lado, podía tratarse simplemente de un indigente desesperado por conseguir algo de dinero. Aunque todo indicaba que se trataba de lo último, personalmente, ella deseaba que fuera lo primero.

"Podría ser una noche tranquila, UWU, pero estos llanos son tierras salvajes donde es mejor estar acompañado. UWU... Es sabido que las águilas gigantes también cazan de noche, UWU, así que una señorita como usted debe andar con cuidado, UWU", dijo Meg Tree mientras le echaba una mirada sospechosa al cielo.

Daring Do rodó los ojos. Ya había estudiado aquellos territorios. En el pasado, habían sido escenario de las guerras entre minotauros, centauros y gárgolas león, ubicadas al sur de Equestria. Esos reinos no conocían la armonía y constantemente guerreaban por la más mínima tontería. Se creía que de esas tierras habían venido Tirek y Escorpan, dos poderosas criaturas que habían causado una gran tribulación en la tierra de los ponis.

En la actualidad, en cambio, aquellos reinos se habían aislado y no permitían la entrada de extranjeros ni cambios en sus culturas. La misma guerra se había convertido en un tabú entre ellos. Ella no creía que fuera la mejor solución para esas sociedades quedarse aisladas y atrasadas, pero era mucho mejor que una era de conflicto eterno.

Daring Do dejó de trotar y contempló más profundamente aquella hermosa llanura. Su vista pasó por el río que habían cruzado y por los bosques enanos que habían dejado atrás. Finalmente, se detuvo en las remotas luces del pueblo del que habían partido.

¿Qué futuro tendrían esas tierras? Daring Do no lo podía imaginar. La llegada de colonos de Equestria en los últimos cien años había traído la mejora de la tierra, que casi había borrado las huellas de las guerras pasadas. También se había abierto el camino para mejorar el comercio con las otras especies que habitaban la región. Todo eso era muy bueno, pero también podría convertirse en una nueva fuente de conflicto en el futuro. Ciertamente, la nueva princesa tendría mucho trabajo por delante.

"¡Uwu! ¡Ya casi llegamos!" relinchó Meg Tree.

Ambos se aproximaban a una solitaria colina con unas rocas inusuales en su cima.

"Excelente, no es necesario ...". Daring Do fue interrumpida por el 'UWU' atrasado de Meg Tree. "…que me acompañe hasta la cima", terminó de decir notablemente incómoda. Aquella muletilla que repetía ese poni se hacía cada vez más molesta.

"Por supuesto que es necesario, UWU, le di mi palabra de llevarla hasta la cima y pienso cumplirla, UWU", le respondió Meg Tree mientras se quitaba el sombrero como haciendo un juramento.

"Bien … gracias", dijo Daring Do mirando a otro lado.

"Genial, UWU", Meg Tree respondió alegre. Se dio la vuelta y continuó adelante con un paso orgulloso.

Daring Do lamentaba haberlo tomado como guía. Había pasado por el pueblo más cercano para tomar algunas provisiones en la mañana de aquel día y, charlando en una de las tiendas, mencionó descuidadamente que se dirigía a la "colina de la eternidad". De repente apareció aquel poni que comenzó a rogarle que le permitiera ser su guía. Después de armar un escándalo vergonzoso y humillante en medio de la plaza, finalmente accedió por un par de monedas. Eso resolvió el problema, pero considerando que ella era un pegaso y solo necesitaba menos de una hora de vuelo para llegar a la colina, el asunto de tener un guía se había vuelto ridículo.

El viaje había tomado HORAS desde la tarde. Sorprendentemente, Meg Tree se había comportado bastante bien en todo el camino. No obstante, sus charlas sosas e improvisadas se hicieron tan incomodas como una herradura doblada.

Dejando de lado aquel poni, Daring Do ya tenía a su alcance el objetivo de su viaje. Con un vuelo ligero, continuó hasta la cima.


Finalmente llegaron a la cima de la colina. No había ninguna estructura relevante como escaleras o edificios adyacentes, solo unas piedras blancas que sobresalían como dientes a ambos lados. Sin embargo, en la cima, cuatro grandes losas verticales, ordenadas por tamaño, se alineaban en un círculo incompleto.

El lugar era exactamente como Daring Do lo recordaba. Este fue el objetivo de una de sus primeras expediciones fuera de Equestria. Sin embargo, la expedición resultó ser una decepción. A pesar de haber excavado durante mucho tiempo, no encontró ningún tesoro, entrada oculta a una mazmorra inexplorada, ni algún artefacto o resto que indicara la existencia de una civilización perdida. Después de dos semanas de investigación, se rindió y se marchó del lugar. Nunca mencionó este viaje a ningún colega ni hizo referencia a él en ninguna de sus obras escritas. Solo en su libreta personal se encontraban los datos de ese viaje, en la sección de aventuras inconclusas e irrelevantes.

No obstante, aquel lugar había vuelto a ocupar sus pensamientos. Ahora que estaba en medio de esas ruinas, estas parecían estar envueltas en un aura arcana y arcaica.

"Manténgase alejada de esas piedras, señorita. Son muy antiguas y se dice que traen mala suerte si las toca", advirtió Meg Tree a Daring Do cuando esta empezó a examinar las rocas más de cerca.

"¿De verdad? Pero ¿sabes cuánto tiempo tienen estas piedras?", preguntó Daring Do mientras encendía una antorcha cerca de la losa más grande.

"No sabría decirle, señorita. Pero se dice que estaban aquí antes de que el sol saliera por primera vez", respondió Meg Tree.

Daring Do reflexionó por un momento sobre esas palabras y luego comenzó a revisar sus notas. "En realidad, ya he estado aquí antes y, en mi investigación, calculé que estas rocas tienen como máximo unos 25 años", dijo mientras escribía en su libreta.

"¿En serio? ¿Me está tomando el pelo? La colina y las ruinas ya estaban aquí antes de que se fundara el pueblo más cercano. Eso fue hace más de 60 lunas", dijo Meg Tree con un tono incrédulo.

"Es cierto que la colina ya estaba aquí, pero las ruinas no. Déjame explicarte: estas rocas fueron traídas recientemente, talladas deliberadamente de esta forma y colocadas aquí en este orden. Lo mismo ocurre con las demás rocas del entorno, todas provienen de la misma cantera que se encuentra al sur de esta llanura", explicó Daring Do.

"¿Me está diciendo que alguien colocó estas rocas aquí sin ningún motivo? ¿O que la gente del pueblo inventó la historia?", replico Meg Tree frunciendo el ceño.

"No exactamente. En el pasado, cuando descubrí de dónde provenían las rocas, sospeché que los pobladores las habían colocado aquí solo para atraer la atención, algo así como para fomentar el turismo. Pero ahora creo que podría haber otra explicación. Creo que alguien más ha estado sustituyendo las rocas de estas ruinas desde hace mucho tiempo", dijo Daring Do mientras sacaba su equipo de la mochila.

Meg Tree se quedó absorto por un momento, como si estuviera procesando todo lo que se había hablado, luego continuó con una abrupta sonrisa. "Asi que las sustituyeron... ¿No le parece una idea descabellada que alguien robe rocas y las reemplace por otras iguales?"

"No me refería a un robo. Me refería a que algo o alguien ha estado cambiando las rocas de estas ruinas desde hace mucho tiempo", explicó Daring Do.

Daring Do tenía una hipótesis, aunque aún no tenía forma de probarla en ese momento. Basada en sus anotaciones previas del lugar, sospechaba que el suelo de la colina contenía compuestos más antiguos que las montañas circundantes. La finura de la tierra, que se hacía mayor mientras más se escarbaba, y la falta de detritos biológicos eran pruebas de ello. Sus años explorando todo tipo de ruinas alrededor del mundo habían hecho que revaluara sus conclusiones previas y ahora tenía una visión más experta del lugar.

"¿Por qué alguien haría algo así?" preguntó Meg Tree.

"Eso es lo que he venido a averiguar", respondió una confiada Daring Do con una pícara sonrisa. Si alguien iba a resolver el misterio de estas ruinas, ella era la pony indicada.


La noche transcurrió sin sorpresas, con Daring Do revoloteando de losa en losa haciendo apuntes, tomando muestras y calculando medidas. Su objetivo era llevarse tantas muestras como fuera posible para analizarlas en Equestria. Si su hipótesis resultaba ser correcta, emprendería una nueva expedición en la próxima luna.

Meg Tree, por otro lado, había encendido una fogata, se había sentado y quedado mirándola detenidamente, sin apartar la mirada en ningún momento. Era casi como si analizara cada uno de sus movimientos. Daring Do notó este inusual comportamiento, pero no le prestó atención. Después de unas horas, había terminado de recopilar toda la información que necesitaba y finalmente fue a la fogata a descansar.

"Bueno, eso sería todo. Pasaré la noche aquí y partiré mañana al amanecer... ¿Meg Tree...?" Daring Do había notado la rigidez de Meg Tree y comenzó a examinarlo con la mirada.

"¡Haaa!" gritó de repente Meg Tree, y Daring Do saltó de susto en el aire. "Lo siento, señorita Daring, creo que me quedé dormido. Espero no haberla molestado con mis ronquidos", dijo Meg Tree, dando un bostezo aletargado.

"No, para nada", respondió Daring Do molesta, mientras volvía a sentarse.

"Bueno, parece que ya es de noche. Hacer fogatas como esta me recuerda a mis días como potro. ¿Le gustan las historias de fogata, señorita?" preguntó Meg Tree, levantando una ceja.

"Sí, como a cualquier poni normal", respondió Daring Do desconfiada de Meg Tree, pero no era la primera vez que se encontraba con algún poni extravagante en sus viajes, así que decidió seguirle el juego.

"Bueno, no se diga más. Esta historia es sobre una visión que tuvo mi madre cuando yo era muy joven... Es sobre estas ruinas y los señores de la oscuridad", dijo Meg Tree mientras miraba distraído el cielo estrellado.

"¿Los señores de la oscuridad?". Daring Do pregunto interesada. "¿De qué trata?"

"Bueno..., más que una visión fue una pesadilla que tuvo mi madre. Y en esa pesadilla, una voz le decía algo así..." Meg Tree se aclaró la garganta.

"Antes de que el sol y la luna se alzaran, antes de que el primer árbol naciera, el mundo estaba sumido en la oscuridad. Y esta oscuridad era gobernada por los Señores Oscuros, quienes anhelaban arrebatar para sí la luz del alma del mundo. Incitados por su propia avaricia y arrogancia, cada uno de ellos luchaba contra los demás para ser siempre el primero en reclamarla. Y desde entonces, ni el tiempo ni el deseo han sido capaces de detener este conflicto sin fin, y los habitantes del mundo han sido meros testigos, impotentes como las piedras que soportan este mundo."

En aquel momento, un frío viento pareció soplar sobre la silenciosa colina.

"Vaya, eso fue bastante tétrico. Pero ... ¿cómo se relaciona esto con las ruinas?" declaró una sorprendida Daring Do.

"¿Ha visto los dibujos en esas losas?"

"Sí..." Atrás de ella estaban las 4 losas, cada una con el grabado de una criatura monstruosa.

"Esos son los señores de la oscuridad. Mire, señorita, mi madre me contó que cuando los primeros colonos llegaron a estas tierras, descubrieron que las tribus de minotauros, centauros y gárgolas león evitaban estos llanos porque creían que la colina estaba maldita. Los ponis colonos nunca se acercaron demasiado a las ruinas, así que no había forma de probar si estaban malditas o no. Con el paso del tiempo, la historia de la colina pasó a ser solo un cuento de brujas, pero algunos granjeros decían que si algún poni pasaba la noche cerca de la colina, terminaría con pesadillas en donde uno era perseguido por aquellos monstruos y era atormentado por presagios funestos. Mi madre fue uno de esos ponis desafortunados. ¿Puede creerlo?"

Daring Do se había paralizado, un recuerdo llego de golpe a su mente y pronto comenzo a transformarse una terrible imagen.


Daring Do había recorrido una gran parte del mundo y había visto todo tipo de criaturas y reinos, sin embargo, aún no había explorado todo lo que el mundo tenía para ofrecer. A pesar de esto, ella ya había llegado a ciertas conclusiones acerca del mundo en el que vivía. En primer lugar, que el mundo era verdaderamente mágico, con islas flotantes, lagos de fuego, desiertos de jabón y otros escenarios que desafiaban la lógica. En segundo lugar, existía un mito que se repetía en diferentes culturas y especies: el "árbol del principio", del cual se creía que provenían todas las razas. Sin embargo, este mito solo era compartido por las criaturas que habitaban en la superficie, mientras que aquellos que vivían en los océanos o en el mundo subterráneo no conocían esta historia. En tercer lugar, las profundidades de los océanos y el mundo subterráneo eran lugares totalmente desconocidos y vastos, al igual que los polos norte y sur. Y por último, era el descubrimiento que había hecho hoy.

Daring Do no podría descubrir el origen del mundo, pero sí sabía quiénes habían acabado con él. Frente a ella estaban las figuras de aquellos criminales, según el mito y las leyendas que había aprendido. La sombra de estos terribles seres se aparecía en el mundo en diferentes lugares, pero en la misma época. La llegada de una de estas entidades traía una era de oscuridad y terror que culminaba en un cataclismo primigenio, del cual pocos sobrevivían.

En su último viaje, creyó haber encontrado un santuario dedicado a estos monstruos. Se trataba de una secta de camellos llamada "La Montaña Eterna", que adoraba a unos supuestos "dioses oscuros" que otorgaban bendiciones a sus creyentes a cambio de hacer tributos a su congregación. Como era de esperar, esto solo era una estafa, y las imágenes de sus supuestos dioses no eran más que referencias exageradas de depredadores conocidos. Las autoridades locales los apresaron y su templo fue quemado por herejía.

No obstante, el nombre de cada uno de esos "dioses oscuros" le resultaba familiar. Esta duda creció con el tiempo, quitándole el sueño y haciéndola sentir enferma. Sin saber realmente lo que buscaba, decidió regresar a Equestria. Fue entonces cuando recordó haber visitado un lugar con un nombre similar al de aquella secta de camellos, y así sus cascos la llevaron de vuelta a la "Colina de la Eternidad".

"¿Señorita Daring está bien? ¿Le sucede algo?" preguntó un Meg Tree desconcertado.

Daring Do, aún conmocionada, seguía mirando las figuras impresas en las losas y respondió: "Sé que no lo entenderá, yo tampoco lo entiendo, pero sé el nombre de las criaturas que están representadas en estas piedras".

Ahora que tenía los nombres y los rostros, solo quedaba ordenarlos.

Fijó su atención en la losa más pequeña y leyó en voz alta: "Ever Fand, la reina oscura que llenó el mundo con un bosque de pesadillas. Su figura es la de una flor invertida".

Luego miró la siguiente losa, que representaba a Bottom Ness, el tirano de los océanos que hundió todos los continentes al fondo del mar. Era un pulpo diabólico de cinco ojos.

Finalmente, leyó el nombre de Nodoub Death, el nigromante que volteó el mundo y vació los mares. La figura en la losa era la de un ave esquelética bicéfala con cuatro extremidades y cuatro alas.

Pero en la losa más grande, Daring Do no reconoció la criatura representada. No había registro de él o alguna referencia en sus viajes anteriores. Era un dragón con tres estrellas sobre su cabeza y llevaba un orbe vacío en su pecho que parecía querer ocultar con sus garras. Luego notó, gracias a la luz de la luna, los débiles relieves de otras dos estrellas cerca de su cola.

"¿Hay otras ruinas de piedra alrededor del mundo?", exclamó emocionado Meg Tree. "Es un gran descubrimiento, señorita".

"No hay otras ruinas de piedra", dijo Daring Do. "Solo escuché el nombre de estas criaturas de un extraño grupo de camellos al otro lado del mundo. No entendía por qué su propaganda me resultaba tan familiar, hasta ahora".

Meg Tree se quedó callado, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

"¡ARROGANTES PARASITOS! ¡COMO SE ATREVEN A PROFANAR EL SAGRADO SANTUARIO DE MI AMADA SEÑORA! ..." grito una colérica y estridente voz.

Daring Do reaccionó de inmediato, se dio la vuelta, ahí estaba Meg Tree que lanzaba amenazas hacia algún lugar del horizonte, pero ya no era el poni raro de acento falso de hacía unos momentos atrás, no, ahora actuaba como un poni totalmente diferente, quizá ni siquiera era un poni realmente.

"... SOLO ESPEREN, PAGARAN CARO ESTA OFENSA, TODOS SERAN TRIBUTO A LA OSCURIDAD ETERNA" dijo Meg con una risa perversa.

Daring Do vio como una niebla verdosa envolvió a Meg y de ella emergió un ser que nunca antes había visto.

Aquella criatura llevaba una toga y capucha fucsia, no tenía extremidades inferiores, en su cuello había una bufanda verde que parecía estar encantada, sus brazos eran como unas ramas marchitas que terminaban en unas garras palmeadas, su indescifrable rostro de oscuridad contenía dos ojos esmeraldas que nunca parpadeaban.

Entonces toda aquella cólera se esfumo y lentamente se dio la vuelta hacia ella.

Daring Do siempre hacia frente al peligro, de eso trataba prácticamente el 80% de su vida como aventurera y exploradora. Pero en ese momento todos sus instintos le gritaron una única cosa: "HUYE".

Alzo vuelo con todas sus fuerzas, pero ya era demasiado tarde, una pegajosa fuerza invisible freno su huida y la lanzo contra el suelo dejándola sin aliento, era magia por supuesto, sin embargo, era la primera vez que sentía un agarre mágico tan implacable sobre su cuerpo.

"Bien, bien, me disculpo por mi anterior comportamiento, no tenía intención de "asustarla" de este modo señorita Daring Do" La voz de 'Meg' era calmada, pero llevaba un tinte de burla e ira. "Creo que sería de mala educación marcharse sin despedirse... ¿No le parece?"

"¿Quién rayos... eres tú?" Daring le pregunto débilmente, mientras la magia la aplastaba cada vez más contra el suelo.

"¡Ha! ¿Puedes hablar aun? En verdad eres una pegaso formidable. Bueno ..." Meg se detuvo a pensar mientras miraba el firmamento. "Soy un mensajero ..., si un heraldo de un señor de la oscuridad, descuida no te lastimare, las estrellas te favorecen hoy día. Es más, ya que me advertiste de aquellas molestas alimañas, te daré un regalo, el regalo del 'saber'. El saber que este no es nuestro primer encuentro, el saber que a partir de este momento estaré vigilándote, el saber que nuestro próximo encuentro ... será el último."

Daring Do perdió el conocimiento al final de aquella siniestra amenaza.


Daring Do se despertó de un sobresalto, todavía desorientada miro a su alrededor, aun se hallaba entre aquellas ruinas, entonces el recuerdo de la noche anterior le vino de golpe y con él un terror que crispo hasta la última de sus plumas. ¿Por qué no acabaron con ella anoche? ¿Que era aquel ser? ¿Ya lo había conocido? ¿Que eran los señores de la oscuridad y que pretendían hacer en su mundo?

La pegaso se agito, intentando reaccionar y desprenderse de sus oscuros pensamientos. No era el momento de pensar en respuestas a preguntas que sabía que no podía responder. Se sentó y miro el cielo, la luz de un nuevo día ya empezaba a deslizarse entre las nubes, ahí también una última estrella visible pareció saludarle con su brillo.

Una idea ilumino su pensamiento. Ella recordó a una poni o mejor dicho a una "princesa" que podía ayudarla a resolver este misterio. Toda su confianza y valor regresaron en una decidida mirada en su rostro, se levantó segura de que hacer a continuación.

Daring Do ajusto su sombrero y se elevó en el cielo, dejando atrás las tinieblas de aquellas infames ruinas. Partió rumbo al amanecer, a su tierra natal "Equestria".