Capitulo 2. El Deber de una Princesa.

Por: Kayazarami

El Sol se alzaba en lo alto del cielo, iluminando todo, excepto el ánimo de una joven vampiresa. Kagome se encontraba en su habitación, sumamente preocupada. La ceremonia para asumir el cargo de "Princesa Regente" se celebraría mañana y todavía no había conseguido hablar con su hermana de su "problema". Tenía que hacerlo ya.

Disimuladamente, para no despertar a Sango, que dormía en la habitación contigua y tenía el oído muy fino, abandono la habitación. Además, no quería volver a entablar conversación con ella, pues aquella noche acudirían los líderes de los 4 clanes a la ceremonia y entre ellos, el líder del Este, el amor imposible de su amiga, por el cual pasaba las noches suspirando y más de una vez perdía las esperanzas.

Avanzo lentamente por los pasillos, como era su costumbre. Tenía la habilidad de desplazarse sin ser detectada desde niña, desde que se colaba en el cuarto de su hermana para que le contara historias de amor entre vampiros y humanos, según ella, lecciones para que jamás siguiera ese ejemplo, pero, en realidad, eran simples cuentos con los cuales calmaba sus nervios y le permitían dormir. Su hermana no solía demostrarle sus sentimientos y todo lo disfrazaba de obligaciones, bueno, la verdad es que antes de subir al trono era más abierta, pero tras la coronación, se volvió más fría e intolerante.

Llego hasta la puerta indicada. La abrió lentamente, pero no logro su propósito, pues Kikyô ya se hallaba despierta.

-¿Que buscas, hermana?

-Veras, tengo un problema con la ceremonia...Yo no puedo...

-No busques excusas, Kagome, sabes que son tus obligaciones y las acataras.

-¡¡No es eso!! Es sobre mi "desventaja".

-¡¡Calla!! Eso es algo que jamás debes decir a nadie.

Las "desventajas" eran las debilidades de los vampiros. Los vampiros pertenecientes a los cuatro grandes clanes poseían una ventaja característica de su clan, que era general. Pero después, individualmente, cada uno de ellos tenía algo que equilibraba la balanza, una "desventaja", una debilidad. Por ejemplo, era sabido por todos que el clan del Este poseía la capacidad de hechizar a sus victimas con una sola mirada. Y se sabía que la "desventaja" de la mayoría de ellos era que el agua los dejaba paralizados.

Las "ventajas" y "desventajas" eran extrañas, si, pero en cualquier caso, muchas de ellas mortíferas. Y los vampiros guardaban celosamente sus secretos, conocidos solo por ellos mismos y, por desgracia, por los cazavampiros. El único clan que clamaba a gritos sus secretos, era el del Este, que no se interesaba nada por la guerra, tan solo se la pasaban divirtiéndose, bebiendo y seduciendo. Pero claro, con un líder como Miroku lo era, ¿que clase de clan se esperaba?

-Veras, hermana, es que yo...No puedo convertir a nadie en vampiro.

-¿Solo eso? Que suerte tienes, Kagome.

-¿¿Su...suerte?? ¡¡No puedo celebrar la ceremonia, se exige que muerda a un humano!!

-Si, que lo muerda, no que lo conviertas.

-Entonces, ¿solo morder?

-Aja, y recuerda: Nunca bebas la última gota de sangre de un humano, pues si arrebatas una vida, deberás pagara con la tuya.

Esas eran las lecciones básicas que todo vampiro recibía desde pequeño, y Kagome estaba harta de oírlas.

-Si, hermana.

-Puedes retirarte y descansa mucho, por que los lideres de los tres clanes han contestado anunciando su presencia en la ceremonia.

Ay, Dios.

-¡¡Los...Los tres?!

-Si, a mi también me sorprendió que incluso el Sur haya decidido venir, somos rivales desde hace eones. No se que tiene en la cabeza Naraku, pero ve con cuidado.

-Esto...Kikyô, ¿no hay manera de evitar que Kôga venga?

-¡¡Ja ja ja!! ¿Tanto miedo le tienes al líder del Oeste desde que juro que se casaría contigo o con ninguna?

-No, es que la última vez que vino, tuve a Ayame hablando durante tres semanas de su "belleza".

-Eso es asunto tuyo, por concederles tantas libertades a tus damas de compañía. Ahora, ve a descansar o esta noche no abra quien te levante.

-De acuerdo...

Kagome volvió a su cámara. Se sentía tan aliviada como preocupada. Se dejo caer en la cama y cayo en el profundo limbo del sueño de los vampiros.

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Anochecía, seguía con los ojos vendados, atado y amordazado en aquel furgón, pero supo que anochecía, por el leve descenso de la temperatura.

Sentía todo su cuerpo entumecido, por las largas horas de viaje en la misma posición...Unas 19h, había calculado desde su partida. Y algo le extraño. En 19h, ni una sola parada, ni repostar, ni descansos y nada de vigilar a la "carga", es decir, a ellos.

Aquello no era obra de humanos y teniendo cuenta sus últimos recuerdos...

Solo había una conclusión posible: vampiros.

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Dios. Ni siquiera Kikyô habría podido prevenir esto y, de hecho, no lo había echo. Su ceremonia de cargo de había con vertido en, tal y como la había dicho Sango: "El acto mas importante del siglo". TODOS los clanes iban a asistir, muchos de los altos cargos regentes de las ciudades humanas, que eran ocupados por vampiros, también asistirían.

Y los presentes comenzaron a llegar. Aquello fue lo más penoso de todo. Los regalos.

De las provincias de la parte Sur del Norte llegaron un montón de pájaros exóticos, que estaban muy de moda entre la clase alta vampirica, de vivos colores, chillones y peleones, que Kikyô, amablemente, consintió en llevar a las cocinas para preparar el menú de la noche, pues ya todos sabía que a pesar de no tener hambre, los vampiros comían por capricho.

De las provincias del Este, hermosos trajes de finas sedas que Kagome acepto encantada y envió una nota de agradecimiento personal.

De las del Oeste, un equipo de Sirrui, unos ninjas vampiros perfectamente adiestrados, implacables y eficaces a la hora de eliminar a alguien, el "Cuerpo de guardia personal de la princesa", se autoproclamaron y, desde entonces, no han dejado de fregar los suelos del castillo por "Altanería", según Kagome.

Y de las provincias de la parte Norte llegaron dos docenas de esclavas, pues se tenia la tradición de que los miembros de la familia real disfrutaban tanto con hombres como con mujeres (y era totalmente cierto en el reino del Sur).

Y así, llego la hora del comienzo de la ceremonia. Los invitados fueron llegando, encantados de estar en el acto social mas comentado de los últimos días, pero disgustados por no haber podido fardar mas de ello y por la rapidez con la que se preparo todo.

Kagome se hallaba a un lado del trono de su hermana, resplandeciente con un vestido negro de seda que hacia juego con su cabello y sus ojos. No llevaba joya alguna, pues no le gustaban, tan solo una rosa negra prendida en cabello.

Kikyô vestía con el traje de las monarcas femeninas del Norte, un faustuoso vestido compuesto por varias capas y rico en adornos, pero hermoso.

El primer líder en llegar fue Miroku, el "Rey libertino", como le llamaban sus súbitos, gustaba mucho de las bromas y tenia un carácter agradable, las vampiro se volvían locas por el.

Apenas llego, su sequito se disperso por la sala, pues en realidad, el Este no estaba enemistado con nadie, excepto con el Sur, y tenían entre ellos muy buenas relaciones.

El monarca se aproximo al trono de Kikyô, esta se levanto y se situó a su misma altura, pues entre ellos no habían diferencias.

-Un placer verla, Kikyô.

-El gusto es mío, Miroku.

-Así que por fin Kagome asumirá responsabilidades ante las cortes.

-Así es.

Miroku se acerco a ella, aunque nadie se percato, Kagome toco una campanita que llevaba encima, una que solo alguien a parte de ella podía oír y que significaba auxilio con...Miroku se le acerco mas, hasta que sus cuerpos casi rozaban. Kagome no se movió, ni se asusto, pues lo conocía bien.

-Por cierto, aquí les traigo mi presente para Kagome, un surtidor con los diez mejores arcos artesanales que e logrado encontrar.

-Muchísimas gracias, Miroku, ya sabéis lo mucho que a Kikyô y a mi nos agrada la arquería.

-Es un gusto verla, Kagome.

-El gusto es mío.

-Le aseguro que no-Situó su mano en el trasero de Kagome-Este segura que es mío.

Entonces...¡¡POOOMMM!!

-¡¡Pervertidooo!!

Miroku sonrió mientras se tocaba el chichón de la cabeza. En realidad, por eso tocaba siempre a Kagome nada mas entrar, pues era la manera de asegurarse de que ella apareciera...De que Kagome la llamara.

-Un placer volver a verte, Sango.

-Lamento no poder decir lo mismo.

Miroku se harto. Llevaba dos años sin poder verla, se moría de las ganas de estrecharla contra él, pues en realidad, la amaba. Pero no podía hacerlo. El tenía ya designada una esposa.

-Sango...yo...

Boom, su frase fue cortada a mitad por el ruido de las grandes puertas golpear pesadamente contra las paredes. Una Kagome muy resignada suspiro mientras una mancha color castaño claro avanzaba a toda velocidad hacia las puertas.

-Oh, no.

Sango se alarmo, siempre que llegaba él pasaba lo mismo...La mancha ya había llegado frente a el recién llegado, al frente de su comitiva y se abalanzo sobre él.

-¡¡Kôgaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!

-¡¡Ayameeeeeeee sueltameeeeeeeeeeeeee!!

Y como siempre, dos guardias tomaron a Ayame y la obligaron a tomarse una tila, dos valerianas, un calmante y un sedante para elefantes antes de dejarla volver a la fiesta.

El líder del Oeste, una vez se vio libre de su prima Ayame, se dirigió hacia el trono del Norte. La mayoría de sus acompañantes se integraron con los demás, pero varios de ellos de quedaron apartados y juntos. No se odiaban esos clanes, en realidad, la lucha constante entre ellos solo era mera rivalidad y para pasar el tiempo, eso cuando no se hablaba del clan del Sur, así que todos podían llevarse bien y crear un ambiente festivo.

Una vez en el trono, todos tomaron sus acostumbradas posiciones. Kagome se situó en el centro, Sango a su lado, Miroku junto a Kikyô. Todos listos para la representación que tenia lugar desde hace unos 16años, cuando Kôga asumió el poder en el Oeste. Kôga se inclino ante Kagome, esta suspiro con resignación y entonces...

-Mi dulce Kagome, ¿aceptáis ser mi esposa?

-Mi muy estimado Kôga, esta proposición creo que ya la realizo alguna vez antes...

-179 veces, para ser exactos.

- ¿Y que te hace pensar que esta vez será diferente e las 179 anteriores?

-El hecho de que ya estáis asumiendo papeles de mujer.

-Con gran pesar en mi alma, debo rechazar una vez más este honor, pues no me siento preparada...

-Pero mí amada...

Aquí acababa siempre el turno de actuación de Kagome y entraba en juego Kikyô y Miroku, que convencían a Kôga de esperar e intentar fijarse en otra con palabras muy cultas y finamente elegidas. Sango se limitaba a reírse con descaro y, al cabo de unos momento, todos, incluso Kôga reían, reían por que les gustaba aquello y por que, en el fondo, todos ellos se necesitaban entre si y necesitaban aquellas tonterías.

-¡Ah! Kagome, aquí te traigo mi regalo.

Una vez acabada la "farsa", siempre hablaban con normalidad entre ellos, sin cumplidos. Varios de los sirvientes de Kôga mostraron unos paneles llenos de...

-No los quiero...

-Pero, mí amada...

-¡¡Pero a quien se le ocurre comprar 180 anillos de compromiso!!

-Es que pensé que hoy...

Todos empezaron a reírse de nuevo, Sango con Miroku a su lado, que le pasó una mano por la cintura y la atrajo junto a él.

-Miroku... ¿Que...?

El monarca vampirico se acercaba lentamente a esos labios que tanto ansiaba probar, Sango quedo como hechizada por el (en realidad, esta usando la ventaja de su clan, hechizar con una sola mirada), estaban a punto de unirse cuando...

-Vaya, juraría que eso no le agradaría en lo absoluto a su prometida, Miroku.

En tres segundos, el ambiente cambio, Naraku, el líder del Sur, había llegado y poco mas allá de él, se encontraba un joven, atado de pies y manos, vendado y amordazado.

Fin del Capitulo 2º.