Capítulo 3º: Ceremonia
Por: Kayazarami
Kikyô cambio su expresión de sorpresa a una de felicidad absoluta en cuestión de segundos, lo que provoco que a prácticamente todos los presentes les recorriera un escalofrió, menos a Kagome, que sonrió también. Kikyô bajo del estrado y se situó frente a Naraku, que también sonreía. Todos cogieron aire. Las palabras de la líder del Norte no tardaron en hacerse oír.
-Que agradable es que hayas encontrado un hueco en tu apretada agenda para poder asistir a nuestra pequeña ceremonia, me siento tan feliz como el día en que guillotinaste a diez de los nuestros en la frontera este del Sur.
-Vamos, Kikyô, sabes que por ti haría cualquier cosa, sobre todo teniendo en cuenta que te cobraste ese pequeño fallo despellejando a veinte de los míos.
-¡Oh! ¡Ja ja ja! M halagas con tu servicialidad, pero aquella vez no fue necesario que devastaras las aldeas de la zona sur de mi territorio.
- Vamos, no seáis tan generosa, bien os lo cobrasteis cuando derruisteis mi palacio en el Oeste.
-¿No vais a rendirle tales honores a mi hermana? Yo ya he disfrutado de vuestra agradable presencia lo suficiente, teniendo en cuenta que vos prendisteis fuego a tres de mis castillos en los meses posteriores.
-Si,
por supuesto, aunque bien se que vos arrasasteis la zona norte tras
aquellos incidentes, con vuestro permiso...
La
"amigable" charla acabo en ese instante. Cuando se separaron,
todos respiraron de nuevo, menos Kagome, que soportaba la cercanía
de Naraku aun menos que Kikyô, aunque lo disimulaba mejor.
El líder del Sur se inclino levemente ante ella, correspondiéndole la vampiro con el mismo gesto. A sabiendas de que Naraku deseaba de Kagome y Kikyô más de lo que parecía, y que Kikyô sabía poner a raya a Naraku, pero Kagome parecía que no, Miroku, Sango y Kôga se pusieron alerta.
-Bien, mi estimada Kagome, ¿os sentís preparada para asumir vuestro cargo?
-Por supuesto, agradezco su interés.
-Me pareció escuchar por los alrededores que andabais escasos de sirvientes y os traje como presente a varios de ellos.
El vampiro chasqueo los dedos y varios guardias que había en un rincón se abrieron, dejando ver a varios hombres tras ellos, vendados, atados y amordazados.
-No lo merezco, señor.
-Por supuesto que sí, de hecho-un guardia tomo a uno de los prisioneros del cabello y lo llevo arrastrando hasta la tarima- Este es especialmente para vos.
El guardia le arranco la venda al hombre, dejando ver tras ella unos profundos ojos ambarinos y un poco mas arriba de ellos, una media luna en su frente.
-Es un ejemplar magnifico, espero que lo toméis como vuestro sirviente en este mismo instante, de hecho, espero que sea vuestro "elegido" para la ceremonia.
-Ah, de acuerdo, os agradezco el interés.
Podríamos decir que a nadie en esa sala le agrado la idea de Naraku, aunque todos sabía que debería llevarse a cabo, puesto que crear una guerra en esos momentos estaba prohibido, las leyes ancestrales dictaminaban que todo aquel que fuese invitado a una ceremonia, debía comportarse y todo aquel que invitara, debía evitar conflictos.
Las leyes de los vampiros si no eran obedecidas, por mas extrañas que fuesen, descumplían una especie de "propósito universal" y se pagaba con años de oscuridad, como en una ocasión que se declaro una guerra en plena ceremonia de coronación de un líder y la especie prácticamente se extinguió, pasando siglos y siglos de vida en las sombras, a ignorancia del resto del mundo, hasta que lograron reponerse y hacerse con el control.
Nadie olvidaba los años de tinieblas y por ello, cumplían las leyes al pie de la letra, incluso la de invitar a todos los clanes a las ceremonias, la cual explicaba el hecho de que Kikyô hubiese invitado a Naraku.
Así que no les quedaba otra que usar al humano que Naraku les había regalado como "elegido" para la ceremonia. Aquello era siniestro, pues al asumir un papel importante, los vampiros debía morder a un humano (o humana) en presencia de los 4 clanes, y entre el humano y el vampiro se establecía un lazo simbólico, pero también real, los unía y obligaba a los dos a estar juntos, hasta la muerte de uno de ellos.
El lazo podía ser roto por el vampiro, claro estaba, pero debía pasar un tiempo antes de ello. Así que la pregunta de todos los presentes en la sala era: ¿Que tendría de peligroso ese humano que Naraku confiaba que en el poco tiempo que el lazo fuera irrompible causara problemas al clan del Norte?
Kikyô hizo un gesto y varios de los suyos se llevaron al humano para prepararlo. Parecía nerviosa, lo cual todos atribuían al hecho de que se le hubiera descontrolado la ceremonia. Por lo demás, y aunque nadie lo había notado, dos de los presentes se habían quedado aturdidos al ver a el humano.
Kôga, que al instante lo reconoció, casi grita de la impresión, pero Naraku había jugado muy bien sus cartas y ahora no podía mas que callar, desde luego, tendría que verse muy pronto de nuevo con "él".
Kagome se había quedado paralizada al ver esos ojos. No sabía por que, pero si hubiera tenido corazón, este habría latido tan fuerte que se habría parado. Se había perdido en esos ojos que en tan solo un instante había pasado del desconcierto a la más terrible furia jamás vista.
-¡Kagome!
Ella se giro, sin saber como se había sentado con Miroku, Kikyô, Kôga y Sango en una de las zonas de sillones de la sala, mientras las conversaciones de los invitados se oían alrededor y Naraku y los suyos se encontraban apartados, hablando en una zona de la sala, sin mezclarse con el resto. Habían pasado como veinte minutos desde la presentación del nuevo "elegido" y ella se los había pasado en las nubes.
-Ah! Disculpe, Miroku, estaba pensando en lo que acaba de suceder...
-Si, nosotros también, tendremos que andarnos con cuidado...¿No hay veneno en el cuello del humano, Kikyô?
-No, Miroku, me acaban de informar, ya lo han limpiado completamente y ahora lo visten para la ceremonia, las criadas dijeron que se dejo hacer, pero en ningún momento permitió que una sola de ellas lo tocara, al menos si no era humana.
-Entonces tenemos problemas, no dejara que Kagome le muerda.
-Ya lo se, Sango, él mismo se negó en rotundo cuando se lo dijeron las sirvientes, tal vez si lo drogásemos...
-Espera, hermana, déjame hablar con él.
-No, Kagome, es demasiado peligroso, quien sabe si tan solo pretende acercarse a ti para matarte.
-Ya es hora que suma mis responsabilidades, Kikyô, no soy ninguna niña-levantándose-¿En donde esta?
-He dicho que no.
-Tarde o temprano tendré que verlo, esta misma noche, prefiero que nos conozcamos ahora que en un acto en el cual debo morderle ante todos los clanes, ahí es cuando seguramente si se pondrá violento, y, viniendo de Naraku, quien sabe que podría hacer.
Miro a Kikyô, esta parecía haber comprendido, aunque todavía se rehusaba, con un poco mas de insistencia logro que cediera.
-De acuerdo, pero ve con cuidado, se encuentra en la sala trece, pasillo central y ahora esta solo.
-Tu capacidad para detectar presencias a grandes distancias siempre es muy útil, Kikyô.
-Lo se, Miroku, pero es algo que cualquier vampiro puede lograr.
Kagome avanzó rápido por los pasillos, hasta que dio con la puerta indicada y la abrió. Se encontró con el joven tumbado sobre una mullida cama, descansando. Se veía muy bien vestido, como debía ser, pues había de ser visto por todos los clanes y el Norte jamás se arriesgaría a quedar en ridículo, pero aun así, en su piel se distinguían las marcas de las cuerdas. Era alto, de complexión fuerte, tenía una larga cabellera plateada y dos marcas en cada mejilla. Antes de que pudiera siquiera hablar, el chico se incorporo de un salto y se quedo frente a ella.
-¿Quien eres tu? ¿Que haces aquí?
-No seas tan grosero, venía a hablar contigo.
Al hablar, el chico vio los colmillos de Kagome.
-Déjame en paz, asquerosa nosferatu.
-Pues que sepas que esta "asquerosa nosferatu" tiene que morderte dentro de unas horas.
-Más bien dirás "intentar morderte", ¿acaso crees que podrás?
-Escucha, no se quien eres, no se que haces aquí, pero seguro que quieres irte, ¿no? Pues bien, te propongo un trato.
Él la miro interesado. Desde luego, no era tan altanera como la mayoría de los vampiros y ni se había inmutado por el insulto, era extraño encontrar alguien así entre los no-muertos.
-¿Que clase de trato?
-Tú participas en la ceremonia, dejas que te muerda, transcurre el plazo de unión y te libero, te vas y se acabo el tema.
-¿Que me garantiza que cumplirás tu parte?
-Nada lo hace, simplemente no tienes más opción, si no aceptas, te sujetaran mientras te muerdo y listo, luego te encadenaran hasta que pase el plazo y luego te mataran, nadie confía en nada traído por Naraku.
-¿Naraku? ¿El líder del clan del Sur?
-Si, ¿quien si no?
-¿Ese fue quien me trajo?
-¿No lo sabías?
-No, lo ultimo que recuerdo es haber sido perseguido por vampiros, después de eso una celda, haber sido torturado y el viaje asta aquí.
-Entonces, ¿no estas confabulado con Naraku?
-No, pero apenas me largué de aquí me lo voy a cargar.
-¿Eso significa que aceptas el trato?
-No me queda mas remedio.
-Bien, ¿como te llamas?
-Sesshômaru.
-Yo soy Kagome, nos vemos luego.
La vampiro abandono la sala.
Sesshômaru se volvió a tumbar en la cama, estaba cansado, aquella vampiro era la más rara que había visto en su vida. A medida que iba hablando, él mismo se daba cuenta de los conocimientos sobre los vampiros que poseía, así como de un odio hacía ellos que habitaba en su interior. No entendía por que, pero era así y sabía que, dejándose llevar por el, pronto recobraría sus recuerdos.
Mientras tanto, el trato al que había llegado con...¿Kagome? le sería útil, pues si no se equivocaba, debía estar con ella en todo momento mientras su unión permaneciese y, si no lo liberaba tras esta, la mataría. Pero para ello, debía averiguar la debilidad del clan del Norte, una de las más secretas, como la del Sur.
Al poco, tocaron a la puerta y varios guardias lo escoltaron de nuevo a la sala principal, en donde todos los vampiros se habían situado alrededor de una estrella de nueve puntas negra, cubierta de símbolos, en el centro de a cual se hallaba Kagome.
Si él iba vestido de blanco, ella de negro. Los guardias lo dejaron en la punta de la estrella y él camino hacia el centro, entonces, Kikyô, desde el trono, comenzó a recitar las palabras rituales.
Al acabar, la estrella se ilumino con una negra luz, emborronando a la vista de todos lo que ocurría en el interior de ella.
Dentro, Sesshômaru ya había llegado al encuentro de la vampiro de ojos chocolate y cabello azabache que lo miraba tranquilamente.
Sin pronunciar palabra, el se acero a ella, que se inclino sobre su cuello, pero no le mordió.
-¿Piensas hacerlo o no, vampiro?
Al oír aquellas palabras, ella hundió lentamente los colmillos en el cuello de él, mientras lamía la zona con su lengua.
Un suave escalofrió seguido de un agudo dolor invadió a Sesshômaru, que involuntariamente, paso sus brazos alrededor del delicado torso de Kagome, estrechándola contra él.
Ella tan solo profundizo la mordida, hasta que probó su sangre. Entonces, la mortecina luz comenzó a disminuir, mientras ellos se separaban.
Sobre los pecho de ambos, apareció la estrella de nueve puntas, hasta que momentos después se desvaneció.
La ceremonia había sido completada, Kagome ya era la heredera oficial de Kikyô y, mientras durara su lazo, Sesshômaru debería estar con ella.
Fin del capítulo 3º
