Capitulo 5. Entre tú y yo.
Por: Kayazarami
Sesshômaru paseaba tranquilamente por los pasillos del palacio. Se había acostumbrado bastante bien a la vida allí. Básicamente lo único que debía hacer era ignorar a Kaede y cumplir con los caprichos de Kagome, cuando le apetecía.
Como en esa ocasión en la que la vampiro le había llamado para que le "diese su opinión" sobre como le quedaba un vestido. En un principio había pensado no ir, pero la segunda opción era fregar los pasillos del castillo y no iba a darle ese gusto a Kaede.
No tardo en llegar a la habitación de la princesa. Esa era otra de sus extrañas cualidades: a pesar de que ni los vampiros que llevaban siglos allí viviendo se sabían la ruta, él se la había aprendido en una semana.
Abrió la puerta y la cerro tras él. En la habitación tan solo se encontraba Kagome, frente a un espejo, mirando como le quedaba un vestido escotado, de color negro y ajustado, que dejaba ver perfectamente su contorno y sus suaves formas. No iba maquillada, nunca lo hacía, por lo visto.
-¿Que opinas?
-Muy bonito, hale, adiós.
Ella volteo rápidamente, cabreada y se le encaro.
-Mira, sé que la palabra "amabilidad" no forma parte de tu vocabulario y menos aun de tu carácter, pero al menos podrías dar tu opinión, si es que te ves capaz de semejante derroche de inteligencia.
-Bonito discurso, lastima que no sirva de nada.
-Grrr...Eres insoportable.
Parecía que se había rendido y se fue derechita al espejo, con una mirada un poco... ¿Triste?
-Vaya, si que te afecta mi opinión.
-Esto no tiene nada que ver contigo, es solo...Que este vestido era de mi madre.
-¿La líder del Norte que asesino Naraku?
-Si.
El humano no dijo nada más, se acerco a la vampiro y acaricio levemente la tela del vestido.
-Es...es...bonito. Vaya...- uno de los alfileres que sostenían el vestido se le clavo en el dedo- creo que no le caigo bien.
Kagome el miro la mano, una gota roja había surgido del pinchazo y, sin poder resistirse, tomo la mano y se metió el dedo en la boca, cerro los ojos para lamerle la sangre.
Sesshômaru la miraba entre extrañado y sorprendido.
No hizo señales de querer morderle ni nada, simplemente sorbió aquella gota de sangre.
Cuando abrió los ojos, pareció reaccionar y soltó la mano de Sesshômaru de golpe. Bajo la cabeza avergonzada e intento disculparse.
-Ah...Lo siento, es que no he desayunado y hacia días que no...
Callo de golpe cuando el le rodeo la cintura con sus brazos y la estrecho contra si.
-¿Ses...Sesshômaru?
-Muérdeme.
-¿Co...Como?
-Ya me has oído.
Intento resistirse, pero tenía el cuello de él demasiado cerca y demasiada hambre, así que le lamió un poco el cuello, sintiendo como él se estremecía y clavo lenta y suavemente sus colmillos en él.
-Ah...
¿Como podía ser posible? ¿Como podía él estar dejando...haberle pedido a la vampiro que lo mordiese? ¿Que diablos le ocurría? Sin embargo, sentía como el calor que se le escapaba recorría el cuerpo de Kagome y lo encalídecía, volviéndola más humana, a pesar de no serlo.
Mientras, Kagome sentía también ese calor y comenzó a estremecerse en sus brazos. Nunca le había pasado algo así. Nunca nadie la había abrazado de esa manera y aún menos su "comida". Cuando se percato de que llevaba más de la cuenta chupando sangre, se separo de Sesshômaru con cuidado.
Creía que él la dejaría una vez acabase, pero no fue así. Apoyo la cabeza en su pecho y cerro los ojos, mientras él la abrazaba más fuerte.
Toc Toc Toc
Alguien llamo a la puerta y los dos se separaron deprisa y sin mirarse.
-¡Te queda genial, Kagome!
-¡Si, pareces una autentica princesa!
-Gracias, Sango, Ayame, yo...- parecía confundida, pero al instante se enfado-Un momento... ¡¿Estas diciendo que sin traje NO parezco una princesa?!
-Exactamente.
-Bueno, al menos no soy como otras, que por su comportamiento no parecen siquiera de la nobleza, ¿verdad, Ayame?
- Je, je ,je ...No se de quien me estas hablando.
Mientras las vampiros seguían discutiendo, Sesshômaru se retiro discreta y silenciosamente.
No le gustaba nada lo que acababa de pasar y mucho menos la idea de ser el alimento de la vampiro, pero al fin y al cabo la culpa había sido suya.
Entro a su cuarto y se tumbo en la cama. Tres segundos después ya estaba de nuevo en pie, alertado por detectar otra presencia en esa misma habitación.
-Da la cara.
-No esperaba menos de ti, Sesshômaru.
El individuo salio a la luz y Sesshômaru apenas tardo unos segundos en reconocerlo.
-Inuyasha...
Justo entonces, un torbellino de ideas, pensamientos, emociones y sensaciones le golpeo. Se mareó un instante y entonces comprendió. Luchas, entrenamiento, peleas con Inuyasha, cazas...Sonrió.
Ya sabía quien era. Había recuperado su memoria.
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-Yo...Para mi significó mucho lo de ayer...No, no, así no,...Umm...Mejor: ¿por que ayer me...?
Kagome se encontraba frente al espejo, intentando sacar en claro las palabras que debía decirle a Sesshômaru. Parecía feliz y al mismo tiempo confusa.
-¡¡Por que no me saleeee!!
Estaba extraña. Deseaba ver al humano e intentar aclarar sus ideas, quería saber por que la abrazo de esa mañana...Pero no sabía como expresarlo.
Suspiro resignada y salio al balcón. Era de noche, había una hermosa luna menguante y el ambiente era fresco. Se estaba planteando si salir a dar un paseo por el jardín cuando sonaron las alarmas del castillo.
Primero se alarmo, luego reacciono e intento escucharlas con calma. Eran tres sonidos agudos cortos y dos graves largos. Aquello significaba que era un ataque de...Cazavampiros.
Entro de nuevo en la habitación y tomo uno de sus arcos. ¿Como era posible? ¡Se suponía que los había eliminado a todos! Iba a coger una flecha cuando una mano apareció tras ella y la detuvo.
Kagome se volteo para asestarle una patada al invasor y se encontró con unos ojos dorados que la miraban fríamente.
-¿Sesshômaru?
-Así que la pequeña nosferatu pretende ir a luchar.
-Si, así que si no te importa, sal de en medio.
El chico tomo el arco de Kagome y lo partió en dos con sus manos.
-Pero si me importa, vampiro, no dejare que mates a mi gente.
-¿Tu...gente? Entonces...Tú eres...
-Soy Sesshômaru, cazador de chupasangres.
Por un momento, los ojos de Kagome brillaron de miedo, después todo se volvió tristeza.
-Claro...Ya entiendo por que Naraku te trajo aquí e insistió que te nombráramos "elegido".
-Si, ni yo mismo me hubiera esperado un golpe de astucia semejante por parte de ese desgraciado. Y aún menos hubiese imaginado que iba a perder la memoria y pactar con escoria como tú.
A medida que hablaban, Sesshômaru iba acorralando cada vez más a Kagome contra la pared. Cuado la espalda de ella choco contra el frío muro, solo sonrió y extrajo una estaca de plata de sus ropas.
Kagome comenzó a temblar, pero lo miro fijamente y solo espero la muerte.
-Nunca tendrías que haber echo un trato conmigo.
La estaca ya sobre el corazón.
-No me...arrepiento de eso.
Ya no había distancia, estaban los dos juntos y la mano de Sesshômaru sujetaba firmemente la estaca que estaba justo a la altura de al corazón muerto de Kagome, quemándole la piel la plata al contacto.
-Yo en tu situación lo haría.
Kagome solo sonrió levemente y cerró los ojos.
Sesshômaru dio un último impulso y cuando la estaca estaba a punto de atravesar el corazón de la vampiro, se quedo paralizado. Aquella misma mañana la había abrazado como si le fuese la vida en ello, le había pedido que le mordiese. Aunque ahora ya no era el mismo, su carácter nunca había dejado de ser igual. ¿Por que lo había echo? Mejor pensado, ¿por que diablos en aquel preciso instante en que podía liberarse del lazo que los unía desde la ceremonia matando a la vampiro, solo deseaba volver a abrazarla?
¿Por que esa sensación era más fuerte que su odio a la raza de los vampiros? ¿Que leches le estaba pasando? Volvió a mirarla y, de tanta confusión, algo saco en claro: No podía matarla.
La estaca cayo al suelo. Ella abrió los ojos y se encontró con la mirada penetrante y decidida del caza vampiros.
-¿Qu...?
El rostro de él se fue aproximando hacia el de ella, tan despacio que Kagome supo exactamente lo que iba a ocurrir. Cuando sus labios rozaron, solo pudo dejar escapar un débil gemido y respondió al beso.
Eran suaves. Los labios de Kagome eran terriblemente suaves y...calidos. Quizás a causa de su propio calor. Sentía que sus colmillos le producían pequeña heridas en la boca, pero no le importo. La atrajo más hacia él y volvió a abrazarla, mientras sentían como ella le pasaba los brazos por el cuello.
Cuando al fin pudieron separarse, a falta de oxigeno, el rostro de Kagome era la viva imagen de la vergüenza, con las mejillas levemente coloradas y los ojos brillantes.
Quiso volver a besarla, decirle algo, pero en ese momento, se oyeron las fuertes pisadas de un grupo de Sirrui (ninjas vampiros) por el pasillo, que iban directamente a la habitación de Kagome.
