I love you for what I'm not
I did not want what I have got
2.-
Ted Tonks sueña mucho. Todas las noches lo hace y siempre recuerda cada uno de sus destellos. Ha soñado que vuela en un caballo alado por distintas ciudades del mundo (y le han parecido todos los cielos iguales). Ha soñado que es capaz de saltar los muros de una catedral para rescatar a un pájaro hecho de agua (y que al salir a la luz del sol se evaporó tristemente dentro de su jaula).
Ha soñado que besa a Andromeda Black y ese es el sueño que recuerda con mayor nitidez porque ella le besa también, con los ojos cerrados, y con el corazón latiendo en su garganta.
Y cada noche, cuando se acuesta, quiere soñar que la besa de nuevo. Pero no puede, sueña con mares poco profundos en los que navega, sueña con mañanas brillantes dentro de la huerta de un campo, sueña que es minero. Pero no ha vuelto a soñar con ella, simplemente no puede.
Y cada mañana al despertar, se recuerda, lamentándose, que él no controla aquella parte de su cerebro. Como tampoco puede controlar sus ojos cuando la ve pasar. Ted cree que si todos lleváramos letreros de neón sobre nuestras cabezas, el de Andromeda diría "inalcanzable", o quizás diría "imposible". Pero da lo mismo porque las dos palabras significan una sola cosa para él, que su letrero de neón brilla con la palabra "indigno", o mejor aún, "impuro".
En sus diecisiete años de vida nunca le había molestado nada relacionado a su origen. Agradece el pelo rubio y el buen humor que heredó de su padre, agradece los ojos azules y todo lo que le ha aprendido de su madre. Agradece los discos de Johnny Cash y Bob Dylan que le regalan para navidad o para su cumpleaños, agradece los almuerzos de los domingos, la poca ropa nueva que le pueden comprar, y por supuesto los materiales del colegio y la mensualidad que sus padres pagan sin tardanza. Pero ahora necesita algo más, y nadie se lo puede dar. Necesita sangre, y no es porque sea un vampiro. Necesita sangre roja, igual que la que actualmente corre por sus venas, pero que reluzca en la luz y oscuridad por la nobleza y la antigüedad de magia que la completa.
No la venden en ninguna parte (ya se ha molestado en averiguar).
Y en el supuesto que la vendiesen tampoco tendría el dinero para comprarla.
Pero ella sí lo tiene. Tiene el dinero y tiene la sangre y es precisamente por eso que Ted necesita ser igual que ella, estar al nivel de ella, poder mirarla a los ojos y saber que le está ofreciendo algo que se merezca, algo que ella espera, porque todas las cosas deslumbrantes con las que fantasea Ted a ella probablemente le parezcan normales, alcanzables, posibles, dignas y puras.
Ted cree que no tiene ninguna posibilidad de salir con Andromeda Black. Y sus amigos también lo creen. Le han dicho una y otra vez que invite a otra chica a tomar algo en las Tres Escobas, le han dicho que vayan todos ellos a Cabeza de Puerco para ahogar las penas y hacerlas desaparecer (y lo han hecho muchas veces). Hasta le han dicho que se haga un obliviate porque ella jamás lo mirará.
- En realidad nunca mira a nadie. -apunta uno de sus amigos después de un largo sorbo de champagne de malta. -No es como si te odiara a ti más que al resto de nosotros.
- ¿Eso se supone que debe animarme? -Pregunta Ted para luego echarse dos ranas de chocolate que apenas puede dar vuelta dentro de la boca. Se las traga con ayuda del licor que su amigo le da.
- Sí, porque no siente un odio especial por ti. Te lo digo, eres como el resto...tampoco te mira.
Y Ted siente que una pequeña burbuja de luz ilumina su pecho porque hay algo que no calza. Ella jamás lo ha contemplado en la forma que él lo hace, ella jamás le ha hablado ni una sola vez (ni siquiera para decirle que odia los pergaminos que él, mágicamente, deja caer sobre su mesa cuando nadie lo ve), ella no le sonríe, ni le grita. Pero todas las mañanas cuando Ted contempla cómo caen los rizos húmedos sobre sus hombros y sobre su pecho, ocultando la insignia de Slytherin, él ve que a ella se le caen los cereales de la cuchara (a veces se le cae la cuchara) y ella levanta sus ojos para mirarle del modo más fiero que alguien pueda mirar. Vuelve a bajar la vista, se limpia la ropa que se le ha salpicado con leche y deja de comer.
Pero lo importante es que le mira. Mal. Pero le mira.
Esa noche noche Ted se acuesta temprano porque está seguro que el alcohol que ha tragado no le dejará tener más revelaciones, ni más tiempo de vigilia. Pero también está seguro que soñará, como todas las noches.
Ojala la bese de nuevo murmura mientras deja caer su cabeza en la almohada.
Nota de Autora: Muchas gracias a Daniela y Laura por sus comentarios, no saben lo mucho que me han animado :D
