Capítulo 8 ¿Rutina o locura

Capítulo 8 ¿Rutina o locura?

Por: Aiduchi

Kagome se iba encontrando mejor, aunque seguía durmiendo mucho y no se levantaba de la cama, ya había recuperado su sonrisa y alegría natural. A pesar de todo, ni Sesshômaru ni Kaede la dejaban hacer nada y no le permitían hacer nada sin su ayuda.

-Sesshômaru, quiero intentar andar un poco ayúdame.

-Ni soñarlo, Kagome, debes descansar.

-Solo un poco...

Kaede apareció tras la puerta con un cuenco de hierbas medicinales en las manos.

-¡Sesshômaru! ¡Eres basura! Me marcho un segundo y ya te veo convenciendo a Kagome para que se levante.

-No es cierto y lo sabes. Lo que pasa es que me tienes ganas y no sabes aguantártelas.

-Mi pobre niña-dijo Kaede mientras pasaba de él y untaba una crema verde en las manos a Kagome-Tan frágil...tan buena .Ya verás como esto te sienta mejor.

-Kaede, era yo quien quería levantarse. Sesshômaru solo me dijo que no lo hiciese.

-Encima le proteges. Eres demasiada buena. Pero no te preocupes; hablaré personalmente con la reina para que le diga a este insensible que se vaya de una vez.-dicho eso se marchó con el cuenco en las manos.

-Perdónala es que es muy protectora conmigo.

-No te preocupes desde que llegue aquí me ha tenido manía.

-¿Y cómo lo llevas?

-Bien. Bueno una vez me obligó a limpiar a fondo los trofeos de la sala de los honores. Había que darles constantemente abrillantador de metales y grasa. Y encima algunos tenían manchas y había que frotarlos todo el rato. Era muy pesado.

-¿Y?

-Le dije a Kaede que me encantaba hacerlo, es más, le decía que me pasaba las noches limpiando los trofeos cuando en realidad dormía en un sillón que había allí. Estuve así un par de días hasta que me quitó ese trabajo. Si ahora supiese que en realidad lo odiaba más que nada, seguro que se tiraría de los pelos hasta quedarse calva.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! No está bien que me ría pero es que es muy gracioso.

-¿Gracioso? El sillón era odioso e incómodo- Sesshômaru se quedó extrañado ante la reacción de Kagome

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ,ja, ja, ja, ja...para...Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ,ja, ja.

De repente aparecieron en la habitación Sango y Ayame, seguidas de lo que parecía medio ejército del castillo.

-¡Kagome!-dijeron a la vez las dos damas de honor- Estábamos muy preocupadas

-¡Ahhhhhhhh!-Kagome se asfixió con los abrazos de sus amigas.

El comandante de la patrulla se acercó a Kagome.

-Majestad, os encontráis mal y vuestras damas de honor solo os agotaran. Deben marcharse cuanto antes.

-No seáis así, comandante, estamos muy preocupadas por ella-dijo Sango.

-Es más deberían azotaros a cada uno de vosotros por impedirnos el paso. Somos herederas de las familias más poderosas e ilus...-empezó a soltar Ayame

-Me dan igual vuestros títulos, señorita Ayame, le prometí guardar esta puerta a su Majestad y lo haré. Marchaos antes de que nos oigan más criados y se forme un escándalo.

-Está bien, nos iremos-Sango se dirigió a Ayame-Nos vamos.

-Pero...esta bien...pero si en algún momento de la noche, la señorita Kagome se encuentra mal nosotras seremos las primeras en enterarnos.

-De acuerdo.

Rápidamente lo que había sido un gallinero de gritos, contraordenes y cuchicheos se convirtió en el más absoluto silencio. Sesshômaru que se había divertido con toda la escena semiescondido en una esquina, se sentó en la cama de ella.

Estaba preocupado y pensativo; pues una idea le rondaba la cabeza y no sabía como quitársela.

¿Qué había hecho para acabar en esa cárcel de vampiros?¿Por qué Naraku lo había escogido como el elegido?¿Y por qué todavía tenía lagunas en la memoria?

Luego se dio cuenta de que Kagome lo miraba fijamente intentando averiguar lo que le pasaba. Así que se olvidó de ellos y volvió a la realidad.

-Eres tonta.

-¿Por que?

-Cuando vinieron los guardias me distes una oportunidad para escapar aunque yo había intentado matarte antes. No me lo merecía.

-No, no te lo merecías –observó Kagome-pero pensé que si estabas intentado matarme para romper el vínculo, perdiendo un tiempo precioso, es porque no podías romperlo de otra manera. Y tú y yo sabemos perfectamente que la otra manera, era odiándome con todas tus fuerzas.

-Excelente, pero se te olvida una cosa.

-¿Cuál?

-Intenté que me odiases lo suficiente para que lo rompieses para poder irme.

-Pero no lo hice. Ni pienso hacerlo; así que si quieres irte tendrás que hacerlo tú solo.

-De todos modos, todavía no he dicho que quiera irme. Aquí me lo paso bastante bien; me paso el día tumbado.

-Sesshômaru...

-¿Qué?

-Tengo hambre...

-Llamaré a los del servicio.

-No puedo aguantarme. Además ¿que te importa?

-No, no pienso darte mi sangre ni ahora ni nunca. Te esperas.

-Venga, si es solo un poquito. Además estoy muy enfermita.

--

Sango y Ayame habían salido de la habitación muy disgustadas y a la vez aliviadas. No habían hecho nada más que escuchar cotilleos de los criados que iban desde una enfermedad tropical vampírica hasta un bulto verde parlante en la cabeza de ella.

Así que saber que estaba en la cama casi todo el rato durmiendo y con grandes probabilidades de mejora les había aliviado más que la paz entre todos los clanes vampíricos. Al llegar a su habitación Sango cogió, como todos los días, la carta que habían dejado en el suelo para ella.

-Lee las cartas, Sango, al menos para saber de quien son.

-No hace falta; de todos mis pretendientes sospechosos, hay uno que encabeza la lista y con diferencia. No necesito leerla para saberlo.

-Entonces ¿Para qué las guardas en tu mesita de noche?

-Por...por no hacerle un feo-se sonrojó y esquivo la mirada escudriñadora de Ayame para cambiar de tema-¿Y a ti te sigue gustando Kôga?

-¿Eh?...a mi...-Le llegó el turno a Ayame sonrojarse-¿Cómo lo sabes?

Es evidente; necesitas tres valerianas cada vez que lo ves

-Deberías declararte

-No...él va en serio con Kagome. Además ella es mejor para él. Es más bonita y encima es la princesa. Tiene mejor reputación y clase. Yo lo único que hago es estorbar-Sango bofeteó a Ayame-pero...

-No permito a nadie que menosprecie a mi amiga Ayame ni siquiera tú.

-¿Eh?

-Tú no eres así. Mi amiga Ayame es valiente y decidida. No le importa la opinión de los demás y aunque este un poco loca y se olvide de las normas es mucho mejor que cualquier vampiresa pija y noble.

-¡Tienes razón! ¡Soy mucho mejor que esas asquerosas pijas!- se subió a la mesa del escritorio.

-¡Sí!

-¡Me voy a declarar a Kouga!

-¡Sí!

-¡Y si me dice que no, él se lo pierde!

-¡Sí!

-¡Y tú vas a leer las cartas de tu admirador y las vas a contestar!

-¡Sí!-se dio cuenta- ¡Nooooo..! No lo pienso hacer ni en un millón de años.

A Kaede no se le escapaba nada. Llevaba más años que nadie en el castillo y sabía mejor que nadie los secretos del castillo y los de sus habitantes. Había quien decía que las paredes del castillo le hablaban y le decían todo. En realidad, Kaede había desarrollado una gran capacidad de observación y deducción gracias a tantos años de experiencia cuidando de nobles y cumpliendo sus caprichos.

Así que en cuanto salió de la habitación de Kagome ya sabía más o menos lo que debía hacer. Fue corriendo a la habitación de Kikyô dispuesta a contarle todo lo que había pasado hace apenas unos minutos.

La parejita todavía no se había levantado de la cama cuando oyeron que alguien golpeaba la puerta. Se vistieron rápidamente y con prisas. En cuanto se pusieron todas sus ropas; Kikyô dio permiso para entrar a su habitación.

-Adelante.

-Majestad, me gustaría hablar con usted sobre Kagome.

-¿Es que ha empeorado su salud?

-No, está enamorada.

-¿Y para eso me molestas?

-Me preocupa de que este enamorada de quien no debe. Y no lo digo solo por su posición de princesa heredera.

-Mientras ella sepa lo que quiera no me meteré en sus asuntos. Y te aconsejo que hagas lo mismo. Ya es mayorcita para decidir.

-Pero...

-Entiendo que te preocupe y más cuando sabes que va a salir mal, pero debes respetarla y apoyarla pase lo que pase.

-¿Lo sabes? ¿Cómo es posible?

-No eres a la única que le hablan las paredes-le sonrió-ve a hacer tus obligaciones; debes estar muy ocupada ahora que te pasas casi todo el día cuidando de Kagome.

-Muchas gracias, Majestad, por su tiempo-dijo Kaede mientras se marchaba hacia las cocinas.

-¿Inuyasha?

-¿Sí, Kikyô?

-Ya puedes salir del armario.

El joven cazavampiros golpeó con frustración las puertas de madera, con un sujetador encima de la cabeza y cara de estar siendo humillado.

-¿Qué piensas de tu hermano?

-Que era el mejor y el más cruel cazavampiros que he conocido nunca, pero ahora ha cambiado mucho. Lo poco que he hablado con él me ha parecido muy diferente. Pero ¿Qué a que viene esa pregunta?

-A nada. Solamente era por curiosidad.

-¿Entonces?

-No te preocupes-le sonrió pícaramente-¿Qué te apetece hacer?

-¿Qué te parece lo que habíamos dejado?

Fin del Capitulo 8.