Nota de Autora: He aquí las ultimas dos viñetas de está historia. Espero que las disfruten y las palabras al final.-


I'm coming out of my cage
And I've been doing just fine
Gotta gotta gotta be down
Because I want it all

9.-

Ha estado mucho más cerca de ella. Puede identificar cada uno de los aromas que desprende su piel, incluso a distintas horas del día. Puede adivinar por la forma en que proyecta las comisuras de sus labios con qué animo anda. Y ahora puede adivinar que los EXTASIS la tienen algo preocupada.

A él en cambio no le importan mucho, ha sacado cuentas y debería aprenderse ochenta y dos páginas diarias si quiere terminar todas las materias a tiempo, y como cree que a lo físicamente imposible nadie está obligado, él no será la excepción.

Ha intentado aprenderse la misma página hace horas, pero cuando llega a la mitad del texto los ojos vuelan, directo hasta ella. Le ve morderse los labios y asentir disimuladamente como si estuviera repitiendo mentalmente. Lleva horas así, lleva horas estudiando Encantamientos e ignorándole olímpicamente.

Se ha imaginado cómo reaccionaría si él se parase en medio de la mesa que ocupa, si él se parase y extendiera los brazos al tiempo que grita a todo él que pueda escuchar lo mucho que le gusta Andromeda Black. O, mejor dicho, lo mucho que le quiere.

Porque para pensar en tamaña locura, es porque hay algo más fuerte.

Pero quizás no sea lo más conveniente. No para ella, al menos. Se convence que tiene que intentar estudiar un poco, no por él, sino porque quizás si obtiene mejores calificaciones puede postular a algún trabajo o seguir una carrera que le permita vivir con ella. Vivir con ella. La idea lo marea, casi hiperventila, puede ver la casa que le gustaría ofrecerle, puede ver el jardín y una pequeña huerta, tal cual como la de sus sueños.

Y es en ese momento en el que le gustaría que ella soñase lo mismo.

Y antes de que ella salga de la Biblioteca, él se descubre de pie, como si sus movimientos estuviesen condicionados a los de Andromeda. No recoge sus cosas, sino que las deja regadas sobre la mesa, piensa que sus amigos quizás se las lleve hasta su Sala Común, y si se pierden, si se pierden no importa mucho porque lo que ahora es realmente primordial es hablar con ella.

Y es cerca de las escaleras que le logra alcanzar.

- Andromeda -le llama, con la voz transformada en un débil susurro. Sin embargo, ella no se detiene sino hasta mirar en todas las direcciones y asegurarse que no hay nadie. Se da vuelta lentamente, y le mira con los ojos fijos.

- ¿Qué pasa? -pregunta con las comisuras curvadas. Claro signo de preocupación y nerviosismo, Andromeda es un libro que se le hace muy fácil de leer, lo que no sabe entender son las reacciones, pero puede identificar las causas. Se atreve a acercarse uno, dos, tres pasos, y después da los que sean necesarios hasta llegar a su lado.

- No has ido...

- ¿Por qué tendría que ir? ¿Te dije que tendríamos una cita o algo por el estilo?

- No, pero yo pensé que quizás...

- Pensaste mal, Ted. No puedo ir a ver las estrellas cuando a ti se te ocurra, menos aún que están los exámenes tan cerca, y sin contar que...

Es evidente. Andromeda está sumamente estresada. Y de un humor de los mil demonios.

Quizás esas son las cosas pequeñas que le gustan de ella, quizás es que es tremendamente mal genio, despectiva, huele de un modo embriagante y tiene los ojos más bonitos que Ted ha visto, quizás le han nombrado así porque en sus pupilas esconde millones de soles lejanos, en los que le gustaría quemarse y refundirse hasta quedar convertido en cenizas.

Y eso hace.

Porque se atreve a poner sus labios sobre los de ella, y sus manos entre sus cabellos y el hueco de su espalda. Y él es un imán que quiere pegarse a ella, pero Andromeda le repele porque él siente aquellas manos en su pecho intentando separarse de él, siente que su voz ahogada se queja en palabras que no puede articular, siente que le está empujado tan fuerte como puede hacerlo. Le siente la piel, la tibieza de los labios, el olor de su aliento, le siente entera, y él es un maldito torpe que no puede parar de temblar.

Sabe que no debería estar haciendo eso, no de ese modo al menos, porque así no se lo había imaginado. Los besos que le daba en su mente eran perfectos, de esos en que las lenguas juegan a encontrarse y los labios se separan como si enviaran una clara invitación a probar el rincón más ocultos de las bocas. Muy distinto a los empujones que recibe de vuelta.

Se separa un poco y se atreve a mirarla. Tiene las mejillas sonrosadas y los ojos brillan de una forma que asusta. Le cruza la cara con un golpe sonoro y certero que le hace arder la cara automáticamente. Sabe que se merece eso, y quisiera que ella le diera otra, o eso podría pensarse porque Ted Tonks la toma de los hombros y la besa nuevamente. Del mismo modo torpe, tembloroso y desesperado.

Y no es porque sea un loco maniático masoquista que le gusta que le golpeen, es sólo que ese beso le ha sabido a poco, y es demasiado obstinado (o tenaz, según quiera verse) para rendirse al intento número uno.

Y aunque no sea perfecto, aunque sea el peor beso que ha dado en toda su vida, siente que se triza el corazón con un estallido cuando las escaleras cambian de posición y les cubre a los dos.


Nota de Autora: Sigue, ahora mismo...así que vete al otra viñeta :D