El cielo se tiño de una luz incandescente, transformando el tiempo en un momento infinito. Aizen, parado a un lado del foco de atención, miraba sonriente.
Pobrecillo no pudo hacer na…
SHOKYO SURU! – oyó entre los rayos de luz
Los ojos expectantes de Aizen no se inmutaron, ni siquiera al ver que la imagen de Ichigo; sangrando, lleno de espadas; se desvanecía como un espejismo.
Ichigo!- se escuchó la voz de Rukia, que por un momento había permanecido inmóvil al pensar que el shinigami sustituto había sido derrotado. Al darse cuenta de su error, volvió sin vacilaciones a la batalla que sostenía contra un Espada.
Demonios – susurró Aizen para sí, cambiando su mirada – Eres una verdadera escoria – le dijo calmadamente al vacío
Lo mismo digo – le respondió Ichigo, apareciendo a su espalda y respirando entrecortadamente
Kurosaki, Kurosaki, Kurosaki – dijo sarcásticamente – Ya veo que tu técnica de defensa de juego de magia, no es muy efectiva, veo varias heridas profundas que reconozco muy bien que fueron hechas por mis espadas. Jaja, bien Kurosaki, ahora, debes de entender que mi tiempo es muy valioso y no puedo desperdiciarlo en juegos tontos contigo, así que… POR QUÉ NO MUERES DE UNA MALDITA VEZ!!
Apenas hubo terminado de pronunciar la última palabra, desapareció con velocidad, para reaparecer al lado de Ichigo. En un segundo, estiró su dedo índice y lo hizo traspasar en pecho de su oponente, provocando que la sangre fluyera, dejando su rastro en el aire.
Ichigo quedó inmóvil, las heridas en su cuerpo se habían incrementado.
Ah, maldito, no me he percatado en qué momento se movió, no lo pude sentir – pensó Ichigo – No voy a dejarme vencer por basura como tú, ya te lo he dicho – dijo en voz alta, ignorando la heridas profundas que sangraban.
Empuñando con fuerza a Zangetsu y arremetió contra Aizen. Ichigo corría hacia él, y cuando estaba a unos pocos pasos, se esfumó, dejando a Aizen completamente desconcertado, que esperaba su ataque por el frente.
Miró hacia todos los lados, no sentía su reiatsu.
Ese idiota lo ha ocultado?, pero cómo si hace algunos momentos no lo hacía – pensó – dónde está?
La espada de Ichigo se develó viniendo de la parte superior. Aizen con rapidez, levantó a Suigetsu y detuvo su ataque sin mucho esfuerzo.
Te lo he dicho ya, es imposible que me derrotes – le dijo con una sonrisa cansina - ya he llegado al límite de mi paciencia. A pesar de que tengo demasiada, tú has logrado agotarla.
Tomó por el cuello a Ichigo, que quiso desaparecer en vano, y le apostó una patada en el estómago, para luego tirarlo desde el cielo. Ichigo cayó a tierra y quedó tendido. Aizen bajó y levantó nuevamente la cabeza de Ichigo, que había tomando por los pelos.
Voy a acabar con esto ya…
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Kurosaki-san!! – gritó Rukia dejando su batalla, a cargo de otros shinigamis, para correr al alcance del padre de Ichigo, que había caído repentinamente de rodillas con una expresión de dolor en el rostro. Otros dos shinigamis habían salido a su defensa.
Kurosaki-san, está bien?
Rukia-chan – le dijo con un hilo de voz – quiero pedirte algo – habló entrecortadamente – cuando llegue el momento en que ya no pueda contenerme más, acaba conmigo, no sé cuan peligroso pueda llegar a …
Haré todo lo que esté en mis manos para detener su transformación – interrumpió la Capitana Unohana, que había aparecido repentinamente a su lado, junto a su teniente.
Lo dejo en sus manos Capitana – se limitó a decir Rukia – no se preocupe Kurosaki-san, nosotros ganaremos esta batalla – dijo con seguridad, desapareciendo luego.
La Capitana y la teniente Kotetsu se retiraron del campo de batalla, llevándose al shinigami.
Las espadas, en todo el Seireitei, vibraban con cada contacto que tenían, estremeciéndose.
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Ichigo respiraba lentamente. Mientras tanto Aizen levantaba su zanpakuto hacia el cielo. De la punta de su espada comenzó un parpadeo tenue, que fue en aumento, hasta detenerse, dando paso a una fuerte ráfaga de viento que envolvió a Aizen completamente, elevándolo a unos metros del suelo. Su cuerpo, cuando por fin estuvo a la vista, destellaba como un diamante. Abrió los ojos, llenos de maldad y perfidia; extendió su brazo derecho, que tenía en la parte frontal al Hogyoku incrustado; hacia el frente y sonrió triunfalmente. Su zanpakuto, salió de pronto de la palma de su mano, quedando fusionada a su brazo, había cambiado de aspecto, aparte de ser mucho más grande y de un color negro profundo, ya no parecía una espada normal, sólo con estar cerca de ella, se podía sentir que destilaba maldad pura. Tal vez el sólo hecho de que se fusionara con una persona como Aizen, la hacía un arma maligna.
Ahora, el ex capitán del quinto escuadrón, su espada, y el Hogyoku, eran uno sólo.
Caminó hacia Ichigo, que había quedado inmóvil, no sólo por sus heridas, sino mucho más por el gran reiatsu que ahora tenía Aizen.
Tienes el placer de ver algo exclusivo Kurosaki, éste es ahora mi verdadero poder, siéntelo y disfruta mientras puedas, porque tu momento final ha llegado, así como el de todos los sucios shinigamis del Seireitei – dijo riendo escandalosamente
Levantó definitivamente su brazo y lo lanzó con fuerza hacia Ichigo, que apenas podía moverse.
MUERE….!! – le gritó
El sonido penetrando el cuerpo de Ichigo, que Aizen esperaba, nunca se produjo. Por el contrario, su espada tintineó al chocar contra otra. El rostro de Aizen se iluminó de furia.
Hace mucho tiempo que no nos vemos – dijo la voz de la persona que estaba cara a cara con Aizen – lamento haberte hecho esperar…
Ja! – soltó Aizen – quién te ha dicho que te estaba esperando, Kisuke Urahara
Hai hai, como digas, como digas. Ahora me toca a mi Ichigo – le dijo – El Capitán Yamamoto aún tiene algunos asuntos de los que se está ocupando – espetó refiriéndose nuevamente a Aizen. Bien, comencemos…
Como desee, ya que debo de agradecerte esta maravillosa creación – dijo enseñando su brazo con el Hogyoku incrustado.
Cómo te atreves a usarlo de esa forma – exclamó
Ja, basta de palabras, que no tengo tiempo – sentenció mientras embestía contra Urahara…
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Kurosaki Isshin se hallaba tendido en una camilla, con los ojos cerrados, y al cuidado exclusivo de la Capitana, que le administraba algunos medicamentos.
Súbitamente el cuerpo del shinigami comenzó a convulsionar. Unohana por un momento había pensado que su paciente estaría a salvo, ya que ya había pasado un buen tiempo y no se iniciaba la transformación. El shinigami se levantó, con los ojos en blanco y salió corriendo hacia el campo de batalla, mientras el cuerpo le temblaba.
Llegando afuera, cayó de rodillas y su cuerpo comenzó a cambiar. Su espalda se anchó, junto con los hombros, los brazos y las piernas. Su rostro se mantuvo, pero con la única diferencia que la máscara de hollow cubría la mayor parte.
Su transformación había terminado.
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Continuará…
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