Orfeo

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Autor original: Kiri coil

Titulo Original: Orpheus

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Capitulo 3. Hokkaido el punto de partida

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El viaje a Hokkaido no tomó mucho tiempo, a pesar que Allen estuviese más interesado en observar el paisaje que en ayudar a Kanda en su misión – aunque, por supuesto, no había mucho que hacer al respecto, ya que ellos aún no habían llegado a su destino y los Akumas no habían dado ninguna señal de mostrarse.

"Así ¿Qué es lo qué encontraremos en Hokkaido?"– preguntó Allen, cuando se paró en el muelle, observando las calles aledañas a éste. Siempre había sido fría la más de las provincias del norte de Japón. Y como ahora estaba iniciando el invierno, hacia más frío que de costumbre. Había nevado la noche anterior, porque las calles estaban cubiertas de lodo y aguanieve, y Kanda se alegró de haber recordado comprar ropa adicional para ellos. La iban a necesitar muy pronto.

"Alguien, que puede haber sido mi antiguo maestro"– respondió Kanda, logrando que Allen se girara hacia él con la mirada de sorpresa en su rostro.

" ¿Tiedoll?"– preguntó Allen – "¿él vivió aquí?".

"Antiguo maestro, idiota Moyashi" – dijo Kanda – " ¿tu memoria es tan pequeña como tú?".

Allen le lanzó una mirada furiosa, pero aparentemente la curiosidad se sobrepuso al insulto – "¿a caso tenias un maestro antes que Tiedoll?"– preguntó – "pensé que dijiste que no recordabas nada antes de conocer a Tiedoll"

Kanda puso los ojos en blanco – " ¿Te parece como si Tiedoll supiera Kendo?"– preguntó – "Cuando conocí a Tiedoll, ya sabia lo básico de artes marciales. Él no me instruyó, así que he tenido que aprenderlo antes de eso"– dijo. Como que Tiedoll tampoco sabia exactamente de donde provenía Kanda – pues él lo había encontrado en una de las calles – Kanda había decidido que rastrear su pasado antes de conocer a Tiedoll, podía ser la mejor decisión del primer paso a seguir. Y desde que Tieldoll lo encontró por uno de los puertos de la ciudad de Hokkaido y, para entonces, Kanda poseía cantidad de conocimientos sobre artes marciales y Kendo. Pensó que seria un buen lugar para comenzar a buscar era por los dojos alrededor del puerto, donde Tieldoll lo había encontrado.

"Oh… pensé… pensé que habías aprendido con los entrenadores de la Orden"– dijo Allen. Lo cierto era que en los Cuarteles había gran variedad de entrenadores para cada uno los deportes de combate, para que así los Exorcistas y Buscadores pudieran ser entrenados. Había un maestro de Kendo también, con quién Kanda estudió una vez bajo sus órdenes cuando llegó por primera vez a la Orden, de no ser por Mugen Kanda nunca hubiera escogido el combate con espada.

Kanda decidió no responder y, a cambio, miró a Allen con cara de desprecio.

Allen se enrabió – "¿Qué? Se supone que debo ayudarte, ¿ no? Y no puedo hacerlo si no se nada sobre ti".

Kanda, por supuesto, no tenia la intención de contarle sobre él nada que no fuera absolutamente necesario – "tú sólo estas aquí, porque necesito un general para viajar conmigo" – dijo – "ésta es mi misión personal. No tiene nada que ver contigo"

El rostro de Allen se fue poniendo más y más rosa a la vez que Kanda hablaba, hasta estar completamente rojo – "oh, así que no importa si vives o mueres, ¿ no tiene que ver conmigo, eh? " – contestó bruscamente Allen y se dió media vuelta cruzando sus brazos.

Kanda lo miró con total incredulidad por un momento. ¿Era Allen realmente tan infantil que aún cruzaba sus brazos y refunfuñaba cuando se enfadaba? ¡Él que era un general por el amor de Dios! Un general que, supuestamente era uno de Exorcistas los más poderosos del mundo, estaba cruzado de brazos y en berrinchado porque estaba enfadado. Y entonces nuevamente, Kanda recapacitó, comparándolo con los otros generales – Tiedoll quién era como un viejo excéntrico, y Cross que simplemente era un completo desastre – quizás no era tan extraño que un general actuara como un niño mimado cuando esta enfadado.

"Vámonos"– dijo Kanda, y cuando Allen no dio señales de haberlo oído hablar, Kanda se crispó y lo agarró por el codo para arrastrarlo a través de la calle.

Allen le lanzó una mirada furiosa – " ¡Suéltame!".

"Solo si caminas por ti mismo"– respondió Kanda, sujetándolo más firme cuando Allen forcejeó para soltarse.

"Bien"– soltó bruscamente Allen y Kanda lo dejó ir. Allen se sobó su codo maltratado y lanzó una mirada furiosa a Kanda – "Eres un cretino, ¿lo sabias?".

Kanda puso los ojos en blanco – "Che, y tú eres solamente un mocoso" – respondió.

Allen parecía que volvería a cruzarse de brazos y a hacer pucheros otra vez, por lo tanto, Kanda comenzó de nuevo a caminar rápidamente. Habían pasado más de 16 años desde que Kanda había visto este lugar, así que muchas cosas habían cambiado desde entonces, por eso Kanda no estaba seguro si iba en la dirección correcta.

Kanda no sabía donde empezar a buscar, de todos modos casi era medio día, así que llevó a Allen al restaurante más cercano que pudo hallar. Era un pequeño establecimiento, con el tradicional cojín como asiento, donde los clientes se arrodillaban para establecerse en sus mesas. Era muy temprano y no había nadie más en el restaurante a excepción de ellos dos. A Kanda le parecía casi divertido observar la actitud de Allen, estaba parado torpemente y se veía confundido, hasta que Kanda se sentó en uno de los cojines, y Allen rápidamente lo imitó sentándose enfrente de él.

"Ah, ¿Qué les puedo servir el día de hoy caballeros?"– preguntó, la mesera, una mujer joven y linda.

Esta parte, a Allen le gustaba porque no le era difícil pedir cada una de los platillos Japoneses que le pasaban por la cabeza – aunque el restaurante no los sirviera – y cuando la joven mesera lo miró en un estado de shock debido a la cantidad que había ordenado, Kanda puso los ojos en blanco.

" él tiene un… mm.. un desorden alimenticio "– dijo Kanda a la mesera, quién, a pesar de seguir sorprendida, logró cerrar su boca y asentir antes de escabullirse para preparar el pedido.

"¿Qué fue lo que le dijiste?"– preguntó Allen a Kanda.

"Le dije que tenias un desorden alimenticio"– respondió Kanda.

Allen se crispó – "No lo tengo. Es mi Inocencia… ¡Inocencia!".

Kanda se encogió de hombros – "Ella no sabe eso".

Allen lo miró molesto pero rápidamente se olvidó del incidente cuando comenzaron a servir la comida.

La mesera estaba colocando la segunda bandeja de comida cuando Kanda habló – "¿Conoce algún dojo cerca de este pueblo?" – preguntó.

La joven mujer lo miró sorprendida – "Ah, ¿dojos? Si, existen varios ¿Qué es lo que está buscando?" – preguntó.

"Soy artesano de nombres de placas y ya que estoy aquí, esperaba ver si podía conseguir algún trabajo"– mintió Kanda. Los Dojos siempre cuelgan grandes placas de madera con sus nombres gravados en ellas, y la joven no haría preguntas, si escuchaba que estaba ahí por negocios.

"Oh, en ese caso, puedo decirle donde están todos ellos. ¡He vivido aquí toda mi vida!"– dijo más amigablemente.

Kanda asistió y memorizó las direcciones que le dio de los tres dojos que ella conocía en el pueblo.

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Allen estaba molesto. Estar con Kanda siempre fue una molestia, pero ahora aún era peor porque estaban en Japón, donde Allen no podía entender a nadie, nadie a parte de Kanda podía comunicarse con él, y lo peor de todo, Allen era objeto de atención de cualquier sitio al que iban. Lo hacían sentir incomodo y cohibido – aún más que cuando estaba en Europa, porque al menos entonces, él era caucásico y atraía las miradas por su cabello blanco, pero ahora, él era observado porque su apariencia era obviamente diferente.

Kanda no era de gran ayuda porque testarudamente se rehusaba a decirle a Allen algo, más que lo mínimo de si mismo, y no le traducía a Allen lo que estaba diciendo, al menos que Allen insistiera.

Allen deseaba ayudar a Kanda más que ser su boleto de libertad, pero Kanda estaba siendo absolutamente nada cooperativo. Y en un país extranjero, no había nada que Allen pudiera ayudar con la información. En resumen, se sentía fuera de lugar en la profundidad del Japón – sin mencionar el constante, fastidioso temor que – bueno, aquí era el último lugar donde se había confirmado la localización del Conde después de todo.

Allen estaba preocupado por Kanda a pesar de que aún no comprendía plenamente lo que le estaba sucediendo, habían estado todo el día yendo a un dojo y después a otro, y Kanda todavía no le decía sus planes, aparte de venir a Hokkaido. Allen no era estúpido, además, había figurado lo suficiente como para saber que fue preguntando de dojo en dojo por si había la posibilidad de que alguien, por lo que sea, se acordara de Kanda, porque él no se acordaba de donde procedía.

Se dirigían ahora al último y tercer dojo, y Allen esperaba que Kanda pudiera encontrar algo pronto, así posiblemente para entonces, Kanda le diría algo más acerca de lo que estaba pasando y que es lo que haría al respecto.

La anciana – aparentemente la mujer de la limpieza, ya que estaba sosteniendo un plumero – movía su cabeza negativamente a cualquier cosa que Kanda le dijera y entonces le dijo algo más a Kanda.

Él se quedó quieto y entonces la anciana siguió diciéndole algo y éste siguió preguntando, y como no había nada que Allen pudiera hacer tan solo esperar, observaba el patio exterior del dojo, donde ellos estaban parados. Había unos cuantos árboles dentro del jardín, a pesar que en este momento, estaban marchitos debido al invierno, el jardín de piedra y las pequeñas estatuas decorativas estaban húmedas y aún tenían rastros de nieve derretida sobre ellas.

"Vámonos"– dijo Kanda y Allen alzó la mirada.

"¿Qué fue lo que te dijo? ¿no es el lugar correcto?"– preguntó.

"No, pero hay un dojo más"– respondió Kanda.

"Pensé que habías dicho que solamente eran tres"– Allen se apresuró a mantener el paso de Kanda al salir del dojo y regresaron a las transitadas calles. A penas era media tarde, no había tomado mucho tiempo ir de un dojo a otro con la rapidez que mantenía Kanda al caminar.

"Hay tres en el pueblo. La anciana dijo que hay otro en una de las montañas cerca de aquí "– respondió Kanda y, para la sorpresa de Allen, continuó explicando – "Nadie ha ido ahí porque fue… abandonado…"– dijo –"hace 16 años."

Los ojos se Allen se abrieron – "¿16 años? Pero eso fue cuando... ¿no fue cuando te encontró Tiedoll?" – preguntó.

Kanda solo asintió brevemente.

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Había algunas cuantas cosas más que necesitaban comprar en la ciudad antes de partir.

Afortunadamente, había indicios por todas partes donde indicaban lo que cada una de las tiendas vendía, y como Hokkaido era famoso por la nieve, no tomó mucho tiempo que Kanda encontrara una tienda que vendiera equipo para la nieve. Un viejo estaba atrás del mostrador cuando entraron.

"¿Puedo ayudarnos en algo?"– preguntó el anciano.

"Deseo dos pares de raquetas (de nieve), mantas y bastones"– dijo Kanda, mirando alrededor de la tienda. Había pasado mucho tiempo y era mejor estar preparados para lo peor en caso que todo había cambiado y no hubiera lugar donde Allen y el pudieran quedarse. Kanda, probablemente había crecido en Hokkaido, podría tratar bien con el frio y no le importaba mucho, pero él recordaba en misiones anteriores que había estado con Allen, donde habían ido a regiones frías y Allen había perdido el conocimiento debido al frío y Lavi tuvo que cargarlo por un tiempo.

"¿Conoce si el… si el dojo Ishida aún esta por los alrededores?"– preguntó Kanda al viejo que caminaba por la tienda recogiendo los artículos que Kanda había solicitado. La anciana del último dojo le había contado un poco, pero toda información que pudiera obtener acerca de lo sucedido con el dojo Ishida – el de la cima de la montaña – sería bienvenida.

"¿Alguien aún recuerda ese viejo lugar?"– dijo el anciano – "No he estado ahí en años. Nadie sabe que realmente sucedió ahí, ¿lo sabias? Nadie desea ir ahí desde que se clausuró".

Kanda se quedó quieto, observando al viejo –" ¿Solo fue cerrado? No.. ¿No destruido?" – preguntó. Si había algo que tuviera que ver con Kanda y posiblemente con su Inocencia, entonces era de esperarse que hubiera sido destruido por los Akumas que solo clausurado.

"Oh si, te refieres al dojo Ishida en la cima de la montaña ¿no es así? "– preguntó el viejo.

Kanda asintió.

"Si, cerró por lo menos... 16 años atrás"– respondió el anciano.

"¿Qué sucedió con Ishida?"– preguntó Kanda – "el…el antiguo maestro".

El anciano sacudió su cabeza – "No se sabe nada. ¿Es allí a donde os dirigís, hijo? Ah, no te aconsejo ir con este clima… posiblemente no quede ningún edificio en pie" – dijo.

"Estaremos bien. Necesitamos ir a ese lugar"– dijo Kanda y el anciano se encogió de hombros, tomando el último de los objetos que había solicitado Kanda – "Aquí tiene" – dijo, tomando el dinero con lo que Kanda le pagaba.

Kanda entregó todos los paquetes a Allen, quién casi tropieza – "¿Por qué debo cargar todo esto? Y ¿Qué le estabas diciendo al anciano?" – preguntó olvidándose de la pelea.

"Necesitamos comprar alimentos, si sabes como pedirlos, entonces cargaré esos paquetes y tú comprarás la comida"– respondió Kanda, quién se encabezaba a la siguiente tienda.

"¿Por qué necesitamos comida?" – preguntó Allen – "¿vamos a quedarnos allí arriba?".

"No sé cuanto tiempo nos llevará llegar hasta allí. Si se nos echa la noche encima, ¿podrás quedarte sin comer?" – alzó la ceja mientras miraba a Allen, quién le lanzaba una mirada molesta, aunque por supuesto, con su apetito, no podía decir nada al respecto.

Compraron una olla, dos cuencos y palillos, arroz, y algunos otros alimentos, que Kanda envolvió entre las mantas, dividiendo en forma equivalente los paquetes que podían cargar sus espaldas. Entregó uno de los paquetes a Allen quien se encogió por el peso. Él ya estaba usando uno de los dos abrigos y pantalones que Kanda había comprado para él, sobre su propia ropa, lo cual lo hacia verse voluminoso y torpe, pero Allen logró jalar las correas para ajustarlas.

El camino a través de la montaña al dojo estaba evidentemente en mal estado, había montículos de tierra y hierba crecida por todo el lugar. Dado que no había mucha nieve, esto no afectó su visibilidad, solamente el suelo estaba resbaladizo por culpa del barro pegajoso, junto con una subida empinada que dificultó más el trayecto.

Allen, era pequeño y le resultó más difícil que a Kanda, y a pesar que Kanda deseaba llegar al dojo lo antes posible, disminuyó su velocidad para ir al paso de Allen para que no estuviera fatigado cuando llegasen a la cima. No sabia lo que podían encontrarse y Allen necesitaba estar preparado.

El ascenso tomó más tiempo de lo que Kanda esperó, y para cuando llegaron al final del camino, el sol se estaba poniendo, emitiendo un brillo naranja en los árboles y el lodo, obteniendo destellos de luz en los residuos de nieve y agua.

Todavía había un camino que conducía de árboles y rocas, incluso cuando la tierra parecía aplanada, sin embargo, y Kanda continuó, caminando rápidamente ahora que no había dificultad para moverse. El camino estaba rodeado por árboles muertos y arbustos congelados, los cuales no obstruían la vista, por lo que Kanda pudo inmediatamente ver el dojo cuando llegaron.

Enfrente del camino había una gran puerta, la pintura descarapelada de las puertas de enfrente y el nombre de la placa sobre la misma. Proclamando el lugar como la entrada al dojo Ishida.

No había sonido alguno que proviniera de las paredes internas pero Kanda podía oír la leve respiración de Allen detrás de él, mientras éste continuó hacia adelante y empujó las puertas para abrirlas. Hubo una pequeña resistencia y entonces las puertas cedieron con un fuerte crujido, por lo que parecía que era la primera vez, después de 16 años, que alguien ponía un pie dentro del dojo Ishida.

Continuará…