4. Suspensión

Corrió a lo largo del pasillo buscando la habitación porque algo en los ojos de Luna no le agrado. Su mente viajó y la frase "no a mi hermana" le carcomía la existencia. Sin esperárselo tropezó con una sanadora haciendo que todos los papeles que ella llevaba cayeran al piso...

-Soy Hermione Granger – dijo la sanadora

-Y… yo… Ron… Ron Weasley.

-Mucho gusto. ¿Puedo ayudarlo en algo? - preguntó la sanadora levemente sonrojada.

-Estoy buscando a mi hermana. Me dijeron que estaba por aquí pero…

-Pedazo de imbecil… como que ¡LINDAS PIERNAS! Es que acaso te he dado la confianza para…-escucharon gritar desde el cuarto frente a ellos.

-Bueno, creo que ya se donde esta.-dijo Ron un poco apenado dirigiéndose a la puerta de donde provenían los gritos que hacia su pequeña y revoltosa hermana.

Al abrir la puerta, Ron y Hermione quedaron anonadados. Ginny estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas y jugando con la varita mientras que Harry trataba de arrancarse todo el mocomurcielago de su cuerpo.

-Pero… ¿qué paso aquí? –preguntó Hermione al ver a su amigo golpeándose con lo que se interponía en su paso, al no poder ver.

-Yo se que sucedió. Él – dijo Ron risueño apuntando a Harry - la molestó y por lo que veo, la molestó a gran escala.

Ron trataba de no reírse de la escena que presenciaba, pero las ganas de hacerlo eran superiores a mantenerse serio y soltó una gran carcajada que luego contagio a la sanadora Granger cuando Harry se tropezó y cayó al piso.

-¿Podrían parar de reírse y ayudarme con esto?- dijo mal humorado Harry desde el piso, sin poder levantarse.

-Harry, me encantaría poder ayudarte pero, este hechizo se va solo, se evapora. Debes esperar como unos diez minutos.

-Jajaja, ¡NO! Mejor que espere una hora. Conozco muy bien ese hechizo y se porque se lo digo.-comentó Ron al recordarse el mismo en ese hechizo.

-Disculpe señor Weasley, pero el problema es que no creo que ellos puedan esperar tanto. Temo informarles que el Ministro cayó en una especie de coma y sus jefes los están buscando.

-¡RAYOS!- exclamaron al unísono Harry y Ginny mostrando gran preocupación y dejando un incómodo silencio en la habitación del hospital.

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Jason Davidson no pidió excusas ni detalles de lo ocurrido en el Palacio Nacional. El era conocido por tener un carácter manejable pero en esta ocasión esa faceta estaba ausente. En su frente se marcaba una gran vena y el rojo de su rostro se asemejaba a la lava lista para salir en una erupción.

-¿Cómo es posible que hallas permitido que esto pasara? –Espetó Davidson procurando no levantar la voz ya que estaban en un hospital.- Era tu responsabilidad. Weasley eres mi mejor auror. ¿Cómo crees que me siento?- decía mientras caminaba en círculos.

-Usted me disculpara Sr. Davidson pero el Ministro desapareció de repente – alegó Harry - No creo que…

-Potter, métete en tus asuntos. No me justifiques. –Soltó de repente Ginny muy seria- Yo debí estar más pendiente de todo. Jefe yo… lo siento mucho. Se que le falle a usted, al cuartel y al Ministerio de Magia. Haría lo que fuese necesario para solucionar todo esto.

-Lo sé Weasley, pero… - Davidson realizó una pausa momentánea y luego de un profundo suspiro dijo – En serio me duele comunicarte esto pero… estás suspendida hasta nuevo aviso.

Para Ginny la notificación no fue inesperada, ya que sabía que una falla de esa magnitud era castigada hasta con el retiro de la licencia de auror.

Harry no podía creer lo que acontecía frente a sus ojos. La habían suspendido, seguro que a él también lo suspenderían, pero ella ni siquiera había protestado.

Davidson salió de la habitación dejando perpleja a la pelirroja, la cual sin cruzar palabra ni mirada con Harry tomó su varita del escritorio y salió, dándole paso a Andrew Thomas.

Como Harry supuso, el también fue suspendido, pero con todo y que sabía que eso pasaría, las camas de la habitación quedaron partidas en dos, los cristales de las estanterías estaban destrozados y cubrían gran parte del piso, mientras que el blanco de las paredes habían cambiado a gris ceniza.

A pesar que frente al Sr. Davidson y Potter había lucido serena, en su apartamento las vajillas pagaron su mal humor. Para Ginny su trabajo era su vida aparte de su familia. El día que se convirtió en auror fue uno de los más emocionantes en su vida, pese a haber tenido que soportar las bromas estúpidas de Potter. Pero ahora no lo tenía y aunque Harry no tuviese la culpa por completo, Ginny sentía un rencor en lo mas profundo de su ser.

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Había pasado ya una semana desde el incidente en el congreso. Los magos y criaturas de Londres exigían saber que sucedía con el Ministro y quien tomaría el mando mientras el Ministro Williams no podía. La prensa trataba desordenadamente irrumpir en San Mungo para conseguir exclusivas de la situación, pero era imposible por la seguridad que se había plantado en el hospital.

Pero no solamente en San Mungo querían irrumpir, ya que Hermione hacia su intento en la habitación de Harry.

-¡Harry ya basta con esto! Llevas tres días sin salir de tu cuarto. ¡Abre la puerta o la derribo!- Luego de unos segundos la puerta se abrió. El cuarto estaba oscuro con las cortinas cerradas. La que la ligera barba que cubría su rostro y la posición de el en la cama hacían de Harry Potter el hombre menos deseable que Hermione pudiera imaginar.

Hermione encendió las luces y un leve gruñido hizo comprender la incomodidad que esto producía en su amigo, pero no le importó y se acercó a él.

-Harry, tienes que hacer algo. No puedes quedarte aquí encerrado. No serias tú. Es mas no has salido con nadie desde lo del congreso - dijo con una voz casi maternal.

Harry la miró con enojo y sin delicadeza le dio el Profeta de hacía tres días.

"Seguimos sin comentarios" era el encabezado y mostraba en una fotografía como la seguridad de San Mungo les cerraba las puertas a los periodistas.

-Si lo vi, pero no lo leí. Te aseguro que se mas que el Profeta sobre la condición del Ministro.

-Ahh… no lo leíste… así que tampoco leíste como me llaman irresponsable, mal auror y me menosprecian. Nunca había cometido un error en mi trabajo, pasa esto y ahora soy lo peor. Dime… en serio crees que tengo ánimos de salir, o mejor, ¿crees que alguien querría salir conmigo?

Hermione se quedó callada porque sabía que nada de lo que dijera serviría para cambiarle el humor a su mejor amigo.

-Pero la que parece que si saldrá esta noche eres tú – dijo para cambiar el tema al ver a su amiga arreglada para una cita.

-Pues si, Ronald me invitó a salir. Vamos a un restaurante muggle.

-¿Ronald?

-Sí, Ronald Weasley. El hermano de…

-Si, si ya recuerdo –contestó de mala gana al escuchar ese apellido - Ahora por favor sal de mi cuarto y apaga la luz.

-Harry… ella también esta mal. No creo que deban dejar esto así. Al menos traten de descubrir quien hizo esto.

Hermione apagó la luz y cerró la puerta como se lo pidió Harry, pero también encendió la esperanza en su amigo y antes de que ella se fuera a su cita, Harry salió de la habitación, la miró fijamente y le preguntó:

-¿Piensas que si descubrimos quien hizo todo esto y el porque, nos darán una oportunidad?

-Si lo creo Harry. Ambos son los mejores aurores que pueden haber existido en Londres. Se que lo pueden lograr –contestó con sinceridad.

-Gracias Mione - Dijo Harry y mientras la abrazaba le comentó lo linda que estaba.

-Harry… ¡Lárgate a bañar y has algo por tu aspecto! ¡Das asco!

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Eran las nueve de la noche cuando el timbre de apartamento de Ginny y Luna sonó. Luna estaba en San Mungo ya que tenía turno hasta las once de la noche, mientras que Ginny se encontraba sentada en el sillón de la sala mirando sin ver hacia la ventana.

El insistente timbrar la sacó de sus pensamientos y la obligó a levantarse a atender. Su cabello estaba amarrado en una cola y sin peinar por tres días. Bajo sus ojos tenía grandes bolsas, puesto que le era imposible conciliar bien el sueño. Con desgana se asomó por el visor para descubrir que la persona menos esperada se encontraba detrás de la puerta. Con una inesperada sobrecarga de ira y rencor abrió la puerta de un tiro olvidándose que su bata estaba semi abierta y espetó:

-¿Qué quieres, Potter?

Harry la miró detenidamente pero decidió no darle espacio a su mente a pensamientos indecentes.

–No se tú, pero yo no puedo estar sin trabajar. Necesitamos hablar. –


Hola...

Bueno siento mucho la demora, pero es que estoy en fin de cuatrimestre y los trabajos se me amontonaron. Es mas.. ahora mismo deberia estar haciendo uno pero necesitaba actualizar, me sentia mal conmigo misma!

Se que el capi es corto y aun no extiendo el tamaño que llevan cada uno, pero emm.. pronto pasara. Espero que les halla gustado y no se pierdan lo que sigue!!

BYE

...: Diminuta :...