Hola... se que me tarde un poquito... pero para que me quieran un poquito hice el capi un tantito mas largo... Enjoy it!

5. Códigos

-Tu y yo… ¿trabajar juntos? - Por favor Potter - dijo Ginny, no creyendo lo que el imbécil frente a ella sugería- En que cabeza cabe que esa absurda idea pueda funcionar. Para prueba nuestra situación actual. Poco falta para que comiences con tus usuales bromas de mal gusto y nos enfrasquemos a duelo como hace años…

-¡Por los calzones sucios de Merlín! ¿Es que acaso no puedes olvidar eso? Fue solo una broma estúpida.

-Oh si… una broma estúpida que te hizo perder cuanto… ¿Diez, quince, veinte galeones?

-Cincuenta –dijo muy bajo para que se le pudiese escuchar.

-¿Cuánto que no te escuche?

-Cincuenta galeones.

-Exacto. Perdiste cincuenta galeones por subestimar a una "niña" –dijo pronunciando la ultima palabra con burla.

Harry sintió que estar en ese departamento era una perdida de tiempo ya que con Ginny era imposible razonar -Weasley yo… yo lo haré. Investigare que hay detrás de todo esto. Contigo o sin ti -dijo decidido. - Pensé que te interesaba volver a ser auror o soñar con tener mi cuartel. Pero veo que me equivoque.

Antes de que él saliera del departamento a Ginny se le iluminó su sombría mirada y mostró interés en tomar partida en el asunto.

-Alto ahí Potter. ¿Tienes un plan? – Preguntó mientras le agarraba el brazo para que no se fuera.

En ese instante la puerta se abrió y Luna con una mirada curiosa miro el cuadro que se presentaba ante ella. Luego con una serenidad muy característica de ella entro al departamento, colocó sus llaves sobre el mesón de vidrio junto a la puerta, recorrió con la mirada la sala y la cocina y con voz burlona dijo: - Están progresando. No han roto ni un solo florero. ¡Los felicito!

El rostro de Harry se tensó pero de sus labios se vio una divertida sonrisa por el comentario.

Ginny se sonrojo un poco pero no se sorprendió por lo dicho de parte de Luna, ya que ella solía ser muy directa y no maquillaba las cosas. Luego de unos segundos se percató que aun estaba tomando el fornido brazo de Harry. Sintió como si el mantener el contacto la quemaba, pero era un calor que deseaba seguir sintiendo, pero justo en ese instante las miradas de ambos se encontraron y la retiro sin sutileza de su cuerpo.

Ginny le explico brevemente a Luna la razón de esa visita y luego Harry les comunicó a ambas lo que había pensado hacer. Todos concluyeron que seria un buen inicio buscar las cartas del Ministro, ya que al menos les daría una idea de cómo seguir con esa misión especial.

Las horas pasaron muy rápido mientras planeaban, el reloj marcó las doce y cuarto de la madrugada y llegó el momento en que el trío necesitaba descansar.

-Yo me retiro. Hasta el viernes en la tarde. – dijo Harry entre bostezos mientras se acercaba a la puerta y Ginny le seguía.

-Perfecto. Y Potter…

-No te preocupes seré puntual. - Y con una sensual sonrisa se despidió.

-Si no supiera que harán diría que acaban de formalizar una cita, pero no precisamente de trabajo.

-¿Qué? ¿Cómo crees? Esto es solo trabajo. Dijo Ginny encaminándose hacia su dormitorio algo nerviosa, pues aun tenía el recuerdo de la sonrisa de Harry.

-Está bien… si tú lo dices. Luna se detuvo por unos segundos y antes de entrar a su habitación decidió preguntar. -Ginny… ¿Era mi imaginación o Harry se veía extremadamente…?

-¿Sexy? -dijo sin pensar la pelirroja.

-Ehh… iba a decir demacrado pero veo que "solo trabajo" se esta convirtiendo en algo extracurricular.

Ginny no refutó a lo dicho por Luna ya que no la escuchó por estar pensando en como le hacia justicia ese look a Potter.

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Era las siete de la noche del viernes cuando Harry y Ginny se aparecieron en un oscuro sendero en el St. James's Park. Caminaron sin ser vistos a la puerta trasera de la mansión del Ministro Williams y atravesaron con facilidad el jardín hasta llegar a la puerta de la cocina. Todo estaba en silencio y no habían encontrado ningún percance.

-Weasley… esto ha sido muy sencillo. Algo no me huele muy bien –susurró Harry a su compañera. A pesar de que el plan original había sido de su invención, Harry no se sentía muy seguro por como hacían esta misión. Y menos desde que había visto a Ginny esa tarde vestida en un conjunto de cuero negro muy pegado a su cuerpo. Se sentía estúpidamente nervioso, no pensaba con claridad. No podía creer lo que esa niña le estaba haciendo. –Ni que fuera tan linda- le repetía de maneras no muy convincentes a su subconsciente varias veces sin darse cuenta.

-Pues si algo no te huele muy bien. Cierra la boca. –contestó risueña mientras se sacaba unos ganchos de pelo del cabello y los introducía en la cerradura de la puerta. –Por alguna razón, desde que Harry había asistido puntual al punto de reunión esa tarde, Ginny andaba de muy buen humor y eso sin contar que Harry seguía luciendo sexy para sus ojos. El moreno había marcado un poco su barba pero para ella tenia algo exquisito ese cambio en él.

-Ja, ja, ja… muy graciosita. Hablo en serio. Como puede ser tan sencillo colarse a la casa del Ministro. Recuerdo que era más complicado -decía sin dejar de divisar si alguien se acercaba.

-Es obvio Potter. Mientras el ministro este internado en San Mungo y su familia oculta. Nadie querría entrar aquí. Nadie excepto nosotros. Así que tranquilízate.

-Como usted diga. Aunque me sigue pareciendo extraño todo esto.

-Listo. Ya la abrí. Ahora… ¿nos separamos?

-No. Las cartas deben estar en su despacho.- contestó seguro Harry.

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El despacho estaba muy cerca de la cocina y no fue problema entrar a el. El problema para ellos sería encontrar las cartas.

Abrieron todos los cajones del escritorio y rebuscaron entre los libros por si estaban escondidas entre ellos. No hallaban nada hasta que moviendo los cuadros Harry encontró una caja fuerte muggle.

-¿Por qué alguien con la capacidad de hacer magia, tendría una caja fuerte muggle?- pregunto extrañado el moreno, mientras le daba toques con la varita al seguro de la caja.

Weasley… no consigo abrir esto. Seguro tiene algún hechizo.

-Muévete Potter, no se que te sucede. Hoy estas más inútil que otros días - dijo Ginny acercándose a la caja. Colocó su oído en la puerta de la misma y luego de varias vueltas precisas al seguro, el candado se abrió.

Harry estaba maravillado con lo que había hecho Ginny. Pues a pesar de que en su niñez había vivido rodeado de muggles, nunca había aprendido a hacer eso y jamás pensó que un mago lo supiera hacer.

-¿Cómo hiciste eso Weasley?

-Mi padre me enseño que nunca se debe subestimar lo que hacen los muggles –dijo para contestar al asombro de Harry.

-Y… ¿también te enseño a abrir cajas fuertes?

-No. Eso lo aprendí de mis hermanos. Cuando se tienen hermanos tan inquietos como los míos, es mejor esconder los dulces en algo que se considere seguro.

-Weasley… ¡las cartas están aquí!

Con gran apuro Harry tomó un bulto de cartas y abrió una. La vio detenidamente pero al no entender lo que decía fue abriendo las demás mientras Ginny estaba arreglando el desorden que habían hecho.

- Weasley. Debemos salir de aquí. ¡Te lo dije! Creo que esto es una trampa o una broma.

-¿Por qué? ¿Qué paso?-preguntó preocupada y con la varita en alto.

-Observa las cartas. - Dijo mientras él terminaba de recoger todo con prisa para salir de ahí lo antes posible. - Te dije que todo estaba muy fácil. Esto fue un error debimos…

-Es alguien cercano al Ministro. O peor, que trabajó con el. –dijo Ginny restándole importancia a la preocupación de Harry.

-¿Cómo así? ¿Qué te hace pensar eso?-dijo con incertidumbre y angustia.

-Potter… esto no es una broma ni una trampa. Esto es un código.

-¿Un código? ¿Pero para qué?

-Explícame como es que eres supuestamente uno de los mejores aurores –dijo con sorna la pelirroja. - Hace muchos años los miembros del Ministerio tuvieron problemas con el conjuro de confidencialidad en los memorándum intradepartamentales y decidieron utilizar códigos que solo supiesen los mas cercanos o a los que constantemente se le enviaban los memorándum.

-Bien, pero las cartas que nos enseñaron no estaban escritas así. A menos que el Ministro las halla transcrito.

-Exacto, pero… ¿Por qué el ministro se reservaría un dato tan importante como que el lo amenaza pertenece o perteneció al Ministerio? –preguntó Ginny

-No lo sé. Pero ahora mismo el dilema es transcribir el resto de las cartas. –dijo Harry

-No. Eso no es problema. Se perfectamente quien nos puede dar una mano y donde se encuentra ahora mismo.

-¿Quién?

-Potter, hoy te llevare al mejor lugar que hay en Inglaterra… a La Madriguera. - Dijo Ginny, esperando que esas palabras resolvieran todas las dudas de Harry.

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Harry y Ginny salieron de la mansión sin ningún problema y se aparecieron conjuntamente en un campo rodeado de árboles. La noche era fresca y el aire se sentía tan puro y mas estando tan lejos de la ciudad.

-¿Dónde estamos? - Preguntó deslumbrado Harry mientras recorría con la mirada su alrededor.

-Estamos en Ottery Saint-Catchpole. Y eso que ves allá. Es la Madriguera. -dijo señalando a una estructura con varios pisos fuera de lo normal de la cual salían varias chimeneas.

Harry sintió una paz dentro de él que no sabía como explicar. Era como si nada pudiese hacerle daño. Definitivamente era el mejor lugar que había pisado en su vida.

Al acercarse un poco más a la casa, vieron a una señora pelirroja, pequeña y regordeta a través de la ventana mientras cocinaba.

Ginny tocó a la puerta y su madre se apartó de la estufa para abrirla.

-Hola mamá… dijo Ginny mostrando una radiante sonrisa la cual era idéntica a la que tenia su madre. –Potter, te presento a mi madre, Molly Weasley.

Molly sintió gran emoción de ver frente a ella a su pequeña. Puesto que por el trabajo de su hija, se le hacía prácticamente imposible visitarla. Y en los últimos días, no había nadie a quien Ginny quisiera ver.

-Mamá, ¿vinieron los gemelos? –preguntó Ron quien iba de la mano de Hermione Granger para averiguar cual de sus hermanos había ido a cenar.

-¡Harry! – espetó Hermione por la sorpresa de ver a su mejor amigo ahí presente.

-Hola Mione… veo que esta noche también has salido –dijo graciosamente al ver que su amiga se había sonrojado.

Hermione y Ron, llevaban saliendo casi todas las noches de la semana aprovechando el turno diurno que tenia la sanadora ese mes.

-Ginny, ¿qué hacen aquí?-pregunto curioso Ron Weasley.

-Necesito hablar con Percy y se que esta aquí. El no se pierde la cena de los viernes. –contestó Ginny.

-Hija… ¿qué sucede? - Molly conocía a la perfección a sus hijos además que estaba anuente a la situación actual de su hija y del joven Potter. Y el que estuvieran buscando a Percy la intrigaba mucho.

-No te preocupes mamá. Es que tengo unas dudas y como el trabaja en el Ministerio se que me puede ayudar.

-Esta bien hija. Tu hermano esta arriba en su cuarto. Espero que te quedes a cenar y tú amigo igual.

-Esta bien mamá. Mi compañero y yo nos quedamos. –Contestó Ginny a la primera, ya que sabía que de una u otra manera su madre la obligaría a hacerlo y sobretodo corrigió el término de "amigo" que había utilizado su madre. Ella y Potter solo eran compañeros de trabajo y si corría con suerte esa sería la última vez. –Pensaba para si misma-

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Harry estaba aun más maravillado con el interior de la casa. Había cuadros y fotografías de todos los miembros de la familia por todas partes. Nunca se había imaginado que Ginny tenía tantos hermanos varones. Y eso le hizo pensar que quizás por ese detalle, ella era tan competitiva y tenía ese carácter. A medida que iba subiendo las escaleras vio una foto de Ginny cuando era pequeña. Tenía el cabello peinado con dos colas. Su largo y rojo cabello lucia esplendido con la luz del sol y su sonrisa era encantadora, atrás de ella estaba su papá que la asustaba y comenzaba a hacerle cosquillas. Esa era una de las fotos mas hermosas que había visto.

Sin darse cuenta de cuando, habían llegado a una puerta que tenía el emblema del Ministerio de Magia. Ginny tocó dos veces y del interior una voz les permitió el paso.

La luz era opaca pero dejaba ver que el cuarto era como una especie de altar a los más grandes funcionarios del Ministerio. En las paredes habían fichas coleccionable de todos los Ministros, sub–ministros y jefes de departamentos, además de emblemas pertenecientes a los mismos.

Frente a un viejo computador estaba sentado Percy Weasley. Un hombre alto, delgado y como era de imaginarse, pelirrojo y sus ojos azules a pesar de estar tras unos anteojos, lucían cansados.

-Hola hermano. No te ves muy bien que digamos. –dijo Ginny al ver que además de cansado su hermano se veía un poco pálido. Seguro y se debía a que pasaba demasiado tiempo dentro de casa en vez de disfrutar del día afuera.

-Hola Ginevra.- la saludo entre bostezos. - ¿Qué te trae por aquí? –preguntó mientras se paraba frente a su hermana.

-Pues iré directo al grano. No tengo mucho tiempo. Necesito poder transcribir esto. -Dijo entregándole una de las cartas que habían conseguido.

Miró la carta detenidamente, y luego volvió la mirada severa hacia su hermana. -¿De dónde lo haz sacado? -preguntó muy intrigado.

Percy era una persona muy recta, si se enteraba que su hermana infringía la ley, no dudaría en delatarla.

-Eso no es de tu incumbencia. Solo necesito la clave de este código. Es muy importante para mí.-dijo casi como una suplica.

Percy lo pensó durante unos momentos y le devolvió la carta a su hermana. – No lo haré y es mi última palabra. –Dijo, dándole la espalda y dispuesto a seguir con lo que hacía.

-¡Percy Ignatius Weasley!-Él reconoció lo peligroso que era el tono con que su pequeña pero de armas tomar hermana había dicho su nombre y volvió a darle la cara. - Nunca he sido de pedirte favores a ti y ahora cuando lo necesito me lo niegas – dijo cuidando no gritar. Estaba enojada. El era el único que podría ayudarla y se estaba poniendo en planes de hombre recto y respetable.

-Exacto. Esto es confidencial. A pesar de que ya no se utilicen, las claves son información exclusivamente del Ministerio y me gustaría saber como las has conseguido.

Ginny inhalo y exhaló de manera pausada para tranquilizarse y un brillo de triunfo se vio en sus ojos.

-Percy… ayúdame sin hacer muchas preguntas o… no querrás que Audrey se entere de la verdadera razón por la que no llegaste en la noche de su aniversario.

El rostro de Percy cambió repentinamente mientras recordaba como la policía muggle lo había arrestado por estar hablándoles y ofreciéndoles dinero a unas prostitutas las cuales eran menores de edad. –Te recuerdo que no sabía que eran mujeres de la calle, en serio les creí cuando dijeron que se habían perdido y que las llevara a la estación de trenes.

Harry sin poder aguantarlo soltó una carcajada, al imaginarse al hombre frente a el en una situación como la que estaba en conversación.

Percy viéndose presionado por su hermana se doblegó y se puso a introducir datos y contraseñas para conseguir el acceso a los códigos. Audrey no comprendería su ingenuidad y no era buena idea molestar a su esposa. En ocasiones podía llegar a ser peor que su propia madre y hermana juntas.

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El tiempo pasaba y aún no conseguían la información que buscaban. Molly ya los había llamado para que fueran a cenar pero las ganas de encontrar las claves se había apoderado de ellos. Y justo cuando la Sra. Weasley subía las escaleras para ver que sucedía Percy grito con alegría.

-¡LO ENCONTRÉ! Es un código muy especial, no dice entre que miembros eran, pero solo dos personas lo conocían fue creado en… -Percy se detuvo y recordó los acontecimientos de esa fecha. – Un sabor amargo le recorrió y sintió como si un hueco en su estómago se hubiese creado.

-¿Qué pasa? ¿Cuándo fue creado? –preguntó emocionado Harry.

-Diciembre de 1989 – El rostro de Ginny se ensombreció pero Harry no se dio cuenta porque la puerta de la habitación se abrió dejando ver el rostro amable de la señora Weasley.

-Chicos, la cena esta servida.

-Ya vamos mamá deja que Percy imprima unas hojas y bajamos- contestó Ginny, mientras que Percy hacia lo que su hermana quería.

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Para Harry la cena estaba increíble. Nunca había visto como una sola mujer podía con todo eso en tan solo una hora y media. La admiración de él hacía Molly crecía cada vez más.

-Señora Weasley debo admitir que esto es lo mejor que he comido en mi vida. Su pastel de calabaza esta increíble – dijo Harry, causándole un leve sonrojo.

-Si. No se que sería de mi sin la comida de mi madre. Juro que es lo único que quiero comer luego de un entrenamiento o partido de Quidditch.

-¡Ronald Weasley! ¿Qué he dicho de esa palabra en mi mesa? Pregunto entre risas Molly.

-Lo siento mamá. No fue mi intensión. –dijo mientras se llevaba a la boca otro bocado.

-Esperen. No entiendo ¿qué ocurre? ¿Qué palabra esta prohibida? –preguntó Harry para entender.

-La palabra prohibida en la mesa es: Quidditch. –Dijeron al unísono un par de gemelos. Que habían llegado cuando Harry, Ginny y Percy estaban arriba.

-Pero… ¿por qué? – preguntaba Harry. Ya que no entendía.

-Pues porque aquí cada quien era de un equipo diferente antes de que Ron entrara a los Chudley Cannons. Pero igual seguimos teniendo nuestras pequeñas diferencias. Además que siempre recordamos como Ginny le gana a Ron en cada partido familiar. –dijo Fred, uno de los gemelos.

-¡ESO NO ES CIERTO! Yo la dejó ganar –dijo un poco avergonzado Ron

-Jajaja… oh si… solo dices eso porque tú amiga esta aquí -dijo burlonamente George, el otro gemelo.

-Pues no. Para tu información no es así y Hermione no es mi amiga es mi novia.

En la mesa se hizo un silencio y todos voltearon a ver a Hermione la cual estaba más roja que el tomate que estaba apunto de meter a su boca.

-Oh… que gusto que mi niño este con una chica tan linda como tu. –dijo Molly rompiendo el silencio y con una gran sonrisa, la cual nuevamente hizo a Harry reconocer que Ginny era el reflejo de su madre en la juventud. Ambas eran mujeres muy bellas. -Y a ver Ginny, ¿cuándo me traerás a casa a un novio?

A Harry la pregunta le heló la sangre. No tenía razones para adquirir esa incomodidad, pero se sentía curioso a lo que contestaría Ginevra.

-Yo... pues ehh… no lo se mamá. Ahora no tengo cabeza para pensar en eso.-dijo Ginny sin sacar la vista de su plato. Desde que habían descubierto la fecha de los códigos, Ginny no había dicho nada. Sus pensamientos estaban en otro lado mientras se juntaban con sus recuerdos.

Harry volvió a sentirse cómodo y siguió atento a la conversación.

-Eres la única que no me ha traído a alguien a casa. Mira los felices que están tus hermanos. Apropósito, Percy ¿por qué Audrey no vino esta noche?

-Ah, me dijo que la disculpara pero como tenia mucho trabajo no podía venir. Tenía que investigar unos datos sobre tecnología muggle para el curso que esta dando.

-Por lo que he visto esta familia le tiene gran respeto a los muggles. Es grandioso, yo crecí entre ellos toda mi infancia,- Dijo de pronto Harry aunque recordar a sus tíos no era agradable.

-Si. Es que papá nos enseñó que nunca se debe subestimar a los muggles. –contestó Ron, mientras terminaba de comer.

-Es la segunda vez que me lo dicen esta noche. Me gustaría conocer al Señor Weasley, debe ser alguien muy interesante, ¿esta trabajando? –preguntó Harry entusiasmado.

El silencio se hizo presente nuevamente en la mesa, pero este era peor que el anterior. Nadie sabía que decir. Hasta que Ginny soltó bruscamente su cubierto, haciendo que su plato se rajara y saliera de la casa hacia el jardín como un torbellino.

-Harry... el señor Weasley murió hace muchos años. –dijo Hermione mientras tomaba una mano de Ron por si necesitaba consuelo.


Hola... que tal, ¿como me les va?

Espero que el capi halla sido de su agrado... please... dejenme sus comentarios. Me encanta saber que piensan de TODO.

Uyy... que feo que no este el Sr. Weasley... ya luego sabremos bn como va eso.

Ahh... no me puedo ir sin antes agradecer a cada uno de ustedes, si.. hablo con ustedes que me dejan sus critiks GRACIAS y pues infinitamente gracias tambn a mi beta KArla... que anda con mucho trabajito ultimadamente... AMIGUIS TE MANDO ANIMOS.. Y SI PUDIERA TE REGALABA TIEMPO! BESHOS...

Ahora a darle al botoncito de GO y a dejar una critik!