7. Goat Road
La noche era oscura y fría ya que el otoño llegaba a su fin dándole paso al invierno. Los árboles semidesnudos eran lo único que se podía apreciar alrededor del sendero por donde caminaba una joven pareja. Él, no tan alto, de complexión fornida, largo cabello negro y ojos grisáceos y ella, un poco más baja, largo cabello rubio y ojos castaños.
La pareja se detuvo frente a la entrada de un antiguo pueblo conocido como Goat Road. No era de esos pueblos donde se iba con la familia o se hacían visitas turísticas, al contrario, Goat Road estaba entre los lugares donde nadie iba. No había nada pintoresco en el, los establecimientos lucían demacrados, el suelo de polvo y tierra estaba lleno de piedras que a lo lejos llevaba a una especie de posada, donde podrían descansar y ponerse cómodos. A medida que caminaban frente a los diversos locales del pueblo la gente se volteaba a verlos. Los habitantes murmuraban para si mismos y unos que otros les dedicaban sonrisas a los recién llegados, pues no era usual recibir visitas y menos de personas tan jóvenes.
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Al entrar a la posada se sintió un calor reconfortante de esos que parecen producto de algún hechizo. Pero eso era imposible. Todo mago que supiese de la existencia de aquel pueblo, debía conocer la restricción de magia a la que estaba sumida los alrededores del mismo. En el pasado, había sido uno de los pueblos más populares para el mundo mágico luego de Hogsmeade. Pero por severos inconvenientes con muggles el pueblo fue vetado de magia, por ley se ordenó que no se utilizara en un radio de quince kilómetros antes de la entrada del pueblo, y aquel que no cumpliera esta ley, se le enviaría a Azkabán por poner en peligro el conocimiento del mundo mágico.
Un señor muy mayor y flacucho se sorprendió al ver que tenía clientes. Y sin disimular su impresión se acercó a ellos.
-Buenas noches soy Adrian Phillips, el dueño de esta posada. Debo confesar que son mis primeros clientes después de mucho tiempo. ¿Están seguros que deseaban venir a este olvidado pueblo? - Terminó de decir con voz ronca el anciano.
-Buenas noches – dijo el joven. -Nuestro auto se averió un poco lejos de aquí y recordamos la existencia de este pueblo. Estamos cansados y no podíamos quedarnos en el a descansar.
-Es increíble que ustedes siendo tan jóvenes conozcan de este pueblo –dijo curioso.
-Mis abuelos solían contar unos mitos de aquí –hablo por primera vez la joven. –Claro que no los creó pero igual nos sirvió tener la información.
-Me imagino cuales serán los mitos… ¿entonces se irán mañana temprano?- preguntó el anciano para llenar una ficha.
La pareja se miró y fue el hombre el que decidió hablar. –No estamos seguros. Tenemos que esperar a que nos vengan a buscar.
-Ohh… comprendo. – Me permiten sus nombres para la ficha.
-Mi nombre es… Mike Grant y esta es mi esposa… Amelly.
El señor Phillips lleno la ficha de hospedaje, algo le resultaba sospechoso en la pareja frente a él, pero seguro era su imaginación lo que le producía esa sensación. Busco una llave, apuntó el número de la misma en la ficha y se dispuso a entregársela.
-Eso es todo por ahora. Aquí tienen su llave. Es la primera luego de las escaleras. Que descansen.
-Muchas gracias señor. –Contestó la joven.
La pareja camino hacia donde había señalado el señor Phillips, efectivamente era la primera puerta y al entrar respiraron aliviados por haber logrado pasar una parte de su plan.
-¿Amelly? ¿De dónde rayos sacaste ese nombre? – cuestionó intrigada
-Juro que no tengo idea –dijo tratando de no reírse por la pregunta ya que a Ginny no le gustaría saber que así se llamaba la primera novia de él.
-Es que no me siento una Amelly, bueno… en realidad no me siento nada que no sea Ginevra Molly Weasley. Pero me parece que pudiste inventar un nombre mejor –dijo mientras situaba su bolso sobre la peinadora.
-Ya Weasley, lo importante es que al menos conseguimos entrar al pueblo.
-Eso si es cierto. Ojala logremos encontrar algo importante. Odio ser rubia, este color no va conmigo.
-Es verdad. El rojo te hace lucir hermosa. Rubia simplemente eres bonita. –dijo Harry para si mismo mientras la veía como se despeinaba frente al espejo. Pero no se dio cuenta que Ginny lo había escuchado.
-Bueno. Como sea, ahora… ¿qué haremos? – dijo para tratar de olvidar el comentario dicho por él.
-Sería bueno ir a revisar la zona. –contestó Harry mirando hacia otro lado. No entendía bien el porqué había dicho eso. Estar mucho tiempo con Ginny le estaba afectando y a la vez le gustaba que tuviera ese impacto en él.
-No se si te diste cuenta, pero el señor Phillips nos miró con duda. –Ginny se había sentado en la pequeña silla frente a la cama, donde estaba sentado Harry.
-Si, algo sospeché. Gi… Weasley, no te gustaría ir a comer algo.
-Será que el señor Potter me está pidiendo una cita –La mirada de Ginny lucía severa, pero en lo profundo tenía un brillo especial.
-Ehh… no. El señor Grant está invitando a su esposa Amelly, a cenar en este olvidado pueblo para luego perderse e investigar cosas importantes. –mintió de cierto modo muy convincente
-Ohh… si es así pues, vamos –contestó disimulando lo mal que le sentó la respuesta de su compañero.
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El pueblo no les daba muchos lugares de donde escoger para cenar. Así fue que entraron al pequeño bar que había cercano a la posada.
El bar no se encontraba vacío y ambos aurores volvieron a ser el blanco de las miradas y murmullos de los habitantes del pueblo. Se sentaron en la mesa que daba a la ventana trasera. La luna alumbraba con gran esplendor los alrededores, permitiendo ver con claridad una gran casona de aspecto lúgubre.
-Si yo fuera ustedes, ni miraría esa casa. –Una señora pequeña y de aspecto amable se había acercado a los aurores para buscar su orden.
-Y eso… ¿Por qué? –preguntó Ginny
-Nadie está seguro de quienes son los habitantes de esa casona, pero si sabemos que son personas extrañas. –Harry y Ginny se miraron con un brillo de ansiedad. –No suelen salir ni para comer y en las noches se ven luces extrañas. –Definitivamente ya los jóvenes aurores sabían donde tendrían que acercarse para hallar información.
-¿Luces extrañas? –pregunto Ginny para que la señora continuara hablando.
-Sí, jovencita. Hay noches calmadas como hoy. Pero otras en donde queremos acercarnos para averiguar que sucede pero después todo cesa. Pero ya basta de chismes que Loo se molesta si me tardo con las ordenes. ¡Ni que fueran muchas!-
Harry y Ginny ordenaron su cena, mientras comían analizaron la información adquirida. Era obvio donde se adentrarían en el pueblo, pero tenían que encontrar la manera de poder entrar a la casona, sin ser detectados.
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A la media noche, salir de la posada fue fácil, ya que el señor Phillips se encontraba adormilado en su pequeña recepción. Ya afuera, las calles del pueblo lucían totalmente vacías. Pero se aseguraron de caminar por donde la luna no iluminaba para no ser vistos.
Al estar frente a la casona tuvieron que esconderse pues un hombre mayor y obeso se encontraba de vigilancia.
-¿Cómo haremos para entrar?- preguntó Harry. –Todo sería más fácil con magia.
-Déjamelo a mí. –Ginny sacó de su maletín un pequeño frasco de cloroformo y vertió una cantidad considerable sobre un pañuelo. Salió de su escondite luego de acomodarse la falda y su escotada blusa negra. Y camino cerca de donde se encontraba el hombre.
-¡Oiga usted! –La llamó el vigilante.
-Ehh… usted disculpe. Yo… yo… -Se podría decir que Ginny era una excelente actriz. Cualquiera creería en cada una de las lágrimas que salían de sus ojos. –Estoy asustada. No sé… no sé ni que hago por acá.
-¿Le sucede algo? ¿Necesita ayuda? –preguntó él mientras se acercaba a Ginny.
-Yo… solo necesito que… -Cuando el hombre estuvo frente a Ginny ella simuló un leve desmayo obligándolo a sostenerla. Y en ese instante Ginny hizo presión del pañuelo sobre el rostro de él. Haciéndolo caer en un profundo sueño.
Harry salió del escondite, aún sorprendido por la brillante interpretación de su compañera. Escondieron al hombre entre unos arbustos luego de amordazarlo por si se levantaba antes de que ellos salieran.
Al entrar a la casona pudieron escuchar leves murmullos. En lo que parecía el vestíbulo se encontraban dos hombres corpulentos conversando. Siguieron caminando sin llamar la atención y entraron a la primera habitación. Dentro había varias camas pero nada que les fuese útil.
-Potter debemos seguir. Sé que aquí hay algo grande.
Harry y Ginny recorrieron la casona con cuidado de no ser vistos. En las demás habitaciones tampoco hallaron pistas con relevancia, era sospechoso no encontrar a nadie en tales habitaciones.
Ya cuando la esperanza de encontrar información que los ayudara a recuperar su trabajo se estaba por agotar. Escucharon voces provenientes de una habitación a la que no habían entrado. Los aurores siguieron sus instintos y se dispusieron a escuchar lo que se comentaba dentro.
-Está llegando la hora para llevar a cabo el plan del jefe.-
-No puedo creer lo bien que no salió lo del pobre Ministro Williams. –Las carcajadas se hicieron presentes mientras que Harry y Ginny se miraron con satisfacción.
Cuando los hombres iban a salir del cuarto, los aurores lograron esconderse para luego revisar la habitación.
Había muchas carpetas dentro de ella. No tenían ni idea por donde empezar pero el emblema del Ministerio de Magia los hizo acercarse hacia un bulto en específico.
Los archivos databan precisamente de 1989. Y hablaban sobre cambios que se pensaban realizar en el gabinete del Ministro de aquel entonces.
Ginny fue tomando cada una de las carpetas y metiéndolas en su bolso.
Harry de paso fue revisando las demás carpetas tomando aquellas en donde veía algo de importancia.
-Potter – llamó en susurros Ginny.
-¿Qué pasó? –preguntó sin dejar de mirar los papeles que tenía en las manos.
-Mira… -Harry levanto la mirada hacia donde su compañera le mostraba. Sobre un anaquel había una caja que al igual que las carpetas que tenía Ginny en el bolso, estaba marcada con el gran emblema del Ministerio. El problema era que estaba muy alto para que Ginny lo alcanzara. Harry trato de alcanzarla pero para él también estaba fuera de su alcance.
-Ya se, tengo una idea. Súbeme. –Dijo Ginny
-Pero… pero… ¡tienes falda! -exclamó Harry en un tono agudo.
-Potter, pensé que te gustaban las faldas, no que te atemorizaran. –contestó burlonamente.
-Ja, ja, ja… muy chistosa. El problema es que…
-Potter, no te preocupes. Se que aprecias tu vida, y no miraras nada.
Harry pensó en refutar a lo dicho por ella. Pero entre mas rápido consiguieran pistas. Más rápido saldrían de ese lugar.
Como sugirió Ginny, Harry la levantó para alcanzar la caja. Solo faltaba un poco cuando oyeron murmullos afuera.
Las miradas asustadas de ambos aurores se encontraron. Pero tenían un objetivo. Harry levantó un poco más a Ginny y consiguieron alcanzar la caja. No esperaron que estuviese pesada, así que el susto que se llevaron cuando Ginny iba cayendo con eso fue grande.
Un ruido llamó totalmente la atención de dos de los vigilantes de los pasillos.
Harry y Ginny recogieron lo que se salió de la caja, y salieron por la ventana.
El ruido había sido suficiente para poner en alerta a los habitantes de la casona. Y los aurores la tenían difícil para volver a la posada.
Lograron ocultarse tras una pirámide de trozos de maderas listas para chimenea. Cuando de repente Ginny hipó. El susto que se llevó le provocó el hipo, y no lo podía apaciguar.
-Oigo ruido por allá.-se escuchó decir muy cerca de los aurores.
Harry tanteaba su pantalón en busca de su varita. Ya que la vida de ambos peligraba. Y no era momento para ser seguidores de la ley. Pero no la encontró. Miro asustado a Ginny la cual no conseguía controlar el hipo, alguien se estaba acercando mucho a donde ellos se encontraban, los descubrirían y todo acabaría. Nadie se enteraría de que era lo que había detrás de todo el misterio. Harry agarró a Ginny, intentó pensar en una manera para callarla y que no los descubrieran pero su trabajo de auror nunca lo habían llevado a estudiar métodos para quitar el hipo. Los pasos se hacían más próximos y sin pensarlo más se acercó a ella y la besó.
Al principio solo hacía presión sobre los labios de ella, pero al momento en que Ginny movió levemente los labios, sintió una invitación a seguir y la besó con más entrega. Era extraño, su corazón estaba acelerado pero no era por la proximidad de los enemigos, sino por el contacto que tenia en ese instante con Ginny.
Ginny no podía creer lo que estaba sucediendo. Harry Potter la estaba besando. Ella estaba apunto de decirle algo, movió levemente los labios y el llevó el simple contacto de labios a algo mucho mayor, que en el fondo aceleraba su corazón.
Ya no se escuchaban pasos cercanos. Harry se separó de ella, la miro a los ojos y extrañamente se sentía feliz. Pero todo se disipó cuando Ginny solo dijo en susurros que tenían que salir de ese lugar ya.
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Ambos llegaron a salvo a la posada. El señor Phillips seguía en la misma posición en la que lo habían visto al salir. Entraron a la habitación y lo primero que hizo Ginny fue cruzarle el rostro de una cachetada a su compañero.
-No lo vuelvas a hacer, nunca más en tu vida. –dijo enojada.
-Yo… lo siento pero es que no se me ocurrió mas nada para que no nos encontraran. Y mi varita… -Harry no continuó con lo que iba a decir ya que al tantear nuevamente su pantalón sintió su varita dentro de su bolsillo. ¡Todo lo que hacen los nervios! – pensó para si mismo.
-Como sea. No lo intentes nunca más. Es más olvida que eso sucedió. Ahora tenemos que irnos.
-No podemos por ahora hacer eso. Deben estar buscándonos allá afuera. –dijo Harry calmadamente.
-Y que te hace pensar que no entraran aquí.-dijo Ginny mientras miraba con disimulo por la ventana a dos hombres caminando por el pueblo.
-Que no quieren llamar la atención. –contestó muy seguro Harry.
-Eso es cierto. No les conviene. Hay gente que sospecha de ellos. Y lo que menos querrían es que funcionarios del Ministerio vengan. -Dijo Ginny alejándose de la ventana.
-Hablando de eso. Tenemos que revisar los papeles.- Harry le pasó a Ginny varias carpetas. Y se dispusieron a encontrar algo de importancia.
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A eso de las dos y media de la madrugada Ginny se había quedado dormida en el piso, alrededor de los papeles que revisaba. Harry se le quedó mirando por unos instantes y decidió que mejor la dejaba dormir en la cama.
Cuando la cargó, el cuerpo de Ginny se amoldó a sus fornidos brazos. Al estar dormida, el cabello de ella había vuelto a ser de ese brillante rojo fuego que para él, la hacia lucir hermosa. Y teniéndola así, se daba cuenta que tenía un dulce aroma a flores. La colocó con delicadeza sobre la cama y la cubrió con las sábanas. El rostro de Ginny lucía tranquilo, lo más seguro es que estaba teniendo un lindo sueño.
Harry se dio la vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Y no se percató de cómo la pelirroja en medio de sueños llevaba sus dedos a sus labios y reía por un dulce recuerdo.
Una hora después Harry no podía aguantar lo pesado que sentía sus ojos. – Una última carpeta y me acuesto- pensó en medio de bostezos.
Se acercó a la caja y rebuscando entre el montón de carpetas vio una abultada y sellada.
Al tenerla en sus manos sintió una adrenalina correr por su sangre y la abrió haciendo que las ganas de dormir se fueran aplacando. Leía con gran rapidez, sin darse cuenta en que momento se había puesto de pie. Sus ojos estaban muy abiertos. Miró instintivamente a su compañera, ella seguía dormida. Volvió a dedicar su atención en los documentos. Las palabras eran claras, no existía más que un significado para lo peor que pudo haber hallado.
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El tiempo pasó y la luz del astro sol se colaba por las cortinas de la habitación donde se encontraban Harry y Ginny.
Ginny que se encontraba acostada en la cama fue dando señales de que pronto despertaría, mientras que Harry estaba sumido en un profundo sueño que no hacía mucho había logrado conciliar. Al abrir los ojos, lo primero que la pelirroja trató de entender fue donde se encontraba. No recordaba haber llegado a acostarse. –Harry debió de acostarme aquí-pensó mientras se sentaba en la cama para ver a su compañero.
-¡Hey Potter!- lo llamó, pero no vio respuesta en él. Así que decidió levantarlo de un modo más Weasley.
Se levantó sigilosamente, tomó la jarra de agua que había sobre la mesita de noche. Se acercó conteniendo la risa y la derramó sobre su compañero.
Harry se levantó de un salto y asustado tiro al piso la carpeta a la cual se había aferrado en medio de sus sueños.
Ginny reía de manera encantadora para Harry pero su mirada hacia ella seguía siendo severa.
-Sabes… -comenzó a decir Ginny entre carcajadas -… con el agua sobre tu cabello pareces al tío Cosa de los locos Adams, un programa muggle.
-Ja… graciosa – dijo mientras buscaba una toalla para secarse.
-¿Qué tiene esta carpeta? -dijo acercándose a ella donde había caído.
-Nada.-mintió pero fue obvio ya que prácticamente le quitó de las manos la carpeta.
-No te creo – El rostro de Ginny se comenzó a enrojecer – Potter, ¿qué tiene esa carpeta que dormiste aferrada a ella?
-Te dije que no es nada.
-¿Potter, qué sucede contigo? ¿Qué es lo que no me quieres dejar ver? ¡Dámela! –Ginny ya estaba muy enojada. No soportaba la actitud que tenia Harry y menos porque no le daba buena espina.
-¡NO! –Harry sabía que Ginny tenía derecho a conocer el contenido de esa carpeta. Pero él no la quería ver destrozada.
-Dámela o no respondo por ti. –Ginny ya lucia un color carmesí en su rostro. Obligando a Harry reflexionar en su posición.
-Weasley, dentro de esta carpeta… ¡Rayos! Esto no es fácil para mí pero debes saber que aquí encontré las razones para lo que sucedió con el Ministro.
-Perfecto. Y que es lo difícil en eso. Ahora solo tenemos que entregarle a los jefes lo que hallamos y…
-Espera... eso no es todo. Aquí también hay una nota escrita por el Ministro Williams donde se habla de… -Harry respiro profundo para tener tiempo de organizar como decirlo mejor.
-Habla Potter, que mas hallaste.
Harry dedicó las más sinceras de sus miradas y con un profundo dolor lo soltó. -Se habla de la muerte de Arthur Weasley, tu padre...
Ginny no espero a que Harry terminara de hablar. Le quitó de las manos la carpeta y comenzó a leer los documentos que había dentro.
Sus ojos leían con rapidez cada una de las palabras que tenía esa nota. Pero dentro de ella no encontraba algo que le diera razones para comprender que su padre había sido asesinado y no que había muerto por un experimento en su cobertizo.
Sus ojos se llenaban de lágrimas que luchaban por no salir pero que no lograba retener ya que el dolor en su alma era más fuerte. Su menudo cuerpo comenzaba a temblar, pero no de frío, sino de debilidad. Ya no tenía fuerzas para mantenerse de pie y cayó sentada al suelo.
Para Harry era la segunda vez que la veía de esa manera. Dejaba de ser la mujer dura y prácticamente insensible, para ser la niña triste y débil.
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Harry se acercó a ella y la tomó entre sus brazos en un abrazo. Ginny lo aceptó y lloró por largo rato. El no sabía que decirle, pero su silencio no fue incomodo sino de gran ayuda. Luego de un rato Harry rompió el abrazo y con sus dedos le fue borrando una a una las lágrimas que salían de esos castaños y hermosos ojos y en señal de apoyo y cariño beso su frente. A Ginny el calor de ese beso le hizo bien. Dio gracias a su compañero pues estaba con ella en esos momentos.
El tiempo fue pasando, Ginny fue sintiéndose mas tranquila junto a Harry. Poco a poco dejó de llorar y todo se debía al fuerte sedante que era estar tan cerca de Harry. No entendía porque pero necesitaba ver los ojos de Harry, los cuales habían vuelto a ser de ese verde esmeralda que de cierto modo la hechizaba. Al momento en que sus miradas tuvieron conexión Harry lentamente se fue acercando a ella, sus labios se encontraban a una corta distancia, y pasó… él volvió a besarla.
Esta vez no era para salir de un apuro sino porque su ser se lo exigía. Lo sorprendente para el fue que Ginny correspondió al beso y se fue entregando cada vez más a ese contacto físico.
De repente Harry reaccionó. Ese no era el momento para darle rienda a sus instintos. Pero al tratar de separarse las pequeñas manos de Ginny acariciaron su espalda causando una especie de descarga eléctrica que los llevó a movimientos y besos más pasionales.
-No… no ahora…-dijo sin fuerzas Harry.
-Por favor, te necesito –solo susurró Ginny.
Ambos fueron quitando con un ritmo único todo lo que se interponía entre el contacto piel a piel. Sin disminuir la ferocidad y el hambre que sentían el uno por el otro. Hambre que se intensificó la noche anterior cuando sus labios se tocaron por primera vez. Hambre que aunque ellos no se habían percatado estaba dormida dentro de ellos, porque entre ellos había más que solo un trabajo.
Las grandes manos de Harry fueron atrapando más y más el menudo cuerpo de la pelirroja. Provocándole un escalofrío excitante que solo seria calmado al recibir más calor del cuerpo que estaba sobre ella.
-Hazme tuya, te lo suplico… -dijo al oído del moreno.
Para Harry esa era una orden que definitivamente cumpliría, pero que lo haría a su debido tiempo. Estaban en el momento del juego. Y como si él lo hubiese dicho en voz alta, Ginny entendió y con un sensual movimiento se colocó arriba de él. Le haría pagar que la hubiese querido hacer esperar.
Hola...
Lo se, me tarde un poquito... pero aquí estoy con un capi un tanto mas larguito... y responsable.
Siento mucho no haberles podido contestar a todos por sus reviews anteriores pero es algo que se les agradece enormemente, pero estos no han sido unos días fáciles. En notas anteriores anduve contando que tenia trabajo pues ahora olvidenlo... me despidieron. La injusticia es grande pero citando el titulo de uno de mis fanfics favoritos "Las cosas pasan por una razon". (Leanlo... es buenisimo por cierto es de mi adorada beta... Karla te adoro!), ademas de que estuvimos acá en mi país en días feriados y ni me acerqué a mis cuadernos. Ahh.. y a eso agreguenle la boda de oro de mis abuelos, el aniversario de mis padres, la feria de la rumba ...
¡ BASTA !
Ya no los agobio mas con mis detalles de vida y pues espero que le den al botoncito de REVIEW
