Ni Bones ni sus personajes me pertenecen son de la fabulosa FOX
Viajes
-¡Odio Florida!- refunfuñó Booth, poniendo más fuerte el aire acondicionado del auto.
- Es la cuarta vez desde que cruzamos el límite del estado que repites eso, ¿cuál es tu problema?- preguntó Mulder con interés.
Booth se volvió hacia su acompañante que lo miraba con la burla escrita en sus ojos; suspiró nuevamente, como cada vez que decía el nombre del estado donde se encontraban y explicó:
- Hace cosa de dos años me quitaron el arma y...- dudó, sabía que le estaba dando una ventaja con esta información a su amigo-... tuve que hacer terapia para que me reintegraran al servicio.
Mulder asentía con seriedad, mientras su rostro se volvía colorado a causa de la risa contenida, Booth podía torturarlo y ver si realmente se animaba a reírse.
- Debe de gustarte la terapia, Booth- dijo mientras reía a todo pulmón- ¿Qué hiciste para que te convirtieras en el agente con más sesiones en la historia de la agencia?
- Ja...ja. Muy chistoso, sobretodo porque lo dice el hombre a quien consideran "anormal" en su propia oficina.
- Anormal pero nunca a terapia- dijo en defensa- Opuesto a ti que vas por el segundo...- concluyó echándose a reír.
Booth gruñó mientras apretaba con fuerza el volante del auto rentado en el que los agentes viajaban. El viaje continuo en silencio durante un rato hasta que Mulder preguntó:
- ¿Por qué te quitaron el arma?
Booth no contestó y se limitó a acomodarse las gafas de sol que llevaba puestas.
- ¡Vamos Booth! Estoy seguro que no puede ser más vergonzoso que lo de tus psiquiatras...-al ver la mueca de disgusto dibujada en el rostro de su amigo, Mulder afirmó con asombro- O sí.
- Le disparé a un payaso.
- Con "payaso" te refieres a... ¿ladrón?- preguntó Mulder con ingenuidad.
- Payaso payaso-contestó con sequedad.
- ¿Los de narices rojas, gran sonrisa, y pelo de colores?- preguntó Mulder.
Booth asintió débilmente.
- Eh... ¿era un asesino, un terrorista?
- Un camión- contestó en un susurro Booth
- ¿Un camión...manejado por un payaso...que atropellaba niños?- hiló con incoherencia Mulder, aunque si tenía que ser sincero consigo mismo había estado en situaciones más raras.
- Era un payaso sobre un camión de helados que tenía una horrible música que no me dejaba oír ni mis propios pensamientos- explicó con rapidez Booth.
La risa de Mulder invadió todo el auto, las lágrimas se escapaban de sus ojos ante la imposibilidad de contener la hilaridad que lo invadía. Pasaron varios minutos hasta que el agente recuperó la compostura.
- Gracias por tu comprensión, Mulder- dijo con disgusto Booth.
- No, gracias a ti tendré de que reírme por un buen tiempo- aclaró Mulder palmeando la espalda del otro agente- Lo que no entiendo es la relación payaso-Florida, ¿cuál es la explicación de tu retorcido subconsciente para esto?
- Ríete lo que quieras pero si hubieras estado en mi lugar habrías actuado igual.
- Le he disparado a cosas sin nombre mucho tiempo, pero jamás le disparé a un payaso- rió Mulder.
- Cuando me quitaron mi arma, Bones vino a investigar un asesinato a Florida, le asignaron otro agente del FBI y estuvo a esto... de subirse a su bote e irse con él por el Caribe, ¿conforme? Si Dana hubiera estado a punto de irse con otro hombre me gustaría saber cuáles serían tus pensamientos- terminó con brusquedad Booth.
- Tranquilo, veo tu punto. Es gracioso que le dispararas a un payaso y te enviaran a terapia, pero tu aversión a Florida es completamente comprensible... Pero recuerda- agregó sonriendo con sinceridad- Brennan está contigo ahora, no se fue y dudo mucho que algún día piense hacerlo.
Booth le agradeció el aliento a Mulder con un movimiento de cabeza. Era increíble cuan buenos amigos que se habían vuelto en las últimas semanas y ahora con ese viaje buscaba ayudar a otro amigo.
Cuando un par de horas después subían a un ferry, Mulder se cansó de no saber cuál era su destino.
- ¿Vas a decirme a dónde vamos o vas a mantener la incógnita mucho más?
- Cayo sin nombre- le contestó Booth.
- Muy ocurrente, pero quiero el nombre del lugar adonde vamos... ¿No pensarás hacerle algo al hombre con el que Brennan iba a irse no?- preguntó tras un momento de vacilación.
- Por lo que sé, sigue en el Caribe con "Wilson" y es mejor que siga allí. Grayson Barassa, ¿te dice algo ese nombre?
- El esposo de Angela- acomodándose mejor su corbata agregó- Buena movida, Booth, Hodgins se lo merece.
Dos hombres de negro, con gafas y armados se acercaban desde la costa donde una pequeña lancha los esperaba. Birimbau no era un hombre miedoso y esta no sería la primera vez que tuviera que hacerle frente a gente del gobierno que quería recuperar las tierras o cobrarle más impuestos, siempre había una razón, pero esta vez... algo le decía que iban a ser más duros que de costumbre.
- ¿Grayson Barassa?- preguntó el de la corbata escandalosa.
- ¿Quién pregunta?- indagó el hombre con una voz cavernosa y aspecto asesino.
- Alto, fornido, bocón, único habitante visible del cayo... Encaja perfectamente con la descripción- dijo el otro hombre quitándose los lentes.
-¿Exactamente quienes son y que quieren conmigo?- preguntó Birimbau con hosquedad.
- FBI. Agentes Mulder y Booth- explicó este último mostrando su placa- Siempre una actitud cooperativa es mejor señor Barassa.
- ¿Podría ofrecernos algo de beber? Hace bastante calor aquí, podría derretirme- pidió con una sonrisa Mulder.
Aún con desconfianza, Birimbau se hizo a un lado y con un ademán invitó a entrar a los dos agentes. Una vez dentro, acomodados en un sillón y con un vaso de refrescante limonada en sus manos, Booth y Mulder comenzaron a actuar.
- ¿Tiene idea de la razón de nuestra visita?- preguntó Booth
- Realmente, no. Han venido a verme recaudadores, empresarios, inmigración pero el FBI nunca.
- ¿Cuántos delitos conoces que puedan ser causa de extradición?- preguntó Mulder volviéndose a su compañero.
- Unos cuantos, fáciles de probar, difíciles de comprobar... En tres días podría estar en... ¿de dónde es usted, señor Barassa?- inquirió volviéndose al hombre que empezaba a temblar.
- Brasil- contestó en un susurro pero recuperando el aliento y su fuerza prosiguió- pero estoy casado con una ciudadana norteamericana y eso me da derecho a permanecer en este país.
- Extraño- dijo Booth poniéndose de pie- No niega haber cometido ningún delito pero saca a relucir que su matrimonio es su visa para quedarse en el país- siguió caminando inspeccionando las pertenencias del hombre mientras hablaba- ¿Dónde está su esposa americana, señor?- preguntó girándose hacia él.
- No estoy seguro- contestó con vacilación Grayson
- ¿No está seguro?. Por lo general esa es la respuesta de alguien que... eliminó a su esposa- replicó Mulder
- ¿Qué le hace pensar que pude haberla matado?- gritó Birimbau
- Que no sepa dónde está, que vacile al contestar, su nerviosismo- enumeró Booth.
- Angela y yo nos casamos hace varios años en una isla, ella no recordaba estar casada hasta que... - suspiró con desgana- hasta que quiso volver a casarse.
Mulder y Booth se miraron y supieron que había llegado su momento, estaban ahí para ayudar al hombre que había arriesgado su pellejo para conseguir la felicidad de sus amigos, le debían ese favor y él merecía que lo intentaran.
- Déjeme contarle una historia- dijo Booth tomando asiento frente a él- Hace cosa de dos años un hombre íntegro, bondadoso, humilde descubrió que estaba enamorado de la mujer más rara, si se me permite el calificativo, una mujer que no estaba dispuesta a aceptar ninguna cadena pero él no se rindió. Día a día, acción tras acción, le demostró que su amor no buscaba barreras, que era tan libre como ella, tan puro y bello como ella. Fui testigo de ese amor, fui testigo de cada muestra de cariño que se profesaron y tuve el honor, el gran honor, de que él me nombrara su padrino en el día que uniría su vida a la de la mujer que amaba. Lamentablemente esa boda no tuvo lugar- hizo una pausa y levantó una de sus cejas en dirección al hombre que con los ojos abnegados lo miraba descorazonado- Pero no se rindieron, no dejaron que su amor se desvaneciera, decidieron luchar juntos para encontrar el camino hacia su sueño, hacia su futuro.
- Señor Barassa nadie nos envió. Jack Hodgins, el hombre al que Angela ama con todo su corazón, no tiene idea de que nosotros estamos aquí, es más de saberlo se hubiera opuesto. Podríamos seguir apelando a nuestro poder pero queremos llegar a otro lugar- explico Mulder- Si usted ama a Angela entenderá que su felicidad no está en este paraíso que usted construyó para ella sino en la realidad que ella decidió vivir junto a Jack.
- Yo estuve a punto de dejar ir a la mujer que amo porque pensé que su felicidad era más importante que la mía, dolió... créame que dolió, pero no podía atarla a mí sabiendo que su corazón lloraría. Podría haberle dicho que se quede junto a mí pero nunca, jamás me hubiera perdonado el hacerla desdichada.
- Por la forma en la que habla creo entender que esa mujer está a su lado ahora.
- Tiene razón-contestó Booth- A veces se gana, a veces se pierde, pero nosotros no importamos, ¿no es así?
Con esas palabras, Booth deslizó sobre la mesa los documentos del divorcio y salió de la casa seguido de Mulder, sólo les restaba esperar, apelar al corazón de ese hombre que sufría por amor.
Booth bajó de su auto sabiendo que estaba en problemas, su novia lo miraba con disgusto.
- ¿Es que ahora Mulder es tu compañero?
- No tuvo nada que ver con el FBI- dijo como defensa.
- ¿Entonces qué fue? ¿Mujeres?... ¿Deportes?
- Sólo hay una mujer en mi vida y ya deberías saberlo- dijo acercándose a ella y tomándola en sus brazos- Y por cierto...- continuó- ...Te extrañé- terminó con una de esas sonrisas que podían convencer a Temperance de cualquier cosa.
Sus labios se acercaron como imanes, la necesidad de sentir al otro era más importante que respirar. Las manos de Booth recorrieron con vehemencia la espalda de su novia mientras sus labios se fundían en un beso pasional y dulce al mismo tiempo. En la bruma del deseo podía sentir los dedos de Temperance acariciar sus cabellos, su cuerpo apretado contra el suyo en la necesidad de fundir sus almas.
Las bocinas de un auto que pasaba les recordó a ambos que estaban en un lugar público y con pereza rompieron su abrazo.
- ¿Vas a contarme dónde estuviste?- preguntó Temperance pasando uno de sus brazos por la cintura de su novio mientras él colocaba el suyo sobre los hombros de la chica.
- De seguro voy a recibir más de estas demostraciones públicas de afecto cuando te cuente- rió abrazándola y usando sus propias palabras.
- ¡Esto es ilógico!- volvió a gritar Jack.
- A mí me parece excitante- agregó Angela con una sonrisa.
- ¿Encuentras excitante que Booth me haya pedido prestado el avión de la compañía o que nos haya secuestrado en el camino? Llevamos doce horas viajando, ¿qué intenta? ¿sacarnos de la atmósfera terrestre?
- Si no te hubieras pasado doce horas maldiciendo a nuestros amigos podríamos haber aprovechado el tiempo... Nunca lo hice en la bodega de un avión- agregó con una mirada lujuriosa.
Jack miró con sorpresa a su prometida y la besó con dulzura. Esa mujer podía asombrarlo a cada momento, sólo Dios sabía cuanto la amaba, lo indispensable que se había vuelto en su vida. Cuando el beso se convirtió en algo más sintieron que la puerta de la bodega se abría dando paso a Booth y Mulder.
- ¿Tuvieron medio día para hacer esto y recién ahora empiezan?- comentó Booth con ironía.
- Tú me debes una explicación- replicó Jack poniéndose de pie.
- Tranquilo que todavía falta- agregó Mulder tendiéndole unos pañuelos.
- No, de ninguna manera.
- Vamos, amor- le dijo Angela- Esto se vuelve cada vez mejor.
A regañadientes Jack se ató el pañuelo alrededor de sus ojos y se dejó guiar fuera del depósito por sus amigos. La comodidad de un asiento de primera clase no podía compararse con el duro piso de un avión y para sus adentros agradeció que los sacaran de allí. Angela, al contrario, parecía más que entusiasmada con todo este ajetreo y reía comentando con sus amigas la broma de la que habían sido presos.
Pasaron un par de horas más hasta que se escuchó la orden del comandante de abrochar sus cinturones y permanecer en sus asientos. Cuando el avión tocó tierra, Hodgins se volvió hacia donde creía que se encontraba Booth y preguntó:
- ¿Puede quitarme esta ridícula venda?
- Al otro lado- escucho la voz de su amigo- Y no, tienes que seguir con los ojos cerrados.
- Si esto es en venganza del plan para unirte a la Dra. Brennan, déjame decirte que lo estás llevando muy lejos.
- Hodgins, ten paciencia- fueron las palabras del agente.
Descender del avión vendado y tomado del brazo de Mulder era muy bochornoso y temió que al día siguiente la foto del heredero del grupo Cantilever bajando de un avión vendado y del brazo de un hombre estuviera en todos los periódicos del país; lo único que lo tranquilizaba era escuchar la suave risa de Angela unos pasos delante de él.
Su paranoica imaginación empezó a funcionar... ¿Qué tal si no eran sus amigos y eran alienígenas que habían tomado sus lugares y estaban secuestrándolos para hacer experimentos con ellos? Se frenó en seco ante esos pensamientos y se volvió hacia Mulder.
- Esta conjetura es válida contigo, ¿cómo sé que no son formas de vidas extraterrestres?
- Te pedimos prestado tu lujoso chiche, te cubrimos los ojos y te dimos de comer, con mi experticia en el tema, déjame aclararte que ya serían alimento de gusanos si fuéramos extraterrestres- le aclaró Mulder.
- Ok, te creo- contestó volviendo a bajar los escalones del avión.
Las protestas volvieron a surgir cuando lo obligaron a subir a una camioneta con las ventanas cubiertas y le dijeron que se pusiera la ropa que había allí pero lo que más lo molestó fue que lo separaran de Angela.
- Tomará unos minutos y ella está ahora con Temperance y Dana- le aseguró Booth- Sabes bien que no dejaría que nada le sucediera.
Media hora más tarde, Mulder fue a buscarlo colocando otra vez la venda sobre sus ojos y llevándolo fuera. Sintió la brisa sobre su cuerpo, la frescura de sentirse en contacto con la naturaleza y el perfume de Angela cerca de él... Creía estar en un sueño, porque todo eso le recordaba... Se obligó a acallar esos pensamientos que sólo podían traerles malos recuerdos.
- Jack- la voz de su prometida lo trajo otra vez a la realidad.
- Aquí estoy, amor- dijo tomándola de la mano.
- Pueden quitarse las vendas- dijo Booth- Bienvenidos a su paraíso.
