II
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-Buenos días, Naruto-san –escuchó la clara voz de su maestro, atravesando los velos de aquella fría madrugada– ¿ha descansado lo suficiente?
Un sonido de huesos que crujen horrorosamente.
-Sí…es decir, pude conciliar algo de sueño –dijo el ninja zorruno, asintiendo en ese gesto tan suyo– ¿estamos listos?
-Por supuesto –sonrió el aludido extendiendo su mano y presentando a cuatro nuevas figuras– aquí estarán los maestros que también te enseñarán el arte y la defensa del cuerpo.
-¿Quiere decir que no solamente voy a entrenar con usted?
-Su deducción a esta hora impía es sorprendente –respondió una chica ataviada en una túnica verde con arabescos destacables– soy la maestra Fong de la tierra, y estaré encantada de que no muera bajo nuestro entrenamiento.
Era un poco agresiva para ser esta hora de la mañana. ¿A quién le recordaba?
-Naruto-san, espero que Manjidani lo trate adecuadamente –se adelantó otra mujer, de una edad cercana a la anterior, aunque sus profundos ojos azul tormenta lo sacaron de concentración– soy la maestra Katara de las aguas.
-¡Oi! –fue interrumpido por una vocecilla algo alegre, esta vez de un monje sin cabello, aunque amable a su gusto– ¿Qué tal?. Soy el maestro Aang del aire, y francamente estaré más que encantado que enseñarte el arte de defensa y ataque de los aires.
La gran sonrisa del monje que acababa de hablar tranquilizó un poco a Naruto, que desde que habló la primera persona no se encontraba muy…¿tranquilo?
-Soy el maestro Zuko del fuego. Mañana al mediodía empezaremos el entrenamiento¿está claro?.
-Claro…–masculló Naruto a duras penas, rascándose un poco la cabeza. El grupo de cuatro monjes era heterogéneo por donde le mirase. De nuevo¿Cómo a qué le recordaba?
Su propio equipo. El equipo siete; de ahí, tuvo un repentino ataque de memorias que lo abstrajeron de la realidad por segunda vez consecutiva en el mismo cuarto de hora.
-Ahem –nuevamente, la voz de Gyoma lo trajo de vuelta– tal y como se lo han hecho saber, tendrá el respectivo entrenamiento con ellos. Conmigo…tendrá su entrenamiento, y nos veremos al atardecer en este mismo punto¿entendido?
-Entendido, sensei –respondió él, con una reverencia bastante marcada.
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-Tsunade-sama, aquí está Jiraiya-sama y Kakashi, tal como lo pidió.
Ella miró a ambos sujetos. Ambos traían una cara de sueño imposible de disimular.
-¿Qué sucede contigo, Tsunade? –preguntó Jiraiya, próximo a caer en un estado muy próximo entre la hibernación y la muerte– no recuerdo que fueras de las que trasnochaba en el trabajo.
-Esto no es trabajo únicamente, Jiraiya –respondió ella– he mandado por ti porque me gustaría saber si tienes alguna pista sobre su paradero.
Un bostezo del aludido. Y Godaime tuvo que hacer esfuerzos cuasidivinos por no saltarle encima y clavarlo de un golpe allí mismo.
-¿Su paradero? –Parpadeó él– ¿de quién?
De inmediato Shizune pudo percibir el cambio de aura. Todos los chūnin presentes sintieron como si de pronto la vida del poderoso Sannin corriera peligro. Fue tan así que hasta el mismo Kakashi parpadeó; de inmediato el ermitaño-sapo pareció caer en cuenta y sonrió.
-¡Oh, sí!. Es de Naruto de lo que me hablas¿no?
Esto realmente estaba poniendo a prueba la poca paciencia que tenía.
-¡Sí, Jiraiya-sama! –Intervino Shizune para evitar una tragedia mayúscula– ¡usted sabe que Naruto-kun desapareció de Konoha hace una semana!
Y, Kami mediante, Jiraiya por fin volvió a la lucidez antes de que algo más pasase.
-Tal vez tú supieses algo sobre cierto pergamino que encontraron en el departamento.
Ante la atenta mirada de todos los presentes, el pervertido shinobi le echó una ojeada a todos los pergaminos, emitiendo algunos gestos interesantes que podrían ser interpretados como un "oh!" y un "ah, mierda".
-Ay, mierda –fue la última palabra de Jiraiya mientras partía raudo al techo, ante la mirada de todos, que no hacía sino mirarle de mala manera. Escucharon un débil Kuchiyose no jutsu…
…Y un monumental estruendo despertó a Konoha esa madrugada.
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-Bueno, bueno…–Naruto vio como la maestra Fong se quedaba en el gran campo, mientras él miraba con algo de prevención– he de darte nuevamente la bienvenida a este templo sagrado. No sé si tengas conciencia de tu logro, así que te pondré al tanto.
-Es… ¿es tan así? –murmuró él, tratando de minimizar lo que fuese que dijera– después de todo …
-Eres el primer estudiante en veinticinco años que Gyoma-sama acepta en el templo bajo su instrucción directa.
-¿NANI? –Fue la mayúscula exclamación de Naruto, ante el gesto divertido de la joven maestra– ¿¡Tanto tiempo!?
-Solo para que te des cuenta que, como eres el primer estudiante directo de nuestro sensei, seremos especialmente…severos en lo que concierne a tu entrenamiento y desarrollo.
Naruto, por un instante, pudo percibir un pequeño gesto de gusto…algo cínico. Como si disfrutase enormemente el hecho de que iba a recibir un riguroso entrenamiento. Como cuando el pequeño cervatillo está siendo cazado a conciencia y el cazador se relame entre cada paso que da.
-Muy bien, señorito especial, vamos a comenzar. Para dominar el ojo de Samsara, primero tienes que realinearte contigo y con el resto de las cosas; debes ser capaz de ser fuerte como una montaña para resistir el ver la cara de la verdad, y de igual forma debes ser como una avalancha para confrontar aquello que quiera apartarte del camino.
El ninja asintió, viendo como ella caminaba, arrastrando su túnica. Era si acaso un poco más alto que él, y vistiendo aquella túnica se veía…bueno, atractiva a su manera.
-Para desarrollar tu fortaleza, primero debemos fortalecer el cuerpo. Y siendo sinceros…–ella le dedicó una mirada de arriba abajo– no sé qué tan fuerte puedes ser. Ve y quiebra aquel bloque de roca–. Ordenó, como quien sale a cortar las flores de buena mañana.
-Sensei…yo no puedo. Es decir, no tengo tanta fuerza…
Una ceja se arqueó.
-¿No tienes tanta fuerza? –Fueron sus palabras, en lo que ella se paraba y le miraba con un gesto de incredulidad, mezclado con algo de enfado–. Está muy bien.
Naruto suspiró, como si quitasen ese bloque de su espalda.
-Si para mañana a esta hora ese bloque no aparece como te lo pido, haré que te saquen de Manjidani vivo o muerto– susurró ella, tranquilamente– ah, sí, y además me quedaré con esto. Me parece de lo más simpático.
La maestra levantó entre sus dedos el protector de la frente con el emblema de Konoha. Ella lo envolvió gentilmente entre sus dedos y se retiró, dejando a Naruto con la boca abierta.
-¿¡NANI!?
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-Esa ha de ser Fong y su famoso método de enseñanza –reflexionó Katara, mientras el maestro Gyoma asentía ante su taza de té.
-No puedes quejarte, Katara-san. Tú misma le enseñaste la ventaja de una "experiencia reconfortante" en la enseñanza.
La maestra sonrió, y tomó un sorbo de su té matutino.
-Es cierto…pero aún no me queda claro el por qué admitió a un estudiante y mucho menos de la forma que lo hizo con él.
Muroga Gyoma guardó un instante de silencio, y con su mirada apagada dejó el recipiente del té, ya vacío, sobre la bandeja que estaba frente a él.
-Durante mucho tiempo me encargué de perfeccionar el dojōtsu¿sabes?. Pero no cualquiera está en disposición de aprenderlo. De los que lograron encontrar el camino a través de la neblina, todos venían tras poder. Poder poder poder. Era todo lo que querían y creían que su camino a la verdad era ese.
-¿Y no es lo mismo con este muchacho?
-No. De alguna manera, sus ojos son inclusive más agudos que estos. Son capaces de ver donde para muchos puede no quedar absolutamente nada. Su mirada es muy pura¿sabías?. Aún en esta era, donde Manjidani dejó de ser una aldea shinobi, la tragedia de nuestros clanes sigue muy latente. Pero él no viene para conseguir poder para sí mismo. Viene porque necesita el poder para conseguir un objetivo muy particular.
-¿Aquel que te dijo?
-Sí, ese. Alguien que corre todos los riegos que conlleva el venir hasta aquí, por esa exclusiva razón, merece mucho más que un reconocimiento. Supongo que por eso Fong le ha puesto a prueba. Quiere ver si mi juicio fue el indicado.
Una sonrisa cruzó a través de la maestra, quien dedicó una larga mirada a su túnica celeste y blanco.
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-¡Gamabunta! –fue el grito de Jiraiya hacia el monstruoso sapo que había aparecido justo en frente de la torre del Hokage
-Jiraiya…–respondió el anfibio, exhalando una bocanada de humo de su pipa– ¿estás listo para pagarme lo que me debes?
-¡No es momento para eso! –Respondió él, sintiendo la mirada de acero de Tsunade taladrarlo– necesito que me digas si por alguna razón le has hablado a Naruto acerca de Manjidani, o peor aún, lo llevaste hasta allí.
-¿Manjidani? –Murmuró pensativamente– no lo he llevado allí. ¿Temes que Muroga lo haya secuestrado o algo así, Jiraiya? –le miró el enorme anfibio, ante la repulsión de la mayoría de las chūnin presentes.
-Peor aún. Quizá haya partido para aprender el Rin'negan o lo que sea que enseñe ese ninja loco.
El anfibio se detuvo…y rió estruendosamente. Incluso para alguien de su tamaño.
-El Rin'negan no se enseña, se hereda. ¿Qué pasa contigo?. ¿Demasiado concentrado con el trabajo de escritor que se te olvidó el detalle?
-¿Y a ti se te olvida que es de Muroga Gyoma de quien hablamos? –le habló Jiraiya.
Un gesto de asentimiento.
-Quizá el muchacho no me haya dicho nada a mí –musitó Gamabunta– pero quizá alguien dentro de él le haya dicho cómo llegar.
-¿Me estás queriendo decir que eso lo guió hasta allá?
-No se me ocurre nada más. Y, además, nadie mejor que él conoce el camino de Tokai.
Un gesto de asentimiento vino de Tsunade desde la oficina. El sapo tenía bastante razón, a partir de eso.
-¿De qué habla el sapo? –preguntó Sasuke, intuyéndose la respuesta– ¿alguien sabe cómo llegar a ese lugar?. Y de todas maneras¿qué lo hace tan especial?
-No me extraña que no lo sepan –dijo Tsunade–. Esto pasó cuando yo era una genin apenas.
-¿Qué sucedió? –preguntó Neji, súbitamente interesado.
-Cuando recién se formaron las naciones ninja y las aldeas ocultas estaban en plena construcción, había un shinobi viajero que realizaba misiones. No eran la gran cosa, realmente, hasta que se le ordenó recuperar un viejo pergamino en lo que se conoce hoy como el país de la nube. Como no podía permitirse un acto semejante, la aldea envió unas cuantas cohortes a cortar el problema de raíz.
-Iban a ultimarlo –confirmó Shikamaru, escuchando con cierto desdén la historia.
-En efecto. Él era un ninja común, a pesar de que no se tiene conocimiento de que haya fallado alguna misión. Él se supeditaba a andar por los caminos simplemente, evitando todo tipo de combate. Pero claro, ante ese pequeño ejército bien podría decirse que no tuvo opción.
-¿Y qué sucedió? –preguntó Tenten
-No se sabe muy bien. Unos dicen que Muroga se convirtió en el mismísimo Shinigami y comenzó a masacrar ninjas a diestra y siniestra. Después del incidente, desapareció.
-Pero la historia no termina ahí –continuó Kakashi, asintiendo– los ninjas de la nube no se iban a quedar de brazos cruzados cuando un solo hombre había logrado terminar con muchos de sus hombres. Así que lo buscaron por todos los países, hasta que alguien les contó que iba por el camino de Tokai hacia las montañas. Enviaron un escuadrón de Jounin que nunca regresó. Desde entonces su paradero ha sido un misterio.
-Muroga…–murmuró para sí Neji, de alguna manera entendido con el apellido que acababan de referenciarle– ¿por qué me es algo familiar?
-Lo mejor será que se retiren por el momento –fue la orden de Tsunade a los chūnin presentes– se les pondrá al tanto cuando lleguemos a algo en concreto.
Todos asintieron y comenzaron a retirarse…excepto por Sasuke.
-Godaime, no podemos dejar la búsqueda de lado. ¡Tenemos que recuperar al dobe!
Tsunade asintió ante la determinación del Uchiha, pero nada podía hacer.
-Es cierto. Pero nadie aparte de Naruto puede llegar hasta la aldea que dijo ese sapo.
-¿Qué? –Respondió Sasuke, impacientándose– ¿por qué no?
-Porque Kyūbi fue quien lo guió para que no se perdiese por el camino. ¿No lo ves? Manjidani es famosa porque su niebla ha extraviado ejércitos enteros; de los que van, ninguno ha vuelto con vida, y lo que es aún peor, no puedo arriesgarme a dejar Konoha sin ningún shinobi que la defienda.
Una maldición escapó de los labios del joven Uchiha, mientras consideraba todas las posibilidades. Era cierto. Naruto los había dejado contra la pared. Hasta que en sus divagaciones, apareció un nombre que podría ayudarles.
-¿Dijiste que fue el zorro el que lo guió hasta donde sea que esté ahora el dobe?
-Es bastante posible.
-¿Y si buscamos a alguien que también haya sido un jinchuuriki?
-¿Qué insinúas? –preguntó Tsunade
El asintió como si acabase de descubrir una verdad enorme.
-Si el demonio que aún está dentro de Naruto pudo guiarlo, quiere decir que alguien que haya tenido un demonio en su interior puede recordar la ruta.
-Es…una hipótesis bastante arriesgada, pero bien podría funcionar. ¿A quién tienes en mente?
Una media sonrisa surcó el rostro del muchacho.
-¿Y a quién más sino Gaara del desierto?
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-Disculpe, Hinata-sama –Neji interrumpió la meditación de la chica, absorta en mirar hacia la nada con una delectación llamativa– ¿me permite un momento?
-Por supuesto, Neji-niisan –respondió ella con una sonrisa– ¿puedo ayudarte?
El muchacho se sentó junto a ella, mirando también hacia la nada en medio del gran patio de entrenamiento de la mansión Hyūga. Al hacerlo, escogió cuidadosamente sus palabras, tratando de obtener una reacción medianamente controlada.
-Usted…sabe que Naruto está perdido¿verdad? –dijo él, cortando de raíz las meditaciones de la mayor de las hijas del jefe del clan– ¿sabe usted dónde podría estar?
-Yo…yo no lo sé, realmente –dijo ella mientras reforzaba el agarre de sus delicadas manos en torno a sus ropajes– ¿acaso tú sabes algo?
-Al parecer…bueno, Hokage-sama no lo confirmó directamente, pero Naruto podría estar en peligro. Lleva desaparecido una semana y bien podría estar en manos de un potencial enemigo.
Sus ojos perlados se abrieron en un gesto de aprensión, un gesto indisimulable de miedo.
-Escúcheme, Hinata-sama –murmuró su primo a su oído, tan bajo para que sólo ella pudiese escucharla– si usted tiene alguna idea de dónde podría estar Naruto, le pido que me lo diga. Él pudo poner su vida en riesgo y no sabemos todavía si realmente podremos traerlo de regreso.
Ella contuvo nuevamente ese gesto y le miró largamente.
-Usted… ¿usted y Naruto? –comenzó Neji, como intuyéndose la respuesta.
-Esto…yo…–dijo ella, comenzando a sentirse atrapada
Su primo negó un poco, con una media sonrisa.
–Está bien. Yo no le diré nada a Hiashi-sama; pero si usted sabe algo de dónde podría estar, será mejor que lo diga. No importa si es a mí o a Hokage-sama, cualquier indicio será de gran utilidad.
Hinata pareció respirar más tranquila y miró a su primo, que se retiraba con una pequeña reverencia.
–Naruto-kun… ¿en peligro? –Dijo ella calladamente, luego viendo hacia el cielo– ¿dónde estarás?
Sin embargo, sin ella notarlo, su hermana menor la observaba escondida a la perfección tras uno de los muros. Sus ojos, fijos en su hermana mayor. De inmediato desapareció, al parecer bastante apurada.
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-¿Y bien? –Murmuró Fong, sentada en posición de loto frente a Naruto– ¿estás listo para superar mi prueba?
El ninja vio con desespero como ella jugaba con su protector, acariciando distraídamente el emblema de la aldea entre sus pequeños dedos.
-¡Lo haré! –Dijo él, levantándose de un salto y realizando un sello con sus dedos– ¡Kage bunshin no jutsu!
La maestra de la tierra arqueó una ceja, pero igual sonrió afirmativamente cuando un clon apareció junto a su estudiante. Al momento, una gran cantidad de chakra azulado se concentró en su mano, formando una esfera brillante; tomando algo de impulso, saltó hacia el bloque y al grito de "¡Rasengan!" pulverizó el bloque, que saltó en pequeños escombros a los pies de una maestra…algo complacida.
-Sorprendente uso de chakra, joven guerrero –sonrió su maestra, poniéndose de pie– evidentemente…eres un ninja muy poderoso.
Naruto sentía como se henchía de orgullo su pecho.
-Pero creo que no fui lo bastante clara cuando te pedí que quebraras este bloque. Quiero que lo quiebres con tu puño.
-¡¿Con mi puño?! –Espetó él, incrédulo– ¡me gustaría verla intentarlo siquiera!
-Eso… ¿es un reto? –Contestó ella, muy satisfecha. De un momento a otro, él sintió como que ella estaba gozando la situación a un nivel…poco sano.
-Creo que estás a punto de tragarte tus palabras, gaki.
-Ah¡cállate Kyūbi-baka!
-Ese bloque se antoja bastante…accesible para mis posibilidades –dijo el zorro monstruoso, divertido– ¿me permitirás intentarlo?
-Como si no tuviera ya suficientes problemas –murmuró, callándolo rudamente.
Al momento vio que su maestra se había levantado también, y estaba de pie junto a un bloque idéntico al que ya había sido quebrado. Con algo de expectación, ella levantó una de sus delicadas manos, y la cerró dedo por dedo hasta que formó un puño. Y ante la sorpresa total de su estudiante, de un movimiento rápido golpeó al bloque…con tal fuerza que introdujo toda la extremidad hasta el codo.
-Te dije, gaki, que ibas a tragarte tus palabras –replicó por última vez con su voz cavernosa– eso es lo que yo llamo…un golpe de autoridad.
Apuntes varios: bueno¿qué puedo decir?. Me siento bastante halagado por los comentarios que he recibido. Sin otro ánimo más allá de mejorar con el transcurrir de la historia, aquí tienen el segundo capítulo.
Por otra parte, sé que en este fandom (mucho más que en otros) he encontrado parejas de todo tipo. Respondiendo de cierta manera a un comentario que recibí, emplearé una frase que leí hace tiempo en un fic de evangelion en inglés (bastante bueno he de decir, si les interesa puedo darles el título, el enlace o el sitio que tiene la traducción del mismo): critica constructivamente y serás escuchado; critica destructivamente y serás ignorado.
Y con todo…muchísimas gracias por los comentarios (una sonrisa enorme) le sientan bien al autoestima del escritor y a la mejora de la historia. Disculpen si no lo hago uno por uno (lo haré!) pero cuestiones de tiempo me lo impiden inmediatamente.
Un saludo.
