III

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-¿Estás listo? –murmuró Muroga Gyoma, entregándole un pergamino a un monje, que vestía una capa negra decorada con adornos blancos. Este asintió y subió a su cabalgadura, un alazán negro pocas veces visto en aquellas regiones. Guardó su cometido bajo su manta, y salió trotando a la noche, oscura y con pocas estrellas. La niebla que perpetuamente rodeaba aquella aldea le daba un aire tétrico, como si "algo más" estuviese presente. Como si fueses observado desde cada rincón oscuro.

Como si las paredes tuviesen ojos, y susurraran entre ellas a cualquier extraño que tuviese la desventura de cruzarse por aquellas solitarias calles.

-Son dos días por el camino de Tokai. Luego vuelve al este y cabalgarás hasta encontrar tu destino –sonrió medianamente el sensei– ahora vete. Ten cuidado con los barrancos.

-A su orden, maestro –y dicho esto, espoleó su montura, que giró sobre sus cuartos traseros y partió hecha un borrón.

-¿Sucede algo, Gyoma-sensei? –apareció de la nada la mirada ambarina de Zuko, escrutándolo desde la oscuridad de una de las garitas a la salida del templo.

-En lo absoluto. Sólo hago un favor a mi nuevo estudiante –giró él, sonriendo– ¿qué sucede, Zuko-san?

El maestro del fuego negó, mirándole con reverencia.

-No sucede nada, realmente. Sólo meditaba sobre nuestro novel aprendiz.

-¿Te molesta?

-Francamente, me preocupa que no pase la prueba del bloque.

Gyoma sonrió, caminando con sus manos cruzadas tras su espalda y dirigiéndose hacia las oscuras estancias del templo. Sus ojos cerrados por un momento parecieron mostrar un signo de duda, pero las palabras que cruzaron de sus labios no dejaron de ser un pequeño enigma.

-No somos nada más allá de lo que decidimos ser –le miró– ¿verdad?

Zuko se quedó callado ante aquella frase que le traía tantos recuerdos, aquellos de cuando él también fue un aprendiz, y de cuando dudaba de aquellas cosas que hacen fuerte a una persona.

-Es cierto.

-Entonces, esperaremos si Naruto-san es capaz de pasar la prueba de Fong. Si no lo hace…bien, la edad no pasa en balde –rió, y se internó en la oscuridad de la entrada del templo.

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Ese bloque era enorme.

Y decir enorme es realmente decir poco. Estaba hecho de pura roca, pulida como si alguien con el suficiente aburrimiento hubiese pulido cada una de las caras de aquel ígneo cubo. Luego contempló su puño, tan pequeño en comparación. Mucho menos resistente. Mucho menos pulido.

Mucho más débil.

Y la resonancia de la palabra ciertamente le trajo una angustia que sería poco reconocible en el siempre enérgico ninja que había dado a luz Konohagakure no sato. ¿Y qué?. Este ninja estaba sentado, observando aquel bloque como si el mismísimo Kami hubiese venido –de donde sea que esté– y haya puesto su omnipotente puño sobre su camino del ninja.

¿Quebrar el bloque?. Ciertamente, en todo su entrenamiento shinobi, nunca había tenido un pedido tan directo. Quiebra el bloque. Quiebra el bloque. La voz de la pequeña y joven maestra resonaba en su mente como una campanada, una tras otra.

-Oh, vamos –murmuró el Kyūbi, como si realmente se hubiese aburrido del ataque de autocompasión que arrullaba a Naruto hacía un par de horas– ¿Realmente te preocupa tanto ese pequeño bloque?

Ahí va de nuevo, pensó Naruto. La disertación del gran zorro de nueve colas, volumen 9809384092.

-¿Llevas la cuenta de mis disertaciones? –dijo el zorro, divertido, mientras se entretenía haciendo actividades inconfesables en la oscuridad de su sombría jaula– ¿debería sentirme honrado?

-Todo esto me hace preguntarme cómo es que te soporto.

-Ne, gaki, esa era mi línea. Tú me mantienes aquí por culpa de los consejos de ese tipo hecho de madera. Lo que deberías hacer es dejarme salir y hacer las cosas más fáciles. Ustedes, los pequeños y poco inteligentes seres humanos, son tan arrogantes que creen poder hacerlo todo sin nada de ayuda. Y debo decir que tú has caído en ese deplorable grupo.

-Oh, cállate. –dijo él, condenadamente fastidiado; parecía como si aquella noche estuviese empeñada en burlarse de él como fuese, cuando fuese y bajo la forma que fuese.

-Anda¿qué te cuesta? –arrulló el demonio, como si esta vez fuera a conseguir algo más aparte de malas palabras y ser callado rudamente– libérame…¿o es que acaso tus razones no son lo suficientemente válidas?

Naruto tuvo un estremecimiento y Kyūbi sintió su oportunidad, como cuando un zorro caza serpientes y sabe que su chance de ganar estaba ahí. Una oportunidad que bien no podría presentarse de nuevo en esta vida.

-Tú tienes el poder, Uzumaki Naruto –aseveró el demonio, cuya cavernosa voz comenzaba a tocar fibras más que sensibles– ¿sabes algo?. Te daré el único consejo que alguna vez recibirás de un bijū.

Sorprendido ante semejante demostración de…bueno, de humanidad, su mente se acalló para escuchar lo que aquella criatura tenía que decir, aparte de sus típicas sandeces y gamberradas.

-Al contrario de lo que te digan tus adorados amigos, maestros y demás, has de saber la regla de oro, mi querido carcelero: quien tiene el poder hace las reglas. Y…tú tienes el poder en tus manos. Úsalo.

El silencio fue el eco de aquellas palabras. Casi sin proponérselo, se puso en pie, mirando fijamente el bloque y todo lo que representaba. Un obstáculo en el camino que bien podría ser reducido a cenizas con sólo desearlo. Con sólo liberar una de las colas, sería más que suficiente.

Por primera vez en muchísimo tiempo, el zorro sintió como si su eterno carcelero dudase de sus propias decisiones, y no iba a desaprovechar la oportunidad única que aquel simplón bloque de roca le había ofrecido. Iba a convencerlo de liberar todo su mortal poder de golpe, y luego sería un zorro de nueve colas muy feliz. Sin embargo, hubo algo que no contempló en su pequeño y maquiavélico plan, algo equivalente a una falla imperdonable.

-No…yo no puedo –fue la respuesta de Naruto, viendo aún al bloque como si fuese un obstáculo insuperable– sé lo que me pasará si hago lo que dices. Puede que tu lógica sea incuestionable entre los demonios con colas, pero créeme que sé lo que me pasará.

Tras las oscuras rejas de su prisión, si Kyūbi no Youko tuviese cejas, sería por demás seguro que las alzaría en un gesto de increíble desconcierto.

-Puedo quebrarme las manos, los brazos y las piernas para alcanzar lo que quiero. No me convertiré en un monstruo para patear mis obstáculos. Seré yo y no .

-¿Qué insinúas, gaki? –convino el demonio, mirando hacia la nada desde su cárcel– ¿Acaso tu amigo, ese que viene del clan Uchiha, bien valía la pena de convertirte en un demonio, y la chica a la que quieres no?

-No –respondió Naruto– quiero decir que si hago lo que dices no seré yo. Y…–recordó brevemente aquel encuentro con Orochimaru, la cuarta cola, la herida de Sakura, el venenoso y maligno chakra del demonio que sólo él podía soportar– si llego a herir a Hinata, a asustarla…francamente todo esto habría sido para nada.

Se escuchó un suspiro de resignación tras las rejas que custodiaban a aquel monstruo.Realmente los humanos eran un dolor de cabeza; nunca los entendería del todo.

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-Bien, nos vamos ya –dijo Sasuke, ajustando su maleta tras su espalda. Junto a él iba Sakura. Todos los demás estaban asignados a misiones, por lo que no podía quejarse por llevar a alguien aparte de sí mismo– ¿sabes cuánto tiempo hay de aquí a Sunagakure?

-Unos tres días, a paso normal.

El pequeño prodigio Uchiha asintió y partió raudo, seguido por Sakura; la kunoichi lo miraba, entendiendo de cierta manera el apremio que sentía por el otrora integrante de su equipo. Por su parte, ella parecía estar viviendo un déja-vú, por todas aquellas oportunidades en que tanto Naruto como ella partían raudos a cada pequeña pista que tenían sobre él. Eso era más de lo que podía decir en este momento, con Naruto desaparecido y con todos buscándolo bajo cielo, mar y tierra.

Eso era algo que la complacía. Pasar de las miradas que los adultos le dedicaban a Naruto por cortesía de su pequeño huésped a la preocupación genuina de la desaparición de uno de los ninjas más capaces de la aldea era un cambio del cielo a la tierra. Y no sólo estaban preocupados por perder un ninja…sino por perder un amigo. Suponía que por eso, Sasuke estaba tan empeñado en encontrarlo.

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Entretanto, el equipo ocho se dirigía al país nano, encargados expresamente por la regente de aquel país que Hinata conocía bastante bien de aquella última misión que tuvo con Naruto y con Kiba; aquellos recuerdos todavía vivían frescos en su memoria, incluyendo el terror que sintió cuando la entonces princesa solicitó que Naruto se quedase en aquel reino.

Eso fue una probadita de lo que llamaban miedo; las experiencias posteriores ciertamente demostraron ser un poco menos que traumáticas, con esos locos de Akatsuki rondando como si fueran almas en pena.

-¿Eh? –De improviso Kiba la sacó de sus divagaciones, en lo que el gran perro olisqueaba el aire– ¿qué sucede?

-Parece que alguien viene por el camino –fue lo que dijo Shino, en lo que se apartaba hacia la vera, viendo la polvareda que se levantaba.

Esa fue la tácita señal que Hinata necesitaba escuchar. Su Byakugan se activó, mostrándole al jinete que venía a toda velocidad. Sin embargo, su potente visión no era capaz de penetrar más allá de su manto negro, y eso la ponía nerviosa.

-No puedo ver quién es –fue la escueta respuesta de Hinata, ante su propia aprensión–.

-Si es un enemigo, tendremos un problema serio encima –convino Kiba, oculto junto a ella– sólo esperemos que lleve la suficiente prisa como para no darse cuenta de nuestra presencia.

Sus palabras atrajeron los hechos; el caballo detuvo su vigoroso cabalgar, trotando cansinamente por el camino y luego deteniéndose justo frente a su pequeño escondite. El rostro del misterioso jinete seguía oculto, ante la tensión de Hinata y Kiba y la aparente calma de Shino. Todo se convirtió en un concierto de respiraciones apagadas, tratando de no dejarse cachar por el misterioso hombre inmune a la visión pura de los Hyūga. Un enemigo así probaría ser formidable, sin duda.

-Hm. Debería volver al este por el siguiente recodo –murmuró, mirando un pequeño mapa y rascando su cabeza como si no entendiese mucho– Konoha no ha de estar muy lejos.

Con esa simple aseveración, espoleó delicadamente su caballo y volvió a trotar, volviendo hacia la derecha en el primer recodo que encontró.

-Algo no anda bien. No pude reconocer su procedencia –dijo Shino, saliendo de su pequeño escondite.

-Sí, lo sé. Si Hinata no puede ver quién es, no esperes que los guardias en la aldea puedan hacerlo mucho mejor.

-¿Y si es un espía? –preguntó Hinata, viendo todavía hacia el lugar donde había partido el misterioso jinete

-Dejaremos que se encarguen en la aldea –dijo el maestro de los insectos, mientras unos cuantos volaban en dirección de su lugar de origen– ahora, tenemos una misión que culminar. Si es el caso, seremos avisados si algo sucede.

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Esto era absolutamente ridículo. Pasó la noche en vela y no fue capaz de ponerle un dedo encima al susodicho bloque. Como si ver su mano envuelta en sangre y jirones de piel hubiese sido suficiente para tranquilizarlo un poco.

Le habría probado que lo había intentado al menos. Ahora, con la luz del sol mostrándose, su angustia probó ser total, al ver que sus esfuerzos estaban a punto de probar ser inútiles en toda su extensión.

-Bueno, bueno –habló Fong, mostrándose a aquella hora infamede la mañana– ¿ha tenido buena noche, Uzumaki-san?

-¡Por supuesto que no! –respondió él, agresivamente.

-¿Acaso una pequeña prueba como esta lo ha detenido? –Le miró largamente– ¿acaso usted no ha superado nunca un obstáculo en su vida?

-Mejor no le pregunte eso –fue la respuesta del zorro monstruoso tras su reja–.

-¿Qué sabe usted? –dijo a su vez Naruto

-Que no ha sido capaz de quebrar un bloque de piedra. Eso diría bastante, si me lo pregunta. ¿Será acaso que sus motivos no lo valen?

Qué curioso, me pareció pensar algo muy parecido! –rió Kyūbi.

Naruto estaba a punto de estallar. Batallaba eternidades para contenerse cuando el zorro hacía de las suyas, ni hablar de soportar a su maestra y a su huésped al mismo tiempo.

-¿Qué puede saber usted de mis motivos? –rugió Naruto, siendo dominado por un familiar sentimiento de ira.

-Nada, más allá de que a ti parece no importarte. ¿Qué es un bloque de roca al lado de combatir contra los shinobis más poderosos? –respondió Fong, con los brazos cruzados

La combinación de palabras no ayudó a Naruto. Comparó sus batallas más difíciles, empezando contra sí mismo, y se halló a sí mismo pensando en Hinata, y en cómo ella insinuaba que no le importaba. Su impaciencia se transformó en ira, y la ira tomó su pensamiento por completo.

-¡No te atrevas a decir que ella no lo vale!

Fong sonrió y asintió. El aire parecía haber sido drenado de golpe, y sólo el rumor de las hojas de los árboles circundantes parecía hacer eco de los acontecimientos que acababan de tomar lugar.

-Wow…–fue todo lo que dijo el zorro–.

Naruto miró hacia el bloque, y vió que estaba quebrado por el medio. Su puño había entrado y el impulso lo había hecho entrar casi hasta el hombro.

-Esto te mostrará, que no hay mucha diferencia entre luchar contra un ninja que puede quitarte la vida y un bloque de piedra atravesado en tu camino –dijo ella, adelantándose hasta estar frente a él y mirándolo– tienes la fuerza para hacer las cosas que desees; ¡pero querer no basta, hazlas!

El grito hizo parpadear a Naruto y la miró por un instante. Se fijó en el bloque, quebrado, el pequeño dolor que rondaba su puño y de nuevo en su maestra.

-¡Quebré el bloque! –fue todo lo que dijo. Su maestra casi deja escapar una risita traicionera.

-Bien está. Ahora, te mostraré lo que necesitas saber –ante esto, golpeó el suelo con uno de sus pies y extendió sus manos. La tierra comenzó a sacudirse violentamente, como si el templo mismo fuese a ceder sobre sus cimientos en cualquier instante. Ante la vista azarada del shinobi, la maestra extendió sus brazos hacia el frente e hizo el ademán de levantar; cuál no sería su sorpresa al ver que una pequeña torre se alzaba justo donde había estado el bloque, y que tenía grabado en una piedra verde brillante el kanji Tierra.

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-Por fin…–murmuró Sakura, viendo como tras las dunas del desierto se alzaba el desfiladero que protegía Sunagakure

Sasuke no dijo nada. Su ceño se hizo más pronunciado cuando vio a los guardias apostados en la entrada. Todavía recordaba las andanzas de Ichibi no Shukaku contra la aldea, y aún ahora que eran aliados, no le traían el mejor de los recuerdos. Al llegar junto a los guardias, estos se apartaron con una pequeña reverencia.

-Kazekage-sama los está esperando –fue todo lo que el ninja dijo, volviendo su atención al desierto.

-¿Kazekage? –fue el murmullo de Sasuke, entrando en dominios de la susodicha aldea– ¿Acaso Gaara…?

Sakura sonrió, agarrando la pregunta en el aire y asintió a su vez.

-Así es. Gaara es el Kazekage de la aldea. ¿De qué te sorprendes?

-Pues…

-Él ya no tiene al bijū en su interior¿sabes? –dijo ella, caminando por entre la gente y los niños que jugaban por ahí– él…es muy parecido a Naruto.

El menor de los Uchiha no dijo absolutamente nada. Simplemente se concentró de nueva cuenta en avanzar hasta el edificio principal, en cuya oficina estaba el muchacho pelirrojo.

-Están aquí –murmuró Temari a su hermano, entrando de improviso en su oficina– los emisarios de Konoha.

-Déjalos entrar –respondió su hermano en un hilo de voz. Al momento, ingresaron la chica de cabellos rosados y el muchacho de ojos oscuros. Hubo un instante de silencio entre ambos jóvenes, como si tuviesen un pequeño duelo de silencio, hasta que Sakura, muy al pendiente de la tensión presente en aquel cuarto, tomó la palabra.

-Gaara-sama…agradecemos que nos haya podido atender.

-Tengo entendido que están aquí por Naruto-san –respondió escuetamente y mirando por la ventana– ¿qué sucede?

-Naruto desapareció de Konoha hace diez días –dijo Sasuke, mirándolo– y no dejó ni una sola pista, excepto tal vez por algo que puedas tú decirnos.

-¿Yo? –Se volvió, mirando confundido al Uchiha– ¿cómo podría?. Hace meses no me veo con él

-Escucha; sospechamos que el dobe está en una aldea llamada Manjidani, pero al parecer el demonio que yace en su interior lo guió hasta allí. Se me ocurrió que posiblemente tengas alguna idea de cómo llegar, ya que tú albergaste un bijū también.

El ceño de Gaara se acentuó, mientras trataba de buscar en su memoria algo similar a lo que le decía el emisario de la aldea de Konoha. Pero no podía recordar nada; posiblemente, el Shukaku no supiese como llegar hasta allá, después de todo.

-Lamento decirles que no poseo información acerca del lugar que mencionas –dijo al fin Gaara, arrancando caras de decepción de sus interlocutores– sin embargo…

-¿Qué cosa? –preguntó Sakura

-Ebizou-sama podría saber algo. Ha viajado bastante por todos los países, así que quizá tenga alguna pista.

Sakura parpadeó un poco. Ebizou era el anciano hermano de la anciana Chiyo, aquella que ofrendó su vida por revivir al ahora Kazekage. En lo que ella elucubraba, su anfitrión enviaba a uno de sus oficiales a enviar un mensaje para el mentado servidor.

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Un día de trabajo como cualquier otro en la vida de una Hokage. Montones, toneladas de papel justo sobre su escritorio, y mientras ponía de forma autómata el sello sobre los papeles que Shizune le iba pasando, no pensando en otra cosa sino en Naruto y en sus posibles ubicaciones. Una y otra y otra vez no hacía sino pensar en dónde podría estar.

-Tsunade-sama, disculpe –la voz de uno de sus subordinados la sacó de su ensoñación– tenemos un problema en la entrada norte de la villa.

-¿Qué sucede? –dijo ella, sin sacar la vista de los papeles. No es como que les estuviera prestando atención, realmente.

-Hay alguien que dice ser un mensajero de Manjidani no sato, y que tiene un mensaje para usted. Pide su consentimiento para entrar, dar el mensaje y retirarse.

-¿Y qué esperamos? –Dijo ella– ¡hazlo entrar!

Con un puño en el pecho, el ninja se deshizo entre humo. Sus preocupaciones comenzaron a crecer como humo negro en su pensamiento. Entre tanto, en la entrada los dos guardias miraban con aprensión al jinete y a su caballo; ciertamente, no era lo más ortodoxo en términos de un mensajero.

-Hey, oiga. Puede pasar, Tsunade-sama lo está esperando.

El jinete pareció agradecer con un gesto y empezó a caminar sobre su cabalgadura, buscando el edificio del Hokage y comenzando a perderse. Francamente, tenía un sentido de la orientación terrible. Así, vagó hasta pasar por una mansión enorme, donde un par de guardias con ojos perlados guarnecían la entrada.

-Oh, por Kami¿es esta la mansión de los Hyūga?

-Oiga, usted –dijo uno de los guardias– ¿quién es y qué desea?

-Disculpe, buen hombre –convino el jinete a su vez– ¿sabe dónde está la oficina del Hokage?

-Siga este camino y luego vuelva a la izquierda. Ahí verá la torre.

Un nuevo gesto de asentimiento y retomó el camino, pasando junto a más niños y personas que lo miraban como si fuese lo más extraño que hubiese acaecido por aquellos parajes luego de las demostraciones constantes de Maito Gai y su estrafalario estudiante. Pero una de las miradas se concentró sobremanera en él, estudiando los kanjis y símbolos de sellado que yacían a lo largo y ancho del manto que vestía. Hyūga Hanabi tuvo un presentimiento terrible entonces, al reconocer los símbolos que había visto en muchos de sus libros.

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-Disculpe la tardanza, Hokage-sama –murmuró el jinete, haciendo una reverencia frente a ella y Shizune– simplemente…me perdí. Tengo un sentido de la orientación espantoso.

-No tenga cuidado –respondió ella, algo afanada– tengo entendido que tiene un mensaje para mí.

-Ciertamente –sonrió el mensajero, sin descubrir su rostro en ningún momento– pero debería decirle a la persona que está afuera que deje de escuchar sin permiso.

Tsunade no pareció entender mucho. El tipo en cuestión señaló hacia la ventana, justo donde Kakashi acababa de materializarse. Al momento, se volvió a la líder de la aldea nuevamente.

-Hokage-sama, este mensaje es directo de Muroga-sensei –y dicho esto, le entregó un pergamino. Ni siquiera estaba sellado. Obviando el extraño detalle, continuó leyendo hasta que sus ojos se abrieron desmesuradamente.

-¿QUÉ QUIERE DECIR ESTO? –rugió ella, golpeando con fuerza el escritorio– ¡responda!

-¿Qué sucede aquí? –preguntó Shizune, tomando el pergamino mientras un azorado Kakashi miraba desde su lugar. Luego de leer, los ojos de la aprendiz se abrieron en un gesto de aprensión

-Manjidani…¿ está a punto de sufrir un ataque?


Notas estilo R. Van Halen

Antes de que elijan empalarme y cocinarme en mis propios fluidos por un capítulo tan lento, descriptivo y falto de situaciones que hacen que la respiración se detenga a lo largo de más de tres mil palabras y monedas (y lo digo porque yo soy quien los escribe, créanme) debo decir que es necesario para lo que viene. ¿Y qué es lo que viene? Bueno, se viene una serie de buenas cosas. No capítulos que algunos de ustedes, queridos lectores, han juzgado como lentos, aburridos (el autor toma un látigo y se castiga de forma inmisericorde) y demás cosas que no recuerdo. Ahora…lo prometido es deuda: hora de las gracias (algo tarde, pero peor es nada)

Naruhinashippuden: sí, es cierto, este fic es un NaruHina. Ya dentro de poco comenzaré a ponerle el romance a la cuestión (tiembla hasta los huesos).

Javier de Jesus Segura: Muchas gracias por el comentario. Espero te guste lo que viene.

Gabe Logan: he leído una de tus historias (no todas…no traigo todo el tiempo de la vida, pero me doy mi tiempo para mi pequeño vicio) sobre Silent Hill. Me honra saber que me lees, jeje. Gracias por el comentario!

Dragonwar: trataré de actualizar lo más pronto posible (la universidad no ayuda, ustedes saben). Gracias por leer!

J.C. POTTER: No te preocupes, no pienso dejar la historia a medias. Gracias por los buenos comentarios y por leer, por supuesto!

Kaoru Tsukimine: bueno, sí, el usar a Naruto como muñeco de choques no se me ocurrió a tiempo. ¡Muchas gracias por leer y por el review!

Celeste-s3: encantado estoy de que te haya gustado la pequeña mezcla; pero el usar los personajes de Avatar es apenas el primer ingrediente. Y espero que el capítulo no haya sido –tan– tedioso. ¡Un saludo!

Shadow Noir Wing: muchísimas gracias por los buenos comentarios sobre la trama y la ortografía (me tomo el suficiente tiempo para escribir medianamente bien, ya ves). Por cierto –y valga la aclaración– la maestra Fong no sale en Avatar con ese nombre. Es el apellido de Toph…pero por alguna misteriosa razón, no quise usar su nombre.

XguillermoX: bueno, espero la continuación no te desagrade. ¡Gracias por el review!

Just Eowyn: me alegra que te haya gustado la historia hasta el momento. Espero te agrade el capítulo.

Always mssb: gracias por lo de la suerte en la continuación. ¡Y gracias por leer!

Nota aparte para Kassie L.K., mi beta reader y además, una de las que odia con un remarcable (?) fervor a Orochimaru-teme, a Itachi-baka (podríamos incluir a ahou Sasuke) y a los demás que se me vengan olvidando. Sin sus consejos, ustedes estarían leyendo…bueno, quién sabe. Alguna barbaridad de un servidor.

Un saludo.