IV
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-¿Cómo es eso de que van a atacar su aldea y usted viene y me lo dice como si fuese de todos los días? –rugió Tsunade, mirando al emisario aún investido en su capucha negra– ¡RESPONDA!
-No puedo decirle las razones, Hokage-sama. Mi maestro sólo quiere dejarle claro que, pase lo que pase, a Uzumaki Naruto no le pondrán un dedo encima.
-¿Muroga Gyoma? –dijo ella a su vez– ¿por qué atacan su aldea?
El emisario negó por segunda y última vez.
-A su tiempo, se le dirá. Por el momento debo regresar tan pronto como sea posible.
Tanto Godaime como su asistente vieron como hacía una reverencia, y le daba la espalda, para desaparecer por la puerta abierta. Mientras los pensamientos, las ideas, el querer hacer algo pero no poder devoraban a la líder de la aldea, el mensajero bajaba tranquilo hasta su montura, que estaba tranquila en su lugar ante la mirada azarada de los guardias.
-Disculpe…–preguntó el extraño personaje, mirando presuntivamente a los guardias– ¿puede indicarme hacia dónde queda la salida?
-Hacia la derecha y luego todo el camino hasta que vea la muralla.
Un gesto de asentimiento fue todo lo que obtuvieron, mientras montaba y trotaba tranquilamente por la aldea. Su mirada, oscurecida por su manta, le daba una presencia un tanto lóbrega; aprovechando la situación, observaba el entorno en el que había crecido su novel estudiante; su mirada paseó por los almacenes, la gente despreocupada haciendo prácticamente nada, la mayoría vestidos a la usanza shinobi y caminando por la calle como si tal cosa. Ciertamente, los tiempos habían cambiado desde la última vez que había puesto un pie en una aldea ninja. Ahora hasta los niños andaban corriendo a toda máquina por las calles jugando a que se ultimaban.
Los tiempos de hoy eran algo bien distinto, sin dudar. Y antes de que pudiese notarlo, pudo llegar a la puerta sin dar mil millones de vueltas por toda la aldea. El cómo podía llegar a un sitio sin siquiera pensarlo era algo que seguramente no descubriría en toda su vida. Trotaba tranquilo y ya había traspuesto las enormes puertas, cuando una vocecita femenina llamó su atención. Una niña, con un par de ojos inconfundibles.
-Usted viene desde Manjidani¿verdad? –preguntó la chiquilla, todavía mirándole desde la rama de un árbol– ¿es usted uno de los cuatro maestros?
Un instante de silencio. Luego, retiró su capucha para revelar una cabeza sin un solo cabello, en cuyo lugar había una flecha de color azul.
-Una chica que sabe bastante, por lo que veo, además de que no teme preguntar. ¿Quién eres?
-Hyūga Hanabi.
-¿Una Hyūga? –Pensó, mientras volvía su cabeza– realmente es un día extraño…–No tendrás algo que ver con Hyūga Hiashi¿verdad?
Era el turno de la niña de estar asombrada.
-¿Cómo sabe eso?
El monje no respondió, aún montado en su caballo. Le miró largamente, como si estuviese viendo mucho más allá de sus ojos. Fue cuando todo sucedió: de un salto, retiró a la niña del camino, justo donde unos cuantos kunai cayeron clavados.
-Vienen por mí –dijo el monje– ¡vete de aquí!
-¡No me iré sin que respondas mis preguntas! –fue la respuesta de la chiquilla, tomando la posición estándar del Jyuuken.
-Tan típico de los niños…–se recriminó el monje, tomando una posición en extremo parecida; de un movimiento de sus brazos, sacudió toda la arboleda con una ráfaga de aire, delatando al pequeño grupo de ninjas que seguían al emisario de Manjidani no sato.
La niña, por su parte si acaso dio crédito a lo que sus ojos le mostraban; había empleado el viento sin requerir un solo sello; las historias que se decían acerca de los cuatro grandes maestros eran ciertas, y no quiso imaginar lo que podría suceder si el maestro del Rin'negan era la mitad de lo que se decía en el mundo shinobi. Vio como el viento lo cobijaba, y lo utilizaba como un arma fatídica; primero fue un uso bastante adecuado de un cuerpo ligero y una sucesión de golpes rápidos: a la rodilla, estómago y luego un golpe completo al rostro. Un knock out en toda propiedad.
Sin embargo, eso no hizo sino multiplicar los problemas. Un pequeño pelotón se hizo presente, y Aang no podía pensar en proteger al pequeño prodigio Hyūga y al mismo tiempo noquear a cuanto ninja saliera del bosque, por lo que formó una pequeña esfera de aire y sin previo aviso, envió a Hanabi directo hasta la entrada de la aldea, donde los guardias quedaron espantados al verla caer poco glamorosamente. Acto seguido, ninjas de procedencia desconocida comenzaron a llover, cayendo de cabeza o inclusive inconscientes; fortísimas corrientes de aire los hacían volar como si fuesen ropa sucia.
Pronto, todos los presentes –incluyendo a Hanabi– vieron con asombro como combatía el maestro del aire, más concentrado en defenderse y noquear que en atacar directamente. Las corrientes de aire no ayudaban a los shinobi que atacaban, inseguros de cómo técnicas Fuuton podían hacerlos picadillo sin siquiera mediar un movimiento de su mano. Todo lo que hacía era usar ese bastón. Y el aire hacía el resto del trabajo.
-¿Qué ha sido todo eso? –preguntó uno de los guardias a nadie, al fin saliendo de su estupor y viendo como el monje se acercaba a su caballo, luego de haber terminado con semejante cantidad de enemigos.
Entre tanto, Aang veía hacia el cielo, ya parcialmente oscurecido. No podía avanzar por los caminos luego de la pequeña escaramuza, por lo que sería particularmente acertado quedarse y partir al amanecer.
-Es uno de los cuatro guardianes del ojo¿verdad?–convino Hanabi, avanzando una vez más hacia el monje.
-Cada vez me sorprende más escuchar a una niña hablar de temas de los que no se han tocado en décadas. Supongo que la biblioteca de su clan está bastante bien informada.
-Es por lo mismo que quisiera y pasara por mi casa. Estoy seguro que mi padre estará gustoso de recibirlo.
Aang no era de aquellos desconfiados, pero a sabiendas de quien le hablaba la niña, no estaba muy seguro de aceptar.
-Sin mencionar que Hinata-neesan cocina bastante bien.
Eso detuvo los pensamientos de Aang. ¿Hinata-neesan?
-Bueno…ya que lo pone así, Hanabi-san, estaré encantado de acompañarle.
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-¿Y bien, Uzumaki-san?. ¿Qué tal ha estado su entrenamiento con la maestra Fong?
Un Naruto magullado, cansado hasta el extremo y vendado sobre sus ojos respondió de forma cansina.
-La maestra es muy fuerte. Su entrenamiento…es aún peor.
-¿Están viendo los pergaminos de defensa, verdad?
-No se imagina cuánto, Gyoma-sensei.
Gyoma se rió, mientras ambos permanecían de pie en el bosque, rodeado de una neblina poco natural pero por dónde alcanzaban a filtrarse rebeldes rayos de sol. Naruto, entre todo el dolor que acumulaba su cuerpo por el esfuerzo, podía escuchar el sonido de un riachuelo, el cantar de los pajarillos y el susurro del viento por entre las hojas de los árboles a su alrededor. El bosque era un lugar que irradiaba tranquilidad, y muchísimo silencio. Algo que, por supuesto, contrastaba con brutalidad contra su personalidad.
-¿Está listo, Naruto-san? –preguntó de improviso el maestro ciego, mirándole a su muy particular modo.
-Listo…¿para qué? –preguntó el muchacho con algo de aprensión. El hombre negó, dándole la espalda.
-Si cree que voy a hacer algo medianamente similar a lo que Fong le ha impuesto, pues…
El aliento del shinobi rubio se entrecortó al imaginar lo que estaba a punto de suceder. Bien dicen que el cuerpo grita lo que las palabras callan.
-…Pues está bastante equivocado. Sólo saldremos a caminar¿qué le parece?
-Eso…estaría bastante bien –dijo el ninja, caminando con sumo cuidado hasta llegar con su sensei. O eso creía.
-Quisiera saber más sobre usted¿sabe? –comenzó el ninja más viejo de los dos, avanzando tranquilamente por el bosque– me da la ligera impresión de que es una persona muy interesante.
Naruto guardó silencio, mientras procuraba seguirle el paso. En todo su entrenamiento, era el primero que le decía algo semejante. Y, como todo, no sabía como reaccionar ante tamaña muestra de atención.
-Bueno, pues ya sabe, soy Uzumaki Naruto, vengo desde Konohagakure…
-No pido que se presente, eso ya lo ha hecho. Quiero que me cuente sobre su huésped. Su energía es perturbadora sobremanera.
-¿Ese anciano se está refiriendo a mí? –Respondió a su vez Kyūbi no Youko, tomando su parte en la conversación–
-¿Usted sabe lo que permanece sellado en mi interior? –preguntó Naruto, "viendo" hacia donde debería estar su sensei.
-Si lo supiera¿se lo preguntaría?
Tras un instante de duda, el joven continuó.
-En mi interior duerme uno de los nueve bijū.
-No "duermo", precisamente. Pero cómo me gustaría hacer otras cosas…–dijo el zorro, aburrido como el que más.
Un gesto de sorpresa deambuló por la cara del maestro, que se volvió hacia su estudiante. En toda su vida, jamás había tenido bajo su tutela lo que los libros llamaban un jinchuuriki.
-¿Uno de los nueve demonios con colas? –Preguntó, bastante interesado– Es algo increíble. Jamás se me habría ocurrido algo así.
-¿Conoce a algún otro ser u entidad que se refiera a sí misma como bijū–dijo el zorro, de cierta forma denigrando al maestro interlocutor de su contenedor.
-Bueno, usted no se imagina lo que he tenido que soportar por culpa de Kitsune baka. Empezando por sus constantes delirios de estupidez –convino Naruto, dándole una patada mental a su huésped
Gyoma tuvo un acceso de asombro mayúsculo, ahora sí. Sólo conocía a un demonio de colas que fuese un zorro. De cualquier manera, no podría ser otro; el lugar a error era, por decirlo de alguna manera, nulo.
-¿Eres el jinchuuriki del Kyūbi?
-Por desgracia, heme aquí encerrado. El más grande de los demonios con colas, sometido por un niñato humano.
-Así es –sonrió Naruto forzadamente– y está ENCANTADO de que yo lo sea.
Por alguna extraña razón, algo en el tono de su estudiante le dio a entender todo lo contrario.
-Usted está lleno de sorpresas, Naruto-san –convino Gyoma-sensei, continuando su pequeña caminata mientras el ninja rubio trataba de seguirle el paso. Y dígame.,¿Alguien en su aldea lo sabe?
-Desgraciadamente, así es –dijo el muchacho, con el rostro repentinamente ensombrecido.
-¡¿CÓMO QUE DESGRACIADAMENTE?! –rugió el zorro desde su celda, que incluso amenazaba con ceder ante el poderoso reclamo del bijū, que brillaba en su propio chakra del color de la sangre y sus ojos brillaban con todo el odio que era capaz de demostrar– ¡si no fuera por nosotros, esa tríada de mocosos serían una mancha en el libro de la historia!. ¡No es mi culpa que su estupidez sea inclusive mayor a su ignorancia!.¡Por eso a ustedes debí haberlos liquidado cuando pude!.¡DEBERÍA DARLES UN MOTIVO PARA TEMERME DE VERDAD, INFAME ESCORIA HUMANA!
El jinchuuriki suspiró. Era terrible ser el único que escuchara las sandeces de un zorro enardecido en su muy justa ira.
-El demonio atacó hace dieciocho años mi aldea. Yondaime Hokage fue el único ninja que supo hacerle frente, pero cada jutsu empleado contra él no era suficiente, y además no podía asesinar a un demonio, por lo que practicó una técnica prohibida, el Shiki Fuuin. Con ello, el demonio fue sellado dentro de un bebé cuyo cordón umbilical no hubiese sido cortado. Adivine quién fue el suertudo.
-Entiendo…–fueron las palabras del maestro de la técnica visual.
-Sin embargo, con el tiempo se fue descubriendo que Kyūbi-teme puede darme algunas habilidades extra. Regeneración exageradamente veloz para un humano, y por supuesto, una reserva de chakra enorme.
-Enorme no es la palabra que yo emplearía, Naruto-san –dijo Gyoma, caminando lentamente junto a su estudiante– uno de los motivos por lo que el demonio con forma de zorro es tan temido es porque su chakra es ilimitado.
Los ojos de Naruto, tras la venda, se agrandaron de la sorpresa. Y eso pareció sorprender un poco a su prisionero.
-Sí, bueno, algún día tendrías que saberlo. ¿O acaso me creías capaz de no decirte algo semejante?
-Luego tendré una charla contigo, zorro imbécil –dijo el ninja, sin tener cuidado de decirlo mentalmente.
-Sin embargo –retomó la palabra el maestro– un chakra tan monstruoso, tan…intrínsecamente maligno, debería haberle tomado hace tiempo. ¿Cómo es posible que siquiera resienta el paso de semejante tipo de energía por su cuerpo?
-Creo que yo tendré una charla con este amable señor dentro de muy poco –dijo el demonio, antes de volver a la oscuridad de su celda.
-El zorro dice que hablará con usted cuando pueda hacerlo. Podrá responderle todas sus preguntas, cosa que yo no he podido.
El maestro no hizo nada sino asentir, aunque Naruto poco podía hacer para ver, además de que realmente estaba teniendo problemas para ver por dónde iba y pensar en todo lo que rondaba por su cabeza…cosa que acabó con él sentado en medio del río, temblando por el líquido helado que hacía sus caminos por su torso medio desnudo y su túnica empapada.
-Dígame, sensei… ¿por qué caminar por el bosque con los ojos vendados?
-Verás, Naruto: No hay ninguna técnica infalible dentro de cualquier disciplina marcial; ya sea el ninjitsu, el kenjutsu o cualquier otra, todas tienen una falla clave. Las técnicas de la visión no son la excepción.
-¿En verdad? –Saltó él, súbitamente interesado– ¿Cómo el Byakugan?
El maestro rió un poco, recordando los motivos que habían acabado con Naruto en esta situación; uno de ellos, era poder vencer el aparentemente perfecto Byakugan de los Hyūga.
-A su tiempo podrás encontrar su debilidad. Por lo pronto, concéntrate en tu entrenamiento ahora –dijo Gyoma, hincándose hasta quedar junto a él– si vas a aprender un jutsu que usa los ojos, contarás con el factor sorpresa sólo hasta la primera vez que lo uses; para una próxima, lo primero que harán será intentar neutralizar tus ojos para atacar. Y dime, si quedas ciego¿cómo atacarás?
El ninja guardó silencio. El argumento era, a falta de una mejor palabra, arrollador.
-Si un guerrero pierde sus ojos, no quiere decir que esté derrotado. La percepción de los sentidos sigue ahí, sólo es cuestión de usarla. Entrenarás hasta que seas capaz de ver.
-¿Ser capaz de ver? –preguntó Naruto confundido
-Hay mucho que ver tras el velo de la sombra, Naruto-san. No tengo que decírselo…a su tiempo, usted será capaz de verlo.
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Para alguien acostumbrado a la vida de un nómada, aquel lugar era un escándalo. Lujo, elegancia…eran cosas que a los monjes se les enseñaba a tratar. Después de todo, nada de eso se iba con lo que realmente venía con uno: alma, espíritu, corazón. El resto eran adornos que el hombre se hacía a sí mismo.
Por eso, Aang observaba la enorme estancia de los Hyūga y quedaba anodadado. Un salón enorme, con una mesa igualmente grande. Él estaba sentado, frente a la mesa, mientras miraba por la ventana con un gesto preocupado; llegaría apenas a tiempo para respaldar a Katara, Zuko y Fong en el ataque a su nueva aldea. Ni qué mencionar que contaba los minutos para salir corriendo de allí. Inclusive se cuestionaba por qué había terminado allí.
De repente, comenzaron a entrar personas, algunos fácilmente distinguibles como shinobis y otros…bueno, estaban investidos en sus ropas tradicionales. Seguramente era la consecuencia de aquel racista invento del clan: la diferenciación entre la familia principal y la secundaria.
-¿Aang-sama? –preguntó una voz madura y fuerte. Su mirada se encontró con la de Hiashi, líder del clan, que se sentó a la cabeza de la mesa. Ahí estaba de nuevo ese aire de superioridad que tanto le chocaba.
Pero no era él quien hablaba. Era un hombre mayor junto a Hiashi, que ya caminaba lentamente y se acercaba a su lugar. Los ojos del monje se abrieron desmesuradamente.
-¡Hiruko-san! –Sonrió él, levantándose y haciendo una reverencia muy pronunciada– ¡es una sorpresa verle!
El monje y aquel miembro del clan Hyūga se habían conocido muchísimo tiempo antes, cuando Aang todavía luchaba por su dominio sobre los elementos, y Hiruko era un muy joven miembro de la familia que trataba de mejorar el arte marcial del Jyuuken. Él había acordado enseñarle el dominio del ying negativo y el ying neutro, a cambio de no decírselo a nadie inclusive dentro de su clan.
Los resultados vinieron por sí mismos; por años, Hyūga Hiruko fue uno de los ninjas más respetados. Su desarrollo del taijutsu fue tan espléndido, que su postura fue adoptada como estándar en la enseñanza dentro del clan.
-¿A qué debo el honor de que visite mi casa? –sonrió el hombre, sentándose junto al monje.
-Bueno, vine a dejar un mensaje para la Hokage, pero…fui emboscado mientras cierta niña me perseguía y me hacía preguntas de todo tipo –dijo él, con una sonrisa–. Al parecer, ha sido bastante bien adiestrada por los señores de su clan.
-Seguramente se refiere a Hanabi, la segunda hija del líder del clan –dijo él, con la mirada ausente– tal vez hayas notado que no es una niña del común.
El maestro del aire asintió en silencio, cuando entraron los jóvenes de la familia, encabezados por Hinata, Neji y Hanabi. Supo reconocer a la chiquilla, pero quedó anonadado al ver al muchacho.
-Mira eso…–sonrió, mientras observaba a los muchachos– ¿quiénes son?
-A Hanabi supongo que ya la conociste. La otra chica es su hermana, Hinata, y Neji es el primo de ambas. Él es el hijo de Hizashi¿recuerdas? –susurró Hiruko a su lado.
El gesto de asentimiento por parte de su interlocutor llegó, pero no por las razones que el anciano creía. Sus ojos estaban fijos en Hinata, que se sentaba con delicadeza en su lugar de la mesa; hubo un instante en que tanta atención enfocada atrajo a la muchacha, que pudo ver como sonreía un poco al verle. Un sonrojo fue todo lo que obtuvo de su parte.
-Fíjate tú…–pensó él– es una chica bastante tímida…
-En esta noche, nos honra tener a uno de los legendarios maestros guardianes del ojo de Samsara –tomó la palabra Hiashi de repente, llamando la atención de los presentes– con nosotros departe el nómada maestro del aire. Es un honor que esté con nosotros hoy.
-Muchísimas gracias, Hiashi-sama –respondió él escuetamente, con una pequeña reverencia. Después de la intervención llegaron los entremeses, de los que Aang no pudo disfrutar. La carne y él no estaban hechos el uno para la otra.
-¿Aún vives en Manjidani no sato? –preguntó de nueva cuenta el viejo Hyūga– ¿qué noticias interesantes hay por allí?
-Gyoma-san tiene un nuevo estudiante, Hiruko –respondió Aang, sonriéndole.
-¿Es en serio? –parpadeó– bueno, me siento honrado de que así sea…
-Quizá no lo conozca, pero seguramente lo ha oído nombrar. Es Uzumaki Naruto –dijo él. A la mención de su nombre, Hinata, Neji y Hiashi volvieron el rostro. Acababa de confirmarse el rumor de que Naruto vivía y se entrenaba. Nadie, por el contrario, notó que el rostro del líder del clan se quedaba paulatinamente sin color.
-Entonces es cierto, él está vivo y está entrenando con Muroga –dijo Hiashi, reclamando la atención del monje. Algo en la atmósfera comenzó a enrarecerse, cosa que no presagiaba nada bueno.
-Así es, Hiashi-sama. ¿Por qué?.¿Acaso le molesta de alguna manera?
-Simplemente me cuesta creer que haya sido aceptado siendo quién es.
Aang frunció el ceño. Últimamente su temperamento estaba jugándole malas pasadas, pero este sujeto era realmente desesperante.
-¿Siendo quién es? –dijo él, tratando de recobrar la compostura y bebiendo de su té por un momento– no sé usted que considere, pero no me parece en lo absoluto que no merezca una oportunidad.
Hiashi lo miró como quien acaba de ser abofeteado. Estaba acostumbrado a que su palabra era ley en su casa, y aquel monje lo confrontaba como si tal cosa.
-Sin mencionar que, en toda mi vida, nunca he visto a nadie con tanto poder por pulir. Esta aldea tiene suerte de contar con un guerrero de tamaño calibre.
Ahora Hinata y Neji miraban al monje con admiración. Incluso Hinata, calladamente, se sintió profundamente orgullosa de él, recordando brevemente su último encuentro con él. Y lo que provocó la súbita desaparición del jinchuuriki.
-¡Él es el contenedor de Kyūbi no Youko!.¡Es la encarnación del mismo mal!
Aang le miró de soslayo. Hinata y Neji bajaron la mirada, como si estuviesen profundamente avergonzados por algo, y ese gesto no le gustó mucho al visitante.
-Así que esa es la energía que convive en él –habló más para sí mismo, asintiendo.
-¡Es el demonio mismo!.¡Estuvo a punto de asesinar a mi hija mayor!
No había que ser un genio para descubrir que estaba ante un padre histérico que le gustaba exagerar, sin mencionar que era de mente algo cerrada. Pero él tenía algo que decirle al líder del clan.
-Si es como usted dice, Hyūga-sama, entonces no entiendo cómo esta aldea sigue de una sola pieza –dijo él– creo que si realmente él fuera lo que usted dice, hace tiempo su cabeza habría abandonado su privilegiado lugar sobre sus hombros. Y las de muchos aquí presentes.
Dicho lo anterior se levantó de su lugar y recogió su bastón. Las miradas de aprensión eran más que dicientes.
-Debería avergonzarse de lo que dice, Hiashi. Su padre lo estaría, porque uno de sus hijos ha dejado que la ceguera lo vele. Usted podrá tener el Byakugan, pero no ve absolutamente nada.
Todos contuvieron la respiración ante aquella frase.
-¿¡Cómo se atreve usted a insultarme en mi propia casa?!
-¿Cómo se atreve usted a insultar a uno de mis estudiantes en mi propia cara? –respondió él, mirándole amenazadoramente. Todo fue hasta que Hiruko se acercó a Aang para tranquilizarlo.
-¡Ya basta los dos!.¡Irrespetan a los que están aquí presentes!
Hubo un gesto de asentimiento por parte del monje, que con una reverencia se retiró del lugar. Pero Hiashi estaba visiblemente perturbado ante lo que aquel monje le había dicho.
Su padre estaría avergonzado de usted.
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-Oye, mocoso. ¿Qué te sucede?.¿Ahora por qué has venido a verme?
La imagen de Naruto se encontró frente a la enorme reja que mantenía a raya al zorro.
-Por hoy el entrenamiento terminó –masculló Naruto, sentándose en el piso húmedo. No le importó en lo más mínimo.
-Hm… ¿de nuevo pensando en eso, mocoso? –Los ojos escarlatas de Kyūbi brillaron en la oscuridad– no sé por qué lo hiciste, pero no te culpo. De no ser por eso, ahora estarían muertos. Aunque bien se lo merecen.
-Supongo que no me deja estar tranquilo ese pequeño incidente…
-De cualquier manera, algún día tendrían que enterarse. ¿O qué?.¿Los habrías dejado morir por encubrirme como tu secreto?
Naruto guardó silencio. Nunca pensó que aquella misión, aparentemente tan sencilla, acabara en tamaño desastre; pero es que estuvieron a punto de morir, y él…
-Ya no importa, de cualquier modo. Aunque, si me lo preguntas…aquellos que llamas tus amigos te dieron la espalda en el momento clave. ¿Eso también es parte de la amistad?
Naruto calló, y cerró los ojos tratando de relajarse. El zorro tal vez trataba de envenenarlo, pero lo que decía podría tener algo de cierto.
-Cuando menos, deberías dejarme quebrar la cabeza de esa rubia escandalosa. Me choca su personalidad. La detesto enormemente. Si hasta la chica que te gusta te miró como si hubieses venido de…
-Ya, ya. Entendí el concepto.
Ahora Kyūbi se refería a Ino, el detonante de aquella situación. Por ella, se supo el secreto entre los ninjas de su generación, y las miradas de incredulidad y espanto lo perseguirían por siempre. Y también hablaba de Hinata, que fue una testigo de lo que aconteció aquel día.
-Lo pensaré. Ahora, tengo tanto sueño…
Tras los barrotes, el demonio contempló como el muchacho se recostaba sobre la delgada capa de agua y cerraba los ojos, como si estuviese muy relajado. Y el zorro, muy en su interior, se alegró de lo que había pasado. Se lo tomaba a modo de revancha por una niñez de vejaciones. Quien se metía con el contenedor del poderoso bijū, se metía con él mismo. Bien podría esperarse algo así.
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-¿Aang-sama? –pregunto la voz de Hiruko, abriendo levemente la puerta corrediza de la habitación de huéspedes. El monje permanecía sobre el suelo en posición de loto, con los puños encontrados a la altura de su estómago y en lo que parecía ser un estado de profunda concentración.
-Está bien, Hiruko. Puedes pasar.
-Entiendo lo que pasas. Hiashi es así, y muchas veces he escuchado cómo es reprobado. Pero sé también que intenta ser lo mejor que puede.
-No retiraré lo que dije; nadie en sus cabales insultará a mis estudiantes en mi cara y seguirá tan campante. Y de cualquier manera…Souhei estaría
El viejo negó un poco, pero se apartó.
-Hay alguien que quiere hablar contigo. ¿Lo permites?
Abrió los ojos y asintió; pudo ver como por la puerta pasaban Neji y Hinata. Evidentemente, la segunda tenía muchos más problemas para confrontar a aquel que había discutido con su padre y salido indemne.
-Los escucho, jóvenes Hyūga. ¿En qué puedo ayudarlos?
-Usted… ¿usted sabe sobre Naruto-kun? –hablo Hinata, sorprendiendo tanto a Neji como a Hiruko. El maestro del aire sonrió un poco y le miró.
-¿Qué es lo que desea saber?
Arte ninja¡jutsu notas-de-autor!
Bueno, sí…debo aceptar que duré como quince minutos pensando un título interesante para las notas, pero no salió nada mejor. Por lo demás, espero sepan disculpar mi demora para escribir, pero como mis vacaciones se acabaron, mi disponibilidad de tiempo se redujo dramáticamente (y léase con cuidado el "dramáticamente").
Quise hacer el capítulo más movido pero –de nuevo– acabé teniendo a Hiashi-baka discutiendo. Espero les haya gustado…y el próximo capítulo será algo amargo, así que prepárense psicológicamente. Ah! Y antes de que lo vaya olvidando; procuraré no emplear mucho la línea del manga (o anime) para seguir mis historias. No quiero suicidios colectivos por algún spoiler (por ejemplo, mi caso, capítulo 382 del manga. No necesita mayor presentación). Así que lo que suceda en esta historia y las demás me lo invento yo, y si a Kishimoto no le gusta, pues que me demande...igual, no es que tenga mucho que pueda quitarme ese mangaka multimillonario, sádico creador de Orochigay(?)
Ahora…¡respondamos reviews! (la multitud enloqueceeeeeeeeeeee!!!):
Karurosu-sempai: es un review difícil de hallarle la vuelta, pero aquí vamos: trataré de actualizar tan pronto como me sea posible. También procuraré que Naruto y Hinata acaben juntos lo más pronto posible, así que paciencia. Y lo del lemon...pues, veremos cómo va eso. ¡Gracias por el review!
Shadow Noir Wing: yo sabía que alguien me había pedido pasar por sus historias. Lo siento mucho, muchísimo (venia) pero la verdad, se me ha pasado. Cuando pueda, por ahí me vas a tener. ¡Gracias por leer!
Kaoru Tsukimine: Bueno, es verdad. Es importante para la historia y bajo ningún motivo podíamos dejarlo pasar. Te agradezco por leer –smiles–.
XguillermoX: Aquí tienes la continuación, y también dice lo que contiene la carta. Muchas gracias por el review.
Always mssb: tranquila, el bloque es apenas lo "primero" que tendrá que pasar el adorable Naruto. Y hasta ahora van cuatro capítulos…(risa maníaca).¡Gracias por leer!
Rromy: alguien entiende la situación en la que me ponen los estudios. ¡Soy tan feliz! (llora) pero bueno…gracias por el review!
Listo. Por si acaso, este capítulo no pasó por beta-reader, para demostrar que también podemos ser independientes de ellos! (?)
Un saludo.
