V
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-Oye, Ino… ¿te sientes bien? –pregunto Shikamaru, mirando a su compañera con un gesto que casi demostraba algo de preocupación.
Chouji levantó la mirada para encontrarse con la demacrada muchacha. Ella había sido el involuntario detonante de toda aquella situación, al encontrarse sin quererlo con la prisión de aquel poderoso bijū que por poco arrasó con su aldea hacía ya tanto tiempo. Sin embargo, cuando se paró por primera vez dentro de la mente de Naruto, no esperaba encontrar un sitio tan lóbrego y tan espeluznante. Un laberinto monocromático y con un suelo húmedo, cargado de susurros y sonidos espantosos.
Ciertamente, no era lo que se esperaba de un muchacho que bien podía tacharse de retardado en la academia. Pero estaba allí para tratar de despertar su mente del letargo en el que debía encontrarse, ya que luego de aquella misión tuvo que ser inducido en un coma farmacológico para evitar su muerte. Pero nada, absolutamente nada pudo haberla preparado para lo que iba a encontrar allí; escuchaba sonidos enmudecidos, como si algo estuviese allí presente, y su sola presencia es suficiente para incentivar las más negras memorias. Cuando, después de dar mil rodeos, encontró a Naruto, tendido en aquel lugar frente a una puerta con gruesos y gigantescos barrotes, tras los cuales…
-Acércate, muchacha…–había susurrado aquella cavernosa voz– ¿quién eres tú?
Ella, sin estar preparada para el peligro que le acechaba, se acercó a la jaula justo para estar a un par de pasos de Naruto y frente a los barrotes; pero un rugido y un golpe metálico la sacaron de concentración, cayendo sentada y aterrada ante aquel acto retaliatorio.
-Por más que quiera devorarte, este maldito sello no va a ceder…como odio mi suerte…
-¡¿Quién eres?!.¡¿Y qué haces dentro de Naruto?! –rugió Ino, tratando de controlar el sonoro sentimiento de temor que crecía en la boca de su estómago
-Oh, ustedes no lo saben…sin embargo, una vez estuve a punto de erradicar esa piedrita del camino que se llama Konohagakure –la bestia sonrió con sorna con sus enormes colmillos– soy el gran Kyūbi no Youko…y tú eres una de las tantas personas que se ha encargado de humillar a mi jinchuuriki en su niñez. Debería arrancarte la cabeza…pero, de nuevo, este infame sello no me dejará hacerlo a placer.
Ino sentía que su sangre se congelaba en sus venas. Su mirada se encontró con los enormes ojos del zorro, inyectados en sangre y que brillaba con ese rojo escarlata tan amedrentador. Ese fue su último recuerdo hasta que sintió una mano sobre su hombro y casi le provoca un síncope.
-¿Todavía preocupada por lo mismo? –preguntó Chouji, mirándola sin disimular su preocupación. Ella asintió un poco y preguntó con un hilo de voz.
-¿Aún no se sabe nada de él?
-No…me temo que aún no –respondió Shikamaru– Sasuke y Sakura están en Sunagakure, tratando algo con el Kazekage. Quizá el sepa algo…pero la cosa sigue tal como al principio.
La respuesta llenó de dolor a la kunoichi. Si bien pudo haber contenido su reacción, si bien pudo haberse quedado callada, tuvo que ceder a sus impulsos de forma terrible. Y ahora su compañero bien podría estar perdido para siempre. Sus recuerdos se arremolinaron en torno a ella, acusándola tácitamente, en lo que sus compañeros de equipo sólo negaron y la acompañaron. No podían hacer nada más.
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-Así que de eso se trata –convino Aang con una mirada firme a los dos jóvenes Hyūga– ¿saber sobre él?. Creería que ustedes, como sus coetáneos, sabrían mucho más que yo.
-Yo…–dudó ella, de nuevo siendo atacada por ese sentimiento de culpabilidad.
-Lo que queremos decir es que estamos preocupados por Naruto –completó secamente Neji, mirando hacia el monje– todo ha sucedido tan rápido que no hemos ni siquiera podido asimilar el hecho de que…
-¿De qué? –interrumpió el maestro del aire, ante la mirada azarada de Hiruko y ambos jóvenes. Neji estuvo tentado a imaginar que esa pregunta necesariamente sería formulada…y él no estaba listo para responder.
-De su condición de jinchuuriki –habló Hinata tan calladamente que sorprendía el que su voz aún pudiese oírse– cuando nosotros lo supimos…
Aang frunció el ceño y negó un poco. Entendía el hecho de que, prácticamente en la totalidad de las ocasiones, todo aquello que se desconocía era temido. Sin embargo, el hecho de que fuese un amigo que había probado ser más que leal en su momento no dejaba de rondar su cabeza de manera lúgubre. Con un suspiro trató de tranquilizarse, porque no podía permitirse un exabrupto en un lugar así, y mucho menos con niños, por muy chūnin y jounin que fueran.
-Eso quiere decir que, de alguna manera, ustedes supieron que el bijū de nueve colas estaba contenido en Naruto-san.
Un gesto de asentimiento por parte de ambos muchachos.
-Y algo sucedió entre ese hecho y el que terminara en Manjidani, solicitando el favor de Gyoma-sama para aprender las técnicas del Rin'negan, el ojo de Samsara –murmuró más para sí, mientras los tres Hyūga presentes escuchaban su discursiva forma de pensar–.
Hinata tuvo un estremecimiento. Aún recordaba el gesto de absoluto terror de Ino, cuando junto a la cama en que yacía Naruto comenzó a describir atropelladamente un laberinto, una jaula monstruosa y una presencia inclusive más horrenda; espetaba barbaridades sobre un demonio y sobre su contenedor. Luego, no fue muy difícil llegar a una conclusión terrible, y esa era conocer la verdad; todo comenzó a cobrar sentido: el por qué el muchacho siempre fue un marginado, por qué sólo Iruka y el difunto Sandaime Hokage tenían buen recaudo de ese pobre muchacho, rechazado por una sociedad que había salvado sin siquiera quererlo.
-La historia que se esconde tras los demonios con colas es tan antigua como el mundo mismo –de pronto habló Aang, sacando a la heredera del clan de sus elucubraciones– sin embargo, no es necesario saberla para entender el hecho de que, si un demonio es contenido en alguien, es para proteger a las personas amadas de la furia de tan monstruoso ser. No creo que deba mencionar que la entidad que yace con Naruto-san es el más poderoso de todos los bijū; de las antiguas guerras de los dioses, sólo Kyūbi no Youko fue el único que resultó indemne. Es un ser con un poder primitivo, dotado con fuerzas equiparables a las que forjaron el mundo que conocemos hoy pero con un ansia de maldad pocas veces vista…sin embargo, es aún más doloroso saber que alguien que debería ser aclamado como un héroe sea tratado como escoria. Por miedo –y dicho lo anterior, cerró su puño, alrededor del cual se formó una pequeña bola de fuego.
Ambos jóvenes palidecieron ante el argumento. Hiruko, por su parte, asintió tristemente.
-¿Cómo fue que se supo todo? –Preguntó, mirándolos como haría un padre que ha visto a su hijo hacer una pilatuna–.
-Fuimos asignados a una misión en el país de la nieve por cuenta de un invierno inusualmente crudo y largo allí –comenzó Neji– tres equipos fuimos enviados allí, con la solicitud especial de que fueran especialistas en rastreo, para sacar toda clase de cosas que pudiésemos encontrar. Por alguna razón, la misión se le dio un ranking extrañamente alto, ya que el riesgo de enfrentar ninjas hostiles que estuviesen buscando la tecnología del país era grande…la misión transcurrió con normalidad hasta que fuimos atacados por un grupo mucho mayor. Estábamos siendo arrasados hasta que Naruto salió de la nada y literalmente barrió con ellos.
Hubo un suspiro de por medio. El avatar los miró interrogante, instándolo a seguir con la historia.
-Tuvimos que volver de emergencia a la aldea para tratar a los heridos…y Naruto cayó en estado de choque. Duró en cama unos cuantos días hasta que una de nuestras kunoichis lo trató y empleó un jutsu que le permite entrar en los cuerpos de otras personas…entró en su mente y trató de despertarlo malamente. No lo hizo con alguna intención escondida, pero dijo haber encontrado un demonio, una jaula enorme y una energía maligna potentísima. Tsunade-sama, nuestro Hokage, no tuvo otra opción que contarnos la verdad sobre él.
El silencio cundió entre ellos, donde Aang miró hacia el suelo dubitativamente. No podía enfadarse por un hecho tan fortuito como ese. Sin embargo…
-Por ese entonces Naruto no había despertado. Cuando despertó, ninguno de nosotros estuvo allí; el miedo de conocer lo que nos había "salvado" en aquella ocasión pudo más. Por años pensamos que el zorro había sido destruido por Yondaime Hokage, y en lugar de eso encontramos que su contenedor fue maltratado, insultado y rechazado por prácticamente cada persona que le conocía.
-Y ustedes hicieron lo mismo –continuó Aang, mirándolo mientras la susodicha bola de fuego rodaba entre sus dedos, iluminando sus facciones bizarramente– si entiendo bien lo que me has dicho, él les salvó la vida y ustedes a cambio decidieron rechazarlo por estar cargando un peso que nadie más puede llevar.
Nuevamente, no hubo por respuesta más que un silencio incriminatorio. Y el maestro de los elementos negó, cerrando los ojos. Hinata, por su parte, sintió que su corazón se encogía de vergüenza y tristeza, porque lo que decía ese monje era cierto: Kyūbi debía odiarlos por haber sido encarcelado, y lo único que lo mantenía a raya era su jinchuuriki.
-Esto... ¿Naruto-kun nos odia? –soltó de improviso Hinata, sacando de sus maquinaciones a su interlocutor, y arrancándole miradas de curiosidad.
-Aún no ha entrenado del todo bajo mi tutela, pero créeme, casi le daría la razón si un día decide darle rienda suelta a la ira que debería guardar contra las personas que protege y que a cambio prefieren mantenerlo recluido en sombras.
Ante aquello el alma de la muchacha se fue a los pies. Se sentía tan poca cosa en ese momento que dolía.
-Sin embargo, en su aura no percibo odio ni rencor. Es una cosa increíble, pero su bondad es impermeable a lo que le ha sucedido; por eso su valía como persona, como guerrero y como hombre es incalculable. Táchalo de débil, pero créeme, la decisión más fácil sería dejar que una masa de chakra infinita los borrara de la existencia. Sólo quiere ser reconocido por lo que es, no por lo que contiene, por muy enrevesado que se oiga.
-¿Quiere ser reconocido? –se adelantó Neji a la pregunta de Hinata–.
-Quiere ser reconocido por quienes lo rodean. Para que sepan, de una buena vez y para siempre, que él y Kyūbi no Youko son dos identidades completamente diferentes que conviven en el mismo cuerpo. Y que, independientemente de lo que diga el jefe de este clan y todos los demás bocones que haya ahí afuera, su poder los ha salvado en más de una ocasión.
Hiruko sonrió al escuchar a quien fuese su maestro. Ambos jóvenes lo miraron, y en vez de encontrar una mirada desaprobatoria encontraron una sonrisa cómplice, como la que daría un padre después de enseñar a su hijo la lección.
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La noche cayó sobre Manjidani no sato. De nuevo la niebla comenzó a bajar por la ladera de la montaña, siendo encubierta por la ausencia de luna y la precaria presencia de las estrellas, que brillaban impávidas y tristes en la bóveda celeste. El silencio se hizo, siendo el sonido de la brisa la que cargaba los susurros del bosque. Zuko, Katara, Fong y Gyoma, junto con algunos otros monjes custodiaban el templo y aquella aldea, con su típico aire tétrico.
-¿Cuántos podrán ser? –preguntó Katara, preocupada por la eventualidad de verse envuelta en una lucha de desmedidas proporciones.
-La última vez que Kumogakure envió a buscarme, fueron veinte. Quizá esta vez sea diez veces ese número.
El silencio conspiró para traer algo más de nerviosismo, y la niebla seguía su danza en torno a ellos. Como si de alguna manera los protegiese, volviéndose cada vez más densa…
De repente, Fong movió sus manos y un pequeño muro de tierra se alzó, donde se clavaron unos kunai y algunas shuriken. El ataque había dado comienzo con ese simple acto, y muchas más vinieron en su lugar, por lo que la maestra conjuró sus poderes, creando un domo de roca en torno a la figura de todos los presentes.
-¡Son por lo menos cien ninjas los que están ahí afuera! –dijo Fong, empleando sus habilidades del ying neutro– ¡no vamos a poder con todos sin la ayuda de Aang!
-Haremos lo posible, Fong-san –sonrió Gyoma, de pronto cambiando su postura siempre relajada– no permitiré que nadie salga lastimado.
-Por favor, Gyoma-sama... no abra los ojos a menos de que sea absolutamente necesario –dijo Katara, mirándolo.
Con un gesto cansino, asintió. Y luego un golpe sacudió al domo y todos los que estaban allí presentes. Eran ataques eléctricos que amenazaban con echar abajo la protección de tierra.
-¡No podemos quedarnos aquí para siempre! –sugirió Zuko, mientras acariciaba el mango de sus espadas gemelas– ¡tenemos que contraatacar ahora!
-Fong, refuerza el domo para que los demás se queden aquí. Nosotros comenzaremos a liderar la contraofensiva –sugirió Katara, tomando posición de ataque.
Entretanto, los ninjas de Kumo atacaban sin cesar aquel domo de tierra y comenzaba a cundir la desesperación entre ellos al ver que aquella fuerte defensa parecía ser inmune a todos sus ataques.
-¡Pero bueno¿es que no piensan echar abajo esas piedritas?! –gritó uno de los ninjas que engrosaban aquel enorme grupo. Uno de ellos se adelantó, preso de la impaciencia, y con un movimiento veloz de sus sellos comenzó a invocar su ataque
-¡Raiton…!
Eso fue todo lo que pudo decir. De inmediato una ráfaga de fuego cortó su concentración al darle plenamente en su pecho y enviarlo a volar, cayendo malamente con un sonido cargado de expectación y sorpresa. Todos los atacantes dejaron el pasmo para ver a Zuko de pie, su puño extendido y humeante y su mirada ambarina fija en todos ellos.
-Ahora sí –susurró, mientras su espada abandonaba la vaina y con maestría la dejaba posicionada en ataque– vamos a ver qué es lo que tienen…
Cuatro se adelantaron y fueron directamente a por él. Giró un poco el cuerpo y con golpes certeros al abdomen y al esternón los descartó, en tanto sus palmas dejaban escapar las llamas que confirmaban su dominio sobre el fuego; pronto comenzaron a escucharse gritos de guerra mezclados con aquellos lastimeros gemidos emitidos por que habían sido tocados por los potentes ataques del maestro del fuego.
-¡Hacia el río, Zuko! –gritó Katara, saliendo del domo y empleando el agua de su cantimplora para hacerse su camino– ¡allí podremos descartarlos más fácilmente!
Una vez más, la tierra comenzó a sacudirse violentamente, descolocando a los que participaban en ese inusual combate, hasta que una columna de tierra se levantó intempestivamente mandando a volar a unos cuantos ninjas muy hacia el bosque que estaba más allá de las fronteras de aquel poblado
-¡Fong! –Le miró Katara– ¿qué haces?
-¡Dijiste que hacia el río, así que eso hice! –Respondió afanosamente la maestra, despachando otros tres ninjas– ¿de dónde rayos vienen tantos?
La pregunta detuvo un poco a Katara justo cuando puso sus pies descalzos entre el agua helada. Callando una maldición, sus manos se movieron grácilmente y un enorme tentáculo líquido golpeó a otros cuantos ninjas, que quedaron automáticamente noqueados.
-¿De dónde vienen…? –se dijo a sí misma la maestra del agua cuando, fuera de su previsión unos cuantos oponentes saltaron sobre ella. Y justo cuando iban a hacer blanco, una ráfaga de aire se los llevó por delante. El gesto de absoluta felicidad de Katara se mezcló con el de la molestia.
-¡¿Se puede saber por qué te tardaste un día más?! –Le dijo ella al avatar, que aterrizaba con suavidad a su lado–.
-Pues…
Ella se acercó y lo calló de un sutil beso en los labios.
-Luego arreglo cuentas contigo –dijo, tomando posición de batalla– ¿has visto si vienen algunos ninjas más?
-Mientras venía hacia aquí fui emboscado unas cuantas veces –sonrió, tomando su estancia también– pero no han de ser más de los que hay aquí. ¿Y Naruto-san?
-En el bosque al oeste de las montañas. Ahí estará seguro del ataque…por lo menos eso pensó Gyoma-sama.
Un relámpago rompió la monotonía de su discusión, dando paso a Zuko, que transpiraba y aún se veía rodeado de enemigos.
-Parecen cucarachas…acabas con una y salen mil más en su lugar…–masculló molesto por el cansancio incipiente que comenzaba a señalar su cuerpo, y su mirada encontró al maestro del aire justo fuera del apretado círculo que comenzaba a formarse en torno a él– ¡oye!.¡Algo de ayuda no caería mal!
Aang asintió y flexionando su pierna izquierda, hizo un gesto como de levantar algo. Al momento, una columna de tierra se alzó y lanzó a Zuko justo fuera de ese círculo.
-Como se nota que Fong fue tu maestra…–le recriminó Katara, mientras Aang amortiguaba la caída de su compañero con una bolsa de aire.
-Es cierto –admitió con una sonrisa– pero has de admitir que ha sido divertido…
Antes de obtener cualquier otra réplica, un brillo azul surgió de sus ojos; sus dedos se cerraron entorno al mismo aire y la tierra comenzó a moverse como si una enorme bestia se revolviese en un sueño incómodo. Todos los ninjas de Kumo que aún se mantenían conscientes cruzaron miradas de terror ante el desconocimiento de lo que estaba a punto de suceder, mientras el avatar levantaba aquella gigantesca placa de tierra por sobre las cabezas de todos los presentes y la enviaba tan lejos como podía con una ráfaga de aire.
-Ese es el poder del estado Avatar –dijo Gyoma, mirando al mentado personaje respirar profundamente y sacudirse un poco las ropas– y agradezco que haya podido llegar a tiempo, Aang-sama.
-No ha sido nada, Gyoma-sama –respondió el aludido con una sonrisa descansada– y me alegro que esto ya haya terminado.
El asentimiento se dejó ver entre todos ellos. Zuko, sin embargo, se acercó un poco a la arboleda que comenzaba a nacer a partir del río y encontró rastros de pasos muy suaves, junto a marcas en los troncos de los árboles. Su mano confusa paseó por aquellas marcas, y luego miró hacia el bosque y la montaña cuando sus ojos se abrieron en una terrible comprensión.
-Tenemos que ir por Naruto ahora –habló entonces el maestro– esto no va bien.
-¿De qué hablas, Zuko?.¡Ya repelimos a todos los ninjas! –revirtió Fong, mirándolo
-Tengo un mal presentimiento –respondió, adentrándose en el follaje y siguiendo aquel misterioso rastro.
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Un estruendoso sonido atrajo la atención de Naruto, que había permanecido en aquella cueva de acuerdo a las instrucciones dadas por su sensei, ordenándole que meditara. Evidentemente, al poco tiempo de empezar no pudo terminar por ser una persona que se distrae fácilmente, así que había dejado a su mente revolotear y hacer un recuento de lo que había pasado hasta el momento, desde que supo que su "pequeño" secreto había sido revelado hasta aquel preciso momento, sentado en medio de la oscuridad de aquella ígnea formación.
Una vez más, un sonido poco acorde con el silencioso y nebuloso bosque lo sacó de concentración. Con pasos vacilantes se acercó a la entrada de la caverna y sus ojos azules se encontraron con un muro absolutamente oscuro, donde sólo alcanzaba a sentir el frío de la niebla subiendo por sus piernas; aquella vestimenta de monje, que sólo cubría la mitad de su torso, no serviría de mucho en semejantes condiciones de frío.
-Es extraño…–murmuró Naruto para sí mismo, notando el hecho de que los particulares sonidos se habían detenido–…hay mucho silencio.
No hubo respuesta esa vez. Ni siquiera de su pequeño huésped, que también se encontraba particularmente callado…hasta que el aire en derredor fue cortado por un objeto lanzado, y antes de que Naruto pudiese reaccionar se encontró con su mano atravesada y clavada sin misericordia por un kunai contra el tronco del árbol más cercano a él; y sin darle tiempo a reaccionar, otro objeto idéntico surcó los aires nocturnos y se clavó a la altura de su pecho muy profundamente con un sonido espeluznante.
-¿Este es el sujeto que estamos buscando– sugirió uno de los ninjas, saliendo de la oscuridad y poniéndose al alcance de los ojos del ninja de Konoha, que respiraba agitadamente, tratando de alejar su mente del dolor de sus heridas
-Hm…sus ropas se parecen, pero no creo que sea tan joven –replicó otro desde un árbol. En total cinco figuras se presentaron ante Naruto, que dejaba correr un hilo de sangre por la comisura de sus labios y trataba infructuosamente de liberar su mano aprisionada.
-¿Y qué hacemos con él? –Sugirió una tercera figura– ¿lo matamos?
Mientras transcurría semejante discusión entre los cinco ninjas de Kumo, Naruto respiraba agitadamente. Su mundo comenzaba a colorearse de tintes aún más oscuros que los que presentaba aquella noche; su respiración, agitada, comenzaba a volverse más y más pesada por cuenta de aquella sensación que comenzaba a hacerse presente en su mente y se derramaba por su cuerpo como si fuese brea; era el miedo. Una sensación de miedo e incertidumbre comenzó a hacer presa de él, al verse indefenso ante un grupo de ninjas que debían ser jounin o inclusive ANBU, según razonó en medio de aquella turbulenta sucesión de acontecimientos. Trataba por todos los medios por tratar de encontrar una solución.
En aquel momento, cuando más solo estaba, indefenso y gravemente herido, pudo sentir la presencia de la muerte acercándose a él: era el fin de la línea. Era el riesgo que corría todo aquel que deseaba ser ninja el confrontar la muerte en algún momento de su vida, pero ahora que debía enfrentarlo era una sensación aterradora. Y en su estado, no podía hacer prácticamente nada. Entonces vino a su mente el entrenamiento que ahora estaba recibiendo, aunque sólo hubiese sido en las lides del elemento de la tierra: Debes ser sólido como una roca, recordaba que Fong le repetía cada vez que le enviaba un ataque, has de saber que la montaña no se inclina ante nadie. Tú mismo has de ser como la montaña, que afronta la realidad y no se inclina ante ella.
Era cierto. Era hora de levantarse…era hora de combatir. Porque si iba a caer…iba a vender muy cara su derrota.
En la jaula de Kyūbi, el zorro comenzó a brillar tras los barrotes y el nivel del agua comenzó a ascender. Sin embargo, el demonio pudo constatar que no era el muchacho exigiendo su poder: podía escuchar claramente el latido del corazón de su jinchuuriki, que se hacía cada vez más claro, pero al mismo tiempo la típicamente amarillenta luz del laberinto cambió a una potente luz rojiza, mientras su poder comenzaba a mezclarse con el chakra de Naruto. ¿Qué estaba sucediendo allí?
-Ne, gaki… ¿qué demonios está sucediendo? –habló el zorro, súbitamente en guardia ante aquel extraño suceso, pero no obtuvo respuesta alguna. Naruto parecía abstraído, en lo que el chakra azul y el rojo se mezclaban todavía, sin medir el riesgo que podía correr su propio contenedor– ¡respóndeme, maldita sea!
Pero esa respuesta nunca llegó. Los cinco ninjas detuvieron su discursivo conferenciar y al parecer habían decidido acabar con la vida de Naruto, cuando se detuvieron en su lugar. Algo en la atmósfera había cambiado, en su pequeña víctima ya no se olía miedo…justo en ese momento el ninja de Konoha alzó el rostro, y sus ojos, típicamente azules y brillantes, comenzaron a cambiar. Su iris brilló con fuerza y el bondadoso azul dio paso a un dorado fuerte y frío, mientras que sus córneas comenzaban a teñirse de rojo sangre.
-¿Qué demonios es eso? –dijo uno de los ninjas, desenfundando la espada corta de su espalda– ¡matémoslo ya, esto no me gusta!
Todos sus congéneres hicieron lo propio, pero los ojos de Naruto comenzaron a cambiar el mundo en derredor; el bosque oscurecido dio lugar a la misma nada, un mundo inclusive más oscuro, donde sólo podía verse la figura arrodillada de Naruto, monolítica y con sus orbes brillando como si fuera la única fuente de luz en aquel mundo de pesadilla. Los ninjas de Kumo vieron aterrados cómo arrancaba el kunai de su pecho y de su mano, dejando correr la sangre libremente, manchando su pecho, abdomen y la túnica que lo cubría. Su respiración aún era pesada, y sus manos, ahora coronadas de garras junto a sus colmillos mucho más primitivos, se juntaron en una posición poco convencional. Al momento, un baño de luz de esos ojos cayó sobre los agresores, que no sintieron ningún cambio particular…hasta que comenzaron a atacarse entre ellos: las espadas se entrecruzaron, y se empalaron corazones y cortaron cabezas, mientras la sangre de las víctimas caía libremente.
Pronto, cuatro de los ninjas yacían muertos, bañados en sangre unos sobre otros, en tanto el quinto ninja se sostenía a duras penas con su espada en una de sus manos y un kunai en la otra, mirando a Naruto directamente a los ojos, que ahora estaba de pie y lo miraba fijamente. Era imposible no hacerlo, ya que aquel antinatural brillo era lo único que resaltaba en medio de semejante oscuridad. Al momento, hizo el ademán de atacar…y un nuevo baño de luz cayó sobre él. El miedo comenzó a reptar por su rostro, y la espada en su mano comenzó a temblar incontrolablemente; sin la fuerza para sostener la mirada del jinchuuriki, la hoja comenzó a viajar hacia su cuello…donde, con un movimiento de su propio brazo, con los huesos crujiendo, la cabeza abandonó su lugar, y cayó pesadamente.
Justo en ese momento Zuko salió de entre la arboleda y su mirada espantada asisitó a semejante espectáculo: los cinco cuerpos horriblemente cercenados, el suelo del bosque bañado en sangre y Naruto, con la sangre aún brotando de sus heridas, con sus ojos dorados brillantes, observaba el espectáculo de manera impasible. Amagó con dar un paso hacia él, pero la voz de Gyoma lo detuvo.
-¡No te acerques! –fue la orden clara del maestro, mientras sus manos cruzaban un par de sellos– ¡que nadie se acerque y mire sus ojos!
Aang, Katara y Fong asistieron con asco y horror lo que allí había tenido lugar. Al momento Gyoma abrió sus ojos, revelando el Rin'negan. Al sentir el cambio de energía, Naruto volvió el rostro y vio directamente en aquella poderosa técnica visual. Los ojos del Rin'negan vieron directamente en los del ninja rubio, y mostró su sorpresa al descubrir que confrontaba otra técnica del ojo. ¿Pero cuál era?. Sólo conocía al Sharingan, Byakugan y Rin'negan. Esto estaba más allá de lo que conocía, y no le gustaba.
Su sorpresa fue aún mayor cuando sus manos comenzaron a correr con sellos: serpiente, tigre, carnero, rata…¡era la secuencia de sellos que él mismo empleaba con una de las técnicas del Rin'negan!
-Mierda…–susurró Gyoma, siguiendo la misma secuencia. Las manos de Naruto, una manchada y goteando sangre, ascendieron por los costados de su cabeza hasta que el dedo medio de cada una apuntó hacia los ojos dorados. El maestro hizo lo mismo, y ambos cruzaron sus voces invocando la misma técnica:
-¡SEISAMSARA!
Ambos contemplaron los ojos del otro, mientras las energías de aquel jutsu chocaron entre sí, con el brillo de los ojos de cada uno aumentando a cada momento. El Rin'negan relucía en sus tres niveles con más fuerza cada vez, mientras la extraña técnica de Naruto brillaba con cada vez más fuerza, tratando de alcanzar a Gyoma. Ninguno pareció ceder, hasta que un sonido fuera de lugar los descolocó a todos: el muchacho tosió y expelió una gran cantidad de sangre, nulificando su concentración y desvaneciendo la técnica en el proceso; acto seguido cayó como un fardo de huesos, mientras el sangrado progresaba.
-¡De prisa, hay que llevarlo a la aldea! –Rugió Gyoma, mirando a sus compañeros que no entendían muy bien qué estaba pasando– ¡si no lo llevamos ahora, morirá desangrado!
Al escucharlo, Aang y Zuko cargaron a Naruto y Fong creó una pequeña camilla de tierra, que se lo llevó con premura hacia Manjidani. Katara miró con recelo a Gyoma, que aún no cerraba sus ojos y miraba hacia donde yacían los cuerpos.
-¿Qué…?
-No lo sé. Creía que los usuarios del Rin'negan eran los únicos capaces de usar técnicas como el Seisamsara…–dijo para sí mismo, cerrando los ojos– jamás había visto una técnica semejante…
Katara calló, mientras le miraba.
-Pero algo sí es seguro –dijo, volviendo con la maestra del agua– esos son unos ojos terribles…
Notas del autor: mode dark on
Bueno, queridos lectores. Después de ausentarme por culpa de mi querida universidad, y después de sacar tiempo de la galera, terminé este capítulo. Muy en mi interior quise hacerlo lo más crudo posible, pero creo que las descripciones se quedaron algo cortas, por lo que las sugerencias son más que bien recibidas (una sonrisota). Por otra parte, no disimularé mi disgusto porque en el manga, Kishimoto sigue insistiendo tácitamente en lo ultramegainvencibleygenial que es el Sharingan, lo cual me parece una boludez de aquí a Plutón (y me preparo para recibir la primera oleada de flamers y maldiciones de aquellos adoradores del Uchiha Brat
Además de lo que ya les he dicho, no sé si hayan notado cierto parecido en la escena del ataque de los ninjas de Kumo a Naruto (si han visto Basilisk, tienen que reconocerlo al vuelo) y la técnica empleada…bueno, me la robé de Saint Seiya: es una de las técnicas de Shaka –una de las más fuertes– pero como Kishimoto-baka dice que el Rin'negan es omnipotente y lo demás que ya sabemos, pero al mismo tiempo no dice nada sobre ella (algo de lo que ya nos tiene acostumbrados desde hace algún tiempo) pues me pareció de lo más simpático emplearla.
Ahora, pasemos a los reviews:
Kaoru Tsukimine: bueno¿qué puedo decirte?.¡Ya lo dijiste todo! De cualquier manera, te agradezco el que leas y por supuesto el review.
Kassie L.K.: bien, es cierto, creo que no aclaré nada de lo que dijiste, así que va la aclaración: Akatsuki fue vencido (no lo incluí porque el manga no ayuda, como por variar), Itachi y el resto fueron borrados del mapa. Por otra parte, Aang debe tener la edad del Avatar Roku –el avatar anterior a Aang– cuando dominó los cuatro elementos: como el entrenamiento de Aang empezó a los doce, para esta historia unos veintisiete años para él, Katara, Fong y Zuko estará bien. Hiruko puede tener unos 70, siendo apenas entrenado por un avatar de 18 –más o menos–.
Karurosu-sempai: bueno, he de decirte que Hinata no lo ve como si fuese el demonio en sí. Sólo quise ponerle algo de shock al saber que su adorado muchacho es un jinchuuriki; pero tranquilito, que la cosa va a cambiar dentro de poco. ¡Gracias por el review!
Always-mssb: bien, he de decirte que el Kyūbi no se preocupa por Naruto (¡Hablamos de un demonio aquí!). Se preocupa de que su jinchuuriki sea tomado por débil, y que por inferencia él mismo sea considerado poco fuerte. ¡Gracias por el review!
Rromy¿qué te puedo decir? Las gracias son más que obvias aquí, así que te diré que espero actualizar lo más pronto posible, y espero que te haya gustado este capítulo. ¡Gracias por el review!
Listo, muchachos. Hasta el próximo capítulo.
