VI

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-¿Ah? –fue la pálida exclamación de una anciana, mirando hacia su humeante taza de té. Su mirada se dirigió a la mañana naciente, cuyas nubes se coloreaban de un escarlata profundo a la par de la salida del sol. Cerró sus ojos, acentuando un poco la miríada de arrugas que surcaban su rostro y negó un poco.

La mañana, gélida, traía el mensaje de la noche anterior. Su oído, envejecido, podía escuchar el sonido de gritos sordos, y sus ojos, prácticamente sin su luz, podían percibir el paso de la muerte por aquellos parajes. La noche había atestiguado cómo había sido apagada la llama de la vida, y eso no le gustaba; por décadas, tuvo que soportar aquellas espantosas sensaciones por cuenta de sus habilidades, únicas entre su tipo.

Sus ojos, nuevamente, recorrieron la pequeña distancia desde la ventana hasta la pequeña mesa que estaba contra la pared. Allí, junto a un jarrón con unas cuantas flores que morían lentamente, un portarretratos le mostraba el rostro de un par de jóvenes sonrientes, de miradas brillantes y sonrisas claras. Dicen las malas lenguas que sólo los recuerdos es lo que queda luego de una vida larga; pero ahora que llegaba a las postrimerías de su existencia, esos mismos recueros atenazaban sus sentidos y la transportaban a épocas que nunca volverían: eso, más que nada, era lo que la estaba matando lentamente.

De repente, sus pensamientos se detuvieron. Ella conocía esa sensación energética mejor que nadie entre los vivos. Aquellos ojos, aquella energía monstruosa que rondaba el aire…y con eso, vino un presentimiento terrible. Creía que con ella, aquellos ojos no verían la luz de este mundo una vez más, y ahora…

-Gennosuke, querido…–susurró la anciana, apartando la vista de aquella fotografía e incorporándose lentamente– tal parece que he asistido a la llegada de un nuevo maestro…

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-¿Qué tal está Naruto, Fong? –preguntó Gyoma con gesto cansado a la maestra que se sentaba frente a él en aquella enorme estancia.

-Deberíamos agradecer a las grandes deidades que Katara esté con nosotros. Pudo contener las hemorragias y ahora parece que está más estable, pero…

La duda quedó en el aire y el maestro suspiró. Sabía qué era lo que Fong quería preguntar¿pero cómo decirle que él mismo no tenía la más mínima idea de lo que era?

-¿El muchacho está bien, Fong? –salió de la nada Zuko, tomando posición junto a la maestra de la tierra.

-Sí…de alguna manera no murió con todo lo que pasó. Tiene muchísima suerte, si me lo preguntas.

-No…–negó el maestro fuego, mirando a Gyoma sin vacilar– yo vi esos ojos. No era un Sharingan, ni un Byakugan. Ni siquiera era el Rin'negan; aquellos ojos rezumaban maldad y un poder horrendo. Jamás he experimentado algo así y espero nunca tener que hacerlo de nuevo.

Fong ponderó lo que decía su compañero. Zuko era algo patoso algunas veces e inclusive podía ser bastante cabeza dura, pero si algo sabía de sobra es que era mucho más valiente que una gran mayoría en el mundo exterior; para que dijera esas palabras con tamaña seguridad, tuvo que haber sido algo realmente extraordinario.

-Tienes razón, Zuko –concedió Gyoma, suspirando– pero no puedo prometer eso último. Aunque no sé lo que es, el Rin'negan supo distinguir un dojōtsu; eso sin mencionar que invocó el Seisamsara, un muchacho que a duras penas había pasado por el entrenamiento del elemento tierra.

-Nada de esto tiene sentido, de todas maneras –convino Fong, sacando de sus cavilaciones a aquel par– si Naruto vuelve a emplear una técnica así, como mínimo acabará muerto. Tenemos que impedir que la use de nuevo bajo cualquier término.

Ella tenía razón; bajo ninguna circunstancia podían permitir que una técnica así fuera ejecutada de nuevo, conocedores de los riesgos que acarreaba. Esta vez Naruto al parecer tuvo muchísima suerte de su lado, pero no siempre iba a ser así. Quizá, si recurría a ella de nuevo…fuese su último recurso.

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-Es aquí –dijo Sakura, mirando las enormes puertas empotradas en la montaña– aquí vive Ebizou-sama.

Sasuke guardó silencio y golpeó a la puerta con suavidad. El retumbo lo descolocó sobremanera, mientras con un sonido oxidado, la puerta comenzaba a ceder hasta darles paso al interior. Allí les esperaba el anciano, con sus manos cruzadas atrás y su mirada oculta tras sus cejas espesas.

-Vaya, han sabido llegar sin ningún problema –sonrió el anciano, mirando a ambos adolescentes– sigan, por favor. Las ventiscas del desierto inclusive aquí arriba son un desastre para mi salud.

Sakura cerró la puerta de metal y junto a su compañero siguieron al viejo por aquella enorme estancia. Pasaron por un estanque cristalino, y cerca de allí encontraron una mesa dispuesta con tres lugares.

-Muy bien…según la carta de Kazekage-sama, posiblemente tenga alguna información que pueda serles de utilidad.

Sakura miró a Sasuke, que le correspondió con un brillo de impaciencia. De inmediato ella entendió que debería tomar la palabra en lugar del Uchiha.

-Ebizou-sama…necesitamos saber si usted conoce el camino hacia Manjidani no sato. Es de suma urgencia para nosotros el llegar hasta allí.

-¿Manjidani…? –respondió el anciano, dejando la pregunta colgada en el aire. Durante algunos minutos permaneció en silencio, ante los dos muchachos que le miraban con expectación. Luego, se acercó, bebió de su té y respondió– lo lamento, pero no puedo decirles nada.

El gesto de incredulidad de ambos fue impagable. Ninguno daba crédito a lo que acababa de escuchar.

-¡Pero realmente es de vida o muerte lo que usted pueda decirnos!

-Lo lamento –repitió– pero no puedo decirles absolutamente nada sobre la ubicación de esa aldea.

-¡Perderemos a un amigo si usted no dice nada! –rugió Sakura, comenzando a perder el control sobre sí misma– ¿¡O acaso permitirá que aquel que casi arriesgó su vida por salvar al Kazekage desaparezca quien sabe donde!?

Ebizou tuvo un momento de duda, pero permaneció en silencio. La kunoichi suspiró negando y cerró los ojos, absolutamente frustrada. Con eso, se iba su última esperanza de encontrar a Naruto. Por un momento, el anciano deseó que su hermana aún viviese, puesto que era ella la que se encargaba de tomar semejantes decisiones. Pero ella ahora no estaba, y pronto también sería su hora, por lo que…

-Vámonos, Sakura –dijo Sasuke, levantándose y acomodando la katana tras su espalda– es obvio que aquí no conseguiremos nada.

-¡Pero…! –reviró ella, tratando de evitar que su compañero "se diera por vencido".

-Da lo mismo. A este tipo no le importa lo que le suceda a Naruto, por lo que nosotros tendremos que buscar una manera de encontrarlo –terminó su frase, activando su Sharingan.

El anciano tuvo un ataque de vergüenza como pocas veces había tenido en su larga vida. Casi podía recordar aquel involuntario discurso del jinchuuriki, cuando Gaara estuvo muerto por un buen tiempo. Aquella aprensiva sensación volvía a hacerse presente, y casi podía sentir la mirada de reproche de Chiyo sobre él. Ambos muchachos ya se habían retirado y llegaban a la puerta, cuando la voz del anciano volvió a llenar el espacio entre ellos.

-Aguarde, joven Uchiha –Sasuke se volvió, para encontrarse al viejo caminando hacia él con un pergamino– creo que esto le servirá para su misión.

El ninja recibió el objeto sin saber muy bien cómo reaccionar. Pero Sakura acudió de nuevo para salvar las papas del fuego.

-Se lo agradezco mucho, Ebizou-sama. No sabe cuanto.

Algo al anciano le dijo que lo que decía la chica era verdad.

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Katara suspiró por última vez, al terminar de vendar los ojos de Naruto. La maestra del agua miró con tristeza aquel maltrecho cuerpo y con cansancio abandonó aquella estancia. Afuera le esperaba Aang, con los brazos cruzados sobre su pecho.

-¿Qué tal sigue? –le preguntó el avatar, a lo que la chica le miró cansadamente.

-De milagro vive. Ahora está mucho más estable y sus heridas ya no sangran más.

Hubo una media sonrisa por parte de aquel hombre.

-Pero…me preocupa mucho lo que pasó con esos ninjas –continuó ella, sin disimular el gesto de su aprensión– eso no fue normal. Fue algo horrible, Aang…

El maestro del aire se acercó a ella y le abrazó con delicadeza. Al momento el gesto fue correspondido, mientras la maestra afianzaba la fuerza de sus brazos en torno a su cuerpo.

-Tuve muchísimo miedo al verlo –susurró ella sólo para que él pudiese escucharlo.

-Lo sé. Yo también estuve allí, Katara. No te preocupes ya…ahora el chico está bien y con el cuidado adecuado, evitaremos que una situación semejante se repita.

Hubo un gesto de asentimiento, sin abandonar el fuerte abrazo entre ambos. Aang podía percibir el miedo corriendo por ella, y no se sentía en capacidad de soltarla.

-Anda, vamos…será mejor dormir un poco. En la mañana veremos si Naruto-san despierta, y pensaremos en algo para sacar adelante esta pequeña situación¿te parece?

Katara levantó el rostro y lo miró con una sonrisa agradecida.

-Muchas gracias…–y dicho lo anterior, se acercó a él y le dedicó un beso en la mejilla tan suave como la caricia de una lágrima. El avatar, no hizo nada más atinado que sonrojarse violentamente, como un adolescente enamorado. Ambos caminaron así, hasta que se introdujeron dentro de la habitación de él.

Entretanto, la habitación donde yacía el cuerpo inconsciente de Naruto quedó ensombrecida. Prácticamente todo su pecho estaba vendado, al igual que su antebrazo izquierdo; su respiración era pausada y tranquila. Poco tenía que ver su estado actual con el de hacía una noche, cuando estuvo a punto de morir.

Con todo, de un momento a otro se abrió la puerta corrediza. Bajo el dintel ensombrecido estaba Gyoma, mirando el cuerpo inerme de Naruto. Se introdujo en la habitación y cerró tras él sin hacer el más mínimo ruido; acto seguido se sentó a la cabecera del futón donde reposaba el muchacho y suspiró. Llevaba todo el día tratando de descubrir qué era lo que había pasado y de identificar –de paso– aquella misteriosa técnica capaz de invocar una técnica que sólo creía propia de los que despertaban los poderes del Rin'negan.

Sus averiguaciones acabaron en un callejón sin salida mucho antes de lo que quisiera, porque, siendo muy sincero, no tenía idea de donde empezar a buscar, o qué es lo que debería buscar. Pronto todas sus ideas acabaron en nada, y sólo se le ocurrió una opción.

Debía hablar con Kyūbi no Youko.

Posiblemente él era el único que tuviese una idea de lo que había pasado. Algo, al menos, debía conocer el demonio de nueve colas. Con eso en mente, sus manos dibujaron varios sellos con rapidez…y al momento abrió sus ojos, mostrando su temida técnica del ojo; era hora de poner las cosas en claro. Su derredor, aquella habitación, fue cambiada por el famoso laberinto que era la mente de Naruto, que goteaba aún de las tuberías en el techo; el hombre se levantó, dubitativamente, mirando en derredor.

Los sonidos que se escuchaban en ese lugar le provocaban escalofríos. Sus pasos comenzaron a avanzar, iluminando de mala manera los rincones más oscuros; ¿cómo era posible que un chico albergara una mente así?

-Esos ojos…usted ha de ser Muroga Gyoma –escuchó de pronto una voz cavernosa retumbando por los pasillos del laberíntico camino– ¿me equivoco?

Gyoma miró en derredor y no supo encontrar nada, más allá de la cavernosa voz que se dirigía a él.

-Necesito hablar con usted, Kyūbi.

-"¿Usted?" –Pareció reír el demonio desde su celda– por culpa de este mocoso he olvidado que también hay gente que todavía reconoce el respeto por los de mi tipo…

Un delgado hilo de chakra rojo apareció entonces, perfectamente visible para el Rin'negan. La invitación tácita fue aceptada por el maestro ninja, que la siguió hasta llegar hasta la gigantesca celda del bijū. Gyoma no sabía como debía reaccionar, siendo su primera vez frente a un ente de semejante tipo.

-Sé de sobra que no ha venido a saludarme por una cuestión de decencia –habló el demonio desde la oscuridad de su celda, sin mostrarse ante él– así que será mejor que exponga su punto de prisa…soy un zorro de pocas palabras, si he de serle sincero.

-Quiero saber sobre lo que pasó ayerUsted también debió haberlo percibido, el cambio de energía, y…

-Sé a lo que quiere llegar –le interrumpió Kyūbi– y desde ya debe saber que no puedo ayudarle, porque no sé qué fue lo que pasó.

Hubo un suspiro de por medio y se sentó en posición de loto frente a la celda.

-Al menos tiene una idea de lo que pudo haber pasado. Esos ojos, aquella energía…inclusive aquella técnica que invocó.

-Somos entidades independientes, Muroga. Yo no tengo por qué cuidar por este muchacho más allá de lo que me interesa.

Tenía sentido. Era un bijū al que sólo le interesaba lo que le sucediera a él mismo, por lo que no tenía obligación alguna de responder por lo pudiese pasarle a Naruto; de cualquier manera, sería interesante preguntarle "hasta donde" le interesaba lo que le sucediese a su contenedor.

-Es cierto lo que usted dice, pero de todas maneras algo de curiosidad ha de tener.

-Mi curiosidad es enorme…–ponderó de nuevo el demonio–…pero desde mi posición, es completamente imposible que haga algo más allá de brindarle mi poder cuando lo requiere, cosa que últimamente se ha visto reducida.

Gyoma suspiró, resignado. Era imposible que consiguiese algo por esta vía, y tampoco pretendía obligar a alguien de semejante poder a que le diese las respuestas que quería, por mucho que tuviese el Rin'negan de su lado.

-Está bien. Siendo así como lo pone…–se incorporó entonces el maestro, cerrando sus ojos y desapareciendo en el acto.

Los ojos de Kyūbi aparecieron entonces tras la sombría celda, mirando fijamente hacia donde había estado aquel hombre. Si hay algo que puede decirse a ciencia cierta de los de su tipo, era que su habilidad para mentir nunca estaba en entredicho. Por muy sellado que estuviese, aún tenía su conocimiento para tratar de deducir qué era lo que estaba pasando; estaba perfectamente al tanto de lo que había tenido lugar aquel día, y también de lo que había pasado después. Puede que no supiese exactamente lo que era, pero lo descubriría…

Y lo usaría en su beneficio, cuando llegase el momento adecuado.

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-¿Alguna respuesta con Ebizou-sama? –preguntó Gaara al par de ninjas de Konoha, de pie ante su escritorio. Hubo un asentimiento unilateral, arrancándole una media sonrisa al Kazekage. Por un momento, Sakura pudo sentir la preocupación del que fuera jinchuuriki alguna vez.

-Partiremos al amanecer, Kazekage-sama –respondió la muchacha, con un gesto de asentimiento por parte de Sasuke.

-Está bien. Dejaré hechos los preparativos para su partida.

Ambos ninjas hicieron una pequeña venia, cuando la voz del kage de la aldea llamó de nuevo su atención.

-Uchiha –le miró Gaara por sobre la torre de papel que había sobre su escritorio– si no encuentras a Naruto, yo mismo te mato.

Sakura sintió al tiro la frialdad de la aseveración. Algo del viejo Gaara, como por variar. Pero la reacción de su compañero fue lo más sorprendente del asunto.

-No tienes que mencionarlo. Y, de cualquier manera, no es que puedas hacer mucho sin el Shukaku.

Hubo una media sonrisa, y nada más, justo antes de que desaparecieran por la puerta.

-Tenemos que volver de prisa a la aldea –le dijo Sakura a Sasuke esa noche, recostándose en una de las camas de su habitación–.

-¿Y qué haremos? –Le planteó el Uchiha– ¿iremos en una misión de guerra para salvarlo?

Dentro de todo, era una pregunta razonable. Si algo había entendido de todo este asunto, era que no se podía ir a la ligera. Mucho menos con alguien que dominaba la misma técnica que Pein, ese loco líder de Akatsuki.

-No lo sé. Debería ser algo así como una misión de rescate, tratando de minimizar el combate y todo eso; ¿tú qué piensas?

-Comencé a considerarlo hace un rato –se sinceró Sasuke, dejando su katana de lado y tomando su lugar en su respectiva cama.

Entre ambos se hizo un silencio poco común, especialmente para ellos que estaban acostumbrados al ruidoso Naruto.

-Pareciese una cosa del destino –masculló Sakura de pronto, sus ojos velados por una tristeza palpable– que ahora que nos reunimos por fin, uno de nosotros se desvanezca en el aire.

Sasuke ponderó lo que decía su compañera y era cierto. Desde su partida para entrenar con Orochimaru, tanto Sakura como Naruto habían hecho lo propio con los otros dos Sannin. Así, los tres habían optado al mismo título que ostentaban sus maestros, con todo lo que aquello implicaba. Eran los tres unos ninjas con mucho renombre, y pareciese que la vida se empeñase en dejarlos aparte.

Naruto se había encargado de traer a Sasuke de regreso. Ahora él estaba perdido y sabe Kami dónde. ¿Qué faltaba, que Sakura se desvaneciera también de un momento a otro?. De un momento a otro, el Uchiha recordó que Hyūga Hiashi también pintaba bastante en aquel asunto, por lo que cerrando los ojos le dijo a ella:

-Sakura…cuando termine todo esto, recuérdame patearle el culo a ese viejo Hyūga.

Ella rió y le vio con dulzura.

-Cuando esto termine, todos nosotros le patearemos el culo sin piedad.

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-Es aquí…–murmuró la anciana, respirando profundamente el aire gélido de aquella nueva mañana– el templo…vaya sitio para encontrar al siguiente jaganishi…

Aquella mujer hizo su camino hasta la entrada enorme del templo, donde fue encontrada por dos monjes.

-Buen día, jovencitos…–saludó la anciana con un entusiasmo poco común en los de su edad– ¿qué tal el nuevo día?

-Señora Oboro, buen día –respondió uno de los monjes con una reverencia– ¿desea que alguno de nosotros la acompañe al mercado hoy?

-No, no…realmente, hoy quisiera hablar con Gyoma-sama. ¿Estará disponible?

-Déjeme ver qué puedo hacer…uno de sus estudiantes al parecer está bastante delicado y se ha rehusado a irse de su lado.

El ceño de la anciana Oboro se acentuó junto a sus arrugas, pero no dijo nada.

-Dígale a Gyoma que puedo tener algo que decirle acerca de lo que le pasó con ese muchacho.

Con un gesto de incredulidad, el monje se introdujo en el templo a toda velocidad. Unos minutos después, apareció junto al mentado maestro, que la saludó educadamente.

-Señora Oboro, buenos días. ¿Qué la ha traído por aquí?

-La misma razón por la que has venido, Gyoma –respondió la anciana con una sonrisa– tu aura está muy perturbada. El ansia por saber te está carcomiendo muy desde adentro…

El maestro del Rin'negan sonrió, conocedor de las habilidades de aquella persona para leer las emociones de otros. Eso era algo que nunca había podido lograr a través de su entrenamiento ninja. Entonces, el rostro de Oboro se ensombreció y la sonrisa desapareció.

-Debo ver al muchacho que tanto vigilas –dijo entonces– la respuesta que buscas no la encontrarás aquí, ni en ninguna parte.

-¿Usted…?

-Tengo un terrible presagio, muchacho –respondió la anciana– y me temo que se haga realidad ahora que nadie podrá enseñarlo.

La cara de incredulidad del maestro Muroga era indescriptible. ¿Era así de terrible lo que estaba enfrentando?

-No, Gyoma…eso no es ni la mitad de lo que puede esperarse, si mis pensamientos se confirman.

Entonces el maestro contuvo una exclamación abierta. ¿Esa mujer acababa de responder lo que estaba pensando, o sólo había sido una coincidencia tan grande como el templo en el que se encontraban?

-Será mejor entrar, Oboro-baasan –ingresó el maestro, seguido por la anciana en la gigantesca estancia– algo me dice que usted puede ayudarnos bastante.

Mientras caminaban, la anciana miraba hacia el suelo distraídamente. Por décadas, había guardado la esperanza de que este día no se presentara nunca más; así, ninguna persona tendría que someterse a los rigores de aquel entrenamiento ni pagar las consecuencias de las habilidades que traían consigo aquellos ojos. Por eso esperaba pacientemente el día de su muerte, porque con ese día el mundo se vería libre, y nadie más tendría que soportar el sino de cargar con esos ojos, y lo que eso implicaba.

Ver lo que nadie más podía.

Escuchar palabras que nadie debió pronunciar. En últimas, era como buscar la respuesta a la pregunta que nadie había hecho.

Sin embargo, eso no era lo más terrible. Lo peor del caso venía cuando no había forma de renunciar a esa técnica; no había forma de no usarla porque sus habilidades, perennemente malditas, fustigaban sin contemplaciones a todo aquel capaz de no enloquecer ante tamaño poder. Sin mencionar que, ante todo, nada venía gratis y aquello no era la excepción; al final, se quedaría solo, abandonado por todo aquel incapaz de comprenderlo…que, irónicamente, era la mayoría de la gente.

En pocas palabras, si había encontrado un nuevo jaganishi, le estaba deparando una vida de vejaciones y dolor como no se lo podía imaginar. Para una anciana como ella daba lo mismo, porque tarde o temprano un día sus ojos se apagarían para siempre; pero un muchacho con aquella maldición encima…era cuando menos doloroso. Sentía pena por él. Muy en su corazón deseaba el equivocarse, que sólo fuese un error desafortunado.

-Es aquí –le habló Gyoma, sacándola de sus perturbadores pensamientos y enseñándole la puerta tras la cual yacía Naruto. Ella asintió y la puerta cedió, dando lugar al muchacho que ahora dormía plácidamente. Oboro lo estudió desde su lugar, donde podía ver parte de su cuerpo vendado; seguramente había tenido un enfrentamiento y la apertura había caído en consecuencia.

Sin embargo…su aura se encontraba particularmente inestable. Podía sentirse en el aire como si fuese, de un momento a otro, a partirse en dos; de inmediato se introdujo en la habitación y se arrodilló a la altura de la cabeza de Naruto. Puso sus manos sobre el pecho vendado del muchacho y se deslizó hasta su abdomen, mientras su otra mano se posicionó sobre sus ojos.

Y allí lo supo. En aquel futón reposaba el sexto maestro del Jagan. El día fatídico había llegado, y una persona más había caído bajo la malignidad de aquel designio. Su tristeza se hizo notable y una pequeña lágrima surcó su rostro, demacrado por la edad. Gyoma sintió el cambio de atmósfera y puso una mano sobre el hombro de la anciana, pensando que lloraba porque el muchacho corría riesgo de morir.

-Se salvará, Oboro-baasan. No tiene de qué preocuparse.

-Más le valdría haber muerto en la noche en que esos ojos se abrieron dentro de él –respondió la anciana, arrancando un gesto de macabra admiración en su interlocutor– porque su vida acaba de tomar un giro radical.

-¿A qué se refiere?

Hubo un instante de silencio entre los dos.

-Gyoma…¿crees en brujas?.¿O en fantasmas?.

El maestro sonrió incómodamente, pero asintió. La anciana dibujó una sonrisa torcida en su rostro, que alguna vez debió ser tan hermoso y delicado como la porcelana.

-¿Alguna vez has escuchado hablar del dojōtsu llamado Jagan?

-Sólo lo he escuchado folclóricamente, las historias que se cuentan entre ebrios y también algunas para asustar a los genins… ¿por qué lo menciona?

-¿Qué es lo que sabes sobre esa técnica del ojo? –volvió a insistir Oboro, sin despegar su mirada ni sus nudosas manos de Naruto.

-Bueno…el Jagan supuestamente es la técnica que permite la visión de lo que no es evidente; se dice que es capaz de crear telépatas, abrir puertas a otros mundos...usted sabe como son las historias de ese tipo.

Hubo un asentimiento.

-Es cierto. Esos cuentos sólo han servido para magnificar las historias del jagan. Por años, el ojo maligno no vio la luz del mundo…hasta hace dos noches.

-¿El ojo maligno? –Preguntó Gyoma– ¿está diciéndome que este muchacho es dueño del ojo maligno?

El asentimiento de la señora puso la consternación de manifiesto en él.

-No es una línea de sangre, es sólo un accidente del destino. Desde los albores de la era del ninja, sólo han existido cinco maestros del jagan. Con este chico se completan seis…–dijo, sin disimular su dolor– y ya nadie queda para enseñarlo. Ni apoyarlo.

El silencio hizo presa del maestro del Rin'negan, sin saber muy bien qué hacer. Ese muchacho había entrenado bajo su custodia para, eventualmente, enseñarle algunas bases para vencer las técnicas visuales. Bajo ninguna circunstancia –y eso lo sabía desde el principio– Naruto sería capaz de despertar una técnica que aparecía tan fortuitamente en el mundo como lo era su propio dojōtsu. Ahora resultaba que entre sus manos tenía al heredero de una técnica desconocida para él.

-Aunque hay algo que no marcha bien con él –susurró Oboro, acariciando al muchacho, aún percibiendo su aura inestable– ¿cómo fue que sucedió todo esto?

Gyoma se apresuró a contarle lo que sabía, sin omitir detalle alguno. La anciana asentía al escucharlo y parecía tomar nota mental de lo que sucedía, hasta que terminó el relato con Naruto vendado, inconsciente y vivo.

-Entonces, eso quiere decir que realizó una apertura incompleta –pareció razonar la anciana.

-¿Una apertura incompleta? –interpeló el maestro, descolocado por el uso de nueva información.

-El jagan requiere un ritual de apertura, para permitir a sus habilidades fluir por su cuerpo de forma natural. El cuerpo de un jaganishi necesita abrir siete puntos de su fisonomía espiritual para evitar que cada vez que abra los ojos su vida corra peligro.

Ante el silencio de él –obvio resultado de su falta de conocimiento–, Oboro rebuscó en un pequeño morral que traía con ella y le extendió cinco pergaminos, polvorientos pero aún así legibles en su contenido. No tenían sellos de ninguna índole.

-Esos pergaminos traen todo lo que este muchacho tendrá que aprender sobre el jagan y sus técnicas. Sin embargo, Gyoma, necesito que me hagas un favor.

-¿Un favor?

-Necesito que le enseñes La Gran Precaución. Sé que tú, como usuario del Rin'negan, tienes pleno dominio de ella.

Nunca le habían pedido un favor tan raro. Eso quería decir que…

-¿El jagan puede invocarla?

-¡Por supuesto que puede! –Rió la anciana, ante la incredulidad de su interlocutor– ¿por qué crees que te pido ese favor?

Gyoma asintió, cuando comenzó a sospechar que Oboro sabía demasiado sobre aquel misterioso jagan. Las historias que rondaban los caseríos cerca de la aldea era que la mujer había sido una bruja, por lo que siempre había vivido aislada, junto a su marido, en una casa de campo a unos cuantos kilómetros de Manjidani.

-Discúlpeme, señora Oboro… ¿por qué tan preocupada por Naruto de un momento a otro?

-Ah¿se llama Naruto? –Sonrió la anciana, acariciando los rubios cabellos del ninja– bueno, Gyoma…ya te mencioné que han existido cinco maestros del jagan¿verdad?

Un gesto de asentimiento.

-Es una historia muy cruda la que guarda el jagan tras de sí…el primer maestro fue contemporáneo de Uchiha Madara; su nombre era Ohtaki Kunichiyo. El segundo fue un hombre llamado Hazama Kenzaburo, y veinte años después una mujer llamada Tousaki Arashi despertó los poderes del jagan. Tiempo después mi esposo, Gennosuke, también dominó parte de los poderes del ojo maligno.

-¿Y el quinto maestro? –preguntó Gyoma,

Oboro sonrió de manera cómplice.

-Yo soy la quinta jaganishi. Conmigo podía morir la técnica…pero es una ilusión que acaba de desvanecerse –suspiró, apartándose un poco del muchacho.

Nuevamente, el silencio se hizo presente entre ambos, hasta que la vieja llamó su atención una vez más.

-Cada una de las personas que hemos dominado algo de los poderes de esos ojos, ha sufrido una pérdida terrible. Fuimos rechazados y perseguidos, porque el jagan ha sido empleado con los fines más bajos que se puedan imaginar: los grandes maestros de la magia negra han buscado sin cesar aquello que les otorgara el gran poder que brinda, pero no saben lo que desean. Gennosuke y yo, los dos últimos jaganishis, conocimos solamente a Tousaki-san y a un moribundo Hazama-san. En ese pequeño concilio juramos que todo aquel que naciera con el sello de los ojos que no son de este mundo sería protegido y enseñado por nosotros. Pero en este punto, con mi marido muerto y yo próxima a seguir sus pasos, nadie queda en el mundo capaz de enseñar a este niño lo que le aguarda –hizo una pausa, respirando profundamente– porque el jagan le dará una técnica muy fuerte, sí, pero le mostrará cosas que nadie excepto él podrá soportar.

Gyoma negó un poco y Oboro se calló, sorprendida de sí misma por aquella demostración de emociones.

-Necesitamos completar el ritual de la apertura para Naruto –susurró, poniéndose de pie y sacudiendo su pulcro kimono lila– pídele ayuda a tus conocidos, señores de los elementos. Quiero que dibujes un círculo como el que está en uno de esos pergaminos.

El maestro revisó todos hasta que encontró lo que le indicaba Oboro: una circunferencia que comprendía cuatro grandes círculos distribuidos por todo su perímetro, y dentro otro círculo con otros tres círculos en una disposición similar. Entre cada figura habían líneas de escritura que no alcanzaba a comprender. El pergamino nombraba a la extraña figura "círculo de sello de la apertura".


Notas de autor:

Para quienes estén a punto de sufrir una crisis nerviosa por ver una actualización de un servidor tan repentina, pueden conseguirse un doctor de urgencia porque definitivamente no es un sueño. Ni yo mismo puedo dar crédito al estar escribiendo estas notas…

Ahora, respecto al capítulo, espero no haya quedado muy…¿cómo ponerlo?. Muy dramático, ni muy descriptivo, ni nada por el estilo. Y espero que el asunto del jagan haya servido como sorpresa editorial (?)…disculparán la falta de originalidad, pero, francamente, han sido diez páginas, poca agua y mucha imaginación de volada. Pensaba hacer el capítulo "más largo", pero como "más largo" implicaría "más trama de por medio", para el siguiente seguimos la fiesta. Ni que mencionar de mi ánimo, que por culpa del final de una serie quedó peor que Sarajevo después de un bombardeo de años; es decir, quedó MUY mal.

Ahora¡a por los reviews!:

Kaoru Tsukimine: bueno, ya tienes el siguiente chap; pero no creo que la parte de la intriga se haya solucionado mucho que digamos… ¡gracias por leer!

Shadow Noir Wing¡Yo lo sabía, yo lo sabía, debí poner la parte cuando se destrozaban y todo! (llora desconsoladamente). Espero que te aclare eso de los ojos que tiene Naruto, aunque para la próxima aclaramos del todo ese asunto. ¡Gracias por el review!

Always mssb: bueno, vas a ver lo que Naruto va a demostrarles cuando entremos en la parte del desenlace de la historia. ¡Gracias por leer!

Karurosu-sempai: Muchísimas gracias por lo del talento…me sonroja y todo leerlo. Créeme, me inspiré sobremanera (sin el uso de alucinógenos o sicotrópicos, antes de que alguien se lo imagine) para que quedara de la mejor manera. Pero, como pondré en la siguiente respuesta, a la pobre Hinata le irá peor por ella misma que por cuenta del mismo Naruto.

Kassie L.K.: bueno, bienvenida al club de aquellos que ¡QUEREMOS SABER QUÉ PASA CON NARUTO, NO CON SASUKE, KISHIMOTO!. Llevas como toda la vida mostrando la pelea entre los psicópatas Uchiha y yo quiero saber qué pasará con el que, casualmente, viene siendo el protagonista de la historia! Y me alegra que me des alta calificación por el capítulo. Nos estamos leyendo, para seguir dándole palo al maldito manga y para hablar de barbaridades varias.

Rromy: Hm…eso de la cuarta vez explicaría bastante por qué los hits a los capítulos se disparan tanto. Pero de todas maneras, me alegro que alguien comparta mis poco sanas opiniones acerca de todo este asunto. Y espero te agrade la sorpresita de la actualización relámpago.

Puf…listo. Aunque no lo crean, es un esfuerzo sobrehumano para contestar sus reviews, en mi estado de des-ánimo y cansancio total.