VIII

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La tensión era más que palpable en el ambiente. Los ojos rojizos del Sharingan, y la potente visión pura de los Hyūga miraban intensamente hacia el brillo antinatural que destellaba el Rin'negan, una técnica legendaria y que muy pocas veces había visto la luz del mundo.

-Ya te he advertido, Muroga –siseó Sasuke– ¡entrega a Naruto!

No hubo respuesta, sólo un ceño fruncido.

-Nuestra intención no es la de combatir. Queremos a nuestro compañero de vuelta –respaldó la afirmación Neji, tomando su estancia con las palmas abiertas.

-Si tanto lo desean –respondió el aludido, dejando caer su manto y poniéndose en guardia, fijando sus ojos en ellos– ¡vengan a buscarlo!

Fue todo lo que se necesitó decir. De la nada, Sasuke lanzó cuatro shuriken con intenciones poco gratas, que no lograron hacer blanco en el móvil Gyoma, que a pesar de su ceguera, se movía con una gracilidad que no decía nada acerca de su estatus de "retirado" en el libro bingo. Neji entonces terció en la situación, tratando de conectar los precisos golpes propios del Jyuuken. Pero inclusive ahora, con el Byakugan activado y toda la precisión de la que era capaz, no podía hacer blanco; el Rin'negan, muy seguramente, le advertía al ascético ninja por dónde esquivar e inclusive anticipaba el lugar que buscaban aquellas peligrosas manos, por lo que se revolvía como una víbora y el jounin Hyūga bajo ninguna circunstancia podía hacer blanco en él.

Eso era solamente la apertura. Pero Sasuke y Neji tenían mucho que decirle todavía a ese inesperado combate, por lo que el Uchiha decidió subir los decibeles, concentró su chakra e invocó sin pensarlo dos veces:

-¡Katon: Gouryuuka no jutsu!

-¡Suiton: Daibakuryuu no jutsu!

Las gigantescas figuras que ardían en forma de dragones pronto se vieron apaciguadas por una corriente de agua monumental e inmisericorde. La sorpresa, evidentemente, se dibujó en la cara del ninja de Konoha, que de entre todo, nunca se esperó una respuesta semejante a su ataque.

-Fue una movida arriesgada contra un enemigo desconocido –pareció contestar Gyoma al pensamiento que acechaba a Sasuke– todo ninja bien informado sabe que los Uchiha son adeptos del elemento del fuego. ¿Y tú, qué sabes de mí, aparte de que poseo estos ojos?

Hakke kuushou!

La ráfaga de aire hizo retroceder a Gyoma hasta una distancia prudencial, mientras tomaba su hombro lastimado por la técnica. Pudo ver como Neji retomaba su estancia, concentrando su chakra y preparando un nuevo ataque; evidentemente, la fiesta hasta ahora se calentaba y él estaba –aunque no se perdonara a sí mismo– disfrutándolo. Hacía mucho no tenía una confrontación, y la parte de él que gustaba del combate comenzaba a despertar

-¡Sasuke, Neji! –salió de la nada la voz de Kakashi para unirse a los otros dos ninjas. Gyoma suspiró entonces y supo que el jaleo comenzaba a ponerse de tintes oscuros para él.

-Ahora, Muroga –le miró Sasuke, desenvainando su espada Kusanagi– entrega a Naruto o muere.

Una sonrisa fue todo lo que obtuvo de respuesta, lo que lo descolocó.

-Si está tan seguro de su victoria, entonces venga a reclamarla –provocó Gyoma– ¿o acaso cree que un vejestorio como yo puede hacerle frente a tres ninjas tan poderosos?

De nuevo, Sasuke dejó que su temperamento le ganara la partida. Sus manos cruzaron un par de sellos, y ante la sorpresa general, su mano abierta aterrizó sobre el suelo y exclamó

-¡Chidori Nagashi!

Ahora era Gyoma quien no esperaba una movida semejante. El hilo eléctrico serpenteó hasta él en un parpadeo, y a su toque sintió como sus movimientos se hacían más lentos. Su falta de previsión parecía haberle costado caro, cuando los tres ninjas se lanzaron hacia él. Sasuke y Kakashi sostenían una esfera azulosa brillante, en lo que Neji se acercaba a toda velocidad para poner su cuota en tan mortífero ataque.

No tenía suficiente velocidad en sus manos para intentar un kawarimi tan arriesgado. Un toque sería suficiente para forjar su propia caída…por lo que sólo tenía una opción. Una técnica que no había empleado desde la última batalla en que había participado.

La Gran Precaución.

El Rin'negan pareció encenderse en un nuevo fuego al sentir la amenaza en el aire; el chakra comenzó a girar como si fuese un tifón dentro del cuerpo de Gyoma, que había perdido el hábito de semejantes exigencias, y sólo un susurro escapó de sus labios, para que nadie pudiese escucharlo. Ni bien terminó, Neji, Sasuke y Kakashi estaban a un paso de él y se prestaron para dar un golpe definitivo.

Pero de repente, se detuvieron. O, dicho de otra forma, algo los detuvo; sólo la brillante mirada del Rin'negan contempló al Sharingan de Sasuke, Kakashi, y al Byakugan en pleno de Neji. Ambos Chidori, y la palma del chico Hyūga se chocaron a menos de cinco centímetros de la figura vacilante del maestro…

…Y con un brillo, aunado a un extraño y resonante sonido, fueron despedidos violentamente hacia atrás, deshaciendo las técnicas en el proceso; fue como si hubiesen trocado con una barrera impenetrable e invisible, muy parecida al escudo que sostenía la técnica Susano'o, invocada por el Mangekyou Sharingan.

-¿Qué dem–? –se preguntó Sasuke, completamente sorprendido ante el giro que habían tomado las cosas

Kakashi giró el rostro para ver hacia donde estaba Gyoma. Ahí estaba él, hincado en una rodilla y tratando de recuperarse…y el Sharingan de su ojo izquierdo percibió un movimiento brillante delante de él

-¡Neji! –Llamó el ninja copia entonces– ¿qué ves ahí?

Él asintió y fijó su vista frente al maestro con toda la fuerza de su Byakugan, y lo que vio lo dejó sorprendido. Frente a Gyoma, un muro del cual no se percibía ni principio ni fin, se sostenía, brillando; tenía la forma de octágonos concéntricos, que permanecían frente al usuario del Rin'negan; lo que más le sorprendió, es que no había ni un solo rasguño en donde habían convergido sus golpes.

-Por muchos años no he usado La Gran Precaución –suspiró Gyoma, poniéndose de pie con esfuerzo– pero no me han dejado otra opción; de cualquier manera, me hubiesen aniquilado si me llegan a alcanzar.

-¿Qué es eso de lo que habla? –preguntó Neji a Kakashi, que parecía tan confundido como él.

-Esta es una técnica de defensa que –hasta el momento– sólo sé que puede ser invocada por quienes poseen el Rin'negan –le respondió el maestro, sin hacer desaparecer el susodicho escudo– esto es el territorio que no debe ser profanado por nadie; es mi alma, mi voluntad. Es La Gran Precaución, un escudo impenetrable para cualquier ninjutsu que lo intente.

Todos suspiraron en un gesto de sorpresa. Y, la peor parte, es que parecía ser cierto. Ninguno había sido capaz de penetrar semejante defensa. Sin embargo, Sasuke se adelantó un paso, con los dientes apretados y mirándolo con el reto brillando en esos ojos.

-¡Venceré tu "Gran Precaución" y nos entregarás a Naruto! –rugió Sasuke

-Inténtalo, y te creeré. –respondió Gyoma.

El Uchiha se adelantó otro paso, pero fue detenido por Kakashi

-Tranquilízate. Ni el chidori fue capaz de atravesarlo, por lo que…

-No tengo que atacar al escudo. Atacaré a través de él.

-¿Cómo vas a–? –preguntó Kakashi de nuevo, pero fue interrumpido

-Inclusive si tengo que recurrir al Mangekyou Sharingan para vencer a este tipo y recuperar a Naruto…–asintió, mientras concentraba su energía en sus ojos– ¡Lo haré!

Kakashi parpadeó, sorprendido. Neji, por su parte, observaba con sumo interés; nunca había tenido la oportunidad de contemplar el temido Mangekyou, el siguiente nivel del Sharingan. Las astas de la técnica comenzaron a girar, y tomaron la forma de los ojos tan temidos y tan peligrosos.

Sasuke acababa de activar el Mangekyou Sharingan, pero no estaba todo dicho aún. Concentró su vista en un punto en específico, y susurró ante el espanto de Kakashi, que veía como la sangre se concentraba en sus lacrimales y comenzaba a rodar en forma de lágrimas.

-¡Amaterasu!

Gyoma se sobresaltó ante el nombre de la técnica, y poco pudo hacer cuando un muro de llamas negras se concentró justo frente a él, y comenzaron a devorarlo poco a poco. Sasuke se esforzaba por mantener los ojos abiertos a pesar del dolor plomizo y el escozor que le provocaba la sangre.

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-Es hora de comenzar…–suspiró Oboro, mientras cerraba sus ojos y dejaba al muchacho un momento a solas. Afuera, se encontró con Katara y con Aang, que veían como el arreglo del pergamino acababa de ser terminado por Fong.

-¡Ya está listo! –Dijo Fong, sacudiendo sus manos– ¿y ahora?

-Ahora hay que traer aquí a Naruto –respondió la anciana de manera ausente– ¿querrían hacerme el favor?

Los tres asintieron y se adentraron en pro del muchacho, en lo que la anciana se paraba al borde del arreglo y suspiró de nuevo con tristeza. Si de ella dependiera, el muchacho no tendría que pasar por esta situación y podría seguir con su vida…pero ya no había reversa. Si no lo hacía, esos ojos lo matarían ni bien recobrara la conciencia.

-¡Oboro-baasan! –Escuchó la voz de Katara– ¡Naruto está muy frío!

La anciana suspiró. Ya había comenzado, y ya no tenía otra opción. Se acercó tan rápido como le permitieron sus piernas, y pudo comprobar que en efecto el cuerpo del muchacho estaba helado. Se estaba muriendo.

-El tiempo se le termina –dictaminó ella– pronto, pónganlo en el centro del círculo. El ritual tiene que comenzar. Ustedes, muchachos, háganse atrás.

Un Naruto inconsciente se vio en el medio del complicado dibujo. La jaganishi entonces buscó entre sus ropas y encontró un pequeño puñal, con el que abrió una herida en la palma de su mano y dejó que la sangre dejara caer tres pequeñas gotas. Al hacerlo, las figuras comenzaron a brillar en tonos escarlatinos. Juntó sus manos con el puñal en medio y sus labios comenzaron a pronunciar palabras ininteligibles, en lo que el brillo escarlata parpadeaba con más fuerza mientras proseguía con el rezo. Al terminar la primera parte, comprobó que el chakra de Naruto comenzaba a reaccionar y a resonar con el sello. Era una buena señal, dentro de todo.

Pero así como el chakra de Naruto comenzaba a dar señales de vida, un chakra de tonalidad rojiza comenzó a brotar de él también, manando en cantidades que hasta podía detectarse a simple vista. El chakra de Kyūbi también se hacía uno con la magia del círculo y con el propio jinchuuriki; Oboro dudó en continuar, pero no podía dejarlo a medias sin correr el riesgo de que muriera ahí mismo. Se jugaría su vida y la del muchacho…y sólo esperaba que al final valiese la pena tanto esfuerzo.

Ya sin las vendas, los trazos que alguna vez la anciana dibujara sobre la piel desnuda de Naruto aparecieron sobre su piel. El círculo, perceptor de semejante cantidad de energía, comenzó a resonar y a brillar, hasta que una columna brillante del chakra combinado del bijū y el jinchuuriki se elevó hasta el cielo, como si buscase partir en dos el mismo firmamento.

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Neji contempló con asombro como las llamas negras de la técnica de los ojos de Sasuke consumían la figura de Gyoma, que no había proferido palabra alguna mientras aquel terrible fuego lo devoraba.

-Entonces, ese es el poder del Mangekyou Sharingan…–susurró dubitativamente, volviendo a mirar con el Byakugan hacia donde debía estar ahora el achicharrado cuerpo de su oponente. Sólo pudo distinguir las lenguas negras de fuego…y algo brillante. Un punto distante…

-Sasuke, liquidaste a nuestro único punto de referencia –le recriminó suavemente Kakashi, mirándolo– ahora tendremos doble trabajo para encontrar a Naruto.

-Por lo menos, así no va a interferir más –fue la única respuesta del Uchiha.

Mientras ambos discutían, no notaron como el pequeño brillo que Neji viera comenzaba a hacerse más grande en medio del fuego…y no supieron darse cuenta hasta que fue demasiado tarde. La figura de Gyoma emergió, con serias quemaduras en sus brazos y parte de su pecho, pero seguía vivo. Y mucho más vivo de lo que podrían decir el resto de las víctimas de Amaterasu.

-¿Quién demonios es este tipo? –se preguntó Kakashi, sin reparar en que lo había dicho en voz alta. Pudo ver que el usuario del Rin'negan había sobrevivido, pero su respiración era exageradamente pesada. El esfuerzo de la batalla estaba tomando todo de él.

-Así que…el Mangekyou Sharingan también puede invocar una técnica Amaterasu…–susurró, en lo que sus manos deshacían el muro protector que era la Gran Precaución.

-¿También? –Preguntó Sasuke– ¿Acaso usted–?

Él mismo interrumpió la pregunta porque conocía la respuesta. Kakashi también captó el cambio en el aire y juntó sus manos, dejando que su propio Mangekyou se hiciera presente en semejante batalla, pero fue su contrincante quien dio el siguiente movimiento.

-Es hora de terminar con este enfrentamiento –sentenció Gyoma.

Mientras hablaba, el Rin'negan brillaba intensamente de nuevo, como presagiando el advenimiento de algo increíble. Todos vieron como sus manos comenzaron a dibujar sellos a toda velocidad, y se detuvo al momento. Sus manos ascendieron por los costados de su rostro, y exclamó a viva voz:

-¡SEISAMSARA!

Los tres vieron directamente a sus ojos y ese fue un error fatídico. De inmediato los tres quedaron congelados, como paralizados, sin que su cuerpo obedeciese las órdenes de su cerebro. Gyoma jadeaba, pero no les quitaba los ojos de encima; y su proclama fue lo que los heló a los tres.

-Les arrebataré sus cinco sentidos…–susurró, mientras dibujaba un sello adicional con sus manos– y comenzaré con sus ojos…

-¡Como si fuera a permitirlo! –interrumpió entonces una voz femenina, que golpeó el suelo con ferocidad. Ante la fuerza de su toque, sintió como se removía la tierra y hacía una grieta entre los tres ninjas caídos y su propia persona.

Se volvió para encontrar a Hinata y a Sakura. Esta última retiraba su puño del suelo y lo miraba con amenaza.

-¡Sakura! –Trató de hablar Sasuke, con esfuerzo y al mismo tiempo trataba de incorporarse– ¡ten…cuidado!

Las dos muchachas asintieron y se pusieron en guardia.

-Recuerda el plan, Hinata –le susurró Sakura, mientras la Hyūga asentía– sólo tendremos una oportunidad.

-Entendido –susurró la aludida, con el Byakugan activado.

Sakura puso toda su fuerza en sus piernas y comenzó a atacar a Gyoma, lanzando golpes cargados con su chakra. Un solo golpe y sería capaz de destrozarlo, por lo que el monje hacía esfuerzos sobrehumanos por evitarlos, contorsionándose y evadiendo, movimientos que eran predichos nuevamente por su Rin'negan. Sin embargo…

-¡Ahora Hinata!

Gyoma parpadeó y vio la estancia que tomaba la chica. En efecto, concentrado como estaba en evadir la potencia de los golpes de Sakura, no reparó en que había caído de pleno en el campo de adivinación de Hinata. Eso, equivalía a otro grosero error.

-¡Hakke Rokujuuyonshou!

Demasiado aturdido por la sucesión de eventos que había tomado lugar, sólo pudo atinar a sentir cómo Hinata le propinaba los golpes, que iban ascendiendo en base binaria. Justo cuando recibió el trigésimo segundo golpe, supo reaccionar y activó su técnica defensiva, Gran Precaución, que hizo chocar los dedos de Hinata y la hizo retroceder a su vez.

Ahora Gyoma sentía que la mitad de su cuerpo no reaccionaba. Su brazo izquierdo, damnificado anteriormente por Amaterasu, ahora estaba inservible por cuenta del ataque de la chica Hyūga.

-Ríndase, y entréguenos a Naruto –exigió Sakura– no está en posición de seguir esta batalla.

-Al contrario –respondió Gyoma, en lo que parecía un acto de soberana terquedad– todavía estoy más que preparado para combatir…

Hinata corrió mientras tanto junto a los tres ninjas, que hasta ahora comenzaban a recobrar su movilidad. Sakura custodiaba los movimientos del ninja…y se sorprendió cuando su mano derecha comenzó a dibujar sellos. No era como si pudiese invocar una técnica de esa manera… ¿o sí?

-¡Como dije, es hora de terminar con esta pelea! –exclamó Gyoma, poniéndose en pie y dejando correr libre su chakra. Hinata y Kakashi vieron con asombro cómo la energía del maestro corría con tal ímpetu por todo su cuerpo. Sin embargo, la técnica que llamó dejó a más de uno viendo un chispero, especialmente a Sasuke

-¡Amaterasu Ookami!

Fijó su vista en los cinco ninjas de Konoha, y un muro de fuego hecho de llamas tan doradas como el sol de mediodía los rodeó. Gyoma entonces volvió a dibujar los sellos y el cerco comenzó a estrecharse lentamente, como si al final fuese a estrujarlos como si fuesen simples insectos en una mortal trampa. Todos ellos vieron en derredor como las lenguas áureas los cercaban, augurándoles un poco grato final.

-¡Tenemos que salir! –fue la consigna de Kakashi

-¡Hakke Hasangeki! –gritó entonces el mayor de los Hyūga presentes ahí, que golpeó con todo el chakra del que podía disponer en ese momento. Pero el fuego no cedió un ápice.

No había manera de evadir tan letal técnica, como la propia del Mangekyou Sharingan. Entonces una voz llenó el aire nuevamente, y todos vieron con asombro como la mano derecha del maestro reposaba al lado de su rostro, murmurando un exánime "Seisamsara".

Todos cayeron inconscientes al momento, y Gyoma suspiró, cerrando los ojos. Las llamas instantáneamente se desvanecieron y él cayó postrado, absolutamente agotado y adolorido por sus heridas.

-Entonces, esta es su determinación para recuperar a Naruto-san…–negó él, con una extraña media sonrisa– supongo que, después de todo, él tiene suerte de tener amigos como ustedes.

Fue cuando la columna de energía proveniente del templo se alzó hasta el cielo nocturno, opacando momentáneamente las estrellas. El ritual estaba en su cenit.

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Oboro tembló un poco, pero se obligó a no retroceder. Nunca habría sospechado que este muchacho tendría tamaño caudal de energía reposando en su interior. Con suerte, la energía de sus sellos sería suficiente para contener al demonio…

Y para eso necesitaba algo de suerte. Y la ayuda de su jinchuuriki. Si Kyūbi no Youko escapaba, habría dejado libre en el mundo a una de las criaturas más temidas. Pero con el balance de poder en ese momento, su casi apagado jagan no serviría para limitar y/o domar al demonio que, sabía, se debatía por escapar. En efecto, en el interior de Naruto, el zorro percibía que el sello de Yondaime comenzaba a presentar signos de debilidad, y saboreando algo de su robada libertad, atacaba con garras y colmillos los barrotes, a sabiendas de que bien podría funcionar. Por una vez, al menos.

-No vas a atraparme aquí para siempre, bruja infame –bramó el demonio, siempre desde su celda, que se sacudía con violencia– ¡no me retendrás en este cuerpo! Y aún más, ¡NO SOPORTARÉ MÁS A ESTE CRÍO POR LO QUE ME QUEDA DE VIDA!

-Tu sino es permanecer en este cuerpo, bijū –respondió la anciana, como si estuviese hablando para nadie– ya que ni siquiera tú serás capaz de vencer la marca de la muerte.

Kyūbi rugió, cuando el sello de pronto dejó de remecerse ante sus violentos ataques. El sello fue rodeado y con un destello, el pergamino se transformó en un candado octogonal, de cuyos lados salían vigas sólidas hacia cada rincón de la jaula.

-¡Maldita bruja! –vociferó el zorro, aunque de manera inútil. El sello fue reforzado a tal grado que ni siquiera parecía reaccionar a su vil energía.

Entre tanto, Oboro seguía sosteniendo sus manos, pero comenzaba a sentirse muy fría. Su energía comenzaba a desvanecerse en verdad, tratando de contener al zorro y tratando de completar el ritual para Naruto; sus ojos, comenzando a opacarse a una velocidad poco convencional. Sin embargo, pudo ver con claridad que frente a ella y sobre el cuerpo del ninja la figura de la muerte le observaba con sus ojos, idénticos a los del jagan.

Ella lo comprendió. Se moría allí mismo…y comenzaba a debilitarse. Ni siquiera podía sostenerse en pie, cuando sus ojos repararon en que los párpados de Naruto comenzaban a abrirse; sus ojos azules escudriñaban al cielo de forma vacía, hasta que pareció despertar, parpadeando repetidamente: fue entonces cuando el flujo de luz se detuvo y el círculo mágico se apagó…mientras la anciana caía sin vida justo frente al arreglo.

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-Entonces, ¿estamos bien? –escuchó que una voz femenina preguntaba.

-Sí, sí, están bien. De cualquier manera, no creo haberles hecho nada, más allá de aturdirlos con el Seisamsara.

Hubo un suspiro generalizado.

-¿Para qué fue todo eso entonces? –preguntó otra voz

-Después de todo lo que contó Naruto-san, como mínimo tenía que asegurarme de sus intenciones –fue la respuesta que se oyó.

Hinata abrió los ojos y se encontró en una habitación desconocida. Se revolvió con delicadeza en su futón y se incorporó. Luego de un instante de descolocación, los recuerdos volaron rápidamente por su mente: el combate contra Muroga, las llamas doradas, la inconsciencia…

Se levantó con delicadeza y se acercó al dintel de aquella entrada, decorada sobre la roca viva. Al asomar la cabeza, se encontró con que Kakashi, Sakura, Neji y Sasuke comían algo con quien fuera su contrincante la última vez que tuvo dominio de sí misma. Algo estaba fuera de lugar, o estaba viviendo el más histriónico de sus sueños más recientes.

-¡Ah, al fin ha despertado, Hinata-sama! –saludó Gyoma amablemente. Era el mismo Gyoma que había tratado de quemarlos vivos la última vez que tuvo conciencia de sí misma.

-Esto, yo no entiendo…

-Para hacerlo corto, estamos en el templo de Manjidani no sato –le habló Kakashi, bebiendo de su humeante taza– y dentro de poco iremos a ver a Naruto. Te has levantado en el momento propicio para que comas algo.

-Ya comenzabas a preocuparme –suspiró Sakura, ofreciéndole un lugar que ella tomó con suavidad

-¿Por qué? –Preguntó la heredera al clan de los Hyūga– ¿cuánto tiempo estuve inconsciente?

-Sólo un par de horas más que nosotros. Pero esa técnica…–miró Kakashi de reojo a Gyoma, que sonrió solamente.

-Es cierto. El Seisamsara es una técnica supremamente peligrosa, por lo que tuve que contenerme para no provocar un daño irreversible. De todas maneras…–rió un poco, mirando la mitad de su cuerpo vendado– no tenía mucha energía para hacer otra cosa de todos modos.

-¿No han visto a Naruto-kun? –preguntó la chica, comiendo un poco de pan

-Dicen que ha estado entrenando –respondió Sasuke– no nos han dejado entrar en donde está.

Ella los miró a todos de forma interrogante. Muroga los miró y negó un poco.

-Bien, no veo por qué callar más, ahora que la señorita se ha unido a ustedes. Les contaré por qué he pedido que no vean a Naruto-san hasta ahora.

La comitiva de Konoha asintió y lo miraron con seriedad.

-Hace unas semanas, Manjidani fue atacada por un grupo de ninjas de Kumogakure que me estaban buscando a mí. El ataque fue repelido, pero…cinco jounin me confundieron con Naruto en las montañas y fue atacado de forma brutal.

Las mujeres contuvieron la respiración al escuchar semejante aseveración.

-Sin embargo…Naruto no murió. Por el contrario, acabó con sus agresores de la manera más impensada posible.

-¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Neji

-¿Usó el Rasenshuriken de nuevo? –preguntó Sakura a su vez, mientras pensaba en un posible castigo para su paciente por haber desobedecido una orden directa de su maestra.

-No usó una técnica tal. Hizo que los ninjas se matasen entre sí.

-¿Cómo lo –? –preguntó Kakashi, pero fue interrumpido.

-Naruto ha ganado una nueva técnica, no sé cómo ni los motivos por los que la tiene. Su nombre es Jagan, y todo lo que se me ha dicho es que "son unos ojos terribles", pero de acuerdo a los pergaminos que me han entregado, son los mismos ojos de la muerte.

-¿Cómo es posible que haya terminado con algo así? –preguntó Sasuke, interviniendo por fin.

-Lo que entiendo de toda la historia tras el jagan, es que hubo alguien que hizo un trato con Shinigami para vencer el Sharingan de tu familia. Sin embargo, el contrato fue incumplido y la muerte, entonces, dejó de alguna manera dispuesto que sus ojos fueran los de aquellos que han tenido contacto con ella. Y ya que es el sello de la muerte lo que mantiene al bijū a raya dentro de Naruto…

-¿Cómo que "dispuesto de alguna manera"? –terció Neji en la conversación

-No lo sé –respondió Gyoma con simpleza– quizá sea como el Rin'negan. Aparece de cuando en cuando, y no tiene en cuenta líneas de sangre o clanes en lo absoluto. Tal vez haya sido una mera cuestión de suerte.

Un pesado silencio se hizo entonces, hasta que una sacudida atrajo su atención. El entrenamiento parecía que comenzaba a pasar ciertos límites.

-¡Gyoma-sama! –apareció entonces Katara por el dintel, jadeando– ¡tiene que venir ahora mismo!

El maestro no se hizo repetir y salió en pos de la maestra, seguido por todos los demás hacia la pequeña arena donde entrenaba Naruto con Zuko. El maestro fuego miraba al ninja, que estaba postrado en el suelo.

-Ya basta, Zuko –le recriminó Aang– recuerda que aún está muy débil

-Recuerda que necesita entrenamiento –respondió él, sin sacarle los ojos de encima a Naruto, que permanecía hincado en una rodilla. Cerró su puño con vehemencia y una pequeña llamarada surgió de sus nudillos– ¡de pie!

El ninja reaccionó penosamente, poniéndose de pie lentamente. Su rostro se levantó, sólo para mostrarle a Zuko que el jagan comenzaba a manifestarse en sus ojos, que brillaban intensamente en colores dorados. El maestro del fuego control sonrió, porque eso era lo que quería.

-¡Vamos, muéstrame lo que tienes!

-¡Naruto! –gritó Sakura. Al momento el ninja rubio despertó de su trance y se volvió, confundido, para encontrar que la kunoichi de cabello rosa lo tacleaba y lo arrojaba al suelo

-¿Sakura-chan? –miró por sobre el cuerpo para ver como el resto se acercaban– ¿ustedes?

-Al fin te encontramos, dobe –sonrió Sasuke– has creado muchos problemas con tu pequeño escape.

Naruto parpadeó y le miró interrogante, muy a su manera.

-¡Pero si me fui sin que nadie lo notara!

-¡Precisamente! –le golpeó Sakura en la cabeza, en aquel acto tan suyo– ¡todos han estado muy preocupados por ti!

-¿E-es en serio? –Le miró el ninja interrogante, mientras todos asentían– pero después de lo de…

-Eso ya no importa –intervino Kakashi con una sonrisa– todos te están esperando en casa, Naruto.

Volvió la vista para encontrarse con Neji, y con Hinata.

-Hasta ustedes vinieron –sonrió el rubio– ¿no tendrán problemas por eso?

-No, mientras estemos en una misión oficial. Venimos para llevarte de regreso, Naruto –le comunicó Neji, mientras Hinata miraba hacia el suelo avergonzada.

Hubo un momento de silencio, y luego Naruto volvió a hablar.

-No puedo irme aún.

-¡¿Cómo que no?! –Le gritó Sakura– ¡Konoha entera está esperando por tu regreso!

-Lo sé, lo sé. No es porque no vaya a regresar…–dijo él, meditabundo, algo tan extraño en él– sino porque debo aquí terminar lo que empecé. Y además…

No terminó la frase y miró a Hinata.

-¿Qué? –inquirió Sasuke.

-Tengo una cuenta pendiente con Hiashi.

Ahí estaba el meollo del asunto. Hinata sabía que su padre pintaba mucho en este problema, pero el que Naruto se lo tomase tan en serio –como siempre– era llamativo. Después de todo, "Hiashi-baka" parecía sólo tener lugar en las bromas pesadas que algunas veces hacía.

-Tsunade-sama nos ordenó llevarte de regreso –le dijo Kakashi– ¿lo entiendes?. Si no vuelves, podrías ser considerado como un ninja renegado, por desobedecer una orden de tu Hokage. Enviarían a los ANBU a cazarte.

Hubo un suspiro, pero Naruto no cambió su postura.

-No lo había pensado así…pero ya es tarde para arrepentimientos. Estoy metido hasta el fondo en esto, y no puedo hacer otra cosa sino avanzar.

-Sí, sí, es tu camino del ninja. Pero Kakashi-sensei tiene razón, Naruto –trató en vano Sakura de razonar con él.

-Podrías enviarle una nota a Godaime para que te permita permanecer aquí un tiempo más –le habló Sasuke– sólo para que la próxima vez no nos envíen a liquidarte.

Hubo un gesto de asentimiento general.

-Muy bien, Naruto. Llevaremos la nota en tu nombre, pero tienes que cumplir tu palabra. De no hacerlo, te convertirás automáticamente en un ninja fugitivo –le habló Kakashi– ¿está claro eso?

Naruto calló un momento, lo que hizo al ninja copia dudar. ¿Acaso él había siquiera considerado la posibilidad de no volver a la aldea?

-Lo entiendo –fue todo lo que dijo Naruto.

Kakashi comenzó a sopesar seriamente la posibilidad de que el jinchuuriki no volviese a la aldea. ¿Qué haría entonces, cuando ese consejo bueno para nada de la aldea lo enviase a liquidar al hijo de su maestro?.El silencio que se hizo entre ellos fue memorable, porque ninguno atinaba a dar con la solución. Y Naruto parecía supremamente firme en su postura, o lo que era lo mismo, no iba a regresar.

No aún, de todas maneras.

-Yo me quedaré aquí –habló entonces Hinata, sacando a todos de su ensoñación con un parpadeo incrédulo. Neji, al escucharla, casi se traga la dentadura. Bien podía imaginarse el discurso de Hiashi, inclusive amenazando con invadir la aldea que pudo "haber secuestrado a la heredera del clan".

-Hinata-sama, usted sabe que su padre…–comenzó Neji

-Lo sé, Neji-niisan, pero en algún momento deberé tomar mis propias decisiones. Me quedaré aquí, y me aseguraré de que Naruto-kun vuelva conmigo a Konoha.

La duda quedaba en el aire, por supuesto. Para nadie era un secreto que Hinata era capaz de matarse por Naruto, no sólo por lo que había logrado en lo que respectaba a su temperamento y autoestima, sino porque se moría por él. Lo adoraba, y en últimas podría incluso quedarse con él. Las consecuencias de una cosa así estaban lejos de ser consideradas en un lugar como ese.

-Hinata…–comenzó entonces Sakura, pero obtuvo el mismo resultado. Ella había resuelto quedarse ahí, queriéndolo ellos o no. Y alguien tenía que volver a la aldea a dar la noticia a Tsunade. Hasta Naruto parecía sorprendido, pero Gyoma entonces intervino.

-Somos lo que decidimos ser, Naruto-san. Si ella quiere permanecer aquí, podrá hacerlo. Aunque, debe ser como Aang-sama lo dijo…

El monje, que estaba recostado contra un muro cerca de ellos, se encargó de ponerlo en lenguaje menos moderado.

-Es un padre histérico. Si su padre lo viera, estoy seguro que le diría un par de cosas.

El par de muchachos Hyūga lo miraron interrogante.

-¿Usted conoció a Souhei-sama?

-Pues claro –asintió el Avatar, como si fuese una cosa muy normal en él– fue un buen amigo mío. También conocí a Hiashi cuando era un niño pequeño, al igual que a su hermano, Hizashi. Quién iba a pensar que iba a convertirse en algo así.

-¿Pero cómo…? –preguntó Hinata, emocionada y confundida a la vez

-Fue Souhei quien me habló de Hiruko y su extraordinaria habilidad por primera vez. Lo entrené en el dominio del ying negativo y en su postura, que es muy similar a mi estilo de combate.

-¿Estilo de combate? –preguntó Sasuke, mirando con interés al hombre

-Para no andar con tecnicismos baratos lo pondré así; nosotros, los maestros de los elementos, poseemos un estilo de combate…en lo que comúnmente se conoce como el Taijutsu –asintió él– la postura para el estilo Jyuuken de los Hyūga es muy parecida a la mía. La única diferencia es que mi forma de combatir proviene del Tekken. No tiene gran misterio, si lo piensan bien. Yo, al ser el Avatar, domino los cuatro estilos: Tsuchi Tekken, Mizu Tekken, Ho Tekken y Kaze Tekken.

La cara de no entender mucho de los cuatro muchachos decía bastante de la capacidad de Aang para explicar. Kakashi parecía entender algo, pero de todas maneras prefirió desviar el asunto hacia lo que contaba en ese momento: El regreso de Naruto, y el de Hinata.

-Si llegan a desaparecer, serán Nukenin y ya saben ustedes lo que acarrea un título así.

-Kakashi-sensei, es la tercera vez que lo dice. Tranquilo, que no pasará nada. Hinata estará bien –le respondió el jinchuuriki

-Por ahí también va el tema, Naruto –le dijo su maestro, pero la oración murió ahí. Obviamente, el rubio no agarró la indirecta.

Gyoma se unió a la pequeña conferencia que había armado Sakura para convencer a Naruto de regresar a la aldea. Bajo ninguna circunstancia podían permitir que él se quedase, o de otro modo no sólo habrían fracasado en la misión sino que estarían confrontando la posibilidad de que se volviera un renegado, con sección propia en el libro bingo y todo. En los bajos círculos se escuchaban rumores inquietantes sobre los jinchuuriki, gracias en su gran parte a los andares de Akatsuki. Naruto permanecía apartado, como meditabundo, cuando su ojo derecho comenzó a dolerle. Primero un poco, luego comenzaron a manar lágrimas de él.

-¿Pero qué–? –fue todo lo que dijo el muchacho, tomándose el rostro con una mano. Las lágrimas seguían manando y el dolorcito comenzaba a progresar hacia su cabeza.

-¿Naruto-kun? –Escuchó que Hinata se acercaba a él– ¿pasa algo?

-No, no pasa nada…

La chica contuvo un gesto de impresión cuando al retirar la mano Naruto, vio que finos hilos rojos descendían desde su ojo, que estaba decorado con una línea negra justo hasta la altura de sus labios.

-¡Naruto-kun, estás sangrando! –exclamó ella; eso llamó la atención de todos. Sakura se acercó a él y lo revisó, asegurándose del hecho de que, en efecto, lágrimas de sangre rodaban de su ojo, por no mencionar la extrañísima marca.

-Será mejor que te revise –dijo Sakura, tomándolo por un brazo y levantándolo sin lastimarlo– esto no pinta bien.

Él no dijo nada y se dejó hacer, mientras salían por donde habían entrado.

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-Muy bien, ahí está –completó la kunoichi médica, vendando el ojo derecho que había dejado de sangrar misteriosamente– ¿mejor?

Un gesto de asentimiento. Ya rayaba la media tarde en Manjidani.

-Gracias, Sakura-chan.

-Espero que me lo agradezcas cuando estemos de vuelta en la aldea –sonrió ella, levantándose– iré a hablar con Kakashi-sensei. Seguramente saldremos antes de que se ponga el sol.

Sakura se retiró de la estancia, dejándolo solo con Sasuke.

-¿Vas a volver, Naruto? –preguntó con simpleza y sin ambages.

-Siendo muy sincero, he considerado el no hacerlo –sonrió un poco– vivir en alguna parte del bosque sin tener que andar preocupándome por Kyūbi-baka y todo lo demás.

El chico Uchiha guardó silencio y miró hacia la nada.

-Tampoco he dicho que vaya a hacerlo, teme. Me costó bastante hacer que volvieras como para irme así no más.

-Te patearía si acaso llegas a hacerlo, dobe –le miró con esa sonrisa tan típica de él. Por esa misma razón, estaré esperando a que vuelvas.

Naruto sonrió. Sasuke entendió su respuesta velada, y asintió. Entretanto, Neji hacía lo último que podía para convencer a su prima de que revirtiera su decisión. Pero la influencia de Naruto había sido total, y ahora ella se negaba bajo cualquier circunstancia a retroceder, incluso con el detalle que representaba su padre.

-¿Entonces está segura, Hinata-sama?

-Sí, Neji-niisan. Gracias por preocuparte.

-Pero Hiashi-sama…

-Yo después lidiaré con eso, no te preocupes.

Evidentemente, era más fácil decirlo que hacerlo para el jounin.

Las preparaciones para el sorprendentemente veloz retorno estuvieron listas prontamente. El sol ya comenzaba a orientarse hacia el occidente, por lo que Gyoma los despidió a la entrada del templo.

-No tengan cuidado. Serán tenidos a buen recaudo aquí –se despidió el usuario del Rin'negan. De nuevo, aquella frescura era algo que sorprendía a Hinata, que no podía creer que de casi haberlos achicharrado ahora los despedía con parabienes.

Hubo un asentimiento general. Pero Sasuke se guardó una última palabra para el final.

-Si a Naruto le sucede algo, Muroga, lo lamentarás.

Hubo un suspiro de parte del aludido. Supuso que nada podía hacerse al respecto.

-Sí, Uchiha-san. Lo sé. Yo mismo llevaré a estos muchachos a Konoha para asegurarme que lleguen sin mal.

Los cuatro ninjas parecieron conformes con lo dicho y se marcharon en veloces saltos, quedando sólo los tres. Hinata, Naruto y Gyoma.

-Mientras ese ojo no se reponga del todo, será mejor que repose, Naruto-san. Hinata-sama, yo le indicaré sus habitaciones.

El monje se retiró a paso lento, dejándolos solos a los dos. Ella se limitó a observarlo, estando tan tranquilo como estaba observando como el sol comenzaba a chocar con las montañas; prefiriendo dejar las cosas así. Al verse completamente solo, Naruto palpó con delicadeza la venda sobre su ojo diestro.

-Yo…no entiendo las cosas que estoy viendo –dijo para nadie. Sólo la brisa fungió como una respuesta tácita a sus dudas. Calló entonces y se dirigió a la enormidad del templo; de repente, tenía bastantes ganas de sentarse por ahí a pensar.

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Pronto, la tarde comenzó a ceder paso a la noche joven. Las nubes comenzaron a oscurecerse, volviéndose tinieblas vagamente iluminadas por la mortecina luz del cuarto menguante lunar. Las noches, en aquel lugar, misteriosamente tenían el poder de ser amedrentadoras. Para aquella hora, el pueblo era más un caserío fantasma que una aldea habitada normalmente.

Naruto había permanecido sentado en aquella roca por una hora. Sin siquiera pensar en comer. Una hora de pensar en mil cosas y al mismo tiempo no pensar en nada. Era sólo estar ahí, viendo el tiempo pasar. Frente a él, el estanque que parecía estar hecho de oscuridad líquida estaba tranquilo e imperturbable. Fungía de espejo al firmamento tachonado de estrellas.

De un momento a otro, sintió la tentación de ver su reflejo en el agua. Se arrastró un poco hasta alcanzar la orilla y asomó el rostro, para encontrarse un reflejo fusiforme; la luz argéntea del astro menguante no era suficiente para darle un reflejo en propiedad. Con un suspiro de resignación volvió el rostro hacia ninguna parte por un momento, y luego volvió a ver al agua. Su reflejo seguía ahí…excepto por sus ojos: podía distinguir sus irises, dorados y sus córneas del tono de la sangre. Aquellos ojos lo miraban fijamente. Se estaba mirando a sí mismo…y eso comenzaba a asustarlo. Él nunca había tenido una mirada tan fija y tan helada, como si se diseccionara despacio. Como si supiese lo que estaba pensando.

Como si cada vez que cerrase sus ojos a la realidad, esos ojos se abriesen en su lugar. Y con ellos, todo lo que acarreaban. Su mano ascendió hasta toparse con la venda de su ojo derecho mientras se preguntaba si era esto lo que Gyoma le había dicho acerca del Jagan.

-¿Naruto-kun? –escuchó una voz tímida que hablaba desde la oscuridad. Aquello lo abstrajo de golpe de todo lo que estaba pensando y casi acaba de cabeza en aquel estanque. Hinata salió de la masa fusiforme y oscura que conformaba la noche y se acercó a él.

-Hinata…–sonrió él, con algo de relajación luego de casi sufrir un ataque al corazón– casi me matas del susto.

Ella inclinó un poco la cabeza y se disculpó tácitamente. Él no dijo nada, y se sentó esta vez contra la roca.

-¿Te interrumpo? –preguntó entonces la heredera Hyūga, acercándose con temeridad.

-Oh, no, no pasa nada –sonrió el jinchuuriki, mirándole por sobre el hombro y luego volviendo su vista al agua.

Ambos entonces guardaron un silencio pesado y un poco tenso. El ambiente comenzaba a cargarse de palabras sin decir, pero ninguno parecía dispuesto a dar el primer paso para abrir un tema de conversación. Cualquiera que fuere.

-Lo lamento mucho –habló ella entonces.

-¿Por qué? –respondió Naruto, confundido.

-Por aquel incidente con Ino y todo lo demás…–dijo Hinata, sintiendo que su corazón al mismo tiempo se aligeraba y se cargaba de emociones fortísimas– yo no quise…

El muchacho negó un poco y le tocó suavemente la mano para que se detuviese.

-No tengas cuidado, Hinata. Supongo que en algún momento iba a suceder…sólo que no me esperé que la cosa saliera así.

Ella negó furiosamente en su interior. ¡ Por supuesto que nadie esperaba que la cosa saliera así !, mucho menos ella, que de entre todos tenía la figura de Naruto elevada en un pedestal del que difícilmente bajaría.

-No, no puedo dejar de tener cuidado…no puedo saberlo a ciencia cierta, pero seguramente te lastimé al reaccionar como lo hice –dijo ella, arrodillándose frente a él y comenzando a subir el tono de su discurso, guardadas las proporciones– tú has hecho mucho por mi y por todos nosotros, y lo único que atinamos a hacer en retorno es el de estigmatizarte como lo hicieron todos los adultos. Como si tú fueses…

-Escúchame, Hinata –le interrumpió Naruto, apretando su mano sin fuerza y atrayendo su atención– no tienes por qué disculparte. Ya todo eso pasó.

Pero algo en su tono de voz parecía decir que estaba todavía muy lastimado por lo que pasó. Ella lo sabía, algo se lo gritaba a viva voz dentro de ella. Sólo se lo decía para que dejase de preocuparse y de fustigarse por aquello que ya no se podía remediar. Sus ojos se posaron en el rostro, fantasmalmente dibujado por la mano de la luz de luna y pudo percibir en sus ojos la sombra de una tristeza velada, contenida por años y ahora exacerbada por los acontecimientos recientes. Eso trajo a su mente aquella ocasión en que lo encontró justo antes de su confrontación con su primo en el examen chūnin. Todavía sus palabras resonaban en su mente claramente: "me gustan las personas como tú".

Antes de que pudiese recapacitar en lo que estaba haciendo, su mano libre ascendió hasta su rostro y lo acarició con tal suavidad que casi costaba creer que en realidad lo estaba haciendo. Aquel gesto puso nervioso sobremanera a Naruto, que de entre todas las cosas nunca se imaginó que ella haría algo así. En respuesta, su mano también trazó el mismo camino y llegó a tocar la de ella que aún reposaba en su mejilla. Eso fue como el despertar para Hinata, que se sonrojó violentamente y su pulso se disparó.

Pero no quitó la mano. Naruto tenía su único ojo visible cerrado, como concentrado en aquel tacto tan dulce y delicado. Como si no fuera real. Y su corazón, dentro de todo, seguía disparado en su latir. Alzó el rostro para encontrarse con los ojos de la muchacha fijos en él, como si lo estudiase a él y a la situación y no diese crédito de lo que estaba pasando. Su piel pálida hizo juego con la poca luz que había, y sintió un extraño revolcón en el pecho. Quería tocarla, aún cuando fuera sólo un poco más. Por muchísimo tiempo, añoró un contacto tan dulce como ese, y ahora que lo probaba, sólo quería hacerlo durar un poco más.

-Naruto-kun, yo…–tartamudeó Hinata, temerosa de decir cualquier cosa y de que el Naruto frente a ella se desvaneciese, pero no hubo tiempo para decir nada más. En un momento de arrojo, su interlocutor redujo al mínimo la distancia entre los dos en lo que parecía un instante a cámara lenta, hasta que los labios de ambos sintieron un roce. Mínimo. No mayor del que habría cuando caminan por el bosque y una rama los toca en un brazo.

Pero aquel simple contacto los electrizó a los dos. Quizá por una cuestión de curiosidad, de hormonas alborotadas, porque el ambiente de alguna manera estaba cargado de una sensualidad poco llamativa…pero aquel simple roce de sus labios se había convertido en un beso torpe y sincero, con toda la inexperiencia presente entre ambos. Ella no daba crédito a lo que sucedía, pero dejaba que pasara. Y Naruto…tampoco daba crédito a lo que estaba pasando, pero, fiel a su costumbre, se debía a sus temperamentales arrojos. Ya luego se tomaría la molestia de afrontar las consecuencias.

Luego de un instante en que el tiempo se detuvo en tan agradable sensación, ambos se apartaron apenas lo suficiente para mirar al otro con claridad y respirar profundamente. El sonrojo de Hinata sólo encontraba parangón en el cielo escarlata del amanecer. Y la intensidad de la mirada de Naruto era poética.

Pero el cobarde silencio también se hizo un lugar entre ellos. Sus miradas parecían decirlo todo, pero el silencio se encargaba de no dejarlos decir nada en lo absoluto. Y al final, el muchacho optó por pensar que ella se lo había tomado de la peor manera; amagó entonces con apartarse y retirarse, cuando la mano de ella, que había yacido con tanta comodidad en su rostro, lo contuvo. Era la petición tácita de que se quedase ahí, justo donde estaba; Hinata sentía que si él se marchaba ahora, inclusive aquel beso quedaría como un sueño y ella se desmoronaría allí mismo. Habría sido como nadar para cruzar el océano y morir al llegar a la orilla. Él la miró de nuevo y retomó su lugar frente a ella.

Pero esta vez no hubo más ambages. De pronto Naruto quiso besarla de nuevo, en parte impulsado por la significativa mirada de Hinata y porque él mismo quería experimentar tan monumental sensación de nuevo; ella empleó la mano que en un principio había evitado su escape y lo haló con suavidad. Él se dejó llevar y el roce entre sus labios volvió. Con él, volvieron todas las sensaciones que en un principio lo embargaron…multiplicadas por mil.

Fue cuando sucedió; las manos de Hinata ascendieron desde sus respectivos lugares e hicieron un candado en torno al cuello del muchacho. El roce de los labios ganó en intensidad pero mantuvo su cuota sincera; era como si ambos volviesen a conocerse de nuevo a través del contacto entre sus labios. Al reducirse el espacio visible entre ellos, aquel beso era una verdadera demostración de pasión controlada. Buscando un mejor balance, ella cedió al peso que Naruto ejercía sobre ella, y al mismo tiempo lo llevaba consigo. Al final, su cabello negro se esparcía junto al estanque, sin soltar al muchacho que idolatraba en sus ensoñaciones más profundas y secretas, que sin embargo, no alcanzaron a recrear ni la mitad de lo que allí tenía lugar.

Al final, ambos volvieron a separarse con un sonido húmedo de sus labios. Ella le miró desde su lugar en el suelo, sumisa y al mismo tiempo con un fuego extraño en sus ojos. Él le miraba con una mezcla de emociones difícil de descifrar…así que sólo se dedicaba a respirar el aire que ella dejaba escapar. Los dos permanecieron en tan sugerente posición, tan poco conscientes del hecho que la inocencia conjugada entre la pareja sólo permitía a cada uno de ellos el ver con nuevos ojos al otro. Naruto, que había experimentado por primera vez lo que significaba "un beso" así como comenzaba a experimentar nuevas sensaciones por su compañera, y Hinata, que había hecho lo propio con quién más quería hacerlo.

-Hinata, yo…–de pronto llenó la voz del chico aquel escenario.

-No, no…–suplicó ella con dulzura, abrazándolo suavemente– ahora no. No digas nada.

La muchacha Hyūga no cabía en sí de gozo. Podía ser un sueño, pero le llenaba de una gratísima satisfacción el saber que NO lo estaba soñando; era a Naruto a quién había besado, era él quien había vuelto a sus brazos y a sus labios, y…¿ y era él quien ahora la abrazaba de esa manera ?

Hinata no cabía en sí de la sorpresa. Ella mantenía abrazado a su compañero, pero en algún momento Naruto había deslizado sus brazos por su espalda y la retenía con fuerza contra sí, como queriéndole decir que no se fuera y al mismo tiempo poniéndole muy en claro que no iba a dejarla ir.

Y eso, dentro de todo, le fascinaba. Después de todo, era su Naruto-kun.


Notas estilo R. Van Halen: 38.774 caracteres después.

(Con una bolsa de papel en la cabeza y dos agujeros que son al mismo tiempo ventiladores y periscopios)

Se preguntarán, queridos lectores, qué hago con una bolsa de papel en la cabeza. También se preguntarán qué clase de sustancias psicoactivas o psicotrópicas que orillaron a un capítulo de diecisiete páginas y casi siete mil novecientas palabras (quizá en palabras no resulte tan impactante, así que lo pondré así: 17 páginas y casi 7.900 palabras, para un total de 38.774 caracteres sin estas infames notas). No crean que ustedes, queridos y amados lectores, que se han quejado con justa razón acerca de la falta de melosería-y-romanticismo-casi-sexual entre Hinata y Naruto no han sido escuchados. Pero la historia tenía que ir así. Y no debo dejar de agradecer a los mangakas de historias como Desire Climax y Love Sex2 (casi puedo imaginar sus caras diciendo "este baboso dice que se la pasa estudiando y en realidad se clava frente a la pantalla a leer mangas con dudoso contenido") porque sin ellos, esa última escena habría quedado peor que la trigésimo novena parte de "Retroceder nunca, rendirse jamás". Ustedes me entienden.

Y claro, pueden irse haciendo una idea de lo que va a ir siendo la relación NaruHina de esta historia. No esperen que de unos besitos entre una chica tímida y un ninja bocón acaben en la cama así porque sí. Dirán que soy un muchachito retrógrada y poco acorde a la cultura de hoy, pero si algo tiene ese par es suficiente material para que la relación evolucione y madure (y para que yo no sufra tanto teniendo que escribir la historia) hasta que llegue a donde quiere llegar. Si extrañan mi columna donde fustigo a Kishimoto hasta que me aburro, hoy paso. Este último capítulo me dejó sin nada (de nada) y sólo quiero ir a saludar a la almohadita.

Por la misma razón (pereza, esta vez lo admito) no responderé los reviews personalizadamente. Espero me disculpen (pero me dejen reviews, lo admito, son tan gratificantes verlos en mi correo diciendo "review alert!") y que sepan que, para la próxima, si responderé. Hasta me conseguiré un poco de pentotal (suero de la verdad empleado por la CIA entre otros) para que pregunten sin ninguna clase de problema. Así, que…por lo demás:

Kaoru tsukimine

Rromy

Ka-chan-n

Kassie L.K. (no deja review, pero siempre comenta por la ventanita del eme ese ene)

Por cierto, para Ka-chan-n, debo decir que el manga hasta el momento va en el capítulo 397 (desconcertante episodio, por lo demás). El anime va en el 54 y ya comenzaron los fillers, así que…ya lo saben.

Un saludo enorme!