IX

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Gyoma dejó de lado el pergamino que leía y relajó su vista, brillante en medio de aquella penumbra por cuenta de sus prodigiosos ojos. Ahora se dedicaba a tratar de llevar de la mejor manera el entrenamiento de Naruto, que comenzaba a dar señas de una notable mejoría. Por lo menos en lo concerniente al combate sin el uso de los ojos. El "taijutsu ciego" comenzaba a manifestarse en el muchacho con muchísima claridad, y eso era básico al poseer un dojōtsu. En el mejor de los casos, sería capaz de defenderse sin recurrir a la vista, y esa era una ventaja que un ninja no podía darse el lujo de dejar a un lado.

Pero en lo concerniente al jagan, Muroga cada vez presentaba un ceño cada vez más preocupado. La técnica era inconcebiblemente brutal, al grado de no sólo dejar a un adversario sin sus sentidos, sino atando su alma a donde fuera que el jaganishi deseara, trayendo sus miedos sólo para forjar su caída e inclusive haciendo que se matase a sí mismo. No podía decir que era una técnica absoluta, algo que estaba convencido no existiría jamás; no obstante, el dejo de crueldad que ostentaban ese par de ojos dorados lo perturbaba sobremanera.

Él estaba convencido de que Naruto era un muchacho muy bueno. Muy noble. E ingenuo. Pero no por eso había dejado de comprobar que a pesar de su fortaleza –cosa de la que tampoco dudaba– también había recibido profundas heridas; no como maestro, sino como persona, comenzaba a preguntarse a dónde habían ido a parar el caudal de insultos, malas miradas, odio dirigido a su huésped…

Entonces, una idea cruzó por su mente, inusualmente tranquila. Y con ella, una respuesta terrible. Buscó entre los pergaminos que Oboro le legase para el entrenamiento de Naruto, y repasó la definición del ojo derecho del jagan y luego meditó despacio: ¿Qué pasaría si Naruto no sólo hubiese empleado aquella marejada de mala crianza en sus años tempranos para hacerse "más fuerte"? Es decir, posiblemente se hubiese contenido a sí mismo para no reaccionar, para no ser "débil" y para no ceder a las tentaciones que –estaba seguro– sentía de cuando en cuando por cuenta del Kyūbi…

Gyoma de repente sintió una miríada de sensaciones encontradas al sentirse en el camino correcto.

Si Naruto hubiese creado una enorme represa para sus malos sentimientos, no era bueno del todo, especialmente por su salud como un adolescente que comenzaría a enfrentar cosas no del todo agradables. El problema se agrandaba exponencialmente si le añadía –por cuestión de hecho– el factor jagan a semejante mezcolanza; si su ojo derecho comenzaba a manifestarse, y encontraba semejante caldo de cultivo en su interior, convertiría al jinchuuriki en una bomba de tiempo. Con tamaño detonador, si sus ojos se manifestaban, en la inocencia de un entrenamiento podía matar a alguien y eso no podía permitirlo. Podía desencadenar un millar de cosas que prefería no imaginar.

¿Qué hacer para evitarlo? Su cabeza comenzó a conectar mil posibilidades, tratando de encontrar una solución que no involucrase el matarlo o sacarle los ojos.

Entonces vino a él, como una pedrada lanzada por la divina mano de las deidades. Hinata era la respuesta. Ella era lo único que podía separar a Naruto de una explosión de proporciones magnas y consecuencias todavía más lamentables. En pocas palabras, era ella, o no era nadie.

Suspiró, y no pudo evitar el sentir la semejanza con su propia situación. Cuando se enteró que su ceguera venía ligada al Rin'negan, no sabía cómo reaccionar siquiera. Pero aquella muchacha que supo acompañarlo por tan poco tiempo supo darle a su corazón el suficiente alivio como para no poner en práctica la lúgubre sentencia que pesaban sobre sus ojos: el poder de la creación…o el de la destrucción total.

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-Ya te lo he dicho antes, tú no puedes controlarme…

Una gota de agua cayó en el vacío de aquel misterioso escenario. Lúgubre, silencioso y tenebroso escenario…

-Si tratas de contenerme, te quebrarás…y todo, todo lo que hagas, sólo servirá para encender los caminos de mi furia…

Naruto abrió los ojos ante tan irreal cuadro, y se encontró en Konoha de nuevo. Era una noche de luna menguante. Era el diez de octubre, el cuarto menguante. Él se veía a sí mismo, confrontando a una horda de aldeanos enfurecidos con el onomástico, un recordatorio del ataque del espíritu del zorro a la aldea, que le costó la vida a Yondaime Hokage. Ellos no sabían entender el sacrificio que él hacía, por lo que en vez de ver a un chico indefenso, veían al demonio agitándose todavía en su interior.

No importaron las súplicas. Ni las lágrimas. El odio había cegado toda capacidad de decisión en adultos con criterio formado. La persecución que dio a lugar entonces despertó de nuevo heridas que creía cerradas y cicatrizadas. Pero aquellas sensaciones de miedo nunca lo abandonarían. Aunque…

…Era la primera vez que soñaba algo así.

Mientras recapacitaba en lo que acontecía, el niño que fue alguna vez huía. Corría del dolor, no quería la confrontación con personas que nunca entenderían lo que pasó…

-Resucitando, volviendo de la muerte en cada batalla…¿para qué? ¿Es tu nindō? ¿Para hacer tu propio camino?

¿Por qué se preguntaba eso? ¿Era él quien se hablaba sí mismo? ¿Por qué dudaba de todo en lo que había estado seguro siempre, desde su niñez? ¿Eso era debilidad? Algo le decía que así era, y él conocía bien lo que eso producía; la debilidad conducía a malas decisiones; las malas decisiones conducían a consecuencias irreversibles…

De repente, un grito horrendo trajo su atención hacia la escena de su memoria que se repetía ante él. Por alguna misteriosa razón, no había intervenido; quizá conocedor del resultado de aquella fatídica noche…

Pero aquel grito nunca sucedió. Ni tampoco el paso en retroceso de aquellos que atisbaron a sus ojos, rojo sangre y dorado, fríos e impenetrables. Decididamente mortales.

Naruto asistió aterrado al espectáculo de cómo su yo extendía su brazo, diminuto. En un parpadeo, era el mismo Naruto, con el atuendo naranja, de dieciocho años, frente a la misma turba que de un instante a otro había pasado de un éxtasis asesino a un terror frenético.

-Dudas…porque todo en lo que crees está comenzando a desvanecerse…

Antes de que pudiese articular una sola palabra, su "yo" extendió un brazo hacia uno de los aldeanos, y sin mediar un gesto de remordimiento su mano atravesó su caja torácica con un sonido espantoso. La sangre comenzó a gotear de sus dedos extendidos en lo que las personas allí presentes observaban con un rictus cadavérico todo lo que tenía lugar en ese momento; al retirar la mano, coloreada de un brillante rojo, no había nadie. Sólo Naruto y Naruto. Uno, que miraba con ojos azules espantados, y el otro, con los ojos de la muerte fijos en él.

Con un grito ahogado, despertó bañado en sudor frío. Eran contadas las veces que tenía pesadillas, pero cuando lo hacía…Kami sabía lo que sufría en su interior, aquella macabra sensación de debilidad y miedo que lo rodeaba, lo llenaba y lo hacía temblar…

De pronto, sintió algo líquido correr por su mejilla derecha. Pensando que era alguna lágrima, empleó su antebrazo para limpiar su rostro, pero cuál no sería su sorpresa al encontrarlo manchado de un líquido oscuro; no tenía que ir más lejos para recordar la primera vez que algo así había pasado: su ojo derecho refulgía entre colores dorados y escarlatas.

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Por enésima vez, Hinata se revolvió en su futón. Con un suspiro delicado, puso una de sus manos sobre su rostro y dejó que su mente volviera a los perturbadores sucesos que habían tenido esa noche. Aquel beso. Aquel abrazo. Aquellas cosas que pudo haber dicho después de tanto tiempo y que–bueno, francamente ya no quería devanarse los sesos.

Quería dormir. Pero una y otra vez, se repetía la escena en su cabeza. Despacio. Casi lo disfrutaba, el sentir su corazón apretujado entre su pecho. Aquella maraña de sensaciones la hacía temblar del más genuino gozo…pero también le dejaba en claro su incipiente inseguridad acerca de "qué hacer" en semejante situación.

¿Ahora eran…una pareja?

¿Ahora eran "algo más que amigos, pero todavía no lo suficiente para ser pareja"?

Y lo peor de todo, ¿quién podría responder a sus dudas?

De solo imaginar las posibilidades tuvo un sonrojo masivo. El ser pareja con Naruto había sido una cuestión per se en sus fantasías. El que ahora fuera una posibilidad tan palpable era una cosa irreal. No lo entendía del todo, pero la miríada de sensaciones era indescriptible.

Y eso la hacía feliz. De manera casi inexplicable, pero se sentía caminando entre nubes, pero que no podía permanecer en duermevela cada vez que estuviese con él, porque entonces serían muchas noches sin dormir.

De inmediato se tapó la boca. Lo que estaba infiriendo iba mucho más allá de lo que admitiría…abiertamente. Por lo demás, decidió cerrar los ojos y entregarse a un sueño tranquilo, con una genuina sonrisa en sus facciones.

Pero el sueño no llegaba; no ocurriéndosele otra mejor idea, la curiosidad por saber qué hacía Naruto la llevó a hacer lo más próximo a lo que podía ser una pilatuna. Activó su Byakugan, y se concentró para encontrar la firma del chakra de Naruto, encontrándola no muy lejos de su habitación.

Sin embargo, lo que vio no le inspiró ningún agrado. Estaba sentado en su futón, viendo hacia el cielo de la noche con un rictus ausente. Como si viese cosas que sólo él podía ver, haciéndolo navegar en un mar de malestar y oscuras sensaciones que ella no podía alcanzar; frunció el ceño y pudo ver sus ojos azules, ausentes viendo hacia la bóveda celeste que permanecía impávida ante ellos…cuando, de repente, la habitación pareció hacerse más oscura: el miedo comenzó a reptar desde los rincones más negros de la habitación, la atmósfera se enrareció y el aire se hizo como de muerto, como cuando se visita un cementerio a horas impías.

Tras unos segundos de zozobra, volvió a recostarse, tratando de abrazarse a aquellos dulces recuerdos que, al menos, borraban la macabra sensación de miedo que por instantes la había abrazado.

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Esa misma noche, en la mansión Hyūga, Neji daba cuenta de la situación que se había presentado con Hinata; y como había tenido el tino de predecir, a Hiashi no le hizo ninguna gracia el saber que su hija y heredera estaba en un templo perdido en medio de la nada en compañía de Naruto.

Sin embargo, eso no fue todo lo que el muchacho de la casa secundaria tenía para decir al respecto.

-¿Jagan, dices? –preguntó Hiashi, con un gesto pensativo. No recordaba una técnica por aquel nombre.

-Así es, Hiashi-sama. Al parecer Naruto ha sido capaz de usarlo en unas cuantas ocasiones.

Hubo un instante de silencio. Luego se incorporó, despidió a Neji y buscó algo en la biblioteca, sacando un pergamino que parecía mucho más viejo de lo convencional. En el folklore y las historias de terror que se le contaban a los niños ciertamente había escuchado hablar del tercer ojo, acerca de brujas y espiritistas baratas que decían poseerlo para timar a algunos cuantos con lecturas de la mano, el futuro y ese tipo de patochadas; él nunca fue muy dado al misticismo hermético propio de aquellos creyentes en lo que no se puede ver –o probar–. Por eso nunca le prestó mayor atención a eso…

…Hasta ahora. Si por alguna equivocación el jinchuuriki poseía ojos que, por otra inefable casualidad, eran capaces de hacer la mitad de lo que se decía de ellos, su pequeña refriega acababa de convertirse en una cosa muy gruesa. Si se limitaba a los cuentos de las viejas y los niños, existía la posibilidad de enfrentar una batalla que no podía ganar. Y con todo, comenzó a jugar contra lo desconocido una vez más. Cuando observó el primer combate en los exámenes chūnin entre su sobrino y Naruto, le sorprendió la habilidad que tenía para emplear el chakra del demonio contenido en su interior sin perder el control. Si añadía más armas a su arsenal, la cosa iba a ponerse MUY difícil.

De inmediato dos sujetos se apersonaron en las estancias de Hiashi.

-Quiero que busquen todo lo que haya que saber sobre el Jagan.

Hubo un parpadeo incrédulo entre aquellos presentes. Pero Hiashi no estaba para explicaciones, por lo que los despachó con cajas destempladas; como si no tuviese suficientes problemas, ahora también debía lidiar con esto.

-¿Sucede algo, Hiashi?

El aludido vio como Hiruko ingresaba también a la habitación. A pesar de la edad, parecía que sabía donde estaba la acción.

-¿Es relacionado con Uzumaki Naruto, por casualidad?

-Sí, así es –respondió el jefe del clan, mirando a su tío– ¿de casualidad sabe algo sobre el jagan?

-No mucho más de lo que dicen las historias –rió él– tu abuelo acostumbraba a contarnos historias de terror a tu padre y a mí, así que eso es todo lo que sé. ¿A qué viene la pregunta?

El silencio incómodo que Hiashi guardó le arrancó una risita al anciano.

-Siempre fuiste un descreído, muchacho.

-Parece que el jagan es una técnica. Existe.

-Sí, existe. Es una técnica muy rara de encontrar, sin embargo –respondió Hiruko, como si le repitiese algo que sabía de sobra– ¿no lo sabías?

De nuevo, Hiashi quedaba en un silencio revelador. Su ignorancia en ciertos temas le hacía mucha gracia al viejo Hyūga.

-Durante alguno de mis viajes –meditó un instante Hiruko– pasé por un pueblito donde se decía que había un brujo.

Hiashi hizo un gesto de aburrimiento, pero el viejo igual se sentó frente a él.

-Como no es algo que se vea muy comúnmente, decidí ir a ver por qué tanto alboroto por el susodicho sujeto. Él tendría tu edad en ese tiempo, nada del otro mundo…excepto por unos ojos espantosos. Ojos dorados y brillantes, en medio de una habitación cargada de incensarios. Créeme, muchacho, eso era cualquier cosa menos un impostor.

El gesto del líder Hyūga comenzó a cambiar. El viejo sonrió y continuó su historia.

-Predijo para mí que sería entrenado, y que sería venerado dentro de mi propia familia. Podrás imaginar mi escepticismo, dado que yo estaba destinado a ser marcado con el sello y a ser "uno más" en el bouke. Después, conocí al Avatar en persona y ya sabes el resto de la historia.

-Es una mera coincidencia, Hiruko-san –respondió Hiashi.

Hubo un gesto de negación, pero ninguno de impaciencia.

-Bien pudo haberlo sido…pero ese no es mi punto. Esa persona tenía un hombre que le ayudaba, algo más joven. No creo que haya sido un aprendiz…pero puede seguir vivo –le miró por sobre sus cejas– y despejar tus dudas.

-Son patrañas. Nada de eso parece ser más que un cuento de una noche de brujas, y…

Volvió a ver a su tío, que lo escrutaba crípticamente, y se interrumpió a sí mismo.

-Si es así, ¿por qué te pone tan nervioso que ese chico tenga o no una patraña de noche de brujas? ¿No será que puedes temer que una historia de esas sea cierta?

No hubo respuesta. El anciano se levantó y le dio la espalda.

-Si quieres, puedo llevarte al sitio donde vive aquella persona –se dirigió a la puerta– y recuerda, Hiashi…el mundo es muy grande. Hay cosas mucho peores que guerras shinobi enterradas en sus profundidades.

Y con eso, cerró la puerta tras de sí.

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Esa mañana, Gyoma vio el rostro demacrado de Naruto y no hizo sino acentuar sus preocupaciones. Tras sus ojos cerrados sentía algo poco particular en el muchacho, pero no se atrevía a aseverar nada; tampoco podía dejar que sus preocupaciones lo hicieran ciego a la obviedad de las cosas. Aunque…

-¡Oh, rayos! ¡Zuko-sensei va a matarme!

-Entonces puedes retirarte, Naruto –sonrió apenas, dejándolo partir– hoy al atardecer tendremos una práctica especial, no lo olvides.

El chico asintió y se retiró presurosamente. Se levantó, sacudió su túnica y se dirigía a uno de los patios colindantes con el bosque de la montaña de Manjidani. Últimamente se veía bastante tentado a la meditación, dados los últimos acontecimientos; fueron algo para lo que, evidentemente, no estaba preparado.

-¡Oh! –escuchó la tímida disculpa de una voz femenina a la que no estaba acostumbrado. Casi había atropellado a su nueva huésped.

-Discúlpeme, Hinata-sama –sonrió apenado Gyoma– ando algo distraído.

Ella sonrió y negó un poco.

-Gyoma-sama…–preguntó Hinata.

-¿Pasa algo?

-Esto…sobre Naruto-kun –respondió nerviosamente la chica. Gyoma sonrió y le hizo un ademán para que le acompañara.

-Te preocupa bastante, ¿verdad?

Ella se sonrojó un poco. El maestro sonrió abiertamente.

-Ayer los vi, esos ojos…–matizó Hinata, mirando al hombre junto a ella.

La sonrisa se borró instantáneamente.

-¿Sucedió algo malo?

-No…realmente no –se sinceró la muchacha, caminando junto a aquel hombre– pero…

Hinata le contó su pequeña experiencia y Gyoma no pudo evitar un gesto de preocupación. Si sus sospechas eran ciertas, la bomba de tiempo había comenzado su conteo mucho antes de lo que pudo haber pronosticado, y eso era algo que no estaba nada bien.

-Hinata-sama –le dijo él, mientras la invitaba a sentarse a la sombra de un árbol en aquella soleada mañana– ¿usted ha escuchado del jagan alguna vez?

Ella negó.

-Yo he sido testigo de lo que esos ojos pueden hacer. Sólo verlos hizo enloquecer a cinco jounin y matarse entre ellos –respondió él– hasta que Naruto sea capaz de dominarlo, será mejor que no se repita lo que sucedió anoche.

-Eso haré, Gyoma-san.

Hubo un instante de silencio entre los dos.

-Sin embargo, has de saber otra cosa también –continuó él– si por alguna razón, Naruto perdiera el control… ¿estarías dispuesta a ayudarlo? ¿A salvarlo por sobre cualquier otra razón?

Hinata no dudó y asintió. Y lo hizo de forma tan impulsiva porque una sola vez había faltado a su fe de acero en Naruto y eso era algo que no estaba dispuesta a repetir. El maestro sonrió y le miró detenidamente. Después de todo, quedaba una esperanza mínima para evitar que el alma de su estudiante ardiera entre los odios que podían empezar a acuciarlo una vez más.

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Dirigir uno de los clanes más respetados en una de las aldeas ocultas más respetadas nunca había sido un trabajo fácil. No era como el clan de los Yamanaka, o el de los Akimichi. Si acaso, solamente un Uchiha sabría entender que sería dirigir un clan de tamaño prestigio.

Pero, por supuesto, un Hyūga no se rebajaría a compararse con los usuarios del Sharingan. Dirigir el clan Hyūga tenía sus prerrogativas…y, muy seguramente, ninguno de las anteriores cabezas del clan había tenido que pasar por "esto"…

-Hum…–meditó Hiruko, mirando a sus alrededores– este lugar ha cambiado bastante, sin duda.

Hiashi suspiró, sin saber diferenciar muy bien si lo hacía por aquella sensación de aburrimiento, o de molestia consigo mismo por estar haciendo semejante papelón.

-¡Ya recuerdo! –dijo él, mientras doblaba por una calle que, llamativamente, estaba mucho menos poblada que aquella en la que venían. Pasaron varios caserones y algunas casas abandonadas, hasta que el anciano se detuvo frente a una puerta de madera, derruida como la que más. También tenía algunas marcas, entre la que destacaba un pentagrama con algunas inscripciones que ya no se entendían bien.

-¿Quién es? –inquirió una voz joven desde el interior de aquella construcción.

Hiruko dudó un momento. No sabía el nombre de la persona que buscaba, por lo que se aventuró con lo que mejor se le ocurrió, ante la mirada de acero de su sobrino.

-Verás tú, jovencita –dijo Hiruko con una sonrisa– hace algún tiempo visité a un vidente aquí y…

Fue interrumpido por el crujido de la puerta que se abría de par en par. Aquel par de jóvenes ojos se abrieron de la sorpresa al ver a los dos Hyūga parados en su portal.

-¿Usted conoció a Hazama-san? –preguntó la jovencita, mirando al anciano con un gesto de "no te lo puedo creer"

-Sí, así es –respondió Hiruko con una sonrisa, arriesgádose a una equivocación monumental– quisiera…

-Él murió hace quince años –respondió su interlocutora, todavía mirando con recelo hacia los ojos de aquellos hombres.

-Lo sé, lo sé –la tranquilizó el anciano– cuando vine había otra persona con él. Quizá el pueda aclararme algunas dudas…

Hubo silencio por parte de la niña, pero se apartó al escuchar pasos precedidos por el sonido de un bastón.

-No es muy común encontrar a un Hyūga buscando a alguien…–dijo la voz del anciano– aunque tampoco es fácil olvidar a alguien que fue conocido por Hazama-san…

-Usted es la persona que estaba con él el día que yo vine –dijo Hiruko, tratando de disimular la felicidad por el gran golpe de suerte que había acabado de recibir– y necesito pedir un favor de usted.

Un gesto de asentimiento.

-Sé que el jagan ha encontrado un nuevo portador –palabras a las cuales el rostro del anciano palideció– ¿puede decirnos algo sobre esa técnica?

-Será mejor que entren –dijo, mientras se dirigía al interior de la edificación. Hiashi miró a Hiruko, que no dudó en seguir al hombre.

Caminaron por las estancias, ricamente adornadas en tapetes, jarrones y aromas extraños rezumando de los incensarios. Ambos, acostumbrados a la sobriedad Hyūga, parecían estar descubriendo un mundo completamente nuevo. Hiashi se sentía perturbado, observado. Como si tras cada velo de seda fina, tras cada olor, se escondiese una parte de la leyenda que hasta hace menos de dos minutos desacreditaba sin pensar. Ahora, por supuesto, no sabía si debía pensar que esto era un chiste de muy mal gusto o que de plano esta situación estaba pasando realmente.

-Hazama-san sólo hacía predicciones a algunos cuantos –inició el anciano, sentado frente a Hiruko– y el hecho de que haya llegado hasta aquí, prueba que su ojo siempre fue muy agudo.

Una sonrisa en el rostro del viejo Hyūga fue todo lo que se pudo ver. Pero tras la máscara de acero de Hiashi, comenzaba a cocinarse la misma impaciencia del magma cuando el volcán está a punto de hacer erupción.

-Bueno, a lo que nos ha traído hasta aquí –retomó Hiruko– el jagan. Cuénteme lo que sepa, cómo funciona, sus habilidades…

Hubo una sonrisa oscurecida por las arrugas, pero no hubo duda.

-Hace mucho tiempo, un hombre fue vencido por un Uchiha poseedor del Mangekyou Sharingan. Deseoso de tomarse revancha, usó sus habilidades en las artes arcanas e hizo un pacto con las deidades oscuras: poder a cambio de lo que fuera...

Se hizo un silencio helado entre Hiruko y Hiashi. De entrada, la cosa no pintaba bien.

-La muerte se apersonó frente a esta persona, y le entregó un don precioso: dos gotas de la esencia de Dahaka, el demonio-dragón de los mil sentidos. Así, se aseguraba cumplir el trato hecho; sin embargo, a cambio exigió un sacrificio de su propia sangre, para no perder la gracia de aquellos con quienes había hecho un contrato, que de romperse…traería consecuencias nefastas a él y a toda persona que supiera que existía.

Hiashi sintió un escalofrío que ascendía por su espalda. Por un minuto imaginó aquella mítica criatura, un dragón con mil sentidos…y prefirió no seguir imaginando. Entre menos lo hiciera, sería mejor.

-Cegado por la avaricia, aceptó sin mediar una sola condición. La muerte entonces le exigió el sacrificio, para garantizar que la línea no se perdiera; él no dudó en poner al filo de la cuchilla a su propia prole con tal de obtener lo que deseaba. No obstante, la madre de su hijo se rehusó a entregar a la criatura al frío brazo de la muerte…

Ambos abrieron los ojos, desmesuradamente.

-Durante el forcejeo que entablaron, su esposa tomó el puñal con el que pensaba asesinar al niño y le cegó, para luego matarle. Pero pasó algo que ella no sabía y que nadie pudo haber previsto: La muerte le entregó el don al chiquillo, porque ella había exigido como pago la sangre de la familia…y así, Ohtaki Kunichiyo fue hecho el primer jaganishi contra su voluntad.

-Alto, alto –rió Hiashi, no muy seguro de la razón– esto es una patraña. Ese crío no tiene nada que ver con ningún Kunichiyo.

-Mi historia aún no termina, Hyūga-sama –prosiguió el anciano– la madre del niño, aterrada, le llevó al templo que está entre lo que hoy es el país del fuego y el país del viento: allí, suplicó a los monjes que removiesen la marca maldita de su hijo, porque como toda madre, haría lo que fuera por su descendencia. Fracasó en la idea original, pero un sacerdote logró remover la maldición; a cambio, la muerte marcaría a aquellos a quienes entregara su don…que, paulatinamente, vino a llamarse Jagan: el tercer ojo…o el ojo maligno.

La actitud del líder del clan era, cuando menos, llamativa. Nunca se había sentido tan nervioso por una cosa que bien podía ser un rumor.

-Una historia terrible –meditó Hiruko– pero ahora quiero saber cómo funciona ese "tercer ojo".

Un minuto de silencio, y el anciano retomó la palabra.

-No he visto a ningún jaganishi en batalla alguna, por lo que lo que le diga en este momento sería una invención. Sé, porque Hazama-san me lo dijo alguna vez, que era capaz de técnicas prodigiosas…y terribles.

-Está muy bien –suspiró Hiashi, comenzando a aborrecer la falta de respuestas prácticas– saltemos hasta el final. ¿Cómo lo derroto?

El viejo rió y le dedicó una mirada muy especial.

-¿Vencer el jagan? –Hubo un momento de meditación, en cuyo intersticio ambos Hyūga se miraron– sé que en un día no puede utilizar demasiado la técnica o su vida corre peligro.

Eso era el principio de algo. Pero sin saber de qué era capaz…era jugarse con bastante poco contra alguien que traía antecedentes tan poco amigables. Hiashi suspiró y miró a su tío. Definitivamente, iba a ser una batalla muy complicada.

-Pero hay una última advertencia en esta historia –susurró el anciano, interlocutor de Hiruko y mirando directamente a Hiashi, hablando con un tono de voz como de ultratumba– usted no sabe a lo que se enfrenta. Y usted no sabe qué es lo que puede perder.

Y esa solitaria frase hizo temblar al líder del clan.

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Gyoma lo había meditado. Bastante. Y no se le ocurría otra forma de destapar sus preocupaciones más que a la vieja usanza shinobi.

Pero, no obstante, los duelos nunca le habían gustado. El sol comenzaba a ponerse tras las montañas de Manjidani, y la sombría noche comenzaba a hacerse su camino hasta la aldea: allí estaba él, sentado delante de una estatua cuyo rostro no podía verse. Su estudiante todavía no aparecía. Él continuaba conviviendo con sus oscuros y preocupados pensamientos de lo que pudiese pasar con su estudiante.

-¿Gyoma-sensei? –escuchó la voz dubitativa de Naruto, viéndolo tan perdido en sus pensamientos. A modo de público estaban los cuatro maestros de los elementos más Hinata. El tema parecía todo menos una "lección especial".

-Naruto-san –respondió Gyoma, levantándose con un gesto indescriptible en su rostro– es hora de evaluar tu progreso.

Hubo un gesto desanimado en el rostro ojeroso del muchacho. La palabra "evaluar" no contribuía a elevar su espíritu que digamos.

-¿Y cómo va a hacerlo? –preguntó. Todos miraban atentamente la escena que se desarrollaba frente a ellos.

Un minuto de silencio

-Vas a enfrentarme. Con todo lo que tienes –fue la respuesta decidida del maestro, que atrajo miradas preocupadas a su estudiante, ahora convertido en contrincante.

-¿Bromea? –fue la pregunta de Naruto, todavía no muy convencido de lo que acontecía.

-No, Naruto. Como un usuario del Jagan, deberás probar tu valía en donde necesita ser probada…o, en términos prácticos, lo haremos en un combate uno a uno.

Hinata contempló preocupada el cuadro…pero no dijo nada, únicamente su agarre entre sus dedos se hizo mucho más fuerte.

Sin mediar una palabra, Gyoma cruzó al menos cuatro sellos en sus manos.

-¡Suiton…!

Definitivamente, la cosa no empezaba bien.

-¡…Suiryuudan no jutsu!

Tras la arena donde combatían, se alzó un cuerpo de agua alargado, que dejó escapar un rugido metálico antes de lanzarse con furia contra Naruto, que por un milagro de esos se había salvado.

-Necesito ganar terreno…–meditó el ninja rubio para sus adentros, y realizando su movimiento oficial, creó unos cuantos clones que se adelantaron en una carrera rápida.

El monje frunció el ceño, antes de que el mismo dragón volviese a atacar, llevándose consigo a unos desafortunados clones. Pero había resultado, y ahora tenía al monje en jaque…hasta que se dispersó en una nube de humo, ante la súbita reacción de su maestro.

-¡Necesita estar un paso delante de su rival, Naruto-san! –dijo, antes de que girara en su propio eje y lo golpeara con fuerza, directamente hacia donde la tribuna improvisada se había ubicado, y cayendo con un sonido poco grato.

-Huy –fue lo que dijo Zuko, mirando a su también estudiante ser vapuleado– la cosa no camina. El muchacho es demasiado instintivo para atacar.

A Hinata no le hizo mucha gracia escuchar esas palabras.

-Y Gyoma-sama está atacando muy a conciencia –convino Aang, ante el asentimiento del resto– necesitará cambiar de signo rápidamente para que esto no se convierta en una paliza.

Como si lo dicho provocara acontecimientos, Naruto cayó sobre una rodilla, con un hilo de sangre corriendo desde su frente hasta su mejilla izquierda. Su respiración era muy pesada, y a Gyoma seguía sin convencerle del todo.

-Se está conteniendo –se dijo en un momento, mirándolo detenidamente– sus ataques no van al punto indicado. Es como si quisiera evitar lo que pasó la última vez…

Pero necesitaba forzarlo hasta el límite. A que se pasara a sí mismo…para que pudiese comprobar que tan ciertas eran sus hipótesis.

-¡Suiton: Suiryuudan no jutsu! –invocó de nuevo; el dragón se hizo presente y atacó sin piedad a una figura que se deshizo entre humo, ante la mirada azarada de todos los presentes.

Justo en ese momento todos sintieron un pico de energía: Naruto concentraba en un punto una cantidad infame de chakra, suficiente para borrar a unos cuantos del mapa con suficiencia. Volvió su rostro hasta verlo, tras él, en cuya mano una esfera de brillante chakra azul, con una corona casi transparente. Necesitaba tres de sus clones para controlar tamaña cantidad de energía…y era comprensible, porque hasta donde estaba podía sentir su poder. Hinata, entre tanto, contemplaba con una admiración extraña aquella manifestación de su poder: había escuchado historias de cómo había borrado a uno de los de Akatsuki con una técnica muy similar…

-¡Fuuton: Rasenshuriken! –gritó con todas sus fuerzas, y cargó; Gyoma quiso emplear al dragón para hacer tropezar a los clones que llegaban con peligrosidad a sus cercanías…

Pero no lo logró. Ni bien la esfera hizo contacto, un domo de energía azul se alzó, brillando con fuerza; Naruto salió disparado contra el muro diametralmente opuesto, mientras que la luz daba paso a una humareda…y luego a nada. Todos contuvieron la respiración, a la espera de lo que sucedería.

Naruto no se levantó, pero Gyoma sí. El Rin'negan había sido activado, pero aún así sostenía su brazo derecho con pesadumbre; de un momento a otro también parecía bastante golpeado, sobretodo después de recibir un Rasenshuriken y levantarse. Sin embargo, no parecía estar en posición de recibir "otro" de esos y hacer lo mismo; se había salvado por los pelos.

Pero el chico no se despertaba. E inclusive su maestro pensó que quizá lo había instado a ir demasiado lejos. Quizá…

En ese momento, se levantó despacio. No levantaba su rostro, del cual caían gotas de sangre al suelo con un sonido lúgubre; en un instante, el tiempo mismo pareció detenerse al ver que el chico alzaba el rostro, con sus ojos iridiscentes.

–Segundo round –declaró, tomando una nueva estancia de combate.

Katara respingó, nerviosa, al reconocer los mismos ojos de aquella noche y prefirió desviar la vista. Gyoma sin dudar entonces volvió a ejecutar los sellos de manos…idénticos a los que Naruto hacía a su vez. Sin embargo, Gyoma fue más hábil, y tomando la posición indicada, conjuró la primera de las técnicas en el arsenal del Rin'negan, y que sabía que también podía usar el Jagan.

-¡Seisamsara!

Justo entonces, Naruto realizó un sello más y aparecieron cuatro clones, cada uno con el par de ojos malditos: el primero elevó sus manos y cubrió sus oídos. El segundo, su boca; el tercero se abrazó a sí mismo, y el cuarto cubrió su nariz. El Naruto original simplemente cerró los ojos y los cubrió…

-¡La representación de los cinco sentidos! –rugió Aang, mirando la batalla, mientras Gyoma mantenía sus ojos fijos en Naruto, como si el no hacerlo equivaliese a una derrota segura– ¡tienen que parar esto!

Pero ninguno de los dos reaccionó, ni se movió. Hinata no entendía muy bien en qué momento el combate se había tornado en algo tan peligroso; no sabía que Naruto tuviese aquellos ojos, y tampoco que su poder pudiese entablar un combate directo con un usuario del Rin'negan y vivir para contarlo.

Era una extraña sensación de admiración y al mismo tiempo de terror total. Pero ver a Naruto tan diferente a sí mismo: tan reflexivo, tan frío…tan dispuesto al combate, la extrañó profundamente. Era como si no estuviese allí, y sólo estuviese concentrado en su oponente. En vencerlo. En hacer que desapareciera.

En matarlo.

Y ni bien terminó su pensamiento, de los labios del chico comenzaron a manar palabras como dichas en reversa, en un idioma ininteligible que sólo había sido empleado por aquellos conocedores de los secretos de la noche de los tiempos. Era un susurro espantoso, cargado de palabras que ningún oído casto debería escuchar.

-Hay que parar esto ya –conminó el Avatar, y se levantó. Zuko lo secundó, y Katara terció en el asunto. Sin embargo, una grieta se abrió en la arena y descolocó a ambos contrincantes: Fong permanecía con los puños cerrados, extendidos hacia la arena.

-¿¡Y qué demonios están esperando!? –Les gritó– ¡párenlos, antes de que de verdad lo lamentemos!

Zuko entonces trajo su dedo índice y medio de cada mano a la altura de su abdomen; trazó un dibujo con ellos, mientras una chispa eléctrica se iluminaba en la punta de sus dedos, y con un movimiento rápido, disparó un relámpago directamente hacia los contrincantes, que recibieron el choque eléctrico…y cayeron con un sonido sordo, con pequeños trazos eléctricos corriéndoles por todo el cuerpo.

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-Fue un milagro que no se matasen hoy –meditó Aang, molesto con ambos y mirándolos– ¿qué pretendían? ¿Morir en un entrenamiento? ¡Resérvense la potencia de sus ataques para sus enemigos!

-Lo lamento –farfulló Gyoma, con algunas partes de su cuerpo vendadas– fui yo quien empujó esta situación más allá del límite…–miró un instante a Naruto– porque necesitaba comprobar ciertas cosas.

-Espero lo hayas conseguido, cuando menos –convino Zuko, mirándole– o todo esto habrá sido para nada.

-Por el contrario, Zuko-san, he comprobado en alguna medida mis hipótesis…y me he dado cuenta de otras cosas.

Naruto entonces lo miró, sorprendido.

-El Jagan es una técnica terrible. Esta invocación del Seisamsara fue completamente diferente a la primera vez que los vi…y fue mucho más certera. Un poco más, y en este momento yo sería un vegetal con cerebro.

Hinata miró a Naruto veladamente… ¡y lo atrapó mirándola! Él le dedicó una sonrisita, antes de volver a Gyoma y al resto de los maestros.

-No sé cómo –mintió a medias Gyoma– pero hoy esos ojos se manifestaron de una forma diferente. Con cada uso, están adquiriendo mayor poder. Mayor control. Y mayor dominio…no sé qué te muestran esos ojos, pero Naruto-san, por sobre todo, debemos encontrar una forma para contener su poder; no todos poseen el Rin'negan, y la próxima vez quizá pase algo que lamentes. No sabemos qué pueda pasar.

Hubo un gesto de asentimiento.

-Pero, hay algo más: el uso de las representaciones de los cinco sentidos es algo que muy pocos han logrado…al menos en tan poco tiempo. Eso puede ser seña de lo que se llama "iluminación".

Hinata abrió los ojos desmesuradamente.

-Naruto-kun… ¿un iluminado?

Naruto no parecía entender muy bien qué quería decir eso.

-¿Iluminado?

Gyoma negó, y se levantó, mirándolo con una sonrisa reconfortante.

-Por ahora, será mejor que no te esfuerces demasiado. Un golpe eléctrico no es algo de lo que se pueda recobrarse con tanta facilidad.

Todos abandonaron la estancia…excepto Hinata, que miraba al chico con un gesto imposible de leer. Todavía tenía muy claro cómo había transcurrido la "lección", y del cómo Naruto había reaccionado pasado un punto.

Ella, en su vida, pocas veces había estado tan asustada.

-¿Estás bien? –preguntó ella, no ocurriéndosele una mejor forma de romper el hielo– ¿necesitas algo?

-Hum…–meditó él– quisiera…algo de compañía, si no es mucho pedir.

Una sonrisa, y ella se hizo a la cabecera del futón donde el chico reposaba. Últimamente, demasiados acontecimientos tenían como destino común aquel cuarto, con ellos dos; lentamente, al darse cuenta de la situación, Hinata sintió que su pulso se hacía mucho más acelerado.

-¿No vas a preguntar?

Ella le miró con extrañeza, ante la falta de coherencia de sus propios pensamientos ante una pregunta tan inocente.

-¿Sobre lo de hoy? –se aventuró ella. Por alguna misteriosa razón, no quería tocar el tema.

-Sí, sobre lo de hoy. ¿De qué más? –rió él, con su característica falta de tacto.

Hubo un minuto de silencio. Naruto lo tomó como carta blanca.

-La primera vez que usé esa técnica tuvieron que contármelo, porque perdí la consciencia y no supe qué fue lo que pasó. Esta fue la segunda vez, y aunque todavía no sé muy bien cómo emplearla…por alguna extraña razón sentí la necesidad de ir más lejos: emplear más poder, más fuerza…

-Bueno –meditó Hinata, escuchándolo con una sonrisa tímida– no es diferente al Naruto que siempre he conocido…

-…Para poder matar a mi contrincante –añadió, con un gesto que oscilaba entre lo oscuro, lo bizarro y lo apenado. Naruto acababa de aceptar frente a ella que tuvo un acceso de la sangrienta necesidad de matar.

La chica parpadeó y lo miró, tratando de encontrarlo tras ese gesto que no era para nada suyo.

-¿Por qué?

-Porque esos ojos me muestran cosas terribles, Hinata. Cada día que pasa empeora…y esas líneas, cada vez que esos ojos me las muestran parecieran decir "¡corta!"

Con cada palabra, Hinata notó que el gesto ceñudo de Naruto se convertía en uno de honda preocupación y angustia. Ella, sin embargo, tomó su mano que reposaba sobre la manta que lo cubría.

-No importa eso, Naruto-kun. Aquí estoy…

Aquel gesto, tan simple en apariencia, tan delicado, hizo temblar a Naruto, que la miró con un gesto mezclado de sorpresa y alivio; por alguna misteriosa razón, sentía que transitar una senda tan oscura en compañía de Hinata bien podía ser mucho más llevadero. La dulzura de sus manos, que parecían no haber pasado por la bien conocida rudeza del Jyuuken, lo hizo respirar profundamente y mirarla con una sonrisa del todo genuina, pero que sin embargo no era el usual exabrupto. Ambos se quedaron así, en silencio, disfrutando de la presencia del otro. Un placer que se habían denegado demasiado tiempo, y que ahora podían aprovechar a sus anchas.

-Gracias, Hinata.

-No tienes por qué dármelas –respondió ella, sonriendo y mirándolo.

-Créeme –convino a su vez él– tengo los suficientes motivos para agradecerte. Especialmente ahora.

Ella se acercó, dejándose llevar por la inercia del momento, y lo besó en la frente. El corazón de él, por otra parte, por un momento dejó de latir. Después de un instante kilométrico, se separó de él, sin dejar de lado una sonrisa que parecía imperecedera a pesar de aquella situación cargada de emociones contenidas. Naruto sólo sonrió. Tomó su mano entre las suyas y cerró los ojos. No pensaba desperdiciar aquel momento de solaz en tonterías.

Así que en un acto impulsivo, se acercó y le besó. Ella, aterrada, parpadeó con un arrebato de su mortal sonrojo, para luego dejarse llevar y abrazarle delicadamente.

Era solo un momento de solaz en un escenario macabro.

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Pero Kyūbi, en el interior de su celda, rumiaba tranquilamente toda la información que obtenía. Aquellos ojos, la pérdida eventual de control de Naruto. Todo estaba comenzando a confabularse. Y sonrió, porque sabía que su oportunidad estaba muy cerca…

Y si su idea lograba concretarse, Kami tendría que proteger a todos aquellos que osaran interponerse en su camino.

Notas de Autor: Mil años después.

Sí, pueden matarme. Enviar al SAS, MI5, CIA, FBI. Cualquiera. Y lo merecería…de no ser que tengo un buen motivo para no haber escrito en tanto tiempo. La universidad ya no puede contar como excusa, es algo con lo que he tenido que convivir, donde trato de NO llevar vidas paralelas y mezclar todo lo que hago. Hasta el momento, la cosa camina mejor que bien.

Pero no. No escribía porque, cielo santo, nunca en mi vida había visto que un autor escribiese bien para luego tirar todo por la borda. Naruto, desde muchos puntos de vista, era una serie novedosa, en un mundillo anime que a pesar de presenciar series nuevas, necesitaba una serie icónica, al mismo nivel de Dragon Ball, Neon Genesis Evangelion, Akira y muchas otras que he visto y no recuerdo en este momento. Ahora, veo como Kishimoto quema la serie, y, la verdad, me parece un acto espantoso. Por lo mismo, espero terminar esta historia lo mejor posible y luego declinar como Naruto-escritor. Es demasiado pedir para este ente diabólico que se autodenomina mangaka el que preserve algo de lo que caracterizó Naruto al principio. Ahora, es una decepción que se repite cada jueves.

Dicho lo anterior, de nuevo reitero mis disculpas.