III. La dulce Gunslinger
-Empieza a hablar. –dijo el mayor con tono serio.
-No te tengo por que contar nada. –dijo el joven desviando la mirada.
-¡Escúchame pedazo de estupido! –dijo Sesshoumaru levantándose de la silla bruscamente.
Inuyasha miro a su hermano, en verdad daba miedo enfadado.
-¡Se perfectamente que esto a sido una de esas peleas en las que sueles estar metido por culpa de las malditas drogas!
-Si, ¿y que? –dijo el joven con una sonrisa en su rostro.
-Como, que "¿y que?"
-No te metas en mi vida, Sesshoumaru. –dijo Inuyasha abriendo la puerta de su habitación para que el mayor saliera.
-Bien. –dijo Sesshoumaru levantándose bruscamente.
Inuyasha cerro la puerta de su habitación cuando su hermano salio. Era su vida, y podía hacer con ella lo que quisiera, después de todo, el no consumía ningún tipo de droga, el simplemente las suministraba, ¿Qué había de malo en eso? Cada cual es libre de elegir, el no le obligaba a nadie a consumir.
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-Hermanita, ¿a que esperas? Diles a las criadas que hagan la maldita cena.- protesto una mujer de ojos color fuego.
-A, s-si claro. –dijo una joven y linda castaña.
La joven de ojos chocolate se levanto del sofá y se dirigió a la cocina de su lujosa casa.
-Por favor, empiecen con la cena. –dijo ella educadamente.
-Ahora mismo señorita Rin, ¿la señora Kagura desea algo en especial? -pregunto una de ellas con algo de temor.
-No, ella no me dijo nada, hagan lo que deseen.
Las criadas siempre preguntaban por los deseos de su hermana mayor, Kagura. Y es que en realidad la joven Rin era una persona tierna, alegre y educada, al contrario que su hermana mayor, que era una insolente y detestable mandona, además de que se las pasaba todo el día insultando y despreciando a las criadas y a todo el personal empleado. Por esa misma razón, ellas siempre preguntaban a la joven por las preferencias de su hermana mayor, antes de hacer nada.
Rin salio de la cocina para volver al salón, en donde se encontraba su hermana tumbada en el sofá al igual que un saco de patatas.
-¿Ya avisaste? –pregunto esta bostezando.
-Si hermana.
-Bien, por cierto Rin, mañana a primera hora tenemos un cliente importante.
-Ah, Bien.
-Esta interesado en una "Marui Beretta M-92FS". (una pistola)
-Bien haré unas llamadas y mañana a primera hora la tendré.
-Así me gusta… te e enseñado bien.-decía la mayor con un aire de superioridad.
A pesar de tener tan solo 18 años, Rin era uno de los miembros imprescindibles en los "Gunslinger" y es que además de ser la hermana menor de la jefa de la banda, Rin era una joven muy persuasiva y engañosa, ya que con esa linda carita de ángel nadie sospecharía de ella. Tenía el pelo castaño oscuro que le llegaba por la cintura, sus ojos eran lo más lindo que poseía, eran grandes y brillantes, su piel era blanca y fina y a pesar de su corta edad estaba muy desarrollada. Toda una lindura, de la cual su hermana mayor solía sentir celos y envidia. Después de todo Kagura de 23 años, no era una mujer especialmente linda y su cuerpo estaba mucho menos desarrollado que el de su hermana menor, cosa que le hacia hervir de la rabia.
-Por cierto Rin, ¿terminaste ya tus tareas?
-Bueno… solo me queda pasar a limpio una redacción de filosofía, ahora iba a hacerlo.
-Que lastima que tengas que hacerlo, mis tareas las esta haciendo Kana. –dijo la mujer riendo.
-¿Kana? –pregunto Rin confundida.
-Después de todo soy la jefa, alguien como yo no tiene tiempo para hacer las estupidas tareas de la universidad. –dijo la mayor con aires de grandeza.
-"A si le va en los estudios, no sube del 5…" –pensó Rin mientras suspiraba debido a la idiotez de su hermana.
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-¡Kagome-chan, esto esta delicioso! ¿Lo hiciste tú? –pregunto la castaña mientras comía los deliciosos fideos.
-Pues claro, aun que no lo creas, soy una gran cocinera.-dijo Kagome orgullosamente.
-Por cierto, ¿que te ocurrió en la mano Sango-chan? –pregunto la pelinegra observando la herida de su amiga.
-Ah, esto, me lo hice en clase de kendo. –dijo Sango sin darle mucha importancia.
-Debiste haber elegido Tiro con arco, el kendo es demasiado peligroso.
-Kagome, en realidad son cañas de bambú, no son katanas de verdad.
-Bueno cambiemos de tema. ¡Llevamos un mes aquí y todavía no hemos ido de compras! –dijo Kagome histéricamente.
-Tranquilízate, podemos ir el fin de semana, ¿Qué te parece?
-Que vamos a dejar las tarjetas de crédito temblando. –dijo Kagome riendo.
-Si, y no solo eso. Con todos los chicos guapos que hay en Hokaido, ¿Cómo es que nuestras hormonas nos permiten quedarnos quietas? –dijo Sango poniendo ojos soñadores.
-Vamos, vamos Sango… algún día conocerás a tu príncipe azul, ya lo veras. –dijo Kagome intentando que su amiga bajara de las nubes.
-Si, algún día…
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Un nuevo día afloraba en Hokaido y como rutina diaria, los universitarios acudían a sus clases correspondientes. Los pasillos del recinto comenzaron a llenarse, la gente transitaba de un lado a otro.
-"Mierda, voy a llegar tarde"
Pensaba una joven castaña que corría por uno de los pasillos.
-"Mmm…ahora tengo clase de contabilidad, que aburrimiento…" pensaba una pelinegra que iba a girar en la esquina del pasillo.
Las jóvenes salieron de sus pensamientos, ya que amabas colisionaron y cayeron al suelo dándose un buen golpe en la parte trasera.
-¡Hay disculpa! –dijo la mas joven recogiendo los libros de Kagome.
Kagome se sorprendió al ver que la joven con la que había chocado era nada más y nada menos que…
-¡Minamoto Rin! –dijo la morena sin darse cuenta.
-¿Me conoces? –dijo la joven sorprendida.
-Ah, es-esto, bueno, la verdad es que….
-Mucho gusto, ¿Cómo te llamas? –dijo Rin dedicándole una sonrisa que sorprendió a Kagome.
-S-soy, Higurashi Kagome.
-Encantada, ¿puedo llamarte Kagome verdad?
-Claro. -dijo esta aun en shock.
-Bien, a mi también llámame por mi nombre, en realidad lo prefiero.
-Esta bien, Rin. –dijo la pelinegra sonriendo.
-Bueno Kagome, ya hablaremos, ahora tengo prisa, y siento lo del golpe.
-Oh, n-no fue mi culpa, tranquila. –dijo esta intentando quitarle importancia.
Todo pasó muy rápido, Kagome había conocido a una de las chicas más populares de la universidad… Bueno, popular entre los chicos.
A pesar de todo lo dicho por Sango, parecía una buena persona. ¿En verdad pertenecía a los "Gunslinger"?
-"Será mejor que ahora valla a clase" –pensó la pelinegra mientras retomaba su camino.
La hora de almorzar había llegado, hacia un día esplendido por lo que los estudiantes disfrutaban de su almuerzo en los grandes jardines del campus.
-¿Con Rin? ¡¿Minamoto Rin?! –grito Sango sorprendida.
-Shh… Sango-chan no grites.
-Ay si perdón.
-En verdad me pareció una buena persona, no creo que…
-Su carita de ángel engaña a cualquiera, créeme. –dijo la castaña cruzándose de brazos.
Algo hizo que Kagome desviara la mirada, como si fuera la mayor casualidad del mundo, Rin se encontraba paseando no muy lejos de ellas.
-¡Mira Sango-chan, es ella! –dijo Kagome alegre.
-¡Es-espera, no vallas a…!
-¡Rin-chan! –grito la pelinegra.
La joven chica rápidamente reconoció la voz por la que era llamada.
-"es la chica de esta mañana, Kagome" –pensó antes de ir hacia ella.
-Kagome-chan.-dijo esta sonriendo.
-Rin, ¿ibas a algún lado?
-No, bueno, en realidad estaba tomando el aire.-dijo esta tímidamente.
-Siéntate con nosotras vamos, mira, te presento a Sango.
-En-encantada.-dijo Sango no muy convencida.
-¿Okinawa Sango? Ah! La que hizo explotar el horno en clase de repostería, encantada. –dijo esta sonriendo.
Sango quedo tan fría como un iceberg, ¿como demonios sabía lo del horno?
-¿Sango-chan estas bien? –pregunto Kagome al ver la cara de hielo de su amiga.
Sango prefirió no hacer preguntas sobre como se había enterado de ese incidente, después de todo ella dijo que la culpa había sido de las chicas de la limpieza, no suya.
-Rin, ¿que estas estudiando? –pregunto la pelinegra curiosa.
-Educación para personas discapacitadas.
-Oh valla, es lindo ayudar a esas personas.
-Si, siempre quise estudiar eso, y vosotras, que carrera estáis haciendo.
-Yo estudio, Hostelería y Repostería.
-Yo Empresariales.
-¿Empresariales? Al igual que mi hermana.
-Ah, de-veras…-dijo Kagome recordando la descripción dada por Sango sobre Kagura.
-Si, aun que, seguro que tu sacas mejores notas que ella.-dijo Rin con media sonrisa.
-No, es… ¿muy estudiosa? –pregunto Kagome algo triste.
-¡Para nada!, siempre manda a los demás para que hagan sus tareas…
-¿Y se las hacen? –pregunto esta vez Sango sorprendida.
-No tienen mas remedio, después de todo es la jefa y la gente le tiene mie….
Dichoso el momento en el que abrió la bocaza… Lo acababa de decir, acababa de desvelar algo que era alto secreto.
Kagome y Sango tampoco dijeron nada, ambas quedaron como el pálido hielo, y es que lo dicho por Sango acababa de ser confirmado por la misma Rin sin que esta se diera cuenta.
Kagura, su hermana mayor, era la jefa de los "Gunslinger"
-Tengo que irme. –dijo Rin levantándose rápidamente y corriendo hacia el interior de la universidad.
-¡Rin! Esper...
Pero las palabras de la pelinegra murieron antes de ser terminadas.
-Sango-chan…
-Lo ves… te lo dije. –suspiro Sango.
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Como se podía ser tan estupida, acababa de irse de la lengua. Si su hermana se enteraba de esto se enfadaría muchísimo.
Rin corría por el pasillo, no savia hacia donde se dirigía, solo quería correr y correr asta que…
Tropezó con alguien y cayo nuevamente al suelo.
-¡Ey! ¿Estas bien? –dijo una voz varonil.
-¡S-si, lo siento!-dijo Rin.
La joven se levanto con intención de disculparse, pero quedo totalmente congelada.
¿Qué eran esos hermosos ojos ámbar? ¿Ese rostro tan fino? ¿Ese largo pelo platino?
-¿De verdad que estas bien? –dijo el hombre mirando a la joven que había quedado perpleja observándolo.
-¿! Ah?! S-si…esto, perdón, no miraba por donde corría. –dijo esta disculpándose.
-Tranquila. –dijo el hombre volviendo a retomar su rumbo.
Aquellas facciones le recordaban a alguien, esos ojos ámbar, el pelo plateado…
-"! Pues claro!" –pensó esta.
-¡Ey, espera!-grito la joven haciendo que el hombre se diera la vuelta.
-¿Si?
-¿Tu eres familiar de Inuyasha?
-Um, si. Soy Sesshoumaru su hermano mayor. –dijo este no muy orgulloso.
-Oh, ya veo. –dijo esta sorprendida.
-¿Por qué lo preguntas? –dijo el hombre extrañado.
-No por nada, simplemente quería saber que tal se encontraba tu hermano, por lo de la pelea y eso…
Sesshoumaru quedo de piedra, aquella joven parecía saber incluso mas que el, o quizás, toda la universidad estaba enterada de lo sucedido.
-¿Cómo sabes eso? –pregunto este desconfiado.
Rin no savia que contestarle, los Gunslinger y los Snake no eran precisamente socios ni nada por el estilo, pero solían recurrir unos a otros cuando tenían algún tipo de pelea o conflicto con bandas externas a la universidad. Pero claro, ella no podía decirle eso, no podía contarle que ella era miembro de los Gunslinger.
-Bu-bueno, conozco bastante a tu hermano y esto…el-me… lo contó. –dijo esta no muy convencida de que el hombre se lo creyera.
Sesshoumaru no dijo nada, aun que no sabia si la joven decía la verdad, después de todo, aquellos ojos castaños parecían decir "estoy mintiendo".
-Por cierto, no me as dicho tu nombre. –dijo este mirándola extrañamente.
-Soy Minamoto Rin, pe-pero llámame Rin. –dijo esta algo colorada al ver que aquellos lindos ojos la miraban intensamente.
-Rin, lo recordare. –dijo este girándose y alejándose del lugar.
Rin quedo en el pasillo, mirando hacia el lugar por donde el hombre acababa de irse.
-"Es muy distinto a su hermano menor, y mucho mas guapo" –pensó la joven mientras se sonrojaba.
Pero que demonios estaba pensando, acababa de desvelar que Kagura era la "jefa", no había especificado de que, pero, probablemente se lo imaginarían.
-"¿Por que tengo que estar siempre así? Por que no puedo tener amigos fuera de los Gunslinger?"
Después de todo la joven castaña sentía vivir en una especie de burbuja, la cual no la dejaba relacionarse con personas ajenas a ella.
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Las clases habían terminado, Sango iba a quedarse en la biblioteca a estudiar, así que Kagome emprendió el camino hacia su casa, iba relajada observando a los pajarillos y deleitándose con sus cantos, asta que otro ruido fue la que la alarmo, alguien estaba llorando, alguien que se encontraba detrás de aquel árbol que tenia a su derecha.
-¿Rin? –dijo la pelinegra al ver aquel rostro lleno de lagrimas.
La joven alzo la cabeza al escuchar aquella voz.
-¡Ka-kagome! –dijo Rin sobresaltada y intentando limpiarse las lagrimas.
-¿Rin que te ocurre? –pregunto Kagome colocándose de rodillas para estar a la altura de la castaña.
-No es nada…-dijo Rin con una sonrisa falsa.
-Rin, ni Sango ni yo diremos nada, además, nos da igual que pertenezcas a los Gunslinger. Eres una gran persona, de verdad. –dijo Kagome sonriendo.
-Kagome….- dijo Rin volviendo a llorar.
-¡Ay perdón! ¿! Dije algo que no debía!? –grito Kagome asustada.
-¡No, no! Es que, me siento feliz. –dijo la mas joven riendo.
Kagome ayudo a Rin a levantarse del suelo y le ofreció ir a su casa para hacer las tareas juntas y hablar.
Rin se sorprendió de la decoración de aquel apartamento, además de que era gigantesco.
Ambas entraron en la habitación de Kagome y comenzaron con las tareas y a hablar.
-¿Así que, Sango y tu sois compañeras de piso?
-Si, somos muy buenas amigas. –dijo Kagome feliz.
-Y veo que vinisteis de muy lejos ¿no?
-Desde Tokio, allí íbamos juntas a otra universidad, pero la cerraron así que decidimos venirnos a Hokaido.
-Y dime, tenéis novio alguna de las dos? –dijo Rin con tono pícaro.
-¿Ah? ¡Pu-pues claro que no! –dijo Kagome poniéndose roja.
-Oh, que lastima. –dijo Rin riendo.
-¿Y tu que? Seguro que tienes muchos pretendientes. –dijo Kagome mirando a la castaña.
-Bueno, alguno que otro, pero de momento no e encontrado a un chico que me interese. –dijo Rin algo depresiva
-"Como pensaba, Rin tiene muchísimos pretendientes" –pensó Kagome con algo de envidia.
-Bueno, Rin-chan, ¿te apetece comer algo? –dijo Kagome levantándose del suelo.
-¡Si claro!
-Mi madre me mando hace poco una caja llena de pastelitos de crema, son muy típicos en Tokio.
-¡Me encantan los dulces! –dijo Rin ilusionada.
Kagome se dirigía a la cocina cuando el timbre sonó.
-¿Rin puedes abrir?
-Claro, ¡ya voy!
Rin se dirigió hacia la puerta y rápidamente abrió.
-¡Hola , Sango-chan! –dijo Rin nada mas ver a la otra castaña.
-Rin, que sorpresa. –dijo Sango entrando en casa.
Kagome que ya había encontrado los pastelitos salio a recibir a su compañera de piso, y las tres juntas se dirigieron a la sala para empezar con el festín de pastelitos de crema.
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Bueno, antes que nada quería dar las gracias a todo el mundo que lee mi fic, en verdad me hace mucha ilusión ver que la gente por lo menos entra a leerlo xD.
Pero lo que me pone un poco triste es que no dejéis review, vamos que no cuesta nada! Onegai! TT
No quiero ser mala, pero asta que no tenga 5 review, no continuare el fic, ya que me interesa saber su opinión ¿ok? Cuantos mas reviews, antes lo continuare, claro
Besos y me despido. Sayonara! .
