CAPITULO 2

¿Qué coño había pasado? ¿Qué era lo que había atropellado? Desde luego, bastaba con que pensaras algo para que ese algo sucediera…

Me bajé corriendo del coche para intentar ver que había ocurrido. La nada en la que nos encontrábamos sumergidas solo se veía rota por la luz de los faros del coche y la música que todavía se oía de fondo. Intenté adaptar mis ojos a la oscuridad para ver lo que había arrollado, pero para mi sorpresa, la carretera estaba completamente vacía. Sam apareció a mi lado y se agarró buscando algo de seguridad… en mal sitio, porque yo me encontraba en la inopia.

"Aquí no hay nada" sentencié "debe haber sido un ciervo que ha huido"

La presión sobre mi brazo aumentó. Miré a Sam, que tenía la vista fija en un punto alejado.

"¿Cuántas patas tienen los ciervos?" dijo mientras agarraba con más fuerza aún la manga de mi chaqueta.

"Bambi no la viste, ¿no? Tu tranquila, que estas navidades cae" intenté restar importancia al asunto mientras trataba de averiguar qué era lo que hacía que Sam se mostrara tan inquieta.

"Riley, no estoy de broma, creo que la arañita ha llamado a su amiga gorda"

"¿Qué?"

"Mira hacia allí"

Me acerqué unos pasos y todo se me vino abajo. Una araña del tamaño de una moto se encontraba tumbada en medio de la calzada.

"¿Qué coño es eso, Riley?" preguntaba alarmada Sam

"Shhh!! No lo sé! Debe… debe ser…" dije en voz baja intentando no despertarla o molestarla o… vaya, intentando ser invisible.

"Riley! Tiene el tamaño de un rottweiler!"

"Tampoco has visto muchos de esos por lo que veo… es bastante más grande Sam" dije girando la cabeza hacia ella.

Poco a poco me iba aproximando a la araña llevada por la curiosidad. En mi cabeza habían saltado todas las alarmas habidas y por haber, sabía que no debía andar mas, pero oye, no todos los días se ve un arácnido de 1.5 metros, y la curiosidad claramente podía conmigo.

"¿Sabes Sam? Deben experimentar con radiactividad por aquí o… tener un laboratorio de insectos como en Arac Attack! o en Godzilla" teoricé.

"Has visto demasiadas películas" contestó ella desde el fondo. Parecía que alguien sí había hecho caso de sus alarmas.

Cogí un palo del suelo. Sabía que eso era lo último que debía hacer pero… pero… no podía evitarlo. Una fuerza mayor a mi me impulsaba a hacerlo. Me acerqué para ver si estaba viva cuando paré en seco. Un momento… si ese bicho estaba vivo… ¿qué posibilidades tendría de sobrevivir frente a él? Lo miré fijamente durante unos segundos con la respiración cortada, rezando porque mi golpe hubiera sido letal. Al comprobar que no existía el menor rastro de movimiento, el alivio me embargó.

Giré la cabeza sonriente "Jamás se ven demasiadas películas!"

Todavía no sé qué grito me heló mas la sangre, si el que provenía de lo que estaba a mi espalda o el que Sam dio. Volví la cabeza para encontrarme frente al bicho más cabreado y más grande que había visto en mi vida. No tenía fuerzas para emitir ni un simple gemido, estaba absolutamente paralizada. Pero un solo movimiento de mi contrincante bastó para que me pusiera en marcha. Corrí. No sabía hacia donde iba, solo que debía huir de ella. Pasé junto a Sam, que seguía gritando. Pasé junto al coche y solo podía seguir corriendo, mi cabeza no daba para más. Ni siquiera hacía falta que me girara para saber que estaba ahí, justo detrás mía. Podía sentirlo perfectamente. Debía estar molesta por lo del palo… o por lo de atropellarla, sí, eso debía ser.

La suerte quiso que girara la cabeza y viera cómo intentaba darme con una de sus patas. Salté hacia un lado, esquivando su ataque y evitando con ello una herida que seguro me habría dejado marca. Sus embestidas eran constantes, pero años de entrenamiento me habían dado la capacidad para esquivarla. Era curioso, nunca hubiera imaginado que practicar artes de lucha orientales me fuera a servir para escapar de una araña gigante. Lamentablemente, no todo fue lo bien que me hubiera gustado que fuera, ya que consiguió alcanzarme de soslayo, hiriéndome en el hombro. Caí al suelo, donde rodaba para evitar sus patas. Todo parecía perdido, ¿sería este mi fin? Trinchada por un bicho King size… ¿Dónde estaba Batman cuando lo necesitabas?

Cerré los ojos esperando el golpe final, pero en su lugar, escuché un acelerón y un golpe seco. Mi salvador no tenía capa ni orejitas de punta. Era rubia y pequeñita. Sam había acabado con mi problema y sus ocho patas. Me incorporé observando cómo pasaba con mi coche reiteradas veces sobre la araña, muriendo esta al cabo de un rato y quedando reducida a un montón de cenizas. Me tumbé en el suelo, con los brazos y piernas extendidas, mirando al cielo y respiré muy hondo.

"¿Crees que es muy seguro estar tirada en medio de una carretera?" dijo Sam asomada por la ventanilla.

"Lo que creo es que hoy ya llené el cupo de veces a punto de morir, así que…"

Pero no quise tentar más a la suerte, por lo que me levanté de un salto y me monté en el coche, reposando la cabeza mientras me encendía un cigarro. Notaba como la nicotina en mi sangre iba calmándome lentamente, conforme daba caladas al cigarro. Sam, conducía hacia su casa, a la que no tardamos en llegar tras unos 15 minutos de absoluto silencio. Ella insistía en que me quedara a dormir allí, no confiaba en que fuera a estar bien.

"¿Cuántas arañas gigantes has visto en tu vida?" pregunté.

"Sólo una Riley, pero me ha bastado para saber que no quiero repetir la experiencia"

"Bueno pues, ¿qué posibilidades hay de que me ataque otro individuo de una especie que hemos descubierto hoy mismo? Venga ya!" bromee "tú dame la botella de vino que me prometiste, me parece que esta noche la necesitare" dije riendo.

"Está bien Ril… pero no me quedo tranquila… ¿no te estaban siguiendo?"

"Ahh! Ahora si me cree, ¿no?"

"Bueno… aún así… está bien, puedes irte" dijo finalmente

"Hombre, gracias por darme permiso mamá" sonreí cogiendo el paquete que me tendía "Además, en casa tengo insecticida… y si no, siempre puedo emborracharla"

La vuelta a casa se hizo más corta de lo esperado. Deje las llaves en la mesa del salón, tirando el bolso y la chaqueta al suelo. No tenía fuerzas para colocarlos bien, ni me apetecía hacerlo. Sólo quería curarme el hombro y relajarme. Fui al baño y saqué un pequeño kit de primeros auxilios. Me dirigí hacia el cuarto, sentándome en el suelo frente a un espejo de cuerpo entero en el que me vería bien la herida. No parecía grave realmente, solo era superficial. La desinfecté con alcohol y dejé el resto para después de mi baño.

Volví y abrí el grifo de agua caliente de la bañera. Era antigua, de color blanco y con 4 patas de color bronce. Se encontraba a un lado del pequeño baño de baldosas que tenían diferentes tonalidades de azul. Sin duda, era una de mis habitaciones favoritas de la casa. Aunque pequeña, era realmente acogedora. Exceptuando el baño, toda estaba en colores anaranjados, rojizos… Me gustaba el sentimiento de calidez que transmitía. Adoraba esta casa.

Saqué un bote de aceite de jazmín para echarlo en el agua. Tras esto, recordé la botella de vino, por lo que corrí a la cocina a por una copa para servirlo. Volví al baño, donde la bañera ya estaba llena, por lo que me quité la ropa y me metí, dejando solo fuera del agua de nariz para arriba. Inspire profundamente, captando todas las notas del aceite que había echado. El olor floral era realmente embriagador. Me relajé. Ahí estaba todo lo que necesitaba. Vino, agua caliente, aceites perfumados… ¿qué más podía pedir? Di pequeños tragos a la copa, mientras me masajeaba las piernas cansadas. Me dolían… y el hombro también. Pero el calor estaba ayudando a aliviarlos. Al cabo de poco perdí la noción del tiempo, sólo podía sentir el agua sobre mi piel, y en realidad, eso era lo único que quería sentir. Noté que cada vez tenía más sueño, por lo que decidí que el baño debía llegar a su fin antes de que cayera en los dulces brazos de Morfeo y muriera ahogada. Me incorporé y cogí un bote de gel. Lo incliné para echarme algo en la mano cuando noté algo viscoso que me caía en la palma. Me lo lleve a la nariz para ver que era, y de algo estaba segura. Algo que olía así, no lo había comprado yo. Lo examiné de cerca, intentando averiguar que era cuando sentí que caía más sobre mi antebrazo. Un escalofrío me recorrió la espalda, no me atrevía a mirar hacia arriba.

Esta mañana mi techo no babeaba, de eso estaba convencida. Y ahí debía de haber algo que sí lo hacía. Con el cuello encogido, poco a poco fui inclinando la cabeza hacia el techo para ver la cara del baboso en cuestión.

Ni de coña.

No.

Este tipo de cosas solo podían pasarme a mí.

Ahogué un grito mientras alargaba la mano para coger la toalla mientras mantenía el contacto visual con otra araña igual de grande que la que me había atacado hoy en la carretera. Bichos vengativos… debía haberse enterado de la muerte de su amiga, ¿estaría Sam igual que yo? Esperaba que no. Intenté levantarme lentamente de la bañera para no alterar al monstruo que me observaba desde arriba, pero el jabón hizo que resbalara, teniendo que apoyarme en el borde para no abrirme la cabeza contra el suelo. Mala elección, quizás esa hubiera sido mejor muerte.

La araña se abalanzó, dejándome solo tiempo para echarme contra la pared. A duras penas pude escapar por la puerta, cerrándola tras de mí con un portazo y atrancándola con una silla. Eso no iba a retenerla por mucho tiempo, pero me daría el suficiente para escapar… envuelta en una toalla… Genial. Si no me mataba el equivalente a Mike Tyson en araña, quizás me encontrara en la calle a un violador que si lo hiciera. Qué suerte la mía. Alcancé algo de ropa que había sobre mi cama y salí corriendo mientras me vestía. Cogí el teléfono a oscuras en el salón y comencé a marcar el número de la policía. ¿Qué iba a decirles? "Hola, una araña de dos metros está metida en la bañera de mi casa. Creo que se alimenta de personas, con moscas, dudo que haya podido ponerse así de gorda"… no iba a funcionar…

El estallido de una ventana hizo que gritara. Me cubrí la cara para protegerme de los cristales. Devorada por un bicho, quizás; con cicatrices en la cara, nunca! Giré el cuerpo, mirando hacia atrás al escuchar como la puerta del baño era arrancada de su sitio por los numerosos golpes de la araña. Volví la vista al frente al escuchar el crujido en el suelo provocado por cuatro arañas más. Ahora me encontraba rodeada. Ese era mi fin… seguro. Aunque al menos era un final original. No muchos han muerto asesinados por cinco arañas monstruosas… creo.

Ya no me importaba nada, ni siquiera me alarmé al ver abrirse la puerta de la entrada violentamente. Total, iba a ser otra araña uniéndose al festín… Cerré los ojos a la espera de oír mi propia sangre saliendo a borbotones del cuello o algo así, pero en su lugar escuché el sonido de un disparo y el chillido de una de las arañas. Abrí un ojo para ver que había pasado. Un hombre de unos treinta y pico años, enfundado en una gabardina roja y de pie sobre los restos de mi puerta, apuntaba con dos pistolas a los monstruos desde la entrada.

"¿Llego a tiempo para apuntarme a la fiesta?"