CAPITULO 3

"Si las matas, te apunto a lo que quieras" respondí mientras retrocedía para pegarme a la pared.

El hombre se paró durante unos segundos pensando. Me miró y sonrió. Yo debía estar de suerte, ya que la atención principal de los bichos parecía ser él ahora.

"Me parece un buen trato" respondió por fin.

"Pues todas tuyas"

Con esto, saltó sobre una mesa disparando hacia los arácnidos, que intentaban alcanzarle con sus patas delanteras. Vi como se llevaba una mano a la espalda para agarrar el mango de una inmensa espada. ¿Cómo no la había visto antes? Trinchó con ella a una de sus atacantes para desgarrar su abdomen luego y pasar a otra. Daba espadazos contra ella, dejando marcas en las paredes por las estocadas. Una de las arañas se colocó tras de su espalda preparada para saltar cuando algo captó su atención.

Mr. Marshall había vuelto.

La araña se dio la vuelta mientras yo hacía aspavientos para echar al gato, que miraba atónito toda la escena. Pero parecía que para el insecto tenía bastante atractivo, ya que se preparó para saltar sobre él. El desconocido vio como yo me movía pegada a la pared intentando acercarme para salvar a mi mascota.

"Espera!"

"Ni de coña"

Corrí hacia Marshall y lo cogí bruscamente, notando como la araña se había abalanzado destrozando el sitio en el que nos encontrábamos decimas de segundo antes. Avanzaba mientras que el gato me clavaba cada vez más fuerte las uñas en el antebrazo, imagino que asustado por ver lo que nos perseguía. Porque, obviamente, ella estaba detrás. Y sabía que tarde o temprano iba a tener que enfrentarme a ella. Pero no en el pasillo, era demasiado estrecho. Llegué a la cocina, lanzando a Marshall en un cuarto de camino, esperando que estuviera quietecito y a salvo. La araña, obviamente, me eligió a mí.

Salí hacia el jardín por la puerta trasera y, de un salto, subí a una mesa de madera. Mi oponente, desde el suelo, se levantó lanzándome su pata delantera para intentar herirme. Pisé el extremo y, con la otra pierna patee la cabeza de la bestia. Volví al suelo, cogiendo una barra metálica que pertenecía a una sombrilla. Esquivaba las patas de la araña mientras la golpeaba con la barra. Poco a poco iba arrinconándome, hasta que quedé con la espalda pegada a la pared. El monstruo se alejó unos metros y cargó contra mí. Levanté la barra con la punta afilada, atravesando la cabeza del arácnido de manera vertical, quedando su cara a escasos centímetros de la mía. Desapareció transformándose en un montón de ceniza que quedó a mis pies. Dejé caer la barra e inspiré profundamente intentando recuperar el ritmo de mi respiración. Oí como alguien aplaudía a mi espalda, por lo que me giré mientras observaba acercarse al hombre que me había salvado.

"Estoy realmente impresionado preciosa" dijo mientras se aproximaba "no has resultado ser tanto una damisela en apuros"

Me fijé en el brillo espectral de la luna sobre su cabello blanco. Se trataba de un hombre alto y fuerte, con las facciones de la cara rectas. Sus ojos, de un color azul gélido, buscaban el contacto con los míos. Ahora que le veía bien, era realmente atractivo.

"Si bueno…" contesté todavía jadeante "las otras cuatro te dirán lo contrario"

"Dirían"

"¿Cómo?"

"Habla en pasado, ya me encargué de ellas" dijo finalmente frente a mí. Ciertamente era muy corpulento. Yo solo llegaba a su nariz, y eso que siempre me había considerado una mujer alta. La espada, su vestuario de cuero rojo y las pistolas que llevaba a sus lados le daban un aspecto aún más imponente.

"Ah… gracias por eso" comenté mientras me pasaba una mano por la frente y suspiraba. Intentaba encajar todo lo que había pasado, y la situación me superaba. Necesitaba relajarme, por lo que dejé al desconocido ahí y me dirigí a la cocina. Alcancé un paquete de tabaco que se encontraba en una encimera y me llevé un cigarro a los labios. Acerqué el mechero para encenderlo cuando finalmente, caí en la cuenta de algo.

"¡¿Quién coño eres tú?!" grité con el cigarro todavía en los labios al tipo que se encontraba bajo un árbol en el jardín.

"Ay… mi encanto personal no suele causar esa reacción en el sexo femenino" dijo sonriendo para sí mismo.

Comenzó a acercarse de nuevo hacia mí con paso seguro. Yo adopté de manera inconsciente una postura defensiva. Venga, un tío de 1,90 m. se aproximaba con una espada de mi tamaño y dos pistolas. Se había colado en mi casa arrancando la puerta de golpe y, vale, me había salvado el culo al librarme de las arañas, pero no sabía que intenciones tenía realmente.

"Venga nena" dijo mientras levantaba las dos manos en señal de paz "no voy a hacerte nada… que no quieras"

Levanté una ceja ante el comentario. ¿Quién se había pensado que era?

"¿Quién eres? Y, ¿Qué haces aquí?" pregunté secamente.

"Mi nombre es Dante. Recibí una llamada esta noche diciéndome que tendrías problemas con estos bichos… y yo, como el caballero que soy, no podía dejar que te pasara nada"

"Ya… seguro… Ahora cuéntame algo que me crea más"

"Básicamente…" paró unos segundos buscando una manera de decir lo que venía a continuación "… ahora soy tu guardaespaldas" dijo con una gran sonrisa.

"…"

"¿No dices nada? No sé, un grito de alegría me bastaría, la verdad" dijo acercándose "Oye, no todos los días se tiene a un hombre tan atractivo como yo por guardaespaldas" susurró a mi oído.

"No necesito ningún guardaespaldas" corté, alejándome mientras daba una calada al cigarro que se consumía lentamente.

"Ni nicotina, no es sano fumar, ¿sabes?"

"Podría matarme…. O uno de esos bichos" dije mientras señalaba el montón de ceniza "así que creo que correré el riesgo"

"No, ellos ya no tienen que preocuparte. Ahora estoy yo" Dante sonrió rodeando mi cintura con un brazo

"¿Para matarme?" Sonreí poniendo cara inocente

"Claro que no, para protegerte" dijo acercando su cara a la mía

"Creo que paso" le di un empujón mientras maldecía a Sam "Te despido. De todos modos, ya no creo que vengan más bichos de esos" dije tras dar otra calada "Esta noche ya me encontré con seis… seis! Y es la primera vez en mi vida que veo uno de ellos! Así que ya mucha casualidad sería que volvieran, ¿no?"

Dante me miró serio "¿Qué piensas que son?"

"Me decanto por experimentos genéticos que han escapado. Algo así como King Cobra pero en araña… o podrían ser la auténtica forma de Spiderman, sin mallas ni nada"

"… o demonios"

"o demonios… si no fuera porque no existen…"

"¿Y Spiderman si?"

"Lo siento, pero eso del infierno, el fuego eterno… no va conmigo. Las mallas si" dije riendo.

"Verás…"

"…Riley"

"Riley. Siento ser yo el que te abra los ojos, pero eso no eran experimentos fallidos. Son demonios. Del Infierno… la bazofia del Infierno, pero demonios al fin y al cabo"

"nadie dijo que fueran fallidos…quizás… querían crear un ejército arácnido… gigante" dije bajando el volumen conforme decía la frase.

Dante suspiró, cerrando los ojos durante unos segundos.

"Riley… me da igual que me creas o no, ya has visto lo que ha pasado hace un rato, y no sé si volverá a pasar, pero no voy a arriesgarme a que te pille sola de nuevo. Así que me vas a tener a tu lado aunque no te guste" dijo. Levantó una ceja y sonrió, dando un paso para colocarse junto a mí mientras ponía una mano bajo mi barbilla y la empujaba hacia arriba levantando mi cara "pero te aseguro que muchas matarían por estar en tu situación ahora mismo"

Me llegó el aroma fresco de su colonia, mientras notaba como el aire que escapaba de sus labios me rozaba gentilmente la piel. Le mire a los ojos durante unos segundos pensando qué hacer. Pasado ese lapso, desvié la mirada y me separé de él, adentrándome en la casa.

"Está bien, me rindo. Ahora estoy demasiado cansada como para discutir, así que ya mañana me explicas mejor todo eso del infierno, los demonios y por qué me atacaron, ¿de acuerdo?"

"Tu mandas"

"Y espero que me des una explicación decen-"

Paré en seco. Había llegado al salón. O a lo que quedaba de él, para ser más precisos.