CAPITULO 4

Mi querida casa, aquella en la que había pasado tantos momentos… se hallaba en la más absoluta ruina. Marshall rodaba entre los cojines tirados por el suelo, mordiendo el relleno que escapaba por las esquinas. Las estanterías se encontraban con las baldas de madera rotas, dejando los libros que contenían desperdigados por el suelo, con numerosas páginas arrancadas que se arremolinaban por todas partes. Los cuadros habían caído de las paredes, mostrando numerosos cortes en las paredes, así como marcas de disparo. Miraba boquiabierta todo el desastre cuando note que Dante se acercaba por detrás de mí.

"Bueno… piensa que podrías estar muerta, podría ser peor…"

"¿Peor que esto? ¡¿Estás de coña?!" grité desesperada ante la visión que se presentaba frente a mí.

"Venga nena… solo era un salón…" dijo intentando relajarme, posando una mano sobre mi hombro

"No! No era un salón! Era MI salón! Hay una pequeña diferencia!" aparté su mano de mi, encarándome a él. Me giré buscando algo en una de las paredes, junto a una ventana. Corrí hacia allí y al verlo, caí sobre mis rodillas.

"No… todo menos esto… esto no puede estar pasándome… NO!!"

Dante se acercó preocupado, arrodillándose junto a mí para intentar averiguar que me pasaba.

"Hubiera preferido la muerte… pero esto no debía ser destruido… yo… lo pasé tan mal para conseguirlo…" me esforzaba por detener las ganas de ponerme a gritar como una posesa, pero me costaba mucho.

"¿Una foto? ¿Un recuerdo de alguien? Nada es tan importante como tu vida" respondió el.

"ESTO SI! SABES LA DE MESES QUE ESTUVE VIVIENDO EN LA MISERIA PARA CONSEGUIR ESTO?? Es… ERA! La única herencia que hubiera podido dejar a mis hijos en el hipotético caso de que los tuviera!!" grité, conteniendo ahora las ganas de lanzarme al cuello de mi "guardaespaldas"

"Pero que…"

Alcé la mano con rabia, sujetando lo que me estaba provocando tanto sufrimiento para ponerlo frente a la cara del hombre que todavía se preguntaba qué era.

"LA PRIMERA APARICIÓN DE BATMAN!! NUMERO 27 DE DETECTIVE COMICS, MAYO DE 1939!! SABES LA PASTA QUE CUESTA ESTO??"

Dante me miraba sorprendido, mientras yo bajaba la cabeza, apoyándome en el suelo con las manos.

"… ¿eso era?" preguntó por fin

Sollocé, todavía mirando al suelo mientras asentía. Mire a Dante, que se levantaba tendiéndome la mano. La tomé, levantándome también. Le miré poco a poco y vi como sonreía.

"espero que sepas que es una de las cosas más ridículas que he escuchado en la vida, y uno de los motivos más penosos para morir que vi" dijo dándome la espalda

"EH!" le cogí del hombro y le obligué a girarse para mirarle a la cara "es MI motivo!! era MI comic!! y… me encantaba…" dije mirando de nuevo al suelo.

Suspiró mientras se rascaba la cabeza

"Bueno… imagino que tendrás muchas cosas que coger… así que tomate tu tiempo…"

Levanté a cabeza, inclinándola levemente hacia un lado dándole a entender que no sabía de lo que estaba hablando

"No pensarías que íbamos a quedarnos aquí, ¿no? El sofá está destrozado y tendríamos que dormir juntos…" dijo mientras arqueaba una ceja, acercando su cara "… mañana no iba a haber quien pudiera levantarnos, no sé si me entiendes…"

"Ya… creo que sé por dónde andas" dije acercándome a Dante, sonriendo mientras le cogía del cuello de la camisa seductoramente y acercaba mi boca a la suya. Vi como Dante sonreía triunfalmente, dejándose arrastrar por mí.

"¿Y?"

"Ni de coña"

Me alejé y comencé a recoger libros del suelo, que iba amontonando en los peldaños de una pequeña escalera metálica de caracol que conducía al desván. Le escuché suspirar derrotado, por lo que no pude evitar sonreír.

"¿De verdad crees que no he conocido a más hombres como tú? Vais por la vida de ganadores, intentando que caiga a vuestros pies toda mujer que encontréis en el camino. No os preocupa nada más que vuestra propia satisfacción. Egoístas, orgullosos y con el ego más alto de lo que cualquiera podría desear... no eres el primer con el que me encuentro, lo siento"

"Cariño" dijo acercándose mientras me ayudaba a recoger algunos libros "te aseguro que jamás has conocido a ningún hombre como yo" Dante sonreía seguro de sí mismo, convencido de sus propias palabras. Le mire un rato, intentando adivinar que pasaba por su cabeza en ese momento.

"Bueno… quizás te dé la oportunidad de que me lo demuestres"

"Claro. Pero antes, recoge tus cosas. Me gustaría salir pronto de aquí"

"No pensarás que voy a dejar mi casa así, ¿no?" crucé los brazos, negándome a abandonar mi hogar.

"Verás preciosa. Esta lo de la cama que te expliqué antes. Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que, si te han atacado aquí, esos bichos saben dónde vives"

Un escalofrío me recorrió la espalda, recordando lo que solo un rato antes había ocurrido. No, realmente no me convenía estar allí mucho más rato. No.. no me apetecía demasiado volver a encontrarme con uno de esos… demonios, o lo que se supusiera que fueran.

"… está bien… ¿puedes… coger tu al gato?"

"El gato no viene"

"Oh, ya lo creo que si" respondí seriamente

Dante me miró de arriba a abajo, examinándome mientras pensaba que hacer.

"…esta me la debes, ¿lo sabes?" contestó mientras se dirigía hacia Marshall, que arqueó su lomo dejando que Dante lo acariciara.

Miré sorprendida y sonreí.

"Estate contento, por lo menos le has caído bien"

Dante me miró dubitativo.

"No suelen gustarle los extraños. Eres a la primera persona a la que no le bufa" dije acercándome a los dos y rascando la cabeza de Marshall, que comenzó a ronronear. Me levanté para dirigirme al cuarto y comenzar a recoger mis cosas "En media hora estoy lista"

"Está bien" contestó todavía acariciando al gato

Eché un vistazo al salón antes de entrar en la habitación, deprimiéndome de nuevo al ver los restos de mi tesoro esparcidos por el suelo.