CAPITULO 9

Resulta increíble cómo cambian las relaciones. Acababa de conocer a Dante. Bueno… la noche anterior, y hablaba con él como si fuera un viejo amigo. Me comportaba como si nos conociéramos de toda la vida. Y el… parecía el tipo de persona que cogía confianza rápidamente. O que era capaz de hacerlo cuando le convenía. Pero estaba segura de que había mucho más que no mostraba. Esa máscara de arrogancia y chulería ocultaba a un Dante mucho más profundo que no se mostraba.

Así que allí me encontraba, con Dante rozándome levemente la cara, notaba el ligero contacto de sus dedos contra mis pómulos, y el calor que ellos desprendían quedando marcado en la piel. Pero no todo iba a ser tan idílico. No. Al fin y al cabo, estábamos hablando de mi. Pocos segundos más tarde la atmósfera había dado un giro de 180º. Yo lo había notado, y Dante, obviamente, también. Noté como rodeaba mi cintura con su brazo, pegándome a su cuerpo mientras alcanzaba con la otra mano a Ebony.

"Haz lo que yo te diga y todo saldrá bien, ¿vale preciosa" oí que decía acabando en un susurro "Y no tienes de qué preocuparte, yo voy a protegerte"

Asentí mientras miraba fijamente a una ventana. Ahí había algo. Me pegué aún más a Dante si es que cabía esa posibilidad. El se dio cuenta, sonriendo levemente ante mi acto y yo… yo me sorprendí a mí misma, por lo débil que estaba demostrando ser ante la situación.

"No te ilusiones" farfullé

"No lo hago… pero noto cierta mejoría. Mi táctica está surgiendo efecto" contestó sin dejar de apuntar a la ventana, expectante.

"Eh! ¿Qué has querido decir con eso?"

No le dio tiempo a contestar. El cristal se rompió con un sonoro estallido. Dante se interpuso, cubriéndome de los cristales. Sin soltarme, se giró disparando a los demonios que entraban por el hueco de la ventana. Iba retrocediendo conmigo, hasta que dimos con la espalda en una pared. Me soltó y cogió su espada, comenzando entonces a asestar estoques contra los seres que nos asediaban. No eran como las arañas. Eran… espantapájaros… o algo parecido. Atacaban con cuchillas que portaban en vez de piernas o manos, y su aspecto de payaso los hacían aún más aterradores. Pero Dante parecía divertirse. No estaba especialmente agobiado por el ataque de los espantapájaros. Saltaba y los acuchillaba mientras reía… hubiera parecido un auténtico psicópata si no fuera porque eso que mataba no eran seres humanos. Y porque gracias a el, ninguno se había acercado a más de dos metros de mi.

Aun así, no duro mucho mi ficticia tranquilidad. Un chillido agudo me taladró la cabeza. No sabía de donde venía, pero quién fuera el causante de ese sonido, intuía debía ser más peligroso que nuestros actuales acompañantes. Pero lo que vi debía ser coña. Capa negra con capucha que cubría una calavera, flotando y portando una guadaña que doblaba mi tamaño. ¿La Parca? ¿Tan claro estaba ya mi destino? Evité un embiste suyo, rodando hacia un lado todavía pegada a la pared. Pero estaba en clara desventaja. No solo era el tamaño… sino que además, yo iba desarmada.

Dante se abalanzó sobre la Parca, evitando que me cercenara la cabeza de un revés de su guadaña. Mientras seguía atacando a los espantapájaros, intentaba pelear con esta, que no hacía más que desaparecer para reaparecer en otra parte de la habitación y atacar por sorpresa.

"RILEY!! Metete en esa habitación y no salgas!! Bloquea la puerta!!"

Con esa habitación debía referirse al baño, que era el cuarto que tenía al lado. Así que rápidamente me puse en pie y, entre, cerrando la puerta justo a tiempo para evitar la cuchilla de uno de los demonios, que quedó incrustada en la madera. Corrí poniendo un mueble antiguo, atrancando la entrada y poniéndome a salvo por el momento. Di unos cuantos pasos hacia atrás, observando a Dante luchar a través de la rendija que había dejado la cuchilla del payaso. Parecía que, una vez yo fuera de allí, podía dar lo máximo de sí mismo sin ningún peligro. Y así seguía, viendo a Dante luchar hasta que oí un crujido detrás de mí. Me giré, buscando el origen del ruido. Miré hacia el suelo, en donde vi una especie de perro grande, color negro y rojo con unos grandes y brillantes ojos que me observaban. Estaba quieto, sentado, con la cabeza ligeramente ladeada.

"Pero que perro tan bonito…" dije echándome hacia atrás "No vas a hacer nada, ¿verdad?"

El perro emitió un leve gruñido, enseñándome los dientes.

"No no no… nos vamos a llevar bien, ¿a que si guapo? Venga, sé un buen chico y quédate ahí quieto"

Pero a ver, ¿cómo iba a quedarse quieto? Ese perro era demoniaco, seguro. Juraría no haber oído nada a Dante acerca de un perro, así que suyo no podía ser. Para mi desgracia, el perro abrió la boca, dejando ver una lengua larga y un montón de dientes. Pero podía ser peor. Y claro que lo era. Acto seguido, las mandíbulas del perro se dividieron en dos, dejando 4 fragmentos con varias hileras de dientes y muy mal aspecto. Se levantó, corriendo hacia donde yo estaba. Conseguí esquivarlo, pero el baño era muy pequeño, por lo que no podía huir muy lejos.

"JODER!! ¡¿Por qué todo me tiene que pasar a mi?!" dije mientras continuaba esquivando los embistes del perro "Pues esta vez me niego a jugar con vosotros!"

Miré al perro, que volvió a atacarme, saltando por encima suya justo cuando iba a alcanzarme. En el aire, patee su costado, lanzándolo contra la pared, que golpeo sonoramente. Corrí hacia el, salte y, usando el váter como apoyo, encajé otra patada en la cabeza del bicho, que todavía no se había recuperado. Sonreí viendo como volvía a caer, incapaz de levantarse. Me dirigí hacia el espejo, y enrollándome una toalla alrededor de la mano, lo golpee rompiéndolo en pedazos. Cogí uno largo y fino. Necesitaba algo para acabar con el bicho de manera efectiva, y quizás eso me sirviera… ya… le compraría un espejo nuevo a Dante. Me di la vuelta, encarando al perro que había vuelto a ponerse de pie. Se abalanzó sobre mí, girando sobra mi propio talón y hundí el cristal en el cuello de mi atacante, que justo había saltado. Caímos pesadamente, convirtiéndose el demonio en un fino polvo que me cubrió.

Tosí, incorporándome y sacudiéndome, escuchando todavía la pelea que se desarrollaba en el exterior. Esperaba que Dante estuviera bien… Yo… mucho me temía que tendría que encargarme de algo más. Una sombra se cernía sobre la ventana. Miré, esperando ver qué forma tendría este. El cristal se rompió, dejando ver una mano que tanteaba la pared.

"Mi… perro… ¿dónde… esta…?" dijo una voz aguda, infantil pero que venía de ultratumba.

Fantástico. La dueña del perro. Si ya decía yo que de Dante no era…

Me puse en guardia, esperando a que entrara. A la mano siguió el resto del cuerpo. Mi actual oponente era bastante más… asqueroso que el anterior. El perro por lo menos tenía su gracia… pero ¿esto? De forma humana, tenía el tamaño de una niña. Era una niña. Su vestido se encontraba roto, desgarrado y sucio. Y ella… estaba en estado de putrefacción. Definitivamente prefería a su mascota.

"Mi… perro… ¿dónde… está…?" repitió exasperada

"Ya bueno… quizás no te haga gracia pero creo que me lo he cargado"

"¿Mi… perro…?"

"Tu perro muerto… como… como tú"

"¿Dón…de…?"

"Lo estás pisando" dije carraspeando, mirando a otro lado mientras que señalaba el montón de ceniza que pisaba.

La niña se agachó, tocando débilmente el lugar en el que su perro… bueno, en el que su perro había fallecido, si es que esas cosas morían. Vi como sollozaba, llevándose un dedo a la boca y lamiendo los restos de perro que se habían quedado adheridos a su dedo. Mira que por un momento me había dado pena. Pero es que era asqueroso.

"Vaya… si que estabas unida a él. Oye, lo siento. No era mi intención, pero es que estamos hablando de la seguridad de mi carótida, y yo con esas cosas me pongo muy tontorrona, no se…"

Gruñó, levantando levemente la mirada. Abrió la boca, mostrándome un montón de dientes babosos y llenos de porquería. Si eso me mordía, no sabía si me mataría el mordisco o la posterior infección. Fuera como fuese, no pensaba averiguarlo.

"Mi… perro!!" gritó al tiempo que de un ágil salto se lanzaba hacia donde yo me encontraba.

La niña estaba enfadada. Eso estaba claro. Pero yo también lo estaba. No en vano, llevaba siendo atacada desde ayer por numerosos demonios. Y eso cansaba. Golpee el cuello del demonio, que se hallaba junto a mí intentando morderme. Esto la empujó hacia abajo, momento que yo aproveché para darle un rodillazo en la barbilla. Pero ella era más lista que el perrito. Me cogió de la muñeca y me lanzó contra la pared, recibiendo el golpe en la espalda que me cortó la respiración durante unos segundos. Para ser una niña, era fuerte. Monstruosamente fuerte. No tuve tiempo para descansar, ya que volvió a lanzarse. No tuve tiempo para levantarme pero no me hacía falta para detenerla. Lancé la pierna, que aterrizó en su cara. Rápidamente me incorporé y encajé otra patada en su estómago, haciendo que se deslizara por el suelo hasta quedar a unos metros de mí, golpeando el mueble que bloqueaba la puerta y apartándolo de su posición. Debía andarme con cuidado, ese suelo era demoniaco, y no por la situación en la que me encontraba. ¿Con qué limpiaba Dante el suelo para que resbalara tantísimo?

Me confié. Creía que tenía controlada la situación. Pero me equivocaba.