CAPITULO 11
Dante me miraba sentado junto a mí en el sofá. Todavía me cogía de la mano, intentando que reaccionara ya que todavía me encontraba sin palabras.
"Riley, ante todo, quiero que sepas que pienso cumplir mi palabra y protegerte con todo lo que tenga, ¿está claro?"
"Si… me estás asustando Dante…"
"Bueno… no lo hagas. Conmigo no tienes porqué temer. Pero… digamos que eso" dijo señalando un montón de ceniza que estaba en el suelo "y yo, no somos tan distintos"
"¿Qué quieres decir?" pregunté ladeando la cabeza. De pronto caí. Abrí los ojos, dándome cuenta de la situación. Las palabras no acudían a mi boca.
"¿Te has dado cuenta ya?" preguntó mirándome. Volví a asentir sin mirarle a los ojos. Mi vista se había quedado fija en un punto del suelo, sin poder moverse de allí. Ahora todo tenía sentido. La resistencia, la fuerza… incluso esa capacidad sobrenatural de cicatrización. Dante no era humano.
"Riley, necesito que me digas algo… "
No sabía que contestarle. Cómo hacerlo sin que le doliera o se sintiera ofendido. Cómo decírselo con delicadeza, para que comprendiera lo que realmente pensaba de ello. No me dio tiempo a contestarle antes de volver a hablar.
"Debes pensar que soy un monstruo" dijo levantándose mientras exhalaba. Le seguí con la mirada, incapaz de articular sonido alguno "¿Sabes? Quizás si lo sea… No es como tú debes estar pensando. No soy un demonio. Mi padre lo era. Mi madre era humana, por lo que yo soy mitad demonio solamente" dijo apenado "Pero aunque te parezca un monstruo, yo-"
"No me lo pareces!" dije levantándome súbitamente
"¿Qué?"
"Que no… no me pareces un monstruo… Miento. Sé que no lo eres" dije poniendo especial énfasis en el sé "Eras un semidemonio antes de decírmelo, y lo eres ahora. Las cosas no han cambiado"
"Pero-"
"Con o sin poderes demoniacos, eres mi guardaespaldas. El mismo con el que me divierte pelearme y el mismo que me ha salvado la vida ya dos veces" dije mientras me acercaba a él. Dante me miraba quieto, sin decir o hacer nada. Llegué hasta donde se encontraba y sonreí "No elegimos cómo, dónde o cuándo nacemos. No elegimos quiénes serán nuestros padres, ni en qué situación nos encontraremos. Dante, se nos reparten unas cartas al nacer, y no podemos saber cuáles van a tocarnos. Lo que sí decidimos es cómo jugarlas, qué hacer con nuestras vidas. No eres un monstruo. Tus acciones hablan por ti. Da igual si eres humano o un demonio. Eras y sigues siendo el mismo. Así que no vuelvas a decir que pienso que seas un monstruo, porque no lo eres"
Dante sonrió aliviado por mis palabras. Yo me sorprendí a mí misma. Joder, para que no me vinieran palabras a la boca, menuda parrafada sentimentaolide le había soltado.
"Me alegro saber que piensas así"
"Si bueno…"
"Y, a propósito, peleas francamente bien"
"Ya te lo dije"
"Ya ya… Pero aún así te he salvado. ¿No crees que, como tu caballero andante, me merezco un premio?" dijo atrayéndome hacia él y rodeándome por la cintura con uno de sus brazos mientras que con la yema de sus dedos rozaba mis labios.
"Mmm… ¿debería premiarte entonces?" dije sonriendo mientras jugaba con un mechón de su pelo blanco "Y, ¿en qué pensabas exactamente, ehh caballero andante?"
"Creo que todavía tenemos algo de tiempo y yo hace unos días que me encuentro un poco flojo. ¿Le importaría examinarme, doctora?" Dante se dirigió a mi cuello. Noté el calor de su aliento y la cercanía de sus labios sobre mi piel y sonreí. Acerqué mi boca a su oído y suavemente comencé a susurrar.
"Lo que todavía no entiendo… es… como no has captado que no va a ocurrir nada… entre nosotros" reí mientras le alejaba de mi
"Lo que tú no has captado es que cada día falta menos para que algo pase" dijo todavía rodeándome con sus brazos mientras sonreía. Volvió a acercarse a mi oído y esta vez, susurró él "y te aseguro que yo me muero porque el día llegue. No sabes cómo lo deseo"
Se apartó, liberándome de su abrazo y dirigiéndose al sofá para vestirse de nuevo. Yo le miraba sonriendo, preguntándome como estaba tan seguro de eso. Dante volvió a dirigirse hacia mí y, colocándose a mi lado, miró hacia una ventana que se encontraba en la sombra.
"Sal de ahí" dijo tajante
No supe que quería decir hasta pocos segundos después. Lentamente, de entre las sombras, surgió el cuerpo de otro demonio que hasta entonces había estado observándonos. Su forma era humana, exceptuando por la deformidad de su cara. El color de su piel era ocre, que combinaba con la ropa marrón que llevaba.
"Tranquilo cazademonios" dijo en tono conciliador "Solo venía a curiosear un rato"
"¿Sabes? No es muy normal que un demonio venga a curiosear a mi casa. Sobre todo si sabemos como suelen acabar las cosas si lo hacen" dijo acercándose a él.
El demonio retrocedió temeroso ante lo que Dante pudiera hacerle.
"No tienes por qué hacerme nada, hijo de Sparda. No soy una amenaza. Yo no"
No dio tiempo a que reaccionara antes de que Dante le agarrara por el cuello y le empotrara contra la pared. Levantándolo unos palmos del suelo, metió el cañón de Ivory en la boca del hombrecillo, que había comenzado a temblar.
"Si tú no eres una amenaza, ¿quién lo es?" dijo mientras retiraba la pistola para permitirle hablar
"Ella no es quien tú piensas que es. Estar a su lado sólo te va a traer problemas. Coge el dinero y déjala en nuestras manos, la cuidaremos bien"
Dante sonrió, lanzando a continuación al demonio contra el suelo. Se agachó y presionó de nuevo su pistola contra la sien del monstruo.
"Vaya, gracias por la recomendación. Me encantaría poder conversar con tus jefes para que discutiéramos nuestras diferencias, ¿no crees que estaría bien?"
"Creo que no lo entiendes hijo de Sparda, nosotros no vamos a matarla. Los otros, sí"
"¿Qué otros?"
"Pronto los conocerás" dijo riendo
"No te lo pienso repetir muchas más veces, dime quienes andan detrás suya"
"Hace tantos años que se debería haber hecho esto…"
"Cuento hasta tres"
"La Orden te ha estado buscando durante mucho tiempo, ¿lo sabías Riley?" dijo dirigiéndose a mí.
"Uno"
"¿No te preguntas como sé tu nombre? Y ¿qué más sabremos de ti?"
"Dos"
"¿No te gustaría averiguar quién eres realmente?"
"Tres" Dante apretó el gatillo contra la sien del demonio, que cayó pulverizado en el suelo. Se levantó, limpiando los restos de ceniza de sus zapatos. Se acercó hacia donde yo me encontraba y suspiró.
"No te preocupes"
"¿Cómo que no me preocupe? ¿A qué coño venía todo eso?"
"No lo sé, pero te aseguro que lo averiguaré"
"¿Qué quería decir con quién soy? Sé quién soy…"
"Lo sé… pero no dudes que pronto sabremos quién te persigue. Y te prometo que acabaré con ellos. No voy a abandonarte"
Sonreí agradecida, sin dejar de mirar el lugar donde hasta hace un momento se hallaba el demonio. Había muerto, si. Pero su misión estaba cumplida. Había sembrado en mí la semilla de la duda.
