CAPITULO 14

La noche había acabado con una botella de tequila y varios vasos de chupito. Ninguno de los dos se daba por vencido, no íbamos a perder ante el otro. Cuando horas más tarde nos percatamos de ello, decidimos marcharnos a descansar. No estábamos borrachos, pero aún así los efectos del alcohol se dejaban notar, dejándonos en un estado más alegre de lo habitual.

Llegamos a la casa, estirándome nada más entrar. Tenía ganas de dormir, y tras llegar a un pacto con Dante según el cual el dormiría en la cama día sí y día no, me dirigí hacia donde guardaba mi ropa para coger el pijama y acostarme en el sofá. Pero Dante tenía otros planes, por lo que me cogió y subió las escaleras cargándome en sus brazos.

"Bájame ahora mismo, teníamos un trato"

"Después de lo que me has dicho antes, no pensarías que acabaríamos la noche sin probar mi cama, ¿no?" le pellizqué en el hombro molesta "… prometo que no haré nada"

"Prometiste cumplir el trato, así que el valor actual de una promesa tuya es nulo"

"Riley, estoy cansado, no voy a hacer nada, de verdad" dijo, lanzándome acto seguido a la cama. El se recostó a mi lado, apoyando la cabeza en la almohada y cerrando los ojos. Yo miraba al techo sin saber qué hacer. La situación me resultaba muy incómoda. Sentía la respiración de Dante acompasarse conforme se relajaba. Faltaba poco para que se quedase dormido, por lo que decidí esperar a que lo hiciera para marcharme al sofá. Mientras tanto, pensé en todo lo ocurrido hasta el momento. ¿Por qué había besado a Dante? Y lo peor de todo, ¡¿por qué me había gustado?! Quizás estaba comenzando a sufrir el Síndrome de Estocolmo, al fin y al cabo, Dante había sido mi única conexión con el mundo en estas semanas, y la única persona en la que había podido confiar plenamente…

Me giré viendo como el susodicho respiraba profunda y lentamente, dormido mirando hacia mí. Así parecía hasta buena persona, me dije a mí misma. Lentamente, comencé a deslizarme, intentando hacer el mínimo ruido posible.

"Ni se te ocurra" dijo de pronto, abrazando de nuevo mi cintura y pegándome a él. Mierda. Ahí ya no tenía escapatoria. Dante se aferraba fuertemente, impidiéndome cualquier tipo de movimiento. Así que al cabo de 10 minutos de forcejeo, decidí darme por vencida y dormir. Parecía que realmente no iba a hacer nada. Me relaje, notando como él, ya dormido, se pegaba más a mí y apoyaba su cabeza bajo mi nuca. Sentí el aliento de Dante acariciar mi piel, aumentando mi nerviosismo. ¿Por qué me provocaba nerviosismo? Yo no era una de las que caía fácilmente a sus pies, no era… débil. Definitivamente, dormirme sería la forma más rápida de escapar de la realidad, así que me dispuse a ello, musitando un buenas noches rápido antes de dejarme llevar por el sueño.

La mañana siguiente desperté con un ligero dolor de cabeza. La luz me molestaba, por lo que me puse una mano sobre los ojos intentando evitar que llegara hasta mí.

"¿Dormiste bien princesa?" dijo alguien en mi oído, besando levemente mi mejilla. Yo me asusté, no esperándome que nadie me hiciera eso y menos aún cuando estaba dormida. Miré hacia el otro lado de la cama y vi a Dante incorporarse sin camisa.

"Qué, ¿intentando impresionarme de nuevo?" dije frotándome los ojos.

Dante me empujó, haciendo que cayera sobre mi espalda. Se echó encima de mí, apoyándose sobre sus codos, que estaban colocados a ambos lados de mi cabeza.

"¿Qué haces?" pregunté, notando como su mano comenzaba a acariciar mi mejilla.

"Sabes que algún día me tomaré la revancha por ese beso, ¿no? Todavía me siento utilizado" dijo mirándome fijamente. Sentía que sus ojos azul hielo podían ver a través de mi alma. Me escrutaban, inspeccionando todo lo que en mí guardaba.

"Lo suponía"

"Todavía me pregunto qué es lo que tienes que…"

"¿Cómo que qué tengo? ¿Tengo algo?" dije tocándome la cara. Dante retiró súbitamente la mano y me besó. Yo no supe reaccionar, me quedé parada y con los ojos abiertos, en un completo estado de shock. Bajó su mano hasta mi cintura, acariciándome con la otra el pelo. Con el paso de los segundos, y casi sin darme cuenta, había ido dejándome llevar, cerrando los ojos y apoyando mis manos en sus hombros, pegándome a él. Sentía su respiración profunda sobre mi cara, como sin descanso buscaba mi boca, contestándole yo con el mismo gesto. Le besaba apasionadamente, descargando ahí todo el estrés que había estado acumulando. Sentía mi mente difusa, incapaz de pensar o darme cuenta de lo que pasaba. Dante puso su mano en mi frente, echándome la cabeza hacia atrás para besarme el cuello. Su otra mano recorría mi cuerpo, parando en los muslos y acariciándome. Yo le agarraba del pelo con una mano, revolviéndoselo mientras que la otra se encontraba apoyada sobre su espalda, presionándole contra mí. Pero como una revelación, me di cuenta de lo que pasaba.

"Para!" grité poniéndole una mano en la frente.

"¿Ahora que se ponen las cosas interesantes? No me hagas esto nena… no ahora" gruñó suavemente sin dejar de besarme la línea de la mandíbula.

"Dante, para ya!" dije intentando empujarle. No me di cuenta de que estaba casi al borde de la cama, por lo que el impulso solo consiguió que yo cayera. Me incorporé quedando sentada en el suelo. El semidemonio, todavía recostado en la cama, reía ante mi repentino desliz.

"Jo jo jo, que graciosos nos hemos despertado, ¿no?" bufé levantándome del suelo.

"Si es que eres torpe…"

"Seguro…"

De pronto, el teléfono comenzó a sonar. Dante bajó las escaleras tranquilamente. En los días que había estado allí, había comprobado que él tenía su propio ritmo y no lo cambiaba por nada. Le escuché contestar, pero no alcanzaba a escuchar la conversación. No debía ser interesante de otros modos. Y yo tenía cosas más importantes de las que preocuparme como ¿por qué había besado a Dante? ¿Por qué no le rechacé? Es más, no llego a tener el rayo iluminador y no sabía hasta donde habría llegado. Posiblemente hasta el final, y eso era algo que no quería permitir. No es que me desagradara pero… No! ¿Cómo que no me desagradaba? SI LO HACIA! Usaba a las mujeres! A mí me utilizaría también si dejaba que ocurriera! No podía permitir que-

"¿Riley? Riley, ¿me escuchas?" Me giré hacia la puerta, en donde Dante se asomaba "Riley, era un trabajo. Trish se quedará protegiéndote hasta que yo vuelva, no tienes por qué preocuparte"

"Dante, no necesito una niñera… nos ha jodido, a estas alturas de mi vida…"

"Bueno… aprovecha para… hablar de cosas de mujeres, o lo que hagáis en estas situaciones. Intentaré volver lo antes posible"

"Ya ya, venga… a mi no me tienes que dar explicaciones de lo que haces y dejas de hacer Dante"

"Solo te aviso. Quiero que veas que soy considerado. Un buen partido. Así que, ¿nos despedimos en condiciones? Antes me has dejado francamente…." dijo poniendo cara de pena.

"Si no te quitas de mi vista en menos de 10 segundos te juro que te pateare donde más te duela" le amenacé.

Dante sonrió y se esfumó de donde estaba.

Suspiré, cerrando los ojos e intentando dejar la mente en blanco. Oí como cruzaba unas palabras con Trish, que acababa de entrar en la oficina, y como, tras esto, se marchaba dando un portazo. No me sentía con fuerzas de bajar para hablar con ella, pero no hacerlo habría sido una falta de educación por mi parte.

Llegué al salón, donde la vi sentada en el sofá leyendo una revista.

"Encantada de volver a verte Trish"

"Hola Riley" dijo haciendo un ademán con las manos.

"¿Ya no soy el encargo?" dije sonriendo irónicamente. Trish me devolvió la sonrisa, sin dejar de mirar lo que leía. Pensé en preguntarle sobre lo que Dante le había mandado investigar, pero me daba miedo conocer su respuesta. Me acerqué a la mesa, sentándome en ella mientras me encendía un cigarro y daba una calada profundamente.

"¿No vas a preguntarme?" dijo sin mirarme

"Estaba reuniendo valor para hacerlo" sonreí para mí misma dando otra calada.

"No descubrí gran cosa"

La miré, esperando que me dijera algo más. Trish dejó la revista en la mesa y se acomodó, mirándome tras eso.

"La Orden de la que hablan está bien escondida. Si bien es cierto que existe, no hay nadie que pudiera darme información veraz. El demonio que os visitó se llamaba Grimm. Era sirviente de otro demonio hasta hace unas décadas, pero fue asesinado y de él se perdió la pista"

No sabía que contestar. Tenía la esperanza de que ella hubiera encontrado toda la verdad. A pesar de saber que eso era muy improbable, creía firmemente en ello. Y esto había sido como un jarro de agua fría sobre mí, que seguía sin saber a qué se había referido cuando dijo eso. Suspiré llevándome una mano a la sien para darme un pequeño masaje, intentando aliviar el dolor de cabeza que comenzaba a tener.

"De todos modos… Riley, alguien tiene que haberte estado vigilando"

"¿Qué?" dije levantando la cabeza

"Si te estuvieron siguiendo… posiblemente alguien te vigilaba"

"¿Por qué dices eso?"

"Siempre hay alguien. Además, cuando te buscan tanto tiempo, suelen poner alguien en tu entorno para que vea tus movimientos… como actúas, y así saber cómo actuar ellos en consecuencia"

"Pero… ¿Cuánto tiempo?"

"No lo sé… días, meses, años…" se puso de pie y avanzó hacia una mesa en donde se encontraba una cerveza. Dando un trago, se quedó quieta mirando la pared "De todos modos, son todo suposiciones… "

"Así que no hay nada…."

"Ya lo habrá. Tiempo al tiempo" Trish se giró y sonrió. A pesar de la primera impresión que había tenido de ella, quizás si fuera mejor persona de lo que imaginaba

"Y… ¿Qué tal… con Dante?"

"¿A qué te refieres? Con Dante bien, normal…"

"Solo… ¿solo normal?"

"¿Qué? ¿Por qué no puede irnos normal? Es decir, no hay nada"

"Vaya… es una lástima. Al fin y al cabo el te salva la vida todos los días…"

"Pues no, no hay nada"

"¿Nada?"
"Si, nada"

"Ya veremos lo que pasa…"

Retiraba lo dicho.