CAPITULO 18

A la mañana siguiente ya podía irme del hospital. Los médicos me dijeron que se sorprendían de mi capacidad de recuperación. Quizás, el haber estado tanto tiempo con Dante me había pegado algo de su super-regeneración.

Todavía débil, me apoyaba en él para caminar, agarrándome por la cintura para evitar que cayera. Sam no apareció para despedirse, cosa que me entristeció mucho. No quería que se enfadara conmigo, pero aún así, lo entendía. Sólo me hubiera gustado que ella entendiera mi postura. Tras decir adiós a mis compañeros, nos dirigimos a la puerta en donde una enfermera me paró.

"Sommerson ha preguntado por ti"

"¿Ahora? ¿Sabes lo que quería?"

"Que te lo diga ella misma, ahí está" dijo señalando hacia un punto a mi espalda. Emprendió la marcha para darse la vuelta a unos metros de nosotros y, guiñando un ojo añadió "A propósito, ya me contarás que hiciste para casarte con un hombre tan impresionante"

Miré a Dante sin saber de qué hablaba, mientras el sonreía y me miraba encogiéndose de hombros.

"Dra. Knox!"

Me di la vuelta para mirar a mi jefa acercándose.

"Sommerson, ¿qué pasa? Acaban de darme el alta"

"No, era para ver como estabas. Siento no haberme podido pasar" dijo cogiéndome una mano de modo conciliador. Sonreí poniendo una mano sobre la suya para que supiera que todo estaba bien "Solo quería que supieras que puedes tomarte el tiempo que necesites para recuperarte. Y a propósito, ¿Qué tal lo de tu familia? ¿Lo encontraste?"

"¿Qué?" dije sin saber a qué se refería. Dante me dio un ligero golpe con el codo que me hizo caer en ello "AH! Ya! Pues…. Era una falsa pista. La persona a la que encontró resultó no tener nada que ver conmigo, solo una serie de coincidencias que hacía parecer lo contrario… pero bueno…"

"Vaya, no sabes cuánto lo siento… si necesitas cualquier cosa, ya sabes lo que hacer… y oye! ¿Has visto a Levi? Desde ayer no sé nada"

"Ni idea, no sé nada de él…" dije encogiéndome de hombros

"Bueno… si le ves, o si averiguas algo de él, dile que venga a verme, ¿está bien?"

"Claro, no te preocupes"

"Pues… mejórate Riley. Se te echa de menos por aquí"

Sonreí ante su repentina muestra de afecto. Sommerson siempre me había tratado muy bien. Si bien era cierto que yo realizaba mi trabajo de manera eficiente, también la había metido en más de un problema. Y ella jamás me había sancionado. A pesar de todas mis quejas, me había tocado una buena supervisora.

Tras despedirme brevemente, salimos del hospital. Caía una fina lluvia que lo mojaba todo, pero afortunadamente, Dante tenía el coche aparcado cerca. Agarrándome con más fuerza, me ayudó a bajar las escaleras y a montarme en el coche. En el camino hacia su casa, ninguno dijo gran cosa. Al llegar Dante me acompañó de nuevo a su cuarto, recostándome en la cama. Se sentó a mi lado y suspiró.

"Nena, tienes que estar tranquila… ya verás que todo pasa"

Le escuchaba sin poder mediar palabra. Toda mi vida se venía abajo. No solo intentaban asesinarme, sino que le había dado la espalda a mi mejor amiga cuando ella intentaba ayudarme. Pero lo hacía por su bien, ¿no? Noté el crujido de la cama mientras Dante se incorporaba.

"No te vayas"

Me aferré a la manga de su gabardina, pues el miedo a quedarme sola podía conmigo. Dante me miró y, acariciándome el pelo, se volvió a sentar a mi lado. Pasó su brazo por detrás de mí, pegándome a él, mientras yo enterraba mi cara en su pecho y sentía como las lagrimas se acumulaban.

"¿Qué he hecho para que me pase esto?" dije débilmente mientras comenzaba a llorar.

Me abrazó, apoyándose sobre mi cabeza y oliéndome el pelo.

"No lo sé Riley… pero voy a descubrirlo aunque sea lo último que haga, te lo prometo…"

Seguí agarrada a él, que me acariciaba el pelo suavemente mientras notaba como el sueño iba venciéndome. El estrés de los últimos días más mi débil estado de salud me tenían en un estado de cansancio continuo. Así que al cabo de un rato, caí dormida.

Al cabo de lo que serían unas horas, desperté. La habitación se encontraba sumida en la penumbra, dejando que algo de luz pasara entre los resquicios de la cortina. Me incorporé buscando a Dante, quien no se encontraba ahí. Había dejado su chaqueta tapándome. Aspiré el aroma de su colonia que todavía permanecía pegada a ella. ¿Qué era lo que sentía por el? Jamás había encontrado a un hombre como Dante. El me hacía sentir a gusto, segura, cómoda… era lo único bueno que había de toda esta situación, mi salvador. Me moví al borde de la cama cuando toqué algo más. Miré bajo mi mano y encontré un sobre de papel marrón del tamaño de un folio. Curiosa, lo abrí examinando su contenido.

"Número 27 de Detective Comics, Mayo de 1939… idiota" sonreí acariciando la portada.

Haciendo acopio de fuerzas me levanté de la cama. Ya no sentía dolor, por lo que miré la herida viendo como esta estaba casi curada. Volví a colocarme las vendas y me acerqué a la puerta para salir, cuando escuché a dos personas hablando desde la entrada. Reconocí a Dante al instante, y al cabo de un rato, pude identificar a la otra como Trish. Me aproximé más intentando escuchar la conversación.

"Dante, ya te lo he dicho, es peligroso esto en lo que te has metido"

"No voy a abandonarla"

"No tienes elección! Ya ha pasado más veces, quien sabe si esto es lo mejor…"

"Trish" siseó enfadado "ni se te ocurra volver a mencionar eso"

"¿Qué? Dante, tienes que ser objetivo"

"No puedo, yo-"

"Lo que sientas por ella no quita quien es en realidad"

"No me lo creo"

"Pues no tienes más opción porque es cierto. Si consiguen a Diké, todo por lo que has luchado se verá reducido a nada"

"Me da igual. Riley no va a traicionarnos. No ocurrirá"

"No estoy hablando de Riley!! Hablo de Diké!! Es un demonio!!"

Sentí que me mareaba al escuchar esas palabras. ¿Cómo que no estaba hablando de mí? ¿Y quién era Diké? ¿Un demonio? Pero yo no era un demonio! Volví a asomarme para seguir escuchando la conversación que había continuado sin mí.

"Dante, esto tiene que acabar. No puedes protegerla para siempre. Es lo que es, Diké no es humana. No puedes quererla como tal. No es quien tu pensabas"

"Tú tampoco lo eras, y eso no me impidió ayudarte"

"Es dis-"

"No, no es distinto! O sí lo es, pero no me importa si es o no es un demonio. Para mi Riley es Riley…"

"Oh dios… ¿estás… enamorado de ella?"

No escuché contestación alguna, pero me había hecho plantearme si eso era cierto… Dante enamorado de mí… ¿era eso posible? Y si eso era cierto, ¿lo estaba yo de él? Era estúpido pensar que no sentía nada, obviamente existía algo. Pero ¿amor? No lo sabía…

"¿No contestas? De acuerdo Dante, pero sería mejor si ella desapareciera…" finalizó en lo que supuse su marcha, ya que sonó un portazo.

¿También ella estaba en contra mía? No tenía ni idea de qué hacer. Primero intentaban matarme. Aparecía Dante y me protegía de los numerosos demonios que querían acabar con mi vida. Ponía en peligro a Sam… y a todo aquel que me rodeara. Incluso a él. ¿Y si Trish tenía razón? Quizás lo más sabio era desaparecer. Con suerte no me encontrarían y seguro que a ellos les dejarían tranquilos. Al fin y al cabo, sólo era un monstruo. Y nadie necesitaba a un monstruo a su lado. Además… me negaba a seguir exponiendo a Dante al peligro. ¿Qué pasaría si una de estas veces le mataban? No soportaba verle herido, no por culpa mía y menos cuando quizás lo mejor es que estuviera muerta.

Apoyándome en el quicio de la ventana, salté hacia un muro que daba a otra casa. Llovía mucho, por lo que hacían de ese camino el menos indicado. Pero no podía dejar que Dante supiera que me iba. Los demonios podían encontrarme, y no se para que me querían, pero si era necesario, me quitaría la vida. Descendí desde la segunda planta de la casa apoyándome en los huecos y tuberías que ascendían por la pared. Cayendo sobre mis pies, llegue al suelo y comencé a andar. Me llevé una mano al pecho, apretando los dientes para combatir el dolor punzante que todavía sentía por la herida. Todavía estaba algo débil, pero eso era algo qué jamás me había detenido. No tenía un destino, pero tampoco me importaba. Sin documentación, dinero o ropa debía escapar para empezar de cero en algún otro lugar. No iba a ser fácil, pero nadie había dicho que fuera a serlo. Empapada, me encaminé por una calle estrecha que desembocaba en la principal. Tanto llovía y tan absorta estaba en mis pensamientos que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando. Lamentaba tener que abandonarle. Sentía una presión en el pecho que casi no me dejaba respirar, le iba a echar de menos. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer?

Anduve durante horas sin rumbo fijo, paseándome por la ciudad mientras el agua caía sobre mí, resbalando por mi cara y calándome los huesos. Necesitaba pensar, planear algo, lo que fuera. Así que solo continuaba caminando, esperando a que esa idea llegase, a que encontrase la forma de volver a levantar mi vida. Quizás podría ir a casa de Levi, pedirle prestado algo de dinero para marcharme y devolvérselo más adelante… eso sería coherente, creo.

"Riley espera!"

Me paré en seco y miré hacia atrás. Y ahí, como siempre, estaba él. Tan empapado como yo.