CAPITULO 21
"Estáis todos locos…" musité mientras me sentaba en el sillón
"¿De qué hablas? Tienes que entenderlo Riley" dijo él suavemente
"Pero Dante… tengo 27 años. ¿Cómo iba a haber participado en una guerra hace miles?"
"Porque no eres exactamente ese demonio… bueno, si lo eres. Pero sería más correcto decir que Diké habita en ti" cortó Trish
"No lo entiendo"
"Digamos… digamos que en tu vida pasada fuiste Diké"
"¿Creéis en la reencarnación?" pregunté asombrada
"Tu deberías, lo has hecho"
"Algo pasó en esa guerra, pero Diké desapareció. No obstante, es un demonio. Con o sin poderes, vive mucho. Tanto que podría decirse que es inmortal" continuó Trish sin aclararme las dudas.
"Entonces si es inmortal, ¿por qué se iba a reencarnar?"
"Porque lo que es inmortal es su esencia" dijo Dante haciéndome que le mirara "Los poderes demoníacos quedaron al otro lado del sello que cerraba la puerta al infierno durante muchos años. Eso incluía todo tipo de poderes, por lo que suponemos que, en el caso de Diké, no fue diferente. Si eso fue asi…"
"Diké pasó a ser un humano más. O quizás no exactamente humano, pero sí físicamente. Así, tenía un cuerpo mortal, por lo que moría" dijo Trish pasando al lado mía y quedando a mi espalda.
Desconfiada, me volví a levantar para mirarla de frente. No pensaba dejar de vigilarla nunca más.
"Y entonces, ¿cómo soy yo Diké si ya ha pasado tanto tiempo? Os recuerdo que tengo 27 años!"
"Ahí es donde entra la reencarnación" comentó Trish mientras fruncía el ceño
""Riley, Diké no tenía sus poderes al 100%... no los tenía, pero su esencia era la misma. No lo sabemos a ciencia cierta, pero pensamos que quizás viviera como un ser humano normal y que al morir, se reencarnara, viviendo en un ciclo tras otro"
"Es decir…. ¿soy una más? ¿Otra de tantas?"
"Exacto" cortó la cazademonios mientras Dante le echaba un rápido vistazo con cara de desagrado.
"…y… ¿por qué quieren matarme?"
"Eso es lo que no sabemos del todo…" me contestó con presteza el semidemonio "pero lo averiguaremos. Poco a poco, vamos avanzando… lo que sabemos es que si… si te consiguen…"
"Diké era la guardiana de la Puerta" dijo Trish
"¿Y eso que significa?"
"Que Sparda la puso ahí para vigilar que no la abrieran, es obvio"
"Ril, si tu sangre se vierte… tu puedes abrirla, tu… Diké, ella, puede dejar escapar de nuevo a las fuerzas del inframundo"
"¿¡Qué!?" grité echándome hacia delante.
"No vamos a dejar que pase, no te preocupes" comentó sin ganas la rubia.
Exhalé apesadumbrada, recostándome sin ganas en el sillón mientras miraba a un punto perdido de la pared. Esto ya sí que era el colmo. ¿Yo un demonio? Pero venga ya! Si era incapaz de hacer cualquier tipo de mal… o bueno, cualquier tipo de mal de los que supuestamente haría un demonio… Y ni de broma abriría las puertas del Infierno… ¿un ejército de niñas podridas y cosas peores como las de antes por todas partes? ¿Estaban de broma? Obviamente no iba a dejarles que lo hicieran, y si verdaderamente dependía de mi, iban a continuar cerradas por mucho tiempo. Volví la cabeza hacia mi lado y vi que Dante me miraba fijamente preocupado. Arrugué la nariz y, haciendo un mohín, me levanté rápidamente y miré hacia el techo
"Necesito una copa, esto no puedo tragarlo sobria"
Poniéndose rápidamente a mi lado, Dante me cogió de la cintura y me encaminó a la mesa, en donde me obligó a sentarme para luego dirigirse a la cocina y traer en una mano una botella con un líquido marrón dorado y tres pequeños vasos, y en la otra un plato con rodajas de limón y algo de sal.
"Trish, ¿te unes?" dije sin mirarla, todavía algo molesta
Ella se encogió de hombros y asintió, acercándose hasta nosotros mientras arrastraba consigo una silla que colocó frente a la mesa y en donde se sentó. Dante colocó los vasos juntos y los llenó de tequila, y esperó a que nos preparásemos.
"Curiosa forma que tienes de afrontar los problemas, Riley" comentó Trish cogiendo su vaso.
"Bueno… quizás el tequila me ayude a asimilarlo más" suspiré
"¿Listas señoritas?" dijo un sonriente Dante.
Sin esperar mucho más, chupé la sal del borde de mi mano y golpee con el vaso en la mesa para acto seguido, llevármelo a los labios tragando el fuerte licor. Mordí el limón dejando caer el zumo por mi garganta mientras cerraba los ojos con fuerza. Y así uno detrás de otro, fuimos enlazando las rondas haciendo que, progresivamente, el nivel de la botella bajara a la par que mis preocupaciones.
Al cabo de unas horas Trish se levantó y abandonó la oficina alegando que tenía temas de los que ocuparse. Yo me servía otro vaso cuando Dante se abalanzó sobre mí, tumbándome en la mesa. Me reía apartando su cara de mi cuello, intentando zafarme de su agarre.
"¿Ni un día aguantas?"
"Me he estado aguantando tres semanas, ¿sabes el suplicio por el que he pasado?" musitó besándome la clavícula.
"Por lo menos vamos a otro sitio fiera" dije alzando su cara por la barbilla y besándole mientras intentaba incorporarme fallidamente, pues Dante me aprisionaba contra la superficie.
"No, aquí estará bien, quiero que lo hagamos encima de la mesa" dijo echándose todavía más sobre mi cuerpo. Noté como llevaba una mano a la cintura de mi pantalón y buscaba a tientas el botón. Yo hacía lo mismo con el suyo, arrastrándome por la pasión y lujuria que Dante despertaba dentro de mí.
Me aferraba a su presencia, olvidándome de todo lo demás, de Diké, de que mi mera existencia ponía en peligro al mundo entero. Solo estábamos el y yo. Necesitaba que sólo estuviéramos nosotros.
Abrazándome a su cuello, le besé mientras sentía como subía su mano a mi cabeza para enterrar sus dedos en mi pelo y acariciarlo, haciendo pequeños movimientos circulares con el pulgar de la otra mano sobre el hueso de mi cadera.
Noté como Dante se tensaba repentinamente, alcanzando a Ivory para girarse y apuntar con ella hacia atrás. Rodeando mi espalda con el otro brazo, me apretó más contra si mismo, protegiéndome de algo que no era capaz de ver ya que él bloqueaba mi campo de visión.
"Creo que ya entiendo por qué te lo tomaste como algo personal, semidemonio"
"Tu…"
