Cuando por fin pude abrir mis ojos, me encontraba acostada con la ropa con la cual salí de casa de Charlie, me azotaron los recuerdos de la tarde anterior.
Inspeccione la habitación, no tarde mucho tiempo en darme cuenta de quién era el propietario, era de él, de Edward. para mi sorpresa, no me encontraba sola, un par de ojos me observaban fijamente, era la persona que mas amaba pero en ese momento era la última que hubiera querido ver, era el.
Su mirada era tan... tan dulce, como si mirara a la cosa más hermosa, tierna y encantadora del mundo. No yo no merecía que el sintiera algo por mi y menos a ese extremo.
Me incorpore de manera brusca, pero era yo, me atore con las sabanas, cobertor o con mis simples piernas, o lo que me hizo caer.
Pero en segundos ya me encontraba en sus pétreos brazos, evitando así el golpe.
El se rio y susurro a mi oído- ten más cuidado- con lo que respondí con un empujón para así salir corriendo de su habitación, mientras que unas lagrimas rodaban a mi mejilla, el se quedo en el centro de la habitación.
