Leave me out with the waste
This is not what I do
It's the wrong kind of place
To be thinking of you
It's the wrong time
For somebody new
It's a small crime
And I've got no excuse

(9 crimes – Damien Rice)

Una vez vestido, se sentó en la cama a esperar a que Ben desocupara el cuarto de baño para poder afeitarse. Intentó frenar la irritante vibración de su en otro tiempo hábil pulso de cirujano entrelazando los dedos sobre las rodillas. Aquella necesidad inevitable era como un picor bajo la piel, que no podía rascar si no era anulándolo a cañonazos farmacéuticos. Tenía que poder aguantar unas horas más sin la dosis de oxicodona. Escondió la cabeza entre las manos. Estaba aún por decidir si aquella transformación formaba parte de otra de sus meticulosamente ensayadas interpretaciones. No dudaba de su capacidad para engañarle y manipularle; conocía qué teclas pulsar y era un grandioso actor que había logrado burlarlos a todos durante semanas en la escotilla, alguien en cuyas trampas y juegos mentales caían una y otra vez.

Sin embargo, un día había gritado "¡lobo!" y él había cometido el error de no creerlo aunque hubiera jurado decir la verdad sobre aquella Isla, sobre la sangre de su hija y el poco honor que pudiera tener. Sólo por eso tenía la obligación de darle ahora el beneficio de la duda. Sobre todo a sabiendas de que aquel hombrecillo de ojos eléctricos y calculadores ya no tenía nada que perder y se había pasado los últimos tres años intentando reunirlos a todos con el mismo propósito que le había rescatado de las ruinas de sí mismo.

Mas era extraño verlo así. Le perturbaba la solemnidad que había ocupado el lugar de la petulante determinación, las sombras en los ángulos de sus facciones, el paso lento casi titubeante, como cojeando, despojado de la gracia natural de león con que tanto tiempo atrás había paseado por la jungla que era su dominio . Incluso durante el período de convalecencia después de la intervención de su tumor, Benjamin Linus había conservado la altivez desde una silla de ruedas y luciendo un pijama de rayas.

Sólo había atisbado alguna vulnerabilidad en él cuando los secretos que protegía corrían peligro, cuando era debatido su liderazgo de los Otros o Rousseau recuperó su legítimo puesto como madre de su rebelde hija adolescente. Cuando Juliet reveló hacia dónde se dirigía su verdadera lealtad…y corazón.

La puerta del baño se abrió casi sin que se notara. Fue una casualidad que hubiera decidido mirar hacia ella justo en ese momento y la pregunta rodó con la misma espontaneidad de su cerebro a la lengua.

− ¿Piensas en ella?

Ben enarcó una ceja sin seguir el hilo de su pensamiento (o fingiendo que no lo hacía y estaba más interesado en el proceso de terminar de abotonar su camisa negra). Después de mirarle de arriba a abajo y juzgarlo mucho más decente que unas horas antes, su expresión pareció relajarse toda su postura. Le dio la espalda para guardar la bolsa de aseo en su maleta.

Si realmente la quería tanto como aseguraba y había una mínima posibilidad de obtener información acerca de qué había sido de los que habían dejado atrás, aunque se hiciera completamente el loco, se habría preocupado de confirmar que al menos ella estaba bien, ¿no? Y eso multiplicaba las posibilidades de que el resto estuviera sano y salvo. Esperando…

− Juliet. − una pausa incómoda pero de rigor. − Hablo de Juliet. − no hubo respuesta. ¿Piensas en ella?

Impaciente, se acercó e invadió su espacio.

Detuvo el trajín que se traía con organizar su mínimo y más que ordenado equipaje con una mano sobre el hombro. Ben la sacudió violentamente y usó el tono de voz gélido con que le había escuchado ordenar que mataran a sus amigos a través de un walkie-talkie como ultimátum.

− No pienso en ella tanto como lo hago en mi hija. − el acero líquido en su mirada fija, sin parpadear, se le clavó en las retinas. Tuvo que desviar la suya hacia otro lado para no dejarse consumir por aquella oleada de ira y autoaversión. Bastante tenía ya con la propia. − O en la hija de Widmore… − escupió el nombre como si tan sólo la palabra le envenenara los labios.

Su primer impulso fue sacar las agallas para contrariarle, explicarle todo lo que Penélope Widmore había hecho por ellos al rescatarlos en su barco. Cómo ella tenía tan poco que ver con los negocios truculentos de su padre que prácticamente había renegado de su apellido para poder estar con el hombre que amaba, apartada de la civilización y la larga sombra de quienes vigilaban todos sus movimientos por orden paterna.

Pero viendo su figura, toda de luctuoso negro recortada en el contraluz, mientras vaciaba abstraído el cajón de la mesita de noche, la intuición que reemergió del mar turbio que había sido su mente en los últimos meses le dijo que el ominisciente Benjamin Linus ya tenía constancia de todo eso.

Rezó lo que sabía porque tuviera la información almacenada en el último rincón con luz y humanidad que quedara en él.

O entonces estarían todos perdidos.

And I wept at the mistakes we made
We stalked the streets like animals
And danced as windows shattered
For our island, for the thrill of it, for everything that mattered

Oh, how could anyone not want to rip it all apart?
Oh, how could anyone not love your cold, black heart?

Meet me at the barricade, the love died, but the hate can't fade

(Barricade – Stars)