CAPÍTULO 5 –DESCUBRIENDO TRAICIONES
Ron tocaba desesperado a la puerta del costado de Sortilegios Weasley, que daba al piso que había sido de los gemelos y en el que ahora sólo vivía George. Tenía todo el rostro surcado de lágrimas, las cuales no había podido aguantar después de haber salido de casa de Hermione, todavía no podía creer lo que allí había pasado y como el que debería haber sido el día más feliz de su vida se había convertido en el peor.
George le abrió la puerta protestando por las prisas, pero se calló al ver la cara de su hermano.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
-¿Puedo quedarme aquí hoy? –Ron habló con la voz rota, incapaz de encontrar su verdadero tono.
-Claro que puedes quedarte –George se apartó y le dejó pasar, impresionado por el estado en el que se encontraba su hermano.
-¿Qué te ha pasado? ¿Te ha dicho que no?
-Ni siquiera he podido preguntárselo –El pequeño se derrumbó en una silla y escondió la cabeza en sus brazos.
-¿El problema es Hermione? ¿Quieres que llame a alguien? ¿A Harry?
-A esa zorra y a ese hijo de puta no los quiero volver a ver jamás –George abrió los ojos descolocado, esa respuesta no se la esperaba para nada, decidió no presionarle y dejó de preguntarle. De todas formas, se estaba haciendo una idea de lo que podía haber pasado.
-¿Tienes hambre? ¿Quieres cenar algo? –Ron negó, todavía con la cabeza entre los brazos.
George suspiró sin saber qué hacer y preparó la cena pensando que al tenerla delante comería, terminó la tortilla y la sirvió en dos platos poniéndole uno delante a su hermano.
-Come algo te hará bien –Ron se incorporó un poco más tranquilo pero no comió más que un par de bocados y el resto del tiempo estuvo paseando la comida. George dejó de intentarlo, él también había perdido el apetito.
-Voy a avisar a mamá de que estás aquí, ¿quieres que le diga algo a Ginny? –George se levantó y le miró dudoso, si era lo que él pensaba que había ocurrido Ginny también tenía derecho a saberlo. Luego ya se ocuparía él de partirle la cara al moreno.
-A esa ni me la nombres, ojalá pudiera dejar de ser mi hermana –George le miró sorprendido, eso no lo esperaba. Y le desbarataba todas las teorías que había supuesto.
Cuando George volvió de hablar con su madre, colocó una botella de Whisky de fuego delante de Ron, este la cogió sin dudar y se bebió un gran trago, George cogió un vaso y se sirvió.
-¿Qué ha pasado? –A Ron le cayeron nuevas lágrimas por el rostro.
-Los odio, ojalá no tuviera que verlos nunca más –George lo miró incitándolo a que continuara –Hermione es una puta, no sé ni cómo me planteé el casarme con ella, sabía que entre Harry y ella había algo más, siempre lo he sabido. Y el cabrón decía que nunca la miraría como algo más que una hermana, me juró que no sentía nada por ella. Y yo, iluso idiota, le creí.
-¿Y Ginny?
-Lo de Ginny no tiene nombre, no puedo creer que compartamos la misma sangre –Ron enterró la cabeza entre sus brazos, llorando e hipando.
-Huevón pelotudo, fiarte de semejante hideputa. Minina chanchado nos ha hecho –El diablito despotricaba encima de su hombro, también con una botella de whisky en la mano.
-Y lo teníamos como hermano, aunque viendo el comportamiento de Ginny… –El angelito lloraba en el otro hombro sonándose los mocos fuertemente con un pañuelo.
-Pero no te deshilaches –El diablito rodeó el hombre del ángel con su brazo –Semejantes tarados no merecen nuestra mufa.
-Dejá de llorar, y vos también colorado –Ron le miró pero no dijo nada, el diablillo pataleo frustrado por no poder animarles y se agarró de nuevo a su botella.
George recogió y se preparó para dormir, le cedió a Ron su cama y él se quedó en el sillón que tenía en su habitación, incapaz de dejarlo sólo viendo como se encontraba y sufriendo con los sollozos que sonaron apagados durante toda la noche.
Cuando Ron abrió los ojos por la mañana se sentía un poco mejor, aunque le dolía la cabeza después de haber estado casi toda la noche llorando por todo lo que había perdido. En la misma tarde se había quedado sin novia, sin mejor amigo y sin hermana. Se giró hacía el sillón y vio como George ya estaba despierto.
-Buenos días, siento lo de anoche, no sabía adónde ir.
-No digas tonterías, no tienes que sentir nada –Ron se desperezó y se sentó en la cama.
-Ven a vivir conmigo.
-¿Qué? –Ron le miró sorprendido.
-Que te vengas a vivir aquí, a mí no me vendría mal compañía y estarías más cerca para ayudarme en la tienda. Además, así no tendrías que pasar casi tiempo en casa, con Ginny, y evitarías visitas indeseadas.
-¿No te molestaré?
-Llevo mucho tiempo sólo, me encantará compartir piso contigo, aunque eso no va a hacer que te libres de las bromas –Ron sonrió y le asintió aceptando su oferta.
Ron se levantó y le preparó el desayuno en compensación por haberse ocupado de él la noche anterior.
-Vamos a ir a la madriguera a recoger tus cosas y luego a comprar los muebles para tu nueva habitación.
-¿La habitación de Fred?
-Ahora será la tuya, ya está bien de tener una habitación criando polvo, estoy seguro de que el sólo te aceptaría a ti en su lugar –Ron le sonrió.
Terminaron de desayunar y partieron hacía la madriguera, donde Molly salió secándose las manos desde la cocina.
-¿Habéis desayunado? Puedo prepararos algo.
-No te preocupes mamá, ya hemos comido.
-Mamá, quería hablar contigo –Molly miró expectante a su hijo pequeño –Me voy a vivir con George.
-¿Qué? –A Molly se le escurrió el trapo al suelo de la sorpresa. George le hizo un gesto a su hermano para que subiera a por sus cosas mientras él entretenía a su madre.
-Mamá, desde que pasó lo de Fred he estado muy solo y me vendría muy bien tener compañía –A Molly se le aguaron los ojos y le asintió, entendiendo sus explicaciones.
Ron subió a toda prisa a su cuarto y recogió toda su ropa y pertenencias y las metió en el baúl, lanzó un hechizo para que le cupiera todo y se aseguró de no dejarse nada.
Después de comprobarlo, cogió el baúl y bajó corriendo por las escaleras, encontrándose en mitad de estas con la persona que menos deseaba ver.
-¿Qué es eso de que te vas de casa?
-Apártate.
-Lo siento, vale. Pero podemos hablar las cosas, no tienes porque irte.
-Quítate de en medio.
-Ronald, por favor. Sé razonable.
-Soy razonable. Eres mi hermana y no puedo dejar de verte, que es lo que yo querría. Pero de lo que no soy capaz es de seguir viviendo en la misma casa que tú –Ginny se quedó con la boca abierta mientras se le aguaban los ojos, totalmente descolocada por las declaraciones de su hermano. Sabía que le había dañado pero no se imaginaba que hubiera sido hasta ese punto. Ron aprovechó y se coló por su lado, bajando rápidamente por las escaleras.
-Ramera, lo será. Pero tiene un bombo… -El angelito apareció por detrás y le pegó en la cabeza, desapareciendo de nuevo con él.
Se despidieron de su madre y se marcharon al callejón Diagon a comprar todo lo necesario. Se pasaron toda la mañana de compras y la tarde pintando la habitación de naranja, George no paró de hacer chistes todo el rato intentando sonsacarle alguna sonrisa a Ron.
Para la cena ya lo tenían todo colocado, con posters incluidos y devoraron toda la comida en pocos minutos, manteniendo una conversación animada sobre quidditch. Después de cenar, se estaban haciendo una cerveza de mantequilla, cuando llamaron a la puerta. Ron puso cara de susto pero George le dijo que no se preocupara y bajó él.
Abajo estaba Hermione, más pálida que nunca y con los ojos inyectados en sangre, como si llevara varios días llorando sin parar.
-George, déjame pasar.
-No, no creo que debas subir.
-¡Déjame pasar, tengo que verlo!
-Te he dicho que no vas a subir –Hermione sacó la varita y le amenazó con ella. George con un movimiento se la quitó –Ni se te ocurra, Granger.
Hermione, desesperada, se puso a llorar y le contestó con la voz rota.
-George, tengo que verlo, tengo que hablar con él. Por favor.
-Él no quiere verte –Hermione sollozó fuertemente.
-Él es mi vida George, no puedo perderlo, no puedo vivir sin él. Déjame hablar con él, si después de eso sigue sin querer saber nada más de mí me marcharé.
George, después de dudarlo un largo rato, accedió a dejarla subir. Se disculpó con Ron y le dijo que iba a dormir fuera, que para cualquier cosa lo avisara y estaría allí en cuestión de minutos. Ron le asintió y él se marchó, dejándolos a los dos a solas en el piso.
-No tengo nada que hablar contigo –Ron se puso de pie, pero no la miró a la cara. Los ojos también los tenía rojos de haber estado llorando.
-Siento lo que pasó, no estoy contenta con ello, no tendría que haber ocurrido. Pero creo que somos adultos y que podemos hablar las cosas y no mandarlo todo a la mierda a las primeras de cambio.
-¿A las primeras de cambio? ¡Te ibas a acostar con el que creía mi mejor amigo!
-¡Tú estabas con tu hermana!
-¡Yo no quería! ¡Lo dije desde el principio!
-¡Yo eso no lo sabía! ¡Yo sólo vi como te la follabas!
-¡Y decidiste aprovechar y tirarte a Harry! Al final, sí que resultaste ser una prostituta barata –El bofetón que la castaña le pegó resonó por toda la casa.
-¡Jamás vuelvas a llamarme puta! ¡Sí, iba a dejar que me penetrara, pero tú no sabes lo que sentí cuando vi que tú te habías saltado tus propias reglas, que te estabas tirando a tu hermana a menos de un metro de distancia!
-¡Yo no quería! ¡Es cómo si a ti te violaran y yo, para vengarme, me acostara con otra! –En ese momento Hermione comprendió hasta que punto Ron había estado en contra de todo aquello -¡Para mí, Ginny es mi hermanita pequeña, no puedo verla cómo una mujer! Puede que al principio me dejara llevar, pero la mayor parte del tiempo estuve imaginando que eras tú la que me hacías todas esas cosas, que eras tú a quien yo estaba tocando. Algo bastante absurdo estando tú al lado, pero estabas demasiado ocupada disfrutando de Harry para darte cuenta de que yo, en ningún momento, disfruté plenamente de lo que estábamos haciendo. Muchísimo menos cuando Ginny, en contra de mi voluntad, decidió que quería follar conmigo. ¿Pensaste en algún momento en mí cuando estabas con Harry? ¿Lo hiciste?
Hermione se sonrojó, no había pensado en él, como mucho para compararlo con Harry. Pero se repuso rápido, sabía lo que se estaba jugando y no iba a dudar.
-¡Si no querías hacer nada de eso, ¿por qué aceptaste que nos miraran?! ¡Sabias lo que iba a pasar!
-¡Yo no imaginé nunca que ellos se nos unirían! ¡Nosotros los vimos primero y a mí en ningún momento se me pasó por la cabeza que nos uniéramos! Lo siento si parezco un niñato comparado con vosotros, pero en ningún momento pensé en que aquello acabaría así.
-¡¿Y por qué aceptaste si no querías?!
-¡Porque soy un estúpido! ¡Porque nunca pensé que tú fueras capaz de eso! ¡Porque me dolió verte besándote con Harry, ver cómo dejabas que él te tocara! Era lo que tú querías, aún y antes de que nos lo propusieran, cuando estabas montada encima de mí.
-¡Harry me besó, no fui yo!
-¡Ginny también me besó, pero yo me aparté! ¡Tú seguiste besándolo, dejando que te acariciara! ¿Sabes lo que es ver tu mayor pesadilla delante de tus narices? -Ron se derrumbó llorando en el suelo.
Hermione se arrodilló delante de él, mientras las lágrimas también corrían por sus mejillas.
-Llevas años preguntándome que fue lo que vi en el horcruxe –Ron tenía la voz quebrada por el llanto, ya no era capaz de gritar –Te vi a ti, besándote con Harry.
Hermione se quedó helada, nunca pensó que Ron tuviera celos de Harry hasta ese punto. Si lo hubiera sabido ni siquiera hubiera dejado que la viera desnuda, mucho menos que la tocara.
-Ayer tenía que haber sido uno de los mejores días de mi vida, la primera vez que me entregaba a la mujer que amaba, el día en el que te pedía que fueras mía para siempre, que te casaras conmigo –El que hablara en pasado le partió el alma, más cuando se enteró que iba a pedirle que se casara con él, ¿hasta qué punto le había dañado? –Y se convirtió en mi peor pesadilla, en el día en el que se cumplía mi mayor miedo. El día en el que me traicionaron las tres personas por las que yo habría dado la vida.
Hermione le abrazó fuertemente, intentando consolarlo aún y cuando ella no se sentía capaz de dejar de llorar.
-Perdóname mi amor, perdóname. Nunca debí haber permitido que aquello ocurriera. Soy tuya Ron, sólo tuya. Jamás nadie volverá a tocarme, sólo tú podrás hacerlo. Soy una estúpida por haber pensado aunque fuera sólo por un segundo en acostarme con otro. Sólo quiero estar contigo, sólo puedo estar contigo. Por favor, perdóname. No me dejes, no sería capaz de vivir sin ti.
Hermione le levantó la cara y le besó. Se besaron durante varios minutos, un beso dulce y amargo, bañado en las lágrimas que los dos seguían derramando. Un beso que curaba las heridas que se habían hecho. Cuando se separaron juntaron las frentes y se miraron a los ojos.
-¿De verdad ibas a pedirme que me casara contigo? –Ron asintió suavemente.
-Pero ahora no me siento capaz de hacerlo –A Hermione se le aguaron los ojos nuevamente.
-Lo sé, esa será mi penitencia, tener que esperar para poder cumplir mi sueño de pasar el resto de mi vida contigo.
Ron le limpió las lágrimas de las mejillas y la besó de nuevo, beso que Hermione le devolvió desesperada, como si necesitara de él para vivir. Poco a poco se fueron dirigiendo a la habitación de Ron, besándose muy suavemente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Se tumbaron en la cama, se desnudaron con tiernas caricias e hicieron el amor muy suavemente. Disfrutando de su compañía, lamiendo las heridas que se habían provocado y terminando con la angustia que habían sentido al sentirse perdidos.
Se quedaron dormidos abrazados. Unas pocas horas después Hermione se despertó, apoyada contra el pecho de su chico, se quedó mirándolo durante varios minutos sabiendo lo cerca que había estado de perderlo y estando completamente segura de que haría lo que fuera para recuperarlo totalmente y volver a ganarse su confianza.
Ron se despertó y la miró somnoliento, la abrazó contra él y la besó suavemente en la frente. Pero no le dijo nada sólo miró hacia el techo, pensativo. Todavía se le notaba triste.
Hermione le miró compungida, habían hecho el amor de forma muy dulce pero sabía que había perdido la confianza que habían tenido sólo dos días antes y que tendría que hacer un gran esfuerzo para que Ron volviera a estar cómodo íntimamente con ella.
Pero estaba dispuesta a dejarse la piel para conseguirlo.
-Podrías ponerme un castigo –Ron la miró confundido –Sería una forma de ganarme mi perdón.
-No digas tonterías.
-No, lo digo en serio. Podrías… no sé… hacerme limpiar vuestro baño –Ron soltó una carcajada, Hermione sonrió contenta de ver a Ron riendo.
-O podría copiar 200 veces la frase que tú me dijeras.
-O te castigaría sin leer –Hermione le miró boquiabierta mientras Ron la miraba divertido.
-También podrías ponerme de cara a la pared con un libro en cada mano.
-Y después pegarte unos azotes –Ron lo dijo riendo, pero Hermione se sonrojó y le miró mordiéndose el labio.
-Bueno, si tú quieres… -Ron levantó una ceja y la miró analizándolo, la verdad es que empezaba a excitarle la idea.
-Serás turra, vamos que tenes unas ganas que te deje el pandero colorado –Hermione miró a la diablita que había aparecido en su hombro, llevaba poco tiempo apareciéndosele aunque ya había deducido que era su parte más descarada. No tenía su contrapuesto de ángel, suponía que porque ella era lo suficientemente sensata como para no necesitarlo.
Hermione se levantó de la cama, vestida con la camiseta de Ron y sus bragas y acercó una silla al centro de la habitación, mirando sugerentemente al pelirrojo. Éste se levantó, llevando sólo sus bóxers, y se sentó en la silla. Hermione le sonrió e hizo el ademán de desnudarse.
-No, déjatela puesta –La castaña le sonrió al ver que estaba bien dispuesto a seguirle el juego.
-Como para no estarlo, ¿viste como tiene la salchicha? –Hermione le miró el paquete y vio como volvía a estar excitado.
-Ven aquí –Ron dio una palmada en su pierna.
-¿Por qué? ¿He sido mala? –Hermione se acercó despacio, esperando a que él la desnudara, pero en vez de eso la tumbó bocabajo en su regazo.
Le alzó el la camiseta hasta la cintura y luego le bajó las bragas hasta la mitad del muslo. Hermione se sintió más expuesta que si la hubiera desnudado entera.
Le dio una fuerte palmada que resonó por la habitación, la castaña lanzó un grito ahogada, sorprendida de lo fuerte que le había pegada y a la vez excitada por este hecho.
-¿Esto era lo que querías? –Le atizó otra palmada.
-La pucha pibe, que mortero tiene la nena –El diablito y el ángel habían aparecido en sus hombros mirando sin pestañear como el blanco trasero de Hermione se iba volviendo colorado.
-Casi que mereció la pena por esto –El angelito empezaba a babear ligeramente. Ron le pegó otra palmada.
-Dale, dale, más fuerte. Si a la atorranta le gusta.
-Contesta –Le palmeó de nuevo, dejándole el culo totalmente colorado.
-Sí.
-Sí, ¿qué? –Otra palmada.
-Sí era lo que quería –Le pegó de nuevo.
-¿Te gusta?
-Como para dudarlo, viendo la cara de placer que tenés. Si seguí así vas a acabar sin que te toque –La diablita miró a Ron de arriba abajo –Toda una pena desperdiciar ese pepino.
-Sí, me gusta –Hermione fulminó con la mirada a su diablita que la miraba burlona.
Ron metió de golpe dos dedos en ella, resbalando sin problemas por lo empapada que se encontrada, sonsacándole un gran gemido.
-¿Quién te ha dado permiso para gemir? –Sacó los dedos para azotarla una vez y los volvió a meter, Hermione se mordió fuertemente el labio para no emitir ningún sonido más.
Ron bombeaba dentro de ella hasta que conseguía que se le escapara algún ruido, entonces sacaba los dedos y la azotaba fuertemente sonriendo al ver los saltos que la castaña pegaba, penetrándola de nuevo con los dedos en ese momento.
Después de un azote no volvió a su intimidas sino que se quedó jugando con el agujero de su trasero, Hermione gimió sin poder evitarlo al sentirlo ahí. Pero esta vez Ron no sacó la azotó sino que metió un dedo de golpe en ella, haciéndola gritar.
-Ay, catriela. Lo que te gustaría que en vez de el dedo fuera la matraca –Hermione se sonrojó pero no lo negó –Las ganas que tenés de que te diera por el orto.
Ron, sin poder aguantarlo más, la cogió en brazos y la colocó a cuatro patas en la cama. Se bajó los bóxers y la penetró de una estocada, sin quitarle ni una pieza de la ropa que llevaba.
Hermione no podía dejar de gemir y Ron sabía que no podría sacarse esa imagen fácilmente, su chica vestida con su camiseta remangada para dejarle a la vista su colorado culo. No, no podría olvidarla nunca.
Terminó derrumbándose encima de ella, intentando no volcarle todo su peso. Hermione estaba agotada pero feliz.
-Como para no estarlo después del fierrazo que te pegó –Hermione ni siquiera se molestó en mirarla, se abrazó a Ron y no tardó en quedarse dormida.
